Este podcast es patrocinado por pasión a gogo y contadero suite en Villas. Gracias por su apoyo y confianza. Demonio de octubre. En mi camino he recorrido por varios lugares que me llevan a conocer diferentes hombres. Una de mis mayores debilidades. Me enamoro del aroma de su piel, de las formas de sus cuerpos. Me gusta ver sus labios apretados por quererme dar su mejor desempeño. Adoro cuando me ven desnuda solo para ellos y se enamoran al instante de un beso profundo.
Pero mis ganas y deseos van más allá de lo que ellos me dan. Yo quiero fuego, que me queme la piel. Necesito de ese placer que me ahogue en sus perversiones, que su saliva lubrica y mi entrepierna su sudor caiga sobre mis pechos y que su miembro me invada por completo mi sexo. Basta decirle basta, me duele y sabes, lo encontré. ¿Por eso hoy te quiero preguntar, le has hecho el amor a un demonio? Porque anoche ven a mí. Con ojos de fuego y lengua de vicios, un demonio envuelto en
sombras. Mi nombre dijo como un conjuro profano, lo emboqué sin saberlo, con la espalda desnuda y en la alma abierta en Luna de octubre, el vino envuelto en humo y jadeos, con voz que se arrastra por la piel. Con una lengua lejana, muy antigua, no de aquí, sino de allá, no vino por amor, vino por hambre y yo estaba lista para hacer su festín. Me miraba como se mira una ofrenda. Y como se devora a una virgen maldita con deseos impuros, mis muslos temblaron.
Mi cuerpo insensato le ofreció las puertas del infierno. Con un suspiro de entrega. Le abrí las piernas al abismo. La piel me ardía el roce con sus garras disfrazadas de caricias y su aliento. Un incendio dulce. Ahora en me hace gemir su nombre como si fuera sagrado. Ah, yo temblaba no de miedo, sino de deseo palpitante de sentir cómo su furia se volvía placer en mi vientre, cómo su lengua infernal me arrancaba el alma entre jadeos. Me alzó como a una presa. Me hizo reina en el fuego.
Después se arrodilló sobre mi sexo. Lo devoró con devoción. La sangre escurría de sus labios mientras su sombra me envolvía mis caderas la marcaban como a un animal salvaje. No hay ternura en su cuerpo, sólo poder. Y yo no quise dulzura. Quise que me rompiera, que me haga gritar su nombre hasta tatuarlo en mi ser. ¿Y sabes si lo hizo? Con embestidas crudas, con jadeos que arañaban el aire en su pecho, pegaba mi espalda mientras su voz grave decía,
Eres mía y yo rota y llena. Sonreí porque en su brutalidad encontré mi Gloria, porque hacer el amor con un demonio. Fue morir y renacer más salvaje que nunca. Y tú le has hecho el amor a un demonio porque sabes, ahora soy presa de ese vicio. Al final de todo le doy su ofrenda y me sonríe de una manera que enchina mi piel. Algo paraliza mi cuerpo, pero de nuevo moja, me entrepierna al saber que lo volveré a ver cuando su hambre quiera más de mí. Demonio de octubre.
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