La autovía. Salí de la tediosa reunión a las ocho de la tarde. Bajé corriendo las escaleras, temiendo rodar sin remedio. Todo el mundo en la oficina sabe que soy una patosa. Llegué al aparcamiento, me subí al coche y arranqué. Antes de llegar a la autovía ya había llamado a Pablo, por el manos libres.« Dime, cariño», respondió al segundo tono.« Acabamos de salir», le informé.« Lo que tarde en llegar, échale veinticinco minutos».— De acuerdo. Voy preparando la cena.— No corras, ¿eh?—
dijo Pablo, preocupado.— No te preocupes, cariño. Voy tranquilita— añadí.—¿ Qué tal ha sido tu tarde? Te eché mucho de menos, me dijo con voz grave. Ah, ¿sí?¿ En qué has pensado? Decidí seguirle el juego, cambiando a una voz melosa, lenta y más mimosona que antes. Pues en ti y en mí, en nosotros, lo dejó en el aire.¿ Podría ser un
poco más explícito? le preguenté juctona podría pero yo puedo hablar y tocarme a la vez sin embargo no quiero que apartes tu atención de la carretera me prometes tener cuidado volvió a mostrarse intranquilo Y ahora aclárame eso de que te tocas mientras me hablas.¿ Qué te estás tocando? Le insté a seguir. A Pablo nunca le había gustado hablar cuando teníamos sexo. Pero esta vez estaba lanzado. Yo no sabía si era porque era por el teléfono o es que me había extrañado demasiado, pero todo esto me
estaba gustando. Pues he desabrochado los botones de mi pantalón, me he bajado los boxers y he cogido mi polla en la mano. No veas cómo está, cariño. Ella también te echa de menos un huevo. Continuó él con esa voz que me calentaba hasta la última neurona.¿ Quieres saber lo que me imagino, Pablo? Pues que me acerco por delante de ti, me coloco entre tus piernas, me arrodillo despacito y acerco mi boca a tu erección.« Sigue, por favor», susurró él.« Abro mi boca y tú embistes haciéndome llegar
la punta de tu polla al fondo de mi garganta. Luego, presiono con mis labios alrededor de tu tronco. Y después, me follas la boca, PRI mero despacio, dentro y fuera, dentro y fuera, pero después más deprisa».« Sí». Sé que te gusta que te muerda, así que coloco mis dientes todo a lo largo para no hacerte daño. También mordisqueo tu glande y la piel de alrededor. Coloco la lengua en la punta, en el agujero, y vuelvo a meterla entera hasta mi garganta. Le fui diciendo despacio, con mi
mejor voz melosa. Cogí el mando del garaje y abrí el portón. Aparqué el coche y me dirigí al ascensor.« Cariño, me encanta que me hagas esas cosas. Voy a sujetarte del pelo, como me gusta hacer,¿ de acuerdo? Y voy a follar tu preciosa boca, que me tiene loco, que me pone entero cachondo», siguió diciendo Pablo. Metí la llave en la cerradura y, en el momento exacto de entrar por la puerta, Pablo me agarró de la muñeca y tiró de mí hacia el interior de casa. Me quitó
el bolso y las llaves, dejándolos caer al suelo. Me arrancó el teléfono, colgó y lo colocó en la mesita de la entrada. Desabrochó con ansia mi abrigo, quitándomelo con urgencia, me colocó contra la pared, de espaldas a él y levantó mi falda.«¿ Cómo sabías que ya estaba aquí? Me
estabas esperando». pregunté con voz de deseo estaba en la ventana te vi entrar en el garaje luego escuché el ascensor colocó mis manos en la pared y me separó un poco apartó mi tanga y me introdujo su polla de un solo golpe llevaba toda la tarde queriendo hacer esto preciosa te gusta« Me vuelve loca, lo sabes», le dije entre jadeos. Pablo siguió bombeando dentro de mí, a la vez que con su mano alcanzó mi clítoris y
lo frotó sin descanso. Enseguida noté los temblores que me anunciaban el orgasmo y le avisé.« Pablo, me corro, me corro».« Así, princesa, entrégame tu orgasmo».« Dámelo, es mío», me dijo entre jadeos y susurros. Muy despacio se salió de mí, me llevó hasta la cama y me sacó el vestido por la cabeza. Me sentó y me ordenó.« Quítate el tanga».« No, el sujetador no».« Déjatelo puesto». Se fue desnudando él y se recostó sobre mí. Separé las piernas para recibirlo y al
momento volvió a entrar dentro de mí. Casi no me había repuesto del anterior cuando noté que llegaría enseguida el segundo orgasmo. En cuanto advirtió los temblores que lo acompañaban y sin mediar palabra, se salió, me dio la vuelta y me puso un poco de lubricante en el ano. Como las anteriores veces, se hincó en mi interior de un solo golpe. Mordí las sábanas para soportar el dolor momentáneo,
que enseguida se convirtió en placer de nuevo. Su mano volvió a mi clítoris y el ritmo de sus embestidas se acomodó perfectamente al de sus dedos. Pronto volvieron las sensaciones que me avisaban del tercer orgasmo y le avisé. Pablo, me corro otra vez. Pablo, espérame mi niña, espérame unos segundos. Ya estoy, ya estoy, ya estoy. Gritó a coro con mis gemidos. Ambos nos derrumbamos sobre la cama. Pablo me dijo. Vaya, hemos olvidado tu preciosa boquita. Claro, como ya había tenido
lo suyo en la autovía. Buenas noches y felices sueños. Me arropó, se metió él también a la cama y nos quedamos profundamente dormidos.
