En Colombia hay aproximadamente 500 librerías. Bogotá representa más o menos el 28% del Producto Interno Bruto de Colombia. Pero en librerías es el 40%. Y es que el promedio de educación en Bogotá es mucho más alto que el del resto del país.
Realmente las librerías todas son importantes y todas son necesarias porque tienen la personalidad de la librera o del librero.¿ Qué me creo yo para hacer novelas si existen todas estas novelas?
Tercera Vuelta, el podcast con Alejandro Gaviria y Ricardo Silva Romero.
Hola, Ricardo. Hola, Alejandro. Hoy tenemos episodio en vivo de Tercera Vuelta y quiero que nos cuentes un poquito la geografía.¿ Dónde estamos?
Estamos en la librería La Verbena. Bueno, estamos en La Verbena, que es una librería muy bella, muy conmovedora, muy acogedora. Es una especie de refugio que queda en diagonal a Unicentro. Hay un parquecito... que es muy bonito, si no estoy mal, es la calle 121, la calle 121 con la carrera 12, y es ya un centro cultural que convoca no solo a la gente del barrio, sino a la gente del norte que
no tenía... pues lugares como este. Bueno, hay desde exposiciones hasta un sistema que acabamos de conocer o hasta una especie de biblioteca comunal del barrio que es una belleza.
Aprovechando esta oportunidad Ricardo, quiero que hablemos un poco de nuestra historia contada a través de las librerías.¿ Cuál fue la primera librería que tú te acuerdas?
Yo me acuerdo de ir con mi papá, y esto pues va a revelar la edad definitivamente, a un lugar que quedaba en el lago, que ya de por sí es otra señal de la edad, y buscar libros de cine. Yo creo que mi papá estaba preocupado porque yo era el único de la casa que no leía, sino que veía películas todo el día y leía cómics y cosas de humor. Y yo creo que a él le pareció que si yo leía cosas sobre cine, me iba a enganchar.¿ Y
el lago es el barrio Lago, donde está Unilago?
Hoy en día es Unilago, o sea que ha cambiado mucho. Y había una librería que yo creo que se llamaba la librería del lago. Alguien aquí, yo no sé si sepa algo de eso, O es que también revela el promedio de edad, nadie sabe.
Hoy vi una frase, la leí Ricardo, que cualquier persona que haya nacido de los 80 para abajo, habitó un mundo que ya no existe.
Es muy probable,
claro. Ese mundo ya no existe. El que me tocó a mí en Medellín, cerca a la plazuela Nutibara, era una librería que se llamaba librería continental. ¿Existe? Ya no existe. Se fue para siempre de este mundo. En Colombia hay aproximadamente 500 librerías. Es impresionante, ¿no? De ellas, 100 están en Bogotá. Esa estadística me la mostró Ricardo y mi mente de economista me llevó a hacer la siguiente cuenta. Bogotá representa más o menos el 28% del PIB de Colombia, pero
en librerías es el 40%. Entonces, eso muestra que en Bogotá hay una sobrerepresentación con respecto a su importancia económica en las librerías, por una razón obvia, y es que el promedio de educación en Bogotá es mucho más alto que el del resto del país. Pero 500 librerías en Colombia y 100 en Bogotá, son más o menos los datos. Eso es la macroeconomía, ya vamos a entrar en la microeconomía de las librerías.
En la macroeconomía hay también un montón de librerías, esto ya no es estadístico porque es un montón. que están en Medellín y cada vez crecen más y es una ciudad que, por ejemplo, en su feria de libro que ellos llaman Fiesta, es cada vez más grande, cada vez más exitosa, cada vez más importante en el panorama de esos eventos en el
país. Yo creo que hay un crecimiento de las librerías independientes y pequeñas librerías de nicho que tiene que ver también con un fenómeno interesante, Ricardo, y es que en este país ha venido creciendo la población con educación superior. La gente que lee, a pesar de las predicciones más pesimistas,
ha venido aumentando. Sobre la microeconomía siempre me ha parecido, yo quisiera conocer una estadística, y es de una librería como EFTA, una librería cualquiera,¿ Qué porcentaje de los compradores del libro representa el 80% de las ventas? En un bar, más o menos, el 20% de los consumidores representa el 80% de las ventas, los consumidores problemáticos. Yo creo que
para libros también hay consumidores problemáticos. Probablemente el 10% representa el 80% de las ventas y ese 10% es imprescindible para el negocio. El pareto que llaman en la microeconomía de las librerías. Sí,
y hay una cosa de la que dices, Alejandro, que me queda sonando y es ese crecimiento, esa firmeza de, entre comillas, el negocio de las librerías, porque es un negocio muy conmovedor. Es decir, quien está...
Quién abre la librería el primer día tiene algo de...? Quijotesco, ¿no? Utópico.
Totalmente, totalmente. No puede uno tener una librería sin cierta vocación, me parece. Pero una cosa que a mí me ha sorprendido mucho y me parece que uno podría tomárselo como algo esperanzador en el mundo en el que estamos tan extraño, tan caótico a ratos, tan vertiginoso, es que si ustedes recuerdan en la pandemia... existía un temor muy alto, muy justificado, por la suerte de las librerías. Y fue muy impresionante, muy disciente de lo humano en la mejor acepción de
la palabra, la manera como las librerías se portaron. Cómo se volvieron casi que mensajeros de libros, cómo empezaron a redoblarse y a convertirse en clubes de lectura que le mandaban uno el libro a la casa. No se cerraron hasta donde se... no sé si se cerró alguna, una o dos o tres, pero volvieron... Todavía más y más y más librerías y se sostienen y el número de lectores crece y las editoriales cada vez venden más libros y el futuro negro que se le vaticinaba al libro hace,
no sé, 20 años... Desde el auge del libro electrónico hasta la sensación de que ya nadie iba a leer en el mundo, me parece que fue un vaticinio que se estrelló contra la realidad que es que cada vez hay más lectores. que las redes sociales no volvieron idiotas. Bueno, sí volvieron idiotas a la gente, pero no a todos.
Estar empeñadas en eso, por lo menos. Voy a contar, Ricardo, aprovechando una historia pandémica de libros. Yo suelo ir, y solía ir con alguna frecuencia ya menos, a una librería que queda en Quintacamacho, que se llama Librería Quevedo. Y en mitad de pandemia estaban pasando trabajos. Y yo cogí una tarde, me puse el tapabocas y cogí el perro. No había nadie en las calles. Era esa época de como el pico y placa. Dejaban salir con el perro. No, como el pico y placa, que eran un día de
hombres y otro día de mujeres. Era una cosa terrible que se inventó Claudia López. Es distópico completamente. Entonces seguramente yo iba caminando con el perro y solo había hombres. Y perros. Y perros. Compré la primera edición de Funerales de la Mama Grande. Él me dijo, ayúdame con este libro. Pagué 500 mil pesos, que fue un montón de plata. Pero también ayudarle al librero. Y con ese libro yo completé una colección que llevaba 20 años formando de las primeras ediciones
de García Márquez. Y eso pasó en pandemia, sin buscarlo. Él me dijo, lo tengo aquí. Y yo, le dije,¿ cuánto vale? Deme lo que quiera. Yo dije, lo voy a ayudar.¿ Cómo se
llama el librero? Ay,
hijo de madre, se llama, tengo que acordarme. Nos acordaremos. Nos acordaremos.¿ Alguien sabe?
Alguien puede investigar
Va a oír el programa y se va a poner bravo conmigo. No, no, no, porque lo vamos a investigar, vamos a editar y va a quedar divinamente. Y aquí nadie va a contar eso. Me acordaré, me acordaré. Yo tengo aquí, Ricardo, libros que quise traer apenas sabíamos que íbamos a hablar, como de diferentes librerías. Hallazgos de librerías. No son tantos hallazgos. Cuando yo estuve, mi primer trabajo, yo lo tuve en Medellín en un edificio que era un edificio de parqueaderos y la oficina quedaba en el
último piso, un edificio como circular. yo trabajaba programando computadores y rápidamente programé mi propia obsolescencia. Hice un programa donde lo que yo tenía que hacer lo hacía muy rápidamente y me sentaba y no tenía nada que hacer. Entonces me di cuenta que había una librería cerca y yo leía. Programaba el computador, el computador hacía mi trabajo y hoy revisé mi biblioteca y este libro lo compré allá. El mensajero de Fernando Vallejo Lo leí en el trabajo. Es
de Editorial Planeta. Mi hermano Pascual se lo dio a Fernando Vallejo para que me lo firmara.
Y lo firmó?
Y lo firmó y tiene una cosa muy rara. Porque dice aquí, miren que dice, El Mensajero, la novela de un hombre que se suicidó dos veces.¿ Y ven que tiene tachado eso que dice ahí? Y uno abre y el tipo dice que ese subtítulo pone aquí escrito, dice, esto me lo puso la hijueputa de Mireya Fonseca.
Es una denuncia terrible
Y después puso aquí y sale ella como editora y dice, aquí está la hijueputa. recomendación libresca el arte de no enloquecer
gran libro, un libro inolvidable
para toda nuestra audiencia nuestro libro ya está en todas las librerías creciendo en la lista de los más vendidos
ahí va subiendo porque la gente se va enterando y por eso no queremos dejar de decir que ya está en las librerías y que yo creo que al menos es un libro auténtico que sirve para ver cómo funcionan las cabezas de dos personas cercanas Eso lo puso
Vallejo. Eso lo puso Vallejo. Claro
no fue Pascual
Entonces, no, no fue Pascual. Entonces, aquí lo guardo como quien dice, bueno, el hombre está como mal hablado, pero ya lo sabemos. Sí, sí sí. Y este libro es de esa época, cuando yo utilizaba la librería como forma de refugio y lo recuerdo con cariño.
Esta edición que acabas de mostrar me acaba de lanzar en un flashback a una librería que quedaba en Avenida Chile, si seguimos en la línea de Revelar la Edad, el Centro Gran Ahorrar.
Pues yo ya la revelé de forma mucho más dramática cuando se me olvidó el nombre que acabo de recordar, Gabriel Corchuelo, el de la librería. Bueno, pero
esto es un homenaje a
la salud mental que se haya acordado
Me acabo de mandar a una librería que quedaba en Avenida Chile que se llamaba Enviado Especial. que era una librería que había puesto Germán Castro y Gloria Moreno, y el librero era Álvaro Castillo. Y entonces el primer ser humano que me habló a mí de Fernando Vallejo y me mostró estas ediciones fue Álvaro Castillo, que siempre nos recibía a mi papá y a mí, y nos... Álvaro Castillo es un gran librero, es un gran lector, pero además es un gran vendedor de libros. Salía uno como
lleno de ediciones y además tiene la mirada fija. Álvaro Castillo, entonces uno dice, me toca comprar. Me toca comprar, él no pestañea y entonces uno sale con 10
libros siempre. Álvaro Castillo tiene una librería en Quintacamacho también que se llama San Librario, no sé si algunos la conocen. Mi hermano Pascual lo llamaba, ya no tanto, el Osco Librero, como esa imagen del librero de mirada fija. Su librería yo la podría definir como una cueva mágica. Hay de todo, ¿no?
De todo, es muy impresionante.
Y este libro es de la librería de Álvaro Castillo. Es un libro de Alejo Carpentier. Y si ustedes miran, está firmado por Alejo Carpentier en París en el año 1978. Él lo encontró en Cuba, lo encontró en Cuba. Y sí, podría ser un tesoro, un libro extraño. Los Pasos Perdidos, que es una novela publicada en el año 1953, pre-boom, pero una gran novela americana. la recomiendo, yo creo que es una de las novelas que yo más he disfrutado en los últimos cinco años yo
creo que mi cuento favorito no novela es El viaje a la semilla de Alejo Carpentier es un cuento que va hacia atrás, no sé si lo hayan leído hubo un momento en que la editorial Alianza sacó unos libros que costaban mil pesos que eran chiquitos y traían un cuento no sé si se acuerdan aquí hay alguien que se acuerda y ese uno de esos libros traía el viaje a la semilla que es un cuento que va hacia atrás empieza en la muerte de un personaje y termina cuando nace va todo el tiempo para atrás y
es realmente el cuento que más me gusta
Esta novela, Ricardo, es una novela muy bonita porque es una novela americana, donde él cuenta que cuando viaja en la geografía, es Venezuela, pero podría ser Colombia, viaja en el tiempo. Y entonces él va a la ciudad, la modernidad, y llega a los pequeños pueblos y él asocia con la Edad Media, pero después va a la selva. y la asocia con el hombre del paleolítico, pero es contada con una elocuencia. El protagonista, que es un narrador innominado,
es un experto en música, es una gran novela. Yo la encontré y no la hubiera leído si no fuera por Álvaro Castillo. Entonces, la librería yo la quisiera definir de esa manera, donde uno encuentra lo que no está buscando. Yo creo que eso, uno en Amazon o en Busca Libre encuentra lo que está buscando. Pero en una librería, esos encuentros azarosos, contingentes, yo creo que es lo que le da su gran valor a la sociedad.
De cierto modo es lo opuesto al algoritmo.
Lo opuesto al algoritmo, exacto. La librería es como una lucha contra el algoritmo, que nos conoce más que a nosotros mismos, entonces tenemos que escaparnos un poco de eso. Recuerdo otra librería. Cuando yo me fui a estudiar el doctorado, yo siempre tuve este otro tema que me gustaba la literatura, Ricardo, pero no encontraba mucho tiempo. Había una librería de centro comercial a cinco cuadras de la casa, Pero esto
es afuera, en una
ciudad. Era en la ciudad de San Diego, en California, en el sur del estado de California. Y yo me di cuenta de la librería porque en esa época había una peluquería donde había un corte de pelo a 8 dólares, que era lo que yo podía pagar al mes en esa época. Y ahí estaba la librería, ahí la conocí. Y era para mí un refugio donde yo de los números y ese mundo que estaba viviendo un poco árido, encontraba otras cosas. Y este libro viene de allá. Es
un libro de Tobias Wolf. Hoy lo bajé de mi biblioteca y dije,¿ qué recuerdo de este libro que leí hace 30 años? Y me empieza a dar un poquito de estrés. Nada. Pero me acordé de una historia, de un cuento. Y es una persona que creo que está tratando de comprar un apartamento. Y llega a un apartamento, está en la ciudad de Seattle, en el estado de Washington. Y se da cuenta que en ese apartamento hay una jerarquía. Hay un tipo de cabeza grande que es un profesor. Está
su esposa y una hija. Pero su esposa y una hija son como sirvientes de este señor. Y en algún momento al final del cuento sirven unos brownies y este señor empieza no a comer brownies sino a devorar. Y uno se da cuenta, insinúa, como cierto terror doméstico. O sea, este señor que se está devorando esos brownies, quién sabe qué le está haciendo a esa familia a decidir ni de ese cuento. Es como insinúa, hay un atisbo de que en este señor con esa cabeza grande como de
oso devorando así unos brownies. Eso es lo que recuerdo, no más. Para bien y para más.
Me parece que cuando uno habla de librerías, también está hablando de libreras y libreros, porque realmente la identidad de una librería tiene muchísimo que ver con la persona que uno se encuentra. Es parte del refugio y parte como del hogar que se monta en una librería. Y me... Me pongo a pensar en gente como Mauricio Lleras, que murió hace poco, hace un par de años, o ahora que hablamos de Álvaro Castillo, quiero decir, o Alba Inés en Lerner, que heredó un poco el mundo que dejó Nacho,
el librero de Lerner, que era excelente. Bueno, Felipe Osa murió hace poco, que le dio... identidad a la cadena de la librería nacional no era fácil a una cadena de librerías cargarlas de personalidad y lo logró
y ha persistido en el
tiempo y
tiene
su personalidad también
Y ha, de alguna manera, habitado esas dos épocas. Totalmente. Yo tengo una primera edición de Señal de Soledad. Ya completé.¿ Y la consiguió Álvaro? No, no me la consiguió Álvaro. No me acuerdo dónde. De pronto fue Álvaro. Pero fue comprada en la librería nacional, en Cali. O sea, estaba firmada y la persona que la compró dice librería nacional Cali, en la primera página. y ahora yo salté a el perro estará diciendo que no
ahora no digo que ahora salté a la imagen de ese García Márquez pintado que hay en la librería central en la 94 no sé si han pasado por la librería central que era la de Lili de Ungar la de la familia Ungar que siempre
ha sido siempre
ha sido una librería muy buena y es muy bonito el recorrido y hay un García Márquez pintado ahí que es muy misterioso
Voy a contar otra historia de otra librería. Cuando estaba también en la universidad estudiando, me gustaba entre clases ir a la biblioteca a veces, bajaba a un sótano sobre todo, a veces a dormir, a descansar, pero ir también a la librería de la universidad. Yo volví a la universidad donde estudié el doctorado 20 años después y la librería no existía. Era un pequeño cuartico y los estudiantes pedían los libros a Amazon. Había desaparecido por los cambios tecnológicos. Destrucción creativa,
decimos los economistas, no siempre es así. Y veía libros y los acariciaba. Los medio leía ya y decía, los voy a comprar con el tiempo. Y este es un libro de Joseph Brodsky, del que hablamos la vez pasada, de ensayos literarios. Este libro me ha servido mucho en la vida. Me ha servido como guía para escribir. Y en la vida me sirvió para algo que yo nunca pensé que iba a hacer con tanta asividad, que era
escribir discursos. Como rector me tocó muchas veces. Y aquí hay un discurso que se llama El discurso en un estadio, que dicen que es el mejor discurso de grado jamás escrito. lo escribió un ruso que aprendió inglés en un campo de concentración con un diccionario. Entonces tiene un inglés idiosincrático, distinto, pero por eso especial y bonito. Y siempre ese discurso fue mi guía de cómo escribir discursos de grado. Y nunca pensé que cuando compré este libro iba a servir
para eso. Y eso es esa... Uno se encuentra con los libros, los quiere para una cosa y los libros después se utilizan para otra. Fue un hallazgo y recuerdo casi que dónde estaba el anaquel. Para utilizar la misma figura, era la librería de la universidad, donde había como dos partes. Una donde había libros generales y después uno pasaba a otro pasadizo y ya había unos anaqueles metálicos donde eran
los libros para cada clase. donde los estudiantes iban y decían, bueno, voy a ver Microeconomía 1, entonces aquí estos son los libros. Y esa era la parte más grande de la librería, pero este estaba en la parte general. Y yo vivía y daba vueltas ahí por los anaqueles. Recuerdo dos libros,
este y yo compré los cuentos de Anton Chekhov. Y mi papá siempre me había dicho que yo tenía que leer el pabellón número 6 y lo leí ahí y él decía, no fue lo que yo entendí de ese libro, él decía los que cuidan a los locos están más locos que los locos, pero bueno, con esa idea compré ese libro.
Ahora que hablabas de Amazon y de cómo parecía también que el mundo se iba a ir por ahí, pensé también en el caso de Amazon como de Barnes & Noble, que venían cerrando librerías y también tuvo un giro dramático
y volvieron a abrirlas. porque fue claro que la gente quería ir a los sitios, quería encontrar sus libros allí, quería tener la experiencia que acabamos de escribir, contraria al algoritmo, una experiencia casi esotérica, casi de bibliomancia, de encontrar por azar libros que le digan algo de la propia vida. Me parece que es otra señal de... de lo duradero que es el lugar, la librería. No es claro que todos podemos escribir. Es claro que todos, con suerte y
con vocación, podemos dedicarnos al oficio de escribir. Pero últimamente pienso que no solo podemos, sino que debemos escribir. Escribir es la mejor terapia que tenemos a la mano. Bienvenidos a Ficcionario, un curso en audio sobre cómo
y por qué escribir. Toma el audiocurso de escritura Ficcionario en ellocutorio.com con Ricardo Silva Romero.
resisten todo este tema. Yo cuando estaba haciendo el doctorado en esos años 90, Ricardo empezó Amazon. Estoy seguro que yo fui uno de los primeros 500 usuarios que tuvo Amazon, de los primeros que compró en esa librería. Nadie iba a pensar que en ese momento Amazon, una librería virtual que era una gran innovación, iba a transformar el mundo del comercio. Pero en esa época yo creo que fue una gran innovación en este sentido, Ricardo. Había libros académicos que era
casi imposible conseguir. Y el hecho de poder conseguirlos y que les llegaran a uno a la casa una semana después era mágico. Era también impresionante y yo creo que permitió, por lo menos en sus inicios, y lo sigue permitiendo para mucha gente, que libros que no iban a estar fácilmente accesibles. No era uno lo que sí estaba buscando, porque eso también es importante, encontrar lo que uno está buscando. que ahí estaban y llegaban rápidamente
y me parece que es claro que han podido convivir las páginas que le encuentran a uno los libros que de otra manera no conseguiría y las librerías son dos experiencias diferentes, se complementan yo creo que no riñen yo creo que se complementan
Yo creo que te complementa. Yo tengo un Kindle, leo ahí alguna cosa. A veces me imagino, pues sería muy fácil trastear toda la biblioteca si uno lo tuviera todo aquí, pero ahí están los libros, ¿no? Sí.
Sí. Volviendo al crecimiento, a como empezábamos la conversación sobre el mapa de las librerías en Colombia, si ustedes entran a la cámara del libro, hay un mapa de librerías en Colombia y es impresionante. cómo uno puede entrar a cada ciudad y qué hay en cada lugar. Hay un mapa de librerías que hizo el tiempo, hace tres años, que también es muy bonito. Ahí ya sale la verbena, o sea que la verbena está desde el 2022. Pues lo que uno descubre es lo que venía diciendo sobre la
identidad de cada lugar. Realmente las librerías todas son importantes y todas son necesarias porque tienen la personalidad de la librera o del librero. Ese dilema que tiene uno cuando escribe libros, que se pregunta,¿ pero yo para qué voy a escribir un libro si hay todos estos?¿ O qué me creo yo para hacer novelas si existen todas estas novelas tan buenas? Ese mismo dilema creo que se diluye cuando uno piensa en para qué va a abrir una librería y creo que la razón es porque le voy
a dar mi personalidad. Entonces uno ve Casa Tomada, pues es como Ana María Aragón o Prólogo es como era Mauricio Lleras y ahora como es su hijo José Manuel y así uno puede ir librería a librería. Bueno, si uno va a San Librario, eso sí es Álvaro Castillo encarnado allí completamente,
está el retratado yo estuve en la feria del libro de Medellín, fui con Ricardo y yo caí mucho más fácil a comprar libros que no necesitaba ahí en Medellín, Ricardo estuvo más cauteloso
yo me hice el que no estaba ahí
y vi un libro que me llamó la atención en un stand donde estaba esta editorial Sílaba. Era un libro grande, de pasta dura, de poesía, de un poeta que yo no había oído hablar, que tenía un buen título, No moriré del todo. Como la aspiración de todo hombre, no moriré del todo. No lo compré. Me resistí. Fue el único que no. Fue el único que no compré. Volví la semana siguiente a Medellín y había una persona que yo había conocido por redes sociales que me estaba esperando
y me dijo, le tengo un libro de regalo. No moriré del todo. Y yo dije, uy, el universo está conectado. Y me entregó dos libros. Uno para mí y otro para Ricardo. El libro a Ricardo nunca se lo entregué. Noticia para mí. Sí. Y pasó lo siguiente. Empecé a leer ese libro, No moriré del todo, y es de este poeta cubano, Ruiz Rogelio Nogueras. Y esa noche yo, en el avión de regreso, empecé casi inercialmente a leer ese libro. Es un libro de poemas. Los primeros no
despertaron como mi sensibilidad. Tenía esa parte críptica de los poetas. Yo estaba como muy cansado. Yo no entiendo nada. Pero seguí leyendo y un poema me llamó la atención. Porque el poema estaba precedido de una biografía. Una biografía como de un escritor y después era un poema de ese escritor. Me demoré un poco para darme cuenta y me di cuenta que era mitad literatura. O sea que el poema era un ensamblaje, era una biografía ficticia y un poema apócrifo.
Y me llamó la atención. Luis Rogelio Nogueras. Después había otro y me llamó más la atención. Y yo dije,¿ qué será eso? Como es cubano, y Álvaro Castillo, el de San Librario, ha visitado tanto a Cuba, yo dije, voy a ir y voy a preguntar sobre, este libro era una antología, sobre el libro donde fueron publicados por primera vez esos poemas que se llamaba El Último Caso del Inspector. Y yo voy donde Álvaro Castillo y le pregunto,¿ se agacha? Y ahí estaba el libro. O sea, todo
lo que se ha publicado. Y Ricardo, nunca te entregué el libro, porque se lo regalé a Álvaro Castillo apenas me... Que
a Álvaro Castillo me
lo va a vender a mí, sé que lo es. Ya le conté a la persona que me lo mandó y ya dije, ya viene en camino el libro para Ricardo, porque yo le conté ya toda la historia, entonces se demorará para llegarle a Ricardo. Pero fue también esa búsqueda, ¿no? Quiero que lo vean, es un libro muy bonito de poemas, todos metaliteratura, son 17 poemas, en cada uno hay un escritor ficticio,
y en cada uno hay un poema que escribe ese escritor. Borgiano, empecé a buscar en internet y nunca citó a Borges, porque no era muy apreciado en Cuba, Borges por razones políticas, y Cuba ha sido el país que más ha celebrado y más ha maltratado a sus poetas, ¿no? Incluido Alberto Padilla. Claro.
voy a decir una cosa que yo creo que es tonta que es lo emocionante que es dar con un libro de estos y que se le vuelva una novedad y que ese no moriré del todo sea cierto que pronto este señor sea una novedad para todos nosotros en este momento como pasa cuando recuperan que es muy poco hay que decir en las plataformas de películas lo poco que recuperan películas
viejas Pero me parece bonito, Ricardo, no me había caído en cuenta. No murió del todo, no es una novedad. El poeta Luis Rogelio Noguera murió muy joven, de menos de 40 años. En el año 1985, este libro es publicado en el año 83 y que esté aquí con nosotros y lo estemos recordando. Y que esta historia de encuentros y desencuentros
está aquí plasmada en un pedazo de papel. la magia del libro como nos conecta a todos sin las librerías sería imposible contar esta historia y siempre me ha gustado los libros que cuentan historias sobre libros sobre libros, sobre libros en una especie de paréntesis que se van abriendo y abriendo sí
no sé si completar la conversación con alguna pregunta que ustedes tengan o algo por el estilo, alguna intervención Como tenemos problemas
logísticos para el podcast grabado, despidámonos de la audiencia de tercera vuelta y conversamos con nuestra audiencia aquí. Es una opción. Gracias a todos quienes nos escuchan y se perderán la conversación.
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