La adolescencia no es una etapa, es una enfermedad.
Pero realmente uno sí es testigo de que de los 20 a los 30 hay una etapa de locura llena de escenas grotescas, de madrugada y dramas pasionales. En fin, los 20 a los 30 son una adolescencia que no se ha descrito lo suficiente.
Esa contradicción adolescente tantas veces señalada de quiérame mucho pero déjeme solo.
Estaba pensando que a los... 30, esa edad, yo sí creo que puedo decir que ya no era adolescente porque ahí ya tenía un posible divorcio.
Esa relación con los padres es compleja. Lo que uno les hace a los padres siendo adolescente, lo paga uno con sus hijos adolescentes. Muy probablemente. Esa especie de justicia intergeneracional.
Tercera Vuelta, el podcast con Alejandro Gaviria y Ricardo Silva Romero.
Un podcast de El Locutorio, arroba ellocutoriodc.
Hola Ricardo. Hola Alejandro. Una de las noticias de esta semana o de la anterior, ya no recuerdo, es un estudio de tantos que hay, que dice que ahora, en esta época, la adolescencia termina a los 30 años. Sí, es impresionante.
En esa cascada de estudios que aparecen ahora todos los días... quizás es el más interesante de todos porque sí explica algo que uno mismo ha podido ver y es que se supone que la adolescencia termina cuando la gente puede votar en las elecciones, pero realmente uno sí es testigo de que de los 20 a los 30 hay una etapa de locura muy verificable, llena de escenas grotescas, de madrugada y... Y de dramas pasionales, en fin, los 20 a los 30 son una adolescencia que no se ha descrito lo suficiente.
Sí, no sé si era un estudio con bases científicas, no sé si era una simple observación de que la adultez se está aplazando.
También
puede ser. Esa resignación que viene con la adultez se aplaza cada vez más. Pero cuando yo leí la noticia me produjo angustia. Porque todas esas tribulaciones de la adolescencia deberían durar 4 o 5 años, pero si duran 15, la vida humana va a ser más complicada.
Totalmente, va a ser más complicada, va a cambiar todas las fechas y va a explicar muchas cosas. Por ejemplo, sentimientos como la indignación o la frustración. la rabia, siguen siendo tan poderosos, por ejemplo, en democracia, en las elecciones, en las campañas políticas.
Mi papá solía decir, Ricardo, una frase que recuerdo siempre, decía, la adolescencia no es una etapa, es una enfermedad.
También es una posibilidad que uno tenga su adolescencia por dentro y despierte, duerma...
No, y lo que quería decir era que todas esas cosas que ocurren en la adolescencia, esa forma de decir el desarrollo fisiológico, físico, mental del ser humano no es lineal, sino que ocurre por momentos, etapas donde eso está ocurriendo, está ocurriendo de una manera tan intensa que se podría asociar casi con una enfermedad. Sí. Y vienen todos los problemas de la sociabilidad que dejan de lado todo. Yo recuerdo,
yo era un niño existencialista hasta los 12. Sí. En la adolescencia esas preocupaciones quedaron atrás.
Yo creo que yo también era un niño existencialista y a ratos pienso que ahí me quedé
Pero en mi caso, Ricardo, las urgencias de la sociabilidad en la adolescencia como que borraron todos los otros problemas y era una vida que yo no recuerdo particularmente feliz. No voy a decirle infeliz, pero no fue particularmente feliz.
Era tenso. Yo me acuerdo del bachillerato, incluso de la universidad, como algo tenso, como estar En juego todo el tiempo, como uno sentir más el peso de la mirada ajena, como que estar poniéndose en escena con mucha conciencia.
Demasiado, demasiado de la sociabilidad.
La preocupación de la ropa que no es, o de las caras que no son, o de las frases que no se deben decir
Los barros en la cara. Los barros. Y llegar a la casa... donde había cierto refugio, pero también la relación con los padres era difícil.
No es claro que todos podemos escribir. Es claro que todos, con suerte y con vocación, podemos dedicarnos al oficio de escribir. Pero últimamente pienso que no solo podemos escribir, sino que debemos escribir. Escribir es la mejor terapia que tenemos a la mano. Bienvenidos a Ficcionario, un curso en audio sobre cómo y por qué escribir
Toma el audiocurso de escritura Ficcionario en ellocutorio.com con Ricardo Silva Romero.
Esa contradicción adolescente tantas veces señalada de quiérame mucho pero déjeme solo.
Sí, totalmente. Un amigo cercano, ya lo hemos hablado alguna vez, además señalaba que ser adolescente en esta época no era igual que en los 70s o los 80s, incluso en los 90s. Porque en esa época, de verdad, como tú dices, uno tenía refugio. Volvía a la casa y se quitaba los zapatos y no importaban los barros. Había un sitio donde no importaban los barros. Pero hoy en día... Pues todo el mundo está conectado las 24 horas. No se puede
dejar de ser adolescente. Uno no puede volver a ser niño mientras vuelve al colegio a ser adolescente porque está conectado y vigilado constantemente.
Yo creo que, Ricardo, si uno quisiera señalar quizás en el mundo, no solamente en Colombia, sino en el mundo, como uno de los hechos o eventos más preocupantes de la última década, porque comienza por el año 2014, 2015, es el deterioro de la salud mental de los adolescentes. Como consecuencia, en buena medida, no es la única causa de las redes sociales. Estoy concentrado muy en las mujeres. En cierta edad que sí va, no hasta los 30, sino de los 13, 14,
hasta los 20, 20 y pico. Ha sido mostrado de toda la manera, los datos están ahí. Y no tenemos una respuesta clara. Hay experimentos que se están haciendo en los colegios, en buena parte del mundo, de prohibir, por ejemplo, los teléfonos celulares. en ámbitos escolares, hay uno grande en Australia, otro grande también en Brasil, más reciente
Hasta los 16, entiendo.
Aparentemente con resultados positivos, a pesar de que yo nunca he estado muy a favor
del
prohibicionismo.
No me suena tampoco como una opción muy lógica, pero parece que ha salido bien, y además es muy disciente que ya se hayan lanzado a esa prohibición. Hay un hecho, digamos, científico e innegable, por lo tanto, que es que hay una transformación cerebral en esos años. Es decir, está claro que los adolescentes tienen que dormir más que los niños y que los adultos que están recuperándose porque la experiencia de vivir para un adolescente es abrumadora, está llena de
nuevas experiencias. El cerebro lo está obligando a uno no a escuchar La versión de otros sobre el mundo... Sino experimentarlo... En carne propia... Todo... Y entonces es un cerebro que escucha menos... Las órdenes... Los consejos... Y se lanza a vivir... Entonces...¿ Cómo será ese cerebro ahora?¿ Qué cortocircuito estará viviendo cuando no se le deja dormir las 14 horas o las 12 horas, sino que está conectado todo el tiempo e hiper sensibilizado,
como se diga, como estremecido todo el tiempo? No está pudiendo vivir su etapa en paz. Y
ese presentismo. Ricardo, creo que hablábamos antes esta semana cuando tuvimos la oportunidad de compartir como dificultades familiares. Cuando uno trata de aleccionar a un adolescente sobre riesgos futuros, sobre lo que puede pasar más adelante, simplemente no está ahí.
no, no está escuchando
y yo te decía Ricardo este fin de semana que es la misma actitud que tengo yo cuando estoy en un avión y la auxiliar de vuelo comienza a hablar de un riesgo para el yatero o que algo que puede pasar simplemente no estoy prestando atención a los gestos que está haciendo la zapata creo que Tomás es igualito
no en el avión sino en la vida así también es nuestro hijo igualito está en su camino y bueno uno tiene ahí la ilusión de que sepan que uno está por ahí atrás en un cuarto A ver si necesitan algo
Voy a hacer un comentario epistemológico. Yo he encontrado que usualmente en las ciencias sociales, quienes los hacen profesionalmente y los comentaristas, confunden ciertas características como psicológicas del adolescente, por ejemplo, esa incapacidad de investir un futuro, que tiene que ver con esa etapa y con el ser humano, de críticas sociales,
como si eso le pasara a esta época. Recuerdo haber leído en los años 80 un ensayo largo de Stanislav Zuleta diciendo esto, en esta época para los jóvenes es imposible, lo decía de esta manera, investir un futuro. Pero yo no creo que sea una característica de esa época o de esta, es en general de los adolescentes. Es imposible para
ellos
pensar en el futuro y por eso tienen cierta tendencia autodestructiva, que incluso puede ser poética.
Sí, es bella y por eso es tema...
No me jodan con el futuro.
Exacto. Sí, es anclarse en el presente. Y eso se supone lo que buscan las filosofías orientales, por ejemplo, o los monjes budistas.
Sí, no está muy con la atención aquí, pero yo estoy habitando este mundo y la comedia en la que vivo es tan complicada que no me vengan a decir en 10 años qué
va a pasar. De hecho... Lo hemos también hablado alguna vez, los críticos literarios pensarían que es el momento de la poesía, porque es el
Desgarrador, hay
un desgarramiento. Y es la conexión, la sintonía con el presente, la sintonía absoluta con el presente, es decir, no hay futuro y el pasado quedó atrás. Quedó atrás, exactamente.
Hace un año aproximadamente, no sé si había contado esta anécdota en una episodio anterior, yo estuve en un colegio en Ciudad Bolívar, invitado por el gimnasio moderno. Es
el sabio Caldas. El sabio Caldas, que es un colegio chévere.
Y estuve con el poeta Federico Díaz Granados. Y estábamos con jóvenes de grado 10 y grado 11, hablando de literatura. En algún momento noté yo, Ricardo, algo que estamos hablando aquí, y es que los adolescentes son inmunes a las formas tradicionales de sabiduría. Sí. Uno apuntó aquí una frase, una frase de Marco Aurelio, incluso debemos celebrar el menor de los avances o cosas como esas, ¿no?
Sí.
La moderación.
Para un adolescente eso no tiene ningún sentido
Es carreta, es casi estúpido, ¿no?
Es carreta.
Y yo noté que estábamos en una deriva hacia allá. Y tratando de salir de ahí, que ya nos habíamos descanotado completamente del auditorio, yo vi que había dos jóvenes, dos mujeres, hablando, riéndose. Yo paré la conversación y le pregunté a una de ellas una pregunta impertinente, que lo dice todo. Le dije,¿ de dónde se imagina en cinco años?
Es una buena pregunta para definir todo esto.
Qué dijo?
Que no se imagina. No puede ser. Lo
dijo con cierta altivez, como un chiste en buena medida. Yo
no
lo entendí de una manera más dramática, trágica. No me joda. Es no me imagino. Pero lo quiso decir de esa manera más tajante. Muy tajante, sí. Yo la entendí como una crítica, no pregunto impertinencia. Sí, no se meta conmigo. Sí, estoy viviendo el mundo y tengo que estar aquí cinco años, ya veremos qué pasa. Es una escena espectacular. Sí, es lo que uno le puede decir a la zapata, no me joda. Sí, exacto.
Ay, no me joda.
No
me joda con riesgos futuros. Sí, estamos en lo que estamos. Pero
es duro, es duro y muestra también ese elemento autodestructivo que siempre me ha parecido fascinante. A mí me gusta la autodestrucción en el ser humano. Como
la atracción al abismo, a mí
también me fascina.
Sí, me gusta eso
Vivir en los márgenes y decir en cualquier momento salto al vacío.
Y hay que decir, y yo lo recuerdo de cuando tenía 17, 18, 19, que uno en esa edad sí tiene como cierta lucidez. Hay algo medio profético como de conexión con la trascendencia o con la vida misma que es muy artístico y también muy fuerte. Es decir, sí hay una sabiduría allí que se pierde. Distinta, sí es distinta
No es Michel de Montaigne. No. que reflexiona sobre su vida en retrospectiva. Es otra cosa.
Y hay algo ahí que también recuerdo y es que uno se siente mucho más viejo a esa edad que hoy.
Como hay un peso del mundo, como que uno acaba de descubrir las trampas del mundo, los engaños del mundo, las farsas, y entonces se siente agotado por lo que está pasando y por eso hay tanta... vocación al abismo, como tanta cosa medio suicida, así no termina en eso, digamos, pero si piensa uno en Rimbaud o en el joven Werther o en estos personajes de novelas de iniciación o películas de iniciación, que uno no sabe si son historias que terminan bien o terminan mal, es decir, uno no sabe,
toda novela de iniciación termina en que el joven Werther acepta con resignación su adultez. Se entrega ya
a la adultez. O simplemente decide escapar. A veces de manera dramática. Tenemos en Colombia Rodrigo del no futuro.¿ Qué es eso? Claro, eso es. La idea del no futuro, que es la misma que yo recogí en esa conversación en Ciudad Bolívar. Y las novelas de iniciación son eso. Es habitar un no futuro.
Es habitar un no futuro, pero me hace pensar la película que que justamente ahí no hay futuro como en una adolescencia que tenga mejor suerte, es decir, una adolescencia de clase media, por ejemplo, que pueda estar en tránsito a una adultez con cierta suerte y cierto futuro.
Pero también hay un rechazo en eso. También hay un rechazo en eso.
Y también una cosa que incluso se la escuché alguna vez a un psicólogo y es que tener una adolescencia también es tener cierta fortuna. Porque hay gente que no se da el lujo porque vive en un sector poco afortunado de la sociedad, pues no puede andar por ahí botando puertas. Y donde hace un tránsito
el adulto desde muy temprano. Muy temprano. Simplemente adaptarse a la vida, ¿no? Le tocó.
Es
decir,
los reveses que todos tenemos en la vida le tocan muy temprano. Y entonces es expulsado de la... de la infancia directamente a la adultez.
Diría un crítico social entonces que esa adolescencia hasta los 30 simplemente es una muestra de
privilegio. Uno podría pensar que es privilegiado, claro. Pero sí, uno no sabe si en las novelas de iniciación es una comedia que llega, una persona que llega a la adultez y se resigna y empieza a jugar el juego de del mundo y sus simulaciones o es una tragedia de un sabio que entrega la sabiduría y se suma a lo que se denuncia por ejemplo en el graduado la película y la novela o en el guardián entre el centeno o en esas cuentos de Salinger o en
los nueve cuentos que es como como rendirse a los zombies, ser adulto es como ser uno de los zombies y perder la energía y el espíritu.
Sí, yo creo que la mirada de los adolescentes a los adultos tiene algo de eso, ¿no? Sí, estos zombies hablando estas pendejadas. Yo me acuerdo que Mariana me dijo cuando era adolescente que veíamos en Noticiero CMI en esa época, ya no lo hacíamos, decía, uy,¿ será que este es el momento más emocionante que tiene mi papá cada día?
Yo creo que uno... Verraco esa vaina, ¿no? Cuando Pascual empezó a llevar a los amigos ya adolescentes, porque pues los conocemos a todos desde los cinco años y todos son pues una belleza a todos y siguen siendo, pero cuando ya eran adolescentes yo me acuerdo de haberles dado una bienvenida a la casa, como, sí, gané esta su casa y sentirme inmediatamente como un imbécil, porque la mirada de todos era como, esta hueva,¿ qué nos está diciendo?
Si los conocemos desde hace no me tienen que dar la bienvenida y uno puede decir muchas cosas idiotas de adulto
yo creo que hay un doble intercambio de los padres con los adolescentes o de los adultos ellos diciendo pobrecitos y uno también pobrecitos porque yo ya pasé por eso hay ese doble intercambio una mirada quizás la de uno es más compasiva la de uno es más compasiva, la de ellos un poquito despreciativa pero también pobrecito la de ellos es más avergonzada la de uno es más compasiva Esto ya en el modo zombie. Estos pobres zombies. Y
nosotros diciendo, llegarán aquí. Llegarán aquí. Llegarán aquí al modo zombie. Bienvenido al futuro. Recomendación libresca. Sí. El arte de no enloquecer.
Gran libro. Un libro inolvidable.
Para toda nuestra audiencia, nuestro libro ya está en todas las librerías, creciendo en la lista de los más vendidos.
Sí, ahí va subiendo porque la gente se va enterando y por eso no queremos... dejar de decir que ya está en las librerías y que yo creo que al menos es un libro auténtico que sirve para ver cómo funcionan las cabezas de dos personas cercanas.
Siempre he pensado, Ricardo, este es un lugar común que esa relación con los padres es compleja. Lo que uno les hace a los padres siendo adolescente lo paga uno con sus hijos adolescentes.
Es
una especie de justicia intergeneracional. Leí una frase de Joseph Brofky que he citado varias veces en nuestras conversaciones, que estaba dirigida a los adolescentes, a un grupo de jóvenes, que decía algo bonito, decía, cuidado con sus padres, son un blanco demasiado fácil.
Sí, tan bonito eso.
Herirlos es muy fácil.
Un papá es un blanco muy fácil, es muy sencillo. Los
adolescentes no son plenamente conscientes de eso.
No.
O sea, también en sentido contrario, los hijos también son un blanco demasiado fácil.
Sí, y los adolescentes... son muy incomprendidos también. Es decir, uno como adulto pierde noción o olvida esa lengua.
Olvida esa lengua, sí, olvida esa lengua y es muy fácil caer en la crítica de los adolescentes. Mi cuñado dice incluso aborrecentes.
Aborrecentes, claro. Pero sí, es una gente... Viven
en otro planeta o en otro... Y
es otra lengua, pero es gente... digamos buena y sensible y que está más pendiente de uno de lo que uno cree. Hay unas cosas que simplemente volver
a... Buena, Ricardo, pero también hay hechos ciertos, por ejemplo, los homicidios. Las víctimas y los victimarios están muy, muy concentrados, excesivamente concentrados, desproporcionalmente concentrados en esa etapa de la vida. Pues bueno,
ya no es un spoiler para estas alturas, pero la serie de adolescencia es eso. Es eso, es eso. La serie de Netflix de adolescencia
que es magnífica. De la adolescencia que son,
pueden ser terribles, tienen consecuencias ya irreversibles. Claro, meterse de cabeza en esas convicciones es una especie de fanatismo, de delirio temporal en el que se puede acabar la vida.
Relaciones con tus padres, Ricardo, siendo adolescente. Las mías fueron complejas con mi mamá. Sí, tensas. A veces tensas, sí. Hoy me he hecho la culpa. Pero
te duraron mucho? No no, tres o cuatro años. No sé por qué. Es que no se sabe, es como una reacción física, más que psicológica. Sí, sí
eso de cerrar la puerta, de decir no me jodas.
Así
era mi hermano. Y sienta cierta impermeabilidad impostada también, exagerada de la cuenta, cualquier cosa que me decían.
Hay algo como de protegerse de uno mismo. Yo creo que uno está más sensible que nunca y está más en juego que nunca su forma de ser y le toca como replegarse por un rato. Es como una hibernación.
Extravíos de la memoria y cosas como va llegando. Preadolescencia, 14 y 15 años, estábamos en un supermercado en el éxito. y estábamos ya pagando y vino una compañera de colegio que a mí me gustaba y yo me asusté y mamá se dio cuenta de todo y yo me di cuenta que ella se había dado
cuenta 14 años, 15? Sí
a los 14, 15 años yo casi que empecé a sudar y mi mamá se dio cuenta y cuando yo me di cuenta que ella se había dado cuenta pues esa reacción aumentó y mi mamá me dijo¿ pero por qué se pone tan tímido?¿ qué le está pasando? y me chocó mucho que me diera eso Pero en ese momento entré como en la sabiduría. Y yo le dije, mami,¿ sabe qué? Esto se me va a pasar.
Una buena...
Sí, sí, como que ahí sí. Esto va a pasar. Esto es una puta etapa. Sí. Dejaremos esto atrás. Está muy bonito. Yo aprendería a manejar estas situaciones. Es un momento... Como que ni al más. Sí, sí, un momento bonito.
Yo me replegué. Creo que fue mi adolescencia. Más que botar puertas. Yo creo que mi hermano tuvo una adolescencia más sana. Como más de decir que no lo jodieran. En general, yo creo que él ha sido más sano. pero yo me replegué y era más una soledad, como más refugiarse.
Yo también me replegué bastante, tanto a mi papá como a mi mamá. Cierta parte de esa soledad de estar leyendo les preocupaba. Sí, claro. Sí, porque
es como...
No salir, me decían,¿ por qué no sales? Salga más, salga más. No, estoy aquí leyendo tranquilo.
No, yo también me replegué y pude no salir mucho tiempo y le cogí mucho gusto. O sea que no sabemos si soy un niño o un adolescente.
Yo escribí, Ricardo, uno de mis artículos de la tesis de doctorado de efectos de grupo. Ah,
claro
eso es claro. En patologías juveniles y en temas como consumo de alcohol, consumo de drogas, embarazo adolescente. Cómo si eso ocurría con mayor o menor frecuencia en algún ámbito, que en este caso eran ámbitos escolares, eso impactaba comportamiento. Siempre me Pareció interesante. Es muy interesante. Muy interesante.
Y además en esta época en la que el grupo es tan importante por las redes, por ejemplo, que uno termina tragado por algún grupo eventualmente. Y entonces la pregunta de cuándo termina la adolescencia, en qué momento termina la adolescencia, es en qué momento uno es capaz de no pertenecer a nada, de no pertenecer a un grupo, de no ser una barra brava, por ejemplo, o una pandilla o.
O no preocuparse por esa frase que utiliza tanto mi hijo, ser popular, que eso ya me importa.
Sí, en qué momento
uno puede ser impopular. En qué momento uno ya es indiferente a esa presión del grupo. Exacto, exacto. Y en qué momento regresa uno hacia sus padres. Exacto
en qué momento uno regresa hacia sus padres y de cierto modo es su propio padre, como que logra ya no esperar que le resuelvan a uno nada, sino que uno se da cuenta que es el que tiene todo en sus manos para resolverlo, que nadie tiene la culpa de nada, sino que todo está en manos de uno.
Mi papá era muy consciente de esos ritos de paso, hablaba mucho, a mí no me gustaba ese vocabulario. A mí tampoco porque lo hacen sentir triste. Matar al papá, no, no, matar al papá, yo entendía que era una metáfora, entendía que era separarse de eso, entendía que era uno volverse tu propio padre, pero de alguna manera no me gustaba.
No, a mí tampoco me ha gustado cuando la gente muy cercana le dice a uno, cuando yo me muera, Tú no sé qué digo, no me hable de eso, eso no me sirve de nada, mejor dicho. Pero tiene sentido, sí hay unos ritos, sí hay unos giros dramáticos en la vida y quizás el fin de la adolescencia es el momento en el que uno no mata al padre, pero sí es un padre
Volviendo, Ricardo, a esa fecha de los 30, yo en esa época claramente ya no era adolescente.
cuando cumpliste 30, yo tampoco
No era adolescente, ya estaba casado, ya tenía toda la responsabilidad, estaba estudiando el doctorado, pero tocaba ganarse la vida de alguna manera, sobrevivir con una beca.
Sí, ya era otro mundo. Estaba pensando que a los 30, 31, esa edad, yo sí creo que... puedo decir que ya no era adolescente porque ahí ya tenía un posible divorcio entonces yo creo que ahí uno ya se da cuenta de que nadie tiene la culpa es uno el que tiene que salir adelante como se dice y está todo en manos de uno su felicidad, su sentido del humor y es liberador es bueno que nadie le esté resolviendo a uno nada
Yo a los 30, 31 de esa edad ya iba cero. Fui padre. De alguna manera eso también cambia todo. Es un giro total. Ya hice uno, bueno, ya estaba en eso en serio.
Es chistoso porque, como hemos hablado otras veces en las películas, todo gira en el minuto 33. O sea que sí hay... Uno podría decir que el primer acto de la vida de uno termina cuando termina la adolescencia.
Tal cual, tal cual. Después vendrá, y eso será tema de otro capítulo, esa segunda adolescencia por allá en los cuarentas. Cuando uno siente que la vida se está yendo y
hay que hacer algo. Me parece una edad tan peligrosa. Muy peligrosa, sí,
es muy
peligrosa. Se puede hacer más daño. Cuando la gente se pone bisoñé o compra carros clásicos, es un momento bien peligroso. Peligroso. Ahora que lo hemos superado también.
Yo también creo. Superado, superado. Para bien o para mal. Exacto. Abrazo, Ricardo. Un abrazo.
Elige siempre un buen rato. Elige siempre una buena conversación. Tercera vuelta, el podcast. Suscríbete ahora y escúchalo cada semana en tu plataforma favorita.
