Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos Sorpresas inesperadas, parte 5. Eva se bajó de la mesa y se fue al baño a limpiarse. Yo me senté en el sofá, masajeando mi polla para mantener la dureza. Al poco, apareció de nuevo con una tremenda sonrisa de satisfacción.
Un,
como la tienes de tiesa. Dijo al verme sentado con la polla como un palo. Se arrodilló con rapidez y comenzó a lamerla como si fuera un helado, pero en ese momento sonó el telefonillo del portal. Joder, vístete que es tu padre. Me dijo nerviosa después de responder. Comencé a maldecir por dentro mientras me ponía a toda prisa los calzoncillos y los pantalones. El muy cabrón nos había
jodido la fiesta. Lo siento, cielo, pero si te apetece seguir en otro momento, llámame, que estaré dispuesta, me dijo poniéndose las bragas y la bata. Mira quién está aquí. Me lo he encontrado por la calle y se ha ofrecido a ayudarme con las bolsas, le dijo a mi padre, sonriendo. Mi padre se había sorprendido al verme, pensando que no sabía nada de su relación con Eva. No quise ni poner conversación. Me excusé diciendo que había quedado a comer
con un amigo y me fui. Ya en la calle, sin parar de maldecir, pensé que a Eva no le había importado follar conmigo sabiendo que era el novio de su hija, algo que me sorprendía, aunque yo estaba encantado. Seguía con la polla medio tiesa, así que decidí llamar a mi madre. Todavía teníamos una conversación pendiente, aunque yo más bien pensaba en algo más. La llamé por teléfono para ver si me invitaba a comer y, por supuesto, no se negó. Anduve hasta su portal, absorto en mis pensamientos,
intentando ordenarlos. Ese fin de semana habían ocurrido demasiadas cosas y me costaba asimilarlas. Cuando entré en su casa, me recibió relativamente seria con sendos besos en las mejillas. Por supuesto, llevaba su ropa púdica habitual, algo que ya no me encajaba después de haberla visto con el vestido de licra. No me corté nada más verla. Me gustaba más cómo ibas vestida el viernes, le dije con una sonrisa cínica. No pensarás que voy a ir así por casa, respondió. Bueno,
a mí no me importaría, más bien me agradaría, insistí. Ya, y a tu padre también, contestó con una mueca a modo de sonrisa.¿ A mi padre? Pregunté sorprendido. Sí, ha estado aquí y pretendía que
folláramos, me dijo con cara de asco. Ah, sí.
Respondí, incrédulo. Sí. Se piensa que estoy dispuesta para cuando a él le apetezca, y eso se acabó, afirmó con determinación. No pensaba yo que era así, comenté. Tú no le conoces bien, replicó. Se fue hacia la cocina a preparar la comida y la seguí. No sabía si comentarle que estaba enrollado con Eva. Quizás no fuera el mejor momento. Bueno, en el fondo me alegro de que hayas tomado esa decisión,
le dije a su espalda, abrazándola por la cintura. Lo único que espero es que se vaya definitivamente y no vuelva, respondió. Quizás lo haga
pronto, sugerí. Ah, sí.¿ Ya has visto dónde va? Preguntó con curiosidad. Pues sí. Y no sé si te gustará saberlo,
le solté
la
bomba. Ya me da igual. Si lo único que quedaba era algo de afecto, se ha esfumado por completo, dijo con resignación. Está con Eva, la madre de Soraya, le
revelé.¿ Te puedes creer que me lo imaginaba? Respondió.¿ Y eso?
Pregunté. Esa guarra lleva años bailándole el agua, refunfuñó con mala leche, dándole vueltas a la cazuela. Mamá.
Qué es la madre de mi novia? La regañé.
Perdona, pero es lo que pienso de ella. Más de una vez la pillé tonteando con tu padre, aunque no quise liarla y me hice la loca, confesó. Bueno, olvídate de él. Ahora estoy yo aquí para comer contigo y pasar una agradable tarde de domingo, le susurré al oído, manteniéndola agarrada por la cintura y dándole un beso en la mejilla. Gracias, hijo. Realmente necesitaba estar con alguien, respondió con gratitud. No me había rechazado el abrazo por la espalda,
y eso me reconfortó. Ahora tenía que pedirle que se cambiara de ropa, me apetecía verla sexy. Bueno, siendo sincero, lo que me apetecía era follármela. Mi polla seguía semidura y todos los prejuicios sobre el sexo familiar habían desaparecido de mi mente. Se dio la vuelta, se agarró a mi cuello y comenzó a llorar. No llores, mamá. No merece la pena, la consolé. No lloro por tu padre, lloro por la vergüenza de sentir que me has visto
follando con tu amigo, dijo entre lágrimas. Mi mente reaccionó con rapidez.¿ Por qué decía que la había visto si estábamos en distintas habitaciones?¿ Era una forma de hablar o sabía que Ré me había puesto cámaras?¿ Por qué dices que te he visto? Estábamos en habitaciones diferentes. Pregunté, confuso. Levantó la cabeza y me miró con ojos brillantes llenos de lágrimas. Seguro que Reme te ha puesto la pantalla, me dijo con una sonrisa tierna en la que se denotaba algo de pena.¿ Entonces lo sabes?
Sabes que Reme tiene cámaras? Insistí.
Claro que lo sé, hijo. Sé que le pone muy cachonda verme follar, y lo considero un pago a su buena amistad y a que me deje su piso, explicó.¿ Y no te importa que te vean? Pregunté. Bueno, la primera vez me sentí incómoda, pero después me di cuenta de que pensar que me estaban mirando me excitaba, admitió.¿ Entonces lo sabías desde el principio? Indagué. Sí, claro. Rene es muy maja y me lo consultó antes de hacerlo. Accedí con algo de vergüenza, pero a la segunda vez
ya me sentía bien, confesó. Nos quedamos abrazados, mirándonos en silencio. Su sonrisa era la más tierna que le había visto nunca. Finalmente, ella preguntó.¿ Te gustó, cielo? Otra vez la palabra cielo, pensé con cierta consternación. Mi madre se dio cuenta del gesto en mi cara y volvió a preguntar.¿ O te sentiste mal? Dijo acariciando
mi mejilla. No, no.
Al fin y al cabo, ninguno sabía que eras mi madre, respondí. Me alegro de que no te delataras. Habría pasado una vergüenza tremenda, dijo aliviada. Se hizo otro silencio sin dejar de mirarnos. Su mirada seguía manteniendo esa ternura de una madre. La verdad es que, me gustó, contesté finalmente.
Me alegro, hijo. Necesitaba saberlo, dijo con una sonrisa.¿ Y tú? Supongo que no fingías,
pregunté. Todo lo contrario, cielo, joder, otra vez la puta palabra. Me lo pasé fenomenal, afirmó. Me dio un beso tierno en los labios y se deshizo del abrazo. Venga, vamos a comer, propuso.¿ Por qué no te pones tan guapa como ibas el viernes? Me encantará verte así de resplandeciente mientras comemos, sugerí, intentando utilizar las palabras adecuadas para que no se opusiera a mis deseos. Me miró con una sonrisa pícara y volvió a acariciar mi mejilla. Vale, hijo.
Lo haré por ti y tu comprensión. Ven, te mostraré algo. Me agarró de la mano y me llevó hasta su habitación. Abrió el armario y pude ver varios vestidos colgados a uno de los lados. Desde luego, no eran los habituales con los que yo la había visto siempre.¿ Cuál te gustaría que me pusiera? Comencé a pasarlos con la mano para verlos con más detalle. Me decidí por uno estampado de fuertes colores. Parecía corto, con un poco de vuelo adornado con un par de volantes. Creo que este te
debe quedar muy bien con unos zapatos de tacón.¿ También tacones? Claro, sin ellos no te quedará igual. Y unas
bonitas medias. Añadí con
una sonrisa pícara
Vale.
Pues vete al salón y ve poniendo la mesa. Así lo hice y esperé a que apareciera. Ese momento fue increíble. El vestido ajustado le quedaba de maravilla, ni me parecía mi madre. El escote era más que generoso, dejando ver gran parte de sus hermosas tetas. Se le ajustaba perfectamente a la cintura para abrirse después, cubriendo menos de la mitad de sus estupendos muslos. También se había puesto un
higuero para sujetar unas medias blancas semitransparentes. Joder, estaba más sexy que el día que la vi con el vestido de licra. La polla me había dado un respingo tremendo. Pensé que viéndola así iba a ser imposible comer.¿ Te gusta? Me dijo colocándose las manos en la cintura, con los brazos en jarras. Se dio una vuelta sobre sí misma mientras la miraba con los ojos como platos y la boca babeante. Me levanté de la silla como si me hubieran impulsado y me acerqué hasta ella. La agarré por
la cintura, mirando su escote como un obseso. Recuerda que soy tu madre. No pudo acabar la frase, pues tapé su boca con la mía. Saqué la lengua y penetré entre sus labios buscando la suya. Se había quedado con los brazos en el aire, sin querer abrazarme, mientras mis labios la devoraban. Bajé las manos y apreté su culo mientras el beso se hacía más lascivo. qué culo, Dios.
Pensé al sentir la dureza que todavía mantenía. Ella parecía no querer corresponderme con el beso, aunque tampoco noté un rechazo total en su actitud.« Creo que esto no está bien, hijo», me dijo con ternura al despegar mis labios. Se había puesto un vestido que sabía que iba a provocar que se me salieran los ojos. No sólo eso, había añadido el liguero sin que yo se lo pidiera y no
había rechazado ninguno de mis abrazos. Pensé que realmente le apetecía ponerme caliente y follar y me arriesgué a ponerla en una tesitura. Mamá, estás tremendamente deliciosa y me apetece besarte, abrazarte, acariciarte y te deseo con todas mis ganas. Hice un corto silencio, dime que a ti no te apetece, nada, y lo dejamos. Volvió a acariciarme la mejilla con extrema ternura, sin dejar de mirarme a los ojos. Claro que me apetece, cielo. Pero es que, eres mi hijo y, me cuesta poder
asumir eso. Metí las manos bajo el corto vestido por la parte trasera y comencé a sobar la carne de su hermoso culo. Era redondo, suave y relativamente duro, y estaba flipando al sentir que se lo podía sobar. Acerqué mi boca de nuevo a la suya, pero ahora lentamente quería dar tiempo a que se activaran todos sus sentidos. Pegué mis labios a los suyos con suavidad, saboreándolos a la vez que esperaba su lengua. Esta vez sí me
la ofreció, penetrando en mi boca con ella. Sus brazos se aferraron más a mi cuello y nos fundimos en un largo y húmedo beso. Poco a poco, su deseo fue aumentando, y pasados unos largos segundos, ya era ella la que devoraba mi boca. Parecía haber conseguido derribar los tabúes. Podía notar el deseo en sus manos, acariciando mi cara, mi pelo, mi cuello. Su pasión se había vuelto arrolladora.
Mi polla ya se había abultado escandalosamente, y me flotaba contra su regazo mientras amasaba su culo con mis manos. Por fin, despegamos nuestros labios, cogiendo aire.
Uf,
qué caliente me has puesto, cariño. Susurró con voz tierna. Realmente no me parecía la misma que cuando la había visto follar con Teo. Esa ternura me gustaba, creo que aumentaba mi morbo.¿ Por qué no comemos y continuamos con los postres? Me dijo con ternura, agarrada todavía a mi cuello, pero con una media sonrisa entre dulce y pícara. Noté que su reticencia había disminuido, mejor dicho, prácticamente había desaparecido, y me relajé pensando en lo delicioso que podrían ser
los postres. Miró el abultamiento de mi pantalón y, con una ligera y tímida risa, me sugirió.« Ponte más cómodo si quieres». No me gustaría que acabaras con un fuerte dolor de huevos. Parecía poder cambiar el tono de su voz cuando quería. Ahora fue su desparpajo lo que me sorprendió. No lo dudé un instante, me quité los pantalones y los arrojé sobre el sofá. Mis boxers seguían abultados, pero la presión era menor. Nos sentamos a la mesa, uno
frente al otro. Sirvió los platos antes de sentarse, desde uno de los lados, mostrándome su generoso escote, y yo aproveché para meter la mano bajo su vestido y volver a sobarle el culo. Me devolvió una sonrisa espléndida sin ninguna reticencia. Noté su culo prácticamente desnudo. Debía de haberse puesto un tanga, y bajé la mano por el centro hasta tocar la fina tela que cubría el centro de sus estupendos muslos. Me dio un subidón al notar algo
de humedad en la escasa tela. Aquello prometía más a cada momento. Cuando se sentó frente a mí, nos rozamos mínimamente con las rodillas por la estrechez de la mesa. Creo que ya podemos hablar abiertamente. La miré con ojos de sorpresa por su inesperada propuesta. Ahora su tono era más serio, pero entusiasta. Si tú quieres,
claro, dijo al ver mi cara. Sí, sí. Por supuesto. Asentí
con rapidez. Desde que he empezado a salir con Reme, he descubierto muchas cosas. Ah, sí. Le dije, todavía sin reponerme de la sorpresa. Sí. La verdad es que con tu padre todo era muy monótono. Siempre era igual en el sexo. Él elegía el momento, la postura, y además, no pensaba en mí, tan solo en su satisfacción. Se tomó una cucharada y, cuando tragó la comida, continuó. Ahora he descubierto lo que me gusta y disfruto mucho con ello.¿ Y qué te gusta? Pregunté por intervenir, aunque sabía que
me lo iba a contar de todas formas. Pues me gustan muchas cosas, pero sobre todo el morbo.¿ El morbo? Mis preguntas eran retóricas, además de estúpidas, pero algo tenía que decir. Sí. He descubierto que todo lo que conlleva morbo me excita mucho.¿ Y a ti te gusta el morbo? Me preguntó mientras masticaba, mirándola. Forcé para que la comida atravesara mi garganta y contesté casi atragantándome. A mí me encanta.¿ Y qué cosas te parecen morbosas? Pregunté con ansia. Pues
follar en la terraza, pensando que hay algún vecino mirando. Claro, en la terraza de Reme y sus vecinos, jajaja. Río muy alegre, aquí no lo haría. Yo reí con ella y sentí como su pie subía entre mis piernas. Se había descalzado y podía sentir los dedos, a través de las medias, rozando mi piel. No dije nada, tan solo pregunté de nuevo.¿ Entonces te gusta que te miren? Bueno, nunca he probado directamente, pero sentir que me miran o que me pueden ver me excita más de lo que pensaba.
Su pie ya había subido, y podía sentir como lo frotaba contra Miss Boxer.¿ Qué más? Pregunté sin dejar de comer.
Uf,
la verdad es que todavía me da un poco de vergüenza hablar contigo de estas cosas. No te cortes, mamá. Me está encantando oírte. La verdad es que no se cortó, su siguiente relato fue bastante fuerte, viniendo de tu propia madre. También me gusta chuparle la polla a un tío mientras conduce. Oírle jadear al llegar a un semáforo, pensando que los del coche de al lado ven mi cabeza subir y bajar, y sobre todo ese momento, cuando tiene que dar un
frenazo porque se corre y no puede seguir conduciendo. Podía ver su cara de satisfacción al contarlo. Lo hacía de una forma dulce y natural, pero me estaba poniendo totalmente berraco. Bajó el pie después de dejarme la polla como el pedernal y aproveché para subirlo yo entre sus piernas después de haberme descalzado, claro. Noté cómo las abría para dejarme paso y sentí la tela del tanga con mi dedo
gordo del pie. Percibí cómo se me cerraba los ojos al sentirlo y en sus labios se dibujaba una leve mueca de satisfacción. El calor entre sus muslos era inmenso y la humedad se hacía notar. Comencé a presionar con el dedo y paró de comer para dar un buen trago de vino a su copa.¿ Qué más te gusta, mamá? Pregunté con la mente impregnada de lujuria. Estaba sobando el coño de mi madre con el pie, pensando en cómo
sería sentirlo con mis dedos o con la boca. Me gusta esto, cielo, dijo agarrando mi pie para colocarlo en la posición adecuada, pero me pondría más si estuviéramos en un restaurante abarrotado de gente.¿ te atreverías a eso?
Ja ja ja. Ya lo he hecho, cielo. Y me corrí mojando la silla.
Contestó en tono maternal. Ella se daba cuenta de la expresión de mi cara. Debía de parecer un perro salido dando vueltas alrededor de una perra en celo, esperando el momento de meterla. Yo notaba cómo iba cogiendo confianza en sí misma y cada vez contaba las cosas con más soltura.¿ Te gusta lo que me haces? Me sorprendió, sacándome de
la nube de salidismo en la que había entrado. Asentí con la cabeza mientras ella retiraba la tela del tanga y movía levemente el culo para provocar una ligera penetración del dedo gordo de mi pie. Es el calentamiento perfecto para después follar como locos en el lavabo del restaurante. Si estuviéramos en uno, claro, jajaja, añadió al final. Reí con ella, pero me daba cuenta de que su lenguaje se iba transformando. Su voz seguía siendo cálida y tierna,
pero las palabras no tanto. Podemos ir al lavabo de aquí, dije como una broma
Jajaja, pero no es igual. Aquí no hay
nadie. No hay que atrancar la puerta, ni escucharemos a nadie aporreándola para que la abramos. Me estaba dejando claro que lo de follar de las formas convencionales no le ponía. Finalmente, retiré el pie de entre sus muslos y fuimos acabando con la comida, pero sin dejar la interesante conversación. Yo mantenía las neuronas en pleno estado de actividad, pensando en todo lo que me iba diciendo, y comencé a pensar en hacerle propuestas. Mi madre vivía en un sexto piso,
y hasta ahí ningún vecino acostumbraba a subir andando. Bajar o subir un tramo de escaleras para follar en el descansillo entre pisos podía ser una opción para su mente morbosa. También podría proponerle que me hiciera una mamada en su coche mientras yo lo conducía por las calles de la ciudad. También pensé en el parque, follar entre los arbustos cuando se hiciera de noche. En cuestión de segundos, se me ocurrieron infinidad de cosas para poder complacerla.¿ Y a ti,
qué te complace? Mis pensamientos se derrumbaron como un castillo de naipes al oírla. A lo mejor era ella la que quería complacerme, y en eso no había pensado. Sentir cómo disfrutas me complacería mucho, contesté inconscientemente. Sonrió al oír mi respuesta, sabiendo que intentaba halagarla. Se levantó de la mesa y la imité recogiendo mi plato. Los llevamos a la cocina y, después de dejarlos en el fregadero, me dijo. Vete al salón y desnúdate, cariño. Ahora llevo los postres.
Los vamos a comer de una manera especial. Su ternura me derrumbaba a la vez que me excitaba. Casi corrí hacia el salón y me deshice de los boxer y la camiseta. Me senté en el sofá, desnudo, con la polla totalmente empalmada. Creo que un poste de teléfonos no estaría tan tieso. Al momento, apareció con una tarrina de nata y un bombón de chocolate helado sobre un plato. Ella mantenía su bonito vestido puesto, y eso me excitaba
más que si se hubiese desnudado. Dejó el plato sobre la mesa baja que había frente al sofá y se fue a poner una música suave. Volvió, se colocó frente a mí, con la mesa baja a su espalda, y comenzó a moverse lentamente de una forma muy sexy, a la vez que sujetaba los bordes del vestido por los lados. Subiendo y bajando la tela con lentitud para dejarme ver esporádicamente el bonito tanga. Sus movimientos eran lentos y precisos,
y extremadamente sensuales. Parecía haberlo hecho toda la vida. Entendí que sólo debía mirar, y tan sólo masajeaba mi polla con lentitud, mirándola hipnotizado. Poco a poco, giraba sobre sí misma hasta poner su trasero a unos centímetros de mi cara. Subía el vestido lentamente y me dejaba ver su hermoso y redondo culo, adornado por la tira del tanga que se perdía entre la raja.¡ Qué culo, Dios!, retumbaba en
mi mente. Volví a bajar la tela con la misma lentitud para taparlo, provocando que mi deseo subiera como la espuma. Volvió a girar sobre su propio cuerpo hasta ponerse de frente de nuevo. Ahora veía sus tersos muslos, adornados por las tiras de liguero y las medias blancas, semitransparentes, que le daban un toque de colegiala. Comenzó a desabrocharse los botones del vestido que llegaban hasta la cintura, y muy
lentamente sus hermosas tetas iban descubriéndose. Yo estaba que me salía, y con grandes esfuerzos me retuve para no lanzarme sobre ella como un león hambriento. Cuando desabrochó el último botón, abrió el vestido y movió los hombros para que la tela cayera por sus brazos. Lentamente, como la música y sus movimientos, la tela fue escurriendo por su cuerpo hasta
caer al suelo. No llevaba sujetador, y las tetas, de carne tersa y ligeramente morena, destacaban de su torso, adornadas con dos pequeñas aureolas con gruesos pezones en su centro. Las aureolas, algo más oscuras que su piel, les daban un toque maravilloso. Mi deseo aumentaba exponencialmente y no sabía si iba a poder aguantar. Quítame las bragas, cariño. Me
dijo con su dulce voz, cada vez más tierna. Puse los dedos en las tiras que rodeaban sus caderas y tiré de ellas lentamente mientras observaba cómo aparecían sus deliciosos labios vaginales. Las bragas acabaron cayendo al suelo y se giró para desenvolver el bombón helado de chocolate. Sacó su carnosa lengua y le dio un par de lamidas lentas de forma provocativa y sensual. Después, chupó la punta como si fuera una polla hasta conseguir que se derritiera algo
de chocolate. Subió un pie al sofá, formando con su pierna un ángulo de 90 grados. Ahora podía ver su maravilloso coño en toda su plenitud. Yo estaba totalmente abstraído en cada uno de sus movimientos. Era como ver una película a cámara lenta. Bajó la mano con el bombón y puso la punta entre los labios de su coño. Su cara se encogió al sentir el frío del helado. Yo lo enfrío y tú lo calientas, me susurró, volviendo a
llevárselo a la boca. La había entendido perfectamente. Acerqué la cara a la vez que me agarraba con una mano al muslo que había levantado y la otra la pasé por debajo para agarrarle el culo. Saqué la lengua y le di una larga lamida a la raja. Nunca había lamido un coño con sabor a chocolate y me pareció delicioso. Una lamida tras otra, mientras sobaba su culo, hizo que sus deliciosos labios vaginales se abrieran y encontré el duro
garbanzo que tenía por clítoris. Lo chupé, lo lamí y lo succioné como un perro que acaba de encontrar su hueso preferido. Oí cómo comenzaba a jadear y tiró de mi pelo para retirar mi cabeza. Volvió a bajar el helado y se introdujo la punta de nuevo varias veces, como si fuera un consolador. El frío arrancó un par de gemidos de su boca. Lo retiró y tiró de nuevo de mi pelo para que siguiera chupando. Mi lengua cálida apagó el frío que el helado había generado. Volví
a chupar y a succionar. Metía la lengua en la raja y degustaba el sabor a chocolate que había impregnado en el inicio de su vagina. Sus jadeos aumentaron y comenzó a presionar mi cabeza contra su coño. Sigue, cielo. Sigue.
Te
gusta el coño de mamá, ¿verdad? Fue una frase demoledora, con una ternura que despertaba un morbo brutal. Nunca hubiera imaginado que mi madre me diría algo así. Su voz dulce y cálida soltando esa frase provocó que apretara más mi boca contra su coño y lo chupara con desesperación. Ah.
Sí, sí. Sigue. Ah. No pares. Me voy a correr.
Yo cada vez chupaba con más ganas. Pensaba que le arrancaría el kítoris con las potentes succiones que le daba cuando la oí decir. Sigue, cariño, sigue. Ya verás cómo te gusta la corrida de mamá. A. Otra frase demoledora, acompañada de una inmensa corrida que empapó toda mi cara. Desde luego, morbosa era, pero no sabía hasta qué punto. Despegué mi cara empapada de entre sus muslos y todavía pude ver sus labios jadeantes y la expresión de placer en su cara. Apenas me separé, se subió de rodillas
sobre mi regazo. Agarró mi verga, con las venas a punto de estallar, y la posicionó, introduciendo el capullo en su raja. Las tetas, a unos centímetros de mi cara, fue una visión que colapsó mi mente. Sus ojos chispeaban lujuria mirando los míos.¿ Te ha gustado la corrida de mamá, cielo? Susurró con esa voz tierna que me estaba volviendo loco. La lujuria manaba por todos los poros de mi piel.
Nunca había sentido algo así. Comenzó a bajar lentamente, flexionando las rodillas, y pude sentir cada centímetro de la penetración. Mi polla, en un estado de dureza desquiciadora, había penetrado hasta el fondo del coño de mi madre. Mi boca se abrió al sentir esa sensación maravillosa y ella la tapó con la suya, metiéndome la lengua hasta la garganta. Subió y volvió a bajar varias veces durante el largo y lascivo beso. Había colocado las manos bajo su culo
y le clavaba los dedos, acompañando sus movimientos. Cuando despegó los labios de los míos, comenzó a lamer mi cara, todavía mojada de su corrida. Podía sentir su aliento lleno de deseo y su lengua carnosa recorriendo mis mejillas. Volvió a mirarme, jadeante, sin dejar de subir y bajar sobre mi polla. Lo hacía de una forma lenta, haciendo que disfrutara de cada penetración. Dejó de lamer mi cara y, agarrada a mi cuello, me puso las tetas sobre la boca.¿
Te gustan las tetas de mamá, cariño? Susurró pasándome
uno de los duros pezones por mis labios. ¡Uf! Fue lo único que pude vocalizar. Vamos, chúpalas. Con
fuerza. Y cuando me notes muy caliente, las muerdes. Su voz seguía siendo candorosa, pero sus palabras lujuriosas ardían en mi cabeza. Su forma de tratarme, exageradamente maternal, me estaba volviendo loco, no pensaba que mi madre sería capaz de excitarme de esa manera. Comencé a lamer alrededor de sus pezones para después introducirlos en mi boca y chuparlos con fuerza, como me había pedido. Había subido las manos y tocaba sus tetas mientras se las chupaba. Las sobaba, las apretaba,
las estrujaba, todo me parecía poco. Sentía cómo se aplastaba su culo contra mis muslos cada vez que bajaba, provocando que mi polla se insertara en lo más profundo de su vagina. No sé cómo lo hacía, pero su ritmo era el preciso para tenerme al límite sin correrme. Había imaginado follarme a mi madre de muchas maneras, pero nunca así. Seguramente porque ahora era ella la que me follaba. Así, cariño, así. Muérdele los pezones a mamá. Tira de ellos con tus dientes.
Susurró apretándome contra su pecho. Aumentó el ritmo y el sonido del choque de su culo contra mis muslos se hizo más sonoro. A. Rugió al sentir mis dientes tirando de sus pezones. Sí, cariño. Sí. Cómo me gusta, Dios. Su ritmo ya era frenético, y yo estaba desquiciado, a punto de correrme mordisqueando sus tetas, cuando su voz candorosa volvió a resonar en mis tímpanos. Vamos, cariño, dale tu leche a mamá. Sentí cómo se corría de nuevo, y mi polla estalló en el mismo momento. Un chorretón tras
otro llenaron su vagina, ya desbordada por sus propios flujos. Gritó, ahogando el sonido en mitad de su garganta. No paró de moverse hasta que dejó de sentir los chorretones de semen caliente que descargaba mi polla. Finalmente, paró y se quedó quieta, agarrada a mi cuello, con las tetas pegadas a mi cara. Podía sentir cómo su respiración agitada se iba sosegando. Yo seguía en esa nube de placer a
la que me había transportado, deseando que no acabara. Su cuerpo todavía temblaba cuando retiró las tetas de mi cara, dejando espacio para mirarme. Sus ojos todavía desprendían un intenso deseo. Giró levemente la cabeza y me comió la boca con el mismo deseo que antes de empezar. Despegó la boca y siguió mirándome con esa intensidad.¿ Te ha gustado,
cariño?
Uf,
ha sido genial, mamá.¿ Sabes una cosa? Dime.
No quería follar contigo porque eres mi hijo. Pero después de derribar esa barrera, creo que ha sido lo mejor que me ha pasado. Dios, me he excitado follando contigo más que con ningún otro hombre. Sus palabras eran tan intensas como su mirada. Oír decir eso a mi madre citó mi mente de tal manera que ahora fui yo quien devoró su boca. Parecíamos dos enamorados que follaban por
primera vez. El entusiasmo y la satisfacción rebosaban por nuestros cuerpos como el agua caliente de una ducha.¿ Tienes que irte ya?
Me preguntó al despegarnos. No tengo prisa. Perfecto. Me voy a dar una ducha, nos queda toda la tarde por delante. Creo que no llegó a ver la sonrisa de satisfacción que me causó su propuesta.
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta
la próxima.
