La bendición de la mayordomía.
“Pero el generoso pensará generosidades, y por generosidades será exaltado” (Isa. 32:8).

“Pero el generoso pensará generosidades, y por generosidades será exaltado” (Isa. 32:8).
“Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?” (Mat. 12:48).
“Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta fuere limpia y recta” (Prov. 20:11).
“De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan” (1 Cor. 12:26).
“Mas yo en ti confío, oh Jehová; digo: tú eres mi Dios” (Sal. 31:14).
“Pueblo de Israel, ¿acaso no puedo hacer con ustedes lo mismo que hace este alfarero con el barro? –afirma el Señor–. Ustedes, pueblo de Israel, son en mis manos como el barro en las manos del alfarero” (Jer. 18:6, NVI).
“El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Luc. 6:45).
“Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel” (Gén. 39:21).
“Poco después Jesús, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud, se dirigió a un pueblo llamado Naín” (Luc. 7:11, NVI).
“Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría” (Ecl. 9:10).
“Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común” (Hech. 2:44, NVI).
“Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad” (Heb. 11:16, NVI).
“Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo?” (Jer. 17:9, NVI).
“Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo” (Apoc. 3:20, NVI).
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca” (Mat. 7:24).
“Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe” (Mat. 8:10).
"Y ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo" (Zac. 8: 17).
"Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto" (Gén. 3:8).
“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isa. 26:3).
“¿No los he de castigar por estas cosas?, dice Jehová. De tal nación, ¿no se vengará mi alma?” (Jer. 9:9).
“Pues el Señor mismo descenderá del cielo con un grito de mando, con voz de arcángel y con el llamado de trompeta de Dios. Primero, los creyentes que hayan muerto se levantarán de sus tumbas. Luego, junto con ellos, nosotros, los que aún sigamos vivos sobre la tierra, seremos arrebatados en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Entonces estaremos con el Señor para siempre” (1 Tes. 4:16, 17, NTV).
“Han oído que a nuestros antepasados se les dijo: ‘No asesines. Si cometes asesinato quedarás sujeto a juicio’. Pero yo digo: aun si te enojas con alguien, ¡quedarás sujeto a juicio! Si llamas a alguien idiota, corres peligro de que te lleven ante el tribunal; y si maldices a alguien, corres peligro de caer en los fuegos del infierno” (Mat. 5:21, 22, NTV).
“Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él” (Mar. 3:13).
“Así que Naamán bajó al Jordán y se sumergió siete veces, según se lo había ordenado el hombre de Dios. ¡Y su piel se volvió como la de un niño, y quedó limpio!” (2 Rey. 5:14, NVI).
“Por tanto, no nos desanimamos…” (2 Cor. 4:16, NVI).
“Señor, tú has hecho todas estas grandes maravillas, por amor a tu siervo y según tu voluntad, y las has dado a conocer” (1 Crón. 17:19, NVI).
“Jerusalén, limpia de maldad tu corazón para que seas salvada. ¿Hasta cuándo hallarán lugar en ti los pensamientos perversos?” (Jer. 4:14, NVI).
“Comenzó a brotar la vegetación: hierbas que dan semilla, y árboles que dan su fruto con semilla, todos según su especie. Y Dios consideró que esto era bueno” (Gén. 1:12, NVI).
“Ustedes son la sal de la tierra. Pero, si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee” (Mat. 5:13, NTV).
“En otra ocasión entró en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada” (Mar. 3:1, NVI).