2025-ABR 05 Mi amor por el Salvador es mi “porqué” - Ricardo P. Giménez
Amo a nuestro Salvador. Esa es la verdadera razón, y la más poderosa, por la que hago lo que hago.

Amo a nuestro Salvador. Esa es la verdadera razón, y la más poderosa, por la que hago lo que hago.
Al tornarnos a Jesucristo, el Salvador del mundo, Él nos rescata de las tempestades de la vida mediante Su Expiación.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días está creciendo en miembros y familias; misiones y misioneros; centros de reuniones y templos.
La sanación espiritual no significa necesariamente una restauración física y emocional en esta vida. La sanación espiritual nace de la fe y la conversión en Jesucristo.
Testifico que los bebés, los niños y los jóvenes son imágenes del Reino de Dios floreciendo en la tierra en toda su fuerza y belleza.
Dediquemos y redediquemos nuestra vida al servicio de Dios y de Sus hijos, a ambos lados del velo.
Cuando vivimos el evangelio de Jesucristo, cuando recurrimos a la expiación del Salvador y avanzamos con fe, somos fortificados contra el adversario.
Aun mientras esperamos pacientemente en el Señor, hay ciertas bendiciones que nos llegan de inmediato.
Recibiremos bendiciones al esforzarnos por cumplir con nuestra responsabilidad individual de aprender y amar el evangelio restaurado de Jesucristo.
Jesucristo nos llama con Su voz y en Su nombre. Él nos busca y nos recoge. Él nos enseña la manera de ministrar con amor.
Al igual que leer o aprender sobre los músculos no es suficiente para desarrollar los músculos; el leer y aprender sobre la fe, sin agregar acción, es insuficiente para desarrollar la fe.
Gracias al plan de Dios y la expiación de Jesucristo, podemos ser limpiados mediante el proceso de arrepentimiento.
Jesucristo nos invita a seguir la senda de los convenios de regreso a casa con nuestros Padres Celestiales y con aquellos a quienes amamos.
La expiación del Salvador no es solo infinita en su esfera, sino también personal en su alcance.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene el poder y la comisión singulares de realizar los preparativos necesarios para la segunda venida del Señor.
El amor es el atributo y la motivación principal para los propósitos espirituales que nuestro amado profeta nos pidió que asumiéramos.
Si sienten que el faro de su testimonio se va apagando y las tinieblas se vuelven más densas, ármense de valor; cumplan sus promesas a Dios.
La mayoría de las bendiciones que Dios desea darnos requieren acción de nuestra parte, acción basada en nuestra fe en Jesucristo.
Centren su atención en el arrepentimiento diario como una parte tan integral de su vida que puedan ejercer el sacerdocio con más poder que nunca.
Tomamos mejores decisiones si consideramos las alternativas y reflexionamos a dónde nos conducirán.
Al levantar la mano para sostener, hacen una promesa a Dios —cuyos siervos ellos son— de que ustedes los sostendrán.
Si miramos hacia Jesucristo, Él nos ayudará a vivir nuestros convenios y magnificar nuestro llamamiento como élderes de Israel.
El Señor desea que establezcan un cuórum fuerte. A medida que Él recoge a Sus hijos, estos necesitan un lugar al que puedan pertenecer y donde puedan crecer.
Creen su propio libro de jugadas de cómo demostrarán que son discípulos de Cristo.
Nuestros servicios dominicales modificados son para dar prioridad a la Santa Cena del Señor como el centro de atención sagrado y reconocido de nuestra experiencia semanal de adoración.
En un mundo con tantas voces contradictorias, nuestro Padre Celestial ha hecho posible que oigamos Su voz y la sigamos.
Deleitarse en las palabras de Cristo puede suceder en cualquier momento y en cualquier ocasión si preparamos nuestro corazón.
Si seleccionamos y elegimos lo que aceptaremos de la proclamación, nublamos nuestra visión eterna, dando demasiada importancia a nuestra vida aquí y ahora.
Debemos aprender a discernir la verdad no solo mediante la mente racional, sino también mediante la muy apacible y delicada voz del Espíritu.
Amar a Dios y a nuestros semejantes es el fundamento doctrinal de la ministración, del estudio centrado en el hogar y apoyado por la Iglesia, de la adoración espiritual del día de reposo y de la obra de salvación.