Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos Sorpresas inesperadas, parte 14.
Casi llegué a reírme al oír su pregunta. Me da que me voy a quedar.
Seguro que aprendo algo. Ahora, las dos rieron a la vez mientras no paraban de manosearme. Me sentí como un emir rodeado de un harén, aunque solo fueran dos mujeres, pero vaya dos mujeres. Lo que me inquietaba era pensar en qué iban a hacer conmigo y si sería capaz de satisfacerlas como suponía que ellas querían. Desde luego, no era la primera vez que hacían un trío con un tío, pero me desasosegaba la mente pensando con quién. No me encajaba que fuera mi padre, a no ser que me
hubieran engañado hasta ahora. Si hubo un momento en el que estuvieron tan unidas y se lo contaban todo,¿ por qué mi madre no sabía que Soraya era mi hermana? Y, si lo sabía,¿ por qué nunca me lo había dicho? No paraba de devanarme los sesos mientras me sentía lleno de caricias, sobos y besos. Mi madre se agachó y comenzó a lamerme el capullo, a la vez que masajeaba mis huevos. Sentía mi polla más dura que una piedra y no sabía lo que podría aguantar sin soltar una
buena dosis de leche. Bajé las manos y comencé a sobarle las tetas, mientras sentía las de Eva subiendo y bajando por la espalda. Mi madre volvió a subir, lamiéndome el vientre y el pecho, y, cuando llegó a la boca, me atornilló un beso que me dejó sin aire. Las dos acabaron poniéndose a ambos lados de mi cuerpo, y cada una de ellas me cogió una mano para llevarlas entre sus muslos. Comencé a sobarles el coño a la vez,
mientras ellas no paraban de acariciarme y besarme. Notaba los depilados labios genitales de mi madre con una mano y, con la otra, la maraña de pelo rizado de Eva. Aquello era como estar en el paraíso. Introduje los dedos entre sus rajas y comencé a pajearlas. Los suspiros y jadeos comenzaron a humedecer mi cara, sintiendo el aliento de las dos metiéndose entre mis orejas. Nunca había tocado dos coños a la vez y disfruté como un mono en
una arboleda. Después de un largo rato, me mojaron los dedos de ambas manos, a la vez que me comían la cara y el cuello como dos depredadoras. La verdad es que se lo estaban montando bien, ellas se habían corrido dos veces, y a mí me mantenían con la polla tiesa. Volvieron a comerme la boca por turnos. Se entendían a la perfección. Esto no lo has hecho nunca, me susurró Eva al oído. Nos vas a follar a mamá y a tía Eva a la vez. Las dos se inclinaron, apoyando las manos en el asiento del sofá.
Sus culos en pompa, uno junto al otro, es una imagen que no olvidaré jamás. El de mi madre, redondo y apretado, asomando los deliciosos labios vaginales bajo los muslos, y el de Eva, más voluminoso y abierto, con esa abundante mata de pelo bajo él. ¡Uf!¿ Qué más se podía pedir? Agarré el tronco de mi polla, con las venas marcadas como raíces, y penetré entre los depilados labios de mi madre. Puse una mano en su delicioso culo y la otra la metí entre la mata velluda de Eva.
Comencé a bombear la vagina de mi madre, mientras pajeaba la de Eva con los dedos. Vi cómo las dos empezaban a besarse y a tocarse las tetas la una a la otra. Vi claro que tendría que ir cambiando de coño, y así lo hice. Se la saqué a mi madre y se la introduje a Eva. Así estuve un buen rato, cada vez que sentía que mi excitación llegaba al límite, cambiaba de coño, y era como comenzar de nuevo. Aquello parecía interminable. Logré que se corrieran las
dos de nuevo, sin que yo lo hiciera. Primero fue mi madre y, después, Eva. Las dos acabaron sentándose en el sofá, mientras yo me mantenía de pie, con la polla amoratada.
Uf,
cariño. Eres un portento. Ven, siéntate entre nosotras, me dijo mi madre, pasándose la mano abierta por su coño empapado. Me senté, y las dos se inclinaron sobre mi regazo. Eva engulló mi polla, metiéndosela hasta la mitad del primer embiste. Mi madre se hizo cargo de mis huevos y, casi, pegó un bote al sentir cómo succionaba uno de ellos hasta llenar su boca con él. Estiré los brazos y comencé a sobarles las espaldas, llegando hasta los ricos culos,
mientras sentía esa mamada tan completa. Eva no tardó en tragarse toda la polla y sentía cómo salía y entraba entera en su boca. Mi madre pasaba de un huevo a otro y acabé casi levantando el culo del asiento. Fueron dos minutos paseando por el paraíso los que tardé en soltar un buen chorro de leche. Eva se la tragaba sin dejar de chupar y las succiones de huevos de mi madre hicieron que soltara todo el cargamento de semen.
Cuando Eva sintió que me había dejado seco, sacó la polla de su boca y me mostró una sonrisa de satisfacción.¿ Te ha gustado, cariño? Me preguntó, limpiándose los labios con el dorso de la mano. Tan solo soplé, a la vez que asentí con la cabeza. Tenía la garganta seca de jadear y no me salían las palabras. Creo que nos merecemos una copa, dijo mi madre con los labios
todavía ensalivados. Las dos se levantaron para ir a la cocina a preparar las bebidas y yo cerré los ojos, espatarrado en el sofá, para seguir disfrutando de aquel maravilloso momento. Ahora entendía esa sugerencia que me hizo Eva para que le propusiera sexo. La muy cabrona sabía que mi madre lo había deseado, aunque fuera solo en su imaginación. Lo que me seguía inquietando es que mi madre no supiera que Soraya era mi hermana. Después de ver la relación
que habían tenido las dos, era algo imposible. Volvieron con la bebida, y la cerveza que me habían traído casi me la bebí de un trago.« Hay algo que no entiendo», dije, dejando el vaso sobre la mesa.¿ Qué no entiendes, hijo? Respondió mi madre. Si habéis estado tan unidas durante tanto tiempo,¿ cómo es que no sabías que Soraya era mi hermana? Le dije, mirándola a los ojos con fijeza. Intentaba ver en su mirada si me iba a engañar, pero, cuando
comenzó a hablar, sentí que su voz era sincera. Sí lo sabía, cariño, pero pasó el tiempo y no me atrevía a decírtelo.¿ Por qué? Verás, solo te he contado una parte de la historia. La relación no era solamente entre Eva y yo, en realidad éramos tres. Tu padre también formaba parte de ella y formábamos un trío perfecto. Todos éramos felices, incluidos Soraya y tú. Al principio pensábamos que solo erais amigos, casi como hermanos, que realmente es
lo que sois. pero fuisteis creciendo y cuando nos quisimos dar cuenta, ya estabais enrollados. Mi madre dio un trago al yentane que se había preparado y continuó. Tanto Eva como yo estábamos dispuestas a explicaros la realidad, pero tu padre se negó. Nos dijo que ya se encargaría él de hablar con vosotros de una forma que no os afectara. El tiempo fue pasando, pero él no hacía ni decía nada. Al final, decidisteis iros a vivir juntos y yo dije
que ya no podía aguantar más. Eva se resignó para no haceros daño, pero yo me enfadé y acabamos discutiendo los tres. Rompí la relación con Eva, aunque eso era fácil, pues vivíamos en casas diferentes, pero con tu padre acabé discutiendo casi a diario. Dio otro buen trago y miró al infinito unos segundos antes de volver la vista hacia mí. Al final, abandoné, poniéndome una venda en los ojos, no
quería seguir discutiendo y sufriendo cada día. Y comencé a salir por ahí con Reme y alguna amiga más para intentar olvidar el tema. Todos bebimos al ver que mi madre había concluido el relato, y el silencio que se hizo casi se podía cortar con un cuchillo. Estaba claro que ahora me tocaba a mí hablar, algo tenía que opinar ante todo eso. Estuve pensando unos largos segundos que a los tres se nos hicieron eternos. Llegué a la conclusión de que en ese momento ya no servían las recriminaciones.
Unos por unas cosas y otros por otras lo habían dejado pasar hasta que mi padre encontró su solución, tirarse a su propia hija para romper nuestra relación.¿ Y ahora qué? Le recriminaba a él, o quizás a Soraya. De poco iba a servir ya. Al final, pensé que lo más importante es que estábamos a punto de ser todos felices de nuevo. Mi madre, y supongo que Eva también, estaban dispuestas a aceptar a mi padre, y solo quedaba convencer a Soraya de que podíamos volver a ser una familia feliz, claro,
a nuestro modo. Me alegro de conocer toda la historia, mamá. Ahora que tengo todo claro, creo que mi cabeza podrá descansar y dedicar mis pensamientos a otras cosas, como tú. Jejeje. Reí con suavidad controlada al final de la frase. Noté como las dos se relajaban, perdiendo la tensión de la espera. Solo suspiraron mínimamente, pero no se atrevieron a decir nada, y fui yo quien las animó.¿ Creéis que podremos repetir un fiestón como este? Ahora sirvieron con soltura. Claro que sí, cariño.
Mamá y tía Eva estarán encantadas de hacer feliz a su niño preferido. Contestó mi madre con cierta euforia, volviendo a nombrar los roles que habían adoptado. Habrá que comunicárselo a Soraya.
Dije, volviendo a tensar la situación.¿ Con Soraya?¿ Para qué? Saltó Eva, muy nerviosa. No sé si recuerdas
por qué me invitaste a comer. Dios, con todo esto se me había olvidado. Es verdad, me tienes que contar qué ha pasado esta noche entre Soraya, tu padre y tú. Después de lo que ha pasado aquí hace unos minutos, ya es fácil contarlo. Hablando en idioma familiar, mi padre y yo nos hemos estado follando a su hija y mi hermana. Dije casi con sorna. A ninguna de las dos le sorprendió demasiado. Ya sabían que mi padre se follaba a Soraya, y ahora también sabían que no solo
ellas formaban tríos.¿ Pero Soraya ha consentido eso? Preguntó Eva, intentando pensar que su joven hija no había llegado hasta ahí. No es que lo haya consentido, más bien ha sido ella la que lo ha provocado. El silencio volvió a llenar el salón unos segundos. Venga, Eva,¿ tanto te sorprende? No me sorprende, tan solo es que no quería admitirlo. Pues te puedo asegurar que se lo pasó fenomenal. Las miré a las dos. Eva se había quedado mirando al infinito, y mi madre se tapaba la boca para que no
se le notara una tímida sonrisa. Venga, venga, hay que pensar cómo contarle todo a Soraya. Dije, intentando animar a Eva para sacarla del infinito. Bueno,¿ y tu padre qué va a opinar de todo esto? Preguntó mi madre, cambiando el tema. Creo que estará encantado de volver a disfrutar de lo que me habéis ofrecido hoy a mí. Contesté también con Sorna. Quizás deberíamos quedar primero con él antes
de decirle nada a Soraya. Eva seguía sin confiar en la reacción de su hija e intentaba alargar ese contacto que tanto temía. No me parece mal. Contesté para tranquilizarla. A mí tampoco. Agregó mi madre con rapidez, viendo la preocupación de Eva. Eva pareció tranquilizarse y aceptó con una sonrisa nerviosa. Bueno, pues mañana hablo con él a ver qué opina. Después de la charla, volvimos a la fiesta
que habíamos generado con esa fantástica comida. Mi madre y tía Eva, como la llamaría a partir de ahora, se tomaron unos cuantos Gentanex y su alegría aumentó notablemente. Nos reímos bastante, pues noté que tía Eva, cuando bebía, se ponía muy graciosa. Llegó a sacar la verga de silicona que utilizaba a veces como consolador y nos partimos de risa cuando nos contó que había estado en un sex shop midiendo varias para que fuera igual que la polla
de mi padre. Por supuesto, jugueteamos con ella. Eva también había comprado unas correas para ajustarse la portentosa verga al centro de los muslos y mi madre no dudó en ponérsela, como si fuera su propia polla, y atizarle a tía Eva hasta ponerla berraca. Yo disfruté viéndolas mientras me recuperaba de la abundante corrida que había tenido, y aunque me invitaron a participar, desistí para no acabar como la noche anterior. No estaba acostumbrado a tanto sexo continuo. Finalmente, mi madre
y yo nos marchamos a su casa a dormir. Al día siguiente, los tres trabajábamos y queríamos descansar un poco, o esa era la idea. Cuando llegamos, mi madre preparó una cena fría y dimos cuenta de ella en la misma cocina. Había una mesa con dos sillas que utilizaba para desayunar y fue suficiente para no tener que ensuciar el salón.¿ Cómo estás? Preguntó mi madre al verme comiendo con la mirada perdida sobre el plato. Bien.¿ Por qué me lo preguntas? No sé, quizás todo lo que ha
pasado esta tarde ha sido demasiado para ti. Desde luego, ha sido una tremenda sorpresa, pero muy agradable. Me alegro. No me gusta ocultarte cosas, y hasta hace poco te había ocultado muchas. Eso es verdad. Había estado viviendo en un mundo diferente, pero ahora que he visto y sentido la realidad, puedo asegurarte que me gusta más que la ficción en la que estaba. Mi madre me miró con una ternura que apenas recordaba, esa ternura con la que mira una madre cuando eres pequeño y te arropa antes
de dormir. Se levantó para acercarse a mí y volví a fascinarme con su cuerpo y su belleza, con su mirada cálida y sus labios sensuales entreabiertos. Cuando llegó a mi lado, me dio un tierno beso en la frente, otro en la mejilla y finalmente otro largo y húmedo sobre los labios mientras me sujetaba la barbilla con una de sus manos. Soy la madre más feliz del mundo por tener un hijo como tú y aún más por tenerte a mi lado. Moví la silla, dejándole espacio para
que se sentara sobre mi regazo. Yo sí que estoy contento de que seas mi madre. y sobre todo ahora que ya no tengo novia. Sonreí de forma pícara mientras se sentaba sobre mis piernas. La rodeé con una mano por la cintura y puse la otra sobre sus piernas. Ella, a su vez, rodeó mi cuello con su brazo. Se había puesto una bata corta de estar por casa y tan solo llevaba las bragas bajo ella. Podía ver sus deliciosos muslos casi al completo y sentir su precioso culo
sobre mis piernas. Una buena parte de sus pechos afloraba entre los dos botones que había dejado desabrochados. Cada vez que me besaba, me sentía como en un sueño del que no quería despertar. Esa semana había pasado por un carrusel de mujeres preciosas, pero ninguna comparable a mi madre, al menos a mi modo de ver. Sus labios deleitaron de nuevo mi boca y comencé a subir la mano entre sus piernas. Abrió los muslos, dejándome paso, y sentí
sus bragas al final de mis dedos. Toqué sus exquisitos labios vaginales y su lengua se retorció dentro de mi boca. Retiré la tela y metí un dedo entre su raja. El calor era intenso y la humedad, deliciosa. Comenzó a mover el dedo lentamente, lo sacaba, lo metía y sentía cómo movía el culo sobre mi regazo. Dirigió mi boca hacia sus pechos y se desabrochó un par de botones más. Mi lengua saboreó su piel suave y tersa hasta llegar a uno de los pezones. Al roce de mis labios,
noté cómo se endurecía. Lo rodeé con la lengua y lo introduje en la boca. Como un bebé hambriento, comencé a chuparlo, a succionarlo como si fuera a sacarle leche.
¡Ah! ¡Chupa, cariño! ¡Chupa! Me apretó
más contra su pecho, jadeando sobre mi cabeza. La raja se humedeció más y metí dos dedos para llenar su vagina. La suave y delicada carne los abrazó como si fuera un guante. ¡Uf! Vamos, cariño, dale placer a mamá. Susurró apretando los muslos contra mi mano. Mantuve un ritmo lento, metiendo los dedos profundamente para sentir cómo el placer emanaba de su boca. Quería que disfrutara durante un largo rato. Quería oírla jadear, hablar, suspirar. Sus palabras, llamándose mamá en
tercera persona, eran un morbo excitante para mi mente. Dirigía mi boca de un pecho a otro para chupar ambos pezones. Uf, más fuerte, cariño. Sácale la leche a mamá. Susurraba en sentido figurado. Los chupaba, los lamía y, a veces, hasta los mordía, arrancando algún gemido de su boca. Fueron largos minutos los que la mantuve altamente excitada hasta que se corrió. Su cuerpo comenzó a temblar y me apretó contra su
pecho hasta casi dejarme sin respiración. ¡Ah! ¡Dios, ah! Sus muslos se apretaron más contra mi mano y un torrente de flujo inundó su vagina, mojando mis dedos copiosamente. Tembló durante varios segundos, apretándome contra su pecho. Cuando me soltó, me sujetó la barbilla para besarme profundamente. Sentí su húmeda lengua recorrer el interior de mi boca y sus labios devorando los míos. Uf, cariño. Cada vez siento más placer contigo.
Me dijo con un brillo especial en sus ojos. Se fue a la ducha para deshacerse de la corrida pegajosa que embadurnaba sus muslos mientras yo recordaba esa maravillosa tarde. Pensé en cómo sería cuando se uniera mi padre y quizás Soraya, aunque esto no lo tenía tan claro.¿ Qué estarían haciendo ahora?¿ Estarían juntos? La curiosidad hizo que conectara el móvil con las cámaras de lo que había sido mi casa. Estaba Soraya sola, espatarrada en el sofá del salón,
viendo la tele. Había pensado que mi padre estaría con ella, pero no fue así. Desconecté y me fui a la cama, pensando en hablar con mi padre al día siguiente, pero me quedé profundamente dormido antes de que llegara mi madre. Cuando desperté por la mañana, mi madre ya había preparado un suculento desayuno que devoré como si llevara varios días sin comer. Hoy hablaré con papá. Le dije, ya terminando. Vale, pero no quiero que le indiques que nosotras queremos que vuelva.
Si sale de él, bien, si no, pues tampoco pasa nada. Tranquila, mamá. Eso déjalo de mi cuenta. Le diré que vosotras os habéis sincerado conmigo y que espero que él haga lo mismo. Estoy seguro de que hay parte de su vida de la que no sé nada y necesito saberlo. Le dije, pensando
en Lidia.¿ Cuántas más Lidias habría en su vida? Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
