MI REGALO - podcast episode cover

MI REGALO

Oct 29, 20259 min
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Transcript

Speaker 2

Mire, galú». Habíamos hablado tantas veces de ello, y tú nunca querías. Pero esta vez, fue un regalo, no pudiste negarte. Llegaste a casa y entraste al salón. Estabas de pie, en el centro del salón, sirviéndote una copa cuando ellas entraron. Ambas iban vestidas con sendos bodys preciosos, una en rojo y la otra en negro.« Hola, cielo, soy Ana», dijo la del body rojo. Te fijaste entonces en que llevaba un tanga negro de encaje, medias transparentes sin liguero y

zapatos rojos de tacón muy alto. El body era de escote bajo, por lo que dejaba asomar sus pechos por encima del escote. Poco a poco subiste la mirada y te perdiste en sus rizos rubios, sus labios rojos y sus ojazos azules. Pero entonces, su amiga llamó tu atención.« Hola, cariño, yo soy María», te dijo. Su voz era más aguda que la de Ana, pero igual de melosa. Ella llevaba el body negro, también muy escotado. Sus pechos eran más

pequeños que los de Ana, pero igual de apetecibles. Seguiste el recorrido de su cuerpo hasta llegar a su tanga de seda negro. Preciosas medias negras sin liguero y tacones negros de vértigo. Volviste tu mirada a su cabeza. María tenía una bonita melena cobriza, sus ojos eran verdes y llevaba los labios de color rosa muy suave, aunque con mucho brillo.« Hola, soy Adrián. Meriam me dijo que había una sorpresa. Les respondiste. De repente, se acercaron a ti

despacio y se colocaron una a cada lado. Cada una te besó en una mejilla, las dos a la vez, lo que te descolocó un poco, porque no sabías a cuál de las dos corresponder. Esto era algo que ya habíamos hablado, una de las razones por las que te resistías a hacer un trío con dos mujeres. Pero ellas te lo pusieron fácil». Ana te susurró. Tranquilo, cielo. Y María terminó. Esto es para ti. Entonces miraste a tu

izquierda y Ana se acercó a tu boca. Os besaste. Entretanto, sentiste sus manos colarse por entre los botones de la camisa. Te la fue desabrochando lentamente. A continuación, otras manos se colgaron de tu cinturón. Lo desataron y continuaron con tu pantalón. Terminaste el beso y te volviste al otro lado. María estaba agachada, así que la sujetaste de los brazos y la levantaste. Os besaste. Notaste sus manos bajándote el pantalón y colándose bajo tu ropa interior. Pero había otras dos

que te atacaron desde la espalda. Entre las dos chicas terminaron de quitarte la ropa. Desli, zándola lentamente por tus piernas, invitándote a salir de ella y te acompañaron hasta el sofá. Te sentaron. De pronto estaban delante de ti, pero no se acercaban.¿ Qué estaban haciendo? Ah, Se acercaron la una a la otra. Sus manos comenzaron a sugerirte lo que a ellas les gustaba. Se tocaban los pechos y las nalgas. Se besaban con pasión. Pero,¿ esto no era para ti?

Ellas te miraron, te sonrieron y siguieron besándose, tocándose. Tú también comenzaste a tocarte. De nuevo muy lentamente, se acercaron a ti. Se arrodillaron. Se miraron. Ana sujetó con su mano tu erección. Te miró, te sonrió y comenzó a frotarla de arriba abajo con una sola mano.¿ Te gusta?

Te preguntó. sí claro que me gusta je miste entonces posó su otra mano en el cuello de maría y la acercó a tu polla ésta te miró te sonrió también y te tocó levemente con los labios un beso te besó la punta sacó un poquito la lengua sólo la asomó y apenas te tocó Tu volviste a gemir. Acercaste tus manos a su cabeza y metiste tus dedos entre su pelo dorado. Ana se acercó también, abriendo un poquito los labios. Solo te tocó y se retiró de nuevo.

Otra vez María la besó, la tocó, la lamió ligeramente con la punta de su lengua y se retiró. Ana repitió la operación. Dos bocas, dos lenguas, tocándote, lamiéndote, chupándote, turnándose. Dos bocas, una roja y otra rosa. Y cuatro manos. Cuatro manos. Manos que se colaban por debajo de tu culo, amasando tus nalgas. Manos que tocaban tu pecho, tu vientre, se acercaban a tu erección, la frotaban, la acariciaban. Manos maravillosas que te llevaron a un punto de no retorno.

De repente la boca roja se abrió por completo, acogiendo tu polla muy adentro, hasta su garganta. Entrabas y salías. Entrabas y salías. Sentías que no podrías aguantar mucho más. Y de pronto se retiró para dejar el sitio a la boca rosa. Esta succionaba más fuerte aún. Dentro y fuera. Dentro y fuera. Y cuando creías de nuevo que no podrían sorprenderte más, se hizo a un lado y ambas lenguas te atacaron a la vez, una por cada lado. Y las manos. Las cuatro manos. Seguían tocando, frou, tando,

amasando tu cuerpo, tus piernas, tu culo. Tus propias manos se hallaban perdidas entre sus cabellos dorados y rubios. Se podían oír tus gemidos en toda la casa. Y cuando de nuevo estabas a punto, se retiraron de ti. De pronto sentiste frío, como si no pudieras soportar la idea de que se alejaran. No podías entenderlo. Casi estabas, Ellas se colocaron enfrente de ti y comenzaron a tocarse de nuevo, a besarse y ya a desnudarse la una a la otra.

Te levantaron para situarse de rodillas en el sofá, apoyando sus brazos en el respaldo. Ahora te presentaban sus culos y sexos, abiertos para ti. Te invitó María.« Elige tú. Ánimo, cariño», añadió Ana.«¿ Por cuál vas a empezar?».« Pero claro, cuatro manos, dos bocas y dos lenguas eran geniales».« Pero dos que no».« Esto era otra cosa.¿ Qué podías hacer entonces?».« Era imposible complacer a las dos, ¿verdad?».« De nuevo las dudas de antes.

Pero ellas te ayudaron».«¿ Recuerdas, cielo?», susurró María.« Esto es para ti. Disfruta». Te animó Ana. Puedes entrar en uno y tocar el otro, si tú quieres. Y entonces lo entendiste. Entraste en el coño de Ana, mientras tocabas el de María. Podías salirte de él y entrar en el otro. Podías coger esas nalgas y amasarlas. Podías darle un azotito y ver su reacción. Y, si le gustaba, podías darle otro más fuerte. Las oías gemir. A ellas les gustaba. Decidiste

aumentar el ritmo y la fuerza. Cambiaste varias veces de Ana a María y vuelta a Ana. Ellas también se tocaban a sí mismas y entre ellas. Hubo un momento, mientras te follabas a Ana, en el que María se colocó detrás de ti. Coló sus manos bajo tus brazos y, en un abrazo, tocó tus bíceps. Los amasó mientras murmuraba en tu oído. Me encanta tu pecho. Adrián. Y te besó la espalda mientras tú seguías embistiendo a Ana. De pronto sacó sus manos debajo tus brazos y acarició tu

espalda mientras seguía besándola. Sí, sigue. Gritó Ana. Más fuerte. Adrián. Las manos de María llegaron a tu culo y masajearon tus nalgas con deseo. Em.« Me encanta tu culito», gimió ahora. Y de pronto notaste que un dedo osado se coló por entre tus nalgas, acercándose a ese lugar oculto que no esperaba ser invadido y tanteándolo, como pidiendo permiso para entrar.«¿ Te gusta, cariño?», preguntó María. Y ante la falta de respuesta, decidió guiarse por tus jadeos. De modo que el dedo

invasor encontró enseguida la entrada de tu ano. María impregnó su dedo con sus propios fluidos, para lubricarte bien. Mientras tanto tú seguías embistiendo con fuerza a Ana. Ya estabas a punto. Tan solo un par de empujes más y te corriste entre gritos. Muy despacio saliste de Ana, a la vez que el dedo de María salió de ti. Los tres os tumbasteis en el sofá un par de minutos, para reponer fuerzas. Te encontrabas tan cansado, pero tan feliz. Mary Ann tenía razón. La experiencia de un trío podría

ser muy placentera. Este había sido uno de los mejores regalos que te había hecho. Seguro que se lo ibas a agradecer.

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