Un libro para desestandarizar el placer.¿ Por qué nadie nos explicaba que la mayor parte de nosotres no orgasmea con penetración?¿ Por qué no había palabras para describir nuestros actos sexuales?¿ Por qué nunca veían el porno a nadie orgasmeando como orgasmeo yo, o masturbándose de maneras similares a las mías?¿ Por qué la sexualidad de las personas con vulva estaba llena de mitos?¿ Por qué éramos educades en una especie de agujero negro del placer? Hola, comunidad de Siéntete Plena.
Soy la creadora y anfitriona de este podcast dedicado a empoderar, explorar y celebrar la feminidad, la sexualidad y el bienestar en todas sus formas. Si me sigues desde el principio, sabes que aquí hablamos sin filtros, con honestidad y un toque de humor sobre temas que nos hacen sentir plenas, vivas y libres. Hoy estoy emocionadísimo de presentarles la nueva temporada.
Todo sobre la vagina, una exploración profunda, liberada y feminista de nuestra anatomía, El porno como mandatos 2.0, como impone roles de género, activo barra diagonal pasivo, penicentrismo y limita el placer. Exploramos alternativas feministas, soltamos etiquetas y prácticas sin límites genitales o de género. No hace falta erección, penetración o consolador para gozar. Invitada, crítica de medios queer. Ejercicio, reescribe un escenario porno para que sea tuyo y liberador. Porno, mandatos 2.0.
El porno hoy marca la forma en que cogemos. Somos las primeras generaciones que crecen viendo qué caras tienen que poner para expresar placer, ganas, excitación sexual. Somos las primers en consumir recreaciones cuadro a cuadro de cómo cogen les demás, cuadros cuidadosamente editados. imágenes y sonidos que se imponen a cualquier tipo de educación sexual que hayamos recibido. No solo vemos estos gestos y poses en el porno, las vemos en la tele, en los videoclips, en las coreografías, en
los gimnasios, en el cine. El porno deja marcada en toda nuestra cultura las caras y movimientos que hacen a la concepción de lo atractivo y de lo sexy. Consumamos o no porno mainstream, nos afecta, porque sí lo consumen otras personas, y la bajada de línea es desde los consumidores a toda la sociedad. Pero no siempre fue así.¿ Se suele decir que porno en la cultura occidental hay
desde el paleolítico hasta hoy? Sí, en la antigüedad existieron estatuillas, vasijas, murales, repeticiones de imágenes fijas, cuadros y literatura que denotan desnudos y algunas posturas y prácticas sexuales. Pero nada de todo eso llegó a lo explícito que vemos hoy. Cuerpos desnudos, bailes, fotos eróticas, shows, strippers hubo siempre, pero material gráfico que muestra explícitamente las normas del coger con tan fácil acceso y en el marco de la intimidad, no hay menos
una constante exposición a ello. Porque no solo el cine es porno, todo es porno. Las estrategias de venta, desde viajes hasta perfumes y comida, la industria de la música, del video, el entretenimiento, del maquillaje y estética en general, la moda. Todo se vende bajo el estereotipo de una muñeca tetona, de cadera quebrada y labios gordos. Basta poner cualquier videoclip de algún artista que esté de moda para ver cómo debería ser un ser sexual y cómo se
debe coger. Un poco de historia. El porno tal como lo conocemos es casi tan viejo como el cine mismo. A medida que el cine empieza a instalarse, a partir de 1885, empieza a haber registro de pequeños clips de personas caminando desnudas y haciendo cosas cotidianas. Ya para 1920, la gente empieza a filmarse desnuda cogiendo, dando origen a los primeros films pornográficos,
que fueron mudos. Pero el porno nace en la clandestinidad, las películas eran producidas por amateurs, reveladas y distribuidas en secreto, a muy baja escala, porque proyectarlas, mostrarlas y mirarlas era un crimen que equivalía a años de prisión. En general se exhibían de manera privada en burdeles. Estas películas son
mucho más osadas de lo que más creerían. Se pueden ver juegos de rol, tijereteo, mucho sexo oral, lesbianismo, homosexualidad, sexo grupal, tríos, fisting y coito, claro, aunque nada de sexo anal. Estos videos eran rarezas, no llegaban al grueso de la gente. Un ejemplo es The Free Ride, uno
de los clásicos ocultos del porno antiguo. El film fue dirigido, filmado y actuado bajo el anonimato en los títulos figuran juegos de nombres como Anisgay o Will Be Hard y allí puede verse cómo se despliega claramente la cultura de la insistencia y la violación. Dos mujeres caminan por un sendero, pasa un hombre en auto que frena. las invita a subir, ellas se niegan, él insiste, y ellas terminan entrando al autobús tosas obvio. Enseguida las manosea mientras se acomodan, ellas
se niegan primero, pero enseguida se den obvio. Y un cartel nos indica claramente de quién es el sexo, cuando
la juventud conoce la juventud, una fiesta se enciende. Hay escenas donde las protagonistas hacen pis mientras les otres les observan excitades urolágnia, luego al aire libre hay un poco de sexo oral de ellas hacia el, obvio, un breve manoseo, bolleurismo, una observa a la otra ser penetrada por el señor, besos y partes clásicas de tríos, varias poses de penetración distintas y fin, vuelven al auto, se van y un cartel indica, repetimos, los hombres son hombres, en espacios abiertos.
Ese ejemplo muestra que el porno fue básicamente siempre como lo conocemos, la insistencia, la coerción y la violación como actos comunes no condenables del comportamiento de los varones. En Estados Unidos, la censura en el cine en general fue rotunda desde 1930 a 1968. Luego de unos escándalos hollywoodenses le hace asesinatos y violaciones de estrellas, se estableció el código Has para levantar la imagen venida a menos de la industria cinematográfica.
Un sacerdote jesuita y un editor católico elaboraron una serie de normas cinematográficas de autocensura de la industria, que establecían que era correcto y que no en el cine. Algunas de estas normas referían a que no se podían ver en el cine actos lascivos, se debía eliminar todo tipo de sexualidad, los besos no podían durar más de tres segundos, el matrimonio debía ser protegido. Los hombres no podían mostrar el pelo del torso y las mujeres no podían usar
ningún tipo de transparencias ni mostrar el ombligo. Además de otras regulaciones sobre violencia, lenguaje y exhibición de crímenes. Durante estas épocas de tanta censura, donde en cualquier película los directores hacían malabares para mostrar la más mínima expresión de deseo, se siguieron distribuyendo y rodando distintos films porno, pero siempre
clandestinamente y en espacios de varones. Cuando se abolió este código y se pasó al sistema de calificación actual por edades, se dio lugar a las grandes producciones y se empezó a generar contenido más explícito para el público general. Así nace el porno tal como lo conocemos. Para 1970 ya había cientos de cines para adultos en las distintas ciudades estadounidenses. Existían grandes cadenas por todo el país, Times Square en Nueva York, por ejemplo, estaba atestado de teatros para adultos
y pep shows. La década de 1970 fue la época dorada de las proyecciones porno. Las violaciones y vejaciones a la mujer ya eran una parte corriente de la industria. Garganta Profunda 97 fue una de las películas porno más populares, influyentes y recaudadoras de la época y de la historia. Su éxito fue tal que se exhibió hasta en cines comunes
no besos, incluso las mujeres iban a verla. Era la primera película porno que contaba con un argumento, una joven e inocente chica que no tiene orgasmos, hasta que se da cuenta de que tiene el clítoris en la garganta. El personaje interpretado por la actriz Linda Boreman en ese momento Linda Lovelace, se volvió un ícono del porno y la liberación sexual. Pero diez años después, Linda dijo, cuando ustedes ven la película Garganta Profunda, están viendo cómo soy violada.
Es un crimen que se siga mostrando. Ella pudo también denunciar a su ex marido por obligarla a prostituirse y hacer películas porno incluso con animales. De hecho, él fue quien cobró los 1200 dólares que le pagaron a Boreman por su protagónico la película recaudó alrededor de 600 millones de dólares. De ahí en adelante, la actriz se dedicó a desenmascarar la industria del porno a través de movimientos feministas y a hacer visibles las condiciones laborales y los manejos de
las productoras. Linda nunca ganó la lucha de ser llamada Boreman como ella deseaba, era reconocida, mencionada y recordada constantemente como Lovelace, lo que solo la llevaba a revivir violaciones intolerables. Aún hoy, en Wikipedia y hasta en su autobiografía figura
como Lovelace. Ya llegando a las décadas de 1980 y 1990, con la industria del VHS y videocable, el porno pasó a consumirse mayormente en la esfera de lo privado y fue lentamente convirtiéndose, con el espaldarazo de la llegada de Internet, en lo que conocemos hoy. Antes de decir lo que sea sobre el porno y entrar en la discusión de si es un estímulo más o si es la mismísima representación de la cultura de la violación, pensemos esta situación.
En términos generales, hoy, año 2021, en Argentina, no contamos, salvo casos muy puntuales, con una educación sexual orientada hacia el placer para niñeces y adolescencias, en la que se enseñe según la edad que corresponda a las zonas de placer, la individualidad y particularidad de cada persona. Las sexualidades, el placer y los orgasmos son totalmente silenciados y estigmatizados por nuestra cultura, por eso poca gente hace preguntas relacionadas al placer.
El aprendizaje sobre este tema suele abordarse durante la pubertad o adolescencia en solitario, con vergüenza y miedo, en casa. Hasta hace unas pocas décadas no teníamos nada de información, pero sí muchos mitos, así que les eals que nos educan educaron a nosotres, ya tienen poca info, sesgada y mitificante. Hoy, cuando no sabemos cómo se hace algo, lo buscamos en Internet. El resultado de estos factores es una montaña de inseguridades
y ansiedades, modos de coger permitidos y otros silenciados. Pura dinamita para la diversidad en la sexualidad y el placer. Te propongo que entres a los principales sitios de Pornomanstream y trates de pensar qué sentirías, como niña o adolescente, viendo las tendencias, lo primero que te muestra cada página.
Imagínate qué entendimiento podrías tener de lo que ves, si aún no tuviste relaciones sexuales, si aún quizás no te hiciste la paja o recién estás empezando, y si en la escuela y en casa te explicaron poco y nada sobre el placer y aún no tenés experiencia.¿ Qué entenderías? Que el consenso y los métodos de prevención de embarazos e infecciones de transmisión sexual no existen. Es prácticamente imposible ver porno donde usen preservativo y directamente imposible ver porno
donde usen un campo de látex. Si nuestro primer acercamiento a la sexualidad es el porno, podemos creer que ni los métodos de protección ni el consenso son necesarios. No vemos jamás a nadie frenando para buscar un preservativo o cortar un campo de látex. No vemos nunca dos pibas
preocupadas porque no saben cómo protegerse tijereteando. Nadie nunca tiene por qué preguntarle al leotre si quiere ser penetrade, si quiere que se la chupen, si le gusta lo que le están haciendo o si pueden meterle algo en el culo o vagina. La indicación que nos deja al porno dominante es que siempre todo tiene que suceder mágicamente, en silencio, sin hablar, sin preguntar. Que el cuerpo feminizado tiene un
único destino estético. Que a todo el mundo le gustan las conchas chicas, las tetas redondas y paradas, y los cuerpos flacos, blancos y rubios. Que ser blanque, de piel lisa, pareja, sin marcas, manchas, pelos, texturas, cicatrices o cambios a lo largo de la vida te hace más kagebe. Es decir, ser un objeto que no cambia, en el cual nada
se mueve su lugar ni pierde la prolijidad. Este arquetipo de mujer deseada, codiciada y valiosa sexualmente puede tener mínimas variaciones, pero apunta a un cuerpo único y deja muy plantada la idea de que todas las personas que portamos un cuerpo feminizado somos así.¿ Puedes pensar qué sentiría un adolescente que se identifica con el género femenino viendo siempre el mismo cuerpo, vestuario y gestos?¿ Y qué podría sentir un adolescente que está dudando de su género?¿ Y qué pasaría
con alguien que coge con personas que se identifican con la femineidad? No es lógico que piensen que tats tenemos que ser más o menos así.¿ Que cualquier cosa que se corra de los límites está mal? De esta forma, la industria imprime las etiquetas de lo correcto, lo estético, lo que está bien, lo que está mal y qué cuerpos son consumibles y eróticos. Y también abre las puertas a los mecanismos más violentos de corrección de los cuerpos.
Los que activamos nosotres mismos porque nunca vimos otra cosa y los que activan les demás, novies, exes, familia y amigues que nos dicen dijeron bien o mal como tiene que ser nuestro cuerpo y nuestra manera de gozar porque nunca vieron otra cosa. O porque les enseñaron que la felicidad viene de la mano de ese cuerpo. Todo lo que no se alinea a esa única representación queda fetichizado
y tiene una categoría aparte en esos sitios. Si quieres ver cuerpos gordos, tetas, orgasmos, placeres reales, erotismo o cualquier cosa que salga de la heteronormatividad y los ideales de belleza de una Barbie, tienes que ir a buscarlo aparte, en las secciones de morbos corridos de la norma. Es decir, corridos de la normalidad. Que lo atractivo es lo infantil, que todas las mujeres tienen concha y que esas conchas son como las de las niñas, rosas, sin labios, con
grandes minis y sin pelos. Todas iguales. El porno dominante es uno de los principales agentes de erotización de los rasgos infantiles. No solo genitales. Vemos infantilización por todas partes, palabras y frases como ten adolescente, mi primera vez, colegialas, estudiante, joven, están en la inmensa mayoría de títulos, categorías y búsquedas. La mitad de las veces se nos representa inocentes, sin conocimientos no estamos tan lejos del capítulo donde repasamos la
historia de nuestra sexualidad, ¿no? Modelos bobas, inocentes y coaccionadas por un señor que no muestra más que la pija. Es decir, lo erótico pasa a ser la ignorancia sexual como siempre. Somos medio boludas y no sabemos bien lo que queremos, estamos confundidas, pero siempre hay un varón que
puede convencernos de que en realidad sí queríamos pija. La otra mitad de las veces, cuando no nos representa la inocencia, nos representa la perversión, si el personaje femenino no es aniñado, es una señora, una MILF, una madrastra pervertida que le va a enseñar al hijastro a chupar concha. Los argumentos nos zafan, no hay uno que no nos ponga en
un rol espantoso. Que somos un objeto. Hay un destino más para la mujer y cualquier cuerpo feminizado, sea en el rol de inocente o de perversa ninfómana, nunca jamás dejamos de ser un objeto. Los objetos no sienten, se los mueve y se los maniobra de un lado al otro sin pensar, sin preguntar, sin medir. Los objetos no tienen voluntad propia. No se mueven con un E, los movemos, los manipulamos. Cuando se deja de usarlos, se los descarta, se los tira, se los rompe. Un objeto no tiene
deseo ni voz propia. Está para ser penetrado, perforado, uno roto. No tenemos sentimientos, ni sensibilidad, nada nos duele, ni emocionalidad posible más que gemir de manera sobreactuada alabando a alguna figura masculina. Se nos quita todo componente humano y quedamos subordinadas y a disposición de una única forma de satisfacción
generalizada a todos los varones cis. Que la sexualidad es prácticamente una performance de algunos minutos de sexo oral y tocadas furiosas para lograr 45 minutos de bombeo vaginal o anal en seco. El porno mainstream es uno de los principales puntos de apoyo que tiene el coitocentrismo. La cantidad de formas en las que vemos la penetración es increíble, es lo único para lo que aplica la diversidad y variedad. En el porno existen mil formas, maneras, poses y escenarios
posibles para el sexo pitodildo en vagina ano. Así como en los siglos anteriores a este se imponía una sexualidad reproductiva y centrada en el placer permitido al varón a través de panfletos, revistas, libros, cuadros, sermones y educación, hoy lo que nos muestra al coito como el mejor modelo de relación sexual es el porno. El coito está siempre en el centro de la escena, siempre sin forro, siempre
y con la fascinación por el semen. Ese es el final del guión en casi todas las oportunidades, todo apunta a la eyaculación, que es el clímax del vídeo. El porno nos deja muy clarita la idea de que a las figuras feminizadas nos encanta el semen, lo queremos todo, siempre, y queremos más, de muchas pijas, en la cara, en todo el cuerpo, en un vaso. Las pijas nunca se bajan, nunca no se paran, duran paradas un montón de tiempo, las conchas siempre están disponibles, depiladas, listas y tersas. Y
al ese alce el porno también nos afecta. Muchas personas socializadas como mujeres creen que su único destino sexual es el de encontrar una pija bien grande y bien dura, y un sugar daddy que las mantenga. Así como muchas personas socializadas como varones reproducen las lógicas sexuales basadas en el coito, su pene, su orgasmo y su propia y única satisfacción. Que una gran parte del placer está en
el engaño y convencimiento. Los títulos de los videos porno rondan prácticamente siempre entre la infidelidad y el incesto, marido o esposa rompiendo el pacto de la monogamia, el pilar fundamental de esta, que es la fidelidad. Hermanes, hermanastres, primes, hijes,
hijes adoptades. Es decir, la sociedad nos enseña que la monogamia es la única manera de relacionarnos sexoafectivamente, pero nos muestra que lo divertido aparece cuando se rompe, cuando no se usa forro, cuando es insegura e inestable, cuando se rompen los límites del incesto, de lo prohibido. Esta idea, por supuesto, no es sólo del porno. La aventura, lo
divertido siempre se nos enseñó como la del amante. La pareja siempre representa lo aburrido, lo rutinario, el viejo adagio de la diversión con la puta y el sexo reproductivo con la mujer en casa. El problema es que cada vez se va corriendo un poco más al límite de lo prohibido, el porno ya no nos muestra como prohibida la violación ni el abuso ni el acoso ni la pedofilia,
al contrario, naturaliza estos crímenes. Que los primeros encuentros sexuales siempre salen bien, pueden ser violatorios y son espontáneos y no es necesario usar métodos de prevención de ITS. En los principales sitios de porno, existe toda una sección que es primeras citas de Tinder. Ups. Primera cita en Tinder deja el condón adentro, primera anal con cita de Tinder duele.¿ Qué siente un adolescente que se relaciona por ese medio
y un adulte al ver eso? Son videos amateurs o caseros, y en muchos a las personas con vulva nos están violando. Y no usando forro. Que la cara y los gestos de dolor se ven demasiado parecidos al placer. El porno nos enseña que la cara de sufrimiento absoluto es siempre sinónimo de placer. Vemos pibas atragantándose bestialmente con penes. Primeros planos de caras de dolor durante la penetración mezclada con unos gemidos falsos que nos llevan a la confusión absoluta.
De hecho, también se ven muchas peleas, personas sobre todo mujeres que mientras cogen van peleando, forzándose, separándose, juntándose, discutiendo. es extremadamente confuso. Que nuestro deseo sexual es espontáneo, infinito, automático e inagotable. Que los cuerpos feminizados siempre, siempre quieren coger, siempre están dispuestos, en todas partes, en todo momento, sea
quien sea, como sea, cuando sea. Basta con que un varón nos mire en la calle, nosotras ya tenemos que estar dispuestas a corrernos la tanga y dejar que nos penetre. Incluso una mujer dormida siendo violada con un pito en la boca es de lo más normal, y se despierta contentísima. Todos los personajes feminizados siempre tienen ganas de coger, de todas formas, en todas partes, ante la más mínima mirada, siempre están disponibles, nunca dicen que no, nunca no están calientes.
Nunca no estamos calientes. Esta es quizá la mentira más
grande y perversa del porno. En una sociedad hiperproductiva, donde se valora el multitasking, donde la pobreza tiene cara de mujer y de persona trans, donde matan a una mujer por el solo hecho de ser mujer cada 32 horas uno y donde la orientación sexual, la identidad o expresión de género de las personas puede ser motivo de discriminación y violencia, Con un asesinato o ataque cada 77 horas a miembros de la comunidad tiki, donde escuchamos los audios en 2X y
tenemos que trabajar mil horas para vivir, donde sí tenemos. Y de seguro que contamos con más responsabilidades físicas y mentales que leotre, si trabajamos tenemos que trabajar más siempre, los estándares de belleza nos destruyen la autoestima, pero así y todo no podemos olvidarnos de estar siempre citades, siempre dispuestas. Siempre,
cuando está todo bien y cuando está todo mal. Incluso cuando nos sentimos incómodos con alguna etapa de nuestro ciclo menstrual, cuando estamos atravesando etapas de duelo y confusión, o transiciones, cuando en pleno puerperio tenemos pánico de cómo quedaron nuestros genitales y nos sangran las tetas. Y cuando salimos al mundo y nos encontramos con que el deseo sexual va y viene, resulta que casualmente cada vez que se va, sentimos que necesitamos activarlo, porque otros nos dicen que no
podemos pasar por momentos de no querer coger. porque no tener ganas de coger está mal, se te señala que te estás perdiendo de algo, que te falta algo. Una cosa es tener el deseo sexual bajo y tener ganas de activarlo, porque nos motiva, y otra muy distinta es implantarte cosas en el cuerpo, como los chips sexuales que muchas celebrities dicen haberse implantado, que modifiquen tu estado para
cumplir con las expectativas sexuales de las demás personas. Que todas las personas con vulva orgasmean, esquirtean y entran en un éxtasis de placer absoluto solo con que un pito esté dentro de su vagina. Y, sobre todas las cosas, el porno naturaliza la violencia. El porno dominante es un pilar fundamental de la naturalización de la violencia a las mujeres y diversidades, y esto sin meternos en un tema que da para un libro entero, que es la explotación
de menores. Las principales páginas de porno, las de más llegada, también refuerzan el estereotipo de la feminista fea. Basta agregar la palabra feminista a cualquier búsqueda, que nos vamos a topar con feministas feas, que quieren arruinar todo, pero el macho las convence de que necesitan su pija, les enseña
su lección y las penetra con saña. Cuando salimos al mundo y nos encontramos con que el deseo sexual va y viene, resulta que casualmente cada vez que se va, sentimos que necesitamos activarlo, porque otros nos dicen que no podemos pasar por momentos de no querer coger. Porque no tener ganas de coger está mal, se te señala que te estás perdiendo de algo, que te falta algo. La robotización del placer. Otro de los problemas del porno es
la automatización de la genitalidad. Todo se reduce a pitos, conchas, tetas, movimientos repetitivos que no dan lugar a la improvisación, mecanizados, rápidos y con una función. El porno es una industria y su mecánica es claramente industrial y efectiva, la mecanización del sexo. Seguramente, la mayoría de los que están leyendo pueden recordar ser adolescente, pensar en una futura relación sexual y tener miedo de no saber qué hacer, miedo a
hacerlo mal. Si fuiste socializada como mujer, probablemente también cargas o cargaste con el peso de complacer al eotre, y el miedo a veces la seguridad de que duela, sangre o sea horrible. Esto podemos pensarlo en la adultez también, estar expuestas a los estímulos del porno, aun habiendo tenido experiencia sexual previa, puede llevarnos a ideas cerradas y complejas
sobre la sexualidad. Y sobre todo ansiedades, sobre cómo nos desempeñamos, cuánto satisfacemos al leotre, cómo tenemos y podemos tratar al leotre, cuál es nuestro rol. Las personas socializadas como varones están especialmente hechas para caer en estos roles. A ellas le enseñan que coger solo es satisfacerse a sí mismos, sin pensar en lo que se esté ejecutando en otros cuerpos. Entonces, existe una mirada del porno es porno, es ficción, igual que todo lo que vemos en la tele. Y estoy
de acuerdo, totalmente. Pero no es lo mismo que otras ficciones. La industria del porno está montada en una sociedad que no tiene acceso a educación sobre el placer, y nadie ni nada contrarresta su efecto. Su mayor problema no son las prácticas que muestra, el problema es el mismo que venimos viendo en capítulos anteriores, la estandarización del placer y de las prácticas sexuales. El problema es la única y robótica representación del placer. Las personas cogiendo con genitales, no
con el cuerpo, ese es el problema. La búsqueda del placer siempre a través de la misma práctica, que se vuelve así un dogma.¿ Cómo manejar la culpa si miras porno mainstream? El deseo sexual es una construcción social. Y la culpa por mirar porno mainstream es la misma que
le sucede a machs por tener fantasías machistas. Desde que somos jóvenes nos enseñan que esto es erótico y estimulante, entonces es importante conocer el trasfondo del porno como venimos analizando en este capítulo, pero tampoco castigarnos por lo que nos calienta. Es lo que nos inculcaron, lo que nos dijeron que nos tenía que calentar, de a poco se
puede ir deconstruyendo y buscando otro tipo de estímulos. Dentro del porno convencional recomiendo quizá buscar en las categorías más amateur, personas que se filman entre ellas, donde hay un poco más de diversidad. Y después, empezar a mirar otro tipo de porno, alternativo, como el porno ético, que analizo hacia el final de este capítulo, donde se ve el placer más desde lo lúdico. Eso que nos calienta por default no es necesariamente lo que vamos a salir a buscar.
Suelo escuchar mucho, veo porno de lesbianas, pero soy heterosexual,¿ qué me pasa? No te pasa nada. Te pasa que el porno de lesbianas es más gentil, es más parecido a lo que a vos te puede llegar a gustar, no es los cuerpos de varones que quizá te generan el efecto contrario, No tenés que bancarte el título de violación o padrastro encuentra dormida a su hijastra virgen aunque obvio que si dudas en serio de tu heterosexualidad, nunca está de más incursionar en el lesbianismo. Match se enojan
también si su pareja mira porno. Hay que pensar porque a une le molesta que le atreve a porno, es porque no lo ven juntes. Es porque no tenemos nada que ver con esa mujer hegemónica que aparece como lo más sexy del mundo. A veces, simplemente, nos cuesta entender qué tal tenemos una sexualidad individual y una compartida y que ambas se alimentan. Cada vínculo tiene sus acuerdos y dialogar es siempre lo más importante. Te puede gustar meterte un pene o un dildo hasta el fondo de la garganta.
Puede citarte que te dominen, controlen, humillen, te traten como un objeto un ratito. Puede encantarte que te cojan duro, fuerte y rápido, que te cacheteen la cola, que te agarren del pelo, que te digan daddy o jugar a tener un daddy, tragar semen, las pijas enormes, que te bombeen por 45 minutos o coger rápido en 5, la mezcla entre el dolor y el placer, ver a alguien haciendo pis. Te puede gustar lo que se ve en el porno, pero también puede no gustarte. A Taz nos gustan cosas distintas,
y el porno solo muestra algunas. Muy pocas. El porno deja un abanico de actos, poses, formas, cuerpos e identidades por fuera, se pierde de la riqueza de las pieles, de lo diverso, de las voces y las formas de
vernos por fuera de lo binario. Salvo que lo busquemos muy específicamente y aún así es difícil, si buscamos porno no vemos nada distinto a eso, no vemos a quien le gusta coger lento, despacio, suave, profundo, superficial, no vemos los mimos, las frotadas, las respiraciones agitadas, los orgasmos silenciosos, un encuentro sin orgasmos, los cambios de poses, las situaciones
que no funcionan. Sexo sin penetración, sexo despeinado, baboso, frenadas a tomar agua, hacer pis, a moverse del lugar eyaculado, días menstruales. Los movimientos, la torpeza que puede llegar a haber en un encuentro sexual, lo que generan dos cuerpos cogiendo, la transpiración, la conversación, el diálogo, el consenso. Nada de
eso es parte del porno mainstream. El porno lo que hace es moldear, junto con otro montón de dispositivos de nuestra cultura, pero en un lugar preponderante, la sexualidad robótica y efectiva, duro, rápido y fuerte. Y es la naturalización de la violación. Está en nosotres empezar a cuestionarnos nuestros consumos.
Plantearnos por qué consumimos lo que consumimos. Por supuesto que hay excepciones, buceando y buceando en las páginas de porno populares, puedes encontrar cosas hermosas, pero para llegar a algo interesante tenés que pasar por montones de otros videos donde esas violaciones de las cuales venimos hablando se naturalizan. Y mientras tanto le estás dando de comer a una industria espantosa.
Industria del mal. Además de representar la violación y la coerción, el porno industrial ya de por sí es una industria macabra. Concebida en la violación de los derechos, las prerrogativas que
tiene la industria sobre los videos subidos son impresionantes. Existen casos de actrices, de las más populares, de los sitios más populares, que, ya retiradas y fuera de la profesión, no tienen acceso a dar de baja su material, los sitios se quedan con la totalidad de su contenido sacando ganancias para siempre, armando nuevas compilaciones, sacando escenas nuevas reeditadas. Los rodajes son largos, agotadores y, a veces, dolorosos, el
riesgo y la exposición son grandes. Sin embargo, los valores van entre 300 y 1.500 dólares por escena en Estados Unidos donde está una gran parte de la industria y luego, si el video se populariza, los actores y actrices no ven un peso. Además es relativamente fácil subir videos a los sitios, no hace falta demostrar ser mayor de edad ni le dueñe el video, por eso hoy en los sitios hay partes de violaciones reales que ni las mismas víctimas lograron bajar.
La violencia en los rodajes porno es moneda corriente. Internet está lleno de relatos de actrices que cuentan que sus compañeros de elenco les pegaban, que las mantenían borrachas, drogadas y anestesiadas, que tuvieron que soportar dolores insoportables, que hay acuerdos por fuera del set entre los hombres, adormecimiento, falta de profilaxis y cuidados, abortos, embarazos, violencia psíquica, mental y económica, violaciones. Muchísimas ex actrices porno se dedican hoy a tratar de
mostrar cómo es el trato en la industria. Un caso es el de Mia Khalifa, conductora de deportes y figura pública estadounidense de origen libanés, que en 2014 pasó tres meses trabajando de actriz porno. Apareció en una decena de videos, saltó enseguida a la fama y se arrepintió. Pero aún no logra que una de las páginas más populares baje sus videos, recopilaciones, escenas y recortes.¿ Hoy es la segunda
actriz por no más vista de Internet? Con esos únicos 11 videos, ella solo ganó 12 mil dólares hace unos años, mientras que los sitios de Internet ganan dinero constantemente con su imagen. Como ella, muchas ex actrices porno reclaman su material al
retirarse y la industria no lo respeta. Quizá lo más terrible del caso de Mía es que recibió amenazas de muerte de parte del Estado Islámico en el video que la llevó inesperadamente al puesto uno del sitio más popular Usa un hijab y aún así, ni la justicia logra hacer que la empresa baje su contenido. ni aún estando en riesgo su vida. Al mismo tiempo, son muchas las actrices que al retirarse cuentan las violaciones, maltratos y abusos vividos en los rodajes pero también abuso económico por parte
de los productores. Ciertas tomas se pagan más caras, las más humillantes. Las actrices y los actores porno ya de por sí ganan extremadamente poco por cada video, en comparación con las ganancias que se llevan las productoras vendiendo sus videos a los sitios, y los sitios que los alojan. Los sitios venden los datos de los usuarios y viven de publicidades engañosas con productos como pastillas mágicas que te
agrandan el pito spoiler alert. No funcionan los sitios que te dicen que vas a poder coger con madres calientes desesperadas, pero primero pone los datos de la tarjeta de crédito. Es relativamente fácil pautar publicidad en los sitios porno. Las plataformas donde se arman los banners y POPs de las páginas de porno ofrecen una rápida y dirigida selección del público. porque tienen una cantidad enorme de datos nuestros. Aun cuando estamos en modo incógnito yo borramos las cookies, es posible
trackear nuestros hábitos online. Mientras vemos porno o hacemos montones de otras cosas en línea, un montón de nuestros datos son transferidos de nuestro navegador al sitio web, desde tus búsquedas en cualquier página, hasta tu IP y nivel de batería, sistema operativo y versiones de programas usadas. Estos datos después son usados en las plataformas de publicidad, cuanto más pague el anunciante, más puede dirigir y cercar su tarjeta y
mejor funcionará su aviso. La industria del porno se enriquece sin parar, sus ganancias, como las de muchas otras industrias, son incalculables. La pornografía es de las industrias que más dinero mueven en el mundo y los sitios porno son más visitados en algunos países que plataformas como Netflix y YouTube.
La cuna del estealtín. La mayor parte de las personas que nos relacionamos sexualmente alguna vez con varones cis, pasamos por situaciones problemáticas con el preservativo, que se rompa, que quede adentro y no avisen, no estar seguros de si se lo pusieron, que nos avisen después que no usaron, que nos insistan con no usar. Así como también algunas de nosotres caen en la trampa de creer que con
forro no se siente. La práctica no consensuada de sacarse el preservativo en medio de un encuentro sexual, sin avisar, es una forma más de violación. Y se llama Stelsing que significa algo así como, con sigilo, o, secretamente.¿ Por qué es tan común? Porque en el porno es casi una rareza encontrarse con un pene con un preservativo puesto. Puede pasar, pero no es lo más común. En cambio,¿
qué sí encontramos? Personas cogiendo sin preservativo, sin tardar más que segundos en poder meter la pija en el agujero elegido.
Y personas sacándose el forro. Con solo buscar condom, los resultados que nos dan las páginas son todos, chica se saca el condón, preservativo se rompe y seguimos, rubia Tim Hort rompe el condón, etc. Desde 2012, las solicitudes de permisos de rodaje en Los Ángeles, Estados Unidos cuna del porno industrial bajaron un 95% después de que la ciudad ordenara que el uso de preservativos fuera un requerimiento para filmar,
para una mayor prevención de infecciones de transmisión sexual. Los rodajes de porno se mudaron automáticamente a Las Vegas, donde esto no es necesario. Y así la industria va escapando de hacer del porno la herramienta hermosa que podría llegar a ser. Aunque no es solo el porno el culpable de que no podamos entender al preservativo como parte erótica del encuentro, lo veremos en el próximo capítulo, sobre la
sexualidad compartida. La mayor parte del porno nos muestra un recorte de las partes más mecanizadas y genitales del sexo. El porno nos recorta lo que hace a la riqueza de la sexualidad, la búsqueda del placer, que puede ser tan placentera como el clímax mismo, las caricias, los gestos, las sensaciones en la piel, en la panza, en las tetas, en la concha, en la cabeza… Momentos que crecemos creyendo
que no pasan, que ni siquiera son necesarios. El porno nos setea para la sexualidad como un acto continuado con el pito parado de principio a fin. La mayor parte del porno nos muestra un recorte de las partes más mecanizadas y genitales del sexo. El porno nos recorta lo que hace a la riqueza de la sexualidad, la búsqueda del placer, que puede ser tan placentera como el clímax mismo. Momentos que crecemos creyendo que no pasan, que están mal,
que ni siquiera son necesarios. Porno feminista, bancar nuestros intereses. De a poco, por suerte, empiezan a surgir alternativas al porno industrial que apuntan a una búsqueda del placer desde otros lugares, una mayor representación de las diversidades de cuerpos, pieles, rasgos, orientaciones sexuales y expresiones de género. El posporno por su lado, desde una dimensión más política que masturbatoria, tiene un fin de denuncia de lo pacata que es la sexualidad, de
lo limitado y aburrido que es el porno industrial. El posporno es una crítica al porno masivo, un diálogo con el abolicionismo del porno, una invitación a reinventarlo, no a eliminarlo, y nos ofrece performances sexuales para pensar, cuestionar y replantear
la sexualidad y sus mil aristas. Según el escritor Paul Preciado, el post-porno sirve para dar nombre a un conjunto de iniciativas de crítica de la pornografía dominante que lejos de renunciar a la representación de la sexualidad, apuestan por la producción de representaciones disidentes. El post-porno nace en los años 90, entre los grupos queer, lesbianos y maricas de la época.
Entre ellos estaba Annie Sprinkled, quien trabajó en la industria masiva del porno, para luego retirarse a crear su propio contenido. Su primer film independiente, The Pinsy de Annie Sprinkle, dio origen a un cambio de paradigma en ciertos pequeños sectores del porno, con ella inicia el cambio de la mujer de objeto a sujeto activo en las representaciones post-porno, que
resaltan el orgasmo femenino. Entre sus videos, se la puede ver en encuentros sexuales con personas con discapacidades y trans. En 1989, Sprinkle publicó un manifiesto post-porno y dio inicio a un nuevo porno, en el que podemos ver representación de cuerpos más diversos, con diversidad funcional o gordos, además de prácticas sexuales no convencionales como el BDSM, una perspectiva transfeminista y una valoración por la intención de los actores y actrices.
El porno feminista, creado por mujeres, se empieza a gestar en los años 80 y recién se está empezando a expandir por ciertos territorios. Es porno producido por mujeres, de maneras correctas y justas. Las actrices y actores cobran un salario razonable y son tratadas con cuidado, conscientes en las prácticas,
se cuidan entre ellas. Este tipo de porno, al igual que el posporno, intenta desafiar las lógicas de la belleza, deseo y poder a través de representaciones más reales de la sexualidad, aunque las escenas no dejan de ser bastante estereotipadas, recortadas, cis y heterosexuales. Los cuerpos, si bien hay excepciones, suelen quedar bastante dentro de la hegemonía. Y la representación del placer de las personas con vulva aún suele ser estereotipada
y centrada en el coito. Existen algunas páginas que se autoproclaman como porno feminista pero de feminista no tienen nada, es porno un poco más lindo, sin el factor de la violación, con una página color rosa, claro. El porno feminista suele ser vendido como porno para mujeres, reforzando la idea de que el porno justo y diverso es para mujeres, y que los varones, que son unas bestias sexuales, se tienen que quedar en las páginas mainstream. Pero con ese
planteamiento de las cosas no vamos a avanzar mucho. La invitación es a que te admiremos un porno más enfocado en el placer que en la dominación. Por eso, quizá una definición más ajustada sea pornoético otra categoría de porno que se solapa en casi toda su construcción con el porno feminista, excepto que no incorpora la lavada de cara.
Este porno tiene como componente principal el consenso, hay entendimiento entre los actores, actrices y miembros del equipo, valora las necesidades, límites y curiosidades de ellas, mostrando versiones más realistas del sexo con cuerpos más diversos y menos binarismo. Los contratos éticos tienen pautas para controlar los contagios de ITS y riesgos de embarazo y, por sobre todas las cosas, no se está forzando a nadie a hacer nada que no quiera.
Este tipo de porno, en el que se les paga bien a los miembros del equipo y donde no existe toda una plataforma de venta de publicidad por detrás que lo sostenga económicamente, vive de nuestro consumo. Es decir, es pago. Muchas veces, cuando hablo de este tema en mis talleres y acompañamientos,¿ Mach se enojan porque el porno de varones es gratis y el nuestro no? Primero, dejemos de hacer
esa separación de porno para varones, porno para mujeres. Segundo, si vas a consumir un producto, de alguna manera tenés que pagarlo, porque hay gente trabajando detrás. Sé que es un privilegio poder pagar por porno, pero en caso de que puedas y quieras, no dejes de hacerlo. Y si no, existen algunas páginas que te dejan ver previews largas de los videos, que pueden ser súper interesantes. Hay que encontrarle la vuelta al porno si tenés ganas. El porno ético
está escondido en recónditos lugares de internet, pero está. La idea es que cada une pueda encontrar lo que le guste y donde se vea representade. Sería bueno que les adolescentes pudieran ver este tipo de porno en vez de lo que ven y que tuvieran una educación sexual hacia el placer. Crecer con ideas positivas sobre la sexualidad, incluso
a través del porno, nos hubiese ahorrado muchísimos males. El porno feminista suele ser vendido como porno para mujeres, reforzando la idea de que el porno justo y diverso es para mujeres, y que los varones, que son unas bestias sexuales, se tienen que quedar en las páginas mainstream. Pero con ese planteamiento de las cosas no vamos a avanzar mucho. La invitación es a que te admiremos un porno más enfocado en el placer que en la dominación. Derribar los mitos,
conocer nuestra historia y nuestros cuerpos. Hemos roto un tabú más, y eso ya es un acto de valentía. La conversación no termina aquí, apenas está empezando. Si este episodio resonó contigo y quieres ser parte de un espacio donde la verdad se dice sin miedo, te invito a suscribirte ahora mismo. Sé parte de la comunidad, siéntete plena y transforma tu silencio en voz. Hasta la próxima, plenas.
