Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Sorpresas inesperadas, parte 15 Nos dimos un largo y lascivo beso, cargado de deseo, antes de que me fuera a trabajar. Al sentarme frente a la mesa del ordenador, apareció Teo.
Qué tal, Teo?¿ Sabes algo de Javier? Acabo de verlo. Menudas ojeras tiene. Ja, ja, ja.¿ Sigue encaprichado con Reme? Creo que duerme todas las noches con ella. Bueno, si es que duermen. Ja, ja, ja.
Vaya,
pues sí que le ha dado fuerte.¿ Y tú, qué tal?¿ No duermes con
ninguna? Ayer me pasé por el torreón a ver si veía a Ana. Era el garito al que me llevaste, donde conocí a Reme acompañada de mi madre.¿ Y la viste? Le pregunté, riéndome por dentro. Pues no, pero conocí a otra madurita de piel oscura que estaba estupenda. No me la llevé a la cama, pero nos dimos un buen sobeteo en un sofá del garito. Ja, ja, ja. Me acordé de Lidia, la mujer de Javier. También tenía una
deliciosa piel oscura. Como si mis pensamientos llegaran a su cerebro, sonó el móvil y oí su voz al otro lado.¿ Qué
tal, Lidia?¿ Cómo estás? Muy bien,¿ y tú? También bien. La verdad es que me ha sentado bien echar a Javi de casa. Ja, ja, ja.
pues me alegro por ti. A veces hay que tomar decisiones difíciles. Me lo pasé muy bien contigo la otra noche, me dijo, dejándome algo parado, pero fue ella quien continuó. Despertaste algo que llevaba dormido en mi cuerpo hace tiempo y estoy contenta por ello. Seguía sin saber qué decir. Me dio la impresión de que quería contarme algo, así que la animé a seguir. Espero que fuera un despertar bonito. Ja ja ja, qué cachondo eres. Ya viste de primera
mano ese despertar y me gustaría probarlo de nuevo. Esto era algo que esperaba, pero no tan pronto. En ese momento, tenía la cabeza en otros asuntos. Aunque fue genial follar con Lidia, primero estaba la familia. De hecho, mi padre era la primera cuestión a solucionar.¿ No te apetece conocer más gente? Intenté buscar una salida momentánea. Tampoco quería perderme un segundo polvo con esa deliciosa mujer, pero más adelante. Claro, pero en estos momentos estaba pensando en ti y por
eso te he llamado. Además, me gustaría contarte algo interesante, aunque quizás te parezca insólito.¿ No lo puedes hacer por teléfono? No, es algo que tengo que contarte cara a cara, para que lo entiendas. La curiosidad siempre me dominaba, casi tanto como el sexo, y Lidia acababa de ponerme un buen cebo. Si así lo crees, pues quedamos para tomar algo.¿ Me vas a invitar a algo en tu casa? Ya no es mi casa. Como sabes, Soraya y yo lo hemos dejado, y ella se ha quedado a vivir en ella.¿ Y
si te invito yo a la mía? Joder, la puñetera me iba a trastocar todos los planes que había hecho. Hoy tenía que hablar con mi padre, sí o sí. Comencé a trabajar poniendo las neuronas en marcha. Podía quedar con ella a tomar el café de las once y con mi padre para comer. El problema es que seguro que Lidia no querría solo un café, estaba claro que su intención era volver a follar, y eso seguro que nos llevaría más tiempo. Estoy muy liado, Lidia, pero podríamos
tomar un café a eso de las once. Se hizo un silencio. Supuse que estaría pensando si eso era suficiente o si le convenía, o quizás como liarme de otra manera. Y yo qué coño sé en lo que está pensando. Me dije en mi propia cabeza.¿ Vas a disponer al menos de una hora?
Resonó su voz al otro lado.
Más o menos. Contesté para cerrar la conversación. Vale, pues te espero en mi casa a las once.¿ Recuerdas dónde vivo? Ya no recuerdo la última vez que viniste con
Javi. Ja, ja, ja. Joder, tampoco es para reírse a su costa.¿ Qué se joda? Él se lo ha buscado. Vale, vale. Allí estaré a las once.
Dije finalmente para cortar la conversación. Poco antes de irme, hablé con Teo. Teo, tengo que salir para hacer una cosa y me llevará una hora. Últimamente estoy faltando demasiadas horas y no quiero que Laura me dé una charla. Si pregunta por mí, le dices que estoy tomando café y que vuelvo en diez minutos. Si eso ocurre, llámame de inmediato para volver lo antes posible. No te preocupes, que de Laura ya me encargo yo. Le tengo ganas a esa madurita. Ja,
ja, ja.
Y a cuál no
le
tienes ganas? Le dije con sorna antes de marcharme. A las once menos dos minutos, estaba llamando desde el portero automático del portal de Lidia. Soy Carlos.
Qué puntual? Sube, sube.
Nada más abrirme la puerta del piso, ya supe lo que me esperaba. Llevaba una camisa larga que apenas tapaba las bragas. El escote que mostraba era más que generoso. Los pezones se marcaban como si quisieran romper la fina tela blanca. Iba su vida en unos altos tacones con medias sujetas por un liguero, algo que siempre perturbaba mi mente. Su piel, de ese tono moreno oscuro, brillaba en ese trozo destapado entre las medias y la camisa. Hola, Carlos. Pasa, pasa,
me dijo con entusiasmo. Ya tengo el café preparado. qué guapa estás. Frase tonta y recurrente por mi parte. Gracias. Sabía que te gustaría este estilo
Ja, ja, ja. Entramos al salón y sirvió los dos cafés de la cafetera. Antes de que siguiera adelante con lo que me temía, la interrogué de inmediato. Estoy deseoso de oír lo que me ibas a contar. Me dejaste un poco intrigado. Bueno, espero que no te sorprendas demasiado. Te aseguro que ya pocas cosas pueden sorprenderme, le contesté, pensando en todo lo que me había sucedido esa semana. Pues verás.¿ Te acuerdas de que te conté que conocí a un tío mayor que yo en un curso de banca?¿
Cómo no me iba a acordar si era mi padre? Sí, claro. Ya me contaste que te enseñó algunas cosillas, jejeje. Sonreí de forma picaresca. Bueno, pues no te conté toda la verdad. Se quedó un rato mirándome a los ojos antes de seguir. Debía esperar alguna expresión en mi cara que no encontró. Ese hombre lo conocía de mucho antes. De hecho,
lo conocía desde que era pequeña.¿ Qué pasa?¿ Conocía a tu madre? Le pregunté
con inquietud. Pues sí, la realidad es que estuvo enrollado con mi madre, aunque no se veían a diario, más bien lo hacían muy esporádicamente. Tomó un sorbo de café mirando a la mesa, supongo que pensando en lo que me iba a decir. Lo que te voy a contar a lo mejor te parece morboso, porque a mí sí que me lo pareció en su momento. El morbo me gusta. Contesté animándola. pues cuando cumplí los 18, no quise seguir estudiando y fue él quien me proporcionó el trabajo en el
banco que ahora tengo. El caso es que no sé por qué, si por el trato que me daba, su forma de ser, o quizás porque algunas veces lo vi follando con mi madre, pero me despertaba deseo. Y al poco tiempo de empezar a trabajar, comenzamos a quedar para tomar café y hablar de cómo me iba en el trabajo. Dio otro sorbo antes de continuar y pude ver en su cara cómo cambiaba el gesto. Parecía que iba a llegar al final del asunto, un asunto que ya sospechaba
con claridad. Un día que llegó a casa, no estaba mi madre. Me había llamado para decirme que llegaría tarde. Como era habitual, lo dejé pasar y nos pusimos a hablar. Creo que casi fui yo quien lo incitó a que me besara. Quería sentir lo que me había imaginado unas cuantas veces. Y después de ese primer beso, el deseo se desató más en mi cuerpo. Resumiendo, acabamos follando de una forma que no conocía. Ya me había acostado con
algunos chicos, pero nada parecido a lo que ocurrió aquella tarde. Bueno, tampoco es tan insólito como me habías hecho pensar. Eso no, pero espera a oír lo siguiente. Eso fue la primera vez, pero me gustó tanto que no tardamos en repetir, y el tema es que cada vez me gustaba más. Cuando mi madre llamaba para decir que llegaba tarde, de inmediato lo llamaba a él para que viniera, y en una de esas, mi madre nos pilló. Joder, qué palo. Le echó de casa y a mí me montó una de cojones.
Pero lo que me dejó estupefacta es cuando me dijo que era mi padre. Tragué saliva al oírla. Aquello era increíble, imposible, casi de ciencia ficción.¿ Pero qué coños hacía mi padre?¿ Tenía hijas para después tirárselas?¿ A qué esto ya te parece más insólito? Me dijo con una sonrisa que no supe definir. La sinceridad de Lidia había sido abrumadora. Suponía que era la primera persona a quien le contaba esto y ahora no sabía qué decirle. En algún momento se
acabaría enterando de que Gerardo también era mi padre. Si me lo callaba ahora, después me lo podría echar en cara enfadándose conmigo y llevaría toda la razón. Si iba a decir algo, ese era el momento. Te voy a contar yo algo más insólito aún. Su cara de sorpresa era para hacerle una foto. No solo vio que no me había sorprendido, sino que yo le iba a contar algo. Te parecerá más extraño que lo que me has contado, pero tengo que decirte que Gerardo también es mi padre.
No me jodas.¿ A qué viene eso ahora?¿ Me estás vacilando? Ya me gustaría que tan solo fuera un vacile, pero es la pura realidad.¿ Por qué lo sabes? Me hiciste una descripción completa de su físico y además se llama igual. También te puedo decir que creo conocerlo y lo de follarse a su propia hija y que además a ella le guste es algo innato en él. Lidia se recostó sobre el sofá con la boca abierta. Me daba la
impresión de que todavía no se lo podía creer. Mi mente trabajaba a destajo y vi una solución que me vendría de maravilla.¿ Por qué no lo llamas para que venga? Así saldremos de dudas. Joder, estuve anoche con él. No sé si querrá venir de nuevo a estas horas. Contestó sin pensar. Dile que tienes una sorpresa que le va a encantar. Le dije casi riéndome. Me miró cogiendo su móvil, como esperando que le dijera que no. Pero mi sonrisa seguía permanente. Como no sea cierto, te vas a enterar.
Me dijo con seriedad amenazante. Lo llamó y acabó aceptando con algunos reparos. Debía haberse quedado bastante satisfecho la noche anterior y pensaba que Lidia le iba a proponer más sexo. Hola, papá. Le dije al verlo con una
sonrisa cínica. Pero,¿ qué haces tú aquí? Bueno, lo mismo te podría preguntar yo. Pero ven y siéntate.
Qué tal si le traes una copa, Lidia? Lidia estaba alucinando. Ahora se daba cuenta de que lo que le había contado no era una broma. Se fue a la cocina a prepararle un whisky mientras yo seguía mirándolo a punto de reírme a carcajadas. Yo te voy a contar por qué estoy aquí. Y espero que después me lo cuentes tú. Lidia es, bueno, era la esposa de un buen amigo y compañero. Por eso la conozco. Lo ha dejado hace un par de días, y el mismo día que la dejó,
la estuve consolando. Algo que tú sueles hacer muy bien con las mujeres. Di un sorbo al café mirando la cara de pasmado que se le había quedado y continué. Ahora te toca a ti, y no quiero mentiras, aunque tampoco creo que te atrevas a hacerlo delante de Lidia. También te puedo decir que he estado con Eva y mamá y me han contado una película que, como guionista, es para llevarte a los Oscar.¿ Qué te han contado? Preguntó con arrebato. Una historia preciosa de felicidad comunal, jajaja.
Te aseguro que me ha encantado y he disfrutado con ella. Venga, cuéntame la tuya con Lidia y su madre. Le apremié dándole una palmada en la espalda. Joder, hijo, es que esto, así, de repente, uf. Esa era la intención. De hecho, Lidia no se atrevía a llamarte. Pero te aseguro una cosa, no habrá reproches. Bueno,¿ y qué sabes? Sé que Lidia es mi hermana y ella se acaba de enterar. Sé que te la follas, como haces con Soraya. También sé que es una debilidad, o tu hobby, o lo que
coño sea. Pero no me importa, incluso te lo agradezco. Solo quiero que me cuentes esta historia y, a cambio, te contaré yo otra que te aseguro que te gustará. Le dio un buen trago al whisky que le había traído Lidia y, mirando a la mesa, comenzó a hablar. A Elena, la madre de Lidia, la conocí antes que a tu madre. Nos veíamos de vez en cuando y lo pasábamos bien hasta que se quedó embarazada. No quería
casarse y quería criar a Lidia ella sola. Dejé de verla un tiempo y conocí a tu madre casi a la vez que a Eva, pero esa historia ya la conoces. Después de unos años, quise volver a ver a Elena y saber cómo había crecido Lidia. Elena lo admitió y me dejó verla. Le dije que quería verla crecer y accedió a que fuera a su casa de vez en cuando, pero me prohibió que le dijera que era su padre. Lidia siempre pensó que sólo era el novio de su madre y así se hizo mayor. Cuando acabó el bachillerato,
no quiso estudiar más y le proporcioné trabajo en un banco. Vale, vale. El resto ya me lo sé.
Hay alguna historia más que no sepa? No quiero llevarme más sorpresas. No hay más. No mientas.
Hay otra más, pero esa te la contaré yo más tarde. Mi padre estaba algo aturdido, creo que estaba yendo demasiado deprisa para él. Lidia se había quedado con la boca abierta, intentando hacer conjeturas con todo lo que había escuchado. Bueno, Lidia, seguro que tienes preguntas que hacer, pero te resumiré la situación. En la vida de mi padre hay dos mujeres más, que yo sepa, y con cada una de ellas ha tenido un hijo, es decir, que ahora tienes un hermano que soy yo, y una hermana con la que he
estado a punto de casarme antes de saberlo. Como verás, somos una gran familia y bastante peculiar. Creo que te sorprenderán los detalles, pero eso te lo contaré en otro momento. La boca de Lidia parecía abrirse más a cada minuto que pasaba. Estaba tan descolocada que era incapaz de reaccionar. Ven, abrázame, hermana. Le dije ayudándola a levantarse del sillón donde se había sentado. La abracé por la cintura y ella, instintivamente, se abrazó
a mi cuello. Juntamos las mejillas y permanecimos así durante unos largos segundos. Decías que me ibas a contar algo morboso, pero creo que te he superado. Susurré a su oído. Me preguntaste si me iba el morbo y ahora te lo pregunto yo a ti.¿ Te apetece besar a tu hermano? Separó su mejilla de la mía y me miró a los ojos. Sus ojos oscuros desprendían un brillo intenso, y supe que iba a decir que sí. Pero no fue
un simple sí, lo adornó con más morbo. Si te he follado sin saber que eras mi hermano, creo que ahora me gustará más sabiendo que lo eres. Pegó sus labios a los míos y me devoró la boca hasta casi dejarme sin respiración. Sus gruesos y carnosos labios me parecieron más deliciosos ahora que sabía que éramos hermanos. Bajé las manos por su espalda hasta meterlas bajo la camisa y comencé a sobar su redondo y respingón culito. Debía llevar un tanga, pues sólo noté la estrecha cinta que
se había metido entre la raja. Le apreté los duros glúteos, los abrí y los cerré, pensando en lo delicioso que fue follarme ese rico culo. Pasé las manos por delante y desabroché su camisa, dejándole las tetas al aire. Sus largos pezones me producían una atracción especial a la vista. Los miré mientras los toqueteaba con los dedos hasta sentirlos muy duritos. Agaché la cabeza y les di varios lametazos
hasta sentir una ligera excitación entre sus labios entreabiertos. Había follado conmigo y también con mi padre, pero por separado. No sabía cómo reaccionaría estando los tres juntos.
Te importa que papá esté ahí? No, no. Creo que me excita que nos esté
mirando. Le quité la camisa y su piel oscura y brillante se quedó cubierta solo por el pequeño tanga. Volví a chuparle los pezones mientras ella me desabrochaba el pantalón y me sacaba el miembro en completo estado de erección. Quise oírla hablar para ponerme más cachondo.¿ Qué te ha hecho papá?
Uf,
me
ha
transportado a otro universo. Dijo casi poniendo los ojos en blanco.¿ Y cómo lo ha hecho? De muchas formas, con los dedos, con la lengua, con la polla. Quería seguir escuchándola, que no parara de hablar. Tenía una voz lujuriosa que me excitaba tanto como manosear su cuerpo.¿ Tiene una buena polla, eh
Le sugerí para que siguiera.
Uf,
muy grande.
La más grande que he visto. Mi padre seguía sentado, dando cortos tragos al whisky y también podía oírnos susurrar. Al oír hablar de su polla, no dudó en sacársela y comenzar a manosearla. No la tenía totalmente erguida, pero ya se distinguía su gran tamaño.¿ Qué te ha hecho con ella? Maravillas. Me la ha introducido en todos los agujeros de mi cuerpo, haciendo que me corriera hasta quedarme sin aliento.¿ En todos? Pregunté con asombro, pensando en su
pequeño culo. Tenía mi miembro agarrado con una mano y lo restregaba contra el centro de sus muslos mientras hablaba. Tampoco perdía de vista el manoseo que mantenía mi padre con su polla. Yo también podía verle de reojo. El enorme miembro ya había adquirido su total erección y no pude evitar la pregunta.¿ Te ha metido todo eso en el culo? Uf, enterito. Me da escalofríos cada vez que lo pienso. El escalofrío fue real. Pude sentir un leve temblor en todo su cuerpo.
También en la boca? Seguí
preguntando. Eso costó algo más. Contestó con una leve sonrisa, a la vez que hacía que mi polla penetrara parte de su raja. Uf, qué caliente estoy ya. Dijo moviendo sus caderas suavemente. Cerré los ojos al sentir esa maravillosa sensación de su vagina abrazando mi capullo. Si ella estaba caliente, no os voy a decir cómo estaba yo. Entonces,¿ te costó mucho metértela en la boca? Volví al tema que
habíamos dejado. La primera vez pensé que me ahogaba con sólo la mitad de su verga dentro, pero soy muy persistente. Su sonrisa lasciva al pronunciar esas palabras alimentaba mi mente. Sus movimientos de cadera eran magistrales. Con las manos en su culo, notaba cómo movía los glúteos, provocando que mi polla penetrara más en cada movimiento. Entonces,¿ llegaste a metértela entera? Le susurré en un estado de excitación total. Enterita, cariño.¿
Cómo hice con la tuya? Contestó besándome con sus deliciosos labios carnosos y sensuales, quizás para demostrarme lo que era capaz de hacer con esa boca. Sentí que perdía el control, a la vez que ella lo cogía.¿ La ves? Susurró de nuevo, señalando con la mirada la verga de mi padre,¿ quieres ver de lo que soy capaz? Los movimientos de su culito respingón seguían siendo lentos, pero eficaces. Había logrado excitarme hasta ese punto en el que deseas correrte, pero
no puedes. Me había hecho pensar que se iba a tragar la polla de mi padre y mi mente ardía entre la lujuria y el morbo. Dime que te gusta follarme.
Me gusta follarte. Dime que
me vas a reventar
el
coño. Te voy a reventar el coño. Había comenzado con un juego de palabras perverso que yo solo repetía como un muñeco de guiñol manejado por su mano. Ahora me voy a inclinar para comerle la polla a papá y espero que cumplas lo que me has dicho. Pero primero quiero que veas cómo lo hago, sé que eso te va a poner más cachondo. Como había dicho, me soltó y se fue hacia donde estaba sentado mi padre. Se inclinó sobre su regazo y comenzó a lamerle el capullo.
Yo me había situado a un lado y pude ver cómo abría la boca y avanzaba con los gruesos labios por el tronco venoso, como si fuera una serpiente engullendo una presa. Metió y sacó la polla varias veces, hasta que en una de ellas no paró y la enorme verga desapareció dentro de su boca. Mi mente, en un estado de fervor total, intentó imaginar hasta donde le había llegado en la estrecha garganta. Mi padre jadeaba con la boca totalmente abierta y los ojos casi cerrados. Ya no
quise mirar más. Me coloqué tras su redondito culo y, agarrando la polla por el tronco, busqué la oscura raja entre sus piernas. Los labios sonrosados se abrieron al contacto y sentí como penetraba profundamente. Me agarré a las caderas y comencé a bombear, apretando los dientes. No quería correrme al primer empujón, esa preciosa chica, que también era mi hermana, se merecía algo más. Empecé con un ritmo lento, haciendo que en cada una de las suaves embestidas mi polla
penetrara por completo. Eso le permitía darle unas buenas chupadas a mi padre, bueno, y también a la suya. Creo que estaría mejor expresado si digo que le permitiría comerle bien el rabo a papá. No tardé mucho en oírle jadear mientras sujetaba la cabeza de Lidia. Empezó a soltarle leche en la boca sin dejar que la polla saliera. Pensé que se iba a ahogar, pero no debía ser la primera vez que le hacía eso, pues Lidia apenas opuso resistencia. Por el contrario, la oía tragar como si
se bebiera un rico refresco. Cuando le soltó la cabeza, la polla salió de golpe, salpicándole la cara con el líquido blanco. Ella abrió la boca para coger aire y yo aumenté el ritmo de las embestidas. Ahora ya podía atizarla con ganas. La respiración agitada se mezcló con sonoros jadeos. Vi a mi padre meter las manos por debajo y agarrarle las tetas con fuerza. No sé cuál estaba más excitado de los dos. Dale fuerte, que es como le
gusta a esta putita. Gritó. Mis embestidas ya eran brutales, haciendo que los pies casi se le levantaran del suelo.
Sí, sí. Ah. Ah. Gritó entre fuertes temblores.
Sentí como empapaba mi polla de una manera descomunal. Seguí embistiendo como un animal, pensando si, además de correrse, se habría meado. A los pocos segundos, era yo el que temblaba, jadeante, soltando una buena ración de semen en su mojada vagina. Cuando solté sus caderas, las piernas le fallaron y acabó de rodillas en el suelo, con la cara pegada a la polla de papá. Yo busqué el sillón más cercano y me derrumbé sobre él. Los tres jadeábamos como tres
caballos que acaban de terminar una carrera. Ese olor a sexo que ya conocía llenaba el salón. Lidia fue la primera en incorporarse y se marchó a la cocina a buscar agua. Joder, papá, espero que algún día me cuentes tu secreto, le dije con una sonrisa de satisfacción. Él se rió, guardándose la polla.¿ Te gusta cómo folla tu hermana morenita? Me
dijo con picardía en la cara. Joder, es la hostia. Pues su madre la supera con creces. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
