Este podcast es patrocinado por pasión a gogo y contadero suite en Villas. Gracias por su apoyo y confianza, Julia era la mejor de la calle. Pudiera decir que hasta de la zona tenía poco tiempo sobre esa gran Avenida de París. Llamaba la atención más que por su cuerpo, por su sonrisa. Era aquella que llenaba de alegría cualquiera amenávalos. La conocían como Julia. Vestía colmedias, que adornaban sus largas piernas, vestidos o
faldas que alineaban su cuerpo. Sus caderas no eran muy grandes, pero si su busto. 38 BY completamente natural, su cabello era largo, llegaba hasta su pequeña cintura, sus ojos eran pizpiretos, su boca era el origen de grandes deseos y fantasías, labios gruesos y una sonrisa que enamoraba a cualquiera. Las tarifas de Julia desde un principio eran caras. La condenada sabía lo que tenía y lo valía. Aun así, se hizo de una gran
lista de clientes. Por tal motivo, dejó la calle lleno de envidia a muchas de las mujeres que compartían zona y decidió trabajar desde casa. Los clientes se comunicaban con ella por mensajes de WhatsApp. Concordaban día, hora y lugar. Era mejor. Ya no batallaba con la autoridad ni con las inclemencias del clima.
Su única regla era no besar sus labios podían enamorar a más de uno, por eso se conformaban con esos orales que ella hacía tan increíbles y al gusto de ellos, suaves, lentos, juguetones o bien intensos. Oh, salvajes y profundos. Sentir la humedad y tibieza de su boca cubriendo todo el
miembro era excepcional. Volaba en la cabeza cuando, por fortuna, uno lo tenía más grande de lo común, ya que podía llegar hasta lo profundo de su garganta, las contracciones, lo estrecho y algo como zumbido que se sentía. Hacía sacar en menos de 5 minutos chorros y chorros de semen que iban directo a su boca y escurrían hasta sus senos.
Cuando la penetraban era mágico en cualquier posición, ella hacía lo mismo que en su garganta, pero ahora con su vagina contraía todo de una manera espectacular, soltaba. Y el cliente agradecía tener el suficiente dinero para poder tenerla y experimentar tan glorioso. Sentir sobre la cama boca arriba, con las piernas completamente abiertas, ver sus pechos, moverse en cada embestida y ella arquearse en cada orgasmo, dejaba uno sin aliento a uno. Más bien a todos, sonreía y
hacía sufrir al cliente. Ella prácticamente controlaba la eyaculación del hombre. Julia era muy complaciente con sus clientes, con varios fetiches y fantasías. Cuando hacía tríos con 2 hombres, tenía el aguante para darle a ambos, ya sean al vaginal u oral. Cuando tocaba hombre con mujer, ella llevaba la batuta con la otra chica. La forma en cómo le besaba la vulva movía su lengua en el clítoris. Metía sus dedos en la vagina. Con esos movimientos.
Ven aquí hacía que llegara tan rico mientras Julia. Era penetrada en posición de perrito uno enloquecía al verla en acción, los fetiches que más le pedían era El juego de roles, por ejemplo, ser secuestrada y violada mientras estaba amordazada le causaba un cierto morbo que le humedecía un poco más de lo normal, sin duda. El rol de los disfraces también
eran esos favoritos. Imaginar que era la Secretaria Policía maestra entre muchos otros, en donde ella, al igual que su cliente, tomaban muy en serio su papel. Julia era una caja de sorpresas, era culta. Y tenía plática para todo. Era sencilla y hermosamente simpática. Su sentido del humor no faltaba, aunque a veces era negro y sarcástico. Hacía volar sin tener alas y sin quitar los pies del piso. Pasó el tiempo y Julia dejó de recibir mensajes a su celular.
Pero no sin antes despedirse de cada uno de sus más apreciados clientes para que nunca lo olvidaran, encontró el hombre perfecto para ella, tanto de sus gustos como delirios pasionales. Era Alto, Delgado, con facciones cuadradas y su manzana ligeramente saliente. Divertido, culto, fuerte por dentro y por fuera, la enamoró bailando blues en un restaurante en París. La tomó de su cintura y la guió al ritmo de las notas musicales. La vio directamente Asus ojos
coquetos y ella la besó. Era dueño de sus labios carnosos, que adornaban su sonrisa, de su garganta profunda y de su vagina palpitante. Ahora Julia y su esposo viven felizmente en Marcela, al sur de Francia. Ella dejó su trabajo y se la pasa disfrutando de la vida y el arte de esa hermosa ciudad, su esposo. Es el más feliz, le hace el amor una y otra vez, la coge cada día como si fuera la primera o La Última Vez la nalgue hasta
dejarla marcada mientras ella. Araña su espalda y presione un poco su cuello para sentirle esa manzana. Eso hace que ella se escurra mojando la cama y grite de placer para tenerla completamente saciada y luego besarla hasta dejarla sin aliento. Oh, sí. Así sus clientes la siguen buscando y ofreciendo más dinero con tal de estar 15 minutos con ella. Pero Julia ya no acepta. Todo lo encontró en un solo hombre, aquel que le muerde sus labios mientras su entrepierna hormiguea.
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