Autoestima y Autocuidado: Cuerpos Seteados para No Disfrutar - podcast episode cover

Autoestima y Autocuidado: Cuerpos Seteados para No Disfrutar

Nov 16, 20251 hr 6 minSeason 1Ep. 5
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Episodio 5: Autoestima y Autocuidado: Cuerpos Seteados para No Disfrutar Nuestros cuerpos fueron "seteados" por machismo, trastornos no diagnosticados y mala educación sexual para no disfrutar. Ahora, bailamos, nos miramos al espejo y gozamos sin metro la panza. Hablamos de autoestima, autocuidado y soltar juicios internos. Invitada: Coach de positividad corporal. Reflexión: Identifica y libera "heridas" que bloquean tu placer. AUTOESTIMA Y AUTOCUIDADO: CUERPOS SETEADOS PARA NO DISFRUTAR

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Transcript

Speaker 2

Un libro para desestandarizar el placer.¿ Por qué nadie nos explicaba que la mayor parte de nosotres no orgasmea con penetración?¿ Por qué no había palabras para describir nuestros actos sexuales?¿ Por qué nunca veían el porno a nadie orgasmeando como orgasmeo yo, o masturbándose de maneras similares a las mías?¿ Por qué la sexualidad de las personas con vulva estaba llena de mitos?¿ Por qué éramos educades en una especie de agujero negro del placer? Hola, comunidad de Siéntete Plena.

Soy la creadora y anfitriona de este podcast dedicado a empoderar, explorar y celebrar la feminidad, la sexualidad y el bienestar en todas sus formas. Si me sigues desde el principio, sabes que aquí hablamos sin filtros, con honestidad y un toque de humor sobre temas que nos hacen sentir plenas, vivas y libres. Hoy estoy emocionadísimo de presentarles la nueva temporada. Todo sobre la vagina, una exploración profunda, liberada y feminista

de nuestra anatomía, placer y conexiones. Copyright 2025 Stream LA. Siéntete plena. Todos los derechos reservados. Episodio 5. Autoestima y autocuidado, cuerpos seteados para no disfrutar. Nuestros cuerpos fueron seteados por machismo, trastornos no diagnosticados y mala educación sexual para no disfrutar. Ahora, bailamos, nos miramos al espejo y gozamos sin metro la panza. Hablamos de autoestima, autocuidado y soltar juicios internos. Invitada, coach

de positividad corporal. Reflexión, identifica y libera heridas que bloquean tu placer. Autoestima y autocuidado, cuerpos seteados para no disfrutar.¿ Por qué para más de nosotres es tan difícil disfrutar a la hora de relacionarnos sexualmente? En principio, porque el odio que muchas veces nos tenemos o nos tuvimos a nosotres mismos es parte de lo que no nos permite relajarnos para disfrutar.¿ Te acordás de la definición de orgasmo de Rage? La capacidad de rendirse ante la energía sexual

sin ninguna inhibición. Pero,¿ cómo hacemos para rendirnos sin inhibiciones, con la cantidad de cosas negativas que cargamos respecto a nosotres y nuestros cuerpos? Poder entregarnos al momento incluye dejar de pensar en cosas que nos pesen. Ya la vida diaria, el trabajo, el estudio, las relaciones, las emociones son difíciles

de dejar afuera. Cuanto más podamos poner esos pensamientos en remojo, más podremos conectarnos con las sensaciones y los sentimientos, con el gusto, el olor, las texturas, las formas de la sexualidad. Para poder disfrutar de un encuentro sexual, necesitamos relajarnos y sacarnos un ratito al menos la mochila de las responsabilidades, los miedos, los mandatos y las inseguridades. Esta es la parte en la que las personas socializadas como mujeres somos

bien distintas a las socializadas como varones. Si naces con pene, se te lee como varón heterosexual y se te enseña que todo en tu vida es ponerla, que cuanto más cojas mejor sos, que las ITC no son un problema tuyo y que la posibilidad de embarazo es algo de lo que se ocupa la mujer. Se te permite masturbarte generalmente y tocarte los genitales, a tás les parece natural

y divertido que lo hagas. Tenés permitido, y exigido, vivir medio caliente, te muestran que vos tenés que saber, se te tiene que parar rápido y tiene que durar en ese estado todo el encuentro sexual. El mundo entero es un estímulo para tu sexualidad, desde los programas de tele, las publicidades, las personas en la calle. Se te incentiva a expresar tu deseo sexual, tu libido y tus ganas. Y te muestran que el placer está en coger duro,

rápido y fuerte. Se te explica cómo son tus genitales, tu eyaculación, tu orgasmo y tu erección en el colegio yo en casa. Y se te incentiva a debutar sexualmente

y amar a tu pija. No digo que las personas socializadas como varones no tengan mambos sexuales, tals llevamos una mochila que tenemos que sacarnos a la hora de relacionarnos sexualmente y las personas socializadas como varones tienen varios mandatos metidos en ella, pero no podemos comparar con los que nos vienen a las mujeres por añadidura solo por ser

socializadas como tales. Si naces con vulva, no solo no se habla de tu masturbación, eyaculación, orgasmos y erección, sino que se te incentiva a no coger, se te dice que si coges mucho sos una puta, se te niega información y formas correctas de llamar a tu genitalidad. Se asume que te gustan los varones, se te enseña a complacerlos, a ser un estímulo para ellos, a mantener prendido el fuego, se te enseña a tener asco de tus genitales y

que el placer está en la penetración vaginal. Se asume que vas a querer maternar, se te presiona que lo hagas y, cuando lo haces, guarda con perder de vista la sexualidad de tu pareja. Y entre todos esos pesos, culpas y responsabilidades, existen tres cuestiones muy pesadas para la

autoestima y la sexualidad. Los estándares de belleza. En la sociedad en la que vivimos, solo sos deseable si sos lo más parecido posible a un prototipo de mujer que el capitalismo inventó, un estándar imposible de alcanzar donde, en el intento de llegar ahí, se te incentiva a dejar un montón de tiempo, dinero y placer en el camino.

Es muy difícil conectar con la sexualidad, el placer y el goce cuando estamos pendientes de la forma, la prolijidad o lo que se ve en nuestro cuerpo mientras cogemos. Para pasarla bien, para disfrutar, suele ser necesario desconectar de estas cosas. La sexualidad como un espacio no seguro. Claramente, si pasamos por situaciones de acoso, abuso o violación se

puede complicar mucho la conexión con el placer. Las situaciones de violencia generan miedo de lo que pueda hacerle otro, miedo a perder el control, miedo a entregarse, miedo a que se repitan las situaciones vividas, miedo a la vulnerabilidad y el miedo generalmente no es compatible con el placer.

Prácticamente todas las personas con vulva hemos pasado por alguna situación de acoso callejero, o estuvimos con alguien que se sacó el preservativo mientras cogía sin avisar es una forma de violación o violentaron física o verbalmente nuestra identidad sexual, o nos violaron o abusaron de nosotres, o nos tocaron el culo cuando no queríamos, o estuvimos en vínculos violentos, o nuestra familia o la sociedad nos hizo sentir mal con nuestra orientación sexoafectiva y o expresión de género, etc.,

Y aunque no hayamos vivido ninguna de estas situaciones, de igual forma, prender la televisión y ver que todos los días muere una mujer en manos de un varón por ser mujer, también hace que sea bastante difícil relajarnos. No es necesario haber vivido esas violencias para temer por ellas. Estas situaciones incluyen los abusos y violaciones dentro del marco de la pareja. Hace un tiempo en Instagram pregunté si alguna vez habían sentido que tenían que coger, porque si

no habría consecuencias. Fue muy abrumadora la cantidad de respuestas, y como muchísimes no lograban identificar eso como una violación o violencia. Nos educamos dentro de un mandato muy pesado, somos las que tienen que calentar y gustar, pero al mismo tiempo nos indican que quienes saben de nuestro placer

son los varones. Acceder a coger por miedo a decir que no, coger por no aguantar las consecuencias, coger porque si no tienes que soportar a alguien peleándote toda la noche, coger porque sabes que así mañana te trata mejor o trata mejor a tus hijes, no es coger. Si pensamos la sexualidad desde el placer, entonces ninguno de estos escenarios representa un acto sexual, porque no hay placer. Hay miedo y poder ejercido sobre nuestros cuerpos y voluntades. Eso es

violencia sexual. La enseñanza de que nuestra función sexual es la de calentar al varón siempre, en todo momento y que calentarlo es estar siempre diosabomba sexy. Esto también es un mandato que pesa muy fuerte. En todos los acompañamientos heterosexuales que hice, siempre pasa lo mismo, cae el deseo sexual en el vínculo. y quien sale a buscar la solución y busca nuevas formas de erotismo, disfraces, lencería, arneses, ropa, juegos,

nuevas prácticas y modos sexuales es la mujer. Siempre cargamos con el peso y la culpa, como si fuésemos las únicas responsables de subir la calentura en la pareja. Es muy habitual también echarle la culpa a nuestro cuerpo cuando cambia,

cuando muta, cuando no lo sentimos lo suficientemente erótico. Quienes somos socializades como mujeres, nos educamos dentro de un mandato muy pesado, por un lado somos las dadoras de placer, las que tienen que calentar y gustar, pero al mismo tiempo nos indican que quienes saben de nuestro placer son los varones, ya va a llegar la persona que sepa, el indicado. Todo esto pesa en nuestra mochila y, por supuesto, dinamita nuestra autoestima.¿ De dónde vienen los mandatos que minan

nuestra autoestima? En el mito de la belleza, Naomi Wolf cuenta como el ideal de belleza se nos impone como un tercer trabajo, como un espacio más al que tenemos que dedicarnos, para gustar, para atraer al eotre. Este trabajo consume nuestro dinero, nuestro placer y nuestro tiempo bajo la promesa de que cumplirlo resultará en ser más amades y felices.

Según Wolf, el mito de la belleza actual es una virulenta respuesta al feminismo de los años 70 y la emancipación de la mujer, que se fue gestando en las décadas previas. A medida que la mujer se fue liberando del lugar que se le había asignado como madre, ama de casa y principal consumidora, el patriarcado necesitó inventar nuevas herramientas de

sometimiento y de consumo. Entre la Segunda Guerra Mundial, que dejó algunos puestos de trabajo ocupados por mujeres, y la invención de la píldora anticonceptiva, que le dio a la mujer la posibilidad de controlar su natalidad, el sistema fue perdiendo parte del control que tenía sobre los cuerpos feminizados En la medida en que lo fue perdiendo, empezó a tomar control sobre otras áreas. La belleza es una de ellas.

Y ahora esa es una de las herramientas de dominación más férreas, una apariencia a la que debemos aspirar y sobre todo una conducta que debemos adoptar frente a este estándar. Ser flaques pero no demasiado, tener cierta piel, ciertos rasgos, tener tetas pero no demasiado, culo pero no demasiado, maquillarnos tal igual pero no pasarnos de rosca, vestirnos de manera

sexy pero tampoco tanto. Además, debemos demostrar preocupación por nuestro cuerpo de otra manera, somos un esdejaes, debemos quejarnos de nosotres, competir con les demás, estar constantemente en la búsqueda de nuevas formas de mejorar nuestra estética y, claro está, no envejecer nunca. Un trabajo inagotable, aunque efímero, alrededor de la belleza reemplazó el también inagotable y efímero trabajo doméstico, escribe Wolf.

Y sigue, las neurosis actuales de la vida en relación con el cuerpo femenino se han propagado de una mujer a otra en proporciones epidémicas. Hoy las presiones de la belleza llegan hasta nuestra vulva, como vimos en el capítulo sobre anatomía, las cirugías estéticas en nuestros genitales son cada día más solicitadas, incluso por niñas y adolescentes. Los desórdenes alimenticios crecen cada día más, así como las demás operaciones

estéticas y los tratamientos no invasivos. Mientras tanto, nuestro deseo sexual es medido, aplastado y digitado por la industria médica. La tecnología avanza para someternos cada día un poquito más.

Nunca a nuestro favor. Por eso, trabajar en nuestra autoestima y autocuidado es un acto político y un acto de libertad, de emancipación, porque va en contra de las industrias más manipuladoras y más ricas, claro, las de las dietas, la estética, cirugías, tratamientos, depilación, complementos, cosmética, indumentaria y del porno. Estas industrias viven de que luchemos contra lo que realmente somos y se retroalimentan entre sí.

Hace un tiempo, cuando pregunté a mis seguidores de Instagram qué cosas les habían dicho sobre su cuerpo mientras crecían, recibí una catarata de mensajes. Las peores frases siempre venían de sus madres o parejas. En el caso de la familia, esto tiene una razón precisa de ser, la generación que nos educó fue a la que se le implantó el ideal de belleza como lo conocemos. Modelos raquíticas, rubias, de rasgos muy puntuales comenzaron a invadir los medios de comunicación

de masas. Fueron épocas en las que las revistas y la televisión le decían descaradamente a la mujer como tenía que ser lo siguen haciendo, pero cada vez las escuchamos menos, por suerte. Por darte un pequeño ejemplo, puedes googlear cómo era la Barbie Slumber Party de 1965, Venía con una balanza fija en 50 kilos, un manual que decía cómo perder peso, en la tapa y del lado de atrás, no comas. Recorrer anuncios publicitarios de esa época puede ayudarnos a entender

a quienes nos criaron. Nadie nace sabiendo cómo relacionarse, yo cómo coger, nadie nos explica.¿ Y dónde buscamos respuestas?¿ En la tele?¿ En los medios?¿ En alguien que nos diga

cómo hacer las cosas que no sabemos cómo se hacen? Hoy, en YouTube y en las redes sociales, pobladas de consejos, tips, de qué hacer, de cómo ser, de cómo no ser, de cómo coger, de cómo no coger, de cuánto coger y de cuánto hacerte la paja, de cómo quererte, empoderarte, sanarte, desde lugares tan banales como sintéticos, algo que no se distingue mucho de las ficciones del pasado. Solo son, quizás,

un poco más sutiles. Hoy no nos ponen la publicidad directa, sino que el trabajo es más fino, las inseguridades vienen más micro, pero en mayor cantidad. Los mandatos de la sexualidad y la estética, pulsionados por las redes sociales, los filtros, la publicidad y la industria de la estética dinamitan nuestra autoestima. Pieles sin texturas, caras angulosas, labios carnosos, pestañas imposibles, mejillas rosadas, narices puntiagudas, ojos enormes, cada día nos parecemos más a

un dibujito animado. Y nos ponemos esos filtros, pero de golpe está el espejo y te encontrás con los granos, la papada, las ojeras, los ojos chiquitos, los labios más finos, los dientes menos blancos. Y el miedo, el miedo a cómo te verá leotre, que solo te vio con filtros.¿ Qué va a pasar cuando te vea las canas? El rollo que recortaste en la foto. Los granos, los poros. Cada une tiene su lugar, zona o parte que le genere inseguridad, en mayor o menor medida. No debería pasarle nada,

porque le gustas vos. Esa persona que coge con vos, coge porque quiere coger con vos y le gustas. No le debes, no le debemos belleza a nadie, pero el miedo a veces nos gana. Algunas inseguridades se cuelan, la vergüenza y el miedo y la culpa nos paralizan muchas veces, nos prohíben risas, formas, modos, poses, niveles de entrega, de cuidado, de autocuidado y de autopreservación. Nos olvidamos de que le

gustamos a la otra persona y nos desconectamos. A veces hasta nos dificulta o directamente nos imposibilita decir que no a algo que no estamos queriendo que pase. Ese aluvión de imágenes de cuán perfecto es el resto del mundo y cuánto más lindes o si tu piel es lisa entre otras cosas va intercalado con publicidades de productos para hacer como los filtros te muestran, cirugías estéticas, maquillajes, todo

tipo de tratamientos. y hacemos lo mejor que podemos. Hay muchas personas que se sienten exentas de estos mandatos, y eso me parece genial. Pero también somos un montón a les que aún nos cuesta. Les que nos miramos al espejo y aún vemos a veces algo de lo que deberíamos ser pero no somos genuinamente, como si estuviéramos fallades así sea por mandato estético, sexual o de género. Cada une hace lo que puede con las presiones que su

entorno y cultura le inculcaron. Y es mucho mejor plan empezar a bancarnos el aprendizaje entre nosotres que estar mirándonos las credenciales de la deconstrucción. La autoestima tiene que ver con montones de áreas de nuestras vidas, con cómo nos

relacionamos laboral, grupal, afectiva y, claro, sexualmente. Si el sistema, los medios y tu exnovia te socavaron la autoestima, si las revistas y tu familia te quemaron la cabeza diciéndote que estabas demasiado gorde y que así nadie te iba a querer, y si puede ser más difícil relacionarse sexo afectivamente,

puede llegar a volverse un alto desafío. Si a quienes fuimos socializades como mujeres se nos indica que no hay nada más importante que ser atractive para leotre, que eso es lo que más valor nos da, si cuanto más lindes, mayor éxito sexual, es súper lógico que una parte de la relajación que necesitamos para placerearse nos vaya pensando en cosas que nos enseñaron que están mal de nosotres. Correrse

lo más posible de ahí es importante. Poder identificar de dónde vienen esas voces quienes te fueron mostrando cómo, cuándo y dónde tenías que ser y por qué lo escuchamos tanto. Madre, padre, abueles, tíes, amigues, novies, esnovies, parejas sexuales, influencers, medios, instagramers, tiktokers, tendencias, revistas, personas, industrias. Ese es el pensamiento que hay que intentar apagar, tocar

ese interruptor. Reducir, cortar o frenar o dejarles llegar hasta cierto punto esos lazorres el tiempo que sea necesario y refugiarse en nuevos vínculos y espacios que nos permitan ser quienes somos. En resumidas cuentas, buscar gente que nos haga sentir bien. A veces casi siempre este proceso es doloroso e incómodo, pero, en realidad, estamos haciendo más esfuerzo tratando de mantenernos en ese lugar. No somos personas moldeadas para el placer, estamos hechas para el sacrificio y la entrega,

entrenadas en los placeres ajenos, no en los propios. El placer es la sensación que nos enseñan a dar, no a recibir, por eso tenemos que trabajar para hacer lo propio. No sea cosa que demasiado placer nos haga mal, nos envicie, nos quite tiempo de productividad. Aunque conectar con él y dejar ir el miedo a la entrega es súper productivo,

para nosotres. El placer de comer sin culpa, de caminar sin miedo, el placer de hacer lo que queremos dentro de lo que podemos, de vernos libres e independientes, el placer de mirarnos y gustarnos, de vernos en el espejo, sensuales y sexuales a nuestro modo, de moverte como te quieres mover, de buscar lo que te dé satisfacción sole o junto a otros, de adoptar las poses que te hagan sentir sensaciones placenteras y no las que hacen que no se te vea lo que no te gusta de

vos o lo que te haga sentir de un género. Que no estás habitando o que estás transicionado para dejar de habitar, de mirar al otro y sentirte capaz de calentarle, sin miedo, siendo como sos. El deseo sexual por nosotres mismos es parte de lo que nos da la libertad de ser quienes queremos ser en la cama. Poder sentirnos bien con nuestro cuerpo y ser amorosos con él, ese ideal también tiene que ver con la liberación del género.

Con dejar de pensar que prácticas o poses o modos sexuales no son válidos para un género o para el otro.¿ Qué hay detrás de los tratamientos estéticos? No creo que modificar nuestro cuerpo esté mal, solo creo que, si es por cuestiones estéticas, es importante saber de dónde viene el mensaje de que así como sos estás mal. Una vez que lo sabemos, si decidimos modificarlo, es importante poder evaluar

las consecuencias. Si te vas a someter a algún tipo de tratamiento, desde una cirugía estética o una cirugía de modificación genital, hasta un tratamiento hormonal incluyendo los anticonceptivos hormonales, es importante que preguntes a los profesionales de la salud por tu sexualidad, tu libido y tus sensaciones sexuales, y tener eso en cuenta. porque las probabilidades de perder el

placer o modificar el placer existen. Queda en vos evaluar qué preferís, quizás lo elegís, preferís ese cambio a tu placer, porque no te aporta tanto el placer sexual a tu vida, ese cambio puede darte placer en otras áreas que quizás son más importantes para vos. Pero quizás no, por eso, evalualo, pregúntalo y pregúntate.¿ Qué cuerpo estamos intentando imitar sin celulitis, estrías, marcas, manchas,

labios internos, pelos?¿ Qué rasgos y por qué? Si nos damos cuenta de que solo estamos imitando los rasgos de los cuerpos reproductivos fértiles bordeando lo infantil quizás se nos aclaran un poco las cosas. Cualquier signo de que nos acerquemos a la adultez, una arruga o una marca, nos

hace incogibles. Parecería que nuestros procesos de envejecimiento deberían frenarse a la edad en la que se supone que estamos en la cresta de la ola, casualmente el momento en el que más fértiles somos.¿ Quién dice eso?¿ Por qué esa edad debería ser mejor que otra?¿ Por qué imitamos el cuerpo joven?¿ Por qué es lo valorado? Lo que nos hará más deseables, el cuerpo que le enseñaron al varón cis hetero que debe buscar, penetrar y embarazar. Salirse

de ese molde como de cualquiera tiene sus consecuencias. La gente te va a hacer sentir sistemáticamente mal y es muy difícil evitarlo. Pero sí podemos tratar de que nos resbale un poco su opinión. Quienes trabajamos con estos temas siempre decimos que es importante ser un poco más compasive

con un emisme. Pero qué difícil, ¿no? Match somos capaces de sentir compasión y empatía por les demás, pero sentirlas por nosotres mismas no es tan fácil a veces.¿ Por qué no estamos tan dispuestos a acompañarnos a nosotres en un proceso doloroso y tratar de aliviarnos o reducir ese dolor?¿ Por qué nos enseñaron que no valemos nada, porque estamos construidas para otras personas desde que nacemos, creemos que todo

lo que tenemos para hacer es dar? Todos los dispositivos de adoctrinamiento, desde el modelo de un solo sexo, que vimos en el capítulo de historia, hasta acá, dejaron a las personas socializadas como mujeres con la enseñanza de que son seres incompletos, seres hechos para otros, para dar, para cuidar y no para sí mismas, con la culpa como

la madre de todos los sentimientos. Si te corres de la norma, si coges por placer, si coges con gente de tu mismo género, si comes con ganas, si te dejas las canas, si no te depilas, si sos vieje, gorde, mostras un cuerpo no hegemónico, sos constantemente bombardeada para que no te escuches, ni te valores. Los comentarios de tu entorno por muchos o por pocos están ahí para orientarte

siempre que quieras correrte el camino indicado. Correrse es difícil, pero recordá que vos estás haciendo lo que puedes con lo que tenés. Acompáñate como puedas en los procesos, permítite escuchar tu cuerpo, tus ganas, tu libido, tus penas, tus necesidades en vez de las de les demás. Y si no las sentís, no pasa nada. Es lógico pasar por periodos de baja libido sexual. A veces la libido solo la tenemos puesta en sobrevivir o procesar traumas y momentos.

Y eso está bien. Tampoco quiere decir que no vaya a volver nunca esa libido, ni que la energía sexual sea mejor que cualquier otra energía. A veces nos enseñan que hay una vitalidad casi inmediata en la sexualidad, pero cualquier otra cosa en donde pongamos la libido puede estimularnos y darnos energía. No nos presionemos por tener siempre ganas de coger y hacernos la paja y tener la autoestima súper trabajada. A veces se puede, a veces no. Que

no sea un nuevo mandato esto tampoco. No siempre la sexualidad es el contacto genital, y no siempre es físico, a veces es virtual, a veces es intelectual. Y con la autoestima pasa lo mismo. A veces sube y nos queremos coger el mundo y a nosotres mismas. A veces baja. Cuando cae, es buen momento para recordarnos por qué cae y quiénes quieren que caiga.¿ A quién le es productiva tu autoestima de caída? Solo saberlo, tenerlo presente, no la regla,

pero sí nos devuelve algo de placer. El erotismo y el autoerotismo son parte de ese placer robado y eso es una parte inmensa de nuestra autoestima. Yo sé que es difícil que gustes de vos, la vara tan baja para les demás, tan alta para nosotres mismos. salir del canon de belleza y amigarse con el propio cuerpo. Los cánones de belleza actuales, la concha hegemónica del porno, sus prácticas, sus tetas, el cuerpo que imitan, imitan más o menos el cuerpo de la mujer centroeuropea fértil, en edad o

contexto reproductivo. De todas las demás etapas, embarazo, posparto, menopausia, nos enseñan que no son sexualizeables y sexualizantes, cuando en realidad son etapas en las que no dejamos de ser seres sexuales, aunque puede pasar o no que el foco se corra a otros modos de relacionarnos sexualmente. Pero como esto no lo vemos representado en ningún lado, todo lo que nos corre de las etapas fértiles nos quita el

lugar de persona sexuada. Se nos enseña que la vejez o los periodos de embarazo y puerperio son momentos desconectados de la sexualidad, cuando en realidad pueden ser etapas supersexuales o etapas en las que necesitamos otros tipos de sexualidad y contacto. Cuando más nos acercamos a dejar de menstruar, más miedo, nos enseñan que perder la capacidad reproductiva es un momento espantoso, un destino fatal al que tats quienes tenemos útero vamos a llegar. y ahí perdemos valor, como

si nuestro único valor fuese la capacidad reproductiva. Cualquier rasgo de vejez es entendido como falta de cuidado y de amor propio. Nos mostraron que el sexo es de la gente rubia, joven, cis, flaca, alta, con tetas redondas y parejas, y piernas largas. Pero el sexo es nuestro también, de quienes no encajamos en los estándares. Todos los cuerpos son sujetos de deseo, todos los cuerpos son deseables y deseantes si lo desean. Entonces, mírate en el espejo, mira tu cuerpo,

tus manos, tus hombros, tus curvas, tus rectas. Ese es el cuerpo que vas a habitar el resto de tu vida, y tenés dos opciones, o te la pasas en lucha constante contra él, no dejándolo ser y no disfrutándolo, intentando constantemente que entre dentro de una norma totalmente falsa, ideal y elitista, o tratas de llevarlo adelante como es, y si tenés ganas de trabajar en modificar algo, lo vas

haciendo tranquile. Sin apuros, con respeto por tu cuerpo, escuchándolo, que es el que te da el placer, el que te lleva y te trae, el que te acompaña a todas partes y te da señales de lo que está bien o mal. Esta segunda opción es un laburazo, sí. Pero la primera también es un laburazo, no es nada fácil vivir peleándole al propio cuerpo. Es mucho más difícil y doloroso, pero es un dolor al que estamos tan acostumbrades, que lo tenemos casi adormecido. Cuando lo despertamos, empieza la

revolución interna. Tratar de llevar nuestro cuerpo adelante como es, como podemos, modificándolo conscientemente es una opción un poco más genuina y sincera. Cuesta, pero a la larga y a la corta nos hace la vida y la sexualidad un poco más divertidas. Ojos de amigue.¿ Qué pasa cuando te miras al espejo?¿ Qué es lo primero, primerísimo que ves? Por supuesto, hay excepciones, pero siempre que pregunto esto a personas con vulva en mis talleres, la respuesta es casi

siempre la misma, los defectos. Es lo que el mercado quiere que miremos, rasgos, formas, patrones, texturas, colores a corregir por una suma de dinero. Si esto no te pasa hoy, es probable que te haya pasado en algún otro momento de la vida y si no te pasó jamás, sentite

muy privilegiade. Como ya señalé, en lo más profundo de nuestro inconsciente, o quizá no tanto, está instalada la idea de que nos debemos belleza, al eotre, a nosotres mismes, al mundo, que nuestro cuerpo tiene fallas y que siempre existe una forma de cambiarlo. Nuestro cuerpo aparece como un espacio fallado y como nuestro peor enemigo, como algo ajeno a nosotres que tenemos que luchar para modificar sea como sea,

a costa de todo, incluso de nuestro propio placer. En mi pubertad adolescencia fui una persona con algo de sobrepeso. Estaba en esa zona gris y confusa de, no sos gorda, sos gordita, rellenita. Recuerdo sentir profundo miedo a la palabra gorda. Nadie se animaba a decírmelo bien, como un rasgo habitual que uno escucha. Es una pena, sos tan linda, si

solo fueses más flaquita. Escuché a los varones en la escuela decírmelo cada vez que les molestaba algo de mí, escuché a varones decírmelo por la calle, escuché a toda mi familia decirme decirse que ser gorda era algo malo. La sociedad entera me indicaba que era casi la peor desgracia que podía tocarle a un ser humano. Y después llegó la tele y la hora de encontrar mi identidad, mi atuendo, mi personalidad. Y eso fue imposible. Las marcas

de chicas no tenían talles para mí. Entraba a todos los negocios y pedía el talle más grande de todos eso. Si tenía la suerte de pasar por el juicio de la vendedora, moría de angustia en el probador, metiendo panza, llorando, mirándome en el espejo y odiándome como jamás odié a nadie en esta vida, queriendo romper todo. y me iba con la cabeza baja y la angustia en el pecho

a los locales de ropa de señora mayor. Cerca de mis 21, mi familia me dio un pase a una clínica de un famoso médico, que me dejó flaquísima y con mucho miedo a comer más que la mitad de lo indicado. Y ahí el mundo cambió. El gorda, afloja a los postres, cambió por miradas de aprobación y coqueteos, era bienvenida en todas partes, me dejaban subir a los colectivos primero, me trataban amablemente. podía chapar coger con quien yo quería y no con el que me daba bola. Yo estaba bien,

finalmente era correcta. Todo el proceso de la pérdida de peso fue el adoctrinamiento más grande de mi vida. Ahora estás bien, antes estabas mal. De todas maneras, como siempre sucede, incluso en los cuerpos más hegemónicos y perfectos, estar bien no es nunca estar tan bien. Ahora tenía que encargarme de celulitis, estrías, blandezas de mi cuerpo. No comí con placer por muchos años después de eso. Comí con culpa, cada una de las comidas de mi vida de ahí

en adelante, todos los días de mi vida. No había un día en que no pensara en no aumentar un gramo más, un día que no sintiera el terror de volver a ser la gorda que era antes. Eventualmente volví a serlo. Adelgacé y engordé tantas veces y mi cuerpo pasó por tantos procesos, que lo confuso dejó de ser confuso. Era claro, la gente me quería más cuando adelgazaba, me decía todo el tiempo lo linda que era, me buscaba,

me llamaba, me trataba bien. Cuando estaba más gorda, los halagos frenaban abruptamente y las posibilidades de vincularme sexoafectivamente solían reducirse o cambiar. Flacura era igual a amor y, obviamente, como mujer no había nada más importante que el amor. Pasé gran parte de mi vida sintiendo vergüenza de mí misma, escondiéndome en ropas largas, abrigada en verano aun cuando estaba flaca y muerta de calor. No metiéndome en piletas, pensando que pobre, mi novio tenía que llevar una novia tan

fea a los asados. Y por sobre todas las cosas, queriendo cambiar, todos los días me miraba al espejo y quería cambiar pedazos de mí, me convencía de que así sería más feliz. Comía y me sentía mal automáticamente, si no comía me sentía bien, si me enfermaba y adelgazaba sentía alivio. Hice dietas que me dejaron flaquísima por un tiempo, se me caía el pelo de amechones, pero eso no importaba, era linda, era deseable, era caebel. Y tenía que trabajar

duro para mantenerme así. Porque la disconformidad con nosotres mismos implica que cuanto más disconformes, más consumimos, y cuanto más consumimos, más manipulables somos y más seguimos consumiendo. Obviamente, vivimos inmersos en esta sociedad, al menos yo personalmente, encuentro imposible escaparle por completo. Pero hoy trato de que los mandatos se cuelen en la menor cantidad de espacios posible para así

ir rearmando la autoestima que no pude tener jamás. Como dice la socióloga estadounidense Gal Dines, si mañana las mujeres se despertasen y decidieran realmente gustar de sus propios cuerpos, piensa en la cantidad de industrias que saldrían del mercado. La autoaceptación no es algo mágico, que va a suceder de un día para el otro, es un camino que termine quizás el último día de nuestros días. Algo que puede ayudarnos es pensar por qué no podemos mirarnos a

nosotres mismos como vemos a nuestros amigos. A ese amigue, amiga, amigo que adoras, estoy segura de que le ves hermose, perfecte, bellissime, de vain.¿ Por qué? Porque no pretendemos cambios, porque no esperamos que nada sea distinto en elles, porque les amamos así como son. El camino podría ser tratar día a día, de a poquito, de mirarnos con esos mismos ojos con que vemos a nuestros amigues, con esos ojos que no

pretenden cambios. Por otro lado, hoy, también, quererse a uno mismo es una imposición, un nuevo mandato en un mundo que nos bombardea con imágenes inalcanzables. Y si no te aceptas, si no te empoderaste, fracasaste como mujer, como feminista. El plan sería tratar de balancear la ecuación lo más posible, empezar de a poquito a mirarnos con ojos amigues, dejar de ser nuestro propio primer bully, porque hablamos mucho del bullying, pero, a veces,¿ quién nos dice las cosas más horrendas? Muchas

veces somos nosotres mismas. Pero entender que esto es un camino, un recorrido, y que las olas van a ir y venir varias veces.¿ Por dónde se empieza? Este recorrido es único y particular para cada persona. Para mí, empezó prestando atención a mi entorno. El primer paso, quizás, sea no sentir que es tu responsabilidad quererte. Cuando nos venden ese speech, nos hacen sentir responsables a nosotres mismos de batallar contra las imposiciones de la cultura, y eso no siempre es posible.

No tenés la autoestima destruida porque sí, porque vos no sabes quererte lo suficiente, porque sos débil, porque no sos una buena feminista, tenés la autoestima por el piso porque vivís en un sistema que te violenta, disminuye y quita conocimiento constantemente. No sos vos que no puedes, es el mundo en el que vivís que no quiere que puedas. Como hermosamente lo explica la filósofa Esther Díaz en La sexualidad y el poder, el deseo en sí mismo no

tiene objeto, simplemente desea. Pero cuando se quiere ejercer dominio sobre los cuerpos o la vida de las poblaciones, se codifica el deseo, se le da una representación, se construyen objetos de deseo. Luego se establece lo que es normal en la búsqueda de satisfacción y se sanciona quien no se atiene en esa pretendida normalidad. La sexualidad es una

codificación del deseo, no es deseo en estado puro. Para trabajar el amor propio, Es necesario cuestionarnos todo en la medida en que vayamos pudiendo hacerlo, nuestros consumos, nuestros vínculos y relaciones, nuestras necesidades, las palabras que usamos, dejar de seguir en Instagram a esa cuenta que irrumpe para decirte que así estás mal, que no llegas al verano, que

necesitas un tratamiento o un producto. El siguiente paso sería empezar a vincularte con aquello que te haga bien, cuentas, textos, medios sobre imagen corporal positiva no abundan, lo sé, pero existen y cada vez serán más, que retraten cuerpos reales, que cuenten que hay muchas personas más como vos, hacer talleres, leer, buscar información al respecto. Revisa y cuestionate todo, tus películas favoritas, las revistas, libros, series que consumís, lo que ves en

la tele, la gente que te rodea. Quienes nos rodean, muchas veces, incluso sin siquiera darse cuenta, instalan un dolor en nosotres muy difícil de llevar, a veces sin que ni nos demos cuenta del daño que nos hacen. Y alguna vez hay que poner en pausa esas voces. El defecto como herramienta. Con el tiempo, aprendí que no era yo sola la que estaba entrenada para creer que no era merecedora de amor y placer si no cumplía con el canon de belleza del cuerpo hegemónico, sino que los

varones heterosis estaban mucho más entrenados que yo. A mí me enseñaron que mi existencia no era correcta, a ellos les enseñaron que estaba mal gustar de Tati, la gorda. Y muchas veces vi como en realidad había varones que gustaban de mí, pero los mandatos les pegaban tan fuerte que ni siquiera podían expresarlo, e incluso muchas veces se expresaban en forma de odio y violencia sobre todo cuando

los rechazaba. Muchas veces ese miedo se transformaba en buscarme pero arrepentirse al día siguiente, o no querer decírselo a los amigos, o simplemente en una puteada llena de odio. Casualmente esto con mujeres no me pasó nunca, jamás sentí que no le gustara a alguien con quien compartí mi intimidad. Esto lo terminé de entender en la adultez, de adolescente no lograba unir las señales y sufría muchísimo por las

cosas horribles que me pasaban con los varones. Cuando vi eso, aprendí a usarlo a mi favor, entendí que una persona que no podía expresar lo que le gustaba, que no podía conectar con lo que estimulaba su placer, que tenía que esconder lo que le gustaba, o, peor aún, alguien que me hiciera sentir que tenía que cambiar para que me quisiera yo desee, era alguien que yo necesitaba lejos

de mi vida. Hoy, gorda otra vez, comiendo casi sin culpa, y muy desde otro lado, entiendo que este cuerpo, su gordura, sus estrías, su celulitis, sus granos y su piel, es mi aliado, es quien funciona como filtro de imbéciles. Aprendo de a poquito a escucharlo, a entender las señales que me da, a escuchar por donde va la cosa, por donde me voy a sentir como de conmigo misma y como para poder relajarme, quien me hará sentir tan relajada sexual y no sexualmente como para poder compartirme como soy,

con mis miedos y mi vulnerabilidad. entendiendo que a veces también voy a equivocarme en el camino, porque así se aprenden las cosas, prueba y error, y tratando de no castigarme por ello. Entonces, en la medida en que podamos tratar con un poco más de amor a nuestro cuerpo,

vamos a ir encontrando modos y estrategias para cuidarlo. Para algunas personas puede ser lo que los medios nos muestran, ir al gimnasio, depilarlo, untarlo en cremas como si no hubiera un mañana, Pero el autocuidado tiene múltiples abordajes, y

puede ser cualquier otra cosa. Hacer yoga, salir a correr, bailar, quedarte tirad en la cama un día entero mirando películas, dormir mucho, dormir poco y salir a la mañana, sentir el viento en tus tetas, darle un poquitito de sol a tu concha, comer comida super sana, comer comida de porquería que te encante, cocinarte, escuchar música que amas, apagar tu celular un buen rato, ir a terapia, Tener una buena charla con amigues, bailar, cestear, hacerte la paja, leer,

estudiar algo que te guste, etc. El autocuidado tiene muchísimas formas y combinaciones. Únicas y diferentes en cada une, busca las tuyas y activá, date los mismos que puedas y quieras darte. Nunca está mal, nunca no es necesario. El autocuidado muchas veces genera culpa por anteponer nuestros deseos y necesidades a los de nuestros hijos, amigas, vínculos, parejas, trabajos. El autocuidado suele entenderse como tiempo perdido, pero no lo es. Después de darnos un rato lo que deseamos estamos más

predispuestos a hacer mejor lo que sea que tengamos que hacer. Responsabilidades, traumas, dolores, angustias, cargas y miedos se enfrentan desde otro lugar cuando nos dimos algo de espacio a nosotres mismos. También en mi experiencia personal, encontré que es clave reconocer cuando uno tiene un mal día y no pasársela luchando con él. Ser

honesto con uno mismo es muy importante. La tristeza o mal humor son entendidos como sentimientos negativos que hay que tratar de ocultar y meter para adentro, pero es bueno tratar de convivir con ellos, son cosas que pasan y que nos muestran o cuentan un montón sobre nosotres. Serles sinceros a los demás sobre nuestros sentimientos es también una

forma de autocuidado. Permítetelo. Puedes sentirte sexy de cualquier manera vida y por haber, no debería haber una norma o algo preestablecido sobre que es sexy o no. Hay que redefinir todo lo que significa ser sexy. Cuando hablo de estos temas, siempre encuentro una confusión en muchos términos. Sexy es uno de ellos, que es ser sexy. Lo que se entiende comúnmente de este término es de lo más

determinante a la hora de armar nuestra autoestima. Quien es sexy, según los diccionarios, es alguien que ejerce o tiene atractivo físico y sexual. Yo creo que todo el mundo tiene el potencial de ser sexy, atractive, deseable, y que tal

tenemos miradas muy distintas sobre lo que nos atrae. A mí alguien puede parecerme súper sexy su look, sus modos, su manera de moverse, la forma en que me hace sentir, su cerebro, su cuerpo, pero a vos puede parecerte poco o nada atractiva esa persona o al menos no tan sexy como a mí y esa percepción puede ir variando

a lo largo de la vida. Puedes sentirte sexy de cualquier manera vida y por haber, no debería haber una norma o algo preestablecido sobre qué es sexy o no. Cada une tiene su propias y únicas maneras de sentirse sexy, nadie puede decidirlo por vos. El problema como siempre es

la única representación, el estándar, el modelo. No dejemos que las redes y medios nos definan qué es lo sexy y qué no. Si lo pensás un poco, casi todo lo que nos enseñaron que es sexy, es lo que la gran mayoría no tenemos, o al menos nadie reúne varias de esas características juntas. La belleza o lo sexy es una construcción de nuestra sociedad capitalista y patriarcal, es una manera más de oprimirnos, de tenernos a su servicio.

En este contexto, responder a lo que se considera atractivo, o relacionarnos con gente considerada atractiva, nos da cierta estabilidad, cierto estatus. Cuanto más cerca del canon de la belleza estemos, más merecedores seremos de una persona que esté en las mismas circunstancias no más y no menos. Por dar un ejemplo, una vez pregunté en Instagram si alguna vez habían sentido que no podían relacionarse con alguien por algún motivo vinculado a lo físico. La respuesta, una vez más, fue abrumadora.

Matchs directamente no salieron con alguien muy linde que les tiraba onda porque se sentían menos lindes, Algunas chicas no se animaron a avanzar con un pibe más petiso o flaco o menor que ellas, otras personas se sentían en falta en su vínculo porque la otra persona era más linda que ellas mismas, etc., etc., etc. Directamente la barrera

la ponemos nosotres. Esa escala de ligas que nos enseñan las películas hollywoodenses y replica la cultura de nuestro país, el mandato de que la belleza debe ser par en el vínculo. Dicho así parece una pavada, pero regula tanto en nuestras vidas. La sexoafectividad está ranqueada según cuanto nos acerquemos a los ideales de belleza, sí. Pero está en nuestras manos empezar a ver qué es lo que encontramos sexy y atractivo que se sale de la norma y

ahondar en ese deseo. De la misma forma, podemos trabajar en encontrar la manera de entender que les demás nos pueden ver atractives como somos, por lo que somos. Tu cuerpo, tus poses, tus miradas, tus formas, tus risas, tu personalidad, las actitudes que te enseñaron que no son atractivas, pueden ser atractivas para otra persona. O quizá no. Quizás tu atractivo, lo sexy en vos esté en tu manera de encarar, en el humor, en tu conocimiento cultural e ideas. Pero

es importante trabajar en no condicionarnos. Pequeños grandes actos de cuidado personal. Mirar tu concha. Conocela, acostúmbrate a ver cómo es. Todas las vulvas son diferentes y merecedoras de placer. Crecimos en ámbitos que le tenían tanto miedo a nuestra sexualidad que nos dejaron muy marcada la idea de que nuestra vulva no es nuestra. En muchos, muchísimos casos, la conoció una novia o ginecóloga antes que nosotres mismas. Pero tu

concha es tuya. Explora tu vulva, jugá con ella, tómate el tiempo y dedícate a conocer los recovecos de tu vulva si no los conoces aún. Recorrela en diferentes momentos del día, de la vida, de tus ciclos, de tu calentura. Observa sus cambios, su flujo, su textura, su erección, su hinchazón y tené presentes las sensaciones que te genera y cómo varían. Esta no es solo una forma de trabajar en aceptarla, sino también de detectar cualquier cambio abrupto que

requiera consulta con un e-profesional. Mírala, conocela, reconocela, préstale atención, así como está, está perfecta. No la mires pensando porque no será más rosa, más oscura, más pelada, más peluda, como la de alguien con quien cogiste o como la que viste en tal película. Mírala sin juzgarla y sin pretender nada de ella más que suficiente es ya todo el placer que te puede dar. Fíjate cómo la nombras. El único nombre que nos enseñaron como correcto para nuestra

genitalidad es vagina. Ya sabemos que vagina es solo una parte de nuestros genitales. Pero no solo aprendimos a llamar al todo por la parte, sino que aprendimos también nombres ridículos, raros, silenciantes e infantiles para nuestra genitalidad. Nos enseñaron a usar vías de escape para nombrar a nuestra vulva y a nuestra vagina, porque evidentemente es demasiado difícil llamarla como corresponde. Vagina quizás era el nombre correcto, en la escuela.¿ Pero

en tu casa?¿ Cómo le decían a tus genitales? Chuchi, chochi, la pepona, cachufla, popota, cuchara, cajeta, pochita, pillonita, pochi, chacon, pavita, pichila, pampula, susa, pumpula, popona, palomita, cotorra, pochola, cachufleta, cachucha. La casita, la colita de adelante, la chocha, puchi, la cola, totona, cuquina, tili, pipicola, traste, pita, farfalla, pitina, chocho, sapo, sapito, la nena, cosita, chuchula, chichi, pacharaca, chornia, poliña, toto, sardina, totonina, chochito, susana,

y súmale las increíbles formas de nombrarnos. Nombrando, allá abajo, tus partes íntimas, la que te gedí. Estos años he escuchado cada nombre. Es increíble que no podamos nombrar la colectiva ni correctamente. Cada familia tiene un nombre distinto. lo cual es totalmente funcional al sistema, porque silencia nuestro placer y porque contribuye a que las violaciones intrafamiliares sean más

difíciles de detectar. Los nombres tímidos, infantiles y ridículos nos restan incentivo para ir a conocerla y jugar con ella.¿ Quién va a querer conocer su concha, si no nos animamos ni a mencionarla?¿ Quién va a bajar a conocer algo tan vergonzante que es innombrable? En el esclarecedor libro Vulva, de la científica y escritora alemana Mithu Sanyal, se lee que la práctica generalizada de nombrar equivocadamente a los genitales femeninos es casi tan sorprendente en sus consecuencias como el

silencio que rodea a este hecho. Es cierto que en los Estados Unidos no se cortan ni extraen clítoris y los labios vaginales como se hace en otras culturas a niñas y mujeres. Nosotros hacemos el trabajo, no con el cuchillo, sino con el lenguaje, el resultado es, si se quiere, una mutilación genital psíquica. El lenguaje puede ser tan afilado y veloz como un bisturí quirúrgico, lo que no se

nombra no existe.¿ Cómo tratas a tu sangrado? Si es que sos una persona menstruante, usar el método de gestión menstrual que te resulte cómodo es importantísimo. Y, sobre todo, poder expresar lo que sentís por tu ciclo menstrual. Si lo puedes vivir como algo hermoso, sagrado, cuidado y amoroso, me parece genial. Si no puedes, también. Para algunas personas, menstruar no es algo divino, o al menos no en

todo momento de la vida. A veces, bajarnos la ropa interior y ver sangre representa algo con lo que no nos identificamos, algo que no queremos que pase, algo incómodo, o el aviso de que vienen días de dolor físico o emocional muy fuerte. A veces es el alivio de

no estar embarazada y eso es muchísima alegría. Pero puede ser la tristeza de no estarlo tan bien o la rabia de menstruar y tener que ir a buscar productos de gestión menstrual y sentir que no te hablan a vos porque el 99% uno de las marcas les hablan a las mujeres nada más. A veces lo vemos como un proceso natural y hermoso del cuerpo, a veces es solo un proceso fisiológico que sucede. Menstruar es un acto político,

pero no siempre es desde la felicidad. La copita menstrual para muchas personas es el primer lugar de conexión con su vagina, y vaya que es un buen lugar para empezar. Pero para otras personas simplemente no es así, no pueden, no quieren, no les funciona. En esos casos, hay otros métodos, toallitas y tampones de tela, freblein, esponjas naturales, tampones o toallitas descartables y, lo descartable no es la mejor opción, pero no podemos presionar a nadie a usar el método

de gestión menstrual que nos gusta a nosotros. Y sobre todo, fíjate con quién coges. Autoamor, por sobre todas las cosas, es no dejar entrar en nuestro cuerpo y nuestra vida a ninguna persona que nos haga daño. Dejemos de salir con gente que nos hace daño, dejemos de dar oportunidades de cambio, querámonos más que al otro, valorémonos y veamos que no nos merecemos estar con una persona que nos

hace mal.¿ Y si fuiste acosae, violentae, abusae? A veces, las personas responden relájate a otras personas que plantean sus problemáticas sexuales. Lo entiendo, realmente creo firmemente que una gran condición para poder pasarla bien es la relajación, pero¿ es fácil relajarse cuando fuiste violentae?¿ Es posible relajarse cuando fuiste abusae?¿ Es imaginable el poder entregarse a alguien si las personas en las que más confiaste abusaron de vos? Si tus

referentes te acosaron. Si cada vez que tenés un encuentro sexual tenés que estar mirando que no se saque el forro. O insistiendo para que se lo ponga. O rogando no sentirte leyunic que quiere usar un campo de látex.¿ Es posible frotarte tranquile con otres si ni siquiera tenemos un método de profilaxis que nos permita frotar dos genitales en paz?¿ Te parece posible relajarte si muchísimas veces antes sentiste miedo

de que leotre se pase de la raya? Si te hicieron sentir que ya saben más que vos de tu placer y tu sexo, que vos no sabes nada, o peor aún, que lo que a vos te gusta es raro, eso que estás pidiendo que deje de hacer a Taz les encanta.¿ Te parece posible la relajación en cuanto al cuerpo, si nos enseñaron que nuestro rollo, nuestro cuerpo, nuestras estrías, nuestra celulitis, tetas, pestañas, ojeras, pelo, ojos, concha y todo lo que no esté alineado con la norma está mal?,

Bajo estos parámetros, la relajación es muy difícil y requiere de un trabajo extra que las personas tenemos que hacer para placerear. El abuso y el acoso es una realidad de nuestras vidas, las de muchísimas personas con vulva, personas socializadas como mujeres y personas trans. Y es necesario empezar a ponerlo en palabras, saber que somos machs, que nos pasa casi tats, que eso influye en nuestra sexualidad, contarlo y hablarlo es parte de no naturalizarlo, de darle entidad,

de no callar más algo que es una realidad. Es la única manera que tenemos de que empiece a dejar de pasar, no formar más parte del pacto del patriarcado que nos hace sentir que si lo contamos somos loques, o culpables por la ropa que teníamos, porque fuimos a la casa, por el lugar por donde estábamos caminando, etc. Hablarlo es clave, con padres, madres, cuidadores, amigues, familia, novies, quien sea que te haga sentir cómode. A veces creemos que lo que pasamos es una pavada, pero siempre es

importante si nos afecta. La violencia muchas veces tiene formas no identificadas e invisibles para el imaginario colectivo. Y muchas veces creemos que no es tan terrible, pero el miedo está ahí igual. Hablarlo es uno de los primeros pasos para empezar a sacarnos esa mochila de dolor que venimos arrastrando desde hace tanto. Buscar una terapeuta con perspectiva de género que te haga sentir como es muy importante. Y

si quieres, si puedes, denuncia. Si fuiste abusade o acosade, es importante que sepas por sobre todas las cosas que no es tu culpa, nunca jamás, es culpa de la cultura de la violación que nos rodea y educa desde que nacemos. Si sufriste violencia en un vínculo tampoco es tu culpa, si no te fuiste ante la primera señal de violencia o la segunda o la tercera o la décima,

es porque resulta dificilísimo verlo desde adentro. Es un trabajo que se hace casi a ciegas, porque creciste en este mundo, que te enseñó desde tu más pequeña infancia a sentirte responsable y a sentir que lo mereces por no encajar en la norma. Soy gorda, nadie me va a querer, agradezco que esta persona me quiera, me banco todo lo que me tenga que bancar, porque desde chica me dijeron que nadie me va a querer así como soy. Este mensaje lo leí mil veces, cambiando gorda por demasiado flaca,

por fea, por morocha, por petiza. No es tu culpa siquiera si fingiste un orgasmo alguna vez, porque creciste viéndote como un objeto deseo de la otra persona, entonces es lógico reproducir esos estereotipos.¿ Cómo va a ser tu culpa? Si te enseñaron a complacer y poner el placer de la otra persona por delante del tuyo siempre, si no te enseñaron cómo es tu clítoris ni pudiste descubrir con

tranquilidad cuáles son tus tiempos. Si hubo dolor, si hubo forcejeo, si hubo presión, si hubo miedo, si ejercieron algún tipo de poder sobre vos, si te avanzaron con situaciones confusas, vergonzantes, no es sexo, es violación. Y son dos cosas muy diferentes. Si pasaste por alguna situación violenta, te dejo algunas ideas que pueden llegar a ayudarte.¿ Puedes tratar de relacionarte sexualmente solo con personas que te den confianza y seguridad? Necesitas

sentirte a salvo para relajarte. Puedes explicar lo que te pasa o contar que necesitas sentirte muy cuidae para pasarla bien sin necesidad de contar lo que te pasó. Relacionate con gente que esté dispuesta a cuidarte, aunque no hayas sido víctima de ningún abuso medio que debería ser una regla, pero no lo es. Si te sentís raro o mal durante un encuentro sexual, permítete frenar. Que hayas iniciado o avanzado con algo no quiere decir que tengas que terminarlo

ni continuarlo también es una regla general. Y tómate tu tiempo para pensar si efectivamente tenés genuinas ganas de seguir con ese encuentro o si necesitas parar y tomar un tecito. Hagas lo que hagas, hazlo por vos, no para leotre. Algunos movimientos, tactos o actos pueden despertarte sentimientos duros o

detonarte recuerdos. Permitite frenar, respirar y ver qué querés hacer con eso, quizás querés darle otra oportunidad teniendo en cuenta que viene de alguien que te está cuidando, quizás no, quizás querés dejar ese tacto o movimiento de lado y no avanzar por ahí. Si es así, si puedes, comunícaselo a la persona con la que estás cogiendo. No hace falta que sea un enovie, vínculo estable, pareja fija, ni nada en especial para amar, atesorar y cuidar el cuerpo

de otra persona. No es necesario tener un vínculo profundo para poder hacer estas cosas, para cuidarte y valorar y cuidar tu cuerpo en ese momento, pero sí es importante que trates tu cuerpo con amorosidad, con la que puedas de a poco, pedacito a pedacito. Por más que alguien te haya lastimado, por más que te hayan hecho sentir las peores cosas, tu cuerpo ahora es tuyo y de nadie más. Sabe lo merecedor de placer, porque como cualquier

persona de este mundo, lo mereces. Toma el control del encuentro sexual vos, permitite por encuentros o por momentos tener vos el control absoluto, eso te puede liberar un poco el temor o no. Si estás en un lugar muy oscuro, sabe que se sale de ahí, con terapia, con ayuda, con gente que te cuide. No estás roté, no estás falláe, no te falta nada, nada está mal en vos. No hace falta que sea un novie, vínculo estable, pareja fija, ni nada en especial para amar, atesorar y cuidar el

cuerpo de otra persona. Falta deseo sexual. La falta de seo sexual femenino hoy nos la venden como una disfunción sexual medicable, desde la invención del Viagra hasta hoy que la mira está puesta en encontrar un método farmacológico que solucione la falta de seo sexual en las mujeres. No dejan de crecer las consultas por pastillas, medicaciones y tratamientos que aumenten nuestra libido. La pregunta es,¿ por qué tendríamos

que aumentar nuestra libido o nuestras ganas de coger? No está mal no tener ganas de coger o pasar por etapas sin deseo sexual o genital, ni ser asexual o bisexual o fraysexual. Si revisamos las orientaciones sexuales, afectivas, románticas que se van descubriendo con el tiempo, logrando que mucha gente se identifique con una conducta que antes solo se reconocía en el ámbito privado, podemos encontrarnos con muchos modos

vinculares que se corren de la alosexualidad. Veamos, las personas alosexuales son las que sienten atracción sexual con la frecuencia e intensidad que la sociedad establece como normal. Y nuestra cultura se encarga perfectamente de volver la norma. Ese ritmo e intensidad se convierten en la única manera en que nos venden la sexualidad. Sin embargo, existen, por ejemplo, las personas asexuales si sos asexual, no experimentas atracción sexual por otres, lo cual no quiere decir que no cojas, ni que

no tengas libido, ni que no te masturbes. También les demisexuales si sos demisexual, solo experimentas atracción sexual por la gente con la que generas una fuerte conexión emocional. Oles grisexuales y sos grisexual, estás entre la sexualidad y la sexualidad, o sea, normalmente no experimentas atracción sexual, pero a veces sí, bajo muy específicas circunstancias o en pequeños lapsos. Existen muchísimas

formas de sentir atracción sexual, así como romántica. Y puedes estar cómoda en una etiqueta un tiempo y luego fluir a otra, o puedes estar siempre en el mismo lugar. En la medida en que sigamos colectivizando nuestra experiencia sexual iremos generando nuevos espacios identificatorios afectivos, sexuales, de expresión, etc. Todas estas sexualidades por fuera de la lo normativa son

aún muy poco comprendidas, discutidas y visualizadas. Hay muchísima gente que no sabe que este abanico de diversidades existe y entonces se engancha en funcionamientos vinculares dañinos. Y encontrarse dentro del espectro de la asexualidad puede ser fuerte, puedes haber pasado muy malos momentos en la vida y te puede haber costado mucho reconocer tu deseo. El no deseo sexual es una expresión sexual, es una manera de decir cómo

quieres vivir tu sexualidad. Las personas asexuales muchas veces son maltratadas por los medios, la cultura, la familia, los terapeutas y los vínculos. Cuando en el vínculo las ganas de coger son muy distintas entre las personas, muchas veces se responsabiliza o se trata de incentivar a cambiar a la

que tiene menos deseo sexual. Es bastante difícil que se revisen modos de vida, esfuerzos laborales, doble jornada laboral, tareas de cuidado en nuestras manos, violencia económica, puerperio, pandemia, duelos, depresiones, asexualidades. Siempre se nos manda aumentar el deseo sexual. Hoy ya tenemos todo un mercado para eso. A veces simplemente no hay ganas de tener deseo o atracción sexual, y no

hay por qué modificarlo si no queremos. Pero en caso de que queramos aumentar nuestro deseo sexual, lo que necesitamos para solucionar la falta de deseo sexual femenino es el

fin del patriarcado. Si somos violentades, violades, entendides como objeto de deseo, si cargamos con el mito de la belleza desde que nacemos, si vemos pijas erectas siendo niñes, si leotre se saca el forro, si no existe un método de prevención de ITS que no esté hecho para la penetración, si coger para casi todo el mundo es equivalente a penetración, si las prácticas que a más nos llevan al orgasmo están entendidas como la previa, si somos les únicos responsables

de les niñes y la casa en caso de averiges. qué placer podemos experimentar si es casi un error de la matrix que algunos tengamos orgasmos para encontrar el placer tenemos que batallar contra millones de cosas y no siempre es posible pero está bueno tener presente que los intentos de encajar y llenar los moldes son muy estresantes también y se llevan una gran parte de nuestro placer y felicidad siempre se nos manda a aumentar el deseo sexual hoy ya tenemos todo un mercado para eso A veces

simplemente no hay ganas de tener deseo u atracción sexual, y no hay por qué modificarlo si no queremos. Pero en caso de que queramos aumentar nuestro deseo sexual, lo que necesitamos para solucionar la falta de deseo sexual femenino es el fin del patriarcado. Derribar los mitos, conocer nuestra historia y nuestros cuerpos. Hemos roto un tabú más, y eso ya es un acto de valentía. La conversación no

termina aquí, apenas está empezando. Si este episodio resonó contigo y quieres ser parte de un espacio donde la verdad se dice sin miedo, te invito a suscribirte ahora mismo. Sé parte de la comunidad, siéntete plena y transforma tu silencio en voz. Hasta la próxima, plenas.

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