Este podcast es patrocinado por pasión a gogo y contadero suite en Villas. Gracias por su apoyo y confianza, locura, mi nombre y más datos quedarán en anonimato, pero les compartiré mi historia. Cuando conocí a mi esposo fue a la edad de los 20 años más o menos, vivimos un noviazgo de 3 años, muy lindo y tierno, todo el clásico hombre a un detallista y atento que ahorita ya casi no hay, nos casamos y decidimos esperar para los hijos.
Queríamos disfrutarnos nosotros estar tranquilos, gozarnos en su trabajo comenzó a irle bastante bien y me dio una muy buena vida que me agradó desde un principio, ya que yo desde chica crecí con muchas carencias, en fin. Pasaba el tiempo y la chispa en la cama comenzaba a pagarse siempre lo mismo, las mismas posiciones y haciendo que semanas enteras no tuviéramos encuentros. Qué ironía por mi mente pasó que él me engañaba o yo le aburría.
Y por tal motivo decidí hablar con él y con toda la amabilidad del mundo. Me escuchó, me dijo que me amaba y eso sería lo último. Quería engañarme, pero que igual le preocupaba esta situación. Decidimos probar varias cosas de las cuales resultaron lo mejor de lo mejor. Y sin faltarnos al respeto y con todo el cuidado y amor hizo que nos uniéramos mucho y que nuestra relación fuera mucho más allá de lo que teníamos. Ambos conocimos placeres
inimaginados. Primeramente me dijo que quería que yo fuera su esclava sexual y que anduviera en casa. Con ropa interior y que justamente así lo atendiera, hizo que en la cocina, en el baño, en la sala y en el estudio lo hiciéramos como locos, desenfrenados como jóvenes descubriendo el sexo sin medida. Con todo lo que teníamos, con muchas humedades. Ay mucho sentires. Siempre me tomaba de las caderas y me ponía de 4 puntos. O recargaba sobre algún mueble y me lo hacía con mucha fuerza.
Así justamente me gustaba que me tocara con esa hambre. Que me diera como si había mucho tiempo que no tenía sexo o tal vez en mi imaginación, como si fuera otra, era tanta mi excitación que mi placer lo sentí escurrir casi hasta mis rodillas. Lo siguiente. Fueron las disfraces que de mujer maravilla, sirvienta, conejita, policía, carcelera, osita, panda, monja. De hecho, ese de monja era mi preferido. También me pedía que me disfrazara de puta.
Ese era el preferido de él. Obviamente tenía que actuar. Si era policía, tenía que ser dominante. Si era la conejita tenía que ser tierna y dulce y muchos otros más. Yo le hacía un sexo oral que por fin logré meterlo todo hasta mi garganta. Y aprendí a hacer movimientos y lamerlo mucho más rico, lo que daba como resultado que él se viniera muy rápido y en mis pechos, nalgas o simplemente mi boca. A ambos nos encantaba él gemía como jamás lo había escuchado.
Ay, como gime un verdadero hombre sin miedo y sin prejuicio, también me dio la oportunidad de ser su domadora y vaya que la disfruté, le daba latigazos con un juguete que no dolía y me obedecía en todo lo que le pedía. Me hacía un oral como nunca antes mientras con mis dedos tomaba su cabello y quería que metiera más su lengua. O me la mira más rápido. Ay otra forma de llegar a un orgasmo. ¿Lo que más nos resultó fue probar otras pieles? Sí, efectivamente.
Fuimos a un club swinger, conocimos muchísimo y aprendimos más cosas. A él le gustaba ver que otros hombres me cogieran mientras sentado en una silla, se masturbaba y fumaba. Le encantaba ver esa escena y obviamente él después me cogía. Ay, eran unos orgasmos. Deliciosos. Ay, el mundo swinger, así como de bueno también es peligroso. Nunca faltó aquel que se quiso pasar de listo o también las mujeres con mi marido, pero algo que teníamos y que nos distinguía de muchos de ahí era
la confianza. El cariño, el respeto, la comunicación y sobre todo, el amor. Eso nos hacía indestructibles. Yo disfrutaba que otras me cogieran, pero obviamente el que me llegaba a dar esos orgasmos tan intensos era mi esposo. Sus besos, sus caricias, la forma en como tocaba mi cuerpo, como me cuidaba, me protegía. Era el Plus para todo. Y bueno, he de confesar que creo que nos volvimos adictos al sexo, amándonos mucho más cada día y obviamente, estando. ¿En esos club swinger quieres
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