El fisio - podcast episode cover

El fisio

Nov 08, 202528 min
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Transcript

Speaker 2

El fisio. El fisio 1. Entré agotada en la peluquería y me acerqué a Mila, mi peluquera.¿ Tienes libre para atenderme ahora, Mila? Le preganté. Bueno, si puedes esperar 20 minutos. Te cogemos.¿ Qué te vas a hacer, Elena? Me contesto. Lavar y peinar. Luego me iré a dar un masaje. Estoy toda agarrotada del cuello. Le contesté. Hey,¿ por qué no vas al fisioterapeuta de aquí al lado? Mira a ver si te coge ahora y luego te lavamos y peinamos.¿ Qué haréis?« Sí, lo necesito. Voy a ver si me lo puede dar

ahora mismo». Salí y me dirigí a la consulta del fisio. La habían abierto la semana anterior, de modo que no conocía al dueño. Al entrar, me recibió un bombonazo y supuse que sería el recepcionista.

Speaker 3

Hola, bienvenida».

Speaker 2

Qué querías?» Me preguntó con una sonrisa maravillosa y una voz grave, de las que te hacen olvidarte de a qué narices habías ido.

Speaker 3

Hola».

Speaker 2

Quería ver si me podían dar un masaje ahora mismo. Ya sé que no es lo habitual, que habría que pedir hora, pero pasaba por aquí y pensé que si tuvierais un huequito. Tengo una contractura en el cuello y lo necesito de verdad. Respondí con mi mejor cara de por favor. Por favor, que lo necesito.« Ningún problema. Si pasas por aquí, te puedes ir quitando la ropa. Ahí tienes una bata. Cuando estés lista, toca este timbre y entraré»,

me respondió acompañándome al box.«¿ Así? ¿Ya?¡ Qué bien!¿ Entonces el fisio está libre?¿ Me puede atender?» Pregunté mirando a todos los lados, a ver si veía por fin al fisioterapeuta.« Sí, está libre», me dijo sonriendo de nuevo. Quiero decir que estoy libre. Hoy no hay ninguna cita. E iba a cerrar en unos minutos. Ah, pero entonces,¿ eres tú? Perdón, yo creí que tú. Lo siento. Y, bueno, si ibas a cerrar. Creí que debía callarme de una vez y

dejar de balbucear como una idiota. Sí, soy yo. Encantado, mi nombre es Rubén. Soy el fisioterapeuta, lo dijo entre carcajadas, alargando su mano hacia mí para formalizar la presentación. Acabo de abrir la consulta y todavía no dispongo de recepcionista. No tienes que disculparte por nada y si te voy a atender. Por supuesto, se acercó a la agenda y cogió el bolígrafo.« Por cierto, no me has dicho tu nombre».« Encantada,

soy Elena», le correspondía el saludo. Entré en el box y posé mi abrigo y mi bolso sobre una silla. Rubén salió sonriendo y cerró la puerta. Me desnudé, me

puse la bata y me tumbé en la camilla. A continuación, toqué el timbre para indicarle que ya estaba lista.« Elena, perdón».—¿ Me dijiste que te diera el masaje en el cuello?— preguntó sonriendo de nuevo, con una voz grave y dulce, que te hacía perderte en ella, olvidando que era lo que había dicho.— Tengo el cuello muy agarrotado, aunque toda mi espalda agradecería un buen masaje— le respondí.—¿ Cómo me coloco la bata?— Pregunt.« Mira, si te parece bien, déjatela

desabrochada y yo te la bajaré por la espalda, a medida que vaya trabajando, ¿quieres?», preguntó muy dulcemente.«¡ Ay, Dios mío!». Yo solo había ido con idea de un masaje, pero si seguía siendo tan irresistible, no sabía si podría evitar babear, suspirar y hasta mojarme entera. Empezó lavándose las manos y echándose algún tipo de aceite en ellas. Imaginé que era para calentárselas. Entonces me dijo« Bueno, vamos a empezar. Perdón, te voy a bajar la bata». Y suavemente me bajó

la bata del cuello. Me cogió un brazo y me sacó la manga despacio. Me volvió a colocar el brazo a lo largo de mi torso. Dio la vuelta a la camilla, me sujetó del otro brazo y repitió la operación, quizá más despacio aún.« Madre mía». Si solo por quitarme las mangas de la bata me había puesto así, no quería ni pensar en lo que sería cuando me diera el más a J.E. De modo que suspiré.

Speaker 3

Me erda

Speaker 2

Suspire. Inmediatamente acerqué mis manos a la cara, con el fin de que se abrieran los suelos y me tragaran. Pero él agarró de nuevo mis manos y las volvió a colocar a lo largo de mi cuerpo, estirados los brazos. No te preocupes. Si suspiras, significa que te estás relajando y eso es exactamente lo que pretendo. De modo que, tranquila. Debe ser que, de momento, lo estoy haciendo muy bien.«¿ Quieres que ponga música?». Rubén se reía mientras hablaba, de

nuevo muy despacio y grave. Esa voz era absolutamente cautivadora.« Me encantaría, gracias», contesté muerta de vergüenza. Se acercó al equipo y puso una música muy sensual, que animaba aún más a relajarse. Increíble. Terrible. Trabajo en las oficinas de unos grandes almacenes, donde las cosas siempre tienen que ser para ayer por la tarde, ¿sabes? Así que lo necesitaba de verdad. Llevo en el cuello toda la tensión de

los últimos meses. Y en la espalda, las prisas, los trabajos hechos en cualquier postura, los tacones, las escaleras y mil cosas más, le solté del tirón. Bueno, intentaremos soltar estos nudos y relajar esta preciosa espalda.¿ Te parece? Te aseguro que conseguiré que te sientas mejor. Me susurró al oído, mientras seguía con su masaje. Creí que moriría si no me daba la vuelta y le gritaba. Sí a todo. Pero me aguanté, no me giré, ni dije nada, tan solo volví a suspirar. Pero tan hondo que esta vez

pareció y un gemido. Dios mío, esto iba de mal en peor. Bueno, en realidad iba cada vez mejor, porque yo había empezado a mojarme entera y ya había suspirado y hasta gemido. Rubén terminó con mi cuello y comenzó con mi espalda. De nuevo creí que moriría cuando me preguntó.— Perdona, Elena,¿ te importa si me coloco encima de ti? Por supuesto no fue más que un susurro cerca de mi oído. De nuevo.—¿ En en encima de M.M.M.I.?? Sí, sobre tu precioso culito. Perdón, pero intento llegar a la vez a

tus hombros, desde un punto equidistante. Por supuesto, si no te importa. Prometo no hacerte nada de daño, preguntó de nuevo con su voz grave, sensual. Creí que me desmayaría al instante.¿ Había dicho precioso culito? Y si no me importa. No me importa que me lleves a tu casa. Me daban ganas de contestar.« No, claro. No me importa. Si es para colocarte en un punto equidistante puedes sentarte sobre mí», contesté como una idiota. Se colocó a horcajadas y se

sentó sobre mi culo. Comenzó el masaje por la espalda, con unos movimientos perfectamente simétricos. Pues iba a ser verdad lo del punto equidistante. Al cabo de un ratito, cesó los movimientos y se bajó de mí.« Si te parece bien,¿ voy a seguir con las piernas de acuerdo?» Me preguntó mientras me quitaba la bata totalmente. Menos mal que me había dejado la braguita puesta.« Me parece genial. Gracias». Le respondí. Volvió a añadir algunos aceites a sus manos y se

centró en masajearme una pierna. Primero el muslo, luego bajó hasta la rodilla, después el gemelo y finalmente el pie. Dios. De nuevo creí morir cuando llegó al pie. Pasó a la otra pierna y repitió el proceso. Muslo, rodilla, gemelo y pie. Cuando terminó la segunda pierna, volvió al primer muslo, pero esta vez no bajó. Al contrario, cada vez notaba sus manos más arriba. Pasó al segundo muslo y repitió

la operación. Cuando sus dedos se colaron entre mis muslos, por dos veces, tocó mis bragas, haciendo que mi coño se mojara aún más de lo que estaba. Empecé a temer que notara la humedad, si seguía así. Y por tres o cuatro veces, al subir sus manos por la parte posterior, se adentraron sus dedos por mi braga, masajeando también mis nalgas. Mis suspiros y gemidos habían pasado ya a la categoría de grititos, de modo que ni la

vergüenza ni el pudor podían hacerme permanecer en silencio. De repente, paró. Yo me quejé y él me dijo.¿ Por qué no te das la vuelta, cielo? Apenas un susurro junto a mi oreja.¿ La vuelta? Pues, porque por delante no necesito masaje. Rubén, le contesté también muy bajito. Lo sé. Es evidente que no quiero darte más masajes. ¿Sobéis? Tengo ganas de mirar tu cara, besar tu boca y muero por ver tus

ojos mientras te corres entre mis manos. Luego quiero meter mi polla en ese coñito tan mojado y hacer que nos corramos juntos. Y luego...« Hum, luego si quieres, te invito a cenar», susurró, bajando poco a poco el volumen de su voz, cargándola de deseo. Así que de nuevo me hizo ver que era lo que necesitaba. Me di la vuelta y se acercó a mi boca. No fue un beso, más bien un mordisco, maravilloso mordisco. Primero mordió mis dos labios a la vez, sin apretar mucho. Luego

mordió el inferior. A continuación lamió los dos y finalmente colocó sus labios sobre los míos y metió su lengua en el interior de mi boca. En algún momento entre todo ese ataque a mi boca, bendito ataque, introdujo dos dedos por mis braguitas y los coló hasta el interior de mi vagina. Entraba y salía con gran facilidad, pues estaba totalmente empapada. Cuando su boca se dirigió a mis tetas, introdujo un tercer dedo en mi coño y la fuerza

de sus embestidas creció. Mi boca, al encontrarse libre, decidió volver a los gemidos y a los gritos, esta vez sin ninguna contención. Paró un momento para quitarme la braga y volvió a meter sus dedos a la vez que su boca regresaba a castigar mis pezones. Dulce castigo. Sí.

Speaker 3

Mi coro, Rubén.

Speaker 2

Grité cuando vi que era inminente.« Eso es, linda. Córrete para mí. Córrete contra mi mano esta vez». Me animó él. Y eso hice. Me derramé entera contra su mano, mientras él iba ralentizando sus movimientos, dejándome disfrutar de los últimos momentos del orgasmo. Cuando me hube relajado, se desnudó. Sacó un condón del bolsillo de su pantalón, se lo puso y se colocó sobre mí.« Hola, preciosa».¿ Vamos a corrernos

juntos ahora? Me muero de ganas de estar dentro de ti, y metió su polla en mi coño de un solo empujón. Colocó sus manos alrededor de mi cara y, besándome dulcemente, comenzó un dulce vaivén de entradas y salidas de mi interior. En muy pocos movimientos volví a encontrarme a punto para él. Rubén estaba excitadísimo y me decía frases sensuales y apasionadas, alternándolas con besos y lametadas a mi boca, mi mandíbula, mis orejas y mi cuello.« Um, cielo, qué bien sabes.

Estás muy rica. Te quiero comer toda. Me gustaría hacerte el amor hasta la noche. Qué bien se está dentro de ti. Cuánto me gusta esto». Coloqué mis piernas alrededor de sus caderas y cuando mi orgasmo volvía, le avisé.« Rubén, me corro otra vez. Dios, Rubén, me corro. Espera, cielo. Espérame, solo unos segundos. Espérame». Ya casi estoy, envísteme fuerte, así, así, sí, sí, ahora, y nos corrimos a la vez. Yo siempre había pensado

que eso era una estupidez. Que cada cual se corría cuando le venía y que nadie era capaz de esperar al otro, aunque se lo pidiera o se lo ordenara. Pero estaba equivocada. Él me lo pidió y yo le esperé. Y fue genial. Cuando nos recuperamos, él se levantó, se quitó el preservativo y fue al servicio. Yo me incorporé, me puse la bata y me levanté para vestirme. Rubén salió del baño y vino a mi lado. Me cogió por la cintura con una mano y levantó mi mentón

con la otra.¿ Está bien, Elena? Preguntó preocupado. Oye, cariño, yo no suelo hacer esto. Quiero decir que no me folló a mis clientes, ¿sabes? De hecho, es la primera vez que hago algo así. Y no te he preguntado cómo te estabas sintiendo, aunque me pareció que era lo que querías. De todos modos, sigue en pie nuestra cita, ¿no? Me explicó mirándome a los ojos. Estoy bien, Rubén.¿ Qué cita? Pregunt. Te había invitado a cenar. Dijo él. Ven, pasa al servicio,

si quieres asearte un poco. No tengo ducha, pero hay lavabo y aquí tienes una toalla limpia, añadió. Gracias, dije entrando y cerrando la puerta. Cuando salí, seguí. Mira Rubén, los dos lo hemos pasado genial, pero quiero que quede claro que no me debes nada, no te preocupes. Yo tampoco me voy liando por ahí con cualquiera, pero me he sentido muy bien contigo, me has gustado mucho y por eso lo he hecho. Pero repito que no nos debemos nada, así que ahora si quieres, lo dejamos aquí y ya está.

Speaker 3

No, no, no, no.

Speaker 2

Yo te había invitado a cenar porque me apetece conocerte. Y ahora quiero mucho más, así que la cena sigue en pie, por supuesto. Dime dónde vives y te recojo a las nueve,¿ de acuerdo? A ver, mira, me lo volví a pensar. Si no, podemos quedar a las nueve y treinta en el restaurante. Dime dónde y nos vemos allí mejor,¿ te parece? Le dije, intentando distraer la atención de mi domicilio. Bueno, preferiría recogerte, pero si no hay otro remedio. Mira, quedamos en el restaurante Miramar, cerca de

la playa.¿ Sabes cuál es? Me dijo el con aire preocupado.« Me puedes dar tu teléfono si quieres, por si...»« No te preocupes, no hace falta, lo conozco», insistí en desviar la atención.« Bueno, reservaré una mesa a nombre de Rubén Moira», le dijo un poco enfadado.«¿ Quieres tomar nota de mi número de móvil, por si tuvieras que llamarme, o eso tampoco hace falta?»« Sí, dámelo», le dije para que se serenara.

Tomé nota del número y me dispuse a marcharme. Rubén me sujetó de la cintura.«¿ No te vas a despedir de mí, bonita?» Me susurró junto al oído.« Claro. Yo sabía que ese sería nuestro último beso. Y también que esa era la última vez que nos íbamos a ver». Él no podía entenderlo, pero eran demasiadas complicaciones. Aquel no era el momento de comenzar nada. Terminó nuestro beso y salí de la consulta. Cogí el coche y me fui a casa. Una auténtica pena, pero era lo mejor. El fisio 2.

Peluquería Mila, dígame. Contestó la voz cantarina de mi maravillosa peluquera. Mila, cielo, soy Elena.¿ Podrías cogerme esta tarde sobre las seis? Pregunt Claro, Elena. A esa hora no tengo a nadie.¿ Lavar y peinar? M. Perfecto.« Te apunto», comentó mientras anotaba.« Oye, antes de que se me olvide. Rubén, el fisio, estuvo viniendo toda la semana a preguntar a ver si habías venido. Me dijo que había perdido tu teléfono y que te habías olvidado algo allí. Bueno,¿ te ha llamado o qué?».

Me interrogo. Mila era un amor. Tenía unas manos de oro, pero era un poco cotilla. ¿Eh? No, quiero decir sí. Me llamó porque me había olvidado la pasmina. Luego pasaré a por ella, de hecho. Bueno, pues a las seis bajo, ¿vale? Quiz quarter. O sea que Rubén le había pedido mi teléfono. Pero no me había llamado. Vale, yo tampoco a él y después del plan Tom que le di. Pero decidí que no podía seguir comportándome como una adolescente maleducada, así

que le llamé. Sonó seis veces antes de que contestara, así que ya estaba a punto de colgar.« Hola, Elena».« Dime», respondió muy seco.

Speaker 3

Hola, Rubén».

Speaker 2

Bueno, yo quería pedirte...» Balbuceé a hablar.«¿ Perdón por el plantón?»« Si hubieras tenido una razón para no venir, me habrías llamado. Si no lo has hecho en toda la semana es que no tenías nada que decir, ni querrías verme, así que no sé para qué llamas ahora». Su voz era grave, enfadada, un poquito alta, aunque no me gritaba.« Bueno, yo intenté seguir». Mila te ha dicho que le pedí tu teléfono, ¿verdad? Bueno, pensaba llamarte, pero es evidente que no quieres verme, ni

salir conmigo, ni siquiera hablar. De modo que decidí que lo mejor era no llamarte. Elena, no te preocupes, estate tranquila que no te voy a molestar.¿ Algo más? Me preguntó. De momento me quedé en silencio. No me gustaba todo lo que me estaba diciendo, aunque me lo tenía bien merecido. Yo me había comportado como una boba grosera. Para colmo yo había estado pensando en él todo el tiempo durante esa semana. Pero lo cierto es que él tenía razón

para tratarme así. Así que ya iba a decirle que no, que nada más, que hasta pronto, cuando de repente no supe de dónde me salió la voz. Sí, Rubén, algo más. Varias cosas, en realidad. En PRI mer lugar. No me gusta que me interrumpan cada vez que intento hablar. Te he llamado para disculparme y no me has dado opción. Puede que yo sea una maleducada y que debería haberlo hecho antes, pero quizá tenga una razón para no haberlo hecho. Los ahí eto es que no me has dado la

oportunidad de hablar. Luego tú también eres un maleducado. Paré solo un segundo. Cogí aire y seguí mi disertación. En segundo lugar, sé que debí acudir o llamar por no haberlo hecho, pero tengo una razón para no querer comenzar nada con nadie y en ese momento no me apetecía compartirla. Vale, de acuerdo, lo hice mal. Lo siento,¿ me oyes? Me equivoqué y te pido perdón. No espero que quedemos para hablarlo, ni siquiera que me disculpes, pero necesitaba decirte que sé

que no hice bien. Llevo toda la semana pensando en ti, en lo que ocurrió, en que debí llamarte y en que no es tan malo verte. Bueno, pues eso, ya lo he dicho. Cuando terminé de hablar, fue él quien se quedó en silencio. Así que continué, aunque esta vez bajé el volumen de mi voz. Por lo tanto, te pido disculpas de nuevo. Y no te preocupes, que no te voy a molestar más. Quiero añadir que lo del otro día fue maravilloso, por lo que me llevo un

buen recuerdo de ti. Encantada de haberte conocido. No, espera, no cuelgues. Me respondió muy deprisa. Perdón. He sido un capullo egoísta y lo siento. Tienes razón, debí dejarte hablar, explicarte, pero es que estaba muy mosqueado. Mira, Elena, esto no me había pasado nunca. Abby, dualmente las mujeres no me dicen que no y desde luego nunca me habían dado plantón. Pensé que no fuiste porque no te habría gustado lo que ocurrió en la consulta, aunque esa tarde en todo

momento me había parecido que sí. Por supuesto que me encantó. Le volví a interrumpir. Lo que pasa es que acabo de salir de una relación y no quiero meterme en otra. Elena,¿ crees que por una tarde de sexo y una cena pensaba fijar la fecha de la boda? De acuerdo, el polvo del otro día fue fabuloso. Y creo que por la noche lo habríamos pasado fenomenal. Pero de ahí a empezar una relación.« No, lo cierto es que yo tampoco quiero eso», me contestó, mucho más sereno.« Tienes razón. Esas

chorradas solo se me ocurren a mí. Mira, te propongo algo. Ahora que ambos tenemos claro que lo pasamos genial juntos y que no estamos pensando en nada serio,¿ por qué no quedamos esta noche?». Ahora tienes mi teléfono, así que no me pienso escaquear.¿ Crees que podrías con seguir reserva en el mismo sitio? Sugerí, con ánimo de arreglar las cosas. Bueno, déjame ver. Creo yo que ahora, después de lo que ocurrió, me parece que tengo derecho a pedirte un poco más.

Me dijo con voz juguetona. Vaya. Me pregunto a qué te referirás. Le respondí, siguiendo su juego. Quiero que vengas a mi casa a cenar. Yo cocino. Hago un asado que chuparás hasta el plato. No serás vegetariana, ni nada de eso,

Speaker 3

¿no?

Speaker 2

Y sí, de acuerdo. Iré a tu casa a cenar. Yo llevo el vino.¿ Te gusta el Rivera de Duero? Me gusta. Te encargas del vino. A las nueve en mi casa.¿ Te va bien?« Me va bien. Solo me falta saber dónde vives», respondí riendo.« Joder, claro, perdón. No te lo he dicho. Soy vecino de la consulta.¿ Te acuerdas dónde era? Pues en ese portal, en el primero A, me aclaró».« Claro que me acuerdo, Rubén. De hecho, somos

casi vecinos, pues yo vivo en el portal 5». No te digo más que llevo toda la semana intentando esconderme para que no me encuentres. Confesé. Bueno, yo ya sabía dónde vives. Mila no es precisamente el colmo de la discreción. Venga, nos vemos esta noche. Se despidió. Sí, Rubén. A las nueve. Allí estaré, aseguré. Y estuve. Toqué el timbre nerviosa. En cuatro segundos escasos, la puerta se abrió. Una maravillosa nube de aromas llegó hasta mí e inmediatamente mi boca se

hizo agua. Por un lado, llegaba de la cocina el olor del asado. Inmediatamente Rubén se me acercó, me abrazó y me besó en el cuello, dejándome el suyo expuesto para poder olerlo a gusto. De modo que inspiré y por unos segundos olvidé expirar. decidí que no me importaría morir así, entre sus brazos, por falta de oxígeno. Afortunadamente se retiró despacito y pude recordar que podía y debía

seguir respirando. La cena transcurrió lenta, pero amena. Puso ya si pudimos hablar de nuestros gustos en música, de libros, de cine y hasta de vinos. Él creyó que yo era una experta, pero se equivocó. Para el postre había preparado un tiramisú de sobaos pasiegos, receta típica cántabra, que me dejó totalmente fuera de juego. Y después pasamos al sofá. Ambos sabíamos lo que nos apetecía. No obstante, él quiso aclarar.« Helena, espero que estés tranquila y no intentes buscar nada más

que lo que hay. Sabes que me gustas y que te deseo. No voy a pedirte nada. Pretendo disfrutar de este momento y que tú lo disfrutes también.¿ De acuerdo?»« Sí, Rubén, de acuerdo», y acercándome a su oído le susurré.« Yo también te deseo y quiero pasarlo bien contigo», en tones cambié de tono.« Tampoco te voy a pedir nada y te agradezco que seas directo. Y ahora ven aquí, que quiero saber cuánto me deseas», propuse, juguetona. Comencé a soltarle

el cinturón y los botones del pantalón. Rubén se colocó para darme mejor acceso a su abultado miembro mientras echaba la cabeza hacia atrás, respirando fuerte. En el momento en que cogí su polla entre mis manos, soltó un fuerte gemido que terminó de encender por completo todo mi interior. Acerqué mi boca a su regazo y deposité un húmedo beso. Inmediatamente abrí la boca y la metí dentro. Decidí dejar los dientes retraídos, pues es algo que a los hombres

no les suele gustar. Pensé que, si lo deseaba, me lo pediría. Pero lo único que escuché fue« Sí, así, preciosa. Dios, cómo me gusta».« Joder, Elena».«¿ Tú sabes cómo me estás poniendo?». Gemía sin parar. Enseguida comenzó a moverse dentro y fuera con decisión, aunque con delicadeza. Al cabo de varias embestidas, me retiró suavemente y atacó mi boca con la suya. Sus labios cubrieron por completo los míos y su lengua entraba y salía de mi boca como si quisiera repetir

lo que acababa de hacer con su polla. Me tumbó sobre el sofá y comenzó a desnudarme. Cuando solo me quedaba el sujetador y la braguita, terminó de desnudarse él. Entonces me pidió. Quítatelo tú, pero muy despacio. Y vete tocándote. Mientras lo haces, quiero mirarte. Quiero ver cómo te masturbas. Quiero que te desplacer y recrearme en tu disfrute. Decidí jugar a su juego, que me estaba resultando delicioso. Y me desnudé, despacio, como me había pedido. Y me acarricie,

sujetando mis pezones, pellizcándolos y frotándolos. Dejé escapar varios gemidos y decidí bajar una mano hasta mi coño. Quise introducir un dedo en mi vagina, pero me lo impidió.« No», me dijo.« Eso déjamelo a mí. Sigue tocando tus tetas». Continué haciéndolo y de repente le ofrecí uno. Rubén se lo metió en la boca y mientras chupaba, lamía y absorbía, colocó dos dedos dentro de mí. Sin poder controlar mis jadeos me balanceé buscando el orgasmo que comenzaba a vislumbrarse.

Cuando parecía que estaba a punto, sacó su mano de mi interior y separó su boca de mi pecho. Quise quejarme y hasta llorar, pero entonces me sujetó de las caderas y dándome la vuelta. Me colocó a cuatro patas en la alfombra, apoyándome con cuidado en el sofá.— Así, nena. Ahora quiero que me sientas plenamente en tu interior. Colócate así y prepárate, que te voy a llenar del todo. Cogió un condón, se lo puso y se introdujo en mí de un solo empujón. Grité al sentirlo dentro y

comencé a moverme al ritmo que marcaba él. Me advirtió.— Bueno, cielo. Esta vez no voy a aguantar mucho, ¿eh? Me encantaría que te corrieras conmigo. ¿Quieres? Yo tampoco duraré mucho, Rubén. Y seguro que nos corremos a la vez. Yo te aviso, ¿eh?

Speaker 3

Le respondí.

Speaker 2

Y así ocurrió. Enseguida le avisé de que estaba llegando. Y de nuevo me pidió que le esperara. Y le esperé. Y fue fabuloso. En unos segundos, me desplomé sobre la alfombra. Rubén se salió de mi interior, me cogió y me colocó en el sofá.« Aquí estarás más cómoda, bonita». Se incorporó y fue hasta el baño. Salió en un par de minutos, ya sin el condón y se me acercó.¿ Cómo está mi chica linda? Se sentó a mi lado.¿

Tu chica? Bueno, estoy bien, pero... Comencé a contestar. A ver, Elena, no te hagas pajas mentales.« Era una forma de ser cariñoso, nada más. Yo no sé cómo decirte que no quiero presionarte. No busco nada de ti que no sea pasar un buen rato. Me gustas, me gusta salir contigo, me gusta cenar contigo y me gusta el sexo contigo. Me gustaría que te quedaras a dormir, pero solo por eso, porque me gustaría dormir contigo».«¿ Vali?»« Mia Claro».« Sí, Rubén. Tienes razón».

A mí también me gusta todo eso y me encantará probar a hacer más cosas juntos. No quiero compromisos, pero me apetece disfrutar de ti y que disfrutes de mí. Y sí, me quedo a dormir. Dormimos juntos y fue genial. De hecho, el despertar fue fantástico. A partir de ese día cambió mi punto de vista sobre el sexo matutino. Y desde entonces salimos muchas veces más. Fuimos a conciertos, a cenar, a tomar unas copas, al cine y de viaje. Y poco a poco, nuestra relación sin compromiso se convirtió

en una relación de verdad. La semana pasada decidimos vivir juntos. No sabemos cuánto durará esta historia, pero estamos seguros de que queremos vivir cada día como si fuera el primero, como si fuera el último.

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