Este podcast es patrocinado por pasión a gogo y contadero suite en Villas gracias por su apoyo y confianza metralleta. Llevo 8 años de casada, los cuales no han sido nada fácil unos años atrás. Nos llegó la rutina y el exceso de trabajo han hecho que solo lleguemos a casa a querer dormir y no saber nada del mundo. Mi marido desgraciadamente tuvo un accidente donde se fracturó el tobillo y por un rato no iba
a poder ir a trabajar. Decidí tomar vacaciones para atenderlo y pasar un rato juntos. Tal vez revivir. Lo que quién sabe si tenga solución, pasaron 3 días, los cuales fueron geniales, apagamos celulares y sólo existíamos, él y yo rentamos películas, pedimos pizza y lo que más me gustaba era platicar miles de cosas sobre música, noticias de la actualidad.
Cosas de misterios y terrar. Me di cuenta que con él podía mantener una buena charla sin aburrirme, pues con las luces apagadas y mi cabeza recargada en sus piernas, no salía mucho la inspiración de largas platicas. Así nos la llevamos toda una semana y obvio. La chispa prendió de nuevo ese fuego lleno de pasión. He de mencionar que con él las cogidas eran intensas, así como me gusta. Él tenía la fuerza yo elegibilidad para probar diferentes posiciones, pero hace
años luz que no teníamos sexo. Una noche estábamos en nuestra sala viendo una película de terror con mi cabeza en sus piernas. Empecé a sentir cómo su miembro empezaba a ponerse duro, lo ataqué jugando para quitarme la duda. Y efectivamente, estaba pasando eso. Me levanté ansiosa para ver su mirada y darme cuenta que él también quería yo. Encantada, saqué su pene de su bóxer y lo metí a mi boca. Su sabor era el mismo de hace años.
Me encantaba con sus manos. Comenzó a buscar mis pechos para apretarlos, lamerlos y Morderlos. Ya la extrañaban. Sabía que estaban hinchados porque pronto me iba a bajar la regla. Así le gustaban. Después toco mis nalgas y por supuesto, mi sexo, que ya estaba totalmente mojado. Yo seguía dándole con mi boca. Se veía que la estaba disfrutando muchísimo. Estaba durísima y muy caliente a
mis labios. Los estaba sintiendo hincharse por guardar mis dientes en ellos y no lastimar ese pene de mi amor me dijo que me empinara sobre el sillón, mi pecho estaba recargado en el respaldo y mis nalgas ya listas para recibir aquel que ha sido mío por más de 8 años. ¿Pero cuál fue mi sorpresa lo que metió? Fueron sus dedos con movimientos suaves. Era una sensación que no conocía. Mi humedad ya comenzaba a escurrir por mis piernas y es entonces cuando comencé a gemir así.
Él tomaba su verga para masturbarse al ver tremenda escena. Sus movimientos fueron más ágiles. Yo no sabía cuántos dedos me había introducido, pero se sentía bastante bien. Después escupió y masajeó mi ano. Las sensaciones de lujuria iban consumiendo mi cuerpo. Llegué a mi primer orgasmo, arqueando mi espalda. Mis pechos hinchados pedía negritos de nuevo su boca. Él me daban nalgadas, me tenía bien presionada con sus dedos en mi vagina y yo con ganas de seguir chupando su pene.
Jamás había hecho algo parecido, pero lo disfrute el nuestras fideas hacían buena combinación. El amor de nuevo lo sentía en el aire. Amaba que respirara. Eso llegó el momento donde me dijo que me iba a echar su chorro en mis nalgas y así fue. Llegaba en espasmos su semen. Parecía que era de todo ese tiempo que no habíamos cogido y
la tenía guardada hasta hoy. ¿Para mí, paseándose en mis nalgas era bastante cuando nos sentamos exhaustos en el sillón y ya más tranquilos le pregunté, Oye, amor y tu tobillo no te dolió? Ha ni me acordé. Tan lindo él, pero al día siguiente lo tenía más hinchado. ¿Ay, sabes? Nuestra relación mejoró bastante desde ese momento y simplemente con esos dedos que se me figuraron a una metralleta, pues mientras él disparaba con sus ágiles dedos, yo moría de placer.
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