Agua Y Sangre
La sangre es el sacrificio de Jesucristo por el cual podemos ser limpiados de nuestros pecados. El agua, símbolo del Espíritu Santo de Dios en nosotros.

La sangre es el sacrificio de Jesucristo por el cual podemos ser limpiados de nuestros pecados. El agua, símbolo del Espíritu Santo de Dios en nosotros.
Como cordero llevado al matadero, ni siquiera abrió su boca. La justicia se hizo a un lado, el dolor quedó en silencio y nuestros pecados cayeron sobre sus hombros, y fuimos salvados.
Todo hombre sin Cristo está condenado a la dificultad y al esfuerzo. Nuestro pecado resultó en maldiciones para nuestro futuro. Pero Cristo con su muerte vino a crear nuevos cielos y nueva tierra.
Soledad, agonía, incomprensión, traición y muerte: La pasión de Jesucristo. Gracias a la muerte de Jesús en la cruz, podemos ser salvos de nuestras tristezas y dolores, y recibimos paz y amor.
Ciertamente Él llevo nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores. La cruz de Cristo es la revelación del juicio de Dios sobre nuestros pecados. La cruz: Jesús librándonos de una muerte eterna.
¿Qué será de aquella familia en la que cada integrante empuja hacia su lado? ¿De una familia dividida? ¿Entenderemos que nuestro corazón es el mismo? ¿Qué compartimos sangre? La solución: Jesucristo.
Es posible transformar nuestro lamento en baile. Cambiar nuestras tristezas a alegrías interminables. Hay que salir, aceptar, dejar ir el dolor y permitir que Jesucristo transforme nuestras vidas.
Hay que empezar a caminar, hay mucho que hacer en nuestra vida. La inactividad y nuestro excesivo “descanso” sólo traerán soledad y depresión, y con ellos pensamientos nocivos.
Hay momentos en los que Dios nos da la capacidad de decidir y tomar las riendas de nuestras vidas para superar la tragedia con amor y sobrevivir el duro invierno que puede amenazar nuestras familias.
Debemos descansar en la verdad de Dios, continuar con nuestra vida y seguir adelante, confiando en la vida que existe después de la muerte, fijando nuestras miradas más allá de la tragedia... [Final de la serie sobre Pérdidas]
¿Cómo soportar la angustia que causa una pérdida? Las respuestas son afirmaciones que duelen de lo reales que son: no se puede volver el tiempo atrás. Lo que ocurrió no puede ser cambiado.
Es difícil enfrentar a los enemigos que nos causan dolor. La única manera de enfrentarlos es, orando a Dios, no luchando solo y enfrentando la realidad de una manera realista. No existe otra manera.
Cuando nos enfrentamos a distintas pérdidas que debemos afrontar, no debemos tener una actitud de resignación sino de aceptación. La aceptación lucha sin rebeldía, esto es, sin rebelarnos para recibir el consuelo que Dios quiere darnos.
Ocurren situaciones de dolor en nuestras vidas a veces producto de nuestros errores o infracciones cometidas a leyes naturales o espirituales. También existen pérdidas causadas por injusticias o accidentes. ¿A quién estamos culpando?
¿Quién no ha sufrido el dolor y la angustia de perder a alguien querido en esta vida? Se trata de una de las experiencias más traumática por la cual debemos atravesar, y la que posee preguntas que no tienen respuestas.
Tener amor no significa tergiversar la verdad. El amor es... las cosas directas. El que no ama, chamulla. El que no ama esconde la verdad. Más vale reprensión manifiesta que amor oculto.
El Amor de Dios es para todo aquel que en Él Cree. Esta es la condición de esta salvación que Cristo te ofrece, condicionada por la Fe. Hay que creer en Jesucristo para poder recibir su Amor.
La máxima expresión del amor de Dios se mostró cuando envió la solución para nuestro eterno problema. Cargó con nuestros pecados en la vida de Su hijo: pagó un precio invaluable y salvó nuestras vidas.
El amor de Dios no solamente cubre multitud de pecados, sino que es insuperable, invencible y conquistador de la voluntad del pecador y que busca lo mejor para sus enemigos.
El tamaño del amor de Dios es más grande que todos nuestros pecados. Dios no nos paga como lo merecen nuestras culpas. Fallamos a Dios cada minuto, pero sin embargo Él nos sigue dando vida.
Difícil de explicar. Difícil de comprender. Pero más que entenderlo, es necesario experimentarlo. Se trata del Amor de Dios. Del amor Divino y de cómo las personas pueden experimentarlo en sus corazones.
A veces nos encontramos con noticias desagradables o con conflictos que no podemos solucionar. Nos aterroriza y evadimos enfrentarnos a ellos. Cerrar los ojos a la realidad no los hará desvanecer.
En una era instantánea nos encontramos ante un Dios que no lo es. ¿Sos una persona que quiere todo inmediatamente? No se puede pretender que Dios haga lo que nosotros queremos cuando lo queremos.
¿Abatido? ¿Decepcionado? ¿Lúgubre? ¿Desmoronado? A menudo nuestra Fe decae y se desalienta, y evitamos nuestros conflictos. A veces elegimos el camino fácil, pero lo único que logramos es deprimirnos. Basado en Reyes 19
Cuando los problemas bajan de la mente al corazón, paralizan. Inutilizan, adormecen y nos incapacitan quitando nuestra voluntad y fuerza para seguir hacia adelante. ¿Qué harás?
Los clavos que dejamos en nuestra pared son oportunidades para que Satanás cuelgue algún cuadro. Quizás uno de duda, de muerte o de pesimismo. Tenés que ser libre en el Nombre de Jesús. Basado en 1º de Reyes 19
Muchas veces es normal que personas cristianas sufran diversas frustraciones en la vida. Lo anormal, es dejarnos dominar por la depresión. Nunca dudes en esos momentos de prueba.
Nada son las dificultades ni los contratiempos para aquellos que creen en Dios. Temblará todo nuestro cuerpo pero bien dentro nuestro, la presencia de Jesucristo nos hace más que vencedores.
Existen buenas noticias para vos. Buenos noticias de parte de Dios. Hay ciertas cosas y leyes que deben ocurrir, pero no hay que buscar culpables. Es todo parte de un plan mayor del cual no podemos escapar.
La motivación de Dios es salvar lo que se ha perdido: sanar lo que no lo está. Dios llena lo que está vacío. Dios redime. Dios quiere que todos seamos conocedores de la Verdad. Ese es nuestro Dios. Basado en Daniel 1