Los sentidos. De la vista al olfato. Sandra se levantó con dolor de cabeza. Le costaba abrir los ojos y le molestaba la poca luz del flexo. Como pudo, se acercó al cuarto de baño. Se lavó la cara y soltó un taco. Hoy no podría ponerse las lentillas. Metió las gafas en el bolso, pues sin ellas estaba perdida, aunque se negaba a ir con ellas por la calle. Se vistió, se aseó y desayunó. Tenía que hacer un ascom. Pras, pero antes pasaría por la óptica. Manuel le vería el
ojo y le diría algo. Cuando llegó a la óptica, Manuel le recibió con una sonrisa.« Buenos días, preciosa.¿ Ocurre algo?» Le preguntó. Manuel era un bombo nazú. No era muy alto, pero sí muy guapo. A veces vestía de traje, a veces de sport, pero siempre iba impecable. Cada vez que se le acercaba para verle los ojos, Sandra se quedaba colgada de su olor. En la primera consulta, no pudo resistirse a preguntarle qué perfume usaba. Él le dijo que Playboy Vip y le preguntó si le gustaba, a lo
que ella le contestó que mucho. Manuel le propuso una cita, pero Sandra declinó la invitación, pues acababa de conocerle. Desde entonces, cada vez que acudía a la óptica, él reiteraba su invitación y ella se excusa Bea una y otra vez.« Necesito que me mires el ojo izquierdo, Manuel. Me duele desde ayer y no me puedo poner las lentillas», respondió Sandra. No podía negar que este chico le encantaba. Cualquier día de estos aceptaría esa cita.« Que te mire el ojo.¿
Uno de tus preciosos ojos verdes? Será un placer, como siempre. Pasa por aquí, preciosa». A Manuel le gustaban mucho los ojos de Sandra, pero a ella le fascinaban los preciosos ojos verdes de Manuel. Él llevaba unas gafas de pasta negras que a Sandra le encantaban. Pero lo que más le gustaba de él eran sus labios, grandes, claritos, que cuando sonreían, a ella se le nublaba la vista. Siempre pensaba que se sentiría al besarle, seguro que besaba genial.
Manuel siempre le llamaba preciosa. Sandra entró en la sala de consulta y se sentó en el sillón. Manuel comenzó a mirarle los ojos y al terminar se paró el oftalmoscopio y se le quedó mirando desde tan cerca. Inspiró, expiró y se retiró despacio, sonriendo, mientras negaba con la cabeza. Vamos fuera y te explico. Sandra habría jurado que había estado a punto de besarla. Y el rollo es que no la habría importado en absoluto. Salieron fuera y se sentaron en una de las mesas de la tienda. Vamos
a ver, tienes conjuntivitis. Deberías ponerte colirio, pero creo que tienes ir al médico. Ya sabes cómo se están poniendo las farmacias y no te dan nada sin receta. Mira, puedes ir al centro médico La Marina, que están de guardia las 24 horas. En un momento te lo ven de urgencia si te recetan algo. ¿Conjuntivitis?« Eso no es nada serio».« No sé, si voy el lunes», dijo Sandra. No le apetecía nada ir al médico en sábado. Además, mañana sería su cumpleaños y hoy pensaba ir a comprarse ropa.« Ni
se te ocurra dejarlo. Tienes que darte algo desde hoy mismo. Además, no podrás usar lentillas en diez o quince días». Tienes que limpiarte los ojos con suero fisiológico y no usar la misma gasa para los dos ojos, pues te lo contagiarías. Cuídate esa preciosidad de ojitos porque esto no es nada, pero si va a más, puedes tener problemas serios de vista, le aleccionó Manuel.¿ Y qué?¿ Por fin vas a aceptarme esa cita? Le preguntó sonriendo. Creo que sí, Manuel. Me
apetece mucho salir contigo. Le respondió ella.¿ Y qué? Nada de no creo que sea una buena idea. Aún no nos conocemos lo suficiente y todas esas excusas que me solías poner. Vaya, si lo sé, habría intentado besarte antes. Le dijo riendo.¿ Qué te parece si salimos esta noche?¿ O prefieres mañana, al cine por la tarde y después cenamos? propuso.« Intentaste besarme».« Sí, eso me pareció», respondió riendo ella.« Esta
noche no me viene muy bien. Mañana es mi cumpleaños y como con mi familia, pero por la tarde no tengo nada previsto, así que un cine y una cena me encantarán.¿ Cómo quedamos?¿ Tu cumpleaños? Bueno, ahora sí que no tengo excusa para invitarte».¿ Te parece bien si paso a recogerte a las seis y media? Le preguntó cogiéndole de las manos. Comenzó a acariciarle los dorsos con los pulgares. Me parece genial.¿ Te escribo mi dirección? Preguntó Sandra dejándose acariciar.
Cédonde vive, Sandra. Tengo tu ficha, ¿recuerdas? Aunque te puedo garantizar que nunca te he seguido, ni te he espiado, le dijo muy serio. Tranquilo, Manuel, te creo, de nuevo respondió riendo. De acuerdo entonces. A las seis y media en mi portal. Hasta mañana, y se acercó para besarle en la mejilla. Pero él giró la cabeza y besó a Sandra en los labios, suavemente, aunque intensamente. Ella demoró unos segundos el beso, a la vez que inspiraba fuerte.
Dios mío, qué bien olía este chico. Muy lentamente, se separaron y se despidieron. Bueno, pues hasta mañana. Hasta mañana, preciosa. Tomo nota de tu móvil, por si tuviéramos que hablar. Espera, te llamo y así me agregas a contactos. Sacó su móvil y marcó el número que aparecía en la ficha de Sandra. Cuando el móvil de ella sonó, agregó el número y levantó el aparato. He hecho. Te tengo, le dijo. Sí,
ya lo creo que me tienes. loco desde hace meses pero mañana va a ser la caña se despidió manuel sandra salió y fue al autobús si tenía que ir a la marina no podía conducir y se negaba a ponerse las horribles gafas cogió el bus hasta la puerta del centro médico llegó pidió cita explicando lo que le ocurría y le manda Ron esperar frente a la consulta número 5. En unos 10 minutos la llamaron. Al entrar casi le da una conmoción. No era posible que un hombre tan guapo
fuera médico de urgencias. Eso solo pasaba en las series de televisión americanas.« Hola,¿ qué te ocurre?», le preguntó sonriendo.« Hola, verás, es que tengo conjuntivitis. He ido a la óptica, pero el óptico me dijo que necesito un colirio, así que me tiene que ver un médico», explicó ella.« Pues tienes mucha suerte, porque yo soy médico», le dijo él, riéndose.«¿ Pasas por aquí, por favor, Sandra?», le propuso, indicándole la camilla.« Claro, doctor»,
respondió Sandra, toda azorada. Nada de doctor. Alberto, por favor, interrumpió él. Sandra se sentó en la camilla y levantó la cabeza, para darle mayor acceso a los ojos. Alberto se acercó con el oftalmoscopio y Sandra casi se desmaya. No podía ser cierto. Playboy VIP. Reconocería ese aroma en cualquier lugar. Y ya era casualidad que en un solo día el óptico y el médico llevaran el mismo perfume que la traía loca. Inspiró. Espiró y no pudo evitarlo. M.
Playboy VIP. Me encanta. Murmuró. Vaya, lo celebro. A mí me encantan tus ojos. San D. R. A. Pero sí, tienes una leve conjuntivitis.¿ Usa lentilla? Le preguntó.« Sí, aunque ya me ha explicado el óptico que no podré usarlas en varios días», respondió ella contrariada.« Veo que tu óptico te ha dado toda clase de explicaciones. Es una pena, que a mí solo me necesites para que te dé
la receta», se lamentó Alberto, sonriendo.« No, doctor, digo». Alberto. Bueno, con él tengo mucha confianza y me lo ha explicado muy bien. Pero me encanta rá escuchar a un profesional, si quieres indicarme lo que debo hacer. Rebatió, Zalamera. Alberto sonrió,
cerró los ojos y se obligó a centrarse en su trabajo. Básicamente, no puedes usar las lentillas durante el tiempo que te pongas el colirio.« Deberás limpiarte los ojos con suero y usar diferente gasa para cada ojo», Sandra sentía, por lo que comprobó que ya conocía todos estos datos.« Sí, ya veo que eso también te lo ha explicado él. Bueno, sigo. Te pones las gotas durante siete días». Si tienes alguna molestia vuelves al médico o... Bueno, también puedes acudir a
tu óptico. Claro, se rió a carcajadas esta vez. Y si todo está bien, cuando dejes el colirio puedes ponerte las lentillas de nuevo. Los primeros días, pocas horas. Después, poco a poco puedes volver a usarlas como siempre. Para eso ya no necesitarás acudir al óptico. Volvió a reír al decirlo. Ah, una cosa. Te molestará mucho la luz, tanto natural como artificial. De modo que te conviene usar gafas de sol.¿ Alguna duda? No, yo creo que me
lo has dejado todo suficientemente claro, respondió Sandra. Bueno, parece que tu óptico te había adelantado casi todo.¿ El tema del perfume también? Es increíble la exactitud, a la primera.¿ Te gusta ese olor? Volvió a preguntarle. Me encanta.« Es mi perfume masculino favorito».«¿ Me puedo levantar ya?», preguntó ella nerviosa.« Claro. Ya he terminado contigo», dijo de nuevo riendo. Al bajar de la camilla, tan nerviosa estaba Sandra, que pisó mal y tropezó. Alberto la sujetó por la cintura y se
acercó mucho a ella. Entonces fue el quien inspiró y se demoró en soltarla. Su pelo olía a miel y almendras.« Gracias y perdona», dijo Sandra muy nerviosa.« Bueno, es que yo soy muy patosa y, si me pongo nerviosa, más».«¿ Por mi olor?» Alberto la sonreía manteniéndola cerca de sí.« Tú también me has puesto nervioso. Tienes los ojos más bonitos que he visto en los últimos meses. Y tu
pelo huele maravillosamente bien, la acercó aún más. Me gustaría salir contigo, charlar de nosotros, conocernos mejor, podríamos ir a cenar.¿ Qué dices? Quedamos esta noche». Sandra no sabía qué hacer. Nunca había salido con alguien el mismo día en que lo conocía. Y al día siguiente tenía una cita con Manuel. Se había ilusionado con él. Pero a Alberto le gustaba mucho. No pudo evitarlo. Me encantaría. Mira, yo nunca quedo con la gente nada más conocerla. Pero es que me apetece
que nos conozcamos mejor. Puedo salir hoy a cenar, si tú quieres. Le dijo, decidida.« Joder, qué suerte. Déjame ver.¿ Te gustan los italianos?», preguntó Alberto.«¿ Los italianos? Pues la verdad es que nunca he salido con uno, pero tienen muy buena fama. Ja, ja, ja, ja, ja», respondió riendo Sandra.« No, en serio. Me encantan las ensaladas italianas, la pasta y la pizza.¿ A qué hora y dónde?». A las nueve, si te va bien. Puedo pasar a buscarte, si me
dices dónde vives, propuso él. Creo que de momento, con darte mi número de teléfono, estaremos bien. Dime dónde está el restaurante y estaré allí a las nueve. El mamma mía, en el antiguo.¿ Lo conoces? Y sí, dame tu número por si hubiera cualquier cambio.¿ Es este que está en tu ficha? Ese mismo. Hazme una llamada y así me apunto el tuyo, ¿quieres? Alberto le hizo una perdida y ella anotó el número. Bueno, gracias por todo. Se despidió Sandra. Espera,
te olvidas la receta. Alberto cogió la hoja, dio la vuelta a la mesa y se acercó a ella para despedirse. Cuando acercó su cabeza, ella supuso que iba a darle un beso en la mejilla, pero acercó sus dedos a la barbilla, le levantó la cara y la besó en los labios. Dios mío. Esto era increíble. En un segundo pensó en retirar la cara, pero se dio cuenta de que no quería hacerlo. Cuando Alberto se retiró, ambos se sonrieron. Hasta la noche, preciosa. Ya tengo ganas de que llegue.
Le dijo Alberto. Hasta la noche, Alberto se despidió ella. Yo también. Del olfato al gusto. Por la noche, Sandra llegó puntual al restaurante. En cuanto cruzó la puerta, vio a Alberto sentado en la mesa del rincón. Se levantó a recibirla. Hola, bonita.« Estás preciosa», le dijo, y se acercó a besarla en la mejilla. Tardó en separarse, disfrutando del aroma de su pelo. Dios, qué bien olía el pelo de Sandra. Ella también se demoró en oler el
cuello de Alberto. Había vuelto a ponerse Playboy VIP. Alberto ayudó a Sandra a quitarse el abrigo y lo colocó en una de las sillas que quedaban libres. Se sentaron de modo que quedaban de espaldas y fuera de las miradas de la gente.« Me he permitido pedir para los dos. Como me dijiste lo que te gustaba», le dijo Alberto. Perfecto. En un italiano conmigo se acierta siempre, respondió Sandra, coqueta.
Estuvieron toda la cena charlando de ellos. A ambos les gustaba el cine, la música pop, salir a tomar unas copas y bailar, el fútbol, ambos eran del Real Madrid, y conducir. Sandra tenía un rover y Alberto un BMW. Al llegar al postre, Alberto quiso que compartieran el tiramisú, comiendo con la misma cucharilla. A Sandra le pareció muy romántico, pero cuando le pidió que le diera un poquito de su boca, ella casi se derrite. Alberto besaba de cine.
Comenzó lamiéndole los labios mientras susurraba. Tus labios y el chocolate. A continuación siguió besándola a la vez que metía los dedos por su pelo. A ella le hizo subir la temperatura. Pero inmediatamente coló una mano por su escote, soltando un botón de su blusa, paseando la yema de sus dedos por la puntilla de su sujetador. Sandra retiró la mano con la suya, diciéndole.« Alberto, por favor, estamos en un restaurante», a la vez que bajaba la mirada, ruborizada.« Hey, bonita,
nadie nos ve.¿ Qué pasa?».¿ No te ha gustado? Si es así, perdona, pero no bajes tu mirada. Adoro esos ojos lindos, le pidió, levantando su barbilla con los dedos. Me gustan tus besos, tus caricias, todo. Pero no me siento cómoda en un sitio público.¿ Podemos dejarlo para cuando estemos a solas? Pidió Sandra. Por mí encantado. Pero sobre todo encantado si me vas a permitir estar a solas contigo.¿ Nos vamos? Sugirió Alberto. Sí, vamos. Aceptó ella levantándose. Perdona,
tengo que ir al baño. Mientras Sandra iba al servicio. Alberto pagó la cuenta. Como ella no traía coche, se dirigieron al de él.«¿ Quieres venir a mi casa, Sandra?», preguntó él.« Nunca invito a nadie a mi casa en la primera cita, pero me siento genial contigo. Me gustaría mucho que aceptaras. Puedo enseñarte mi casita, si quieres vemos una peli, y si no me encantaría ponerte música y
sacarte a bailar. Cuando quieras, te llevaré a tu casa y no haremos nada que tú no quieras».« Aunque prometo intentar todo lo que se me está ocurriendo», le dijo al oído, antes de abrirle la puerta. Cuando se fue a retirar, Sandra no le dejó y comenzó a responderle también al oído.« Estoy deseando ir a tu casa. Quiero que me la enseñes. Quiero escuchar música y que me saques a bailar». Me encantaría que intentaras conmigo todo eso que estás pensando y que, presiento que se parece a
lo que estoy pensando yo. Nunca he ido a casa de nadie en una primera cita y estoy aterrada, pero me puede más el deseo que tengo de conocerte. Sandra dijo todo esto sin separarse del oído de Alberto. No podía creer que se lo hubiera dicho, pero era lo que sentía.« Vamos, bonita, te llevo a mi casa», le dijo él, besándole en la mejilla, cerca de la mandíbula, debajo de la oreja, erizándole todo el vello de su cuerpo. Abrió la puerta del coche y, cuando ella hubo entrado,
la cerró. Al llegar a casa de Alberto, bloqueó la puerta para que ella no se bajara del coche. Dio la vuelta para abrirle la suya y, cogiéndole de la mano, se dirigieron al ascensor. Una vez en el interior del ascensor él se colocó justo detrás de ella, sujetándola por la cintura e introdujo su nariz en su pelo. Aspiró fuerte y murmuró. Miel y almendras. Sí, exacto. Tienes buen olfato,
le dijo ella mientras se tocaba la melena. Coqueta. No tan bueno como el tuyo.«¿ Te sabes el nombre de mi perfume?» rebatió él.« Bueno, es un perfume que me encanta. No me sé todos, me sé ese», se quitó mérito Sandra. Llegaron a su casa y entraron. Alberto le ayudó a quitarse el abrigo, deleitándose en bajarle las mangas, extremadamente despacio, tanto que a Sandra se le escapó un gemido más
que un suspiro. Alberto colgó el abrigo en la percha de la entrada y, abrazándola desde detrás, le susurró junto a su oído. Recuerda que no ocurrirá nada que tú no quieras. Aunque acuérdate también que yo intentaré algo contigo. Exactamente intentaré llevarte a mi cama, pues me muero de ganas de hacerte el amor. De nuevo se entretuvo aspirando el aroma de su pelo. Besándole el cuello, abrazando su cuerpo. Sandra se volvió, mientras se soltaba los botones de la blusa,
con la mirada baja. Rápidamente Alberto le sujetó la barbilla y le levantó la cara.« No me prives de ver tus ojos. Bonita, me tienen hechizado», le rogó. Alberto volvió a besarla. Esta vez introdujo despacio su lengua en la boca de ella. Sandra abrió solícita sus labios, acogiendo la lengua de él y ofreciéndole la suya. Entre una batalla de manos que desataban botones y cremalleras llegaron al dormitorio. Alberto dio la llave de la luz y se encendieron
las lámparas de las mesillas. Sandra lo agradeció pues, aunque le deseaba, seguía sintiendo un extraño pudor mezclado con el morbo y el deseo. Cuando ella quedó en sujetador y braguita, él se apartó un poco de ella para admirarla. Enseguida, para evitar que se avergonzara, la acercó a él de nuevo. Separó la tela del sujetador, sacando un pezón que metió en su boca. Sandra no pudo evitar un gemido. Él acercó su mano a la braga y coló sus dedos por dentro de la diminuta seda. Ella se estiró, se
encogió de nuevo y volvió a gemir. Alberto la recostó en la cama, pero antes le soltó el sujetade y le quitó la braguita. Introdujo dos dedos en su vagina y comenzó a moverse despacio en su interior. De nuevo metió un pezón en su boca y Sandra sintió como él chupaba. Mordisquea Bea, la mía, soplaba y la llevaba a un estado en que hacía tiempo que no se encontraba. Estaba totalmente empapada mientras él siguió masturbando su coño hasta
conseguir un orgasmo como no recordaba haber tenido. Cuando vio que se corría, le avisó.« Alberto, por Dios, me corro». Él aumentó un poco el ritmo de las embestidas, así como el dulce castigo a sus pechos. Me corro, Alberto, me corro. ¡Eh, Dios! ¡Sandra!¿ Cómo te has puesto? Me ha encantado verte correr en mis manos. Ahora te correrás en mi boca. ¿Quieres? Propuso él. Y dicho y hecho. Casi no se había repuesto cuando comenzó a castigar su clítoris.
Esta vez el orgasmo no tardó ni dos minutos en venirle. Tal era el estado en el que se encontraba.« Y ahora, me gustaría hacerte el amor», le dijo Alberto. Abrió el cajón de la mesilla para ponerse un condón. Sandra se lo quitó de la mano y se lo colocó con sus propias manos. A continuación, le dirigió para que se colocara sobre ella. Le sujetó fuertemente su erección y se la introdujo en su vagina a la vez que le
empujaba dentro de ella. Alberto estaba muy excitado de modo que mientras se movía dentro y fuera, le iba diciendo frases de lo más calientes, preguntándole si le gustaba, explicándole cuánto la había deseado durante todo el día y prometiéndole que se correría por tercera vez. Y de nuevo lo cumplió, puesto que Sandra llegó al orgasmo un par de embestidas antes que él. Cuando Alberto se corrió, se dejó caer despacio sobre ella y enseguida se retiró. Le pré-gantoux.¿ Te
ha gustado, bonita? Sí, Alberto. Me ha gustado mucho. Eres súper cariñoso y has estado todo el tiempo pendiente de mí. Cielo. Lo he pasado genial, pero me habría gustado darte placer a ti, al igual que tú lo has hecho conmigo, le dijo Sandra. Pero yo lo he pasado muy bien también, Sandra. Has sido la hostia.« Me encantaría que te quedaras a pasar la noche aquí, conmigo, aunque te dije que te llevaría a tu casa cuando me lo pidieras. Así que tú decides. Si tú quieres, quédate. Si no, nos vestimos
y te llevo».« No, Alberto, me quedo». Él se levantó al servicio, donde se quitó el condón y se aseó un poco. Luego volvió a la cama y le acercó una camiseta a Sandra. Se puso un pijama y se acostó, sujetándole a ella por detrás. Sandra se quedó dormida en dos minutos. Del gusto al oído. A la mañana siguiente Sandra se despertó, se duchó y se vistió para marcharse. Cuando salió del baño, Alberto estaba levantándose y se acercó a ella.« Buenos días, bonita. Te quedarás a desayunar, ¿no?»,
le dijo mientras la abrazaba. No, Alberto. Hoy es mi cumpleaños y he quedado con mi familia para comer, le respondió Sandra. Pero yo quedé en llevarte. Espera que me visto. Joder, felicidades. Alberto volvió a abrazarla. Tranquilo, puedo coger un bus aquí mismo. No pasa nada. Gracias, le tranquilizó Sandra. Podemos quedar esta noche.
Ayer lo pasamos de puta madre. Estaría bien repetir.«¿ No?», invitó él.« No, lo siento».« Esta noche he...»« Quedado», respondió ella bajando la cabeza.« Ah...»« Bueno,¿ te llamo mañana entonces?», preguntó él, molesto.« Em...»« Sí, claro. Mañana hablamos. Se escaqueó Sandra». Se dieron un beso en la mejilla y Sandra se marchó. Se sentía fatal por irse así, pero no podía eludir sus citas por su cumpleaños. Desde que se había levantado no hacía más que pensar en Manuel. Le gustaba mucho
ese chico. Entonces,¿ por qué había accedido a cenar con Alberto? Y eso el día que lo había conocido. Y se había ido a su casa. Y se había acostado con él. Bueno, Sandra no era una mojigata, pero de ahí a acostarse en la primera cita. Pasó la mañana preparándose para comer en casa de sus padres. Vendrían sus hermanos, cuñados y sobrinos. La verdad es que fue una comida muy agradable, aunque no pudo dejar de pensar en Manuel ni en Alberto
en todo el día. Por un momento pensó en llamar a Manuel y anular la cita, pero no le apetecía dar explicaciones por teléfono. Y le seducía mucho menos desmontar la cita con él, después de todo lo que había
tardado en acceder. por la tarde fue a su casa a prepararse de modo que a las seis y media salía por el portal manuel ya estaba allí y se bajó del coche en cuanto la vio se acercó a ella y la besó en la mejilla muy cerca de la boca en la comisura de los labios sandra no pudo reprimir un suspiro dejándose besar oliendo el aroma que tanto le gustaba y que esta vez le traía recuerdos de una noche maravillosa No podía ser que se estuviese acordando de la noche con Alberto. Hola Manuel, tenía ganas
de verte. Saludó nerviosa. Yo tenía muchas más, le dijo él, abrazándola tiernamente.¿ Dónde vamos a ir? Quedamos en Peli y cena. ¿No? Pregunto curiosa. Quedamos en eso, pero he pensado que, si quieres, podemos ir a mi casa. Sé que te gusta la comedia romántica, pero tenía una de acción, de ese tío que te mola, Channing Tatum. Se llama Asalto al poderes.
Ah.
Y he preparado unos panini caseros. Solo falta meterlos al horno. También he dejado lista una ensalada de gulas y gambas. Me dijiste que te encanta.¿ Te gusta el plan? Manuel estaba realmente nervioso, temiendo que Sandera rechazara su propuesta.« Claro, me encanta».« Vamos», respondió ella dejándole seriamente alucinado. Montaron en su Audi y Sandra pensó que este coche también le gustaba mucho. Al llegar a casa de Manuel, ella esperó
mientras él corría para abrirle la puerta. Se dejó ayudar y le gustó cuando la sujetó por la cintura, con aires de posesión, mientras llegaban hasta el ascensor. Una vez en él, Manuel se acercó de frente, sonriendo, colocando ambas manos en la pared, una a cada lado de su cabeza y cercándola con su cuerpo, de manera que le quedaba muy poca movilidad.« Tengo ganas de estar a solas contigo, preciosa.
Aún no me puedo creer que hayas aceptado mi cita, ni que hayas accedido a venir a mi casa», le susurró sonriendo.« Yo también tengo ganas de estar contigo, aunque estoy un poco nerviosa», confesó Sandra.« No quiero que estés nerviosa, cariño, quiero que estés a gusto. Iremos al ritmo que tú marques,¿ de acuerdo?» Le tranquilizó Manuel. La verdad es que Sandra no quería ir despacio. Le gustaba Manuel y quería saber si se encontraría tan a gusto con él como con Alberto.
Lo peor es que si decidía que sí, no tenía ni idea de lo que iba a hacer a partir de ese día. Llegaron a casa y Manuel abrió la puerta. Felicidades, preciosa.¿ Creías que me había olvidado? Al entrar, encendió la luz del salón y toda la habitación estaba decorada con globos, serpentinas y farolillos. Había unas letras formando la palabra felicidades en el espejo del fondo. Immanuel pulsó un mando y
empezó a sonar« Cumpleaños feliz» en el equipo. Cerró la puerta y Sandra se llevó las manos a la cara, emocionada como una niña pequeña. Manuel le dio un paquete que había sobre la mesa y apagó la música de cumpleaños. Inmediatamente puso a Pablo Alborán.« Seguro que te encanta el moñas este».«¿ No? A mí no me va mucho, pero en fin, hoy es tu cumple», le dijo sonriendo. Abrió el paquete y sacó unas gafas preciosas.« Así ya no tienes excusa para ponértelas. Estoy seguro que realzarán aún más
esos preciosos ojazos tuyos». Sandra se colocó las gafas y se acercó al espejo para verse. Sí, estaba muy linda con ellas.« Madre mía».« Sabía que te quedarían bien, pero estás sencillamente preciosa». Se admiró Manuel. Dame tu abrigo y el bolso y siéntate. Pongo la película en dos minutos.¿ Qué bebes? ¿Cerveza? ¿Coca-Cola? Cerveza está bien, gracias, dijo ella. Manuel trajo palomitas y conguitos de la cocina, así como un par de cervezas. Se acomodaron en el sofá y
pusieron la película. Madre mía, cómo está el pavó, comentó Sandra en un momento.« Tiene un buen cuerpo, es verdad. Pero vamos, que no tiene nada que no te…» Volvieron al sofá a ponerse cómodos. De repente, Manuel se acercó a Sandra, le coló la mano por detrás de la cabeza, mientras se acercaba sonriendo y le dijo suavecito« Ven, preciosa, me muero por besarte», y suavemente posó sus labios sobre
los de ella. Sandra abrió ligeramente su boca, con lo que sus lenguas se encontraron en un instante buscado y deseado por ambos. Ninguno quería terminar este momento y ella recordó las palabras de él,« Tú marcas el ritmo». Sandra sabía lo que quería, lo que deseaba desde hacía tiempo, así que lo hizo. comenzó a desatarle los botones de la camisa y coló una mano para acariciar por fin el pecho de Manuel. Él comprendió que ella le daba su permiso, así que soltó los botones de su blusa,
metiendo también su mano bajo la misma. Le deslizó por el hombro el tirante del sujetador y cogió su pezón con los dedos. Sin dejar de besarla, comenzó a pellizcarlo, frotarlo y jugar con él. Lentamente se recostó sobre Sandra, mientras ella le atraía hacia él. Manuel decidió soltarle el botón del pantalón, mientras la miraba interrogante. Sandra le ayudó a quitarse el suyo, con lo que entendió que estaba dispuesta.« Tenía tantas ganas de tenerte entre mis brazos que no
sé si voy a…», comenzó a decir Manuel. Yo también tenía ganas de esto. Manuel, le interrumpió ella. Vamos a dejar que pasen las cosas, si quieres, ¿vale? Tiene cojones la cosa. Que tú estés tranquilizándome a mí. Mira, preciosa, te deseo y quiero hacerte el amor. Así que si no quieres que lo hagamos, córtame cuanto antes, porque estoy loco por llevarte a mi cama. ¿Vienes? Le dijo incorporándose un poco.« Vamos, Manuel, quiero hacerlo», contestó ella. Y la
llevó hasta su habitación. Terminó de quitarle la ropa y comenzó a besarle el cuerpo. Los pechos, el estómago, el ombligo, la tripa, siguió bajando, separó suavemente los pliegues de su sexo y acercó la boca a su clítoris. Comenzó a lamer, mordisquear, frotar, soplar, mientras ella gemía y suspiraba, a la vez que susurraba.« Sí, así, más, por favor, no pares, Manuel». En un momento, paró para
quitarse sus pantalones y los boxer. Al ver la enorme erección de Manuel, Sandra sonrió y acercó allí sus manos. Él suspiró al notar los dedos envolviendo su polla. Cerró los ojos y levantó las cejas, gimiendo fuerte. Entonces, ella se acercó, se relamió y sonriendo, metió su pene en la boca. Dios mío, era increíble lo que hacía esta mujer. Estuvo lamiéndole, chupándole, masturbándole, mientras le miraba a los ojos y él creyó entrar en el cielo y estar haciendo
el amor con un ángel. Manuel la cogió de los brazos y la volvió a tumbar en la cama. Se puso un preservativo que cogió de la mesita y se colocó sobre ella. Escúchame, preciosa.¿ Quieres que probemos algo?¿ Te gustaría ponerte a cuatro patas y te folló desde atrás? Le dijo al oído, con voz cargada de deseo. Creo que me encantaría, respondió ella. Y se dio la vuelta. Él la sujetó de las caderas y la levantó de un solo movimiento. Entonces le dijo.¿ Estás lista?—¡ Oh!— gimió,
casi gritó, al entrar en ella. Como estaba tan mojada, había entrado entera sin ningún impedimento.— Bueno, no creo que aguante mucho, porque estoy… me tienes.—¡ Joder, Sandra, cómo me has puesto!— Sí, sigue, me voy a correr enseguida.—¡ Madre mía, Manuel!—¡ Ostras, me corro, me corro Manuel!—¡ Ah! Fue diciendo ella a medida que le venía el orgasmo.« Sí».« Joder, cómo me gusta».« Ostras, yo también me corro».« Sandra, sí».« Oh». Y Manuel también
se corrió, dentro de ella. Se dejaron caer sobre la cama mientras se recuperaban. Sandra se acercó al baño, para limpiarse un poco y volvió a la habitación. Entonces se acercó él, que iba a tirar el preservativo y a limpiarse.«¿ Está bien, preciosa?».« Joder». ha sido la hostia. Le dijo. Sí, ha sido genial.¿ Y me prestas una camiseta o algo? Le pidió ella, sonriendo. No, preciosa, de eso nada. Por supuesto que te quedas a dormir. Pero aún no hemos acabado.
Y quiero que durmamos en pelotas.« Así podremos hacerlo de nuevo si nos despertamos por la noche», sentenció Manuel riendo. Y sí, se quedó a dormir y durmieron desnudos. Lo hicieron otras dos veces esa noche. A la mañana siguiente Manuel le preparó el desayuno y luego la llevó a su casa. Sandra pasó la peor tarde de su vida. Había conocido a dos hombres maravillosos. Y ninguno de los dos le gustaba más que el otro, pero tampoco menos.
Habría comenzado una relación con cualquiera de ellos. Para colmo, ambos la llamaron varias veces por teléfono, aunque no atendió ninguna de las llamadas. Tenía que pensar y tenía que tomar una decisión. No en aquel mismo momento, pero sí cuanto antes. Lo que sí era cierto es que Alberto y Manuel eran lo más. Y ninguno de los dos se merecía que le engañara. Así que tendría que decidirse por uno de ellos y hablar con los dos. Les mandó a ambos el mismo mensaje. En este momento estoy
confusa por lo que pasó la otra noche. Pero quiero que sepas que me gustó mucho. Necesito pensar un poco. Mañana te llamo y quedamos. Muchas gracias por tu paciencia. Me gustas mucho. Sandra Esa misma noche se fue a la cama más tranquila. Ambos chicos eran geniales y, aunque seguía sin saber a quién elegiría, se había dado cuenta de que tomara la decisión que tomara, sería acertada. Al día siguiente hablaría con los dos, aunque no sabía si
juntos o por separado. Del oído al tacto. Al día siguiente, Sandra se levantó temprano para ir a trabajar. Se le hizo muy cuesta arriba, toda la mañana atendiendo llamadas, era más de lo que sus nervios podían soportar. Menos mal que por la tarde no trabajaba y además, el martes sería fiesta. A mediodía empezó a recibir mensajes de las chicas, saldrían por la noche para celebrar su cumpleaños. Bien, ya tenía ganas de estar con sus amigas. No las había
visto el fin de semana. Entonces recordó que había quedado en llamar a Alberto y a Manuel. Decidió quedar el martes con ambos. Era fiesta y podría hablar con ellos. La idea de quedar con los dos a la vez, presentarlos y ver cómo se desarrollaba la conversación, cada vez tomaba más cuerpo en su cabeza. En primer lugar llamó a Alberto.
Hola.
Ya era hora de saber algo de ti, respondió él con un tono de enfado. Vaya, buenos días también a ti, Alberto, le dijo ella con ironía. Perdona, Sandra, igual he sido un poco borde, se disculpó. Pero es que yo estaba deseando quedar. Tú me dijiste que me llamaría así. Hoy te estoy llamando. Como te dije, le interrumpió ella. Bueno, en realidad llamaba para decirte que no podremos quedar hoy. Voy a salir con mis amigas para celebrar mi cumpleaños.
De modo que te llamaré mañana y ya hablamos, ¿vale? El ambiente había quedado muy tenso. Alberto había intentado disculparse, pero ambos entendieron que era mejor dejar correr la situación.
Quizá fuera mejor hablar cuando estuvieran más relajados. Cuando terminó de hablar con Alberto, llamó a Manuel.« Qué ilusión que me hayas llamado», respondió este.« Buenos días, Manuel».« Sí, ya te dije que te llamaría para quedar y charlar, pero esta tarde saldré con las chicas para celebrar mi cumpleaños».« Me pregunto si podremos vernos mañana o pasado», sugirió Sandra.« Claro, bonita». Quedamos cuando tú quieras.¿ Así que con tus amigas?¿ Y
dónde pensáis ir, si se puede saber? Se interesó él. Pues creo que iremos al karaoke. Hace mucho que no vamos y nos apetece echar unas risas, le dijo ella. Vaya, qué diferencia entre hablar con Alberto y hablar con Manuel. Este era un encanto, que siempre estaba de buen humor. Por el contrario pareciera que aquel se había levantado con el pie izquierdo.« Entonces, lo dicho», dijo Manuel.« Cuando puedas, me llamas y quedamos. Pasadlo genial en el karaoke. Disfruta mucho».
Un beso, especial, cariño, se despidió.« Adiós, Manuel, gracias. Lo pasaremos en grande. Otro beso para ti. Te llamo», le dijo ella. Abrió el WhatsApp para leer los últimos que habían entrado. Supuso que eran las chicas, quedando en la hora. Se sorprendió al ver uno de Alberto.« Lo siento, bonita, perdóname. Soy un capullo. No sé qué me pasó». Estaba deseando hablar contigo y te he tratado fatal. Cuando quieras me llamas y salimos. Repito, lo siento mucho. Te echo de menos.
Hot suit. A Sandra le gustó mucho ver el WhatsApp y decidió responder enseguida. Alberto le gustaba mucho y no quería terminar con él por esta tontería. Tranquilo, Alberto. No ha pasado nada. Te llamo y salimos. Yo también te echo de menos. Smiley face. Se dispuso a comer y echar una siesta. Por la tarde iría a la peluquería, saldría por las botas que había visto el jueves pasado y se pondría guapa para la cena. Definitivamente, el martes quedaría con los chicos y lo haría con los dos
a la vez. A las ocho y media salió de casa para cenar con las chicas. Vero, Sara y Miriam habían propuesto ir al chino, aunque a Sandera no le gustaba demasiado. Bueno, a ella le gustaban los italianos, y si estaban buenos, más. Se rió pensando en la broma que siempre le gastaban sus chicas. Cenaron poco y le dieron sus regalos. Pendientes, un pañuelo precioso y la colonia que tanto le gustaba, Burberry Beat Rhythm. Y, al salir
de allí, se fueron al karaoke. Pidieron unos mojitos para entonarse y comenzaron a cantar como locas y a hacer el gamberro. En un momento, se lanzaron a cantar las cuatro juntas Tsheranim Men. Toda la gente en el local cantaba y gritaba con ellas. Después de aquello, se sentaron a charlar tranquilas. Hacía rato que nadie salía a cantar, por lo que en el pub pusieron algo de música relajante.
Sandra comenzó a tararear la melodía que sonaba en ese momento y las demás se quedaron en silencio para escuchar las notas del saxo tocando Sani, cuando de pronto Vero dijo,« Hey, Sandra,¿ por qué no cantas algo?».« No, Vero, ya se pasó la juerga».« Me apetece estar tranquilas», le respondió.« Claro», dijo Miriam,« pero puedes cantar algo tranquilo. Pedimos la carpeta, a ver qué tienen».« Sí, espera», añadió Sara.« Yo la traigo». Sandra siguió advirtiendo que no cantaría, que en ese momento le
apetecía estar charlando o escuchando música. pero las chicas ya estaban inspeccionando la lista de canciones. Entonces, Miriam le propuso. Lo tengo, Sandra. No te puedes negar, es tu favorita. Efectivamente era su canción favorita, pero nunca la había cantado en público. Las chicas insistieron tanto que ella se dio cuenta de que estaba deseándolo, de modo que cogió el micrófono y salió al escenario, mientras Sara acudía a pedirla. En ese momento entró en el local un grupo de chicos,
que ocupó la mesa del fondo. Sandra no veía nada, de modo que no pudo distinguir de quiénes se trataba. Dirigió la mirada a sus amigas, pero tampoco las veía. Las luces enfocaban directamente a ella, por lo que no podía ver a las personas. Entonces pensó que así sería mejor. Se concentraría en la letra y pensaría que estaba sola, cantando para él, para ellos. Sonaron los primeros acordes y Sandra comenzó a cantar. Lía con tu pelo un edredón de terciopelo que me pueda guarecer, si me encuentra en
cueros el amanecer. a cada frase se encontraba mejor que en la anterior mientras cantaba bailaba al ritmo de la melodía balanceando sus caderas con los ojos cerrados se sabía la letra demasiado bien de modo que no necesitaba mirar al monitor Sandra imaginaba a Alberto liándose con ella, acercándose de frente, colando su mano bajo su falda, mientras Manuel se acercaba por detrás.« Lías tus miradas a mi falda, por debajo de mi espalda y digo yo que mejor
que el ojo pongas la intención». Siguió cantando, sin confundirse ni olvidar la letra, a pesar de que en su mente, ambos, Manuel y Alberto, cambiaban posiciones. Ahora Manuel se colocó frente a ella, besándola apasionadamente. Mientras colocaba una mano en su pecho, Jugueté andó por encima de la blusa. Su otra mano descansaba en la cintura. Entre ellos, se adentró la mano de Alberto, que desde detrás la abrazaba, tocando su otro pecho,
a la vez que besaba su cuello. Los tres bailaban al ritmo de la música y, en el escenario, Sandra no dejaba de moverse. En su fantasía, se encontraron de repente en el salón de su casa y los dos chicos la llevaron hasta el sofá, tumbándola con cuidado. Manuel se colocó junto a su cara y volvió a besarla apasionadamente, a la vez que desabrochaba su blusa y jugaba con sus pechos. Alberto levantó su falda y le separó las piernas para colocar su cabeza entre ellas. Poco a poco
fue ascendiendo hasta llegar a sus braguitas. Se las retiró y acercó su boca, mientras Sandra se entregaba al final de la canción.« Lía con tus besos la parte de mis sesos que manda en mi corazón». La canción terminó y abrió los ojos. La gente, de pie, aplaudía como loca. Sus amigas gritaban y Sandra tuvo que sujetarse al pie de micro para poder seguir de pie. Tener que despertarse de su sueño tan de repente había sido terrible. Como pudo,
se encaminó hasta su mesa. Al llegar, se sentó, intentando taparse, pues se moría de vergüenza y entonces una pareja de la mesa de al lado se acercaron a felicitarla.« Felicidades, chica. No sé por qué no te dedicas a esto», le dijo ella. Enhorabuena Lo has bordado, le dijo él. Gracias, de verdad, respondió Sandra. Dos chicos de la mesa del fondo se acercaron también. Sandra levantó la vista y se quedó completamente trastornada. Delante de ella estaban Manuel y Alberto, juntos. Como pudo, se
puso de pie para saludarlos. Ambos le dieron dos besos. Manuel, como siempre, sonreía y le dijo al oído. Felicidades, princesa. Esto también lo haces como los mismos ángeles.« Me ha encantado», le dijo Alberto con voz muy grave.« Gra, gracias, a los dos. P,¿ pero qué hacéis los dos aquí? ¿Juntos?».« Ja, ja, ja, te dije que iba a alucinar, tío», se rió Manuel.« Sí, me lo dijiste», le respondió Alberto algo más serio.« Bueno,
no nos lo podíamos creer, Sandra.¿ Podemos sentarnos?». Dijo Manuel juntando las mesas, animando a sus amigos a acercarse.« Claro, sentaros».« Hola a todos», dijo Sandra, mirando a los chicos.« Estas son mis amigas, Miriam, Sara y Vero. Y yo soy Sandra. Estos son José, Santi y Javier», les dijo Alberto a las chicas.« Y nosotros somos Manuel y Alberto». Comenzaron con un montón de besos y se sentaron a tomar otra copa. Manuel y Alberto se colocaron uno a cada lado de
Sandra y se dispusieron a explicarle. Manuel y yo somos amigos desde hace tiempo. Fuimos juntos al instituto y salimos en el mismo grupo de amigos. Comenzó a explicar Alberto. Esta noche quedamos para cenar y yo no pude evitar hablarles de ti, de nosotros, de lo loco que me tienes. Prosiguió Manuel, como siempre sonriendo. Al ver a Manuel tan entusiasmado con su chica, me animé a contarles que yo
también había conocido a una preciosidad. Le dijo Alberto. Cuando nos contó el episodio de la conjuntivitis y pronunció tu nombre, supe que se trataba de la misma chica. Añadió Manuel. De momento me comían los celos, pero este huevón me hizo comprender que tú no me has prometido nada, que no te has comprometido conmigo a nada y que, de momento, solo me has hecho sentir bien, siguió el primero. Sandra se encontraba como en un partido de tenis. No podía
creer que esto estuviera ocurriendo. Así que le propuse venir a verte, recuerda que me dijiste que vendríais al karaoke, y proponerte una cita entre los tres. Podemos conocernos un poco más si tú nos aclaras si estás interesada en comenzar algo con uno de los dos, o no, aclaró Manuel. Sandra respiró hondo, tomó un trago de su mojito y miró a uno, miró al otro y habló.
Mirad chicos.
Lo que ha pasado con los dos, con cada uno, supongo que ya lo sabéis, ellos asintieron. Bueno, pues entonces quiero que sepáis que ayer estuve todo el tiempo pensando. Hoy también he estado recordando, reflexionando y hasta imaginando, dijo aludiendo al momento de la canción.¿ Lo ves, tío? Te dije que estaba pensando en mí, en nosotros, dijo Manuel dando un codazo a Alberto.« Sí, claro.¿ No te jode?»« Seguro que estaba pensando en ella y en mí», le contestó Alberto, a la vez que cogía la mano de
Sandra y la besaba.«¿ Verdad que sí? ¿Bonita?», le preguntó mirándole a los ojos. Sandra volvió a mirar a uno, a otro, bajó la vista, respiró hondo y prosiguió.« Bueno, la verdad es que decidí llamaros mañana para charlar, contaros lo que estaba pasando, lo que estaba sintiendo y la decisión que iba a tomar». El problema es que había decidido quedar con los dos a la vez. Presentaros, charlar y comunicaros mi decisión, les contó. Lo de quedar con los dos a la vez es un puntazo, lo de
presentarnos y contarnos, una pasada. Pero como ya nos conocemos y sabemos lo que ha pasado con ambos, tenemos mucho camino recorrido, dijo Alberto. Y ahora, añadió Manuel, solo queda que nos cuentes que has decidido quedarte conmigo, princesa. Terminó como siempre sonriendo. Sandra sonrió, cogió una mano de cada uno y les dijo, pues esta es mi decisión, quiero quedar mañana con los dos. Nosotros tres solos, charlaremos e intentaré tomar una decisión. Hoy quiero que sigamos bebiendo, cantando,
bailando y mañana será otro día. Los cinco sentidos. La fiesta siguió hasta muy tarde. Al cabo de un ratito se marcharon a otro local para bailar. Javier y Miriam comenzaron a arrimarse un poco y enseguida decidieron marcharse juntos. Los demás querían irse también, pero Sandra estaba entusiasmada. Bailaba con Manuel o con Alberto, a veces solo con uno y otras veces con los dos. Cada vez que uno de ellos se ponía cariñoso, ella respondía melosa. Aunque enseguida
les retiraba las manos, con delicadeza. Sobre las doce y treinta se quedaron los tres solos y ella propuso marcharse.
Ellos hablaron un momento aparte y enseguida se ofrecieron a acompañarla a casa en sus respectivos coches.« A ver, chicos, no voy a irme con uno de los dos, así que vamos a dejar la decisión para mañana, como habíamos dicho,¿ de acuerdo?», preguntó, intentando estar bien con ambos.« No», respondió Alberto.« Estoy de acuerdo con Alberto», dijo Manuel.«¿ Cómo que no?», insistió ella.« Es que ya es mañana», aclaró Manuel.« Ya es. Momento de tomar decisiones. Pero aún no lo tengo claro»,
protestó Sandra.« Ni lo vas a tener», continuó Alberto. Pregunto Sandra. A ver, princesa, antes te dijimos que Alberto y yo somos amigos desde hace mucho tiempo. En estos años hemos compartido estudios, piso, perfume y alguna amiga, le explico Manuel. La cara de Sandra cambió de color. Los chicos pidieron otra cerveza en la barra y se quedaron mirándola, dejándole tiempo para reaccionar. Ella no podía creer que le estuvieran proponiendo. Eso.
Pero eso era precisamente lo que ella había estado soñando unas horas antes. En el fondo tenía que reconocer que no había pensado en otra cosa desde hacía días. Y de repente todo se ponía a su favor.« Tranquila», le dijo Alberto.« No tienes que decidirlo ahora mismo. Pero nosotros creemos que ambos te gustamos». Solo queremos que sepas que estamos dispuestos a compartirte. Se acercó por detrás a su cuello y, suavemente, depositó un húmedo beso debajo de la oreja.
Y también debes saber, continuó Manuel, que nuestro principal objetivo será que disfrutes, que lo pases bien con nosotros. Te vamos a tratar como a una princesa y vamos a procurar que te sientas como en el cielo. Y acercándose por delante, la besó entre el hombro y el cuello, en la clavícula. Sandra comenzó a temblar al sentir a los dos hombres que la tenían loca, uno delante de
ella y el otro detrás. Exactamente igual a lo que había sentido un momento antes, mientras cantaba Lía.« Quiero intentarlo», logró decir al fin. Ambos levantaron la cabeza y comenzaron a mirarse el uno al otro y a ella. Alberto la observaba y Manuel sonreía. Entiendo que esto no es una declaración de amor, ni el principio de una relación. Sé que vosotros os conocéis y me lleváis mucha ventaja. Pero lo cierto es que me gustáis mucho los dos y no me da la gana de renunciar a lo
que tengo. Quiero que me demostréis que es lo que vosotros pensáis que podemos hacer juntos. Y yo quiero manifestaros cuáles son mis sueños desde hace varios días. Alberto pagó las consumiciones y Manuel fue a por los abrigos. Los tres salieron y se dirigieron al coche de Manuel para ir a casa de Sandra. Al llegar, entraron al portal y ella pulsó el botón para llamar al ascensor. Manuel se le acercó ahora por detrás, tal como lo había imaginado en el karaoke. Alberto se le arrimó de frente.
Fue el primero en besarla, mientras el óptico enterraba su boca en el cuello de Sandra y sus manos pasaban a primer plano. Alberto de repente se retiró despacio, la agarró de los hombros y la giró despacio, ofreciéndosela a su amigo. Este la besó con tanta pasión y dulzura como lo había hecho el doctor. Ahora Alberto besaba sus hombros y su cuello, acariciaba su espalda y sus brazos, bajando lentamente sus manos hasta LLE Gar al culo de Sandra.
Las manos de Manuel habían estado muy ocupadas. Soltan, do los botones de la blusa. De repente, éste le dijo. Abre los ojos, preciosa. Hemos llegado a tu piso.¿ Nos abrirás la puerta? Era increíble como la sonrisa de este hombre era capaz de transportarla a lugares desconocidos. Sería posible perderse en esa sonrisa, en esa boca, en esa lengua. Bueno, en realidad era lo que había ocurrido en el ascensor. Se dejó entre todas esas sensaciones y olvidó dónde se encontraba.
Como pudo, abrió la puerta de casa y encendió la luz. Les dio una mano a cada uno y les condujo directamente a su habitación. Sabía que esto me iba a gustar desde el momento que acepté, pero recordad que para mí es completamente nuevo. Yo nunca he estado con dos hombres a la vez, así que teniendo en cuenta que para vosotros no es una novedad, solo puedo deciros que confío en vosotros. Sabéis lo que es estar conmigo, así
que quiero que lo pasemos bien los tres. Alberto siguió desabrochándole su blusa mientras Manuel le bajaba la cremallera de la falda. Esta vez fue el médico quien le quitó el sujetador y comenzó a masajear sus pechos, besándoselos y chupándole los pezones, a la vez que su amigo se arrodillaba y le bajó lentamente las medias, adorando y besando cada centímetro de sus muslos. Le quitó muy despacio la braguita, recreándose en masajear sus nalgas, acompañado de besos y pequeños
y dulces mordiscos a su redondeado culo. La tumbaron despacio y fue Manuel quien se colocó ahora en la parte superior, besando sus labios, acariciando sus tetas y alternándose para besarlas y chuparle los pezones con pasión. Alberto separó despacio las piernas de Sandra e introdujo su cara en aquel lugar que ya había probado y que a ambos les encantaba.
Ella tardó poco en tener su primer orgasmo. Las bocas de sus chicos y la situación creada eran más de lo que podía soportar, de modo que explotó entre gritos y gemidos. Mientras ellos se retiraban despacio de su cuerpo. Manuel y Alberto se incorporaron y comenzaron a desnudarse. Sandra se quedó mirándoles y de repente dijo.« Perdonad que os
pregunte algo. Vosotros habéis compartido a otras mujeres,¿ de acuerdo? Pero,¿ vosotros también?».— No, Sandra.— Nosotros no— respondió rápidamente Alberto.— Veras, princesa.— Nos sentimos bien juntos con otra mujer. Pero no nos gusta tocarnos ni tener sexo entre nosotros. Nos miramos porque tenemos mucha complicidad. Nos agrada ofrecernos a la mujer el uno al otro y sabemos qué hacer y qué dejar
para nuestro amigo. Pero no nos gustamos el uno al otro, ni nos gustan otros hombres.¿ Lo tienes claro?¿ Tienes algo que objetar? Aclaró Manuel.¿ Cómo no? Sonriendo. No, Manuel. No tengo nada que objetar. Gracias por explicarme las cosas. Alberto, a mí me dan igual tus gustos sexuales. No me pareces mejor ni peor porque estés con un hombre, con una mujer o con ambos. Tú me gustas mucho y adoro cómo eres conmigo, ¿sabes?« Y ahora ven aquí, que
mi boca querré probar tu polla». Y poniéndose de rodillas, Sandra metió en su boca la NM erección de Alberto. Este comenzó a gemir, mientras acariciaba la cabeza de ella, metiendo los dedos por entre su pelo. Por su parte, Manuel se acercó por detrás de ella, tocó un momento la entrada de su coño y colocó la punta de su miembro. Sandra comprobó que se había puesto un preservativo. La verdad es que no supo cuándo. Y de un
solo movimiento se coló en su interior. Comenzó a moverse dentro y fuera, marcando el ritmo que a ella le ayudaba con su boca, sobre el miembro de Alberto. Ambos comenzaron un maravilloso masaje a cuatro manos por su espalda, cuello, hombros, brazos y nalgas. Incluso notó un par de leves azotes que aumentaron las sensaciones y la colocaron cerca del clímax. Sandra sintió llegar el segundo orgasmo y entre temblores y gemidos se dejó caer sobre la cama. Ambos se ocuparon
de acariciar cada centímetro de su cuerpo. Al cabo de un par de minutos, Alberto le propuso cambiar y ella aceptó gustosa. Ahora se metió en la boca el pene del óptico, mientras el doctor entraba en ella desde detrás. De nuevo esas cuatro maravillosas manos tocaron y acariciaron cada rincón de su piel. Parecía como si quisieran dejar su marca en cada centímetro de su epidermis, su firma. Así no podría olvidar la maravilla de ser acariciada por sus
dos chicos favoritos. De nuevo a Sandra le invadieron los temblores del orgasmo y se desmadejó sobre la cama. Y de nuevo ellos se ocuparon de ella como si fuera el tesoro más preciado del planeta. Cuando se hubo recuperado de nuevo, los vio mirarse y de nuevo se atrevió a preguntar.« Sé que os comunicáis con la mirada, pero
yo no sé lo que vais a hacerme. Me fío de vosotros, nunca me había sentido tan cuidada, ni tan atendida».« Pero me gustaría saber qué va a ocurrir.¿ Me podéis contar lo que queréis hacer?» Les dijo mirando a uno y a otro.« Sandra, bonita, vamos a penetrarte los dos a la vez», le dijo Alberto.« Pero no te vamos a hacer daño».« Prometido».« Oye, princesa, mírame», le pidió Manuel al ver la cara de miedo que ella había puesto.« Escúchame bien,¿ no te va a doler, me oyes?»« No
es lo que estás pensando», le dijo acercando su mano a las nalgas de Sandra.« No, cielo, no te dolerá. Déjame explicarte. Mira, te proponemos que te montes encima de mí, metas mi polla en tu coño y te tumbes. Alberto entrará también en tu vagina desde detrás. Tendrás nuestras dos pollas dentro de tu coño, pero no te vamos a hacer daño. Comenzaremos a movernos cuando tú digas y tú marcarás el ritmo».« En serio que te gustará. A los
tres nos gustará, de veras. Vamos,¿ quieres intentarlo?». Las manos de ambos no dejaron de acariciarla durante todo el tiempo, mientras le iban explicando lo que les gustaría hacer. Sandra miró a Manuel, que sonreía como siempre, y le besó, un beso cálido y húmedo. Luego miró a Alberto, que sonreía también y le besó dulcemente, lentamente. Entonces les dijo. Al principio he pensado que estáis locos y que era mejor dejarlo todo aquí. Pero desde que os conozco a
ambos siempre me habéis hecho sentir bien. Habéis procurado en todo momento mi placer y mi bienestar. Y hoy, sobremanera, me habéis besado, acariciado, hecho el amor y todo entre los dos, buscando constantemente que yo me encuentre genial.« Así que quiero hacerlo, claro. De nuevo os pido que tengáis cuidado y paciencia conmigo. Es algo que no he hecho nunca y no sé si cabrá».« Tranquila, preciosa, ambas cabrán», dijo Alberto riendo.« Y lo pasaremos genial los tres, lo verás».
Sé que confías en nosotros, princesa, y no te vamos a defraudar. Ven, colócate encima de Alberto. Así, ahorcajadas. Alberto también se había puesto un condón. Ven, cielo. Sí. Así soy. ¡Ah! Las manos del doctor comenzaron de nuevo su recorrido por todo su cuerpo. Es maravilloso estar de nuevo dentro de ti, bonita. Continuó, ahora, túmbate un poco sobre mí, así. Relájate y enseguida entrará Manuel también. Estoy aquí, princesa.«¿ Te acuerdas de que no te voy a hacer daño?», le dijo Manuel junto a
su oído. Ella se estremeció al sentirse de nuevo cubierta por esos dos cuerpos que le hacían soñar y fantasear hasta extremos prohibidos. Mientras el óptico acariciaba su espalda, dejó sus manos llegar hasta sus nalgas. Acariciaron su ano y Sandra se sobresaltó.« Hoy no, linda».« Otro día, si quieres, probaremos otras cosas, pero hoy no. Hoy vamos a pasar lo genial los tres en el mismo sitio,¿ vale?» Y se recostó despacio sobre ella. Manuel dirigió su polla hacia
el coño de Sandra. Colocó la punta en la entrada y apretó lentamente. Sandra sintió como su vagina se adaptaba perfectamente a los dos miembros que estaban en su interior. Era extraño, pero saíetamente no le dolía. De nuevo notó las manos de ambos recorriendo cada parte de su cuerpo, dejando dulces recordatorios por cada rincón. Alberto y Manuela compasaron las embestidas de modo que Sandra notaba las penetraciones a
un tiempo. También los gemidos de aquel trío comenzaron a sonar al mismo ritmo, intercalando comentarios que volvían locos a los tres.« Sí, me gusta mucho, más», pedía ella. Vamos a tocar el cielo juntos, verás. Así, muévete con nosotros, decía el doctor.« Ah, sí.¿ Te gusta, preciosa? Lo vamos a pasar de muerte. Vamos, tío, vamos a corrernos a la vez, pero antes ella,¿ eh?» Gemía el óptico. Y
así fue. La primera en correrse fue Sandra, aunque siguió siendo embestida por los dos que se corrieron casi a la vez. Enseguida Manuel se retiró y se dejó caer a un lado. Alberto ayudó a Sandra a descabalgar y la colocó en medio de los dos. Al momento le preguntaron,«¿ Está bien, princesa?».« Claro».« Ostras, chicos, no había estado tan bien en mi vida», dijo ella.« Ahora vengo», dijo Manuel, que se levantó al servicio y volvió enseguida. Alberto le preguntó si quería ir ella o iba él. Ella le
cedió el turno. Por último fue ella al cuarto de baño, se aseó un poquito y volvió a la cama.« Por supuesto os quedaréis a dormir»,« No, le preguento».« Yo sí me quedo», respondió el sonriente Manuel.« Mañana no trabajo».« Yo también», añadió Alberto.« Tengo guardia, pero entro a las seis de la tarde».« Bien». Pues a dormir todo el mundo. Mañana hablaremos y decidiremos lo que pase a partir de ahora. ¿Queréis? Por mi parte, que sepáis que ha sido un auténtico placer».
Los tres se durmieron con la sonrisa que produce la sensación de haber disfrutado de algo maravilloso juntos. Sandra, además, soñó con esta nueva experiencia. Y cada poro de su cuerpo le recordaba el tacto de cuatro manos que la tocaban perfectamente acompasadas. Maravilloso trío, maravillosa experiencia.
