Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos Calientes Hoy presentamos Sorpresas Inesperadas Parte 1 No olvides suscribirte para que no te pierdas ninguna de las historias. Había discutido con mi novia y tenía un cabreo monumental. Lo mejor para estas cosas es quedar con algún amigo y tomarse unas cervezas, y eso hice. Llamé a Teo y quedamos en el albatros.
Qué te pasa? Me preguntó al verme la cara. He discutido con Soraya.¿ Otra vez? Pues sí. Cada vez más a menudo.
Llevamos sin echar un polvo tres semanas por culpa de las discusiones. Pues vaya putada. A lo mejor lo deberíais dejar. No quiero dejarla, joder. Lo que quiero es que nos llevemos bien, como antes. Bueno, en eso no puedo hacer nada, pero puedo llevarte a un sitio para que te animes un poco. Ah, sí. ¿Dónde? Conozco un garito que es cojonudo para follar. Joder, vaya ánimos que me das.¿ Qué quieres?¿ Qué rompamos del todo?¿ Qué va? Solo es para que te desahogues un poco. Es un sitio al que van
tías maduras deseosas de un buen polvo. Ja, ja, ja.¿ Tías maduras? Sí, hombre, maduras, de las que saben lo que se hacen. Y no te van a pedir que te cases con ellas. De hecho, algunas están casadas. Ja, ja, ja. No sé, la verdad es que estoy más salido que el mango de una sartén, pero no creo que esa sea la solución. Venga, anímate, es cosa de echar un polvo y cada uno a su casa. Seguro que eso te relaja. Al final accedí y nos fuimos al dichoso
pub del que hablaba. Era un sitio bastante grande, con una luz tenue, lo cual casi impedía ver las caras a más de cinco metros. Había un par de pistas de baile pequeñas donde se apelotonaban las parejas para arrimar un poco el asco, una expresión que había oído decir a mi padre alguna vez. La música lenta era una constante para que la gente bailara agarrada en cualquier momento. La verdad es que era un antro donde claramente iba
la gente a ligar. La mayoría de los asistentes nos sacaban unos cuantos años, y eso hacía que algunas de las tías maduras nos miraran al pasar a su lado. Debíamos ser los yogurines de la sala. La verdad es que más de una merecía alguna de mis miradas. No sé si serían los vestidos ajustados y provocativos o la falta de luz, pero alguna de ellas estimulaba mis sentidos. Después de hacer un recorrido por todo el antro, nos
acoplamos en una de las tres barras que había. Pedimos un par de yentanex para entonarnos un poco.¿ Qué te parece? Me preguntó Teo. No está mal, pero la mayoría de las tías nos sacan más de 20 años. Joder, ya te he dicho que eran maduras, pero hay muchas entre 40 y 50 que no están nada mal. Teo y yo teníamos 22 años y no sé cuál estaba más salido de los dos. Nos habíamos conocido en el trabajo, una empresa de publicidad,
y desde el primer momento habíamos encajado muy bien. Él no tenía novia, y me contaba que a veces venía a este sitio para echar un polvo fácil, que según él, era algo seguro. Yo vivía con mi novia desde hacía dos años, pero ese día no tenía ni putas ganas de volver a casa después de una fuerte discusión. No era la primera vez que dormía fuera por culpa de nuestras discusiones. También ella se había ido a casa de su madre en varias ocasiones. Para mí era la primera
vez en un sitio como ese. Llevaba saliendo con Soraya desde los 18, aunque nos conocíamos desde el colegio. De hecho, nuestras madres y su madre habían entablado una buena amistad desde entonces y habíamos hecho muchas cosas juntos en plan casi familia. Esta amistad se truncó cuando mi padre se enteró de que salía en serio con Soraya, algo que
todavía no entiendo. Bueno, a lo que iba, había estado bien surtido de sexo hasta los últimos seis meses, en los que habían comenzado nuestras peleas verbales y ahora ya me pedía el cuerpo algo diferente. Joder, es que son como mi madre, le dije viendo las edades que les rondaban.¿ Y tu madre, está buena? Anda, no seas cabrón, que hablamos de mi madre. Solo era una pregunta dado el ambiente, jajaja. pues la verdad es que se mantiene muy bien, me
atreví a decirle finalmente por despecho. Pensé fríamente mientras daba un trago, y es verdad que últimamente la miraba de una forma diferente cuando iba a verla, cegaramente por el estado de salidismo al que había llegado. Pensé que si se pusiera ropa como las que llevaban algunas de las que había en ese antro, seguro que se la pondría tiesa a más de uno. Intenté borrar la imagen de mi madre que se acababa de instalar en mi cerebro y volví a mirar el panorama. Hace una semana estuve
en este sitio con Javier,¿ sabes quién es, no? Sí, claro, el que trabaja en repartos, aunque apenas he hablado con él. Bueno, pues nos enrollamos con un par de tías tremendas. Él se quedó con una rubia despampanante y yo con la otra, que parecía más modosita. Dios, con la modosita. Una tía de 45 que estaba como un tren, comentó Teo. Tenía todo súper bien puesto, un culito redondo y bastante duro, y unas tetas impresionantes. No suelo repetir, pero si me encuentro
a ese pedazo de hembra, repetiría. Joder, como follaba. Intenté imaginarme follando con una de esas señoras de vestidos ajustados y labios rebosantes de carmín y sentí cierto morbo. Pues a ver si encontramos una así, le dije sonriendo. Coño, mira. Creo que son aquellas, me dijo señalando disimuladamente a una rubia despampanante, como había dicho, enfundada en un vestido de licra verde. La amiga llevaba otro parecido, de azul oscuro, que marcaba las curvas de su cuerpo de una forma generosa.
Su media melena cobriza me recordó a mi madre, aunque con la ropa que llevaba habitualmente no estaba igual que ese pedazo de hembra.« Ven, vamos a verlas y te las presento», me dijo agarrando su Gentonic. Yo cogí el mío y nos dirigimos hacia ellas esquivando a la gente que abarrotaba el local. Estuvimos en casa de Reme, la rubia, y a ella no me la follé porque Ana me
dejó reventado. Dios, qué manera de follar. Comentó Teo con el yentanek en alto para que no se le derramara ante los pequeños empujones que nos dábamos al caminar entre esa plebe cuarentona. Según nos fuimos acercando, el corazón me dio un vuelco. Joder, pero si es mi madre. Me grité en el interior de la cabeza. No sabía qué hacer, si echar a correr o regresar a la barra para meterme un litro de ginebra. Me quedé parado, como si
me acabaran de convertir en una estatua de piedra.¿ Qué haces? Vamos, hombre, a ver si se nos adelanta alguno de estos dandis y la cagamos. Me increpó Teo. Puse en marcha todas las neuronas que no se habían congelado en mi cerebro para buscar una salida a esa situación del esnable. Espera, coño. Llevo demasiado tiempo sin salir a ligar y estoy algo atascado. Tranquilo, no te vas a tener que esmerar mucho. Además, partimos con la ventaja de que ya las conozco, tendrás que
hablar poco, jajaja. Ya estábamos bastante cerca y no vi otra solución que la de enfrentarme a ese momento tan desagradable.¿ Qué pasaría cuando mi madre me reconociera?
cómo iba a actuar?¿ Saldría corriendo?
Se haría la loca? Al llegar a su lado, la rubia sonrió de oreja a oreja, pero mi madre, al verme, pasó a un estado de congelación. Vaya, pero si está aquí Teo. Y viene con otro amigo, dijo de forma estridente. Hola, Reme, qué alegría veros, contestó Teo.¿ Quién es este amigo tan
guapo? Preguntó la tal Reme de nuevo. Os presento.
Reme, Ana, este es mi buen amigo Carlos. Mi madre seguía en estado de shock. Su cara era como un fotograma de una película que se acababa de atascar. Reme se abalanzó a darme dos sonoros besos, chocando con sus grandes tetas contra mi pecho. Hola, guapo. Encantado de conocerte, Reme. Le contesté intentando esgrimir una sonrisa que debió parecer una mueca, como cuando te duele una muela. Al ver a mi madre a punto de que le diera un infarto, decidí
no decir nada y hacerme el desconocido. Hola, Ana. Encantado de conocerte. Repetí acercándome hasta ella para darle un par de besos en las mejillas. Por fin reaccionó al ver que me había hecho el loco y me devolvió los besos. Igualmente, Carlos pudo articular con voz temblorosa. Ana, joder, hasta se ha cambiado el nombre. Pensé bastante cabreado. Toda la puta vida llamándose Carmen y ahora la tendría que llamar Ana. Tenía ganas de verte, guapetón. Dijo Rémeateo dándole un leve
pellizco en la mejilla. Aproveché ese momento de entusiasmo de la rubia para aislar a mi madre.¿ Te apetece bailar? Le dije intentando sonreír. Sí, claro, contestó mirándome con cara de terror. Nos fuimos a una de las pistas y la agarré por la cintura mientras ella ponía tímidamente las manos sobre mis hombros.¿ Qué haces tú aquí? Me dijo nada más agarrarnos. Creo que la pregunta es,¿ qué es lo que haces tú? Le dije con cierto
enfado. Uf, hijo, es largo de explicar. Tenemos toda la noche. No, no. Me voy ahora mismo.
De eso nada. Te vas a quedar y me vas a contar a qué coño juegas, Ana, dije su supuesto nombre con cierto recochineo. Vale, vale. No te enfades, contestó mirando hacia donde habíamos dejado a Teo y Reme. Yo también miré, pero ya no se les veía. Había demasiada gente y las tenues luces tampoco ayudaban. Dejó caer la cabeza sobre mi hombro y comenzó a llorar. Me conmovieron
sus lágrimas y la intenté animar. Venga, no llores. Seguro que tienes una buena explicación, le susurré al oído, pensando en qué mierda me iba a contar después de lo que ya me había contado Teo. Lo siento, hijo, pero es que no me esperaba esto. Bueno, cálmate y hablemos con tranquilidad. Sus manos, que parecían retener mi acercamiento, se aflojaron y me rodeó el cuello. Desde que te fuiste de casa, tu padre ya no es el mismo. Empezó a llegar más tarde a casa y alguna vez no
venía ni a dormir. Intenté hablar con él, pero se negó en rotundo. Tan solo me decía que salía con amigos y que a veces se quedaba a dormir en casa de algunos y había bebido demasiado. Paró de hablar para limpiarse las lágrimas y continuó al ver que yo no decía nada. Ya me harté y decidí salir yo también. Reme es muy maja. La conozco desde hace años del
trabajo y me había contado alguna de sus aventuras. Hablé con ella, contándole lo que me pasaba, y me dijo que me fuera con ella de marcha, que me enseñaría un par de sitios donde lo pasaría muy bien. Volvió a parar de hablar, y ahora fui yo el que secó sus lágrimas con mis dedos. Bueno, pues así es como he acabado aquí. Lo que me había contado era bastante convincente. La verdad es que a mi padre solo le había visto dos veces desde que me fui de casa.
Cuando iba a visitarles, nunca estaba y cuando le había preguntado a mi madre por él, me había ocultado la situación buscando alguna excusa para explicar por qué no estaba.¿ Por qué no me lo habías contado? Le pregunté todavía algo enfadado. No quería preocuparte. Tú ya tienes tu vida y mis problemas son míos. Ya nos mirábamos a los ojos y todavía pude ver el brillo de las lágrimas en los suyos. La tenía rodeada con mis brazos por
la cintura y la agarré con más fuerza. Ella me correspondió, apretándose contra mí a la vez que pegaba su cara a la mía. El vestido era tan fino que casi podía notar su piel con mis dedos y no pude evitar que una ligera excitación recorriera mi cuerpo. A mí tampoco me van bien las cosas con Soraya, le confesé al oído. Últimamente discutimos mucho. Vaya, lo siento. La convivencia provoca enfrentamientos, pero se pueden superar. Me dijo en plan reconciliador.
El problema es que no dejaba de darle vueltas a lo que estaba pasando y volví al ataque. Puedo entender que las cosas no te vayan bien con papá, pero que te enrolles con tíos de veintipocos. No quiero una relación, hijo. Tan solo pasarlo bien. Y me lo paso mejor con los jóvenes. Joder, pero es que te has acostado con Teo, mi amigo, que podría ser tu hijo. Bueno,¿ y qué pasa por eso? Si a él le apetecía y a mí también, pues ya está. Pero, mamá, es que me
cuesta asimilarlo. Todavía no te veo en un antro como este. A mí también me costó, pero viendo la actitud de tu padre, lo he podido superar.¿ O acaso él no merece tu crítica? Claro que la merece, pero la que estás aquí, y ahora, eres tú.¿ A qué has venido tú aquí, a follarte a una tía de la edad de tu madre, no? En eso llevas razón. Pues yo también puedo follarme a alguien de tu edad. Y deja ya de recriminar
mi conducta. Vale, vale. Pero ahora, ¿qué?
Le pregunté con desasosiego. Después de unos segundos de silencio de nuestras voces en el bullicio del pub, finalmente habló ella.¿ Quieres que sigamos manteniendo el anonimato? Sí, por supuesto. Pues sigue bailando y agárrame como si me quisieras meter mano. No quiero que se mosquee R.M. Bajé las manos y la agarré del culo, sintiendo una textura que no me esperaba. Pues la verdad, me lo estoy planteando. Le susurré al
oído sin pensar demasiado lo que decía. No seas idiota, que soy tu madre.¿ Y eso es un impedimento para ti después de haberte follado a Teo? No es lo mismo. Teo es un chaval que no conocía ni sabía que era amigo tuyo, y tú eres mi hijo. De repente, se paró su cara de la mía y me miró a los ojos con desconcierto.¿ No estarás pensando en follarme? Le apreté el culo y le dediqué una sonrisa pícara. Bueno, he venido a follarme a una mujer madura y tú eres de las mejores que he visto en este antro.¿
Te has vuelto loco? Ni lo sueñes. En ese momento aparecieron bailando a nuestro lado Reme y Teo.¿ Qué tal los va, chicos? Preguntó Rene con sus labios grandes y carnosos impregnados de carmín rojo. Bien, bien. Contestó mi madre con rapidez, agarrándose más a mi cuello como si estuviera deseando ese contacto íntimo en el baile. He pensado que podríamos ir a mi casa a tomar una copa, dijo con su voz estridente. Joder, ahora sí que la hemos liado.
Pensé buscando una salida. Aquello se estaba enredando cada vez más y nos acabarían descubriendo. Vamos a bailar un poco más. Le dije para que me diera tiempo a pensar.¿ Y ahora, qué coño hacemos? Le
pregunté a mi madre. Joder, pues no sé. Pero sería raro
decirle que no. Pues sí. De hecho, Teo me ha traído para que follara, pues llevo tres semanas a palo seco. Los dos nos quedamos pensando qué hacer. La verdad es que estaba complicado dar salida a esa situación. Si no te importa, podemos hacer una cosa, me susurró mi madre. Tú dirás. Podemos hacer un cambio de parejas. Joder,¿ te vas
a follar a Teo otra vez?¿ Y a ti qué más te da? Ya lo he hecho antes.
Vale, no me lo recuerdes. El problema es que ahora estoy yo presente. Bueno, tampoco nos vamos a poner en el salón a follar los cuatro. Para eso están las habitaciones. Me quedé meditando la sugerencia de mi madre, pensando que si esto seguía adelante, la tendría follando en la habitación de al lado. Mi mente daba vuelta sin parar y me dije a mí mismo que eso ya había ocurrido. En mi casa también había follado con mi padre en la habitación de al lado.¿ Crees que Rene accederá a
este cambio de parejas? He visto cómo te miraba, hijo. Está como loca por ponerte las manos encima. Miré de reojo y estaban como a tres metros de nosotros, con un par de parejas por medio. Su cuerpo enfundado en el vestido verde, completamente apretado, la hacía destacar en la pista. Comencé a pensar en lo delicioso que sería follármela, sobando toda esa deliciosa carne que dejaba ver.¿ Y cómo lo hacemos?
Pregunté con la mente aturdida. Realmente yo no era tan pardillo y solía desenvolverme mejor, pero esa situación había abotargado todos mis sentidos. Ahora nos acercamos bailando y pides cambio de pareja. Estaba claro que mi madre tenía la mente bastante más despierta. Paso a paso nos acercamos y cuando nos rozamos con ellos, lo sugerí.¿ Qué tal si cambiamos de pareja? Vale. Casi gritó Reme, soltando a Teo. Sentí de inmediato como sus brazos se colgaban de mi cuello.
Su cuerpo era pura sensualidad, tetas, muslos, culo y unos labios rojos que casi iluminaban la pista. No tuve que apretarla contra mí, ya lo hizo ella, aplastando las tetas contra mi pecho y restregándose contra mi entrepierna. Por supuesto, notó mi polla abultada, el roce con mi madre había despertado a la fiera que llevaba tres semanas en hibernación. UM, hola, guapo.¿ Pensaba que solo tenías ojos para Ana? Teniéndote a ti cerca, es difícil mirar a otro sitio, intenté halagarla. U.M., me
gusta oír esas cosas, cariño. Intentó susurrar contra mis labios, a escasos centímetros, pero su voz era demasiado estridente para emitir un susurro. También se hacer cosas, le susurré a la vez que lamía su labio inferior. Sus tetas, pegadas a mi pecho, casi detenían los latidos de mi corazón y su culo se expandía sin que mis manos pudieran abarcar todo su contorno. Ahora sí que ya tenía la polla totalmente dura cuando me dijo.
Uf,
sabes poner caliente a una mujer. Nuestros labios se acabaron juntando y pude sentir toda esa maravillosa carne comiéndome la boca, aunque eso no era comer, era devorar. Cuando despegamos los labios, cogió aire como si hubiera estado sin respirar un minuto.
Uf,
niño. Vaya beso
Si sigues así, me vas a poner ardiendo.¿ Te ha gustado? Mucho. Y también tus manos recorriendo mi culo.
Te daría un buen sobo, pero estamos rodeados de gente.¿ Y qué te crees que hacen los demás? Mira cómo está todo el mundo, incluido tu amigo, que le está dando un sobo a Ana impresionante. Miré hacia dónde estaban y pude ver entre las sombras cómo Teo sobaba el culo a mi madre con un descaro tremendo. Se me hizo un nudo en la garganta y me dieron ganas de ir y atizarle una hostia, pero me pude controlar.
Pensé que eso era sólo el aperitivo y que después tendría que soportar el plato fuerte, oyéndoles follar a escasos metros. La mala leche y el morbo gobernaban mi cuerpo en una lucha constante. Volví la vista a la cara de Reme, que esperaba mis ojos con una inmensa sonrisa lasciva. Volví a besarla con un deseo incontrolado, a la vez que apretaba su gran culo con una mano y pasaba la
otra por la zona delantera. Pude sentir el calor que manaba entre sus muslos a través de la fina tela y me puse más berraco que un toro cuando le dan la salida.¿ Has notado cómo estoy ya? Me dijo intentando que su voz no fuera estridente. Un mordisco en el óvulo de mi oreja provocó aún más mis sentidos y bajé la mano para tocar la carne de sus muslos. La subí lentamente bajo su vestido, siguiendo el calor que
manaba hasta llegar a sus bragas, ya húmedas. El centro de sus muslos parecía un volcán a punto de explotar. Abrí la mano y agarré todo el coño, y vaya coño que tenía la señora. Si los labios de su boca eran grandes, los genitales lo eran aún más. Noté como la polla buscaba hueco para agrandarse bajo los pantalones, a la vez que una ola de calor recorría mi cuerpo. Uf, está, está, para comérselo, le dije con las palabras atropellándose en mi boca. Eso sí que ha sido un buen roce.¿ Y tú
cómo estás? Me preguntó con la lujuria manando de su boca, a la vez que ponía una mano sobre mi pantalón. Joder, nene.¿ Cómo se te ha puesto el periquito, Dios? Me dijo con voz estridente. El periquito,¿ qué palabra era esa para denominar mi polla? Yo ya tenía tal calentón encima que solo pensaba en follármela por todos lados, y la verdad es que no me importaba cómo denominara mi polla, por ridículo que fuera.¿ Te la comerías también? Le pregunté haciendo
alusión a mi comentario sobre su coño. Te voy a dejar seco. Me dijo con su impresionante boca. Las ondas de su voz, estridente y lujuriosa, parecieron flotar varios segundos a nuestro alrededor. Se lanzó de nuevo sobre mis labios y devoró mi boca con ansia desbordada. Pensé que si seguía así, me la iba a follar allí mismo, sintiendo como mi polla quería reventar el pantalón. Ya no me
preguntó más. Directamente se dirigió a mi madre y a Teo. Eh, chicos Venga, que nos vamos a mi casa.¿ Habéis traído coche? Me preguntó sin soltarme. Sus tetas estaban en constante contacto con mi cuerpo y estaba deseando poder apretarlas con las manos. Nunca había visto unas tetas tan impresionantes. Sí, hemos venido en el de Teo. Pues que Ana se vaya con él y tú te vienes conmigo, me dijo con la autoridad de un sargento mayor. Ré me parecía haber cogido
el mando y ya no paraba de dar órdenes. Teo, llévate a Ana, que Carlos se viene conmigo. Teo intentó abrir la boca para decir algo, pero mi madre se lo impidió tirando de él.« Venga, sí, vámonos», dijo ella apresuradamente. Cogimos caminos diferentes para ir en busca de los coches aparcados. Nada más sentarse, su corto vestido se le subió, dejándome
ver las bragas a juego. Sus muslos apretados no me dejaban visualizar la marca de los prominentes labios genitales que había sobado momentos antes, pero era tal mi calentura que me los pude imaginar. Uy, qué bien lo vamos a pasar, dijo pasando la mano por mi pantalón. Uf, cómo está esto. Ponte cómodo si quieres, no te vaya a reventar la cremallera, jajaja, rió con estridencia.¿ Quieres que me desabroche el pantalón? le dije con sonrisa cínica. Lo digo para que no te duela,
la quiero en perfecto estado, jajaja. Su risa era estridente, pero por ver su boca abierta con esos gruesos y sensuales labios pensando en cómo me comería la polla, se lo podía perdonar. Accedí a sus deseos, aunque tampoco dejaban de ser los míos, y desabroché mi pantalón, dejando libre mi verga, que salió más erguida que nunca. Uf, tienes un buen mango, nene. Bueno, eso me gusta más que periquito, reí por
dentro.¿ Te gusta? Me encanta.
Dijo abrazando con sus dedos el tronco venoso. Así es como me gustan, bien duras. Y se inclinó para besar el hinchado capullo. Pues no sé lo que aguantará.¿ Tan mal estás? Me dijo con algo de decepción. Es que llevo con ella dura bastante tiempo, y tú eres la culpable, volví a decirle como alabanza. Me gusta oír eso. Lo que no me gustaría es que te corrieras nada más metérmela, me dijo con cierto reproche. Bueno, creo que esta noche
me podría correr varias veces, contesté con prepotencia. Aunque después de tres semanas sin follar, todo era posible.¿ Estás seguro? Segurísimo. Pues vamos, que estoy deseando contarlas, jajaja. Su buen humor y la estridencia regresaron de inmediato. Arrancó el coche automático que tenía y salimos en dirección a su casa. Yo seguía con la polla afuera cuando paró en el primer semáforo que nos pilló en rojo. Volvió a manoseármela y
abrió sus piernas exageradamente. Su tanga verde quedó completamente a la vista y ahora sí pude ver cómo se marcaban sus poderosos labios genitales.¿ Vas a dejar que me enfríe por el camino? Me dijo con la mejor de sus sonrisas lascivas. Sus muslos abiertos me ofrecían una visión que catalogué como maravillosa. Mi mano se lanzó como si tuviera vida propia y se posó sobre el triángulo verde. Comencé a sobarlo mientras miraba mi propia mano regodeándose entre esos
tremendos muslos, como diciendo, yo sobo y tú miras. U.M., sigue, sigue. Quiero llegar bien caliente a casa. Comentó, arrancando de nuevo al ponerse el semáforo en verde. Sus labios genitales eran grandes, carnosos y rebosaban una excitante humedad. Miré su generoso escote pensando que me iba a poner morado comiéndome esas grandes tetas. Puse mi otra mano sobre una de ellas y la apreté con deseo.¿ Te gustan? Me preguntó mirando de reojo
sin perder de vista la calle. Tienes unas tetas preciosas. Gracias. Pues esta noche van a ser para ti. Metí la mano por encima del escote y agarré una, sacándola fuera del vestido semielástico. Ya no me importaba que nos pudieran ver desde otros coches.
Uf,
parece que no quieres esperar.¿ Piensas desnudarme antes de llegar a casa? Me dijo con cierto cinismo. Calla y conduce. Querías que te pusiera caliente por el camino y te voy a poner como una estufa. Retiré la tela de las bragas y apareció una enorme raja.
Metí un dedo que se mojó al instante. Uf. Sí. Uf. Eso, eso. Me pone muy cachonda que me metan mano conduciendo. Está muy jugoso. Sí, sí. Sigue, sigue.
Vas a mojar el asiento. que se jode el asiento,
uf,
me dijo con tremendo desparpajo. Pensé que para ese pedazo de coño un dedo sería poco, y le metí dos, hasta el fondo. Noté cómo movía el culo para que mis dedos tuvieran mejor
acceso. Ah. Dios. Ah. Noté que daba un pequeño volantazo. Joder, a ver si nos la vamos a pegar. No, no. Sigue, sigue. Esto me encanta.
No sabes el morbo que me da. Acerqué la boca a la teta que le había sacado y comencé a chuparle el grueso pezón mientras la pajeaba con dos de mis dedos. Sus jadeos eran igual de estridentes que su voz y se fueron haciendo más sonoros. Mis dedos cada vez iban más deprisa y ya no pudo más. Se acercó a la acera y frenó bruscamente. Sigue, no pares, joder. Estoy a punto de correrme. Casi me gritó, moviendo mi
mano con las suyas. Apenas había viandantes a esas horas, pero los pocos que no estaban lejos se pararon al oír el frenazo. Un perro, sujeto por la correa de su dueño, comenzó a ladrar. Creo que me puse colorado, pero Reme siguió a lo suyo, moviendo mi mano como si fuera una batidora. Todo su cuerpo comenzó a temblar mientras jadeaba como una loca. Al momento, mis dedos se empaparon escandalosamente. Una tremenda corrida llenó su coño, que acabó
desbordándose y saliendo el fluido por su raja. Por supuesto, el asiento se empapó cuando saqué los dedos de su coño chorreando. Joder, qué corrida, Dios. Estaba ya más caliente que una perra. soltó sin cortarse. Arrancó el coche de inmediato y nos volvimos a poner en marcha, obviando a los viandantes que miraban a lo lejos. Yo estaba alucinando,
pensaba que acababa de vivir una escena de adolescentes de instituto. Uf, voy empapada, pero me ha encantado, dijo sin mirar la cara de alucinado que seguía teniendo yo.¿ Te pasa esto a menudo? Me atreví a preguntarle.¿ qué va? Normalmente esto sirve para calentar, pero contigo ha sido, uf, no he podido aguantarme, jajaja. Mi polla seguía como un poste de teléfono si me la toqué instintivamente y, claro, ella se
dio cuenta. No te preocupes, te voy a hacer una buena mamada nada más llegar para que te puedas tomar una copa relajadito, jajaja. Volví a mirar su boca grande, sus labios carnosos y sensuales, y sobre todo sus impresionantes tetas. Me la imaginé arrodillada, chupándome la polla mientras se la sobaba, y me dio un subidón, pero al instante recordé a mi madre.¿ Me la iba a chupar en presencia de ella y Teo? Joder, espero que no, me dije a mí mismo. La verdad es que no sabía de qué
sería capaz.¿ Ligáis mucho? Le pregunté para sonsacarle cosas sobre mi madre. No nos podemos quejar, jajaja. La respuesta era demasiado ambigua y continué siendo más directo.¿ Y quién liga más, tú o Ana? Por suerte me acordé de su nuevo nombre. Bueno, no sabría decirte. Depende de los días, pero normalmente solo nos enrollamos y van dos tíos juntos para que no nos quedemos ninguna de las dos solas. Eso está muy bien.¿
Y alguna vez intercambiáis para follar con los dos? La pregunta era demasiado directa para acabar de conocerla, pero percibí que esa mujer me contaría cualquier cosa que le preguntara. Ay, pillín, jajaja.¿ Ya estás pensando en follarte a Ana, eh? No,¿ qué va? Solo es curiosidad, intenté sonreír, nervioso.¿ Alguna vez lo hemos hecho, jajaja?¿ Te gustaría que folláramos los cuatro juntos? Me preguntó sin cortarse. No, no, contesté de inmediato como si me hubieran dado un calambrazo.¿
Te da vergüenza? No,¿ qué va? Es que, primero, prefiero conoceros por separado, contesté intentando salir del atolladero. Vale, vale. Pues si os quedan ganas, después intercambiamos. A mí sí que me apetece follar con los dos. El otro día me dijo Ana que tu amigo es una fiera, jajaja. Ah, sí.¿ Os contáis esas cosas? Le pregunté intentando averiguar más. Claro. No lo pasamos genial después contándonos los detalles. Hasta nos
ponemos calientes, jajaja. Joder, no sabía si realmente quería oír los detalles de cómo se había follado Teo a mi madre, pero la curiosidad y el morbo me recomían por dentro. No sabía cómo volverle a preguntar sin que pareciera obsesivamente interesado. Entonces,¿ Teo le dio bien? Le dije intentando parecer más interesado por mi amigo que por mi madre.¿ Qué si le dio bien? Le dio tanto que casi le tenemos que sacar a rastras de casa. Se quedó hecho una piltrafa, jajaja.¿
Y ella, se lo pasó bien, entonces? Estaba como loca, jajaja. Me dijo que nunca se la habían follado tantas veces ni de tantas formas, jajaja. Joder, ahora resulta que va a ser una zorra, pensé enfadado. Las cosas que me contaba de mi madre y la estridencia de su voz me estaban irritando, pero no podía demostrarlo. Tenía que sonreír a la fuerza, y es algo que no se me da bien. Llegamos al parking subterráneo del edificio y metió
el coche en su plaza de garaje. Veo que la sigues teniendo muy dura, dijo al mirar a mi regazo.
Venga, chúpamela un poco. Aquí. Mejor en casa. Joder, no voy a subir con la polla así. Venga
chúpamela. Le insistí con algo de desesperación. Vale, vale. Pero ten cuidado de no manchar el coche. Joder, pero si ya lo has empapado tú. Pero lo mío se limpia mejor. Dijo mirándome con sonrisa más que pícara. Se inclinó sobre mi regazo y sentí su lengua cálida y carnosa rodeando mi capullo. Al momento, la saliva caliente lo empapó de una forma generosa. Noté cómo sus labios lo abrazaban y cómo, si fuera una gran fresa, su boca lo engullía con delicadeza.
Eché un poco el asiento hacia atrás y puse una mano sobre su espalda, a la vez que cerraba los ojos. Emití un leve gemido para hacerla saber que me estaba gustando, mientras su lengua trabajaba mi capullo dentro de su amplia boca. Avanzó con sus labios por el duro y venoso tronco, provocando que levantara mi culo del asiento.
Joder. Joder.¿ Qué boca tienes, Dios?
Solo había llegado a la mitad de mi miembro y ya me tenía como un flan. Avancé con la mano por su fino vestido. Se le había subido al inclinarse y podía ver la tira de las pequeñas bragas rodeando su muslo, y que muslo, Dios. Comencé a sobar esa sabrosa carne mientras veía subir y bajar su cabeza lentamente. Con timidez, puse la otra mano sobre su cabeza para sentir ese delicioso sube y baja. Poco a poco, sus labios avanzaron más hasta que noté toda la polla dentro
de su boca. Cuando logró metérsela entera, se paró unos segundos, haciendo que sintiera la presión de su garganta en mi capullo. Pensé que era el momento de apretarle la cabeza a la vez que levantaba el culo del asiento. Era una sensación como si la atravesara medio cuerpo con mi verga. El culo ya lo tenía prácticamente en pompa y metí la otra mano bajo las bragas, buscando el oscuro agujero. La punta de mi dedo penetró levemente en él y sentí como su cuerpo se tensaba. Al sentirlo, aumentó el
ritmo y sus chupadas se hicieron más sonoras. Desde luego, mi novia no la chupaba así ni de coña. Estaba disfrutando de esa boca maravillosa cuando se me vino a la cabeza que mi madre podría estar haciéndole lo mismo a Teo, y el morbo, la lujuria y el enfado embriagaron mi cuerpo. Sus chupadas eran tremendas y sonoras, y comencé ahora a dar el culo con el dedo, a la vez que apretaba más su cabeza en cada bajada. No contento con eso, levantaba mi propio culo del asiento
y las penetraciones se hicieron brutales. Prácticamente le estaba follando la boca. Su culo se había abierto generosamente y mi dedo entraba con facilidad, mientras le metía la polla hasta el esófago y aplastaba los huevos contra sus labios. Un temblor recorrió mi cuerpo y mi capullo, aprisionado en su garganta, soltó un primer chorretón. Intentó dar un tirón con su cabeza hacia atrás, pero mi mano la sujetaba implacablemente y tan solo pudo sacarse media polla. Otro chorretón llenó su
boca y un tercero se desbordó entre sus labios. La oí a chupar y tragar a la vez y aflojé la mano que sujetaba su cabeza. Siguió chupando hasta dejarme la polla seca y brillante como el mármol. Se incorporó, limpiándose con el dorso de la mano el semen que había rebosado entre los labios. Joder, nene, pues sí que tenías leche acumulada. Casi me atraganto. me dijo sin perder su espléndida sonrisa. Ha sido genial, le dije con los
ojos cerrados como señal de felicitación. Espero que el resto también
lo sea, contestó con picardía. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
