Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Seduciendo a mamá, parte 43 Así que ese era el secreto del que me hablaste antes, Tito, y por el cual me hiciste saber que mi relación con Arlette estaría bien guardada contigo, puesto que tu secreto era mucho peor. Asiento con la cabeza mientras observo el agua cristalina de la piscina bajo los rayos del sol del mediodía. Debes de estar pensando que somos unos enfermos mentales, ¿verdad? Le digo con pesadumbre.
De qué hablas, primastro? Preguntó Alan. Yo no pienso
nada de eso. Deja de actuar como si no estuvieras horrorizado de que mi madre y yo tengamos una relación incestuosa. Yo mismo sé que esta relación es abominable para la sociedad. No estoy horrorizado, campeón, y tampoco me parece abominable en lo absoluto. Sorprendido sí estoy, pero horrorizado no. Para el caso es lo mismo, Alan. No, no es lo mismo, Tito. Sugei es tu madre. El amor que tiene el uno
por el otro parte de una pureza brutal. Para el amor no hay edades, ni sexos, ni mucho menos parentescos sanguíneos.¿ Tú crees? De hecho, me parece lógico que un hijo y su madre se enamoren, dado el vínculo que existe entre ambos. Vamos, Tito, nuestras madres nos llevan en sus vientres durante nueve meses. Nosotros llevamos parte de su sangre, de sus células, de cada fragmento de vida que nos liga entre los dos. Me parece lógico que se cree un lazo filial que traspasa el amor maternal. Por eso
se aman tanto, porque están enamorados, ¿verdad? Por supuesto que nos amamos, Alan, como no tienes idea. Pero tengo que admitir que al principio solo era deseo. Te juro que nunca antes había pensado en mi madre de una manera lujuriosa e incestuosa hasta que, un día, por casualidad la encontré en el baño, sumergida en la tina y, Fue un shock brutal cuando la vi, allí, con sus pechos
enormes flotando entre la espuma, mientras. No, no creo que sea prudente contarle a Alan la parte donde su hey estaba con el mango de un utensilio de cocina masturbándose. Y desde allí, comenzó una serie de encuentros y desencuentros que bueno, terminó en esto.¿ En serio la viste desnuda en una tina de baño, Tito? Guau, qué morbazo. Yo no sé qué habría hecho si hubiera encontrado a la mía en la misma situación. Supongo que tú, como un hijo normal, te das la media vuelta y te retiras.
Pero yo, yo no hice eso.¿ Y verla en esa situación tan morbosa hizo que naciera en ti un deseo morboso por ella? Sí, Alan. Te confieso que para mí, al principio, me costó creer que la hermosa mujer rubia que estaba sumergida en la tina, con ese semblante lujurioso, con los pechos al aire y una actitud, bastante sensual,
fuera mi madre. Es que te juro, Alan, que ella no parecía ser la misma que solía mimarme y darme el desayuno, la comida y la cena todos los días, la que lavaba mi ropa o me reprendía por no estar haciendo mis tareas. la que iba a misa los domingos, a sus reuniones bíblicas dos días a la semana y la que se desvivía abnegadamente por atender a mi padre y ser ejemplo de rectitud para mi hermana menor. Alan estaba mirándome, escuchándome con atención. Pues ahora que lo dices, Tito,
tienes razón. Sugei es una mujer muy bella, pero tiene una expresión angelical y reservada que nadie pensaría que, bueno, ha sido capaz de tener una relación sexual con su propio hijo. Alan tiene razón. Todas las personas que recién conocen a Sugei jamás se imaginan que en el fondo es una mujer cachonda y morbosa que ama sentirse deseada y tener sexo apasionado con su hijo. Todavía recuerdo cómo vi sus manos debajo de las aguas de la tina de baño, a la altura de la entrepierna, y cómo
se movían y ella hiperventilaba. El color de sus gemidos suaves pero desesperados. Sus ojos grandes, azules, entrecerrados. Su cara de viciosa contrastando con su habitual mirada maternal. el detalle de su boca entreabierta, por donde emitía insistentes jadeos y que le conferían un deje de perversidad a la escena. Recordar sus pezones grandes, erectos y duros flotando entre la espuma,
me puso ligeramente cachondo. Mis pensamientos retrocedieron nítidamente a la imagen de la tina de baño desbordándose por los movimientos indecorosos de mamá mientras se masturbaba. Tal vez el clítoris le brotaba, florecido, sensible, y ella estimulándolo con sus deditos libres. Yo no sé, no lo podía ver, pero con sólo observar el gesto lujurioso de su perfil, pude imaginármela, con sus dedos libres aferrándose al rodillo, clavándose el mango dentro
de su empapado sexo. La punta friccionando su interior mojado, ya abierto por tantas embestidas. Ella gimiendo, rogando en silencio que el utensilio masturbatorio fuese de carne flexible que pudiera adecuarse al interior de su coño. Un suspiro de Alan me interrumpió mis pensamientos insanos, cuando me dijo. Bueno. Tito, por lo menos contigo, esa primera vez que comenzaste a ver a tu madre de una forma más sensual, fue
algo erótico. En cambio yo, la primera vez que vi a Arlette en un ambiente tipo sexoso fue cuando la descubrí en la oficina de mi padre cogiendo con él sobre el escritorio. Fue algo bastante brutal para mí porque para entonces papá estaba casado con mi madre. Y ella sufrió mucho el engaño. De hecho, actualmente me sigo martirizando pensando que mamá no solo perdió a mi padre por el cuerpo de diosa de Arlette, sino también a mí. Joder, murmuro,
eso sí que estuvo bastante jodido. Sí. Tito, de hecho, nuestro amor no comenzó como el tuyo. Nosotros comenzamos odiándonos. Ya lo veo. Y para el caso es lo mismo, primastro. Arlette es la esposa de mi padre y es una perrada total lo que ambos le estamos haciendo. Ponerle los cuernos en su propia casa. No lo sé, Tito, pero es algo cruel. Si mi padre en algún momento se
llegara a enterar de esto, seguro nos mata. No te sientas tan mal, Alan, después de todo, y no quiero sonar cabrón, pero¿ no crees que Federico merece una cucharada de su propio chocolate? Después de todo, por lo que me dices, tu padre hizo sufrir muchísimo a tu madre por el engaño. De alguna manera, tú la estás vengando. Sí, en eso pienso cuando tengo a cuatro patas a mi madrastra. Ambos nos echamos a reír ante nuestras morbosas confesiones. Hablar
de estos temas me tiene un poco caliente. Llevo días sin hacer el amor con mamá y no sé cuánto tiempo podré soportar el celibato. Por lo menos, Tito, tú tienes la completa seguridad de que tu madre siempre estará para ti. Y yo con Arlette no tengo nada claro aún. A veces siento que en verdad me quiere, otras veces creo que solo le gusta nuestro sexo. Es difícil de
imaginar lo que pasará entre nosotros en un futuro. Pues no te doy el pésame, Alan, porque yo solo sé que mamá estará conmigo mientras no llegue otro Nacho a nuestra vida.¿ Otro Nacho?¿ Quién es Nacho? Le cuento la versión corta sobre el amante de mamá y Alan me escucha con atención, haciendo diversas muecas cuando la narración se ha tornado un tanto turbia.¿ Y dices que tienes un complejo de inferioridad porque no estás tan dotado como ese cabrón, Tito?
Asiento con la cabeza y él se ríe. No digas mamadas, campeón,¿ quién te dijo que un pitote es suficiente para satisfacer a una mujer? Lo dice el cabrón que tiene una verga de más de veintimuchos centímetros, le digo con una ceja enarcada. Anoche los vi, Alan, te lo recuerdo, y por lo que pude notar, entre tú y Nacho podrían jugar a los espadachines y no sabría quién ganaría. Alan rompe en carcajadas. Te diré algo, Tito, y espero no
me lo tomes a mal. Lo que tú necesitas no es una verga de metro, sino que sepas cogerte a tu madre como Dios manda. ¿Qué? Sí, cabrón. Me dice entornando su mirada. Teniendo en tu poder a semejante diosa rubia, te lo digo con el respeto que me mereces.¿ Cómo carajos te puedes conformar con darle cógidas tradicionales?¿ Y tú cómo sabes que mi madre y yo tenemos cógidas tradicionales? Yo no te he contado nuestras intimidades. Le digo, sintiéndome ofendido.
No hizo falta que lo hicieras. Me lo has dado a entender mientras me hablaba sobre Nacho. Sugei no es que estuviera loca por la verga de ese cabrón, lo que la volvía loca era el sexo salvaje. Joder, Alan. Exclamo. No sé si quiero hablar sobre sexo salvaje contigo, sabiendo que podrías comenzar a ver a mamá con otros ojos. No digas mamadas, primastro, sé por dónde vas y nada
que ver. Una cosa es que vea lo obvio, porque tengo ojos y lo que ven los ojos no miente su jey está más buena que el pan recién hecho, y otra muy distinta es que vaya a faltarle al respeto de alguna manera. Jamás intentaría nada de lo que piensas con su jey. No soy de los que se meten con mujeres ajenas. Serás cabrón, rompo a reír, supongo que lo tuyo con la esposa de tu padre no cuenta, ¿verdad?
Lo de Arlette y yo es otra cosa, sonríe avergonzado, pero el caso es que no estamos hablando de nosotros, sino de ti y el sexo mediocre que le das a Suhey. Yo no tengo sexo mediocre con mamá. Pues es exactamente eso lo que me has dado a entender, Tito. Lo que tienes que saber es que a nuestras mujeres hay que tratarlas con cariño y amor en la vida diaria, pero en el sexo, allí hay que darles duro contra la pared. Duro contra la pared. Entiendo la referencia, pero
hago esa pregunta para medir sus parámetros. escupitajos, cabrón, nalgadas, azotes, me dice, moviendo las manos como si fuera un mimo, tienes que darle unos besos de lengua, unas buenas mordidas en esas tetotas que tiene, unas mamadas de coño hasta que se le tuerzan los ojos, unas dedadas de culo hasta que comience a gotear, lo de las penetraciones tienes que dejarlas para el final, compadrito. Joder, Alan, murmuro, mirándolo por el rabillo del ojo con un gesto de verdadera vergüenza,
ahora te convertirás en mi mentor sexual. Solo piensa que yo soy el maestro Rossi y tu Goku. Ah, mira, claro, Alan Rossi, me echo a reír. Te pusiste rojo, campeón,¿ cómo así? Se echa a reír. Cógete a tu madre como cajón que no cierra, y no solo en la cama, sino en otros lugares, en diferentes espacios y momentos, evita todo lo convencional y se imaginativo. A ellas les encanta cuando un hombre las lleva por rumbos que no se imaginan. A las mujeres les gustan los hombres que las saben
entretener y que las hacen vivir momentos de adrenalina. Pilas,
mijo. Con semejante hembra y tú tan lento. Pero,
sigue mis consejos y verás, primastro, que en tu puta vida la tía Sugei vuelve a considerar a otro hombre que no seas tú. Todo lo que me dices suena muy bonito, Alan, pero yo no sé si mi madre está preparada para esto o si aceptaría que yo me comportara con ella de esta forma tan, tan, ruda. Quiero decir, con Nacho fue posible porque él era su amante, pero yo soy su hijo. No digas mamadas, Tito. Haz la
prueba y verás que el Señor es bueno. ¿Qué? Que pongas en práctica mis consejos y verás cómo Sugei no sólo terminará más enamorada de ti, sino que también se volverá adicta al sexo que le ofreces.¿ Y cómo se supone que ponga en práctica todo lo que me dices si ni siquiera he podido tocarla desde que llegamos a esta casa? Confía en mí, primastro, y verás cómo todo fluirá. En esta vida todo se puede y todo es posible, menos evitar la muerte. Por la tarde me la pasé
encerrado en mi cuarto. Alan se fue a la universidad y mi madre, que parecía estar meditando, salió con Arlette para hacer las compras. Las escuché regresar un par de horas después, pero ni siquiera por eso salí a ver qué novedades había. Todavía tenía mucha vergüenza de ver a la tía Arlette a la cara. Como a eso de las ocho de la noche, Alan volvió a casa, se duchó y fue conmigo al cuarto.¿ Qué onda, primastro?¿ Cómo vas? Bien, bien, me acabo de bañar para
la cena. Yo también, me dijo.¿ Cómo vas con mami Suhey?¿ Cómo voy de qué?¿ Ya te la cogiste? ¿Qué? Se me abren los ojos como platos. No jodas
Alan,¿ en qué momento? Mamá ni siquiera se ha dignado a venir a verme y yo no pienso salir a buscarla. Se la ha pasado todo el día con la tía Arlette. Salieron de compras y luego se pusieron a hacer la comida. Por lo que oí hace rato, ya se fueron a cambiar para la cena en espera de que llegue tu papá. Así que, como ves, primastro, a mi madre le importa un pito lo que me pase. No vi venir la
bofetada que Alan me dio. De pronto comencé a ver estrellitas hasta que él comenzó a decirme.¿ Qué mamadas son esas de que yo no pienso salir a buscarla si ella no viene a verme, Tito? Alan ni siquiera me dejó responder. Manda a la mierda esas actitudes de niñita mimada y compórtate como un hombre. Tu madre ya no está para cuidarte ni para atenderte, tu madre está para que le pongas unas buenas cógidas y la hagas bramar de placer. Vas lento, Tito, vas lento. 50 puntos menos
para Gryffindor.¿ Y para eso me pegas, cabrón? Le doy un codazo en las costillas. Si de verdad quieres volver loca a Mami Sujei, entonces tienes que tenerla caliente todo el tiempo.¿
Y cómo, si no nos em? Ya, ya, Tito. A ver,
préstame tu teléfono. Como idiota se lo entrego y él comienza a buscar algo.¿ Para qué carajos quieres mi celular, Alan? Espera,¿ a quién le estás escribiendo? Joder, Alan,¿ qué estás haciendo? Listo, campeón, el primer paso ya está dado. Ahora lo demás será cosa tuya. Alan me devuelve mi teléfono y luego sale de mi habitación. Cuando lo vuelvo a desbloquear, noto que
le ha enviado un mensaje a mi madre, diciéndole. Mami, tengo unas putas ganas de llenarte de leche en toda la cara, tus enormes tetotas y en tu boquita mamona. Si no te lo hago durante la cena, te juro que exploto. Joder. Salto de la cama, paralizado, y cuando estoy a punto de borrar el mensaje antes de que mi madre lo lea, noto que un par de palomitas azules se pintan en la pantalla. Pof. Aguardo un momento para ver si ella me responde, pero aunque permanece en línea,
no escribe nada. Cuando menos lo espero, comienzo a leer escribiendo. Mi pecho tiembla, espero un par de segundos y entonces leo su respuesta. Alístate para la cena, cariño. Siento que me echan un baldazo de agua fría cuando leo su escueta contestación. Por lo menos habría esperado una carita coqueta, un comentario subido de tono o algo, pero nada.¿ Qué pasa? Evito responderle nada. Y luego le envío la captura de pantalla a Alan y le digo. Ahí está tu putada,¿
ves que mamá está rara conmigo? Alan me responde con un simple, ya veremos qué hacer, tú relax. Cinco minutos después salgo del cuarto y me dirijo a la cocina. No puedo evitar mirar con cierto mórbola encimera, donde ahora está recargado el tío Fede, mientras ayuda a poner la mesa, y donde anoche estaban su hijo y su esposa fornicando
como cajón que no cierra. Buenas noches, sobrino, me dice la tía Arlette, que lleva puesto un vestido corto, negro como sus tacones, que se ajusta a sus anchas caderas y que le hace un culazo brutal, llegas a la hora. Siéntate junto a Alan, que ya está en el comedor. Detrás de la tía Arlette veo una melena rubia, brillante, y un vestido rojo, intenso, que llega varios centímetros arriba de la rodilla, que está sacando del horno unos postres
que al parecer ha hecho para la cena. Hola, Tito, mi vida, me dice ella cuando se gira para verme, tirándome un beso desde la distancia. Hola, ma. No puedo creer que lleve un escote tan pronunciado como ese. La mitad de sus tetotas están al descubierto, tan blancas como la leche. Encima lleva puesto un colgante dorado, como sus tacones de plataforma, que debió regalarle la tía Arlette y que hace que todas las miradas vayan justamente a su escotazo. Me siento junto a Alan y éste me saluda con
un puño contra puño.« Quita esa cara, Tito». Mami Sugei ha estado haciendo los postres, por eso no tuvo tiempo de contestarte más. Sí, claro, respondo incrédulo. A los pocos minutos, mi madre se sienta justo frente a mí y la tía Arlette a su lado, frente a Alan. En lo que respecta al tío Fede, se coloca en la punta
derecha de la mesa, más alejado de todos. Toma el periódico y comienza a leer mientras todos empezamos con la cena, como niños buenos, devorando unos deliciosos chamorros ahumados que preparó Arlette junto a mi madre. Fede, el pobre cornudo, parece menos tenso que los primeros días y actúa como si ya se hubiera habituado a la presencia de sus nuevos inquilinos.
Pero ni siquiera él, que parece ser un hombre elocuente y caballeroso, es capaz de rehuir a los encantos mamarios de mi Santa Madre, que los lleva orgullosa en ese escote de muerte y que le lucen verdaderamente enormes. He sorprendido varias veces a mi tío mirándole los pechos cuando da vuelta al periódico, y en cierto modo no lo culpo, las mamas enormes y esponjosas de su jey son brutales.
Lo que me parece curioso es que Alan, mi primastro, tiene más voluntad que su propio padre y evita con más ahínco repasar las tetas de mi madre, y no es por falta de deseo ni de ganas, sino porque está tratando de respetarme. Yo, sin embargo, y lo digo con pena, no he podido resistir la tentación de clavar mis ojos en las nalgas gloriosas de la tía Arlette mientras servía la cena. Pero es que esa mujer, con tres entones, es capaz de matar a una vaca. Vaya
primas están hechas en esta familia. Una tetona rubia y la otra nalgona morena. De pronto, mientras pienso en eso, la tía Arlette dice. Fede, querido, a partir de hoy Tito y Sugei dormirán en la misma habitación.¿ En la misma habitación? Los ojos del tío Fede aparecen sobre el periódico y nos mira con curiosidad. Pero Arlette, el muchacho querrá tener su privacidad y su gay también,¿ por qué los quieres poner juntos? Oh, no, Federico, querido, responde mamá
fingiendo pesadumbre. En realidad fue una solicitud mía. Con esto que ha pasado en mi matrimonio y la separación de mi hija, he estado muy nerviosa durante las últimas noches. Preferiría estar con mi hijo para sentir compañía. El tío Fede no conoce las razones de la separación de mis padres, pero imagina que el responsable fue Lorenzo, por alguna infidelidad de su parte. Y por supuesto, yo no tengo la intención de aclararle las cosas. Bueno, siendo así, no veo
el problema. El cuarto es grande y ahí hay un sofá para que pueda dormir Tito. Sí, el sofá será bueno para mí, respondo nervioso, y con una mirada cómplice nos observamos mi madre, la tía Arlette y Alan, quienes en el fondo sabemos que yo el sofá no lo usaré en absoluto. Volvemos a picotear los deliciosos chamorros, cuando de repente Alan me dice en un susurro. Si quieres ser un verdadero semental, primastro, entonces tienes que arriesgarte a romper los esquemas y, sobre todo, a poner caliente a
tu hembra con grandes dosis de adrenalina. Lo miro con un signo de interrogación y él me guiña un ojo mientras gesticula con su boca observa. De pronto veo cómo tira su billetera deliberadamente debajo de la mesa de madera de olmo y un montón de monedas parecen rodar en el suelo.¿ Qué pasó? Vuelve a preguntar Fede cuando mira por encima del periódico. Alan, cabrón,¿ la billetera otra vez?¿ Qué puta manía la tuya de sacar la billetera mientras comemos?
Lo siento, pa, dice Alan con un gesto angelical, se me resbaló cuando traté de sacar mi celular. Pero ahora levanto las monedas. El tío Federico menea la cabeza con gesto de desaprobación mientras mi primo político echa para atrás la silla, se pone de rodillas, y antes de meterse debajo de la mesa me dice. Distráelo y cuídame la espalda. Los nervios se apoderan de mí cuando apenas entiendo lo
que el cabrón piensa hacer. Levanto la mirada justo hacia donde están mi madre y mi tía, que parecen ajenas a lo que nosotros hemos conversado, pero en menos de diez segundos noto como mi tía da un largo suspiro mientras abre la boca por completo. ¡Uy! Gamarlath y rápidamente echó un vistazo hacia el tío Fede, que continúa inmerso en su diario. Mi madre eleva la vista hacia su prima cuando la oye gemir, pero no parece ser consciente
de lo que pasa debajo. Miro de reojo a mi tía y veo como sus mejillas comienzan a adoptar un color rojizo. Alan le está metiendo los dedos en su coño o, en el peor de los casos, se la está chupando.¿ Pero es posible tanto descaro? Si Fede se entera,
se arma la de Dios. 1. Jadea la sinvergüenza de Arlette y es ahí cuando el tío Fede mira por arriba del periódico y entiendo que yo tengo que salir al rescate.¿ Es verdad que tu imprenta hará todas las lonas y volantes de las candidaturas para las alcaldías y el jefe de gobierno de la Ciudad de México, tío? Oh, sí, Tito, y es una chinga. Te explico. No sé cómo es que el tío Fede no se da cuenta de los gestos de zorra que hace la tía Arlette ni de
los chapoteos que se oyen debajo de la mesa. Pero mientras él me explica a detalle toda la logística de impresión, yo miro de soslayo como Arlette se estremece en la silla mientras los chapoteos, como si un perro estuviese bebiendo agua de un tazón, sobresalen desde debajo de la mesa. Guau, finjo sorpresa cuando la silla de la tía Arlette comienza a temblar, y, y,¿ cómo ves tú, quién crees que
ganará las elecciones? Uy, muchacho, ahora sí que ni cómo hacerle, todos están de la chingada, yo como le digo a Arlette, y empieza a parlotear mientras su hijo le sigue comiendo el coño a su esposa, en su propia cara. De pronto, mientras el tío Fede parlotea, es mi madre la que emite un gemido. Un gemido que se ha prolongado más
de la cuenta.¿ Se dio cuenta ya de todo? Mientras el tío Fede me sigue platicando, noto que la punta de un tacón me está rozando la entrepierna, y entonces, al mirar hacia abajo, horrorizado veo que no es el tacón dorado de mi madre, sino el tacón negro de la tía Arlette, que lo tiene justo en mi entrepierna, estirado, mientras su hijastro le hace una brutal comida de coño que hace que sus ojos se pongan en blanco. Y ya no sé lo que está pasando. La mirada viciosa
de mi tía está completamente congestionada. Su boca se entreabre y de pronto se muerde el labio inferior. Sus gestos son tremendamente putones. Los que antes eran de izquierda, ahora son de derecha, dice mi tío, en tanto mi madre me mira con un gesto de horror que logro interpretar. ¡Ah! exclama Arlette y todos nos quedamos paralizados. Ella recoge su tacón y Fede le pregunta qué le pasa. Perdón, cariño,
pero me dio un calambre. Otro calambre, mujer. Y mientras Alan sale de debajo de la mesa, con un par de monedas en la mano, el tío Fede se enfrasca en una conversación sobre los recurrentes calambres de su esposa y cómo Alan suele ser quien la ayuda con los mismos. Sin duda es una fortuna que Alan esté aquí, dice la cínica de Arlette, que parece estarse acomodando su vestido y su ropa interior. Y cuando mi primo se sienta a mi lado, noto que el muy cabrón tiene la
cara mojada, incluso su nariz. Le hago una seña para que se la limpie y noto que la mano con la que trata de enjugarse también está bastante mojada y huele a sexo. Hasta a mí me llega el olor a hembra. Apenas estoy tratando de tranquilizarme cuando de pronto Alan me dice en otro susurro. Cuando tu madre vaya por los postres a la cocina, Tito, ve detrás de ella para que le ayudes. Allí, haz que te la mame y ponle semen al postre que ella se vaya
a comer. Recuerda, adrenalina, todo es adrenalina. Mi cara debe de ser la de un estúpido, porque cuando Fede me observa me pregunta.¿ Te sentó mal la comida, Tito? Te miras muy pálido. No, no, respondo casi tartamudeando. Estoy bien. Entonces la tía Arlette, que me mira con esa misma expresión de puta satisfecha de antes, comenta. Tal vez necesita algo dulce.¿ Por qué no traes los postres que preparaste
para nosotros, querida prima? En ese momento me entra una ligera sospecha.¿ Es que Alan y Arlette están complotando algo?¿ Cómo es que Alan me pide que vaya detrás de su jay por los postres y ahora, convenientemente, mi tía le pide a mamá que los traiga? Es mucha casualidad. Por supuesto, dice mi madre tetona, pero primero debo ver
si ya están a temperatura ambiente. Mi madre, con sus enormes tetas resplandeciendo sobre su escote, se levanta de la silla y casi en automático yo también me levanto.
Te ayudo, mamá. De acuerdo, cariño. Vamos a
la cocina. La tensión que hay entre mi madre y yo cuando llegamos a la cocina es bastante incómoda. A lo mejor me estoy imaginando cosas, como es habitual, pero siento que todo esto es muy raro. Mientras Shuggie clava un tenedor en los panecillos para revisar la consistencia, no puede evitar sacar el tema de lo que acaba de pasar en la mesa con Alan y Arlette.¿ Viste lo que hicieron este par de locos, mamá? Eh. Pregunta a ella como si
no supiera de lo que hablo.¿ De qué hablas, cariño? De lo que hizo Alan, debajo de la mesa. ¿Alan?
Responde mamá, mientras en la distancia escuchamos los murmullos de la perfecta familia que está en el comedor.¿ Qué hizo Alan debajo de la mesa?¿ Los viste, Sugei?¿ Para qué finges que no? Mi madre, cuando termina de clavar el tenedor en el último panecillo, se incorpora y me mira, con fingida sorpresa.¿ Qué hizo Alan debajo de la mesa, mi bebé? Le estuvo comiendo el coño a la tía Arlette y creo que hasta la estuvo masturbando con los dedos.
Suge y abre sus ojos azules de golpe. De pronto veo cómo se relame los labios y me dice.¿ En verdad eso hizo, mi bebé? Sí, por eso el cabrón tiró las monedas al suelo, mami, para luego fingir que las recogía ahí, estando abajo, abrirle las piernas a su madrastra ahí, pues eso, pero joder, mamá, fue delante de Fede. Yo me moría del miedo de que Fede se fuera a enterar. Enséñame cómo lo hizo, cariño, me pregunta mi madre de repente, haciendo una expresión lasciva.¿ Qué dices, mamá?
Pregunto yo sin entender lo que me sugiere. Sí, mi bebé, enséñale a mami cómo fue eso de las monedas, lo que hizo el travieso de Alan con Arlette. Cuando menos lo espero, mi madre agarra el tenedor con la punta de sus dedos y lo deja caer al suelo. ¿Mami? Suspiro hondo al comprender que ella ha tirado el tenedor al suelo como equivalente a las monedas que Alan tiró bajo la mesa hace un rato. Tito, levanta el tenedor de mami y enséñale lo que hizo el travieso de
Alan con Arlette debajo de la mesa. Yo puedo resistir absolutamente todo, pero nunca a esa irresistible voz mimosa y
seductora de cuando su hey, mi progenitora, se pone cachonda. Entonces, cuando menos lo espero, mi madre se sienta en uno de los bancos que están frente a la isla, separa un poco sus piernas deliciosas y, tras corroborar que hay un muro que separa la cocina del comedor, con mi falo creciente, me pongo de rodillas en el suelo como un perro hambriento y coloco mis calientes manos en las gordas piernas de mi progenitora. Estás igual de loca que ellos,
mamá. No estoy loca, mi bebé. Estoy caliente. Puff. Digo, suspirando.
Por eso dime, hijo mío,¿ qué más hizo Alan cuando se puso de rodillas? Enséñale a mami lo que él hizo con Arlette. Joder. Cuando ella se enrosca el vestido en sus caderas y yo separo sus piernazas con las manos, veo que mi madre no está usando bragas ni tanga. Ha estado desnuda de la entrepierna todo el tiempo. Su geise sube un poco más el vestido rojo para que yo pueda mirar y aspirar con detenimiento lo que me ofrece,
que son sus genitales ardientes y mojados. Acerco mi cabeza hacia su entrepierna y aspiro el fuerte aroma a hembra en celo. Sus pulpas vaginales están limpias, abultadas, depiladas, hinchadas y apretadas, abundantemente pegajosas por la cantidad ingente de fluidos que escurren desde la oquedad de su palpitante rajita. Los labios menores y mayores de mamá están abiertos ligeramente. Su clítoris ya se ha expuesto, palpitando, reclamando mi lengua como
todo el resto de su vulva. Como toda su conchita rosada que brilla aceitosamente. Guau, mami, estás empapada. Las primeras chupadas de coño se las doy bruscamente, pero usando mi lengua por completo, lamiéndola de abajo hacia arriba hasta llegar a su clítoris. En mis siguientes lamidas, sus carnosos labios vaginales se abren y se hunden lentamente en el agujerito que no deja de segregar flujos vaginales. 1. A. Gime mi madre, mientras mis labios absorben los pliegues de su
vagina y los muerdo suavemente. O. Mi bebé. Qué rico te comes la conchita de mami 2. Alan es tan considerado con nosotros que ha elevado su voz con el tema de las elecciones para que no se escuchen nuestros propios ruidos. Su plática es muy animada mientras los fluidos de mi madre se filtran por mi boca, al tiempo que su rajita palpita entre mis dientes y su hendidura se hace más extensa bajo mi lengua. Uf, mi bebé hermoso, mami
quiere más. Noto que su vagina está más caliente de lo que había notado antes y tiene un sabor fuerte, entre dulzón y saladito, que fluye en mi boca mientras lamo los bordes carnosos de sus pliegues, con un olor acre que magnifica el sabor que tiene mi boca.¿ Estás caliente, mami? Le digo entre susurros, separando mi boca de sus genitales, y ella gime como respuesta. Eres la madre más putona del mundo, Sugei. Estoy ardiendo, Tito, hijo, cómeme el chocho.
Cuando menos lo espero, levanto la mirada para apreciar los gestos lujuriosos de mi madre, pero cuál es mi sorpresa al descubrir que ella ya tiene sus obesos pechos fuera del escote. Desparramados eróticamente con una caída natural, carnosos, duros, blancos, con algunas venitas azules decorando las enormidades, con sus pezones empitonados y sus areolas enormes erizadas.
Un,
bebé, mi bebé, mami quiere que la hagas correrse a chupadas, mi amor. El sujetador está arrugado debajo de sus dos orbes de carne y ella juega con sus pezones utilizando las puntas de sus uñas. Mientras lo hace, sube sus piernas pesadas sobre mis hombros y, de esa manera, me impulsa hacia sí para enterrar mi cabeza en su sexo. La idea de que Fede, Arleto o el mismo Alan se aparezcan de repente en la cocina me asusta y
me excita por partes iguales. Ahora entiendo que esta es la adrenalina de la que Alan me había estado hablando. Las enormes tetotas de mi madre bailan sobre su pecho mientras ella se las acaricia y se las aplasta con los dedos cual zorra hambrienta. Mami quiere más, mami quiere más. Mi falo palpita dentro de mi pantalón ante las perversas
palabras de mi madre. Todas mis papilas gustativas experimentan la sensación ardiente de su acosa vagina, de cada gota que me ofrece su néctar femenino, que incluso parece quemar mi garganta. De pronto, con mi lengua todavía clavada en su hendidura, sus labios se contraen y me la aprietan. Las manos de mi madre recogen las mías y las lleva hasta sus duras tetas. Las amaso, las estrujo, y percibo sus duros pezones clavándose en mis palmas. Estás chorreando, mami. Oh, sí, sí.
Mi lengua sigue ingresando entre sus viscosos labios, dando grandes y prolongadas lamidas. Mi paladar se vuelve saladito y cuando empiezo a chapalear, mamá cierra sus muslos y me aplasta la cabeza, seguido de un fuerte. Oh. Ja. Las risotadas de Alan y Arlette son exageradas. Están enmascarando nuestros jadeos. Ambos deben estar intuyendo que mamá y yo estamos ocupados en algo importante y ahora están distrayendo al tío Fede.
Mientras tanto, su hey desprende más secreciones por el estímulo que le da mi lengua y con uno de mis dedos palpo la punta de su hinchado clítoris.¿ Quién tiene una mami putita, hijo? Yo. Jadeo entre chupada y chupada mientras aprieto sus tetazas con bastante fuerza. Yo tengo a una mami bien putita. Joder, mi amor. Soy tu putita, tu putita. Inmediatamente después, hundo mi cara dentro de su
sexo y le doy nuevas chupadotas de rajita. Su vagina palpita caliente, y ante cada lamida, parece que desprende nuevos flujos sexuales. Oh. Dios. Mi verga no deja de palpitar, es más, siento que ya estoy escurriendo con mis líquidos preseminales. pero entonces escuchamos un ruido estridente y una voz que dice, papá,
no seas impertinente. Mi madre salta del banco, se acomoda el escote, y yo, por los nervios, me quedo en el suelo, hasta que de pronto escuchamos unos pasos acercándose y luego la voz de Fede que nos dice,¿ pasó algo, Sugei? Vine por si necesitan ayuda. Detrás de él aparecen Alan y Arlette, que nos miran con un gesto de susto, pero al saber que no nos han descubierto en nada raro, sonríen.
Estaba enfriando los panecillos, Fede, dice mi madre, mientras yo me levanto del suelo.¿ Qué pasa con tu cara, muchacho? Estás mojado, tienes la boca como cremosa o transparente. Estaba tomando agua, eso es todo.¿ Por qué no vienes a las tumbonas un momento, papá? Alan lo toma del brazo, intentando librarnos de él. Acá esperamos el postre. Bueno, dice él, pero solo un rato porque mañana tengo que madrugar. Apenas Alan y Fede están saliendo de la cocina cuando, de pronto,
mi madre se desvanece. Voy hasta ella y apenas consigo atraparla entre mis brazos antes de que caiga al suelo.
Mamá. Suhey. Grita Arlette. Por Dios, Alan,
ayuda a Titor y llévenla al sofá. Entre Alan y yo acercamos a mi madre al sofá, pero ella continúa completamente desorientada y desfallecida, debilitada. Fede trae un poco de alcohol y se lo ponemos en la nariz de mi madre. Ella reacciona, pero de pronto la noto muy fría y sigue sin poder decir nada. No, no, esto sigue muy mal, comenta Arlette, que parece un poco aprensiva, Alan, por favor, ve con el doctor Medrano y dile que venga de inmediato.
Y tú, Tito, no estés asustado, el doctor vive al lado de esta casa, espero que esté, de lo contrario, la llevamos a emergencias. Joder, digo completamente horrorizado. Fede, por favor, ve por una almohada para ponerle a Suhey bajo su cabeza, y mientras yo iré por una pastilla para el mareo, las tengo en el botiquín. Cuando nos dejan solos, me siento en el sofá y acuesto a mi madre en mi regazo. La empiezo a frotar en la cara y
le sigo colocando la torunda con alcohol en la nariz. Mami, mami, dime que estás fingiendo para que Fede no sospeche nada entre nosotros, te juro que no vio nada. Fede no sospecha nada, por favor, reacciona, no me asustes. Mi terror se acentúa cuando descubro que mi progenitora no está fingiendo. Tal vez la tensión de saber que Fede por poco nos descubre la descompensó.¿ Qué le pasa, Dios mío? Ella no es la clase de persona que suele desmayarse, y
que yo sepa, tampoco tiene problemas de hipertensión. El doctor Medrano es un médico cuarentón que parece saber lo que hace. He pasado los 50 minutos más horribles de toda mi vida, esperando fuera de mi cuarto, que fue donde ingresaron a mamá para que se recostara. El doctor ha ido a su casa dos veces por algunas medicinas y pruebas que necesitaba hacerle a mi madre. Dos veces le he preguntado
si es grave o si necesita hospitalización. Pero en ambas ocasiones él me ha respondido que no hay necesidad, que ella está bien. Entonces,¿ qué carajos tiene mi madre? Exclamo cuando el médico sale del cuarto por tercera vez y mis nervios ya no pueden más. Si no me lo dice, el que se va a morir de un infarto soy yo. No sé si la sonrisa que el médico me dedica es buen augurio o un gesto de consolación. Tranquilo, muchacho, tranquilo,
entiendo cómo te sientes, pero ella está bien. ¿Bien? Me burlo,¿ entonces por qué ha tenido esa descompensación?¿ Sujei
es tu madre, jovencito? Sí. Sí. Ella es
mi madre,¿ cómo podría explicarle a este imbécil que mamá también es mi mujer?¿ Cómo está ella?¿ Qué
tiene? Felicidades, jovencito, va usted a tener un hermanito. ¿Qué?¿ Qué dice? Toda la sangre me desciende
hasta los talones. Su madre, la señora Suhey, está embarazada. Por Dios. Exclama Arlette ante la mirada atónita de Alan y ante el brutal impacto que siento justo en mi pecho que pareciera que acaba
de explotar. Mi madre embarazada. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
