Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Seduciendo a mamá, parte 45
Lo digo de verdad. Quien tenga la oportunidad de preñar a su propia madre
hágalo. No se arrepentirá. Es el morbo más brutal y extremo al que una relación incestuosa puede llegar. Al principio, da un poco de miedo porque no sabes cómo enfrentarás tus nuevas responsabilidades como padre. Y ahí es donde más te confundes, porque nunca logras comprender si tu rol dominante con el bebé será el de papá o el de hermano mayor. Supongo que el rol finalmente se determinará conforme avance el tiempo. Y eso es solo una parte de
las implicaciones de tener una madre embarazada. La segunda implicación tiene que ver con el miedo de no saber si tu hijo nacerá biológicamente bien o con algún tipo de problema o malformación, dado los códigos genéticos que aportamos mi madre y yo al bebé. A eso se le suma la edad de la madre, sobre todo cuando pasa de los 40 años. Hay un constante miedo a que algo pase
y el producto no llegue a término. Bastante tenemos ya con el hecho de que mamá y yo estemos ligados genéticamente para que estemos en alerta permanente y, como digo, las implicaciones que tiene el hecho de que tu madre sea ya una mujer madura. Próxima a la menopausia, lo hacen todo peor. Afortunadamente, tenemos un obstetra samamente profesional y muy entregado a su servicio, que, de momento, ha hecho todo lo posible para que el embarazo vaya a flote.
Debo comenzar diciendo que ha pasado tiempo desde que escribí por última vez sobre la relación incestuosa que tengo con Suhei. Y esto no es casualidad. Algunos lectores consideraban que ir día a día sobre mi vida con mamá podría tornarse un tanto aburrida y lenta en su avance. Así que me pidieron que sólo contara los eventos más significativos y sobresalientes de nuestra historia, y es así como comenzaré a narrar.
El día de hoy, mamá está a días de dar a luz y han ocurrido una serie de acontecimientos que, sin duda, debería contar. Así que juzgo propicio continuar narrando mi historia desde donde me quedé. Arlette y su hijastro Alan no podían ocultar la felicidad que les generaba el hecho de que el tío Fede se tuviera que ir a Tijuana para recibir una impresora profesional que compró en
Estados Unidos. ya que esto significaba que tendrían casi una semana entera para dar rienda suelta a su pasión contenida, sin el miedo constante de ser descubiertos por él, tal y como estuvo a punto de pasar días atrás. Cuando yo lo salvé de que el tío Fede los atrapara
mientras fornicaban en la cocina. Dado que la impresora era una máquina enorme y de importación, salía más barato hacer el viaje en su propia camioneta en lugar de irse en avión y, evidentemente, Hacer un trayecto tan largo desde la capital a la frontera, con sus respectivos descansos y noches de hotel, implicaba varios días de ausencia, los cuales, estaba seguro. Aprovecharían esta par de tortolitos para ponerse al
día sexualmente. Mamá y yo nos alegramos por la parejita de adúlteros, porque también la ausencia de Fede en casa nos beneficiaba a nosotros dos para sentirnos libres de demostrar nuestro amor y nuestros deseos por toda la casa. sin
miedo a que mi tío nos descubriera. Suena cruel, desde luego, saber que la felicidad de Arlette y Alan, incluso la nuestra, dependía de que Fede tuviera que estar fuera de casa, ignorando el hecho de que su esposa no sólo era amante de su propio hijo, sino que su hijo estaba completamente enamorado de su mujer.¿ Pero quién soy yo para juzgarlos? Sí, de alguna manera, yo hice lo mismo al meterme en la cama de mamá, siendo mi padre el más perjudicado
de esta infidelidad. Pero, como dicen por ahí, la alegría de unos es la desgracia de otros, y, sin duda, lo prohibido sabe mejor. Y en esta casa no sólo había una relación prohibida entre una madrastra pervertida y su hijastro, que mutilaba los valores tradicionales, sino también la de una madre incestuosa y su hijo, que, sin duda, terminaban de
corromper toda la paz de ese hogar. Alan se preparó desde muy temprano para llevar a su padre a la imprenta, donde recogería unos papeles antes de marcharse a la frontera. haciendo su mejor papel de hijo responsable y abnegado que ayuda a su progenitor con sus distintas responsabilidades. Lo cierto es que mi primastro quería asegurarse de primera mano de que su padre se iría sin retorno a su lugar
de destino. Después del desayuno, me tocó ver la tierna despedida entre Fede y mi cachón de aptía Arlette, y como ésta, con irreprochable cinismo, le decía a su marido cuánto lo amaba. Arlette, volveré pronto, le dio besitos mi tío, crédulo de que el rostro compungido de su mujer era sincero. Cuídate mucho, Fede, sabes que te amo, decía ella, luciendo una mueca de fingido pesar. Yo te amo más, mi preciosa. Ah,
y no quiero que me extrañes, ¿eh? Haré lo posible por no extrañarte, le decía mi tía, que lo abrazaba y le flotaba la espalda, mientras, por el lado lateral, miraba con lujuria a su entusiasta hijastro, que, con una sonrisa ávida, esperaba en la puerta a su padre. Tampoco quiero que me extrañes tú, ¿eh, flaquito? Lo intentaré, Arlette, dijo el tío Fede, separándose de la tetona de su mujer.
Le dije a Alan que, por favor, no te quite un ojo de encima y que, si tienes que salir a algún sitio, no se te despegue ni un instante. Con esta inseguridad, temo demasiado que algo te pueda pasar. Vi la sonrisa lasciva de mi tía cuando respondió. Te juro por Dios, mi amado esposo, que no me despegaré un solo instante de tu hijo. Me calentó el cinismo de semejante putón y como el doble sentido de sus promesas auguraba unos días extremadamente calientes con su hijastro.¿ Nos vamos,
papá? Lo apuró Alan. Sí, hijo, vámonos. Siempre
que también a ti te quede claro que estarás a cargo de Arlette. Cuídala hasta mi regreso, dijo Fede, y su hijo asintió con una sonrisa. Quise echarme a reír, pero no quise ser tan cruel con la desdicha de mi tío Fede. El pobre desgraciado, a pesar de haber sido un cabrón cuando reemplazó a su primera esposa por la candente tía Arlette, era un buen hombre, y, en el fondo, yo sé que no se merecía lo que
ella y su hijo le hacían a sus espaldas. Pero tampoco mi padre merecía lo que le hicimos mi madre y yo, y eso es algo que nadie puede cambiar. En el amor y en el deseo no se manda. Tito, me dijo Alan mientras su padre subía a la camioneta, después de asegurarme de que papá se va, iré a hacer algunas compras. Traeré lo necesario para hacer una carnita asada en la noche, para que no olvides las tradiciones norteñas.
Checa si hay cervezas y bebidas en el refri, de lo contrario, te lanzas a un oxo que está aquí cerca para que traigas lo que falta. Hecho, le dije, dándole un choque de puños, y luego éste se despidió. Mientras mamá y Arlette conversaban en la sala de estar, yo me dispuse a hacer lo que Alan me pidió. Fui al Oxxo y compré hielos, cervezas, refrescos, doritos y vasos y platos para evitar lavar la loza de la cocina.
A mi regreso, dejé todas las cosas en la cocina y luego me dispuse a limpiar el asador y toda el área de la piscina donde tendríamos nuestra velada. Sería una noche espectacular en la que dos parejas, por fin, estarían solas, en completa libertad, siendo cómplices de sus propios pecados, a cual más tabú. Por la tarde, volvió Aman con todas las cosas para el asado, carne, carbón, salchichones, longaniza
y tortillas. Mamá y la tía Arlette se dedicaron a marinar la carne y a preparar el guacamole, mientras Alan y yo nos dirigíamos a su cuarto a jugar FIFA por un buen rato. Al anochecer, mamá nos dijo que teníamos que arreglarnos para la cena, así que, para darle privacidad en su arreglo personal, me duché en el baño
compartido de la planta baja. Me puse unos vaqueros y una camisa de botones que llevaba en mi maleta, y Alan y yo nos fuimos a la terraza, que estaba al costado de la piscina, a esperarlas, mientras encendíamos el bracero.—¿ Hoy de negro, primastro? Me reí de Alan, que traía una camiseta sin mangas, que dejaban entrever sus musculosos brazos, y un sort del mismo tono que le llegaba a las rodillas. Esta noche hay entierro, mi buen Tito, contestó,
guiñándome un ojo. La noche estaba fresca, con las típicas brisnas del verano que anuncian tormentas que nunca llegan, el cielo surcado de estrellas entre densas nubes renegridas y una piscina muy deliciosa que invitaba a darse una ducha. Ya vienen nuestras mujeres, Tito, y el carbón ni siquiera lo he encendido. Soy bueno para eso, Alan, déjame a mí. La carne asada y el bracero es lo que mejor
hacemos los norteños. Los taconeos se hicieron más agudos y audibles a medida que Sugei y Arlette se acercaban a la terraza. Cuando oí el fiu-fiu de Alan, me di la media vuelta para constatar que nuestras mujeres iban brutalmente sensuales a la cena. A pesar de su embarazo, mamá llevaba unos tacones plateados de 10 centímetros que hacían juego con su vestidito blanco, casi transparente, que se ajustaba como un
guante a su escultural cuerpo. Lo que más me llamó la atención no fue el apenas naciente bulto que lucía en su barriga, casi imperceptible, pero que estaba allí, vibrante, anunciando que ya estaba en camino de completar tres meses de embarazo. sino el hecho de que sus pezones y areolas brotaran visiblemente por debajo de su vestido, donde lucían sus dos enormes tetotas, con una caída natural que me
hizo comprender que no llevaba sujetador. Esta noche, ninguna de las dos llevamos ropa interior, sobrino, así que no te escandalices, dijo Arlette, que tenía acogida a mi madre por el brazo, vistiendo una falda mucho más corta que la de mi madre, de color azul marino. en cuyo pronunciado escote también se notaban sus pezones erguidos. Ni brasier ni bragas, en señal de liberación. Ambas mujeres, una rubia y otra pelinegra, llevaban
su cabello suelto sobre sus espaldas, como cascadas brillantes. Y si las formidables tetas encumbradas de mi madre eran un espectáculo para la vista, el culazo de Arlette era una caricia para la retina. Alan se dirigió hacia su mujer. La abrazó, apoyando sus manos sobre sus carnosas nalgas, metió su rodilla en su entrepierna y la besó. Sus lenguas salieron de sus bocas y sus fluidos mojaron sus comisuras
mientras se entregaban entre sí. Con el corazón latiéndome fuerte, miré a mamá, que, con una sonrisa coqueta, me hizo una seña para que me acercara a ella. E, imitando el furor de la otra parejita, yo también atraje a mi madre hacia mí, pegué sus colosales tetas contra mi pecho, hasta sentir que sus duros pezones se clavaban en mi carne. Y me llené las manos con sus corpulentas nalgas, las
cuales comencé a estrujar. Nos estuvimos besando por alrededor de cinco minutos, sin parar, mordiéndonos incluso los labios, chasqueando las lenguas, frotándonos el pecho con sus pechos y sus nalgas entre mis dedos. Hasta que escuchamos el grito de la tía Arlette que decía,¡ Que viva el amor prohibido! Mamá y yo nos tuvimos que separar para responder al vitoreo.¡ Que viva!
Vi a la tía Arlette y me di cuenta de que su delgado vestido se había enrollado en sus muslos y la parte de atrás se había clavado entre sus nalgas gigantes. Alan, riéndose de ella, la ayudó a recomponer la tela hasta quedar como una muñeca.¿ Qué rico recibimiento hemos tenido de nuestros machos, no crees, Suhey? Yo es que no te digo cómo me siento de mojada, querida.
Me sorprendió que mamá dijera algo tan íntimo como eso delante de Alan y de su prima, pero me dije que tenía que comenzar a acostumbrarme a ser libre sin vergüenza ni sobresalto. Pero pasen, preciosas, dijo Alan, como gran anfitrión, acomodamos esas sillas con cojines para ustedes. Tito, con sus dotes norteños, encenderá el asador. Rompí mi propio récord al encender el bracero y me sentí orgulloso de los halagos que Alan me ofrecía por tal hazaña. Por lo menos,
era bueno para algo. Mientras el fuego agarraba fuerza, Alan y yo nos sentamos al lado de nuestras respectivas mujeres en tanto ellas bebían agua de fresa. Alan y la tía Arlette estaban sentados muy juntos, frente a nosotros, cada cual en su silla, y ella tenía las piernas cruzadas, por lo que ver sus muslos tan bien formados y carnosos me quitó el aliento por algunos minutos. Hace rato le decía a tu madre sobre tener ciertas consideraciones a
partir de ahora, sobrino.¿ Qué clase de consideraciones, tía? Dije, destapando una cerveza para darle el primer trago. Verás, cariño, durante el embarazo, ocurren algunos cambios hormonales y fisiológicos en la mujer que afectarán el carácter de tu madre, sus deseos y hasta la forma en cómo hacen el amor. Por poco escupí la cerveza. El grado de sinceridad que tenía la tía Arlette para decir las cosas a veces
me incomodaba. Era demasiado directa, y yo aún no me acostumbraba a que supiera sobre la relación que teníamos Sugei y yo. No, no, Tito, no pongas esa cara, me dijo, riéndose, mientras Alan ponía nachos en una bandeja. Te recuerdo que estamos en confianza. Aquí, en esta casa, mientras no esté mi marido, podemos hablar de sentimientos y de sexo con la misma naturalidad con la que se puede hablar del
estado del tiempo. Sí, tía, lo sé, dije, con sonrojo, mientras mi madre pasaba su mano por mi espalda y me acariciaba, como si intentara relajar mi tensión. Estamos en confianza, solo que, la relación incestuosa entre mamá y yo la tuvimos en secreto tanto tiempo que todavía no me acostumbro a que alguien más comparta nuestro secreto. Tonterías, sobrino, dijo, dando un trago a su vaso con agua. Aquí, de lo que se trata es de ayudar, y lo mismo que ya hablé antes con tu madre, ahora me toca
hablarlo contigo.¿ Respecto a qué? Le di tragos a mi cerveza con prisa, producto de mi nerviosismo. Como dice la chaviza, sobrino, hablaré al chile, muy directa,¿ estás de acuerdo?
Sí,
sí, tía, estoy de acuerdo. Alan veía mi cara asustada y se reía en silencio, mientras me ofrecía nachos. Mamá continuó acariciándome la espalda por debajo de mi camiseta. Sugei está por entrar en un estado de descontrol hormonal que, sin duda, la mantendrá mucho más caliente que de costumbre, sobrino. Lo sé porque todas las mujeres de nuestra familia somos así,¿ lo sabes? Cachondas y con hambre desbordante de sexo. tragué saliva y Alan y mi madre se echaron a reír.
Eso podría parecerte una buena noticia, sobrino, pero a la larga podrías asustarte. Quiero decir que tu madre estará tan caliente, tan cachonda, tan ansiosa de sexo, que llegará un momento en que se volverá adicta e insaciable y te pedirá que la cojas a cada instante. Aunque tú estés molido y ya no tengas leche en los huevos para darle. Por Dios, prima. Se carcajeó mi madre, entre reproche y chiste.
No atormentes a mi bebé de esta manera, ¿quieres? Las cosas como son, querida prima, de eso se trata esta conversación, porque aún no le he dicho lo peor.¿ Lo peor? Abrí los ojos como plato, experimentando el calor de las yemas de sugey en mi febril piel. Sí, sobrino, lo peor es que habrá meses, sobre todo estas semanas venideras,
en que no podrás penetrarla vaginalmente por seguridad del producto. ¿Qué? Exclamé, aterrorizado. Tranquilo, sobrino, pues eso no significa que no puedas tener sexo con tu madre.
Es que, yo, joder. No entiendo, tía. Mira, Tito, continuó
Arlette. Lo que te estoy diciendo es que, en las siguientes semanas, no podrás follarte a tu madre por la vagina, pero, por fortuna, las mujeres disponemos de otros agujeros por los cuales satisfacer a un hombre. Uno de ellos es el culo, por ejemplo. Arlette, por Dios. Siguió su hey destornillándose de risa, mientras Alan hacía lo propio, mirando a su madrastra con falso reproche por estar traumatizándome.¿ Por qué se escandalizan, mi estimado auditorio? Se carcajeó mi tía. Es mejor prevenir un
aborto espontáneo, tomando las mejores precauciones, cambiando de agujero. Así que no pongas esa carita de mártir, Suhey, que tú y yo sabemos que es mejor que, durante estas próximas semanas, tu hijo te la meta por el ano y deje tu vagina tranquila. El sexo anal es algo que aprenderás a disfrutar, si es que no lo has aprendido ya. El guiño del ojo que se hicieron me previno de que ambas se habían contado ciertos secretos. Pero las penetraciones anales, sobrino,
no serán para siempre. De hecho, ya durante el quinto mes y hasta el noveno, ahora sí tendrás que empotrarla nuevamente por el coño. Supongo que ya lo sabes, Tito, porque tu madre me lo ha dicho, así que no es secreto para ti que su gey está muy estrecha. De hecho, tú naciste por cesárea, por si no lo sabías. Por eso, cuando haces el amor con mami, la notas tan apretada. Mi madre suspiraba, entre divertida y avergonzada, sabiendo
que Alan estaba escuchando sus intimidades. Eso supone un problema, dado que necesitará dilatar generosamente el día del alumbramiento para que pueda nacer el bebé. Eso te implicará jugar con su vagina de diversas formas para que ayudes con su dilatación. Tendrás que hacer que el trabajo de parto de tu madre sea lo menos doloroso posible. Y, para ello, el sexo vaginal tendrá mucho que ver. Todos nos quedamos mirando
por algunos segundos, antes de que yo pudiera decir. Tía, no quiero ser indiscreto, pero me parece que, para haber pasado tantos años desde que fuiste madre, tienes muy vigentes todos estos consejos que me das. Sí, es verdad, sobrino,
dijo Arlette, sonriendo. Pero todo tiene una explicación. Ajá. Quise saber.
Yo también estoy embarazada, contestó, y mientras mi rostro se desencajaba, con mi mandíbula casi en el suelo, mi madre se levantó de un salto y corrió hasta su prima para abrazarla.¿ La tía Arlette embarazada? Alan, con un orgullo de victoria, asintió con alegría. Así que ese era el secreto que me ibas a contar, hija de puta. Le gritó mamá, abrazándola con suma alegría, mientras yo intentaba tragar saliva luego de escuchar esta obscenidad que para mí resultó bastante fuerte
viniendo de su hey. Dado que siempre había sido muy reacia para que ni Lucy ni yo dijéramos palabrotas por el estilo en casa.¿ De cuánto estás, Arlette?
Hace cuánto que lo sabes?¿ Por qué no me habías dicho nada?
El bebé es de... Y entonces mamá cerró la boca, separándose un poco de Arlette. Todos nos dimos cuenta de que mamá había sido muy imprudente con su última pregunta. Tranquila, mujer, respondió Arlette sin darle importancia al comentario. Te responderé a todo. Mamá volvió a sentarse junto a mí y Arlette, entrelazando sus dedos con los de mi primo, contestó. Tengo un mes menos que tú, Sugei. Supe que estaba embarazada casi desde el principio, aunque la prueba me la hice casi
un mes después, justo un día antes de que ustedes llegaran. Y, bueno, la pregunta del millón, no,¿ quién es el papá? La sonrisa de mi primastro me lo dijo todo. Lo que están pensando, obvio que el hijo es de Alan.¿ Qué como lo sé? Pues bueno, entre otras cosas, porque en apenas meses he follado con mi hijastro por lo menos 20 veces más que todos los años juntos que llevo con Federico. Además, tú lo sabes, Sugei, a una mujer nunca le fallan las cuentas. Sé bien cuando este cabroncito me sembró a
este pequeño monstruito que llevo en el vientre. Y tengo la completa seguridad de que es su hijo. La muy perra me la hizo buena, se carcajeó Alan, y yo aún no me acostumbraba a que ambos se hablaran de esta manera tan, resuelta, como si fueran mecánicos en lugar de madrastra e hijastro. No me lo dijo hasta hace poco. No saben cuánto lloré de alegría, porque siempre dudé de lo que ella realmente sentía por mí. Arlette es una
mujer muy impredecible. En cierto punto, no sabía si ella me amaba de la misma forma que yo a ella. Durante mucho tiempo, pensé que sólo jugaba conmigo. Y por eso, intervino Arlette, quise demostrarle a este cabroncito pendejo cuánto lo amo. Fede siempre me pidió un hijo, pero yo me negué. A estas alturas del partido, no me veía estando preñada
otra vez. Hace tanto tiempo que paría Carmina, ya saben, la que vive con mi expareja, que, después de casi 18 años, me parecía casi imposible animarme a quedarme embarazada otra vez. Sin embargo, me enamoré de Alan, y, dado que él siempre desconfió de mis sentimientos por él, no encontré otra forma más concreta que quitarme el dispositivo anticonceptivo sin que él lo supiera y dejarme preñar. De esta manera, ahora él sabe lo mucho que lo amo y lo que
estoy dispuesta a hacer por él. Wow, sollozó mamá. Lo que hice por Alan no lo habría hecho jamás por nadie, sugey, se sinceró Arlette. Ni siquiera por su padre. Pero la culpa la tiene este cabroncito de mierda que me tiene sumamente loquita por él. No sólo amo su vergota venosa repleta de leche y la forma en que me folla hasta dejarme las piernas temblando, sino que también se trata de él y la forma en que me hace sentir.
Pues felicidades de nuevo, querida. Aplaudió mi madre, con verdadera felicidad, pasando por alto la forma explícita en que se refería a los dotes de Alan. Caray, tía. Caray, Alan, dije con una sonrisa sincera, aunque a medias, enhorabuena, aunque no sé si debería felicitarlos o darles el pésame, me refiero por el tío Fede. No sé por qué, pero algo me dice que él no sabe nada de esto, ¿verdad?¿ Qué si Fede sabe que estoy embarazada, sobrino? No, claro
que no lo sabe. Mucho menos sabe que el bebé no es suyo, sino de su hijo.¿ Y qué van a hacer entonces? Quiso saber mi madre, apagando su sonrisa. Quiero decir,¿ cómo van a asumir este embarazo? De momento, esperaremos un poco más hasta que llegue el momento de decírselo, contestó Arlette. Le diré que estoy embarazada y, cuando nazca, Alan y yo le diremos la verdad, que el hijo no es suyo, sino de mi amado hijastro. Le diré
que lo amo y que me iré con él. Mi madre y yo nos quedamos en silencio por un momento ante la frialdad de las palabras. Entendí que el matrimonio entre Arlette y el tío Fede terminaría cuando naciera su hijo o hija. Se lo dirían todo a Fede, y yo me pregunté si, en algún momento, mamá y yo haríamos lo mismo con papá y la sociedad.—¡ Qué fuerte!— dije,
pero me alegra escuchar esto. Cuando Fede se enterara de que su esposa había mantenido una relación adúltera con su propio hijo, sería un escándalo brutal, y sabrá Dios cómo terminaría todo esto. Pero ellos tenían la ventaja de que
su parentesco no era de sangre. Esa era la gran diferencia entre revelar mi relación con mamá públicamente, dado la sangre que nos unía.¿ Creen estar preparados para enfrentarse a Fede y las habladurías de la familia y de su entorno cuando salga a la luz la relación que existe entre ustedes dos? Preguntó mamá. Uno nunca está preparado para eso, sugey, contestó Alan. Pero tenemos que enfrentarnos a lo que venga.
Por eso estoy ahorrando. Arlette misma tiene unas pequeñas inversiones que nos ayudarán a salir adelante mientras pongo mi propia imprenta en alguna otra parte del país. Ella y yo nos merecemos vivir nuestro amor sin estar escondiéndonos de la gente. Sin estar escondiéndonos de papá. Entiendo que causaremos críticas y lastimaremos a personas, pero¿ acaso los enamorados siempre se tienen que sacrificar? Mamá y yo nos miramos, y fui yo el que habló. Ojalá mi madre y yo pudiéramos ser
tan valientes como ustedes. Sus circunstancias son diferentes, cariño, me animó la tía Arlette. Y, aún así, estoy segura de que en algún momento encontrarán el momento preciso para que todo salga a la luz. Y ahí estaremos Alan y yo para apoyarlos. Gracias, prima, dijo mamá con lágrimas en los ojos. te juro que, si no fuera por ti y por Alan, no sé qué estaríamos haciendo ahora mismo, mi hijo y yo. Pero, por favor, Suhey, se levantó Arlette.
No vamos a ponernos a llorar precisamente hoy, que es nuestra primera noche en que estamos en esta casa en libertad, sin el peligro de que mi marido descubra nuestras adúlteros amoríos. Así que yo simplemente propongo que estemos felices, que celebremos por lo grande y, sobre todo, que nos amemos sin miedo ni tabúes.¡ Que viva el amor! A continuación, Alan también se puso de pie y recibió el cuerpo de su madrastra, amasando sus grandiosas nalgas y caderas mientras se
besaban apasionadamente. Mamá y yo nos miramos, y luego le di otro trago a la cerveza. Lo que más ansiaba era perder el pudor y hacer frente a Arlette y Alan lo mismo que ellos hacían delante de nosotros, demostrándose su amor y su atracción sin miedo ni recato. Mientras el carbón agarra bien el fuego, deberíamos meternos a la piscina, dijo Alan. El agua se ve deliciosa,¿ nos metemos, nalgona? Le preguntó a la esposa de su padre, dándole un azote en el culo. Vamos, dijo Arlette, antes de tomar
una cerveza y acercarse a mi madre. No, tía. Me escandalicé. En su estado, ni tú ni mamá pueden beber cerveza.¿ Y quién dijo que era para beber? Me guiñó un ojo ella, segundos antes de verter el contenido de la botella sobre el vestido blanco de mi madre a la altura de sus pechos. ¡Ay!
Gritó mamá en el acto.¿ Pero qué haces, Arlette? Por
Dios, qué fría está. Antes de que yo pudiera reaccionar, a mi madre se le transparentaron sus gloriosas tetas y sus pezones erectos bajo la tela de su vestido. Alan clavó sus ojos en los pechos de mi madre y, cuando descubrió que yo lo estaba mirando, se quitó la camisa de mangas, el sort, y, solo con el bóxer puesto, se lanzó a la alberca para aplacar sus calores. La tía Arlette hizo lo propio y se quitó los tacones, y luego el vestido delante de nosotros, quedándose desnuda frente
a mis ávidos ojos. Sus grandes pechos se derramaron hacia ambos lados, y sus nalgas duras, enormes, señor culazo moreno, se balancearon conforme se dirigía a la escalinata de la piscina. Ven con papi, nalgona. Dijo Alan, que recibió a su madrastra en las aguas hasta que juntos se sumergieron. Mamá y yo nos miramos, y luego vi que sus pechos enormes, en efecto, se transparentaban vulgarmente bajo el escote. Suhei, en un susurro seductor, me dijo,« Ahora, mami tiene el vestidito
mojado y lleno de cerveza, mi amor. No vas a desnudarte delante de ellos, ¿verdad, mamá?» Me negué a su
propósito cuando advertí sus intenciones. Mi madre comenzó a morderse el labio inferior y, luego, con sus manos, se agarró los pechos mojados por la cerveza y se los masajeó, mirándome con sus ojos azules directamente en los míos.« Ellos están desnudos», jadeó, apretando sus muslos, dirigiendo su mirada hacia el bóxer de mi primastro que flotaba sobre la superficie del agua mientras Arlette y Alan estaban en una orilla
de la piscina. pasando de nosotros, devorándose las bocas con verdadero ímpetu, mientras las tetas magníficas de mi tía flotaban sobre las aguas. Alan debía tener la acogida de las nalgas, por los movimientos obscenos que manifestaban. Joder, susurré, y, al volver la mirada hacia mi madre, tuve un ataque de pánico al comprobar que sus pechos enormes, mojados, blancos como la leche y con sus areolas y pezones rosados, estaban desnudos.
Y el escote debajo de ellos los levantaba, tan carnosos como siempre, pero ahora con un tamaño que se me
antojó más grande. Mamá. Exclamé. Y error.
La tía Arlette y el primo Alan dejaron de hacer lo que estaban haciendo para mirar hacia mi dirección y ella gritó. Así se hace
prima. Fiesta en pelotas. Toplés. Toplés. Vamos, Suhei.
Me dio ansiedad saber que mamá estaba con las tetas desnudas frente a extraños, que no lo eran tanto, pero esa sensación tenía. Suhei sonrió, mirando hacia la piscina, y luego comenzó a moverse para que sus tetas rebotaran obscenamente. Madre mía, Tito. Volvió a decir mi tía.¿ Todo eso te estás comiendo? pero qué tetazas tienes, mujer, son casi el doble de grandes que las mías. Había olvidado cómo se veían sin sujetador. Y miren nomás esos pezones tan
gorditos y tan duros, parecen frambuesas. La que tiene el culo el doble de grande que el mío eres tú, querida, contestó Sugei, sintiéndose halagada. Pero quita esa cara, Tito, me dijo Arlette, pero yo no quise voltear hacia ellos, porque no sabría cómo reaccionar si descubría a Alan mirando los senos de mi madre. Estamos en confianza
Por qué no te la comes? Vamos. Suhey, tu bebé
está asustado, a lo mejor tiene hambre.¿ Por qué no lo amamantas, como cuando era bebé? Cuando giré hacia la piscina, las bocas de Alan y su madrastra estaban nuevamente devorándose una contra la otra, mirándose de frente. Las tetas flotando de mi tía me calmaron un poco los nervios, antes de que mamá me susurrara en el oído. Mami está muy cachonda ahora mismo, bebé, y, por lo visto, tú tienes hambre, como dijo la tía Arlette,¿ quieres comerme las tetas,
mi amor? Preso del desconcierto y la lujuria, me quité la camisa, obligado por las circunstancias, y luego agarré las dos enormes tetas de mi madre y comencé a estrujarlas con mis dedos y a levantarlas para llevármelas a la boca. El sabor amargo de la cerveza excitó a mi paladar y, con mi lengua, comencé a lamer centímetro a centímetro cada espacio de su piel,
de su carne, de su todo.
Jadeó mi madre, que posaba sus dedos en mi cabello y me hundía la cabeza entre sus tetas. Chupa, bebé, chupa las tetas de mami. Mientras mordía y chupaba las gordas y carnosas tetas de mi madre, oía una voz femenina que provenía desde la piscina, que le decía a mi madre. ¿Podemos, Suhei? Solté sus tetas y miré hacia
la alberca. Allí estaba Arlette con las tetas aplastadas contra la piscina y Alan detrás de ella, acomodándose entre su culo, y yo entendí que, debajo de las aguas, estaban ocurriendo cosas. Según pude apreciar por sus gestos congestionados. Desde luego, querida, contestó mamá sin ningún reparo, para mi sorpresa. Estás
en tu casa. No está tu marido. Hagan lo que tengan que hacer, disfruten. Amense
Rememoremos, experiencias, dijo Alan, acomodándose detrás de la esposa de su padre mientras le besaba el cuello.¿ Te acuerdas? ¿Arlette? El primer contacto que tuve con tus nalgas fue precisamente aquí, en esta misma alberca. Jadeó Arlette pesadamente, y deduje, por el gritito y la cara descompuesta de mi tía, que, debajo del agua, el pollón de mi primo Alan se había clavado dentro de su vagina.¿ O acaso se había deslizado en el interior de su ano, según las recomendaciones
que ella misma me había dado? Joder, susurré, justo cuando sentí que mi madre se ponía detrás de mí y me pegaba las tetas desnudas sobre mi espalda, metiendo su mano caliente dentro de mi pantalón para buscar mi polla y masajearla.¿ En serio íbamos a hacer esto delante de ellos? Mientras tanto, los ojos verdes de mi tía se entrecerraban.
Sus brazos se aferraban al borde de la piscina. Sus caderas comenzaron a sacudirse dentro del agua con un movimiento rápido y frenético, mientras Alan, por la posición de una de sus manos, frotaba con sus dedos su
hinchado clítoris. Ah. Ah. Ay. Um. Observé
atónito cómo la embestía bajo las aguas sin disminuir la velocidad durante más de diez minutos. Su mano acariciaba su clítoris, estaba seguro, y Arlette, con los ojos cerrados y la boca abierta, respiraba entrecortadamente y emitía gemidos de placer. De vez en cuando, las embestidas eran tan fuertes que el cuerpo de mi tía se alzaba en la piscina y sus tetotas aparecían agitándose
en la superficie.«¡ Ah! ¡Oh! ¡Ah!», gritaba Arlette. y
yo estaba asombrado de que ellos estuvieran cogiendo justo frente a nosotros, sin rastros de pena o agobio. Ellos más bien parecían calientes de que nosotros estuviéramos de espectadores, como si fuera un aliciente. Sin darme cuenta, mi madre me había bajado el pantalón hasta los tobillos, y, desde atrás, con sus pezones clavados en mi espalda, me masturbaba mientras veíamos en primera fila un acto de fornicio dentro de
la alberca. Me dolían las bolas de placer, sintiendo las grandes mamas de su jey restregándose detrás de mí, en tanto las agitadas aguas de la piscina cobraban vida en medio de los embates de Alan hacia Arlette. Y, mientras eso pasaba, noté que mamá también se estaba masturbando. Tenía sus dedos metidos en su entrepierna, con el vestido blanco enrollado casi a las caderas, mientras veía la escena que ocurría en la piscina, con los tacones puestos y su
mano libre haciéndome una paja. Yo mismo, con los dedos de mi mano derecha, busqué los pliegues mojados de mi madre y los acaricié. Noté los flujos espesos y gelatinosos que escurrían de su coño caliente, mientras la tía Arlette lanzaba un grito de gozo, que lo acompañó temblando toda, de arriba a abajo, en lo que fue obvio que
se trató de un orgasmo brutal. Alan, que pareció no haber eyaculado todavía, se salió del culo de mi tía y nadó hacia la otra orilla, mientras mi madre y yo nos recomponíamos la ropa, sabiendo que, en segundos, Tendríamos la atención de estos dos pervertidos sobre nosotros. Te veo ardiendo, Sugei, le dijo Arleta mi madre segundos después. Alan estaba nadando en la orilla opuesta. Tus
mejillas te delatan.¿ Por qué no te vienes un rato al agua? Está muy fresca.¿ La
dejas, Tito? Tú, mientras, atiza el carbón y luego te vienes con nosotros. Miré hacia el asador y, en efecto, me di cuenta de que necesitaba de mis cuidados. Para entonces, ya tenía nuevamente subido el pantalón en su lugar, y Arlette, con una mirada de puta viciosa, no dejaba de intercalar sus miradas entre mi madre y yo.« Yo, bueno, claro, no tengo problema», dije, con las palpitaciones de mis venas
haciendo arder la sangre. Si consideras que no le hace mal a su embarazo, mamá puede nadar contigo un rato. Miré hacia el asador y me dirigía él para atizar las brasas con el soplador. Apenas estaba en ello cuando escuché que mi madre se dirigía a la piscina, completamente desnuda, ya sin tacones y con el vestido tirado a la mitad de la terraza. Dios. Suspiré, mortificado, viendo cómo las carnes voluptuosas de mi madre vibraban en cada paso, sus tetas,
sus piernas, sus nalgas. Y ella, como una diosa, presumiendo su desnudez, con su cabello rubio cayendo en su espalda como cascada, y sus ojos azules mirando a mi prima con un ardor que no pude descifrar. Estás buenísima, prima, no me puedo imaginar cómo te pondrás cuando tengas cinco meses de embarazo. tus tetas van a explotar. No seas exagerada, Arlette, dijo, riendo, mamá.
Y entonces comenzó a meterse a la piscina lentamente por las escaleras, mientras Alan, en la esquina opuesta, me miraba de reojo, y luego miraba a mamá con un ardor sin precedentes. Ay, Arlette, tenías razón, dijo Sugei mientras se hundía. El agua está riquísima, ups, me resbalo, ven, querida, ayúdame.
Entonces mamá se sumergió en el agua. Arlette la recibió, tomándola de la mano, y, ya dentro, las dos desnudas, sin ninguna advertencia previa, sus rostros se acercaron uno con el otro demasiado, y, de pronto, ambas se comenzaron a besar.
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
