Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Sorpresas inesperadas, parte 17 De vuelta al trabajo, seguía alucinando. Todavía no me podía creer todo lo que había sucedido durante esa larga noche. Elena era increíble, una mujer que, si no la conoces, sería imposible de imaginar. Pensé que hasta podría hacerse rica enseñando esa magia a los hombres, pero ella no era así. Por supuesto, no buscaba el dinero
de esa manera. También pensé si yo sería capaz de poner en práctica sus enseñanzas y tener el éxito que había tenido mi padre. Pensé en llevarlo a cabo de inmediato con la estirada de mi jefa, Laura, pero quizás sería un reto muy alto para la primera vez. Me acordé de la reunión familiar que tenía prevista y pensé cómo hacerlo. Primero llamaría a mi padre para decirle lo de la reunión con mi madre y Eva, y dependiendo de cómo saliera, llamaría después a Soraya. Mi madre y
Eva habían aceptado, aunque sin entusiasmo. Ahora tenía que ver cómo respiraba mi padre ante la oferta. Le llamé y aceptó, aunque con muchas reticencias. Incluso me insistió en que no le parecía una buena idea. Después de aceptar, llamé a mi madre y a Eva. Sabía que no dirían que no, pues ya me habían dado el visto bueno anteriormente, pero me sorprendió que incluso estuvieran interesadas.¿ Qué pasa
Te veo ojeroso. Ja ja ja. Me sorprendió la voz de Teo. Bueno, es que no he dormido demasiado. Pues yo, como un tronco. Hay que descansar alguna noche. Ja ja ja.¿ Has venido a meterte conmigo? Le dije
algo molesto. Tranquilo, solo he venido a saludar y también a recordarte que tienes que hablar con Laura. Joder, se me había olvidado. Pues, según te veo, no sé si será el mejor día para hacerlo. Cuanto antes, mejor. Si me tiene que dar la cara por algo, es mejor no hacerla esperar.¿ En eso llevas razón? La llamaré ahora mismo a ver si tiene disponibilidad. Pues me voy. No me apetece ni escucharla al otro lado del teléfono. La
llamé y me dijo que estaba disponible. Subí de inmediato, casi corriendo, hasta su despacho, que estaba dos pisos más arriba. Las paredes eran acristaladas y me vio antes de llegar a la puerta, que también era de cristal. Me hizo una seña para que pasara directamente. Laura era una mujer que andaría por los cincuenta. Alta, delgada, con melena negra y ojos oscuros de mirada penetrante. Muchos temían su mirada, pues no se podía esperar nada bueno cuando te miraba directamente.
Vestía siempre de forma elegante, con ropa poco colorida. A sus 50 años, se conservaba bastante bien. Solía destacar sus piernas, que era lo mejor que tenía, con vestidos ajustados y una buena raja lateral. Hola, Laura.¿ Querías verme? Sí, siéntate. Me dijo con una mueca a modo de sonrisa, sentada en su cómodo sillón giratorio al otro lado de la mesa. Estoy contenta con tu trabajo. Eres bastante efectivo, pero he notado que estos últimos días te has ausentado más de
lo habitual. Es verdad. Es que me han surgido problemas familiares y trato de solventarlos lo antes posible. Pero no te preocupes, sacaré todo el trabajo antes del viernes. Eso espero. Eres un chico con futuro y no quiero que lo desperdicies tan joven. A pesar de que me estaba regañando, notaba una cordialidad poco habitual en ella.¿ Te agobia el
trabajo? No,
qué va? Lo llevo bastante bien y me gusta lo que hago. Eso está bien, pero también hay que divertirse para despejar la cabeza. Viene bien para recuperar el cerebro y las ganas. También lo hago. Suelo salir a menudo a tomar alguna cerveza con amigos y compañeros. La conversación cada vez me extrañaba más. No era nada habitual en ella hablar así con sus subordinados. Lo sé. Alguna vez
te he visto por ahí, comentó sonriendo más ampliamente. Vaya, pues yo a ti no. Porque en el sitio que coincidimos, yo pasaba desapercibida, pero tú no. Me puse a pensar en qué sitio podía ser ese hasta que caí en la cuenta. Solo podía ser el torreón, por los comentarios que había hecho. Antes de que pudiera contestar, ella volvió a hablar. No sabía que te gustaban las mujeres de cierta edad. Creo que enrojecí al instante, pero mi mente trabaja muy deprisa en estos casos. Una mujer guapa no
tiene edad. Ja ja ja. Muy ocurrente. No recordaba haberla visto nunca reír abiertamente y ahora lo acababa de hacer. Me animé y me acordé de los recientes consejos de Elena. Quizás esta era una buena oportunidad para mi primera prueba. Lo primero era investigar en su mente para conocer esos deseos ocultos de los que me había hablado Elena.¿ Vas por allí a menudo? Pues no. He ido pocas veces, y la verdad, nunca he encontrado algo que pudiera ser interesante.
La pausa antes de acabar la frase me hizo pensar que había cambiado la última palabra.¿ Y qué es para ti interesante? Ya me había cambiado el chip y no la veía como una jefa. Me daba la impresión de estar flirteando con alguien que acababa de conocer. Laura era severa y le gustaba dominar a los empleados, a veces de forma irracional, y en este momento no actuaba así. Quizás lo hacía por algún motivo oculto que tendría que averiguar. Ja ja ja. No te voy a contar mis intimidades,
sería la comidilla de los pasillos. Se había vuelto a reír con espontaneidad y eso me hizo sentir aún más cómodo. No sería por mí. Sé cuando una conversación es privada. Ibas con Teo. A él le he visto más veces por allí. Es de los que buscan un polvo fácil y le vale cualquiera. pero creo que tú tienes novia,¿ buscabas lo mismo? La tenía. Lo hemos dejado. Me pidió que le acompañara y fui sin pensar nada en concreto. Su sonrisa era algo perversa y su mirada penetrante. Parecía
que estaba estudiándome.¿ Quieres un café? Me preguntó de improviso. Parecía sentirse cómoda con mi presencia y desde luego no me iba a negar. Me había llamado para darme una charla y ahora me estaba invitando a tomar café. Sería muy estúpido decirle que no. No sé si sería muy agradable tomar uno contigo. Contesté muy subido, asumiendo un papel por encima de ella.¿ Por qué dices eso?¿ No te resultó agradable? No le resultas agradable a nadie, y lo sabes,
aunque creo que en el fondo te gustaría serlo. Ya había comenzado el juego psicológico y ahora me podía jugar hasta el puesto, pero merecía la pena. Nunca me había sentido con ese poder que en ese momento yo mismo me había creado, o quizás creído. Me sorprendió cuando apretó un botón y los cristales se hicieron prácticamente opacos. Era la segunda vez que estaba en su despacho y no sabía que podía hacer eso. Al ver que miraba el cambio con asombro, sonrió diciéndome. Me gusta la transparencia en
el trabajo, pero hay situaciones que requieren privacidad. Si el café va a resultar agradable, me parece perfecto. Se levantó y se movió elegantemente hasta donde estaba la cafetera. Me di cuenta de que tenía un culo pequeño pero redondo y bien formado, que se ajustaba perfectamente a la oscura tela del vestido. Por supuesto, pude ver un hermoso muslo que mostraba al andar a través de la raja lateral.
El escote era normal. Suponía que, al saber que sus pechos no eran grandes, no le merecía la pena mostrar el escaso canalillo. Era guapa y sabía sacarle partido a sus bonitos labios, perfectamente marcados con un carmín suave.¿ Por qué crees que va a ser un café agradable? Creo que hace tiempo que no mantienes una conversación agradable con nadie y supongo que es algo que necesitas. Como todo el mundo. Volvió con los cafés y dejó uno en la mesa frente a mí mientras daba un sorbo al otro.
Yo seguía sentado, y ella se había apoyado en el borde de la mesa a mi lado, intentando mantener una posición de poder. Me levanté para ponerme frente a ella. Yo era más alto, le sacaba media cabeza, incluso subida en los altos tacones que llevaba. Puse mi boca cerca de la suya y comencé a susurrarle. Llevas demasiado tiempo mandando, ordenando despóticamente, y cada vez te sientes más insatisfecha. Creo que en el fondo buscas a alguien que te mande y te ordene a ti. Por supuesto, en un sitio
como el Torreón no lo vas a encontrar. Mientras hablaba, había puesto mi mano en su cintura y pude notar un ligero temblor en su cuerpo. Me seguía mirando fijamente, pero sentí como su mirada perdía esa fuerza que siempre imprimía al mirar a la gente. Recordando cada paso que me había enseñado Elena, acerqué lentamente mis labios a los suyos hasta juntarlos. Lo hice despacio, dándole tiempo para el rechazo, pero no lo hizo. La besé como me besó Elena,
aumentando la intensidad a cada segundo que pasaba. Fueron más de dos minutos, hasta dejarla casi sin aire. Aproveché ese largo tiempo para pasar mis manos por una gran parte de su cuerpo, desde la cabeza hasta el culo, buscando esos puntos en los que me había insistido Elena y, como ella había predicho. Encontré dos sitios en los que noté que su cuerpo reaccionaba. El paso de la presión de mis dedos por la nuca y la continuación por cada una de sus vértebras hizo que su espalda se
erizara como la de una gata. También noté cómo se le tensaba el cuerpo al apretar con cierta fuerza su pequeño culo. Cuando despegué mis labios de los suyos, se limitó a coger aire mirándome a los ojos. Su mirada ya no era la misma. Ya no era esa mirada intimidatoria. Había perdido toda la dureza y ahora tan solo parecía esperar. Esa mujer dominante quería que alguien la dominara y eso era lo que yo estaba haciendo. Me admiré a mí mismo por mi propio progreso. Creo que Elena estaría orgullosa
de mi primer examen. Le abrí los botones del escote del vestido, totalmente envalentonado. Aparecieron sus pequeños pechos, tapados por un pequeño sujetador negro, y los agarré con las dos manos, presionándolos con una fuerza medida. Seguía mirándome a la cara y apreté los labios, haciéndola ver que reprimía parte de mis impulsos. Tiré del sujetador hacia abajo para descubrir los pezones. Me sorprendió lo grandes que eran, un tamaño que no
correspondía a esos pechos. Los toqué con los dedos hasta ponerlos duros. Los apreté con los dedos y tiré de ellos hasta arrancar varios gemidos de su boca. Después se los lamí, chupé y mordí, sintiendo como su excitación no paraba de ascender. Bajé una mano y la metí entre la raja del vestido, buscando el centro de sus muslos. La abrí y comencé a subirla para pasarla por todo el coño. Había dado cada paso con precisión, como me había enseñado Elena. Y ahora Laura jadeaba sobre mi cara,
pidiendo que la follara sin usar las palabras. Sabía que follarla y ya ésta no daría el resultado que buscaba. Laura quería sentirse sometida, como ella llevaba sometiendo a la gente durante años, incluso llegando a la humillación, algo que había practicado más de una vez, tanto con empleados como con empleadas. La agarré con una mano por el culo y con la otra comencé a masturbarla hasta oírla jadear como una perra que acaba de darse una carrera y
mira a su amo pidiendo agua. Pensé en llamar a Teo para que subiera y viera cómo me la follaba, pero no quise involucrar a nadie de la empresa. Laura había sometido a ambos sexos y seguro que deseaba que la sometiera tanto un hombre como una mujer. Pensé en Eva, seguro que estaría encantada de verme follármela y eso aumentaría el morbo de Laura. Seguro que saber que alguien la estaba mirando mientras se la follaban aumentaría su excitación al límite.
Hice que se girara y presioné su espalda para que se inclinara sobre la mesa. Prácticamente se quedó postrada sobre ella. Le levanté el vestido y, por fin, pude ver su pequeño y redondo culito. Me pareció precioso, tan solo tapado con unas pequeñas bragas negras. Lo sobé con deleite, más de una vez había fantaseado con esa escena y ahora era real. Saqué el móvil del bolsillo y llamé a Eva a través de video, sin dejar de manosearle el culito a Laura. Hola,
Eva. Hola, cariño.¿ Qué pasa?
Te gustaría ver cómo me folló a una mujer deliciosa? Le dije, haciendo ver a Laura como la veía. aunque no sé si deliciosa era la palabra adecuada.¿ Me quieres poner los dientes largos? No, solo pensaba que podrías disfrutar viéndolo. Laura hizo a demanda incorporarse, pero se lo impedí poniendo la mano sobre su espalda.¿ Qué haces?¿ Te has vuelto loco? Me dijo, algo asustada. Bueno, mirar me excita, y siendo tú, creo que me excitaría más, contestó Eva. Pues espera un momento.
Corté el micrófono y me incliné, pegando mi abultada polla al culo de Laura. Esto te gustará. Eva es una amiga mía que no conoces, ni tampoco ella te conoce a ti. Le mostraré cómo te meto la polla sin que te vea la cara. Después te pasaré el móvil y tú decides si quieres mirar cómo se masturba, porque te aseguro que lo va a hacer. Restregué mi polla por su culo para mantener su excitación mientras le hablaba.
Sentía cómo deseaba que me la follara de una puta vez, pero alargar ese deseo era parte de las clases de Elena. Estoy seguro de que te lo vas a pasar bien, Eva, pero me gustaría que, si haces algo, uses ese pedazo de verga de silicona que guardas. Ja ja ja. Claro, hijo, lo que me pidas. No sé si Laura estaba alucinando al oír la conversación, pero no decía nada. Le bajé las bragas a Laura y vi como los labios de su coño estaban cubiertos por una muy bien diseñada mata
de vello negro, como su pelo. Pensaba que lo llevaría depilado, pero solo lo había hecho en parte para formar un triángulo perfecto. Sin más dilaciones, coloqué el capullo entre la fina mata y presioné, sintiendo cómo arrastraba la carne de su interior. Tenía la vagina algo mojada, pero algo estrecha, y sentí cómo toda esa carne suave y húmeda abrazaba mi polla. Había colocado la cámara del teléfono enfocando la penetración y oía a Eva comentar.
Un.¿ Qué culito más pequeño?¿ Se lo piensas reventar? No sé. Quizás más tarde. Contesté con algo de sorna. No, el culo no. Saltó Laura de inmediato. Calla, zorra.
Ya veré lo que te hago. Casi le grité, haciendo que sintiera que en ese momento era su amo. Comencé a bombear su estrecho coño y no tardó en gemir.¿ Te gusta cómo me la estoy follando, Eva? Dale más fuerte, cariño, esa zorra lo está deseando. Eva me había oído y no dudó en utilizar el mismo lenguaje. Tiene un coño precioso, y siento cómo se abre cuando le meto la polla hasta el fondo.
Uf,
cómo estoy ya. Mira cómo me entra la verga. Eva ya se había calentado y enfocaba la cámara hacia su coño, mostrando cómo se metía la enorme verga. Laura escuchaba todo con el cuerpo apoyado sobre la mesa y no pudo reprimir la excitación que le estaba produciendo mi polla y la conversación. Dios, más deprisa. Más. Aumenté ligeramente el ritmo y, al
momento, se corrió a la vez que gritaba. Sí. Ah. Ah. Por supuesto, Eva la escuchó. Joder,¿ ya has hecho que se corra?
pues sí que estaba caliente. Gritó al otro lado del teléfono, manteniendo la masturbación con la verga. Yo había bajado el ritmo, pero seguía bombeando con constancia. Sabía que así la excitación de Laura bajaría mínimamente. Le pasé el teléfono para que viera a Eva, que mantenía enfocada su masturbación en primer plano. Laura se quedó alucinada al ver cómo entraba por completo la verga entre la mata de pelo del coño de Eva. Joder, vaya selva que tiene. Comentó en voz alta sin darse
cuenta de que la oía. Le iba a preguntar si le gustaba, pero se adelantó Eva.¿ Te gusta? Antes de que contestara, comencé a bombear con más fuerza, haciendo que su boca se entreabriera a la vez que volvía a provocar sus jadeos. No llegó a contestar, pero noté de nuevo su tremenda excitación. No dejaba de mirar el coño de Eva, pero no era consciente de que Eva le veía la cara. Me encantaría sentir esos morritos rebañando mi coño.
Laura se dio cuenta y soltó el teléfono, jadeante. Aumenté el ritmo y la fuerza de las penetraciones a la vez que tiraba de su culo con las dos manos, abriéndolo todo lo que podía. Mis huevos sonaban contra sus muslos a cada impacto y el olor a sexo comenzó a llenar el despacho. Pasé dos dedos desde la nuca hasta el culo, presionando en cada vértebra, y su cuerpo se curvó como cuando a una gata le pasan la mano por el lomo. Ahora fue ella la que usó mi lenguaje.
Vamos, cabrón. Reviéntame el coño.
Quiero mearme de gusto. Fue suficiente para llenar mi cerebro del deseo animal que todos guardamos dentro. Envestí como si de verdad fuera a reventarla, no sólo el coño, sino todo el cuerpo. Volvió a gritar con lujuria y deseo desenfrenado, y empapó mi polla en el mismo momento en que yo me corrí. Le solté varios chorretones de leche a la vez que jadeaba sonoramente. No tardó en desbordarse su vagina y los fluidos comenzaron a chorrear entre sus preciosos muslos,
porque eso sí que los tenía preciosos. Saqué la polla, empapada de su coño, y la limpié con varios pañuelos de papel que había en un servidor sobre la mesa. Laura se incorporó y se dio la vuelta, todavía jadeante. Tenía la boca y los ojos abiertos, como si todavía no se creyera lo que había pasado. Me subí el pantalón y lo abroché. La miré con una sonrisa de triunfo. No te preocupes por los datos. Los tendré para el
viernes. Fue lo único que dije antes de salir y cerrar la puerta. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
