SEDUCIENDO A MAMÁ - PARTE 42 (Relato Erótico) - podcast episode cover

SEDUCIENDO A MAMÁ - PARTE 42 (Relato Erótico)

Jul 02, 202539 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Seduciendo a mamá

Speaker 3

parte 42 No todo sale según lo previsto.

Speaker 2

No siempre la felicidad que pretendes tener a tu alrededor es tan plena como quisieras después de que te quitan parte de tu existencia. No se me malinterprete, mientras escribo estas líneas, delante de mi computadora, estoy feliz, estoy inmensamente feliz, pero esta felicidad no ha podido ser tan plena desde que mi padre, a través de la policía capitalina, nos quitó a mi hermana, la cual está bajo su custodia

mientras consigue la mayoría de edad. Sucedió justo después de que Alan nos llevara a donde tenía estacionado el coche en el aparcadero de la central de autobuses de la Ciudad de México, de pronto, una horda de policías nos detuvo y nos arrestó. Ni siquiera pudimos despedirnos de mi hermana. Cada vez que recuerdo sus lloros y sus gritos, me

parten el corazón. Si libramos la cárcel no fue por falta de denuncia, sino porque mi hermana testificó que ella se había escapado sola de la casa de papá y que, sin que nosotros lo supiéramos. Se había subido al mismo autobús que nosotros cuando descubrió que estábamos saliendo de la ciudad. No puedo describir el dolor que siento al recordar este episodio tan terrible y que mantuvo a mi madre en

un estado de tristeza durante varios días. Al llegar a casa, la celebración que nos tenía preparada la tía Arlette y Federico, su marido, se vio interrumpida cuando aparecimos nosotros y nos encontraron destrozados. Pero tiene que haber una explicación, Sugei. Las escuché hablar a solas esa misma noche a mi tía y a mamá, mientras Alan, o mi primastro, como me llamaba él, me enseñaba la casa donde a partir de

ese momento viviríamos. Lorenzo no puede ser tan hijo de puta para quitarte a tu propia hija, Suhey.¿ Podemos ver a algún abogado para qué? No, no, Arlette, oí que respondía mamá, hay razones de sobra para que Lorenzo me la haya quitado. Pero eso, es algo que te contaré después. Fue una fortuna que yo me hubiera quedado con la mochila de mi hermana, porque si los policías hubieran encontrado su teléfono, el trípode, sus trajes de colegial ahí, sobre todo,

los videos que grabamos en el motel. Ahora mismo Suhey y yo estaríamos en la cárcel librando una condena al creer que estábamos ejerciendo de proxenetas de Lucy. Hey, Tito, me dijo Alan cuando me mostró un cuarto que estaba en la planta de debajo de aquella gran casa, este será tu cuarto. Yo estoy al lado para cualquier cosa que necesites. Es una putada lo que pasó con tu hermana, pero en lo que a mí concierne, tendrás todo mi

apoyo mientras estés aquí. Gracias, Alan, en verdad. Mi primer infierno no había terminado, y lo supe cuando entendí que yo no podría dormir en el mismo cuarto que le habían asignado a mamá. Una planta de distancia nos separaba. El de Suhey estaba frente al cuarto máster donde dormían Arlette y su marido. Yo abajo, junto al de Alan. Las primeras dos semanas de adaptación en aquella casa las pasé un poco distante con Suhey. Mi tía acaparaba toda

su atención y casi nunca la dejaba sola. Parecían estar poniéndose al día de todo lo que no se habían contado en años. Hablaban continuamente de la reunión familiar que tendríamos todos en un mes, la fecha que habían propuesto antes se había pospuesto dadas ciertas dificultades que había entre la tía Roxana, Gael y mi tío Jesús. Así que

todos estos días los pasé separado de mamá. Apenas podíamos encontrar breves momentos a solas que utilizábamos para abrazarnos, besarnos y decirnos cuánto nos amábamos, mientras intentábamos superar la separación de Lucy. No te impacientes, mi amor, me dijo mamá una de esas pocas veces en que mi tía salió de casa, Alan se la pasaba en la universidad y el tío Fede en la imprenta donde trabajaba, y nos quedamos solos en la casa. Pronto estaremos juntos de tiempo completo.

Te extraño horrores, Sugei, no sabes cuánto. Le dije, mientras mi madre estaba sobre mí, con su chochito mojado clavado sobre mi pene y sus tetas enormes y sonrosadas sacudiéndose sobre su torso. Me estaba muriendo por sentirte, mamá, te lo juro. Lo sé, hijo, lo sé. Saltaba ella sobre mi verga, moviendo sus caderas de forma sensual, con su gesto deformado, su cabeza echada hacia atrás, su cabellera rubia casi tocando mis propias piernas.

Speaker 3

Pero no podemos tomar riesgos, no ahora. Ah. Ah. Ah. Mi madre extrajo

Speaker 2

la lengua, flexionó su rostro sobre el mío y empezó a lamerme la boca como una fiera. Y es el morbo, el puto morbo lo que más me excitaba de todo eso. Sus tetas ahora se aplastaban sobre mi pecho. Sus pezones calientes se hundían en mi piel. Y ella jadeaba y gritaba mientras yo estrujaba sus nalgas. Empuja, empuja.

Speaker 3

Gritaba ella en mi boca, con su lengua mojándome la mía. Ja. Hijo, sí.

Speaker 2

Cuando arrecié mis penetraciones, ella volvió a arquear la espalda. Los chapoteos de mi pene atacando su empapado coño se acompasaban con sus gritos que me ensordecían. Entonces, tras los días que tenía sin cogerla, eyaculé poco después muy dentro de ella, y mamá, sufriendo espasmos pélvicos, se tumbó sobre mí,

agitada y muy mojada, hasta quedarnos dormidos por varios minutos. Mamá, le dije días después, he estado pensando que podemos usar el canal de Telegram de mi hermana para hacer videos tú y yo y venderlos como lo que somos, una pareja incestuosa de madre e hijo. Es muy arriesgado, mi niño, me dijo en primera instancia, pero si crees que eso nos puede ayudar para generar algo de dinero y ya no depender de la familia de la tía Arlette, me

parece bien. La tía Arlette ha sido muy generosa con nosotros, mamá, le dije. Why Alan, aunque solo puedo tratar con él los fines de semana que no va a la universidad, es un tipo fantástico. Lo sé, mi niño, la verdad es que estoy muy a gusto aquí. Si tan solo tu hermana estuviera con nosotros. Y es que la tía Arlette es una mujer verdaderamente hermosa, una latina de pelo largo, liso y tan negro como sus pupilas. Sus ojos verdes, por el contrario, son un contraste tremendo a su rostro

felino y definido. Tiene nariz recta, labios grandes, esponjosos, y una mandíbula tan delineada que la hace parecer feme fatale. A diferencia de mi madre, que es rubia, Arlette tiene la piel acanelada, brillante, con unas caderas prominentes y de apariencia firme que coinciden perfectamente con el tamaño aparatoso de su culo. Suena atrevido decirlo, pero con esas nalgas tan potentes que tiene bien podría matar a un cristiano a centones.

Sus senos también están bien colocados en su pecho, redondos, eniestos. Y un vientre plano que suele lucir cuando se pone blusas ajustadas que se adhieren a su cuerpo y otras más que son más cortas que en ocasiones dejan al descubierto su ombligo. Arleth tiene un carácter fuerte pero divertido. Su voz es firme pero condescendiente. Nos hace reír con sus ocurrencias frecuentemente y dado que tenía muchos años de no verla, el impacto que sufrí al presentarme ante ella

fue de lo más ostentoso. Estaba nervioso, siempre me ponen nervioso las mujeres intimidantes como ella. Sin embargo, la tía Arlette es de la clase de mujeres extrovertidas que, sin importar su apariencia, siempre te hace sentir en confianza. Lo que más me llamó la atención desde que llegamos a esa casa fue la relación tan extraña que tenía ella

con Fede, su marido, y con Alan, su hijastro. Fede siempre me pareció un buen tipo, pero desde que nos instalamos noté que su retraimiento se debía a que tenía problemas con su mujer, aunque ambos intentaran disimularlo.« Parece que no se llevan bien, mamá», le susurré una vez que los escuché discutir. Con Alan, su hijastro, la cosa no

era tan normal como creía. Cuando estaba Fede cerca de ellos, los dos parecían tener una relación cordial, afectiva y muy cercana, pero cuando éste se ausentaba y creían que mamá y yo no los veíamos, parecían odiarse y discutir como si fuesen perros y gatos. Algunos días Alan se iba a casa de su novia, que no era otra que mi prima Carmina, la propia hija de mi tía Arlette, misma que ésta había tenido en una relación anterior. Y entonces

allí creí encontrar el verdadero motivo de tantas discusiones. Pensé que a la tía Arlette no le parecía bien que su hijastro se estuviera acogiendo a su propia hermanastra. Y probablemente eso mismo habría seguido creyendo de no ser porque una madrugada me encontré en la cocina a Alan y a mi tía Arlette en una muy comprometedora situación. Esa

noche recuerdo que no podía dormir. Me sentía un poco congestionado durmiendo solo en mi cuarto, sin saber cuánto tiempo podría soportar estando lejos de la cama de mi madre.¿ Cómo explicarle a la tía Arlette mi necesidad de tener que dormir en el mismo cuarto que ella sin que sospechara algo raro? Encima, el cuarto de mi madre estaba justo frente al suyo y temía ser descubierto alguna vez metiéndome a donde estaba su jey. Entonces me levanté de la cama, me dirigí hacia la cocina para tomar un

poco de agua y los vi. Arlette estaba parada frente a su hijastro, con su enorme culo pegado a la encimera de la isla de la cocina y sus ojos verdes brillando con un deje de súplica y rechazo a la vez, que no me dejó entender de momento lo que pasaba. Alan la miraba con hambre y ella con deseo. Decir que la tía Arlette estaba vestida es casi una descripción innecesaria, dado que sólo llevaba puesta una bata blanca,

completamente transparente. que me recordó a aquella bata que traía puesta mi madre la primera noche que le chupé sus hermosas tetas y que, por consiguiente, le revelaba todo su hermoso cuerpo. Los pezones oscuros de mi tía golpeaban la parte alta de la tela transparente. Los bordes de abajo apenas le llegaban a la mitad de los muslos, y yo me preguntaba qué demonios hacía Arlette allí, en la cocina, a deshoras de la noche. con su hijastro Alan rondando la cual lobo al acecho de una presa que se

quiere devorar. No volverá a pasar, cabrón, le dijo Arlette mientras éste la acercaba con los brazos, pegándola a la encimera y tomándola de las caderas. Te dije que esto ya no iba a funcionar mientras estuvieras con mi hija. Mi primastro lo único que llevaba puesto en su fornido y musculoso cuerpo era un bóxer oscuro y nada más.

Puesto que Alan es alto, atlético, con brazos y piernas largas, al principio temí que mi madre lo pudiera encontrar atractivo, o que el propio Alan intentara seducirla, como alguna vez lo pretendieron Hernán y Gael. Vamos a ver, Arlette,¿ te molesta que esté con tu hija, pero nunca te molestó cuando te cogía, aún sabiendo que siempre has tenido una relación con mi padre? Eres una hipócrita. Arlette intentó pegarle

una bofetada, pero Alan la aprisionó. Puesto que yo estaba detrás del muro que separaba la sala de estar de la cocina, por poco sentí que me congelaba allí parado, oculto entre las sombras, sobre todo tras haber escuchado tal revelación.¿ Alan y Arlette era no habían sido amantes? Mierda. Aléjate de mí, cabrón. dijo ella furiosa, reculando hasta chocar su culo carnoso contra la isla de la cocina. Lo nuestro terminó.

Y no volverá a pasar. Pero las manos ansiosas de Alan fueron a sus gordas y firmes caderas, por debajo de la fina tela transparente, y acarició sus curvas, sus piernas,

sus muslos. Yo me quedé terriblemente impactado al contemplar la forma tan apasionada con la que Alan flotaba a la mujer de su padre, sabiendo que él estaba cegaramente en la parte alta, durmiendo.¿ Te la pasas insinuándote ante mí todo el tiempo, Arlette, y ahora me dices que lo nuestro terminó?¿ Qué no volverá a pasar?¿ Y los sentimientos que dijiste que tenías hacia mí, qué?¿ También me engañaste

con eso? Arlette, por su parte, no respondió, sino que dejó que su hijo putativo subiera sus manos desde las nalgas hasta la espalda y de la espalda hasta los hombros. Desde donde logró tocar la bata transparente para deslizarla por su cuerpo, dejándola desnuda. Y yo quedé impactado al descubrir ese par de tetotas tan enormes y redondas. Nunca te he engañado, cabroncito. Murmuró Arlette, pero el hecho de que te ame con locura no te da derecho a tomarme

como si fuera tu puta de turno. En poco tiempo, sus pezones adoptaron el tamaño de una uva, pero los suyos estaban duros y erectos sobre sus melones llenos y firmes, otra muestra más de su excitación.¿ Entonces si me amas de verdad, Arlette? Dijo Alan conmovido. Yo también te amo, no sabes cuánto. Los labios de Alan comenzaron a besar las mejillas de Arlette, que trataba de resistirse. Pero estás con mi hija, Alan. Le reprochó indignada. Estás jugando conmigo

y con sus propios sentimientos para darme celos. Cuando él acarició su cabello con la lengua y luego el óvulo de su oreja, mordisqueándolo suavemente, Arlette ronroneó. Su suave gemido se convirtió en un maullido cuando él mordisqueó la piel debajo de su oreja. Noté como sus enormes pechos se clavaban en los duros pectorales de él. Los dedos de Alan seguían estrujando las nalgas de ella.— Y tú estás haciendo exactamente lo mismo con mi padre, Arlette,¿ en qué

nos convierte esto?— En unos hijos de puta. Respondió ella con un lamento de resignación, que luego se convirtió en un erótico quejido, cuando vi que ella se estremecía. De pronto, Alan flexionó su rostro hacia el de su madrastra y sus labios rompieron el sello, besándose ruidosamente, revelando sus lenguas en lucha contenida, mientras yo observaba. Con el corazón latiendo con fuerza en mi pecho, mientras estos infieles se besaban

animalescamente y se acariciaban con deseo.¿ Me extrañabas? Le preguntó Alan mientras le sobaba su durísimo culazo, mordiéndole ligeramente el labio inferior. porque yo a ti sí, mucho. Cuando menos acordé, la tía Arlette se deslizaba hacia abajo, hasta ponerse de rodillas, dejando a mi vista ese par de nalgas gloriosas que me hicieron paralizar. Entonces, cuando la polla enorme de Alan fue liberada de su bóxer, me sentí un poco ridiculizado

al no estar yo igual de dotado que él. Aún así, me complació ver que Arlette ponía la misma cara de viciosa que mi madre ponía cada vez que me la chupaba a mí, por lo que me dije que no debería de estar tan mal. Tal vez extrañaba más esto que a ti, dijo Arlette sonriendo con malicia, mientras Alan ponía sus brazos en jarra.¡ Qué grande y llena se ve, cabroncito!

Arlette se inclinó hacia adelante, dejando que sus pequeñas manos alcanzaran su falo, mientras sus labios daban un beso suave al palpitante glande en forma de hongo de su hijastro. Luego cerró suavemente los ojos verdes y aflojó la mandíbula, para luego comenzar a succionar aquel pollón, el cual fue desapareciendo en su boca poco a poco hasta que los testículos del hijo de su marido quedaron pegados en su mentón.—¡ Joder!—

murmuré sin que ellos me oyeran. Alan simplemente se quedó allí, con las manos apoyadas en sus caderas, mirando hacia su adorable mami. Hasta que ella comenzó a deslizar su lengua hacia adelante y hacia atrás a lo largo de la suave y sensible parte inferior de su falo. La mamada de Arlette pronto la hizo sin manos, pues éstas las ahuecó para masajear muy suavemente sus testículos, dejando que sus largas y perfectamente cuidadas uñas rozaran suavemente la base de

su bolsa testicular. Esa nueva sensación hizo gemir a Alan de placer y sus caderas comenzaron a ir contra la boca de Arlette, tratando de introducir más su polla dentro de ella. Dios santo. Esa compenetración y confianza que había entre los dos me hizo pensar que tenían tiempo de ser amantes. Joder. Lo mejor era ver los tetones de

la tía Arlette empapados de saliva y humedad. La verdad es que no pude evitar sentir una erección creciente, especialmente cuando noté los labios de mi tía sorbiendo con pasión la virilidad de su hijastro. Allí, oculto detrás del muro divisorio, permanecí con una gran excitación, junto con la angustia de saber que si ellos me descubrían espiándolos, me moriría de la vergüenza. Oh, sí, mami, así, cuánto extrañaba tu boquita.

Arlette dejó que ambas manos se deslizaran hasta las nalgas de su hijastro, y durante unos momentos simplemente las masajeó y las apretó. Ella se movió ligeramente, arqueando la espalda e inclinando la cabeza, y comenzó a tragar, mientras sus manos empezaban a traer las caderas de Alan hacia sí.¿ Qué lengua tienes, cabrona, como te amo? Las fosas nasales de la tía Arlette se dilataron mientras tomaba todo el aire que podía reunir, hasta que sintió que el glande

le traspasaba la garganta. Lo imagino porque en ese momento tuvo una arcada que la hizo toser. Para estas alturas, Alan había colocado suavemente sus manos en la parte posterior de su cabeza para guiarla suavemente, mientras ella continuaba empujándose hasta ser empalada bucalmente. Se oían los chapoteos al contacto de su lengua, su boca hinchada y la verga de mi primo, mientras la boca de mi tía despedía espuma

y babasa. Cuando Arlette sintió que sus pulmones empezaban a impacientarse, comenzó a fruncir los labios y a girar la cabeza de un lado a otro unas cuantas veces antes de comenzar a retroceder. Uf, mami, mami, qué rico me la mamas.

Con los ojos llorosos y la baba empezando a salir de sus labios, finalmente Arlette pudo liberarse de la polla de su hijo y luego sorbió una baba que le colgaba de las comisuras y besó la cabeza de su polla nuevamente, haciendo girar su lengua alrededor de la hendidura que comenzaba a filtrar las primeras gotas preseminales. Vaya manera de mamar verga tiene la tía Arlette. Entonces, Alan levantó a su madrastra sobre sus talones y dejó que su

dura y palpitante polla le golpeara la entrepierna. Usando sus dedos, Arlette logró atrapar el pene de su hijastro para frotárselo contra sus labios vaginales, sin llegar a metérselo en su hendidura. Alan, a su vez, empujaba sus caderas para que su pene se resbalara sobre la lubricación goteante que producía su madrastra.

Las tetas de Arlette brillaban de espumarajos. Fue entonces cuando Alan comenzó a subirla hacia la encimera de la isla, posando sus gordas nalgas con cuidado para luego recostarla completamente en la superficie plana, levantando sus rodillas. Su polla resbaladiza colgaba en el ángulo correcto para invadir a la mujer de su padre, cuyas piernas brillantes y torneadas estaban abiertas, con sus talones apoyados en las puntas de la superficie.

Y mientras Alan se flexionaba para besarla, entendí que no iban a tener relaciones sexuales. Iban a hacer el amor y lo harían apasionadamente. Arlette aspiró una bocanada de aire, ruidosamente, y sus ojos se pusieron en blanco justo cuando su hijastro comenzó a hundirse dentro de ella. Desde mi posición, sólo podía verlos en vertical, ella con sus piernas abiertas, apoyada en la encimera, y él clavándola rítmicamente mientras los senos de ella se sacudían al compás de las embestidas.

Y yo estaba perplejo. Acababa de enterarme de que en esta casa había una relación sórdida parecida a la que yo tenía con su jei. Alan y Arlette tenían una historia juntos, y esa historia no se limitaba a una relación convencional de madrastra e hijastro, sino a una relación

mucho más íntima y cercana que traspasaba lo sexual. Además, existía el agravante de que estaban siendo infieles por partida doble, y yo no lograba entender qué era peor, si que Alan se estuviera acogiendo a la esposa de su padre, que a su vez era la madre de su novia. o que Arlette se estuviera acogiendo al hijo de su marido, que a su vez era el novio de su hija. Como fuera que ordenara la situación, el caso era el mismo, una infidelidad doble. Y así como era sórdida, también me

resultó morbosa. Tanto que tuve una erección mientras ellos fornicaban. Las relaciones prohibidas son las más excitantes, me dije con las mejillas calientes mientras Alan clavaba a la tía Arlette brutalmente y ésta se agitaba, muy cachonda, disfrutando del hijo de su marido. Pero entonces, mientras veía cómo las preciosas tetazas de mi tía se agitaban de arriba para abajo, oí algo. El sonido se produjo en la planta de arriba,

alguien abría y cerraba una puerta. Lentamente, atravesé el pasillo para verificar quién era y tuve un terror brutal cuando descubrí que se trataba del marido de Arlette. No sé por qué lo hice, pero me sentí obligado moralmente a advertir a Alan y a la tía Arlette, sin importar que al ponerlo sobre aviso ellos descubrieran que yo los había estado espiando. Así que entré abruptamente en la cocina, y en un susurro que a su vez fue muy perceptible para ellos, les dije. Hey, el tío Fede viene

bajando las escaleras. El rostro de los apasionados amantes fue de pasmo total. Se detuvieron abruptamente. Alan todavía tenía ensartada a su madrastra mientras me miraba, y ella, con sus preciosos ojos verdes centellando, apenas podía respirar por el gozo de sentirse empachada de verga. Sin embargo, los abandoné allí y me fui a interceptar al tío Fede en el camino, que ya había terminado de bajar las escaleras y parecía

decidido a dirigirse a la cocina. Detrás de mí oí ruidos y movimientos, y por un momento creí que yo estaba más asustado de que los descubrieran de lo que ellos deberían estarlo. ¿Tito? Me dijo Fede extrañado, tallándose los ojos adormilados.

Speaker 3

Qué haces por aquí? Yo,

Speaker 2

tío, vine a tomar algo de agua, dije con

Speaker 3

la voz temblando. Hace calor.

Speaker 2

La cocina está detrás de ti, me dijo, señalando el muro que nos dividía. Sí, dije, justo venía de allá.¿ Sabes si está en la cocina la tía Arlette? Me desperté y no la vi en mi cama. No, no, no está allá, dije atropelladamente. Hace rato creo haber oído que mamá se levantaba y, a lo mejor están conversando en su cuarto.¿ A estas horas? El tío Fede se rascó la cabeza. Ya ves cómo son las mujeres, dije sonriendo como estúpido. Mejor sigue durmiendo, tío, mañana es lunes.

El tío Fede asintió y se dio la media vuelta y se fue. Cuando me aseguré de que se había encerrado en su cuarto, volví a la cocina, pero allí ya no encontré a nadie. Sólo vi la bata transparente de mi tía en el suelo y una mancha muy acuosa y pegajosa sobre la encimera de la isla. Al día siguiente, tenía una vergüenza inmensa de encontrarme con alguno de los dos infractores. No sabría qué decirles al respecto.

Por eso, desde que me levanté, me dirigí a uno de los camastros que daban a la piscina de la casa, en la parte posterior, y ahí me quedé un buen rato. Entonces, oí que Alan se acercaba al camastro que estaba a mi lado y empecé a sudar frío.¿ Cómo es que nos vas a chantajear, Tito? Me preguntó de pronto, con

voz firme pero serena, mientras me entregaba una cerveza. Supe enseguida a lo que se refería, y me indignó un poco que, aunque hubieran pasado pocos días de que nos conocíamos, me tuviera en tan bajo concepto.¿ Qué clase de mierda de persona creía que era yo para andar chantajeando a las personas? Y mucho más con un tema tan delicado como este. Solo dilo y ya, Tito bebió también un

trago a la suya.¿ Qué pides por tu silencio? Mi primastro estaba un poco a la defensiva y, a su vez, en su entonación había esa clase de consideración que la gente suele tener con alguien que sabes que te puede hacer mierda la vida si no la tratas con pinzas. Necesito saber a qué atenerme, insistió.¿ De qué me estás hablando, Alan? Me hice el desentendido, tomándome la cerveza con un largo trago. De lo que viste anoche, desde luego, dijo bruscamente pero

con naturalidad. No nos hagamos pendejos. Quiero hablar las cosas claras contigo. Sé lo que viste anoche y, aunque todavía no sé por qué estabas allí, espiándonos, en el fondo sé que nos salvaste la vida a ella y a mí. Si no nos hubieras avisado que papá venía, la bomba habría estallado y te juro que no sé qué mierda se estaría pasando en este momento. Pues sí, murmuré, sintiéndome avergonzado de que ahora para el yo fuera la definición

perfecta de un pardillo mirón. Lo único que te puedo decir es que fue muy arriesgado de su parte hacerlo en la cocina, estando Fede en casa. Él asintió con la cabeza, dándome la razón. Y no, Alan, yo no pido nada por mi silencio.¿ Por qué debería creerte? Tú mismo lo has dicho, si no hubiera sido por mí,

ahora esto sería una mierda. Eso significa que no tengo ninguna intención de perjudicarlos ni a ti ni a la tía Arlette, no después de que ella amablemente nos ha abierto las puertas de su casa con tanta generosidad y cariño. Ella está muy asustada, la verdad, me dijo un tanto abatido. Desde que amaneció, ha querido encontrar un momento para hablar contigo y explicártelo. Pues dile a la tía Arlette que yo no diré nada. Y que tampoco tiene que darme explicaciones.

Creo saber cómo se siente y no quiero hacerla pasar por la vergüenza de contarme algo que estoy seguro la está matando de la pena. Alan suspiró y volvió a asentir con la cabeza. Es justo así como se siente, avergonzada y muy angustiada. Piensa que ahora tienes la peor opinión de ella. Desde que se fue papá a la imprenta, ella no ha salido de su cuarto por vergüenza. Oye, no, tampoco quiero que se sienta incómoda conmigo. Si a ella la hace sentir mejor que nos vayamos, que nos lo diga, Alan.

Te juro que no diré nada. Yo también comparto un secreto, muy fuerte, y daría lo que fuera para que el que lo descubriera también se quedara callado. Alan volvió a mirarme y se mostró intrigado, preguntándose cuál sería ese secreto que yo también guardaba. Díselo, Alan, dile a la tía Arlette que yo no se lo contaré a nadie, ni siquiera a mi madre. Sugei ya lo sabe, se apresuró

a decírmelo. ¿Perdón? Se me puso la boca seca y de pronto tuve un ataque de rabia y de vértigo al saber que mamá nuevamente me ocultaba cosas.¿ Cómo que mamá lo sabe?

Speaker 3

Desde cuándo? Desde hoy, contestó

Speaker 2

Alan. Mientras yo hablo contigo, Arlette está encerrada en el cuarto de su jei, a solas, contándole todo. La respuesta de Alan me dejó aliviado y me quitó una gran mortificación. Ha querido contárselo ella misma, antes de que tú se lo dijeras a tu manera y quién sabe cómo se lo habría tomado. te digo que yo no soy un bocón, Alan. Me queda claro, me respondió dándome unas palmadas en la espalda, sonriendo por primera vez. No sé por qué, Tito, pero

me das mucha confianza. Lo mismo me pasa, Alan. Ni siquiera mis primos de sangre, Hernán o Gael, me inspiran la confianza y la buena onda que me inspiras tú. Alan sacudió la cabeza, y por primera vez lo noté muy avergonzado. Y sin embargo, sé lo que debes estar pensando de mí, ¿verdad, Tito, miserable hijo de puta, cómo puede estarse tirando a la mujer de su padre? No, Alan, no estoy pensando eso, le dije. Alan volvió a mirarme

con esa expresión de vergüenza que lo seguía atormentando. Lo que creo es que debe ser muy difícil para ti estar enamorado de una mujer que, por donde lo veas, no puede ser para ti. Una mujer que es prohibida no sólo por la naturaleza de su parentesco, sino porque es una relación que, por mucho que tú la quieras, jamás podrá ser vista con buenos ojos por la sociedad. Mi primo levantó la vista con curiosidad y me dijo,« Noto cierta familiaridad con el tema». Me lo dices como

si tú mismo estuvieras pasando por algo parecido. No quise responder a eso y decidí suspirar. Entonces, Alan recibió una notificación en su teléfono y me dijo. Oye, Tito, Arlette quiere que subas a su cuarto. No, no, no, le dije yo, moviendo la cabeza hacia todos lados. Tal vez quiere hablar conmigo después de haberlo hecho con mamá para tratar de explicarme lo que pasó anoche y te juro que me sentiré muy incómodo. Dile que ya me lo constató tú y que lo entiendo. Sugey está con ella,

a lo mejor es para otra cosa. No, Alan, en serio, dile cualquier cosa, que salí, que no estoy contigo o qué. Acaba de asomarse por la ventana y nos vio conversando, me contestó, así que, por favor, no seas miedoso y simplemente ve con ellas. Allí están las dos. Entonces ya terminaron de hablar. Le pregunté nervioso, tratando de retardar lo más que podía enfrentarme a mi tía Arlette. Llevan encerradas casi dos horas, tito. Ah, con razón no vi a mamá en su cuarto hace rato cuando subí a verla.

Como sea, solo ve con ellas, me dijo, y por favor, no seas demasiado duro con Arlette, no sé qué tanto hayas podido ver u oír anoche, pero quiero que sepas que mi madrastra es una mujer muy importante para mí. Lo sé, dije, y me levanté. El trayecto que hice desde la piscina hasta el cuarto principal de Arlette y su marido fue agonizante. Toqué la puerta con mucha pena y fue la voz de mi madre la que me

dijo que pasara. Abrí la puerta y las vi a ambas sentadas en un pequeño sofá que estaba junto a la ventana, desde donde tuvo que haberme mirado Arlette conversando

con su hijo. Tuve una extraña sensación al verla allí sentada, vestida, con mi madre al lado, a quien tenía tomada de la mano, justo cuando la última imagen que tenía de ella era la de su boca entreabierta, sus tetas botando de arriba abajo y sus nalgas pegadas en la encimera de la isla de la cocina mientras Alan la empalaba con frenesí.« Acércate con la tía Arlette, cariño, por favor», me dijo mamá sonriendo maternalmente, como si yo fuese un

niño pequeño que temía a su tía. Verlas a las dos juntas solo me hizo sentir más vergüenza y algo morbosa la situación. Arrastré solo unos pasos hacia ellas, pero a la mitad del camino me detuve. Tía Arlette, por favor, no tengamos esta conversación, que te juro que me dará muchísima más vergüenza a mí que a ti. Yo no los estaba espiando. Solo fui por agua y los vi. El caso es que Alan ya me lo explicó todo

y te prometo que yo no pienso decir nada. Tito, mi amor, me dijo mamá con dulzura, levantándose del sofá para venir a mi encuentro. Tenía un vestido floreado que le marcaba sus hermosas tetas y le hacía ver sus hermosas piernazas blancas. Tu tía sabe que tú entiendes su situación y sabe que la comprendes, que jamás la juzgarías y que mucho menos serías capaz de hablar con el tío Fede de esto. Ella ha comprendido que su secreto

está a salvo contigo. Gracias, tía, le dije asombrado, mirándola con nerviosismo, pues ella me miraba a mí como si tuviera una gran admiración y devoción por mi persona, y yo no entendía nada. Te juro que me alegra que ahora te encuentres más tranquila, pero me gustaría saber qué te hizo cambiar de opinión respecto a mí, cuando Alan me acaba de decir que estabas muy angustiada y con mucha vergüenza. Temiendo que yo pudiera decir algo. Cambió de

opinión por esto, hijo, dijo mamá. Apenas estaba intentando aspirar un poco de aire cuando mi madre se colocó frente a mí, pegó sus gordos pechos en mi cuerpo y alargando uno de sus brazos me tomó del cuello. Me flexionó el rostro y ella acercó el suyo hasta que nuestras bocas estuvieron casi juntas. Todo sucedió tan rápido que apenas pude asimilar cuando mi madre juntó su boca con la mía, besándome. Con su lengua separó mis labios y

la metió dentro de mí. Reptó su lengua húmeda dentro de la mía, y me lamió, me chupó los labios, me empapó de su deliciosa saliva y continuó lamiéndome por dentro con semejante fruición. Pero, mamá. La detuve en seco, separándola abruptamente, con mi corazón palpitando muy fuerte. Miré a la tía Arlette y ella sonreía emocionada, con sus sensuales ojos verdes atentos a lo que hacíamos, su boca curvada en una sonrisa encantadora. Yo miré a mi madre, conmocionado,

intentando saber lo que pasaba. No tengas miedo, hijo, ahora tu tía Arlette también sabe nuestro secreto. Pero... Intenté decir algo, sin embargo, enseguida noté que alguien más nos miraba detrás de la puerta con un gesto de asombro brutal. Yo, lo siento, dijo Alan al ser descubierto, mirándonos con la boca abierta y un rubor en las mejillas. Perdón. Horrorizado, entendí que mi madre, Arlette, Alan y yo compartíamos un secreto en común, las dos parejas teníamos una relación prohibida, pero,

si cabe. La nuestra era mucho más fuerte y morbosa por los lazos sanguíneos que nos unía. Y aunque parecía que ahora estábamos en las mismas condiciones, yo no estaba muy seguro de cómo nuestra convivencia, estando en la misma casa, podría fluir con normalidad. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy.

Speaker 3

Hasta la próxima.

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