SEDUCIENDO A MAMÁ - PARTE 41 (Relato Erótico) - podcast episode cover

SEDUCIENDO A MAMÁ - PARTE 41 (Relato Erótico)

Jun 30, 202536 min
--:--
--:--
Download Metacast podcast app
Listen to this episode in Metacast mobile app
Don't just listen to podcasts. Learn from them with transcripts, summaries, and chapters for every episode. Skim, search, and bookmark insights. Learn more

Episode description

The podcaster did not provide a description for this episode.

Transcript

Lleva tua immaginazione a un altro livello. calientes. Hoy presentamos. Seduciendo a mamá, parte 41. El DIF es un organismo federal que vela por los derechos de las niñas, niños y adolescentes, lo cual, de manera sintetizada, Se traduce en que puede denunciar ante las autoridades correspondientes a padres de familia irresponsables o por cualquier caso de violencia intrafamiliar.

Así como iniciar un proceso judicial para quitarles la patria potestad de los hijos menores de edad, en casos extremos dándolos en adopción a otras familias, y muchos etcéteras más. Lo cierto es que cuando el DIF está involucrado en un asunto familiar, las cosas suelen ser somamente serias y aparatosas. Lo cierto es que la bomba ha estallado. Mamá, Lucy y yo hemos escapado del motel de paso, y ahora vamos en un Uber desde Saltillo hasta Ciudad Montemorelo.

Tomé la decisión de que no haremos ninguna parada en Monterrey, ya que al ser la capital de Nuevo León, podríamos tener problemas en la terminal en caso de que sea cierto que nos están buscando. Por ese motivo, nos iremos directo hasta Montemorelo. Allí será más seguro abordar un autobús que nos lleve a la Ciudad de México, donde, si todo marcha bien, estaremos llegando el día de mañana, luego de poco más de 11 horas de viaje.

Desde luego, si en estos momentos su jey y yo no fuésemos prófugos de la justicia, a estas horas estaríamos yéndonos al aeropuerto de Monterrey. El viaje en avión desde allí a la capital apenas sería de hora y media, lo que sin duda no simplificaría la vida. Pero las circunstancias nos han orillado a padecer un montón de horas de viaje, lo cual, desafortunadamente, tendremos que acatar.

Transcurren aproximadamente dos horas hasta que llegamos a nuestra primera parada, la central de autobuses en Montemorelo. Nos bajamos con el equipaje en la terminal, y mientras su Gi y Lucia guardan sentadas en una de las bancas, yo me dirijo a la ventanilla correspondiente para comprar los tres pasajes hacia la capital.

Cuando vuelvo con mis chicas, mamá parece estar somamente preocupada. Tito, lo he estado pensando:¿qué pasará si cuando abordemos el autobús y nos pidan las identificaciones se dan cuenta de que la policía nos está buscando, hijo? ¿Qué vamos a hacer? Estás dando por hecho que en verdad hay una orden de aprehensión contra nosotros, mamá. Si la hubiera, yo creo que solo nos están buscando en el área local. Estás siendo muy optimista, Tito. No nos queda de otra, me encojo de hombro.

Yo no quiero que me separen de ustedes. Empieza a lloriquear mi hermana, haciendo un puchero. Tengo mucho miedo. A mi madre también se le humedecen los ojos de impotencia al verla así y no tener idea de lo que va a pasar. Entonces yo me pongo en cuclillas delante de las dos, y rodeándolas con mis brazos, les digo, tranquilas, hermosas, por favor. Yo no voy a dejar que nos separen. No lo voy a permitir. Ahora yo soy su hombre y las voy a proteger.

Falta poco para que tú, Lucy, cumplas los dieciocho, y entonces, por ley, papá ya no podrá hacer nada para impedir tu libertad. ¿Y mientras tanto qué, Tito? Papá, con ayuda de la policía, puede encontrarme y llevarme consigo. Y a ustedes los metería en la cárcel. No es justo, en verdad que no es justo. Vamos a estar bien, se los prometo a las dos.

Quisiera darles un beso en la boca a cada una de mis chicas, pero me temo que tendremos que esperar a estar a solas para no levantar sospechas ni especulaciones. Por decisión de mamá, he elegido los asientos de hasta atrás del autobús, para permanecer los tres juntos y sin la mirada indiscreta de nadie. Por fortuna, la ocupación no llega ni a la mitad, así que tendremos horas de tranquilidad.

Para mi mala suerte, Su jei y mi hermana han sido las protagonistas de todas las miradas lujuriosas de los hombres cuando se acercaron al ayudante del chofer para dejar sus maletas en el maletero. Y no es para menos. Mi madre, para mayor comodidad, ha elegido uno de los leggings blancos que le compré esta mañana, y casi me arrepiento de haberlo hecho. Porque viéndola de lejos noto cómo se le transparenta una minúscula tanga negra que se ve incrustada entre sus dos enormes nalgas.

Las piernas hacia el culazo de su hey son el espectáculo de la tarde. Varios hombres lascivos se han acercado a su alrededor mientras yo estoy a metros de distancia, esperando a que me devuelvan nuestras identificaciones oficiales. Sin poder hacer nada para salvarla de tales miradas indiscretas y esa clase de comentarios que están haciendo sobre ella. Menuda zorrona rubia esa que está allá, dice un hombre de unos 60 años, tremendo culo tiene la hija de puta.

Yo con gusto me ahogaría entre sus nalgas, dice otro.¿Y quién es la putita que está a su lado?¿Será su hermana menor? Le ha dicho mamá. No en vano las dos se parecen.¿Te imaginas lo que sería que nos estuvieran mamando las vergas mientras nos miran con esos ojitos azules? Joder. Dice un nuevo hombre que acaba de llegar a la fila. Tremendas tetas tiene esa rubita putota.

Si por mí fuera, ya les habría dado un puñetazo a cada cabrón, pero desafortunadamente tengo que contenerme, porque no me conviene en estos momentos tener ningún tipo de contacto con la policía. Lo peor ha venido ahora que su hey, sin saber qué está siendo protagonista de las fantasías lujuriosas de un montón de cabrones, se ha agachado para empujar su maleta hacia más adentro del maletero.

Y como consecuencia de su flexión, sus gordas nalgas preciosas se han separado, provocando que la licra blanca se tense y se expanda, dejando ver el hilito de su tanguita negra. Dando la impresión de que se rasgará y terminará rompiéndose, mostrando ese pedazo de culo que se carga entre la diminuta tanga. Madre mía. Pero vean tremendo culazo. Con gusto le perforaría el ojete a pollazos, menuda zorra. Hijos de puta. Pero la culpa la tiene mamá. ¿Cómo mierda se ha podido vestir así?

Entiendo que lo hizo pensando en sentirse más cómoda, pero se le ha olvidado que su cuerpo es voluptuoso y muy llamativo, por lo que ahora mismo, ante estos tipos, ella es la viva imagen de una golfa en celo. Para colmo, ahora que mi madre se ha incorporado, observo la blusa gris que lleva puesta, la cual está tan ajustada que el contorno de sus voluminosas mamas se marca igual o más que el de su culazo.

Mierda, susurro enfadado.¿Ha dicho algo, joven? Me pregunta el chico que está entregándome las identificaciones. Nada, nada, respondo sin gracia. Lucy no va menos provocativa que nuestra madre. Lleva puesta una de sus faldas cortitas estilo colegial con cuadros blancos y rojos, que deja ver la mitad de sus corpulentas piernas, y esa blusita blanca desabotonada en la parte superior.

Que le hace lucir un pronunciado canalillo entre los pechos. Además, debajo es tan corta que se le puede ver el ombligo, donde, no sé cómo ni cuándo, pero lleva puesto un piercing que no tenía antes. Pero es el colmo. Supongo que se lo habrá quitado antes para que mi madre y mi padre no la regañaran, pero después de haber tenido relaciones conmigo frente a su jey, supongo que ya no le importa mucho su opinión. Descarada.

Todo el mundo les está mirando el culo y están diciendo puras vulgaridades sobre ustedes, les susurro a las dos, enfadado, cuando las hago subir al autobús.¿Y hay algún chico guapo entre ellos? Se burla Lucy, que al ascender por las escalerillas no duda en contonearse atrevidamente para que todos la miren. Haz que tu hija se comporte, su hey. Exclamo, empujando a mi hermana hacia arriba con fuerza.

Lucy, por favor, deja tranquilo a tu hermano, dice mamá, que va delante de nuestra procesión. Como era de esperarse, Lucy elige el asiento junto a la ventana, y a mí me dejan en medio de las dos. Bendito entre mis dos mujeres. Ya un poco más relajado, comemos un par de frutas que mamá ha comprado mientras yo iba por los pasajes, y en silencio pensamos en qué momento avisar a la tía Arlet que ya vamos en camino.

Bueno, ya le he enviado el mensaje a mi prima, me comenta mamá.¿Y qué te ha respondido? Quiero saber. Mira, me acaba de contestar. Dice que su hijastro Alan vendrá por nosotros a la central de autobuses. ¿De veras piensas que no tendremos problemas con ellos, mamá? Es decir, estar nosotros tres, tú, Lucy y yo, en la casa del marido de la tía Arlet y ese hijastro suyo. Arlat me ha asegurado que podremos quedarnos el tiempo que necesitemos.

Federico parece ser un tipo amable, y de Alan no tengo mayores referencias, salvo que vendrá por nosotros en el coche, lo que significa que el joven se ha tomado bastante bien nuestra visita. De cualquier modo, mami, reitero, en cuanto podamos tendremos que buscar nuestro propio hogar, donde solo estemos los tres viviendo en intimidad. Seré muy afortunado de vivir en una casa donde esté con mis dos mujeres.

De momento, creo que nos tendremos que conformar con un departamento, hijo. Las ciudades grandes no son como las nuestras, aquí en el norte. Allá todo está más caro, y de hecho, es tanta la demanda de vivienda que la mayoría de la gente vive en departamentos y no en casa. ¿Es en serio, mamá? Se horroriza Lucy. Tendremos que vivir en un departamento donde no tendremos cochera ni privacidad. Me sentiré sofocada.

Tampoco será para tanto, hermanita. Es algo nuevo que tendremos que vivir. En Europa, por ejemplo, tampoco es como aquí, allá la mayoría de la gente vive en apartamentos. Será una tortura para mí. Se lamenta mi hermana. Hija, eso te servirá para valorar lo que tenemos, o bueno, lo que teníamos en Saltillo, donde podíamos vivir tranquilamente en nuestra propia casa.

Mejor pensemos en que tenemos que obtener mucho dinero para poder independizarnos de la tía Arlet, por lo menos la casa de su marido si es una casa en forma, y hacernos de nuestro propio hogar. Pensando en eso, en determinado momento, Lucy habla en voz baja sobre la posibilidad de que mi madre pudiera involucrarse más allá de la parte técnica de nuestras filmaciones. Proponiendo que también participe teniendo sexo con nosotros.

Aunque hasta ahora no me queda claro si Lucy se refería a tener sesiones sexuales entre mi madre y yo, o también a algo lésbico, pudiendo tener intimidad entre ellas dos, cosa que veo difícil que su jey pudiera aceptar. El extremo sería grabar videos haciendo un trío, es decir, yo teniendo sexo con las dos. El solo hecho de pensarlo me ha puesto la polla durísima. Pero hija,¿quién querría ver a una mujer de mi edad apareciendo desnuda en video?

Mami, querrían verte más personas de las que te imaginas, le digo, metiendo mi mano en su entrepierna. Ella sonríe y pone la suya encima de la mía. ¿No te has dado cuenta de que eres una mujer verdaderamente hermosa? Hasta una actriz porno de la talla de Sabana One querría tener tu culazo y tus enormes pechos. Además, eres preciosa de cara. Mi madre suspira hondo cuando nota que mis dedos están hurgando en su vulva, apenas cubierta por su tanga y sus legín.

Además, su jey, comenta Lucy, acercándose a nosotros, hay un mercado muy amplio para quienes gustan de las relaciones incestuosas. Eso es cierto, intervengo yo. De hecho, yo mismo he constatado en el porno de internet que muchas de las colaboraciones o guiones que existen tratan precisamente de juegos de rol: hermano-hermana, madre-hijo. Y me adhiero a la idea de Lucy de que si nos vendemos como una familia incestuosa, podremos vender bastante material.

Sobre todo porque la mayoría de los videos son con actores que simulan tener una relación filial, pero el parentesco que hay entre Lucy, tú y yo es real. Pero,¿es que ustedes están insinuando que podríamos tener relaciones entre los tres? Lucy y yo nos miramos con una sonrisa traviesa. Están locos, se echa a reír ella. Además, el siguiente problema es que esta clase de relaciones va en contra de la ley.

Bueno, ya veremos cómo resolver ese tema después. Me encojo de hombros cuando mamá me saca su mano de la entrepierna, pues parece temer que alguien nos vea. Lo importante es considerarlo y, sobre todo, mamá, que tú estés de acuerdo. Está bien, mis amores, les prometo que lo pensaré. De momento, quiero que traten de dormir, ha sido un día muy largo y en poco tiempo va a oscurecer. Los noto un poco tensos, y no es para menos, desde luego, pero creo que debemos tratar de tranquilizarnos.

Pues sí, trataré de descansar, dice mi hermana. Es lo mejor, hijo. Duerman, y cuando el autobús quede en penumbras, yo los despertaré para jugar a algo que nos quite el estrés y la angustia. No tengo noción del tiempo, solo sé que ha pasado un buen rato desde que cerré los ojos y me quedé dormido en el asiento.

Sin embargo, no me han despertado los movimientos bruscos del autobús, que va a una velocidad considerable, sino las sorpresivas lamidas que estoy sintiendo en los testículos y en mi pene. Jadeo apenas con aliento. Venía tan tenso y tan cansado que ni siquiera me enteré de cuando alguien me sacó la polla y los testículos por el hueco de mi pantalón para hacer lamidos y baboseado.

Así que me incorporo con pánico, en estado de alerta, y mirando a mi alrededor solo puedo descubrir que la oscuridad está reinando en el interior del autobús. Ya es de noche, y mis ojos tratan de adaptarse a la oscuridad. A lo lejos escucho los ronquidos de quienes duermen, y por los altavoces del camión resuena una música ligera que trata de sepultar el ruido de quienes roncan.

Mientras tanto, yo estoy estático, notando que a mi derecha mi hermana sigue dormida, así que concluyo que ella no puede ser la causante de la felación. No obstante, es ahora que miro hacia mi izquierda cuando noto que mi nada cautelosa madre ha desaparecido de su lugar. Es entonces cuando desvío la vista hacia abajo del asiento y, gracias a algunas luminarias del exterior que se filtran por la ventana de luz y consigo ver una cabellera rubia que sube y baja en medio de mis piernas.

P. Rho. Intento hablar, experimentando un delicioso hormigueo en mi sexo. En verdad me siento confuso, ya que me parece sorprendente que ella, que todo el tiempo ha buscado ser discreta, ahora esté entre mis piernas haciéndome un oral. Q-UE haces, mamá. A. O. Lo que más me sorprende es que pueda estar acomodada entre nuestra hilera de asientos y los de enfrente, tomando en cuenta el enorme culo que tiene.

Sin embargo, la única respuesta que obtengo de su parte es la riquísima lamida que en este instante está dándole a mis endurecidos testículos. Un. Of. La electricidad que se origina en mis genitales se va expandiendo hacia mi cabeza y hacia mis pies. Mientras mi espalda yace recta, pegada al respaldo, mi madre está de rodillas entre mis piernas, inclinada, lamiéndome afanosamente desde el escroto hasta el frenillo de mi glande.

Empleando una buena ración de saliva que se desborda por entre sus labios. ¡Joder, mami!exclamo estremecido. Es una suerte que no haya nadie en las tres hileras posteriores a donde nosotros estamos, así que en este aspecto me siento un poco tranquilo. Mamá entierra su nariz en los vellos de mi pubis y abre su boca tan grande, con movimientos herteros, que logra agarrar mis testículos desde abajo, lamiendo mi escroto arrugado, hasta soltarlos de nuevo. Ah. Vuelvo a farfullar.

Silencio, me advierte ella en un volumen más alto que un susurro, apartándose de mis miembros, no jadees, que nos van a oír. T, U tienes la culpa, le digo en voz baja, retorciéndome en el asiento cuando su lengua vuelve a mojarme los testículos. La chupas, increíblemente, bien, a qué, lengua. Sujei, qué rica lengua. Todo el mundo parece estar durmiendo, y ni siquiera son capaces de percibir el obsceno sonido de los chapoteos que produce mi madre con su boca y mis genitales.

Los únicos que destacan entre el resto de sonidos provenientes de la música y del exterior. Lucy comienza a moverse a mi lado, cegaramente por el volumen de mis jadeos y quizá también por mis movimientos serpenteantes en el asiento.¿Qué pasa? Pregunta Lucy entre la Modorra. Sin mucho más que hacer, enciendo la lámpara de mi teléfono móvil para iluminar a mi progenitora y verificar su deliciosa postura. Joder con mi madre. Ella está sentada sobre sus pantorrillas, vestida, claro.

Pero eso no es obstáculo para que sus nalgas estén desparramadas hacia los lados y sus enormes pechos se balanceen hacia adelante y hacia atrás debajo de su blusa deportiva. ¿Sabes qué te ves hermosa ahí entre mis piernas, mami? Le digo sonriendo, un poco más relajado. Su hermosa carita viciosa asiente cuando vuelve a abrir su boca y se introduce el largo demifalo dentro de ella.¿Qué están haciendo, degenerados? Pregunta Lucy, asomándose.

Silencio, le digo. Si quieres, te doy un altavoz para que lo grites más fuerte. Lo siento, contesta, encogiéndose de hombro. Mi hermana se relame los labios mientras observa la comida de verga y huevos que me está dando nuestra madre, y cual niña chiquita envidiosa que no tolera que sus amiguitas tengan más logros que ella, me dice. Yo también quiero. Con el hambre que tengo. Lucy, no, no.

Pero cuando menos lo espero, mi hermana ya se está acomodando entre los asientos, del lado opuesto de mamá, para iniciar ella también con la mamada. Mamá, no me salpiques con tu saliva. ¿Y tú qué crees que haces aquí abajo, niñita? La reprende mamá. Vamos, vuelve al asiento y sigue durmiendo. Ni loca. Siempre quieres ser la única con privilegios,¿verdad?

Pues no permitiré que seas tan envidiosa, su hey, yo también quiero verga. S. Les recuerdo a las dos que parecen haber encontrado un bonito momento para pelear entre sí. Hagamos una cosa, susurra mi madre. Tú le chupas el pene y yo los testículos, y cuando me cansé de tener la boca tan abajo, cambiamos de postura,¿vale? Me parece justo, concede Lucy. Siento, un ligero hormigueo en mi colita, mami. Y eso.¿Qué pasa?

¿Quieres ir a hacer pipí? No, no es por eso, es un tipo de picor que suele darme cuando estoy cachonda. Pero no te preocupes, que por fortuna conozco el remedio. ¿Y cuál es el remedio? Pregunta la ingenua de mamá. No me digas qué. Pero, en efecto, el remedio que la traviesa hipervertida de mi hermana es tal cual el que yo había vaticinado.

Entonces, sin siquiera bajarme el pantalón, Lucy se levanta la faldita, enseñándome sus blancas nalgas, luego se coloca entre mis piernas y, una vez que separa los muslos, comienza a sentarse lentamente sobre mi verga. apretándome con su carnosa vagina todo el grosor de mi falo. Joder. Su hendidura estrecha y caliente atrapa mi carne, la traga, la devora y la de glúte.

Noto su viscosidad empapándome el glande y todo mi erecto sexo. Lucy se contonea y la fricción de nuestros genitales nos conecta y nos estremece. Su vulva palpita, y nuestro deseo se fermenta y se vuelve espeso. Mi hermana me cabalga como si la vida le fuera en ello. Yo no puedo controlarme ni bajar la pasión, y mientras ella me monta, le agarro sus pares de tetas frescas desde atrás y las empiezo a amasar con fuerza, estirando sus pezones y frotando sus areolas.

Mamá vuelve al asiento, estupefacta, y sin ver entre la oscuridad solo escucha nuestros jadeos y chapoteo. Me susurra algo, pero no la entiendo, yo solo estoy concentrado en su encharcada vagina y en sus ingrávidos pezones, que no paran de endurecerse entre mis dedos. Por dios, niño. Escucho por fin a su hey. Las nalgas de mi hermanita no dejan de subir y bajar.

Afortunadamente, no estoy con los pantalones abajo, de lo contrario, los impactos de su culo contra mis muslos habrían propiciado los famosos sonidos de aplausos sexuales que habrían llamado la atención de los demás. Para colmo, sus jadeos son tan fuertes que sé que si no la callo, en cualquier momento vamos a llamar la atención de algún viajero o del propio chofer. Silencio. Lucy. Le digo para que deje de gemir de esta manera.

Pero esta niña traviesa está tan caliente y con las hormonas alborotadas que no le importa si somos descubiertos fornicando en el autobús. Querida, hazle caso a tu hermano y jadea en voz baja, comenta mi madre con terror. No. Puedo. Mami. Mami. Mami. Oh. La siguiente contracción de mi hermana, mientras engulle con su coño mifalo, le produce una nueva convulsión que consigue atravesar los poros de mi piel. A Grita Lucy por enésima vez.

De pronto, mis peores temores se materializan cuando se encienden las luces del interior del autobús, y con terror veo cómo el ayudante del chofer se dirige por el pasillo hacia nuestra dirección. En su propósito de verificar a qué se deben los extraños alaridos de mi hermana. Mamá jadea con pánico mientras se acerca, y a pesar del problema que se nos viene encima, Lucy no deja de cabalgarme como si no le importara que nos vean.

Lucy, para, que ahí viene el hombre, le digo. Pero ella continuó entregada a sus placeres, engulléndome la verga con su chocho, apretándomela cada tres segundos. Yo, por lo pronto, dejo de estrujarle las tetas y pongo mis manos en su espalda.

Lucy apenas es consciente de que el ayudante del chofer ha llegado hasta nosotros con tanta prisa que ni siquiera ha tenido oportunidad de descabalgarme y volver a su lugar, sino que, Mientras el hombre nos pregunta con un rotundo e inquisitivo qué sucede aquí, mi pequeña hermana tiene enterrada mi verga dentro de su chocho, aunque ha detenido sus movimientos pélvicos. Les pregunté qué pasa aquí. Reitera el hombre, asomando la cabeza hacia nuestros asientos. ¿Qué pasa, de qué, caballero?

Le pregunta mi aterrorizada madre al ayudante del chofer, quien, al ver a mi hermana sentada sobre mí y echar un vistazo al asiento vacío, no puede evitar sonrojarse y al mismo tiempo fruncir el ceño. Como si estuviera pensando lo peor de nosotros. ¿Qué se supone que hace la señorita, en esa postura, tan extraña, sentada sobre el joven?

De no ser porque, mientras el ayudante del chofer venía hacia nosotros, mamá ha aprovechado para acomodar la faldita de cuadros de mi hermana sobre sus muslos. Probablemente el hombre estaría constatando justo lo que cree. ¿Qué lucy está ensartada en mi falo y que, en este preciso momento, me la estoy cogiendo? Por si fuera poco, la pervertida de mi hermana comienza a mover lentamente las caderas, restregándome su carnosa hendidura contra mi pene, que continúa enterrado dentro de ella.

¡Carajo, señorita!exclama el ayudante del chofer, cegaramente al notar los movimientos circulares de mi calentona hermana. ¿Qué pasa con la postura? Se adelanta mamá a preguntar, y aunque simula muy bien su valentía, yo logro notar un deje nervioso en su tono de voz. ¿Cómo que qué pasa, señora?

Se escandaliza el hombre cuarentón, a quien la lujuria lo traiciona por un instante y no puede evitar clavar sus ojos en las tetotas de su jey. Estos dos noviecitos pareciera que están teniendo relaciones a su lado y Y usted lo está permitiendo.¿Es posible tanto descaro? El corazón casi se me sale del pecho al sentirme descubierto por este hombre, mientras noto, con terror, una ligera contracción involuntaria desde el interior del carnoso coñito de mi hermana.

Que me apretuja el grosor de mi pene como si estuviera teniendo algún espasmo, mientras sigue haciendo movimientos circulares sobre mi sexo. ¿Cómo se atreve a decir un disparate semejante? exclama mi madre, simulando indignación. Ellos dos no son noviecitos como usted insinúa, y mucho menos están teniendo relaciones sexuales. Algunos de los pasajeros se han levantado y están mirando hacia atrás. ¡Qué puta vergüenza!

Pero señora, incluso la señorita sigue encima del muchacho, y se está moviendo muy raro, no los está viendo. Así que ustedes dos, voy a pedirles que se levanten y. Ellos dos son hermanos, señor. Vuelve mi madre al ataque, yo soy la madre de los dos. ¿Podría revisar en sus informes los nombres y apellidos de quienes están sentados en este lugar? Así corroborará que lo que le digo es cierto, que los tres somos familia.

La putita de mi hermana, haciendo como que se acomoda, lo único que provoca con su movimiento es que mi verga vuelva a palpitar dentro de ella y que una nueva contracción procedente de su carne me la exprima. Mientras tanto, el pobre hombre casi se atraganta ante la confesión de mamá, y aún así no atina a entender el motivo por el cual mi hermana está encima de mí.

Afortunadamente, antes de que él mismo concluya enfermisas teorías que incluyan una relación incestuosa, Suhei se adelanta y le dice. Si mi niña está sentada sobre su hermano mayor, es porque se siente dolorida de la espalda y mi hijo le está dando un masaje relajante, y por eso mi hija está, jadeando,¿tiene algún problema con ello?

Al parecer, el ayudante del chofer acaba de comparar los apellidos de mi madre con el mío y el de mi hermana, dándose cuenta de que lo que le decimos sobre nuestro parentesco es verdad. Yo, perdón, señora, en verdad perdón. Se deshace en disculpas, completamente avergonzado. Siento mucho haberles molestado. ¿Y es que a quién se le ocurriría que dos hermanos de sangre podrían estar cogiendo en un autobús de frente a la supervisión de su propia madre? Obviamente, es algo enfermizo.

Ya, ya, continúa su jey con firmeza en su papel de madre ofendida. Me conformo si nos deja en paz para que mi hijo continúe dándole el masaje que su hermana necesita. Sí, claro, señora, una disculpa de nuevo, que continúen disfrutando el viaje.¡Uf! exclamo, estuvo cerca. Pero lo que sí está cerca es mi pronta eyaculación, y se lo hago saber a mi madre, quien obliga a Lucia a apartarse de mí para que no me corra dentro de ella otra vez.

Le aterra que podamos tener un accidente. Una servilleta, le pido a mamá cuando Lucy se saca mi verga de su chochito, no quiero estropear todo por aquí. Lucy vuelve a su asiento justo cuando vuelven a apagar las luces. Me asusta pensar que eyacularé en el asiento o en el suelo del autobús, y que, encima, el aroma a semen se podría propagar por ahí. No traigo nada para limpiarte, hijo. Entonces, insisto, temblando, me vengo. No, espera, tendré que sacrificarme, hijo.

Justo cuando comienzo a lanzar los primeros chorros copiosos de leche, mi madre consigue ponerse de rodillas una vez más y abrir la boca para recibirlos y tragárselo. Me succiona la verga y me la exprime de forma tal que no me deja una sola gota sobre el glande. Uff, joder. Farfullo con la adrenalina a tope. Menuda nochecita hemos tenido, teniendo sexo en un autobús y terminando con mi madre tragándose todo mi semen. Genial.

El cansancio ha sido tal que nos hemos dormido durante todo el camino, de manera que las horas se nos han pasado volando. Cuando nos avisan que hemos llegado a la terminal de autobuses, con alegría constatamos que por fin estamos en la capital. En plena Modorra, nos bajamos del autobús y le pido a mis mujeres que vayan a buscar algo para desayunar mientras yo recojo nuestras maletas.

Te dejo mi celular, hijo, enciéndelo un momento hasta que el hijastro de Arlet nos llame para que nos diga a qué hora llegará. De acuerdo, las espero en aquellas bancas. Muy bien. El fresco de la capital contrasta con el cálido clima del norte. Incluso está medio nublado. Espero que estar a 2.300 metros sobre el nivel del mar no perjudique mis energías durante el sexo. No dejo de pensar si, cuando hacía el amor con mamá, quedara exhausto, no sé qué pasará ahora que se ha unido Lucy a mi clan.

En eso vengo pensando, mientras me acerco con las maletas hacia las bancas, cuando el teléfono de mamá comienza a sonar. ¿Hola? Digo cuando contesto. Hey,¿dónde están?¿Eres Tito? Sí, yo soy,¿tú quién eres? El hijastro de Arlet. Me llama la atención que el hijastro de mi tía se llame a sí mismo como su hijo, pero no le doy importancia. Ah, ok. Estoy aquí en la terminal, llevo dos equipajes y una mochila en la espalda. Creo que ya te vi, Tito, voy para allá.

Apenas consigo llegar a donde le dije al chico cuando noto que alguien me toca la espalda. Hola, tú debes ser Tito. Al girarme, me encuentro con un tipo altísimo y bien formado que me saluda con una espléndida sonrisa. Hola, sí, yo soy, me llamo Ernesto, pero todos me llaman Tito. Entonces somos primos políticos,¿verdad? Eso creo, contesto un poco inseguro.

Aunque debo confesar que me ha estado asustando ir a una casa donde vive un tipo tan bien parecido como este chico, a la vez me siento un poco tranquilo ahora que no noto las malas vibras que tienen mis primos Gael y Hernán. Sino todo lo contrario, este chico parece ser muy simpático y amable, de la clase de personas con las que es muy fácil empatizar y convertirlo en amigo.

Me llamo Alan Astrada y he venido por ustedes,¿dónde está la tía Sujei y tu hermana? Vienen allá, señalo hacia la cafetería. Pues no se diga más, primo. Bienvenidos a la capital. Vamos a casa, que Arlet los está esperando. Todo parece ir de maravilla. Hasta que, de pronto, una horda de policías nos rodean, acusándonos del secuestro de mi hermana. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

This transcript was generated by Metacast using AI and may contain inaccuracies. Learn more about transcripts.
For the best experience, listen in Metacast app for iOS or Android