Tercera Vuelta, el podcast con Alejandro Gaviria y Ricardo Silva Romero.
Un podcast de El Locutorio, arroba ellocutoriodc.
Hola Ricardo, varios de los oyentes de Tercera Vuelta nos han dicho que los episodios basados en intercambio de mensaje de audios no son los mejores, pero esta vez Ricardo tocó nuevamente, estoy por fuera del país y no pudimos reunirnos a grabar. Esta semana, y aquí viene mi propuesta de tema, una oyente fiel oyente quiero decir te escribió diciendo lo siguiente Todo esto para decir que me gustaría escuchar en tercera vuelta sus opiniones respecto a la muerte
y al duelo. Si pueden incluir poemas relacionados, lo agradecería infinitamente. Te propongo, Ricardo, entonces que hagamos un episodio breve que sea una antología de poemas sobre la muerte y el duelo. Y yo voy a empezar con Jorge Luis Borges, quien escribió alguna vez en un cuento que se llama El inmortal, que la muerte hace patéticos y hermosos a los hombres. En una entrevista al final de su vida, Borges dijo también que tal que después de todo esto siguiera un juicio, quejándose,
si se quiere, de la inmortalidad. El poema que voy a leer es un poema que transmite lo que podría llamar la tristeza metafísica relacionada al paso del tiempo, que contiene esta idea que la vida es una súbita evanescencia, que vivimos sin saberlo muchas veces, despidiéndonos. Borges escribió este poema, si no estoy mal, cuando cumplió 50 años. y cuando fue
quizás por primera vez perfectamente consciente de su mortalidad. El poema, que tiene dos versiones, se llama Límites, y yo voy a leer, Ricardo, la versión corta, que me parece la más contundente y la más bonita. Límites, entonces, de Jorge Luis Borges. Hay una línea de Berlín que no volveré a recordar, Hay una calle próxima que está vedada a mis pasos. Hay un espejo que me ha visto por última vez. Hay una puerta que he cerrado hasta el
fin del mundo. Entre los libros de mi biblioteca, estoy viéndolos, hay alguno que nunca abriré. Este verano cumpliré 50 años. La muerte me desgasta incesante. Me parece un poema espectacular. Lo incluí Ricardo en el libro, hoy es siempre todavía que yo escribí sobre mi experiencia con el cáncer y lo incluí allí. porque a pesar de su tono melancólico me ha parecido siempre una celebración de la vida.
Un abrazo Alejandro y gracias por estos textos, a mí me ha parecido maravilloso escucharlos y estoy seguro que a la gente que en todo caso prefiere cuando hablamos frescamente e improvisadamente como siempre lo hacemos y vamos dando entre los dos con hallazgos igual a mí me parece que que estos ejercicios de vez en cuando tienen mucha gracia, aprende uno mucho, se parece mucho, recuerdo una vez más, a nuestro libro. Y en este caso, mientras te oía,
pensaba en varias cosas. Pensaba en el momento en que fui a recoger los objetos de mi papá en su oficina de la universidad, que fue un trasteo muy triste, Y fue impresionante estar en la universidad de él, sin él.
en su oficina sin él, cómo fue impresionante recoger las cosas de su armario, su ropa, ver quién la quería, todo esto que estabas diciendo, que es impresionante, y simplemente quería decir que luego de su muerte he escrito libros sobre el duelo, entre otros uno que se llama El Libro del Duelo, que es la historia de don Raúl Carvajal, o Río Muerto, que también es una historia real convertida en novela, o... En fin, he tenido esa vocación a acompañar duelos porque fue muy golpeador el duelo por la
muerte de mi papá. Aprende uno que uno lo conserva, es decir, lleva ese duelo por dentro. Es una historia que tiene adentro y es una especie de órgano vital con el que camina. Pero pensando en la eternidad, en la muerte, en el amor, en lo que queda de una vida, más allá de los objetos, que me parece fascinante, qué hacer con los objetos de alguien que muere, qué hacer con la taza de café que dejó en la mitad, o el desorden que dejó, cómo es de duro ordenar
el desorden que deja alguien que ha muerto. Pues me viene a la cabeza un poema, un soneto de Quevedo, que es justo sobre lo que sobrevive a la muerte, que es el amor. Es una idea de poetas del principio de los tiempos, como la luz que sobrevive... Todo es la luz del amor. El poema que veo que es un lugar común para cualquiera que sepa de poesía es amor constante más allá de la muerte. Es un soneto,
vuelvo a decirlo, y es este. Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevará el blanco día y podrá desatar esta alma mía, ora su afán ansioso lisonjera. Mas no, de esa otra parte, en la ribera, dejará la memoria en donde ardía, nadar sabe mi llama el agua fría y perder el respeto a ley severa. alma a quien todo un dios prisión ha sido, venas que humor a tanto fuego han dado, médulas que han gloriosamente ardido, su cuerpo dejará, no su cuidado, serán ceniza, más tendrá sentido,
polvo serán, más polvo enamorado. Es un poema muy, muy famoso de la historia literaria del mundo. Es... lleno de perfecciones, de precisiones, como pocos textos que conozca uno, y tiene algo desolador y algo conmovedor y algo esperanzador al mismo tiempo, que me parece no es nada fácil lograrlo. Entonces querría...
Querría terminar este intercambio con ese soneto, pero sobre todo con esa idea de que hay algo que sobrevive a la muerte, algo de uno, algo de lo que uno ha hecho y sobre todo que sobrevive lo que uno ha amado. Yo lo creo. Creo que eso sobrevive al cuerpo. Y creo que es todo un propósito para una vida, toda una razón para seguir viviendo.
recomendación libresca el arte de no enloquecer
gran libro, un libro inolvidable
para toda nuestra audiencia nuestro libro ya está en todas las librerías creciendo en la lista de los más
vendidos porque la gente se va enterando y por eso no queremos dejar de decir que ya está en las librerías y que yo creo que al menos es un libro auténtico que sirve para ver cómo funcionan las cabezas de dos personas cercanas
He creído, Ricardo, que la poesía, en general este tipo de poesía, la poesía sobre la vida y la muerte, es al mismo tiempo celebración y protesta. Quisiera hablar un poco de la protesta y para hacerlo voy a mencionar algunas frases de Fernando Vallejo sobre la muerte. A uno primero la vejez lo tira al suelo y después la muerte lo mata, dice. Todo se vuelve recuerdos y uno se muere con ellos. Muere el hardware y se arrastra
a la muerte el software. Y después, en un ensayo sobre la evolución, dice lo siguiente, quejándosele a Dios, con vejez y muerte este asunto no me sirve. Es una insensatez que viene de un pantano y que va hacia
la nada. Es que el mundo está mal hecho. dios lo hizo mal resultó un maestro de obra chambón ante esto ante esta idea de la vida y la muerte ante esto que fernando vallejo llama una insensatez me gusta anteponer ricardo la poesía cósmica cierta poesía que celebra la fugacidad de todo que a pesar de que la vida sea un paréntesis entre la nada y la nada, que a pesar de que la vida sea una gran operación algebraica cuyo resultado sabemos de antemano cero, celebran la vida.
Y dentro de esta celebración hay un poema en particular que siempre me ha gustado del poeta cósmico venezolano Eugenio Montejo, Nació en Caracas en 1938 y murió en Valencia en el año 2008. Y el poema tiene un título que siempre me ha parecido maravilloso, existencial. Se llama Lo Nuestro. Lo Nuestro quiere decir la vida y la muerte, la fugacidad de todo. Paso a leerlo, Ricardo. Está dedicado a Álvaro Mutis, casualmente. Tuyo es el tiempo cuando tu cuerpo pasa con el
temblor del mundo. El tiempo, no tu cuerpo. Tu cuerpo estaba aquí, tendido al sol, soñando. Se despertó contigo una mañana cuando quiso la tierra. Tuyo es el tacto de las manos, no las manos. La luz llenándote los ojos,
no los ojos.¿ Acaso un árbol? un pájaro que mires lo demás es ajeno cuanto la tierra presta aquí se queda es de la tierra solo trajimos el tiempo de estar vivos entre el relámpago y el viento el tiempo en que tu cuerpo gira con el mundo el hoy el grito delante del milagro la llama que arde con la vela no la vela la nada de donde todo se suspende eso es lo nuestro Me parece, Ricardo, que este poema describe lo que el mismo Eugenio Montejo llama terredad,
estar aquí en la tierra, no más lejos que un árbol. no más inexplicable, livianos en otoño, henchidos en invierno. Es una celebración de la vida a pesar de la muerte. Oí por primera vez este poema, quiero decirlo, en una ceremonia de grado, yo era decano de la Facultad de Economía en la Universidad de los Andes, pronunciado en un discurso en esa ceremonia de grado por la poeta colombiana María Gómez. A ella le debo este hallazgo de Eugenio Montejo.
Y es muy conmovedor, realmente profundamente conmovedor el poema de Montejo, que es sobre descubrir que el tiempo es irreversible, que el cuerpo es irreversible y que reaccionamos a eso. De cierto modo, vivir es reaccionar a ese descubrimiento. se vive de acuerdo con el descubrimiento de que nada vuelve, de que el tiempo nos va empujando. Pensaba cuando escuchaba los poemas en los consejos de escénica sobre el tema, sabemos
del atrapar el momento, del... Carpe Diem y todas estas ideas que han llegado hasta la cultura popular con tanta fuerza y a tiempo porque es lo mínimo que uno puede hacer en la vida es que el día le aguante, que el día sea largo en el mejor de los sentidos. Y entonces busqué entre mis notas de Seneca para un libro que comentamos alguna vez, el libro de horas sobre las cartas de Seneca, encontré este consejo que se lo da en un texto que se llama Consolación a Marcia.
Sea lo que sea, Marcia, lo que por casualidad brilla a nuestro alrededor, hijos, dignidades, riquezas, amplios atrios y vestíbulos rebosantes de la multitud de clientes que no hemos podido recibir. un hombre ilustre, una esposa noble o bella y lo demás expuesto a una suerte incierta y variable, son pompas que otros nos han dejado. Nada de esto se da de regalo. La escena se embellece con objetos prestados y retomables a sus dueños. Unos se devolverán el primer día,
otros el segundo, pocos permanecerán hasta el final. Así pues no hay por qué envanecerse, como si estuviéramos situados entre
posesiones nuestras. las hemos recibido en depósito nuestro es el usufructo por un tiempo que regula el autor de la donación nos conviene tener a punto lo que nos dieron hasta una fecha imprecisa y devolverlo sin quejas cuando nos citen es de pésimo deudor organizar un escándalo a su acreedor Luego a todos los nuestros, tanto los que por razón de su nacimiento deseamos que nos sobrevivan, como los que tienen el justísimo deseo de precedernos, debemos amarlos tal
como si no se nos hubiera prometido nada sobre su perpetuidad, mejor dicho, nada sobre su longevidad. A menudo hay que recordar al espíritu que ame las cosas tal como si fueran a desaparecer, mejor dicho, como ya desapareciendo. Todo cuanto la suerte te ha dado, poseelo como algo carente de garantía.
apoderados al vuelo de las satisfacciones que os proporcionen los hijos dejad que a su vez disfruten de vosotros y apurad sin tardanza todas las alegrías nada hay prometido sobre la noche de hoy aun he dado un plazo demasiado largo nada sobre la hora presente Hay que apresurarse. Nos van pisando los talones. Pronto se separará esta compañía. Pronto estos vínculos se desharán levantando gran revuelo. Todo es pura rapiña. Vosotros, desdichados,
no sabéis vivir en plena fuga. Esa idea de vivir en plena fuga, de que el día sea lo que uno quiere que sea, a mí me parece fundamental. Lo hablamos en el arte de no enloquecer. Nuestro libro, El arte de no enloquecer, lo escribimos allí y creo que hay que repetirlo al máximo. Yo creo que desde cierta edad que cumplí empecé a pensar no voy a hacer con mi vida algo que... que mi vida no lo merezca, no voy a entregarle mi vida a alguien que no sea alguien que yo quiero y que estoy cuidando y
que estoy celebrando. Entonces, creo que eso le cambia uno la cabeza realmente y creo que este es un gran tema. Hay que agradecer que nos hayan puesto en estas búsquedas. No es claro que todos podemos escribir. Es claro que todos, con suerte y con vocación, podemos dedicarnos al oficio de escribir. Pero últimamente pienso que no solo podemos, sino que debemos escribir. Escribir es la mejor terapia que tenemos a la mano. Bienvenidos a Ficcionario, un curso en audio sobre cómo
y por qué escribir. Sigo Ricardo con este ejercicio existencialista de poesía, quizás exagerado, no sé, que dirán nuestros oyentes. Tengo una foto en Instagram de un libro del poeta y escritor mexicano
José Emilio Pacheco, Y en la última página copié frases que encontré en sus poemas. Una de ellas, ya la había mencionado anteriormente, es aquella idea de que vivir es ir muriéndose. Hay otra frase bonita en ese mismo sentido. A toda parte vamos a no volver. Estamos por última vez en donde quiera. También un poema sobre el paso del tiempo. Al lado de esas frases, Tengo copiada, ahora me doy cuenta, una frase de otro poeta cubano, o de un poeta cubano, Nelson Simón. El poema se llama
Sustancia de lo efímero y dice lo siguiente. Morir sería tan fácil como abrir las ventanas y que entren, llevándoselo todo, los sordos ejércitos del tiempo y del olvido. En el mismo libro de José Emilio Pacheco hay un fragmento que se llama Hoy mismo, que dice lo siguiente, Ricardo, mira las cosas que se van, recuérdalas, porque no volverás a verlas nunca. Y este fragmento me hace recordar un comentario que nos hizo un oyente cuando hicimos hace casi dos años.
Un episodio sobre los objetos. Alguien nos mandó un poema de Jorge Luis Borges, un famoso poema que se llama Las Cosas y que termina así, hablando de los objetos o las cosas. Nos sirven como tácitos esclavos, ciegas y extrañamente sigilosas. Durarán más allá de nuestro olvido, no sabrán
nunca que nos hemos ido. Menciono esto, Ricardo, porque me gustan los poemas que reflexionan un poco sobre lo que queda del mundo cuando nos vamos, qué va a ser de nuestros libros, qué va a ser de nuestra ropa, qué va a ser de aquellas colecciones, de aquel cosmos que creamos día a día y que la entropía¿ Borrará para siempre?¿ Quién va a recoger los estragos?¿ Quién se va a ocupar de esa tarea existencial de quizás regalar
lo que hemos acumulado? Y en este sentido hay un poema del poeta cubano Eliseo Diego, que se llama el día de los otros el día de los otros para él quiere decir la muerte voy a leer un fragmento Ricardo que es un poema sobre esto sobre lo que va quedando lo que va quedando sobre las cosas sin nosotros cuando por fin amanezca el día de los otros absolutamente el día en que no estás que solos van a quedarse tus zapatos y sabiendo que a ti que más te da colgarán tus camisas de las perchas con
cuanto imaginario desconsuelo porque cuando amanezca el día de los otros de veras que va a darte que más da supone entonces otra forma de ser tú mientras los otros huelen el sol que ya no ves, y piénsate un estar que no es aquí, donde no escuchas la impertinencia del reloj, y llámalo la eternidad.¿ Cómo pensar que entonces no va a importarte tu mujer, ni te harán gracias las bromas de tus hijos, ya porque no sabes tú de ti ni qué? Ya porque no sabes tú de
ti ni qué, dice el poeta. Y así no entiendes tú la eternidad, ni yo. Es también un poema existencial, Ricardo, esta idea de que nos vamos y a pesar de que quedan ahí unos objetos, esa otra eternidad de la que protestaba Fernando Vallejo no es la que nosotros entendemos. Quizás la única eternidad posible es la imposible, la de seguir habitando este mundo.
Bueno, Alejandro, pensando en el poema de Borges, que es muy conmovedor, Se me vino a la cabeza el libro de Joan Didion sobre el duelo, que se llama El año del pensamiento mágico, y busqué un párrafo que me parece estremecedor, que es este. El dolor por la pérdida nos resulta un lugar desconocido hasta que llegamos a él. anticipamos, lo sabemos, que alguien cercano a nosotros puede morir, pero no imaginamos más allá de los días o semanas inmediatamente
posteriores a esa muerte imaginada. Incluso interpretamos erróneamente la naturaleza de esos pocos días y semanas. Si la muerte es repentina, es posible que esperemos sentirnos conmocionados, pero no esperamos que la conmoción sea arrasadora, que trastorne a la vez el cuerpo y el espíritu. Es posible que esperemos sentirnos postrados, inconsolables, locos por la pérdida, pero no esperamos estar literalmente locos, personas enteras que creen que su marido está a punto
de regresar y necesita sus zapatos. En la versión del dolor que imaginamos, la pauta a seguir es la recuperación. prevalecerá un cierto movimiento hacia adelante. Los peores días serán los primeros. Imaginamos que el momento más duro de la prueba será el funeral y que tras él se iniciará
esa hipotética recuperación. Cuando anticipamos el funeral nos preguntamos si lograremos superarlo, estar a la altura de las circunstancias, hacer gala de la entereza que invariablemente se menciona como respuesta correcta ante la muerte. Anticipamos que necesitaremos fortalecernos para ese momento.¿ Seré capaz de recibir a la gente?¿ Seré capaz de dejar el lugar?¿ Seré capaz siquiera de vestirme ese día?
No sabemos que ese no será el problema. No podemos saber que el funeral en sí mismo será anodino una especie de regresión narcótica, arropados por el cariño de los demás y por la gravedad y significado de la ocasión.
Ni podemos saber, y ahí reside la diferencia fundamental entre cómo imaginamos el dolor y cómo es en realidad ese dolor, la interminable ausencia que sigue al hecho en sí, el vacío, la absoluta falta de sentido, la inexorable sucesión de momentos en los que nos enfrentaremos a la experiencia del sinsentido. Es un párrafo muy fuerte, muy contundente, que cualquiera que haya perdido a alguien entenderá perfectamente. Hay que decir que
el tema del funeral es fundamental. Cómo uno está en una bruma mientras le dan el pésame y cómo sin embargo de esa bruma sobrevive el recuerdo o a esa bruma sobrevive el recuerdo. de quiénes fueron, quiénes lo acompañaron,
quiénes mandaron mensajes. Yo, siempre que a alguien se le muere alguien, tiendo a aparecer, a escribir, a comentar, si puedo voy a los entierros, a los funerales, a las velaciones, porque sé que sí es fundamental en el rito del duelo, es fundamental ver a los demás, saber que los demás le reconocen a uno la terrible noticia de que ha perdido a alguien. Un abrazo
Ricardo y ya nos veremos la semana entrante en persona
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