2019-ABR 06 Un hogar en el que more el Espíritu del Señor - Henry B. Eyring
Hallarán algunos de sus mayores gozos en los esfuerzos que hagan por convertir su hogar en un lugar de fe en el Señor Jesucristo y un lugar que esté lleno de amor.

Hallarán algunos de sus mayores gozos en los esfuerzos que hagan por convertir su hogar en un lugar de fe en el Señor Jesucristo y un lugar que esté lleno de amor.
Al procurar ministrar tal como Él lo hizo, se nos presentarán oportunidades para olvidarnos de nosotros mismos e inspirar a los demás.
Donde sea que se encuentren en este mundo, hay más que suficientes oportunidades de compartir las buenas nuevas del evangelio de Jesucristo.
El Padre está al tanto de nosotros, conoce nuestras necesidades y nos ayudará de manera perfecta.
El Padre está al tanto de nosotros, conoce nuestras necesidades y nos ayudará de manera perfecta.
Cuando procuramos aprender anhelosa y firmemente, de corazón y con sinceridad el evangelio de Jesucristo, y nos lo enseñamos unos a otros, esas enseñanzas pueden transformar corazones.
La dignidad personal exige una conversión total de la mente y el corazón para ser más como el Señor.
Mantengan los ojos y el corazón centrados en el Salvador Jesucristo y en el eterno gozo que proviene solo mediante Él.
Tomar la cruz sobre ustedes y seguir al Salvador significa continuar con fe en la senda del Señor y no ceder a los hábitos mundanos.
¿De qué manera hallamos paz, recordamos quiénes somos y vencemos las tres tácticas del adversario que he descrito?
Una de las cosas más importantes que podemos aprender en esta vida es cómo hacer resaltar nuestra naturaleza espiritual eterna y cómo controlar nuestros malos deseos.
Que todos lleguemos a comprender nuestra parte en esta gran obra de ministración para que lleguemos a ser más semejantes a Él.
Una mayor felicidad proviene de una mayor santidad personal.
Sentimos nuestro mayor gozo al ayudar a nuestros hermanos y hermanas.
Al obedecer los mandamientos de Dios, siempre se nos conducirá por el buen camino y no seremos engañados.
Al venir a Él, Dios acudirá a nuestro rescate ya sea para curarnos o para darnos la fuerza que precisamos a fin de enfrentar cualquier situación.
El Salvador nos invita, cada día, a dejar de lado nuestra comodidad y seguridad y unirnos a Él en el trayecto del discipulado.
Tenemos un amoroso Padre en los Cielos que está esperando que acudamos a Él para bendecir nuestra vida y la de los que nos rodean.
El pertenecer con Dios y caminar unos con otros en Su senda de los convenios es ser bendecidos por pertenecer al convenio.
Conforme ejerzan fe en el Señor y en el poder de Su sacerdocio, aumentará su capacidad para recurrir a este tesoro espiritual que el Señor ha puesto a su alcance.
Debemos procurar cumplir los dos grandes mandamientos. Para ello, andamos con equilibrio por la delgada línea divisoria entre la ley y el amor.
Llegar a ser una mujer bajo convenio en colaboración con Dios es la forma en que las excelentes y buenas hijas de Dios siempre han sido madres, han liderado y ministrado.
En el centro de todo lo que hacemos en las Mujeres Jóvenes está nuestro deseo de ayudarlas a lograr una fe inquebrantable en el Señor Jesucristo.
Con identidad y pertenencia adoptadas por convenio, somos llamadas por el nombre de Jesucristo.
Testifico que “en sol y sombra” el Señor nos acompañará, que nuestras “aflicciones [pueden ser] consumidas en el gozo de Cristo”.
Los invito a considerar, con gran integridad, los convenios que hacen con el Señor y las promesas que le hacen a Él y a otras personas, sabiendo que su palabra es un compromiso.
Al seguir la voz de Dios y Su senda de los convenios, Él nos fortalecerá en nuestras pruebas.
Confiar en el Señor abarca confiar en Sus tiempos y requiere una paciencia y perseverancia que superen las tormentas de la vida.
El Señor prepara a Su pueblo contra los ataques del adversario. Ven, sígueme es la contraestrategia y el plan proactivo del Señor.
Más hombres jóvenes y mujeres jóvenes aceptarán el desafío y se mantendrán en la senda de los convenios debido a este enfoque concentrado en nuestra juventud.