El viaje - podcast episode cover

El viaje

Nov 04, 20251 hr
--:--
--:--
Download Metacast podcast app
Listen to this episode in Metacast mobile app
Don't just listen to podcasts. Learn from them with transcripts, summaries, and chapters for every episode. Skim, search, and bookmark insights. Learn more

Episode description

Conviértete en un supporter de este podcast: https://www.spreaker.com/podcast/sientete-plena--6041750/support.

Transcript

Speaker 2

Los viajes viaje. El viaje uno. Y te fuiste. De nuestra casa y de mi vida. No podía creer que todo hubiera terminado. Tanto luchar por lo nuestro y al final, las circunstancias pudieron con nuestra relación. Ni siquiera venció el gran amor que nos teníamos. Y me quedé llorando, abrazada al cojín del sofá, desesperada de amor y tristeza. Y esto justamente la víspera de mi viaje. Ese viaje que no me apetecía hacer, pero que era inevitable. Habíamos quedado

en que tú me llevarías al aeropuerto. Y lo mantuvimos. Vendrías a buscarme a las siete menos cuarto. Así lo hiciste. Mira que te había dicho que no me gustan las despedidas, ¿eh? Pero en fin, solo estaría fuera cinco días. Al llegar al aeropuerto, te bajaste del coche, me abrazaste con fuerza y evitaste mi beso. Todos los besos estaban dados, todas las lágrimas, derramadas, todas las palabras, dichas. Llámame cuando llegues, ¿vale? Me dijiste una vez más, con auténtica tristeza. Claro, Ángel.

Lo haré, te respondí. Nunca me gustó ver desesperación en tu cara. Te metiste en el coche y te marchaste. Te fuiste otra vez. Entré en la terminal y facturé el equipaje. Fernando y Miguel ya estaban allí. Andrea llegó a los cinco minutos. Ellos tenían tantas ganas de hacer este viaje. Ellos sí, pero yo no. Tú y yo no estábamos bien. No era buen momento para separarnos. O sí. Hay quien dice que, cuando el amor supera el tiempo y la distancia, es que es auténtico amor. Podría ser

una prueba. Fernando me recibió con un beso y un abrazo. Vio mis ojos llorosos y me susurró al oído. No estás bien,¿ verdad bonita? No, Fernando, no lo estoy. Tranquila. Intentar. Luchar.¿ Por qué tenía que ser todo tan difícil?¿ De verdad era posible querer a dos personas a la vez? Y si fuera así,¿ por qué esto es algo que no se asume con normalidad?¿ Por qué lo que para una es tan evidente, para otros no lo es? El dolor de cabeza que me acompañaba en las últimas semanas se

instaló de nuevo en mi mente. Necesitaba cerrar los ojos y dormir.¿ Cuánto tiempo llevaba sin dormir más de cuatro horas seguidas? Embarcamos y me senté junto a Fernando. Me dio la mano, pero le pedí que me soltara. En esos momentos, lo mejor sería leer y no pensar. Otra vez me dolía la cabeza de tanto pensar. De modo que me perdí en la lectura de mi libro. Este era cortito. Seguro que al llegar a Amsterdam lo habría terminado.

Y sí, claro, me lo terminé.¿ Debería dejar de leer romántica?¿ No era raro ver a una mujer adulta leer un libro y llorar? Al menos el resto del día estaba perfectamente programado, lo cual no me dejaría mucho tiempo para pensar. Al llegar al aeropuerto, te envié un WhatsApp informándote de que habíamos llegado. Fuimos directos al hotel, para dejar los equipajes y refrescarnos un poco y comenzar a preparar la

reunión del día siguiente. El negocio iba a ser perfecto. Llegaríamos, tendríamos varias reuniones con los clientes e intentaríamos traernos el contrato firmado. Fernando y yo nos encargaríamos de la parte comercial, Andrea y Miguel de la económica. Las mañanas eran para trabajar y las tardes para hacer turismo. Pero yo no quería salir. Ya conocía la ciudad, de modo que prefería quedarme en la habitación. Fernando insistió, pero le pedí que me dejara un poquito de espacio. Y él lo hizo.

Él siempre respetaba mi ritmo, aunque no le gustara. Esa primera tarde, encendí el ordenador a la vez que te envié un WhatsApp. ¿Skype? Claro. Dos minutos. Yo te llamo. Y llenaste la pantalla. Una maravillosa diferencia. Estaba sonriendo. Después de tantos días de discutir y llorar, verte sonreír era terapéutico. Estás preciosa. Chelo. Tú sí que estás guapo. Lindo.¿ Estás sola?¿ No has salido con los chicos? Claro que estoy sola. Ángel. Y no, no me apetecía salir. Prefería hablar contigo.¿ Qué

tal el trabajo?¿ Ya te los has merendado? Ja ja ja ja ja, aún no. Nos luciremos mañana, Fernando y yo. Ya hemos preparado la exposición. Ellos han ido a tomar algo. Luego quedaré con ellos para cenar.¿ Tú estás bien? Sí, claro. Bien. Echándote de menos como un idiota. Pero cariño, decidimos. Sé lo que decidimos, Marta, pero no puedo vivir sin ti. Sé que tenemos que hablar, que no podemos seguir así, pero quiero estar contigo. Quizá esto deberíamos hablarlo en persona

y no por Skype. Ángel. Yo no creo que pueda. De acuerdo, lo hablaremos a la vuelta. Entretanto, cuídate mucho. Y recuerda que te quiero un montón. Te quiero y te deseo, Marta.¿ Por qué no? Ángel, todas nuestras discusiones acababan en sexo. Yo creo que esto no nos ayuda a arreglarlo. Sé que nos deseamos. También sé que nos queremos. Pero nos hacemos daño y sufrimos. Marta, deja eso ahora, por favor. Bésame, Chelo. Bésame y hazme sentir tus labios.

Quiero lamerlos, morderlos, meter mi lengua en tu boca y hacerte gemir. Ángel. Y te besé. Besé la pantalla, pero sentí que te besaba a ti. Es curioso cómo la pasión hace sentir cosas que no son. Tú me ibas pidiendo lo que querías que hiciera y yo te obedecía como si fueras tú mismo quien lo hiciera. Nunca había imaginado poder hacer el amor por Cam, pero era posible. Comencé a tocar mi cuello, acarichándome despacho. Tú seguías dirigiéndome,

mientras me quitaba la ropa. Seguía Tokendome. Seguía Tokendome. Me pediste que me tumbara en la cama y así lo hice. Me susurrabas cuanto me deseabas, cuanto me querías. Tus, mis, manos terminaron de quitarme la blusa y el sujetador. Y siguieron obedeciendo tu voz, cuando me acariciaste mis pechos, esos que te volvían loco. Los amasaste, los besaste, los chupaste y los pellizcaste. Mis gemidos aumentaban el deseo en tus órdenes. Me quitaste la falda y la braguita y metiste tus

dedos en el centro de mi placer. Yo seguía pidiendo. Sí, mi amor, así, me gusta. Te miré y vi con qué fuerza agarrabas tu erección. La imaginé entre mis dedos, abarcándola con mi mano, acercándola a mi boca. Y tú seguiste masturbándome, frotando mi clítoris, hundiendo tus dedos en mi coño, mientras me movía al ritmo que tú habías marcado. Ángel, me voy a correr. Quiero esperarte, cariño. Sí, Marta. Casi estoy a punto. Sigue metiendo tus dedos, cielo.¿ Me correré

en tu coño quieres? Claro, amor. Dentro de mí. Así. Sí. Y nos corrimos casi a la vez. Todo nuestro deseo explotó en un orgasmo inmenso que nos dejó relajados, sonrientes, felices. Un momento. Chelo. Toco limpiar. Me digest. Claro, yo también. Me acerqué al baño para limpiarme. Me puse la camisa y volví a la pantalla. Tú sonreías. Yo, no tanto.¿ Qué ocurre, Marta?¿ No te ha gustado? Claro que me ha gustado, Ángel. Pero,¿ te das cuenta? Una vez más

hemos resuelto nuestra conversación teniendo sexo. No charlando, no haciendo cosas juntos, no comunicándonos. Solo con sexo. Pero es que para mí no es solo sexo. Te he hecho el amor, cielo. Y claro que nos hemos comunicado. De todos modos, como tú has dicho, por Skype no se puede hacer mucho, pero esto sí podemos hacerlo.¿ No te parece? Quizá tengas razón, Ángel. A veces no tengo muy claro qué es lo que quiero. Venga, vamos a dejarlo por hoy. Mañana charlaremos de nuevo, ¿eh? Sí, cariño.

Lo haremos. Hasta mañana, Marta, mi amor. Hasta mañana, Ángel. Te quiero. Desconecté el programa y fui a prepararme para cenar con éstos. Quería volver a dormir pronto, ya que al día siguiente teníamos la reunión con los clientes y había que estar frescos y despejados. Al bajar, Fernando se acercó y me besó en la sien, como siempre hacía.¿ Andrea y Miguel? Le preganté. Quirion Earth Solos, Marta. Andrea y Miguel están juntos, pero aún no quieren que en

la empresa se enteren. De modo que también tú y yo estamos solos. Sí, mi vida. Estamos solos, y volvió a besarme ahí, donde siempre lo hacía, mientras me abrazaba, cerrando los ojos. Fernando, le pedí. No hacía falta aclarar nada. Él sabía lo que le estaba pidiendo. Se separó de mí y nos dirigimos al restaurante. Fernando y yo trabajábamos juntos desde hacía un par de años. Nos llevábamos genial y bromeábamos mucho. Teníamos muy buen rollo, nos entendíamos casi

con gestos y hacíamos un buen equipo de trabajo. Dos semanas antes del viaje, salimos a cenar y él me besó. Lo extraño fue que respondía su beso al momento. Y entonces me di cuenta. Me había enamorado de él. Hablamos mucho de aquello. Él me confesó que llevaba un tiempo loco por mí y que había intentado quedarse al margen de mi relación contigo, pero que no podía. Me pidió que me fuera con él a su casa y le

respondí que no podía hacerlo. Yo nunca había pensado que se podía estar enamorada de dos hombres a la vez. Pero eso era lo que me estaba sucediendo. Le expliqué claramente lo que sentía y le pedí que no me besara, pues entonces caería en la red del deseo y me acostaría con él. Y yo no quería serte infiel. También te quería mucho y no deseaba romper contigo. Le dije que si prefería alejarse de mí, lo entendería. Que pediríamos un cambio de departamento, en la oficina, para no tener

que sufrir tanto. Pero me respondió que no, que prefería tenerme cerca aunque no me pudiera besar. Que entendía lo que me ocurría y lo respetaba. Que siempre me besaría en la sien, ya que no podía besar mi boca. Y que seguiría a mi lado, pasara lo que pasara. Yo no podía contártelo entonces. Nunca entenderías lo que me estaba ocurriendo. Y tampoco lo aceptarías. Así que decidí seguir contigo, solo contigo. Pero algo había cambiado en mí, porque tú

empezaste a sentirte mal. Me preguntabas, estabas pendiente de todo, con quién iba, a dónde, a qué hora y hasta lo que habíamos cenado. Yo te insistía en que estaba contigo y que seguiría estando, pero te morías de celos. Así que nuestra relación comenzó a ir mal. Lo único que funcionaba cada vez mejor era el sexo. Pero ambos sufríamos mucho. Y entonces, la víspera del viaje, decidiste irte de casa. Y ahora estaba ahí, cenando con Fernando antes

de volver al hotel, donde nos esperaban habitaciones contiguas. Yo sabía que en mi ánimo no estaba tener sexo con él. Además, acababa de tenerlo contigo. Pero Fernando era mi otro amor. Le quería, me sentía bien con él, lo deseaba. Me gustaba cómo me miraba, cómo me sonreía, cómo me trataba y cómo besaba a mi sien. Cada beso suyo lo sentía en mis labios. Comenzamos a cena. El viaje 2. Comenzamos a cena. Fernando siempre había sido un amor y esta

vez siguió en su línea. La conversación versó sobre el trabajo del día siguiente, con lo cual me sentí mucho más cómoda de lo que en principio había esperado. Además, haciendo uso de su sentido del humor, provocó mis carcajadas en varios momentos, dándome así la oportunidad de descargar la tensión que me acompañaba en las últimas horas. Al terminar de cenar, volvimos paseando hasta el hotel, que no estaba demasiado lejos. Cogió mi mano y se la llevó a los labios. La besó. Yo le pedí. Fe. Él no

me dejó terminar. Tan solo te cojo de la mano. No hay nada malo en ello, ¿verdad? Sonreí y seguimos paseando, charlando y riendo. Al llegar a la habitación, se paró frente a mí, me abrazó y recostó mi cabeza sobre su hombro. De nuevo volvieron a mí las sensaciones que me producía cada vez que me encontraba entre sus brazos. Primero me besó en la sien, como hacía siempre. Después, acercando su boca a mi oído, me advirtió.« Marta, te voy a besar. No quiero forzarte a nada, pero me

muero por volver a besarte. No es una petición, por lo que no necesito que me respondas. Pero permíteme hacerlo, por favor». No sabía qué decir, así que no dije nada. Acercó sus labios a los míos y apenas los tocó, encajaron a la perfección. Su lengua asomó, rozando mis labios, lamiéndolos, adorándolos. De nuevo encajó su boca a la mía suavemente y su lengua se hizo paso para introducirse en mi boca, buscando a su gemela. Esta la esperaba, anhelante. El beso

continuó mientras nuestras respiraciones se agitaban. Entonces lo comprendí. Solo había dos caminos posibles. O terminaba con aquel maravilloso beso y entraba sola en mi habitación, o entrábamos juntos en ella y hacíamos el amor. Tenía que tomar una decisión ya. Pero de repente, Fernando la tomó por mí. Cogió la llave de mi habitación, arrebatándomela de la mano y, sin despegar su boca de la mía, abrió la puerta y me empujó suavemente al interior. Dejé caer mi bolso y

cerré la puerta demasiado fuerte. Sus manos comenzaron a quitarme la chaqueta y a desabrocharme los botones de la blusa, mientras yo hacía lo propio con su camisa. Me bajó la cremallera de la falda y entonces mis manos le ayudaron a quitarme todo lo que nos impedía tocarnos la piel. Me recostó sobre la cama y comenzó a acariciarme. Besaba cada centímetro de mi cuerpo, lamiendo cada poro, adorando cada

peca o lunar. Y mira que tengo muchos. Yo gemía mientras le pedía más, a la vez que mis manos acariciaban ese pecho sobre el que me había recostado tantas veces mientras él besaba mis sienes. Enseguida me desabrochó el sujetador rojo, a la vez que murmuraba palabras maravillosas. Sí, cielo. Fantástica, Joder, Iris Preciosa. Cuando mis pechos quedaron libres de su prisión escarlata,

encontraron su boca, ávida de deseo. Fernando la mío, chupó, mordisqueó y pellizcó mis pezones y cada centímetro de mis pechos queosados, le incitaban a hacerlo una y otra vez. Poco a poco sus manos siguieron descendiendo por mi cuerpo, buscando un camino desconocido, pero no por ello menos deseado. Al llegar a mis braguitas, introdujo su mano por dentro y mi gemido se tornó en súplica.« Fé, por favor».« Sí, cielo».« Claro que sí. Te deseo y quiero probar tu sabor.

Déjame el camino libre que quiero disfrutar de este maravilloso lugar con el que llevo soñando meses». Me quitó la braga y acercó su boca a mis labios. Al principio su lengua lamió mi entrada. Luego la introdujo, tocando mi clítoris, haciéndome arquearme tanto que creí romperme. Entonces me abrió con sus dedos y siguió lamiendo, chupando, mordiendo, follando mi coño con su lengua, dientes y labios. Cuando mis movimientos y gemidos anunciaban la inminencia del orgasmo, introdujo dos dedos y

comenzó a moverlos con decisión. Entre su boca y sus dedos me derramé de placer en su cara. Intenté avisarle para que se apartara, pero su deseo fue mayor que mi advertencia. Cuando terminé, se acercó a mi boca y me besó, dándome la oportunidad de probar mi propia esencia. Cuando me encontré relajada, quise hacer lo mismo con él y acudí a su bóxer, introduciendo mi mano en el mismo. En cuanto me colé en su interior, una enorme erección salió a mi encuentro y el deseo hizo que mis

manos la abrazaran. Fernando gimió. Rápidamente le quité el bóxer y acerqué su polla a mi boca. Comencé lamiendo la punta, disfrutando del brillo y la suavidad de su glande. Saboreé una solitaria gota que escapó primera. Y entonces comencé algo que mis dientes deseaban en secreto. Muy suave y despacio, froté con ellos la punta, mientras le miraba a los ojos, pidiendo su aprobación. Suspiró hondo, echando la cabeza hacia atrás

y le oí decir, sí. Con mucho cuidado, cubrí mis dientes con mis labios y, por encima de ellos, le mordí ahí donde la piel es más sensible y blanda. Fernando seguía gimiendo y animándome a seguir. En ocasiones retiraba los labios, para dar gusto a mis dientes y le mordía suave, lento.« Por Dios, Marta, me estás matando. Sigue, por favor, no pares, sigue así». Y yo seguí, hasta que noté que se corría. Abrí mi boca y me

metí toda su polla hasta la garganta. Frotando mis labios por todo el tronco, en unas pocas embestidas soltó todo su líquido caliente y lechoso dentro de mi boca. Antes de ello hizo un pequeño movimiento para apartarme, pero me negué. Yo también quería probar su esencia. Me tumbé a su lado y nos besamos. Aún compartimos algo de aquella maravillosa ambrosía que había extraído de él. Seguimos besándonos lentamente, acariciándonos, hasta que nos quedamos dormidos. A las siete en punto

sonó mi despertador. Abrí los ojos y me encontré sola en la cama. Vaya, me habría gustado despedirme de él cuando se hubiera marchado. Perezosa, me fui al cuarto de baño.¡ Qué chico tan ordenado! Cuando se fue, no se olvidó de nada. Incluso, había recogido mi ropa y la había dejado perfectamente colocada sobre la silla. MMMM, qué extraño. Entré en la ducha e intenté ser rápida. Desayunaríamos en la cafetería del hotel, los cuatro, a las siete y treinta.

Me maquillé un poquito y me puse mi traje azul con la blusa blanca. Me peiné y en ese momento alguien tocó mi puerta. Abrí y mi compañero de noche estaba ahí, con su traje gris y la camisa negra, impecable, guapísimo,

perfectamente perfecto.« Buenos días, cariño. Estás preciosa.¿ Ya se te ha pasado?» Y me besó, como siempre, en la sien.« Buenos días, Fernando.¿ Qué si se me ha pasado?»« No sé a qué te refieres», le respondí.« Bueno, sé que no me lo tendrás en cuenta, pero cuando anoche te besé, entraste tan deprisa en la habitación y cerraste de un portazo, yo… bueno, lo siento».« No quería molestarte, pero deseaba tanto

besarte que no me pude contener», me aclaró. Me debí de quedar blanca, porque no sabía qué decir, ni qué hacer.¿ Entré sola en la habitación? Recuerdo el portazo, pero junto a un beso. Nos besamos, eso sí, pero nada más y todo lo que hicimos después.¿ Lo imaginé? No podía ser cierto, pero lo era.

Speaker 3

Marta, Marta,¿ está bien? Marta.

Speaker 2

Me zarandeó un poco. Sí, estoy bien, Fer. No ha sido nada. Imagino que necesito desayunar. Me dio como un mareo. Venga, vamos a ir bajando. Estos pesados no serán puntuales, seguro, me dijo sujetándome de la cintura. Intenté soltarme, pero añadió. Prefiero sujetarte, no te vayas a desmayar.« No, deja, estoy bien te digo», le dije apartándole.« Ya se me ha pasado. Vamos a desayunar». Bajamos a la cafetería y, al contrario de lo que Fernando había pensado, los chicos ya estaban allí.

Nos miraron, sonrieron y Andrea preguntó«¿ Alguien más ha pasado una noche maravillosa?». Y volvió a besar a Miguel.¿ Qué más quisiera yo, Andy? Respondió Fernando. Ya sabes que el corazón de Marta tiene dueño. Buenos días, chicos. Yo he descansado muy bien, gracias. Así que sí, ha sido una noche maravillosa, añadí, dejando la última frase en el aire. Nos trajeron los desayunos y Fernando y yo almorzamos en silencio. Al terminar, me preguntó.¿ Está bien, princesa?¿ Te ocurre algo

o son solo nervios por el trabajo? Estoy bien, Fer. Oye, aclárame algo, por favor. Anoche, cuando me besaste, entré sola en mi habitación, dando un portazo. Miedo me daba preguntar.« Claro, cielo. Yo pensé que… pero tú, bueno, siento mucho haberte besado. O mejor dicho, no lo siento. Lo deseaba y me pareció que me respondías al beso. Siento que te sintieras mal y que te fueras así», explicó Fernando.« No me enfadé, Fernando.

Era mejor que me marchara o yo habría».« Bueno, era lo mejor», le confesé, sin levantar la vista de mis manos. Salimos hacia las oficinas del cliente y comenzamos nuestra jornada laboral. Fue agotadora, pero todo un triunfo. Hicimos una pequeña pausa a las 11 y 30 para tomar un café y seguimos con las exposiciones y debate hasta las 2 y 30. A esa hora fuimos a comer y nos despedimos de los clientes hasta el día siguiente. El miércoles, Miguel y Andrea expondrían todo

el tema económico. Financiero. Si no os parece mal, Andrea y yo vamos a comer por nuestra cuenta. Esta tarde prepararemos la exposición de mañana y ya nos veremos hasta el desayuno de mañana. Nos informó Miguel. Todo bien, linda? Todo genial, cariño, me respondió. Estamos en la gloria. Pero queremos aprovechar cada segundo juntos. Entendedlo, me rogó. Claro, tranquilos, terció Fernando. Disfrutad de la ciudad, del tiempo juntos y de todo el viaje. Y nos fuimos por nuestra cuenta. Fernando, yo,

no me atrevía a confesar. Fe. Anoche. Yo. Bueno, yo no me enfadé. Entré así porque te deseaba. Quería que siguieras besándome y, de hecho, imaginé que lo hacías. Que venías conmigo a mi cuarto y me hacías el amor. Fue maravilloso. No me enfadé contigo. Marta, y me besó de nuevo. Con su boca ligeramente abierta, asomando su lengua, acariciando la mía. Y alargando de nuevo su beso, provocó en mí deseos recientes. Y de nuevo buscó la llave de mi habitación. Pero entonces sí le paré. Sólo Dios

sabe cuánto me costó, pero lo hice. Me separé despacio, bajando la cabeza. Me sentía demasiado cobarde para enfrentar su mirada. Y además, no me creía capaz de vencer a mis deseos. Lo siento, Fernando, pero voy a volver a entrar sola en la habitación. Sabes lo que siento, pero no va a ocurrir. Ahora entraré, conectaré el Skype y hablaré con Ángel. Luego me dormiré. Muy buenas noches y dulces sueños. Mañana a las 7 y 30 nos vemos en el desayuno,¿ de acuerdo?

Le solté del tirón y sin mirarle. De acuerdo, Marta. Como tú decidas. Buenas noches y felices sueños para ti también.« Te quiero», me dijo, volviendo a besar mi sien. Y entrando en la habitación, cerré despacio la puerta. El viaje 3. Y entrando en la habitación, cerré despacio la puerta. Y sin querer pensarlo, encendí el ordenador. Necesitaba verte, hablarte, amarte, aunque lo que más necesitaba era tocarte, besarte y hacerte el amor. WhatsApp para avisarte y en un minuto ya

te tenía en pantalla. Tu mirada, como siempre, sonriente, dulce, cariñosa, y tus palabras. Hola pequeña,¿ cómo estás, linda? Me preguntaste lentamente con tu tono de voz tan grave, tan seductora. Bien, cielo. Canzeida. Tengo que cambiarme y ducharme, pero tenía tantas ganas de verte que no he podido esperar.¡ Qué bueno! Me alegro de que no hayas podido esperarte. Así podré verte hacerlo. De nuevo mis dudas.¿ En qué punto estaba mi relación contigo, Ángel?

Yo estaba loca por ti y tú me habías dicho mil veces que me amabas. Pero en este momento estábamos separados. Sin embargo, no me apetecía pensar, sino dejarme llevar, sentir.¿ Desnudarme delante de ti?¿ Ducharme delante de ti? Claro, cariño. Preferiría estar ahí contigo, que me desnudaras tú y ducharnos juntos, pero esto estará también genial. Lleva el ordenador al cuarto de baño y yo te iré diciendo lo que tienes que hacer.¿ De acuerdo? Coloqué el portátil delante de la

ducha y abrí el grifo de agua caliente. Entonces comenzaste a dirigirme, como tantas veces lo hacías. Imaginé que todo seguía bien entre nosotros. A ver, quítate la camisa y la falda. No tenemos prisa. Ahora las medias. Eso es, despacio.

Speaker 3

M. Me encanta. Ponche

Speaker 2

de espaldas. Desabrochate el sujetador. Despacio. Sí. Pero no te lo quites. Bajate un tirante. Ahora el otro. Ahora date la vuelta. Despacio. Y ahora, quítatelo. Hamam. Hamam. Me encanta ver tu culo cuando te agachas. Uf, un poco más. Así, déjame ver tu coño. Ahora el otro. Ponte derecha de nuevo. Y ahora, date la vuelta. Ven, acercate a la pantalla y muéstrate a mí.

Speaker 3

Precioso. Abrelo, miustremelo.

Speaker 2

Jodermata.¿ Cómo me pones? Ahora duchate, despacio, frotándote para mí. Imagina que son mis manos y no las tuyas las que jabonan tu cuerpo. Dejé la puerta de la ducha abierta y empecé a jabonarme el cuerpo. Como tú me habías pedido.

Speaker 3

Despacio.

Speaker 2

Miraba a la pantalla y te veía sujetando tu polla en la mano. Con la otra mano, acariciabas tu pecho, tu vientre, tus huevos, como siempre me gustaba hacerlo a mí. Te veía cerrar tus ojos y gemir. Te oía. Continué frotando mi cuerpo, acariciándolo y lavándolo para ti. Cuando terminé, cogí la toalla y me la enrollé en el cuerpo. Salí de la ducha y me sequé, dejando de nuevo mi desnudez a tu vista. Ahora pon el portátil frente a la cama y túmbate. Seguiré diciéndote lo que tienes

que hacer, me dijiste. Yo obedecí, por supuesto. Me tumbé en la cama. Marta, vas a mojar las sábanas, ¿sabes? Te calentarás tanto que lo mojarás. Sí, comencé a gemir. Te besaré por debajo de las orejas, lamiendo cada centímetro del mismo. Sigue tocándolo, sintiéndolo. MMMM, Jemmy. Meto mis dedos entre tu pelo, masajeándote la cabeza, como te gusta que te haga, y sigo besando tu cuello. Una de mis manos se introdujo entre mis cabellos, mientras la otra seguía

en mi garganta. Ángel, me gusta. Desciendo por tu cuerpo, besando cada centímetro del mismo, mis manos hicieron lo propio. No quiero que quede un solo poro de tu piel sin ser besado, sin ser lamido, sin ser adorado. Sí, sigue. Me topo con tus pechos, esos que tanto me gustan, con los que me gusta jugar. Los acaricio, los masajeo, juego con ellos. Y encuentro por fin tus pezones, tan duros, tan levantados para mí. Los acaricio, juego con ellos, los pellizco,

los lamo, los chupo, los mordisqueo. Introduje mis dedos en la boca para humedecerlos y poder jugar con mis pezones. Imaginaba tu lengua, tus labios, tus dientes, acompañando tus dedos. Sigue, mi amor. Baja por mi cuerpo, te supliqué. Claro, Marta. Encantado de hacerlo. Desciendo despacio por él, tocando tu piel. Paso por tu tripita, siempre te ha gustado llamarla así. Y me acerco a tu ombligo. Quiero meter mi lengua en él, pero como siempre, me apartas. Es tan intenso,

decimos los dos a la vez. Y me entretengo en tu curva, mi curva, se te escapa un gemido. Tú sigues tocándote. Lo veo. Tu curva, cielo. Es tu curva, lo sabes. Siempre haces referencia a la S que forma mi cintura y mi cadera, que te vuelve loco. Ahora quiero que te gires un poco y abras las piernas frente a la cam. Quiero ver tu coño, pues es a él donde vamos a llegar, linda. Me muevo despacio para recolocarme. Bien, continúas. Ahora te veo muy bien. Quiero

verte mientras te lo como. Muéstramelo abierto, Marta. Ábrete para mí. Con mis dedos, separo tus labios y dejo a la vista ese precioso tesoro tuyo, que me tiene hechizado. Tan deseoso, tan apetecible, tan duro, tan rebelde. Acerco mi boca despacio. Notas mi respiración, el aire que respiro, el calor de mi aliento, el frío de mis soplidos. Me estremezco. Acerco mi dedo al interior de mi vagina. Para humedecerlo, será

tu lengua que me lame. Tu clítoris espera que mi lengua lo toque, que lo lama, pero sigo haciéndome esperar. Mi boca se acerca sigilosa, pero él no sabe por dónde lo van a atacar y se vuelve loco de ansia. La punta de mi lengua tropieza con él y se estremece, ocultándose en su coraza. Pero es mayor el ansia y vuelve a asomar. Mi dedo separa el capuchón que envuelve mi pequeño glande y todo mi cuerpo se estremece ante el contacto de tu lengua. Mis gemidos se tornan gritos. Marta,¿

llevaste el juguete en la maleta, tal y como te dije? Sí, cariño. Lo tengo aquí mismo y lo saqué del cajón de la mesita.

Speaker 3

Bien, que os lo...

Speaker 2

Lo vas a necesitar. ¿Seguimos? Claro, sigue, por favor. Mi lengua baja hasta la entrada de tu vagina. Entre mi saliva y tu esencia, la humedad es tan grande que no podrás resistirlo. Mete el vibrador. Cielo. Sigue tocando tu clítoris mientras te follas con él. Como cada una de tus órdenes, obedecí ciegamente. Dime cómo estás de mojada. Totalmente, Karino. Empapada te respondí. Bien. Aún lo estarás más cuando derrames tu skirt. Sigue follándote. Soy yo,¿ de acuerdo? Es mi

polla la que entra y sale de ti. Y mis dedos los que siguen frotando tu clítoris. De nuevo te miré. Movías tu mano frenéticamente mientras seguías hablando entrecortado. Yo tampoco duraría mucho, de modo que te avisé. Ángel, me voy a correr enseguida, mi amor. Síguete moviendo dentro de mí. Sígueme follando así. Sigue, por favor. Sí, linda. Me muevo. Me muevo deprisa, fuerte, como nos gusta. Te sigo castigando el clítoris y recogeré tu orgasmo que es mío. Siempre mío, ¿verdad? Ah,

me corro, ángel. Y entonces volviste a tener razón. De mi interior salió un auténtico torrente que empapó las sábanas y expulsó fuera mi vibrador. En medio de un grito, mi orgasmo fue tuyo de nuevo. Como siempre. Miré a la pantalla y vi cómo tú también te corrías. Derramaste toda tu leche sobre tu mano y encima de tu pecho. Me relajé unos segundos mientras tú hacías lo mismo. Al cabo de un momento, me incorporé. Tú ya estabas frente

a la pantalla sonriendo. Te habías limpiado y me esperabas feliz. Ahora tendrás que quitar las sábanas, Marta. Necesitarás otras para taparte. No es necesario, Ángel. Quitaré la colcha y me taparé con las sábanas. Hace calor, así que no necesito más.¿ No necesitas nada más, Marta? Pues yo sí, cielo. Te necesito a mil a dos. Mira, voy a volver a casa y cuando llegues, estaré ahí como siempre, como si no me hubiera ido. Te quiero, mi amor. Te quiero más que a mi vida. Ya no podía aguantar mis

lágrimas y tampoco me daba la gana de hacerlo. Yo también te quiero, Ángel. Te quiero tanto que no entiendo por qué. Déjalo, cariño. No lo pienses más. Mañana, cuando hablemos, estaré en casa, en nuestra casa. ¿Quieres? Claro, lindo. Sequé mis lágrimas y sonreí.¿ Dormirá bien, bonita? Me preguntaste. Siempre te preocupas tanto por mí. Claro, mi amor. Dormiré como los bebés. Y así fue. Me quedé profundamente dormida. El

despertador sonó de nuevo a las siete. A las siete y treinta desayunaría como cada día con los chicos, de modo que me apuré para prepararme. Hoy llevaría el traje gris de chaqueta y pantalón. Y el body negro. Me maquillé un poco y bajé a la cafetería. Todos estaban ya allí. Fernando estaba muy pensativo. Todos estaban ya allí. Fernando estaba muy pensativo. Buenos días, compi. Saludé feliz. Buenos días, Marta, respondió Andrea. Ven, sientate. Con nosotros. Hola, guapa, me dijo Miguel.

Y dirigiéndose a la. Camarera le pidió. Otro desayuno completo, por favor. Hola, buenos días, dijo Fernando, serio. Desayunamos charlando de trabajo, aunque de forma dis. Tendida, como siempre. Fernando continuó serio y solo intervino. En las cuestiones estrictamente laborales. Al cabo de media hora, nos dirigimos a las oficinas. En el taxi, le pregunté.¿ Estás bien, Fernando? Claro,¿ por qué no iba a estarlo? Respondió sin. Mirarm. La mañana

se desarrolló sin sorpresas. Habíamos conseguido impresionar al cliente y teníamos la certeza de que, al día siguiente, firmaríamos el contrato. Tan solo quedaban algunos flecos que comentar y pequeñas cuestiones. Colimar. A la hora de comer, Miguel y Andrea volvieron a informarnos de que querrían comer solos, así como pasarla. Tarde por su cuenta. Para ellos, este viaje estaba suponiendo una verdadera luna de miel. Dirigiéndome a Fernando, le pregunté.¿ Dónde

vamos a comer nosotros, entonces? Donde quieras, Marta. Si no te apetece salir, podemos ir al hotel.« Comeremos en el restaurante y así podrás volver cuanto antes a tu habitación». Me respondió mirándome fija.« Mente a los ojos».« Ya, pero es que sí me apetece salir».« De hecho, tengo».« Muchas ganas de ir a ese restaurante indonesio que nos recomendó Andge», le respondí sosteniendo seriamente su mirada.« De acuerdo. Iremos entonces»,

me contestó después de« unos segundos». La tensión era evidente. Yo estaba deseando llegar al res. Taurante para poder hablar.« En el taxi, te envié un WhatsApp. Buenos días, cariño. Un éxito, hoy. Mañana firmamos el… contrato». Te conectaste para leerlo, pero desconectaste de nuevo.

Speaker 3

Me».

Speaker 2

Extraño. Volví a enviarte un mensaje.¿ Todo bien por casa? Esta vez sí respondiste. Aún no estoy en casa, Marta. Quizá esta noche. O mañana. Anoche estaba hechizado, pero después he estado pen. No debemos precipitarnos o sufriremos los dos de... Nuevo,¿ no te parece, cariño? Sí, Ángel. Tienes razón como siempre. Bueno, hemos llegado al restaurante. Te dejo.¿ A la noche nos vemos por Skype? Bueno, no sé, depende de lo liado que esté, Marta. Sí. Eso, nos avisamos, ¿vale? Claro. Hasta luego.

Un beso, cariño. No me lo podía creer. Todo había sido tan maravilloso y... Ahora. Pero cosas como estas habían roto nuestro matrimonio. Últimamente siempre me habías echado en cara que yo te agobiaba. Y tú para mí, tan pronto te mostrabas adorable, como te... Al jabá de mí. No pude evitar que una lágrima escapara de mis... Ojo. Fernando y yo llegamos al restaurante. La comida fue rara. Ninguno de los dos hablaba más de«¿ Te gusta?».« Sí, está

muy rico». La tensión era palpable. Ambos estábamos tristes, violen, tos e incluso enfadados. Fernando no quería decir nada, se sentía rechazado, apartado y molesto por cómo lo había despedido por« la noche». Yo, triste por nuestro chat.¿ Cómo podía ser tan tonta? Siempre me ocurría así contigo. Cada vez que volvías a mí, me colaba de lleno en lo nuestro. Y cuando te alejabas, sufría una. Y otra vez. De nuevo se me escapó una lágrima. Pudo seguir en silencio. Cariño,

algo va mal,¿ verdad Marta? Preguntó. Algo va muy mal, respondí.¿ Puedo ayudarte con algo? Se ofreció. Esto es algo entre Ángel y yo. Si es que toda. Vi a que da algo entre él y yo, confesé. Me cogió de la mano, me levantó la barbilla y, cuando sé, aseguró de que lo miraba a los ojos, me dijo dulcemente, bueno, siempre puedo escucharte, si quieres hablar. Uh, consolarte, si quieres llorar, o abrazarte, si quieres recostarte. Sobre mi hombro, mientras te

beso en la sien. Entonces me rompí. Comencé a llorar y Fernando se sentó junto a mí. Me abrazó, mientras acariciaba mi pelo, me besó en las sienes, besos largos y lentos, acarició mi espalda y esperó, paciente a que se me pasara la llantina.

Speaker 3

Mira Marta

Speaker 2

Vamos al hotel y charlamos allí si quieres. Y si no, pues vemos la tele, oímos música o simplemente te abrazo. ¿Quieres? Me dijo, cariñoso. Claro, es lo mejor. Fámonos, anda, respondí. Cogimos un taxi y al llegar, Fernando preguntó con cara. Depillo,¿ tu habitación o la mía? Prefiero la mía, si no te importa.« Sé dónde tengo los pañuelos y demás», respondí riendo esta vez. Subimos y él se fue a su habitación a por algunas cosas. Volvió vestido cómodamente, con un

vaquero y una camiseta blanca. Traía su neceser debajo del brazo. Yo me quedé mirándolo fijamente, pero él, con toda naturalidad, lo llevó al cuarto de baño y volvió al sofá sin dejar de sonreírme. Nos sentamos y comenzamos a charlar de nosotros, de lo que estaríamos haciendo si estuviéramos en casa. Fer estaría en el gimnasio, corriendo en la cinta o haciendo bici, así como diversos aparatos. Yo haría un ratito de bici en casa, después una duchita y a leer

como una loca. Comentamos sobre los libros que estábamos leyendo. A Fer le encantan los libros de historia, novela policíaca, negra, de terror y otros. A mí, sobre todo, romántica erótica. Se sorprendió mucho. Me hablaba de las famosas sombritas, pero le dije que no eran, ni mucho menos, mis favoritos.

Le conté sobre las autoras españolas, Noelia, Olga, Isabel. Noe, Elizabeth, Blanca o Marta, gente que escribe genial, pero que no siempre están bien consideradas debido precisamente a la temática de sus novelas. Durante años, la erótica no ha tenido el honor de ser considerada literatura de calidad. También le hablé de algunos escritores hombres, maravillosos autores como Alex, Max, Frank, Marcelo o Javier, que eran capaces de transportarme a mundos

maravillosos y deseos ocultos. Estuvimos charlando toda la tarde, hablando, riendo. Sobre las ocho y media, Fernando me preguntó.¿ Tienes hambre, preciosa? No, la verdad es que no tengo, Fer. Bueno, dijo él. Algo habrá que cenar, ¿no? Sí, claro, pero estoy pensando.¿ Quieres que pidamos?¿ Que nos suban unas ensaladas y algo de fruta? Bueno,¿ podría ser también un buen filete? Yo no soy. Muy de ensaladas y tengo hambre, respondió él. Ah, pide.

También un buen riojita. Espera que lo voy a buscar en la carta de vinos.

Speaker 3

Perfecto, guapo.

Speaker 2

Ya llamo yo. Cogí el teléfono y pedí al servicio de habitaciones. A las nueve subieron nuestra cena. Estuvo deliciosa. Después volvimos al sofá y seguimos hablando. Habíamos decidido que a la vuelta. Iríamos al mismo gimnasio. No tenía sentido hacer las mismas cosas, a las mismas horas, en lugares diferentes. Estuvimos planificando la semana, los horarios y buscando cosas que pudiéramos hacer los días que quedaban libres. De repente observé que Fer me tenía acogida de la mano y me acariciaba.

Lo cierto es que llevaba bastante tiempo haciéndolo, pero no me había dado cuenta de cuando había comienza. Do. Se la llevó a sus labios y me besó. Su beso fue lento, cálido. Humido. Cerró los ojos para hacerlo. Yo también lo hice. Me recosté en el respaldo del sofá y suspiré. Quería dejarme llevar. Quería ser transportada a otra realidad en la que todo fuera felicidad, en la que no existiera el dolor, en la que no existieras tú.

Y entonces noté su respiración junto a mi boca. Abrí los ojos en el segundo exacto en que me besó. Y decidí dejarme llevar. Separé ligeramente mis labios para permitir la entrada de su atrevida lengua. La mía, algo más tímida, salió a su encuentro. En el momento de encontrarse tan solo se tocaron, como si les diera vergüenza, pero la pasión la superó, enzarzándose al fin en una lucha de deseo y amor desenfrenado. Nos soltamos de este beso perezosamente,

cuando Fernando decidió que llevábamos demasiada ropa. Cambiamos de ritmo, desnudándonos el uno al otro, con avidez y prisa. Saqué su camiseta por la cabeza y bajé su pantalón, dejándole solamente su bóxer. Soltó los botones de mi blusa, roja, y me la deslizó por los hombros. Me bajó la cremallera de la falda y también la dejé caer al suelo. Ya solo quedaba mi conjunto de encaje rojo y las medias negras. Volvimos a besarnos, mientras me soltaba el sujetador.

Yo me lo bajé mientras él se quitaba el bóxer. Me condujo a la cama, me recostó y besó mi cuello, descendiendo despacio por mi pecho. Se entretuvo en mis pechos que lo esperaban. Ansiosos, lamió mis pezones, jugando con ellos, haciendo que se pusieran duros y erectos, mostrando todo el deseo contenido de tanto tiempo. Lo oí gemir y entonces lo llamé. Fernando, yo, no sé si…¿ Tú crees que…?

No era capaz de encontrar las palabras para formar una frase coherente.« Marta, mi amor, yo sí lo sé», respondió con decisión.« Voy a hacerte el amor porque ambos lo deseamos desde hace tiempo. Porque te quiero y me quieres y porque nos lo debemos. Quiero hacerlo, quiero sentirme dentro de ti, quiero hacerte gritar de placer y deseo». Y volviendo a mi cuerpo, siguió lamiendo, chupando y adorando cada poro de mi piel. Bajó con su boca hasta llegar

a mis braguitas. Al llegar allí, aspiró fuerte y dijo. Sí, lo sabía. Levantó su mirada hacia mis ojos y, son. Riendo, añadió, lo adoro, huele a sexo y a deseo. Ahora quiero. Comprobar a qué sabe. Sujetó la braga con los dientes y me la quitó. Mis gemidos eran ya gritos. Pero no paró de hacerlo. Acercó de nuevo su boca a mi coño y comenzó a chupar, a lamer y a morder suavemente, pero con ansia. Hacía ya rato que había superado el punto de noretorno, de modo que me dediqué

a disfrutar de ello, a sentirlo, a sentirle. Metió dos dedos a la vez que siguió dándome placer con su boca y me llevó al mismísimo cielo en pocos minutos. Cuando me derramé en sus manos y en su boca, recostó su cara en mi regazo, mientras yo recuperaba, sin dejar de acariciar mis caderas, mis muslos y besar mi vientre, mi sexo. Entonces volvió a tumbarse a mi lado cuando me acerqué a su erección, tan enorme. Comencé a besarlo, a lamerlo y a chuparlo, decidida a devolverle el placer

que me acababa de dar. En unos pocos minutos, me retiró de nuevo y me tumbó boca arriba. Colocó mis pies sobre sus hombros y llenó de besos mis tobillos, mis pantorrillas y pies, a la vez que sus dedos volvían a mi sexo. De nuevo me llevó a un estado de excitación tal que el deseo mandaba en la habitación. No dejaba de susurrar. Sí, mi niña, mi amor, sigue así amor. Vamos, te voy a hacer el amor. Cielo,

eres mi vida y te quiero. Venga Marta, dámelo. Y agarrándome por las piernas, acercó mis caderas a las suyas y me penetró con pasión y fuerza, con deseo y desesperación, con ganas y calor. Siguió moviéndose dentro de mí, sin quitar mis pies de sus hombros. Continuó con sus palabras maravillosas, intercaladas con mis gemidos, mis jadeos y pedidos, hasta que ya no pude más y exploté de nuevo en él. Te sigo, sí, yo también me corro, princesa mía. ¡Ah, Dios!

Gemía y susurraba sin parar.« Me gusta tanto, me gustas tanto, um, sí, amor».« Ah», respondía yo. Finalmente se apoyó en la almohada y se dejó caer sobre mí, permitiéndome bajar mis piernas y descansando sobre mi cuerpo. No dejó de besarme la cara, la frente, el cuello, la boca, mientras me susurraba. Te quiero, linda. Te quiero, princesa. Te quiero, preciosa. Te quiero, te quiero, te quiero. Y nos quedamos dormidos en mi cama. Dormimos toda la noche, abrazados. Bueno, no dormimos toda la noche.

En la primera, sus manos en mi cuerpo me sacaron de los brazos de Morfeo y me llevaron de nuevo al mismísimo cielo. La segunda vez yo lo espabilé a él, pues de nuevo lo quería dentro de mí. Cuando sonó el despertador por la mañana, optamos por una ducha fantástica, después de la cual bajamos a desayunar. El viaje 5. El avión aterrizó a las 5 de la tarde y 31, tan solo un minuto después de la hora prevista. Era increíble hasta donde llegaba la puntualidad europea. Siempre me pregunto por qué

en España no tenemos esas buenas costumbres. Imaginaba que no habrías venido a recogerme, después de la conversación del último día. Pensaba acercarme a casa en taxi.¿ Por qué no te vienes a mi casa, Marta? Insisto. Fernando. Ya lo hemos hablado, Fer. Es mejor estar así. Cada uno en su casa ahí, comencé a responderle. Mejor para ti, será. Me interrumpió. Yo quiero que estemos juntos. Ni siquiera tengo las cosas claras con Ángel, Fer. Tengo que hablar con él, explicarle. Pero

yo acepto lo que tienes con Ángel. Ya lo hemos hablado. Yo no tengo problema en compartirte, si ese es tu deseo. Pero quiero que vivas conmigo. Volvió a explicarme su opinión por enésima vez. Esas cosas no ocurren, Fernando. Yo os quiero a los dos, pero no puedo obligaros a compartirme. De hecho, ni siquiera creo que Ángel desee seguir conmigo. No sé lo que él quiere o no. Como Cueras, Marta. Pero yo te quiero y quiero seguir contigo. No lo olvides. No lo haré y le besé. Subí al taxi y

me dirigí a casa. Al llegar, casi me estalla el corazón al girar la llave de la puerta y comprobar que estaban echadas las dos vueltas de costumbre. No estabas en casa. Me dirigí temerosa a la mesa del salón y allí encontré tu nota. Estaba totalmente claro. Mis sospechas ahora tenían un nombre propio. Raquel. La conociste hace meses. Comenzasteis vuestra historia de amor y pasión. Quisiste dejarlo por recuperar lo nuestro. Pero no puedes. Estás totalmente enamorado de ella.

Me quieres, no quieres hacerme daño, pero la realidad se llama Raquel. Abrí la maleta entre lágrimas y entonces, saqué la carpeta azul que había guardado cuidadosamente junto a mi ropa. El contrato para la firma de Ámsterdam, junto a la oferta de trabajo. Y entonces lo vi, eso era lo que ansiaba en los últimos meses.¿ Quería irme lejos, lejos de tu lado, lejos de familia, amigos, trabajo, lejos de Fernando? Bueno, eso,

en todo caso, lo decidiría él. Según tenía la carpeta en la mano, agarré el teléfono y llamé a la compañía. Me atendió mi Samsberg, que me reconoció enseguida, y me facilitó una reunión para las 9 de la mañana del lunes. Abrí el portátil y busqué vuelo para el domingo por la tarde. Perfecto. Sac Belit. Luego llamé a mis padres y quedé para comer al día siguiente, sábado. Después me fui a la ducha. Entrar allí y recordar nuestra última sesión de CAM fue todo uno. Desearte y comenzar a llorar,

lo siguiente que ocurrió. Me metí bajo el agua y lloré mucho. Sonó el teléfono, pero no me apetecía responder. Seguí duchándome, ahogando mi pena en el agua caliente, intentando que la misma se llevara tanto las lágrimas como tu recuerdo. El teléfono. Sonó otras tres veces. Al salir, volvió a sonar. Leí en la pantalla. Ángel. No respondí y rechacé la llamada. Volvió a sonar.¿ Qué quieres? Grité más que pregunté. Mi amor,¿

qué voy a querer? Hablar contigo. Te dije que te llamaría, respondió la voz angustiada de Fernando.¿ Está él en casa?¿ Está bien?¿ Ocurre algo? No, Fernando. Ángel no está. Se ha ido con una tal Raquel, que ahora es el amor de su vida. Ocurre que, de un plumazo, toda mi vida se ha ido al garete. Pero no importa, me voy.« He hablado con mi Samsberg y me ha citado para el lunes a las nueve. Pero vamos, que me ha insinuado que el puesto es mío. Espera. Ahora

mismo subo. Estoy aquí, abajo, en el coche. Y colgo». A los quince segundos sonó el portero automático y abrí sin preguntar. Dejé abierta la puerta, así que Fernando entró directamente.« Pero Marta, no te puedes ir». Yo, nosotros, tú, entró diciendo. No, Fernando, le corté. Ahora voy a pensar en mí. Tú sabes que no estoy bien y no quiero seguir aquí.

Speaker 3

Respondí.

Speaker 2

Mal al teléfono porque creí que era él. Me ha llamado antes. Pero no quiero hablar con él. No quiero hablar con nadie. Quiero largarme lejos. Cortar con todo y con todos. Quiero ir a Holanda. Aceptar ese puesto de trabajo y empezar de nuevo.¿ No podemos hablarlo?¿ Qué hay de lo nuestro, Marta? Lo nuestro es muy grande. Cielo. Lo nuestro es lo único. Bueno que me ha pasado este tiempo, pero no puede ser. Sería muy egoísta por mi parte pedirte que te vengas conmigo a Holanda. Pero

yo no puedo seguir aquí. No quiero hacerlo. Igual yo. No, Fernando. Tú tienes tu vida, tu familia, amigos. Tú no tienes una historia rota, como yo. Claro, yo no sufro si yo me quedo y tú. Te vas, gritó Fernando. Yo soy insensible, idiota. Y no tengo sentimientos. Yo no pierdo nada si tú te vas. Porque tengo mi familia, mis amigos y mi trabajo. Y eso no es lo que quiero. Pues me jodo y me aguanto. Porque tú ya has decidido por ti y por mí. ¿Verdad? Se pasó una mano por la cara. Y por el pelo y se

dejó caer en el sofá. Ver. Fe. Tienes que entender que... Que no, coño. Que eres tú la que tiene que entender. Tía, te quiero, Marta, y no pienso renunciar a ti, por mucho que te lo propongas. Sé que me quieres y sé que tu historia se ha roto y es un palo muy grande, pero no voy a permitir que me dejes de lado en tu vida. Quiero vivir contigo y lo voy a. Hacer, sí o sí. Fernando, ya saqué el billete de avión para el domingo por la tarde.

Mañana comeré con mis padres, para despedirme y… El domingo haré el equipaje, respondí mientras regresaban las lágrimas. Ni siquiera habías previsto llamarme en todo esto. Ni una despedida. ¿Marta? Por favor, Shilu. Tienes que entender que… Ya te he entendido bastante en todo este tiempo. Fui muy paciente y quise estar a tu lado. Respeté que no quisieras engañar a Ángel, aún sospechando que él sí lo hacía. Y en Ámsterdam, te demostré que te quiero por encima de todo.

Recuerda que a mí también me ofrecieron trabajo, aunque sería en Rotterdam. Sacaré billete para el domingo. Piénsatelo hasta entonces. Si quieres, pídele que te manden a la oficina de Rotterdam y allí podremos iniciar una vida juntos. Estaré en el aeropuerto el domingo a las 3 y 30 h. Y besándome en la mejilla, un beso lento, doloroso, cargado de mensaje, se marchó. Me metí en la cama y seguí llorando. Un buen rato después caí rendida por el sueño y

el cansancio. Fernando llegó a su apartamento, hizo las llamadas pertinentes y lo preparó todo para el viaje. Tú por tu parte, solucionabas todo con Raquel. Ella creía que era lo mejor para todos. Tú no lo tenías tan claro. Pero no importaba, querías estar con ella. Ya conseguirías hablar conmigo más adelante. Total, solo querías los papeles del divorcio. Por la mañana estuve muy ocupada organizando todo. Pensé mucho en Fer. Le llamé, pero no cogió el teléfono. En

su lugar, envió un WhatsApp. Te sigo queriendo. Más que a mi vida. Por eso me voy contigo a Holanda. Nos vemos mañana en el aeropuerto. Un beso inmenso. Amor. Le envié un icono de un beso. Todo estaba claro entre nosotros. Fui a comer con mis padres y les expliqué todo. Se alegraron por mí, la verdad. Aunque les daba pena que me fuera tan lejos, les convencí de que volvería en Navidad y verano. Ellos también podrían venir

a visitarme. Mamá lloró un poco al enterarse de que lo mío con Ángel había terminado, pero pronto lo dejó estar. Nos despedimos tarde y me fui a casa. Había varias llamadas tuyas, pero no me apetecía responder. Preferí escribirte esta carta y explicártelo todo, desde el día que te fuiste hasta el día en que me voy yo. Solo me quedaba avisarte de que vinieras a por esta carta, pero decidí que eso te lo diría en un WhatsApp antes de embarcar. Esto es todo, Ángel. Aquí termina nuestra historia

y comienza el resto de mi vida. Tú ya no estarás en ella. Te he querido mucho. Adiós, Marta». Marta cerró la carta y la posó sobre la mesa del salón. Luego se acostó. Envió un WhatsApp a Fernando.« Todo listo para mañana. Yo también te quiero, lo sé. Eres toda mi vida, mi Marta». El domingo por la mañana quedó con su jefe. Le había hecho el favor de recibirla

en domingo, pues no le quedaban días. Ya se había reunido con Fernando el día anterior y Marta le había adelantado la información por teléfono, por lo que no eran necesarias demasiadas explicaciones. Le entregó el contrato de la semana anterior, él le dio el finiquito y se abrazaron. Comió pronto y se fue al aeropuerto. Había decidido volver en un par de meses para arreglar la venta del piso y del coche, si todo iba bien en Holanda. Al llegar al aeropuerto, su corazón iba a mil. Entró y se

dirigió a facturar. Allí, al lado del mostrador, estaba Fernando. Se fundieron en un beso. Parecía que estuvieran despidiéndose y eso era lo que pensaba la gente que los miraba. Después de facturar, se dirigieron a la puerta de embarque. Marta le dijo

Speaker 3

Un moment tout, amour».

Speaker 2

Voy a cerrar una puerta. Y entonces escribió. Adiós, Angèle. He sido muy feliz contigo, pero ya todo acabó. En casa te he dejado una carta. Volveré dentro de un par de meses. Y apagó el teléfono. Su maravillosa historia recomenzaba ahora, al cruzar la puerta de embarque. Ambos sonreían y se abrazaban. Ángel recibió el mensaje y llamó. El

teléfono estaba apagado o fuera de cobertura. Estuvo llamando mucho rato hasta que decidió ir su casa, la que compartió con Marta y encontróla.« Qu' est- ce que t'as?» También entendió que su historia había terminado. Y aunque había sido el quien tomó la decisión en primer lugar, lloró amargamente.

Transcript source: Provided by creator in RSS feed: download file
For the best experience, listen in Metacast app for iOS or Android