Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Sorpresas inesperadas, parte 16 Volvió mi nueva hermana sonriendo, parecía haberselo pasado bien. No pude impedir que mi padre se escabullera en ese momento, diciendo que tenía que volver al trabajo sin demora. Al final, se había ido sin poder hablar con él de lo que me interesaba. Bueno, quizás después podría convencerle para que comiéramos juntos.¿ Lo has pasado bien? Le pregunté a Lidia al ver que me miraba sin
decir nada. Muy bien. Diría que mejor de lo que esperaba, jajaja. Bueno, supongo que no esperabas que fuera tu hermano. Ni soñándome esperaba algo así, jajaja. Pero puedo decirte que la sorpresa me ha agradado. Siempre había pensado cómo sería tener una hermana o un hermano. Pensé que era el momento de decirle que Soraya también era su hermana. Pues tienes las dos cosas.¿ También tengo una hermana? Soraya es tu hermana, claro, solo por parte de padre, como yo. pero si tú
vivías con ella, ¿no? Sí, ninguno de los dos lo sabíamos cuando nos fuimos a vivir juntos. Joder, vaya movida. La dejé que pensara un rato y lo fuera asimilando, pero Lidia no se perdía ni una. Pero antes has dicho que tú, bueno, que nuestro padre también se la follaba. No le había pasado desapercibido cuando se lo recordé a mi padre en un estado de euforia. pues así es. De eso también me he enterado hace poco. Vaya, veo que estás recibiendo un palo tras otro. No te creas,
lo he asimilado bastante bien. Le contesté con una sonrisa cínica.¿ Hace mucho que no ves a tu madre? Le pregunté, cambiando de tema. Pues sí, aunque últimamente por lo menos hablamos por teléfono.¿ A qué viene eso ahora?
Me gustaría conocerla.¿ Para qué? Creo que debería saber todas
estas cosas. Quizás os ayude a reconciliaros.¿ Y se las piensas contar tú? A ti no te conoce de nada. Creo que es mejor que se lo cuente yo a mi modo que tú. La verdad es que ni se me había pasado por la cabeza contárselo. Como te digo, creo que os vendrá bien a las dos. Realmente, en mi cabeza rondaba otra cosa. Lo que yo quería saber era cómo era Elena y también ver su reacción al contarle la historia.¿ Sería como mi madre o Eva?¿ Habría
despertado en ella el deseo sexual que había logrado con ellas? Bueno, y con Lidia y Soraya. Lo que tenía claro es que no me lo había traspasado en los genes y tan solo era el beneficiario de sus logros, o por lo menos uno de ellos. Me acordé de que Teo y Tito también habían sido partícipes y seguro que habría alguno más. El único que no había dado la talla era Javier, que a pesar de haber tenido a una de las reinas en casa, la cambió por una doncella.
Casi me reí al recordarlo. Estaba sumido en la carrera en la que habían entrado mis pensamientos a gran velocidad cuando la voz de Lidia me sacó de la pista. Trabaja en una agencia.¿ Qué dices? Mi madre, que trabaja en una agencia de viajes.¿ No has dicho que querías hablar con ella? Sí, sí, claro. No sé dónde vive, pero sé dónde está la agencia. Alguna vez he ido para verla, sin que ella me viera, claro. Vale, pues dame la dirección. Me fui de casa de Lidia con
la dirección en el bolsillo. Ahora el problema sería cómo abordarla sin que me mandara al carajo. Llegué a la oficina y le pregunté a Teo si me habían echado de menos. Pues Laura preguntó por ti. Joder,¿ y por qué no me has llamado? Me ha dicho que no corría prisa, que cuando tuvieras un rato durante la semana pasaras a verla. La verdad, la he notado contenta, no parecía ella. Vale, vale, pues ya me pasaré. Tienes que cubrirme de nuevo.¿ Tengo que salir antes de comer?
Joder, tío,¿ qué te traes entre manos?
Me estás intrigando. Nada,
temas familiares. Prefiero
temas de mujeres, jajaja.
Cómo la tía que nos presentaste? ¿Quién? Le
dije algo abstraído, pensando
en que le iba a decir a Elena. Pues¿ quién va a ser? ¿Eva, o
ya no te acuerdas? Es verdad, tenía la mente en otro sitio. A ver si nos presentas a alguna más como ella, jajaja. Tito me pregunta a todas horas.
Quizás lo haga. Venga, ahora cúbreme que me voy. Hecho.
Me marché camino de la dirección que me había proporcionado Lidia. Entrar en una agencia para preguntar era fácil, lo difícil sería presentarme. Monté en el autobús y fui madurando como hacerlo. Cuando me quise dar cuenta, ya había llegado. Me bajé del autobús y, cuando llegué a la agencia, me puse a mirar los folletos que había pegados en el cristal. Bueno, realmente lo que miraba era el interior. Podía distinguir a dos personas y, claro, por el color de la piel,
una debía ser Elena. Estaba atendiendo a una pareja y esperé hasta que se levantaron. Entré de inmediato y me quedé de pie a unos metros. No quería parecer impaciente. Me miró, y con una amplia sonrisa me hizo una seña para que me sentara.¿ Qué tal?¿ Has visto algo que te interese? Me preguntó con una amplia sonrisa adornada por unos voluptuosos labios y unos dientes blancos que destacaban sobre el color de su piel. El vestido, muy colorido,
dejaba un generoso escote, haciendo destacar unas hermosas tetas. Hola, la verdad es que no tengo nada claro, tan solo he pensado en algún sitio con una playa bonita. Bueno, de eso hay mucho donde elegir.¿ Vas a ir solo o acompañado? Me gustaría ir acompañado, pero todavía no sé si la otra persona va a aceptar. Ja ja ja, para eso tendrás que decírselo.¿ Y si me dice que no? Él no ya lo tiene si no le preguntas, pero si lo haces, puede que diga que sí. Es que,
realmente no me conoce. Hombre, preguntarle a alguien que no te conoce si se quiere ir de vacaciones contigo, lo más probable es que te diga que no. Ya, me lo imagino. Pero no sé cómo abordarla sin que me mande a la mierda. Ja ja ja, qué gracioso eres. Puedes invitarla a un café para hablar con ella. Creo que eso sería mejor que decirle directamente si se va de vacaciones contigo. Lo había calculado para que cuando estuviera dentro fuera la hora de cerrar y ya pasaban unos
minutos de las dos. La otra mujer que estaba atendiendo se despidió diciendo que ya era la hora de comer y nos quedamos solos. No quiero fastidiarte tu horario de descanso. Le dije como disculpa, esperando a ver qué me decía. Parecía que le había caído en gracia y esperaba alguna respuesta alentadora. Bueno, ahora tenemos que cerrar hasta las cinco. Si quieres, ven después y seguimos hablando de playas, jajaja.
Te propongo una cosa.¿ Qué tal si te invito a comer y me das algunos consejos para intentar hablar con esa persona? Ja ja ja, muchas gracias, pero suelo comer en casa. Vaya, qué mala suerte. Elena se quedó mirándome, yo diría que con ternura, por la cara de pena que yo había puesto. Vale, te dejo que me invites a una cerveza antes de comer. Estupendo. Dije, cambiando la cara como un buen actor. Ja ja ja, me da que eres un poco salamero. Creo que podrías tener éxito
con esa, otra persona. Me dijo mientras nos sentábamos en una cafetería cercana.¿ Y si fueras tú? Le pregunté para pillarla de improviso. Ja, ja, ja, pues sí que eres gracioso. Me dijo, mirándome a los ojos como si quisiera ver mis pensamientos. Me sentiría muy halagada porque eres un chico muy majo, pero te saco unos cuantos años, cariño. Seguro que la persona de la que me hablas es más joven, jajaja.¿ Nunca te lo ha propuesto algún cliente? Hizo un gesto
con la cara como de afirmación inconcreta. Quizás, pero no hemos venido a hablar de mí. Querías pedirme consejos.¿ Y si te dijera que sí hemos venido a hablar de ti? Ahora el gesto fue de sorpresa, pero con la seriedad marcada en sus facciones.¿ De qué me estás hablando? Bueno, la verdad es que lo que quería era conocerte.¿ Y eso? Conocemos a dos personas en común y ambas me han hablado de ti. Su cara seguía seria, pero comenzaba a estar intrigada.¿ Y
quiénes son? Una es tu hija. Vaya,¿ y
qué coño hace mi hija hablándote de mí? Su enfado parecía aumentar y tenía que frenarlo. Tranquila, sé que la relación que tienes con tu hija no es la mejor, pero he sido yo quien ha insistido en querer conocerte.¿ Y por qué ese interés? Me dijo, volviendo la intriga. Bueno, yo he pasado por algo parecido con mi padre y se pasa mal. Sé que la reconciliación es difícil, pero una vez que se da ese paso, uno se siente mucho mejor.¿ Qué has venido a hacer de mediador? Me
dijo con una sonrisa cínica. No exactamente. Esas cosas las tienen que solucionar las personas involucradas y solo si las dos están por la labor. Yo tan solo quería presentarme.
¿Presentarte?¿ Eres un novio o algo así?
No, soy su hermano, mejor dicho, hermanastro. Creo que no se puso blanca porque el color de su piel no se lo permitía. Lo que sí se quedó fue muda. Decidí hablar yo, aunque tampoco tenía claro lo que le iba a decir. Lo que sí había quedado claro es que Gerardo, mi padre, también era el padre de Lidia. Siento haberte lo dicho así, pero no he encontrado otra forma. Tardó unos largos segundos en reaccionar, pero al final la oí de nuevo. La verdad es que no me lo esperaba,
pero¿ por qué vienes a contarme esto? Entiendo que te dé igual los hijos que haya tenido Gerardo por ahí. Por supuesto. No tengo ningún interés en él ni en sus hijos. Ni siquiera me acordaba ya de él.¿ Estás segura? He conocido bien a mi padre, aunque algo tarde, y sé que a las mujeres con las que ha estado les deja, mejor dicho, no las deja indiferentes. Elena se recostó en la silla. Parecía una persona de las que
reflexionan antes de hablar. Podía notar cómo su mirada seguía indagando en mi mente, aunque esperaba que no fuera una pitoniza de las que te leen los pensamientos.¿ Qué te ha contado Gerardo? Preguntó después de unos largos segundos de mirada penetrante. Contarme, contarme, diría que nada. Más bien podría decir que lo he visto.¿ Y qué has visto? He visto el comportamiento sexual en algunas mujeres con las que
ha estado. Su mirada cada vez era más penetrante. Sentía como si me taladrara con algún rayo invisible.¿ Y qué mujeres son esas de las que me hablas? Te puede parecer extraño, pero son mi madre, mi exnovia, la madre de mi exnovia y, bueno, también Lidia. Me está costando entenderte.¿ Tan mal me explico? No, te explicas muy bien. Lo que me cuesta entender es que te hayas acostado con tu madre. Joder, que si me había entendido, incluso mejor de lo que yo pensaba. Ya te he dicho que
quizás te parecería extraño, pero así es. Y tengo que añadir que tanto ella como yo estamos encantados de que haya sucedido. Vaya, debes de haber salido a tu padre. Él también era muy familiar para esas cosas. Sé que se acostó con Lidia, y por ese motivo ahora estáis distantes.¿ Crees que merece la pena seguir enfadadas después de tantos años? Bueno, hablamos alguna vez por teléfono. Ya, pero no habéis hablado
del asunto, y si no lo hacéis, seguiréis distantes. Dime,¿ realmente no quieres verla y abrazarla como haría una madre con su única hija? No contestó de inmediato. Cada respuesta importante parecía reflexionarla antes. Lo he pensado muchas veces, pero no me he atrevido a dar el paso. Dijo finalmente con cierta tristeza. A ella le pasa lo mismo. Me ha contado que a veces viene hasta aquí para verte a escondidas. Creo que contuvo unas lágrimas. Era una mujer
fuerte y no quería que la viera llorar. Ahora sí puedo hacer de intermediario, si quieres. Se tomó un tiempo en darme la respuesta, pero al final accedió. Ahora no me apetece irme a casa a comer sola.¿ Mantienes tu primera oferta? Me dijo con una pequeña sonrisa. Por supuesto. Conozco un restaurante aquí cerca. Es muy tranquilo, así que nos vendrá bien para hablar algo más. Perfecto. Salimos de la cafetería, ella delante y yo detrás. Tuve unos metros
para observar su cuerpo. Un cuerpo delicioso, lleno de curvas que provocaban miradas a su paso. El culo se le movía de tal forma que los ojos parecían salirseme de las órbitas. Entramos en el restaurante y apenas se oía nada. Había poca gente y las mesas estaban bastante separadas. El maitre nos llevó hasta una de ellas y le pedimos la comida. Aquí podremos hablar con tranquilidad, porque tengo que preguntarte muchas cosas. Tú dirás. Bueno, pues lo primero es
aclararme lo que ya he supuesto. Tu exnovia es también tu hermanastra, ¿no? Así es. No voy a preguntarte cómo llegasteis hasta eso, pero por lo que me has dicho, he supuesto que también conoces a su madre, íntimamente. Hablemos claro, me he acostado con ella. Me parece bien, hablaremos claro. También has incluido a tu exnovia como una de las mujeres en las que había dejado huella tu padre, y supongo que es su hija. Efectivamente, se ha follado a su hija, como lo hizo con Lidia.¿ Y a ti
no te ha importado? Bueno, al ser hermanastros, nuestra relación no podía seguir, y ella es mayor de edad y era consentidora. Mejor dicho, le encanta follar con él Sí, lo supongo. comentó Elena mirando al infinito.¿ Y cómo ocurrió lo de tu madre y la suya, contigo? No sabría decirte exactamente cómo. Quizás momentos de debilidad, de ternura, como te digo, no sé cómo explicarlo, pero te puedo asegurar que los tres estamos encantados de que haya ocurrido.
La cara de Elena iba cambiando. Ahora su sonrisa era diferente y su curiosidad aumentaba casi con impaciencia. Lo demostró con la siguiente pregunta, que fue más que directa.¿ Y qué sentiste al follar con tu madre? Es la vez que más he disfrutado, aunque con Eva, la madre de mi exnovia, también fue brutal. Parece que te gustan las mujeres maduras. Esa frase me parecía que guardaba algo más que la propia definición. Era el momento de dar el
paso que podía ser decisivo para mis propósitos. Ella ya había utilizado la palabra follar con plena normalidad y ahora me tocaba a mí.
Depende.¿ Depende de qué? De si me atraen y de cómo follen. Ja, ja, ja, qué directo. Por
fin se había reído de nuevo, pero no perdió el
tiempo. Continuó
con el interrogatorio.¿ Y qué tal con Lidia? Folla bien. Bastante bien, pero como has comentado antes, me decanto por mujeres más maduras. Volvió a reírse, pero pareció dar por cerrado el interrogatorio. Hablamos de los trabajos y de parte de nuestras vidas. Al final, llamé a Lidia. Ella también estuvo de acuerdo con verse y las emplacé para esa misma tarde. Nos pasamos los números de teléfono para que después me llamara y me contara cómo les había ido.
Nos fuimos cada uno de vuelta a nuestros trabajos y pasé la tarde intentando recuperar el tiempo perdido. Incluso me perdí las cervezas quedándome más tiempo enganchado al ordenador. Cuando estaba a punto de cerrar el portátil e irme, sonó mi móvil.
Era Elena.¿ Qué tal ha ido?
Muy bien. Hemos hablado con tranquilidad, sin gritarnos, y hemos entendido los puntos de vista de cada una. Al final, nos hemos quedado en vernos más a menudo. Me alegro mucho. Yo también, y tengo que agradecerte que hayas logrado esto sin conocerme de nada. Casi todavía ni me lo creo. Bueno, ha sido fácil. Realmente, las dos estabais dispuestas y eso lo ha facilitado. Lidia me ha hablado del fracaso de su matrimonio y también de ti. Espero que te haya
dicho cosas buenas. Por supuesto. Y la verdad, me gustaría conocerte un poco más.
Para mí sería un placer.¿ Qué tal si quedamos para cenar? Hoy. Sí, claro, pero solo si puedes y te apetece
Más que apetecerme, lo estaba deseando. No había parado de pensar en follármela desde que la vi. Lo que no sabía es si ella solo pensaba agradecérmelo con solo una cena o con algo más. Claro que me apetece. Me he sentido muy a gusto hablando contigo y ahora que ya nos conocemos, creo que será más interesante. No sabía cómo acabar la frase para que no se notaran mis deseos, pero también quería dejarlos entrever.¿ Dónde has pensado?¿ Algún sitio
en especial? Pregunté, pensando que sería en su casa. Pues sí. Conozco un restaurante peculiar para una ocasión como esta. Me quedé algo frustrado al no ser en su casa. Últimamente me había acostumbrado a las cosas fáciles, pero pensé que estar y hablar con ella el primer día también era suficiente. Esa mujer despertaba mis deseos con tan solo mirarme. Salí del trabajo y me dirigí a la dirección que me había dado. Habíamos quedado en la barra y pedí una
cerveza mientras esperaba a que llegara. Cuando la vi entrar por la puerta, casi se me cae el vaso. Se había puesto un vestido de color fucsia que resaltaba el brillo de su terza piel, algo más oscura que la de Lidia, pero sin llegar a ser negra. El material de licra se ajustaba a su cuerpo como si fuera una extensión de su piel. Le llegaba casi a las rodillas, dejando ver la elegancia del resto de sus piernas desnudas.
El escote era más generoso que el que le había visto anteriormente y sentí como imantaba mis ojos.—¡ Qué guapa estás!
Le dije casi babeante.— Gracias. Ya veo que tú sigues con la misma ropa.— Lo siento.
Estaba en el trabajo y no me ha dado tiempo a pasar por casa. No importa. Este restaurante es bastante íntimo. Apenas nos verá nadie, aparte de los camareros. El maitre apareció por una puerta y le seguimos por un pasillo después de que nos hiciera una seña. Se oían murmullos a los lados, pero no se veía a los comensales. Eran como habitáculos con las entradas protegidas por un biombo con plantas delante. Entramos al que nos indicó y había una mesa redonda con mantel, flores y un par de
cómodas sillas. La luz era tenue y la acompañaban varias velas distribuidas sin uniformidad. Nos sentamos y pedimos la comida y una botella de vino que eligió Elena. Bonito sitio. Y muy íntimo, dije mirando alrededor. Tenía que contarte algunas cosas y pensé que necesitaríamos intimidad. No es su casa, pero tampoco está mal para meternos mano, pensé con la mente en modo sexual.¿ Qué me vas a contar?¿ La conversación que has tenido con Lidia? Ja
ja ja,
no, claro que no. Eso queda entre madre e hija. Se cayó al llegar el camarero con el vino. Lo sirvió y se fue. Brindemos por una velada, interesante. Su sonrisa me intrigaba. No sabía lo que me iba a contar o preguntar.¿ Te has preguntado alguna vez por qué tu padre despierta, digamos algo especial en las mujeres con las que está? Pues sí. Incluso se lo he preguntado a él, pero no he conseguido que me contara nada claro.¿ Te gustaría averiguar su secreto? Sí, claro.¿ Tú lo conoces?
Vi cómo sonreía casi de una forma perversa y no pude aguantar el silencio que hizo. Tú lo sabes, ¿verdad? Afirmé con impaciencia. Casi me froté las manos mentalmente. Parecía que estaba dispuesta a contármelo y ya me relamía los labios. Me has dicho que te gustan, o mejor dicho, que prefieres a las mujeres de cierta edad. Sí, así es. He disfrutado más con mi madre y con la madre de mi novia que con mi novia y con Lidia.
Dije sin dudarlo.¿ Y a cuántas más te has follado? Pues, es que he estado con mi novia desde muy joven y, bueno, tan solo a dos más. Contesté, descubriendo todas mis cartas. Por lo que veo, has follado poco, y cuando lo has hecho, creo que te lo han puesto fácil. Pues sí. Eso no lo puedo negar. Seguro que te gustaría follarte
algunas más. Tampoco voy a negar eso. Te diré que cuando te lo ponen algo más difícil y logras la conquista, lo disfrutas más.¿ Tienes en mente alguna mujer que desees follarte? Y no importan los motivos, tan solo que lo desees. Se me vino a la cabeza Laura, mi jefa. No sé si fue porque Teo me había hablado de ella ese mismo día, diciendo que quería verme. También es verdad que era una tía estirada y nadie en la oficina sabía si le gustaban los tíos o las tías. Creo
que era una cuestión de morbo. Alguna tengo, fue mi respuesta.¿ Crees que tu padre se la podría follar? Joder, he llegado a pensar que mi padre es capaz de follarse a quien se proponga. Eran muchas preguntas, incluso raras. Parecía que estaba dando algunos rodeos para llegar a algún sitio. Estaba con la mente envuelta en un torrente de pensamientos cuando me sorprendió con la pregunta siguiente. Yo te podría enseñar como enseñé a tu padre. Me quedé unos segundos
con la boca abierta. Di un trago al vino para reaccionar.¿ Tú enseñaste a mi padre a provocar ese deseo en las mujeres? Lo hice, aunque después me defraudó y no he vuelto a enseñar a ningún hombre más. Joder, no me hubiera imaginado que el secreto de mi padre fuera esa mujer. Estaba confuso, incluso aturdido, con la cabeza revuelta en un torbellino de pensamientos. Elena fue paciente y no dijo nada. Tan solo esperó a que yo saliera de la nube. Llegó un camarero y nos sirvió los primeros platos,
marchándose de nuevo. Perdona, pero no me esperaba algo así, pude articular finalmente una frase. Lo sé. Los hombres casi siempre suponéis que el mérito es vuestro. Supongo que llevas razón.
Pero
no acabo de entenderlo.
Eso se aprende?
Como todo en esta vida. No nacemos enseñados, tenemos que aprenderlo todo. También es verdad que en los genes llevamos una parte escrita que nos ayuda a cada uno en lo que mejor se nos da.¿ Y crees que yo podría aprenderlo? Por supuesto. Aunque no te aseguro los resultados. Considéralo un regalo por tu intermediación con Lidia. A partir de ese momento, comenzó la clase. Su tono de voz
era tranquilo, suave, pero lograba mantener toda mi atención. Comenzó explicándome que, a rasgos generales, había cuatro tipos de mujeres y cómo averiguar, hablando con ellas y con pocas frases, de qué tipo eran. Según ella, eso era lo más importante, conocer su forma de pensar. Fue una larga clase teórica hasta que se levantó de la silla y se acercó a mí. Yo la miraba prácticamente atontado hasta que sentí
sus gruesos y sensuales labios pegarse a los míos. Comenzó siendo un beso suave, diría que casi tierno, pero poco a poco se fue haciendo más lascivo hasta provocarme un deseo feroz. Estaba de pie, inclinada para besarme. Sus grandes tetas se rozaban contra mi hombro y parte del pecho, pero no me atreví ni a tocárselas. Fue ella la que alargó una mano y sobó sobre mi pantalón, comprobando
la dureza que había provocado en mi miembro. No sé lo que duró el beso, pero fueron más de dos minutos en los que la intensidad no paró de ascender. Cuando despegó los labios, me miró a pocos centímetros de mis ojos. Su sonrisa mantenía esas connotaciones de ligera perversión. Esta es la primera clase práctica. Ten en cuenta que el sexo en un sitio público provoca un gran morbo en muchas personas. Se despegó de mí y desapareció por la entrada para ir al servicio. A la vuelta, se
volvió a sentar en la cómoda silla. El camarero ya había traído los postres, un flan con tres bolas de helado a su alrededor. Me he quitado las bragas. Seguro que te gustará agacharte y mirar por debajo de la mesa. Como estaba pasando durante toda la cena, sus frases me dejaban atontado, pero no dudé en hacer lo que me insinuaba. Me agaché sin despegar el culo de la silla y me asomé por debajo de la mesa. Había abierto las piernas ampliamente y pude ver unos hermosos labios vaginales entre
sus muslos. El deseo se iba haciendo más potente en mi cabeza y desee tocarlos, lamerlos y chuparlos hasta hacerlos resumar. No sé si leía mis pensamientos, porque su siguiente sugerencia fue exactamente lo que circulaba por mi mente. Si te apetece meterte bajo la mesa y lamerme el coño, hazlo. Pero,¿ y si viene el camarero? Tú céntrate en lo que quieres hacer y olvídate de lo demás. Estaba ya tan excitado que no me lo pensé más. Me metí bajo
la mesa y busqué sus hermosos muslos. Ella se movió levemente hasta dejar el culo en el borde de la silla y comenzó a dirigir los movimientos de mi boca, diciéndome cómo, cuándo y de qué forma tenía que ir pasando mi lengua y mis labios por cada sitio. Lamí y chupé sus muslos, sus ingles, sus labios vaginales. Abrí su espléndida raja y chupé hasta casi quedarme sin saliva. Comencé a notar su excitación cuando apareció el camarero. Casi me di con la cabeza en la mesa al ver
sus pies.¿ Desean café o alguna cosa más? Elena me puso la mano sobre la cabeza para que siguiera. Estamos degustando el postre, la oí decir sin inmutarse. Quizás más tarde, pidamos algo más. No duden en llamarme, contestó el camarero, y vi sus pies alejándose. Había sido increíble. Los dos habían actuado como si allí no pasara nada. Seguí con más deseo lamiéndole el coño hasta llegar al clítoris, que
era como un garbanzo suave y duro. Lo succioné y lo chupé hasta que un torrente de flujo caliente mojó mi boca. El olor a sexo bajo la mesa fue bestial. Salí de debajo de ella con la cara empapada. Lo has hecho muy bien. Aprendes rápido. Fueron sus palabras con un tono suave y tranquilo que casi me desesperaba. Se puso a comerse el postre y yo la imité, todavía desconcertado. Estaba intentando ser consciente de lo que había ocurrido. No me dio tiempo a seguir pensando. Ahora te voy a
comer la polla. Cuando lo esté haciendo, llama al camarero y pide que nos traiga unos cafés.¿ Podrás hacerlo? Tardé varios segundos en contestar, imaginándome la escena. Empecé a pensar si ya conocía al camarero y esto lo había hecho antes.¿ Qué pasa?¿ Qué conoces al camarero y de alguna forma me estás probando? Te estoy enseñando, y este camarero es nuevo y no le conozco de nada, me dijo con esa tranquilidad que me exasperaba. Si consigues que una mujer
pase por esto, estará deseando volver a repetir. La verdad es que su sonrisa, entre maléfica y lujuriosa, me ponía más excitado de lo que ya estaba. Cuando acabó el postre, se metió bajo la mesa y me desabrochó el pantalón. Al momento, sentí sus carnosos labios abrazando mi capullo, que estaba a punto de estallar. Toqué el botón que había para llamar al camarero y comencé a sentir sus deliciosas chupadas. Cuando el camarero llegó, creo que mis mejillas estallaban de calor.
Casi tartamudeé para pedirle los cafés mientras sentía unas tremendas succiones en mi polla. El hombre, de unos treinta años, tan solo sonrió, como lo había hecho las veces anteriores. Asintió con la cabeza y se fue. Solté todo el aire que había contenido durante ese rato, entre incómodo y excitado, y volví a disfrutar de la tremenda mamada. Elena no tardó en salir de debajo de la mesa, relamiéndose los labios, y con esa sonrisa que mantenía, me susurró al oído
de forma lujuriosa. Ahora viene lo mejor.¿ Te apetece follarme? Joder, vaya pregunta. Estaba como loco por follármela. Asentí con la cabeza y volvió a besarme como ella sabía hacerlo. Cada beso era una inyección de lujuria y excitación. Al momento llegó el camarero con los cafés y Elena le miró de la forma que me había mirado a mí, desprendiendo una lujuria irresistible.¿ Te apetece compartir el café con nosotros? Su pregunta me dejó pasmado. Bueno, realmente llevaba pasmado durante
toda la cena. Por supuesto, el camarero accedió encantado. Elena le besó de la forma que ella sabía hacerlo, a la vez que le desabrochaba el pantalón. Antes de inclinarse, volvió su cabeza hacia mí.— Espero que me folles con esas ganas que veo en tus ojos. Me susurró, para después inclinarse, mostrándome su hermoso culo cubierto por el vestido de licra. Me levanté de la silla y levanté la fina tela. Dios, qué culo tenía. Ya había comenzado a lamerle el capullo al camarero y vi la impresión de
placer en su cara. Pasé la mano entre sus amplios muslos, subiendo por toda la raja. Noté otro subidón en mi mente, como si me acabaran de inyectar una dosis de un potente excitador. Me agarré el tronco de la polla, que ya era como una estaca de encina, y posicioné el capullo en medio de los tremendos labios vaginales. Presioné con suavidad y sentí cómo penetraba cada centímetro hasta que mis huevos chocaron contra las terzas nalgas. Sentí cómo me relajaba.
Ya no me resultaba incómoda la presencia del desconocido camarero, más bien, comenzaba a excitarme la escena. Podía oír las tremendas chupadas que le daba Elena y comencé a bombear su hermoso coño. Al momento, ya jadeábamos los dos. Él no se cortó y puso una mano sobre la cabeza de Elena y comenzó a bombearle la boca. Los dos embestíamos con ganas y no tardamos en corrernos casi a la vez. Cuando acabamos, Elena se incorporó con restos de semen en sus labios.¿ Te ha gustado compartir los cafés?
Ha sido un verdadero placer. A las copas invita a la casa. Dijo antes de marcharse. Yo seguí alucinando mientras tomábamos las copas que nos trajo momentos después.¿ Y a ti, te ha gustado compartir el café? Ha sido extraño, pero a la vez excitante. Pues eso sentirá la mujer con la que estés si consigues llevarla hasta este punto. Acabamos y me llevó a su casa. Por el camino, fui intentando imaginarme lo que me esperaba, pero era imposible pensar
lo que esa mujer podría llegar a hacer conmigo. Hizo que la tocara en sitios que ni se me habían pasado por la cabeza, buscando la sensibilidad de su cuerpo, aunque ella era perfectamente conocedora de sus partes más sensibles. Tan solo era una parte más del aprendizaje. También hizo que la follara de formas impensables por todos los agujeros de su cuerpo. Después, fue ella la que me folló
de formas que nunca hubiese imaginado. Consiguió que me corriera tres veces, además de la corrida del restaurante, hasta que caí sumido en una nube de felicidad y satisfacción, quedándome profundamente dormido. Cuando desperté, había una nota en la mesilla de noche. Espero que te haya gustado la lección y que la sepas aprovechar convenientemente. En la cocina tienes para desayunar. Cierra la puerta al irte y no me llames. Ya te
llamaré yo. Espero ser una buena amiga para ti. Un beso. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
