Juego de parejas, decir lo que nunca decimos. Hola, mujer plena, bienvenida al gran cierre de nuestra saga especial sobre los juegos en pareja. Si has seguido los episodios anteriores, ya sabes que hemos encendido la chispa y hemos desafiado a la rutina. Pero hoy, hoy vamos a entrar en el terreno de lo que nunca decimos. Vamos a romper el silencio de dos maneras opuestas, a través de la risa que nos devuelve a la infancia y a través de
esas palabras que la sociedad nos prohibió pronunciar. Hoy descubriremos que el lenguaje es, quizás, el juguete sexual más potente que tenemos a nuestra disposición. Prepárate para susurrar, para reírte de ti misma y para liberar a ese animalillo que llevas dentro. Cerramos con broche de oro. Decir lo que nunca decimos hacerte reír. Motivación. Este juego está relatado en masculino, pero sirve igual si lo inviertes y es la mujer
la que juega a lo mismo, que quede claro. Todos hemos pasado de niños por la fase en que los padres nos hacían reír simulando ser payasos, estolábamos en carcajadas infantiles con las torpezas de los adultos, así, de plano. Hemos reído porque alguien se cae, por un pastelazo en la cara o por repetir una y otra vez cualquier intento tontorrón de una pirueta protagonizada por un familiar que nos rodea. Simplemente recuerda y juega esta noche con este
valor del pasado. Mecánica del juego. Hoy tendrás que hacer reír a tu pareja como niña, haciendo el ridículo en cada intento. Es decir, tratarás de ser un galán maravilloso pero de pronto tu calzón estará roto, tropezarás al intentar besarla, tendrás un ataque de hipo, te caerás de la cama. Se trata de que hoy seas un gran actor, que interpretes la torpeza de un conquistador nefasto para lograr su complicidad y su risa. Inventa, no te quedes corto en
la payasada porque vale la pena. Beneficios psicológicos. De la misma manera que todos imaginamos un héroe que nunca falla, también tenemos en nuestro recuerdo la risa de papá cuando se cae caminando, de mamá cuando se equivoca, del ridículo
habitual de los adultos. Este juego recupera la fuerza del niño que todos llevamos dentro y busca la risa como complicidad del adulto débil, del que quiere someter a las apariencias y resulta torpe buscando el abrigo de un beso y una caricia, alguien que te diga, no te preocupes, amor mío, no pasa nada, tal y como te dijeron un día que casi ya no recuerdas. Es delicioso, lo prometo.
Las palabras obscenas. Motivación. Este juego sirve para ella y para él, de igual manera, aunque lo describamos en femenino. Las palabras son sin duda un condimento erótico importantísimo, sobre todo para las mujeres que al oído pueden lubricar o resecarse según lo que les sea susurrado. Pero resulta que las palabras íntimas son el reverso de la vida cotidiana. Es decir que nos excita lo no dicho, lo no pronunciado, lo no tolerado. Esas palabras ocultas se convierten en íntimas,
en auténticos incentivos de la sexualidad. De esta manera una niña de familia podrá gozar de groserías y obscenidades jamás pronunciadas, lo mismo que una mujer vulgar soñará con delicadezas que la elevarán hasta el infinito. Así somos de extraños y complicados los humanos eróticamente, en reversa de lo vivido. Mecánica
del juego. Se trata de decir al oído de tu amante palabras que no caben en el lenguaje cotidiano, que resultarían obscenas, inapropiadas, inconvenientes, groseras incluso, perra, cerda, puta, marrano, miserable, asquerosa, animal, puerco, etc. Ahora sí se vale porque el momento es íntimo y nada tiene que ver con el lenguaje social ni coloquial. Ahora puedes decir obscenidades, las más atroces, las jamás pronunciadas,
las más cochinas. Por supuesto, todo quedará entre ambos como un secreto y jamás será repetido fuera de esta escena. Beneficios psicológicos. Las palabras silenciadas conllevan pensamientos callados, ocultos y reprimidos. El pensamiento es lenguaje y el lenguaje es pensamiento. Pero no siempre podemos expresar las groserías y atrocidades que nuestro animalillo escondido quiere pronunciar. No se debe, no se puede.
El instinto suele quedar entonces amordazado sin poder expresarse. Por ello el encuentro erótico es un lugar ideal para dar rienda suelta a estas palabras no pronunciadas, sin miedo, sin peligro. Es gozoso y liberador, casi infantil como cuando buscábamos de niños en el diccionario el típico caca culo pedo. Ello debe quedar en el secreto de la intimidad sin mayor repercusión en la vida cotidiana. Es liberador, redentor y hace
más cómplice a la pareja. El nombre de otro, motivación, ser otro en la cama puede ser lo más terrible del mundo o la más fascinante de las fantasías, todo depende. En el noviazgo reciente resultaría intolerable que te confundan el nombre. De hecho las grandes promiscuas y los tremendos don Juanes acostumbran a decir siempre mi amor en lugar de nombrar identidad alguna para no caer en el error y dar al traste con la escena. Sin embargo, en la rutina
del matrimonio las cosas cambian. Siempre tú eres tú, siempre él es él, siempre los dos y nadie más. La fantasía puede alimentar muchas escenas con otros sin el delito del cuerno. Por ello cambiarse el nombre es una oportunidad para navegar en ese supuesto oasis de la variedad en la cama. Este juego aquí lo hemos representado en femenino. No solo puede ser al revés sino que además resultaría interesante hacerlo en pareja simultáneamente, es decir cambiándose ambos los nombres.
Mecánica del juego. Hoy le cambiarás el nombre a tu hombre. Esta noche lo llamarás a él en las caricias y en las escenas más íntimas con otra identidad, nunca con la suya. Ojo, aquí no es recomendable que acudas a nombres de otros novios que tuviste o a recuerdos que hagan que se ponga celoso, es mejor buscar símbolos no relacionados con la vida personal pero que sin duda admires y te produzcan placer, nombres famosos, históricos, de héroes, etc.
Beneficios psicológicos. La fantasía de estar con otro en la cama aquí no se convierte en prohibición sino que se lleva a cabo para darte placer, para que te lo dé tu pareja siendo cómplice. Llamarlo de otra manera te deja excitarte con la novedad y el personaje soñado, pero también le permite a él ser otro, seguro que no le faltan ganas. La línea caliente. Motivación. Cada día son más frecuentes las ofertas de sexo telefónico en cada revista
o periódico que abras. Desde luego no contagia y no embaraza, aunque en verdad sí cuesta una lana, más de la que crees al ver el anuncio. Tener sexo de esta manera puede ser una nueva oferta simbólica y virtual en este tiempo. Mecánica del juego. Se trata de marcar el número de teléfono de una de las llamadas hotline o
líneas calientes que se anuncian en muchas publicaciones periódicas. Tampoco se trata de hacerlo al azar porque puedes encontrar del otro lado del hilo a la más mensa telefonista que en vez de excitarte te deprime con sus argumentos baratos y estereotipados. Pero fíjate que las hay especializadas si buscas
con ahínco. Existen líneas para tímidos que gustan ser comprendidos, para masoquistas que gozan al ser insultados, para sádicos que quieren someter a través del teléfono, atendidos por supuestas jovencitas colegialas, maduras expertas, gays en todas sus variables, lesbianas, dominadoras, sumisas, hay incluso para ancianos que encuentran consuelo a través de este medio. Aquí puedes desfogarte verbalmente, decir lo que quieras,
como quieras y al ritmo que quieras. Nada más ten en cuenta que si la llamada es a un número internacional la larga distancia te puede salir muy cara. Si eres eyaculador precoz no hay problema, pero si vienes tardando te puede costar una fortuna. Ojo, que este servicio no es exclusivamente masculino, puede ser también para complacer a las féminas con sus fantasías, incluso para parejas que quieren estimularse a través del hilo telefónico mientras hacen el amor más
frecuente de lo que creemos. Beneficios psicológicos. Las fantasías sexuales encuentran en el teléfono un instrumento idóneo. No siempre nos atrevemos, ni nos conviene, a desatar el ímpetu sexual que llevamos dentro con una persona cara a cara, en verdad tiene muchos inconvenientes al día siguiente. Sin embargo, pactar un servicio telefónico dedicado a excitarte puede resultar un buen juego para
la pareja en una noche determinada, de manera excepcional por supuesto. Así, marcar a una mujer, a un hombre, a un grupo, a lo que tú quieras mientras haces el amor, supone que te echen porras y pongan un poquito de sal como aliciente imaginario, como si se estuvieran exhibiendo sin ser vistos en realidad, como si estuvieran compartiendo sin arriesgar nada. Las hotlines tienen sus ventajas si son bien usadas en pareja. Tu nombre, motivación, el nombre propio que llevamos es algo
que nos precede a todos. Antes de nacer alguien dijo cómo nos íbamos a llamar, como un destino presupuesto sin contar con nosotros. Podríamos rebelarnos, pero finalmente cuando te llaman por tu nombre de pila volteas la cabeza, sientes que hablan de ti. Por desgracia en la escena amorosa tu nombre se omite generalmente. Se sustituye por palabras como amor, mi vida, cariño mío, tesoro, etc. Palabras que podrían corresponder
a cualquiera, pero no a ti, a tu nombre. Este juego lo vamos a hacer hoy aquí para el hombre, pero podría hacerse al revés y decir al oído el nombre de ella. Mecánica del juego. Esta noche haremos algo aparentemente muy sencillo pero que normalmente no hacemos, susurrar al oído de tu pareja su nombre, su nombre de pila, su nombre familiar por el que se reconoce. Acariciarse repitiendo una y otra vez el nombre de la persona amada
para que tenga verdadera identidad el erotismo. Beneficios psicológicos. El nombre nos nombra, nos identifica, nos hace sentir aludidos. La vocación del amor, en lo último, es ser el protagonista de lo que la pareja susurra, de lo que admira, lo que adora, lo que necesita. Pero es preciso que seas tú y no una idea peregrina en general. De nada te sirve que alguien hable del amor, te sirve
que alguien te ame. Por ello cuando pronuncian tu nombre te conviertes en depositario único de ese viejo anhelo ancestral, te ama a ti, te adora a ti y a nadie más. El nombre te denomina y te da existencia. El lenguaje secreto. Motivación. Los amantes tienen algo de niños. Pronuncian palabras tontas, infantiles incluso para referirse el uno al otro durante el enamoramiento. Se ven obligados a inventar una especie de jerga amorosa para demostrar sus sentimientos que, son
tan fuertes, que acaban con el lenguaje común. En la rutina de los días esto se pierde y todos se vuelven solemnes y aburridos llamando a las cosas por su nombre. Ahora vamos a jugar a decir idioteces, para gozar como antes. Mecánica del juego. Hoy vamos a recuperar el lenguaje secreto, e con acento agudo ese de cuando éramos amantes, o inventar otro de cualquier modo, cuanto más infantil y absurdo mejor.
Hoy la mujer nombrará al pene de una manera simple, idiota, cariñosa, tal vez como lo hacía antes y no recuerda, quizá con nuevas palabras que se perdieron en su rumbo rutinario y cotidiano. Él también nombrará a la vagina con nuevos vocablos sutiles, románticos, tal vez tontos e infantiles, pero pertenecientes a un lenguaje secreto. De la misma manera renombrarán el hacer el amor, frase tremenda y demasiado seria, como única resolución frente a cosas más solemnes como fornicar, cohabitar o
peor aún, hacer uso del matrimonio. No, hoy inventarán palabras para seducirse, pueriles tal vez, pero íntimas y por lo tanto de gran significado entre los dos. Beneficios psicológicos. Elaboramos en este juego lenguajes secretos que solo los amantes tienen. Ridículo en lo social, pero pactado entre ellos como una tribu a la que solo ambos pertenecen y el resto del mundo queda afuera. Como cuando éramos niños, como la complicidad de la pandilla. Ahora vuelves a florecer y te reencarnas.
Si estas palabras son cómicas y los hacen reír mutuamente, mejor aún. El sexo rutinario pide a gritos la risa, la carcajada.
