Este podcast es patrocinado por pasión a gogo y contadero suite a Villas. Gracias por su apoyo y confianza. Carnes vírgenes, parte 3. Me tomó de la mano y me recostó sobre el sellón, bajó y me abrió las piernas. Acercó su boca a mi vagina y comenzó a besarla. Nunca creí que se sintiera tan rico. Sus labios. El contacto con los míos me hicieron gemir y su lengua suave y grande hizo que me retorciera de placer la forma en como lo hacía. Me hablaba de su gran
experiencia. Así estuvo hasta que me hizo llegar a un explosivo orgasmo. Se levantó sobre mí a un jadeando de placer y me acercó su miembro a la cara. Lo tomé con mis manos y comencé a besarlo para después irlo metiendo a mi boca. El tomo mi cabeza y me fue guiando con su mano sus palabras. Sabía delicioso, sentía su líquido en mi lengua y veía como él lo disfrutaba hasta que me dijo que era el momento. Me recostó y se puso sobre de mí.
No dejaba de besarme. Tomó el miembro con sus manos y lo dirigía hacia mi vagina. Lo sentía tan caliente y aunque sentí un poco de dolor cuando lo iba metiendo, ay, sentí al mismo tiempo mucho placer. Justo cuando entró todo sentí como si algo se rompiera dentro de mí. En ese momento, él comenzó el movimiento de entrada y salida, gemía sobre mi cuello y apretaba mis hombros por sentir tan estrecho, tan húmeda. Me decía cosas tan dulces hasta que sintió que ya entraba más fácilmente.
El movimiento aumentó de intensidad y yo comencé a gritar de placer sus gotas de sudor. La sentía caer en mi rostro, pero no me importaba. Se sentía tan rico. Mis manos iniciaron a tocar todo su cuerpo. Su espalda era ancha y sus glúteos pomposos y llenos de fuerza para ayudar a meter más un miembro. En mí se me hizo una eternidad llena de placer hasta que llegó el grito y su cara estaban completamente enrojecida.
Se salía de mí para echarme en mi vientre más de ese semen combinado con la poca sangre por romper mi. Con los ojos entreabiertos observé como los seguía exprimiendo y echándome todo a mi fue mi primera vez y fue simplemente genial. Al día siguiente me fui a dejar a mi casa. Y aunque me dolía un poco sentarme, le pedí que no fuera la única vez y que me enseñara
más cosas. Y él, con una sonrisa de lado a lado y esa mirada oscura llena de misterios, me dijo que no, que habría muchas, muchas más ocasiones y yo sería su Musa. Carnes vírgenes, parte 3, agradecemos a nuestros oyentes más ardientes por su donación, su apoyo nos inspire a seguir explorando los rincones más placenteros del deseo, cada susurro, cada gemido y cada historia que escuchas sea posible. Gracias a ti, si nuestra voz te estremece y te dejan con ganas de más, ayúdanos a subir la
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