¿Todavía cometerán fornicaciones?
“Y dije respecto de la envejecida en adulterios: ¿Todavía cometerán fornicaciones con ella, y ella con ellos?” (Eze. 23:43).

“Y dije respecto de la envejecida en adulterios: ¿Todavía cometerán fornicaciones con ella, y ella con ellos?” (Eze. 23:43).
“Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré” (Sal. 5:3).
“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud” (Ecl. 12:1).
“–Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti” (Luc. 8:39, NVI).
“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó…” (Tito 3:4, 5).
“¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta? Estoy abriendo un camino en el desierto, y ríos en lugares desolados” (Isa. 43:19, NVI).
“Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: ‘Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado’. Entró, pues, a quedarse con ellos” (Luc. 24:29).
“Ustedes dirán que yo no estoy actuando con justicia; pero escucha, pueblo de Israel, ¿piensan ustedes que yo no estoy actuando bien? ¿No será más bien lo contrario, que son ustedes los que están actuando mal?” (Eze. 18:25, DHH).
“Aprendan a hacer el bien. Busquen la justicia y ayuden a los oprimidos. Defiendan la causa de los huérfanos y luchen por los derechos de las viudas. Vengan ahora. Vamos a resolver este asunto –dice el Señor–. Aunque sus pecados sean como la escarlata, yo los haré tan blancos como la nieve” (Isa. 1:17, 18, NTV).
“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2).
“Los discípulos no salían de su asombro, y decían: ‘¿Qué clase de hombre es este, que hasta los vientos y las olas le obedecen?’ ” (Mat. 8:27, NVI).
“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? […] Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Rom. 8:35, 37).
“Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea” (1 Rey. 6:17).
"Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe?" (Mat. 6:30, NVI).
"¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?" (Eze. 18:23).
"El cuerpo humano tiene muchas partes, pero las muchas partes forman un cuerpo entero. Lo mismo sucede con el cuerpo de Cristo" (1 Cor. 12:12, NTV).
“Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?” (Luc. 10:29).
“Cuando Jesús se despertó, reprendió al viento y dijo a las olas: ‘¡Silencio! ¡Cálmense!’ De repente, el viento se detuvo y hubo una gran calma” (Mar. 4:39, NTV).
“Si un soldado te exige que lleves su equipo por un kilómetro, llévalo dos” (Mat. 5:41, NTV).
“El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos” (Juan 13:35, NTV).
“Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy amados, y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios” (Efe. 5:1, 2, NVI).
“¿Acaso no son falsas sus visiones, y mentirosas sus adivinaciones, cuando dicen: ‘Lo afirma el Señor’, sin que yo haya hablado?” (Eze. 13:7, NVI).
“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán” (Sal. 126:5).
Una perspectiva objetiva sobre administración.
“Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana” (Mat. 11:28-30, NVI).
“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13).
“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores... herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa. 53:4, 5).
“El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite!” (Sal. 18:2).
“¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?” (Jer. 23:29).
“Deseo que, apoyado en ellas, pelees la buena batalla y mantengas la fe y una buena conciencia. Por no hacerle caso a su conciencia, algunos han naufragado en la fe” (1 Tim. 1:18, 19, NVI).