MOTIVACIÓN EDUCATIVA - PARTE 2 - podcast episode cover

MOTIVACIÓN EDUCATIVA - PARTE 2

Mar 13, 202632 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos... Motivación educativa, parte 2.

Speaker 3

Capítulo 5. Habían

Speaker 2

pasado varias semanas desde la última vez que le hice una paja a Arturo. Había dado un cambio radical, me ayudaba en casa... Estudiaba largas horas y sobre todo era más cariñoso conmigo. Estaba satisfecha, aunque hubiera tenido que recurrir a esa estrategia. Sin embargo, a mí me faltaba algo. Siempre andaba inquieta y en el fondo sabía por qué.

Me moría de ganas de volver a sacudirle de nuevo la polla, de sentir la sensación de su semen caliente derramándose por mis manos, pero no había vuelto a darse la ocasión y él no me lo había pedido. Luego estaba mi propia libido, no había momento del día en que no estuviera cachonda, y con lo cariñoso que se había vuelto Arturo aún más. Me encantaba cuando llegaba de la calle mientras yo estaba cocinando o lavando los platos

y me abrazaba por detrás. En el último año había crecido bastante por lo que podía sentir su paquete pegarse a mi culo. No podía resistirme a echarme un poco hacia atrás para sentir su polla entre los cachetes de mi culo. Empecé a usar ropa más sugerente, con amplios escotes y no dudaba en ponerle las tetas en su cara para intentar excitarlo. Buscaba que fuera el quien lo pidiera y no yo quien acudiera. Probé a asomarme frecuentemente a su habitación por si lo sorprendía con la polla

en la mano, pero no hubo suerte. Pasaban los días y mi desesperación iba en aumento. Por las noches me masturbaba, si me quedaba sola en casa me masturbaba, aprovechaba cualquier ocasión para quitarme la calentura que me envolvía. Ya no sabía qué más hacer para propiciar otro momento en el que podría acariciar la fina piel de su polla. Tenía que distraer mi mente de alguna manera así que cuando una buena clienta y amiga me propuso salir a cenar

acepté sin pensarlo. Hijo, me voy ya, le dije desde el marco de la puerta de su habitación, ahí te he dejado algo preparado para cenar. no sé a qué hora volveré. Está bien, mamá, dijo él pausando el videojuego, disfruta. Te ves genial con ese vestido.¿ Te gusta? Lo terminé hace unos días, le pregunté girándome sobre sí misma. Sí, estás muy guapa, mamá, dijo él recorriéndome de arriba abajo. Fui caminando hasta él, asegurándome que mis tetas botaran sin disimulo,

y le di un beso en la cabeza. Lo prolongué dándole unos segundos para que echara un buen vistazo a mi escote. No estés hasta muy tarde jugando, cariño, le pedí mientras contoneaba mi culo mientras salía. Sí, mamá. Y vosotras tened cuidado, me dijo cuando iba ya por el pasillo. Salí con una sonrisa hasta la calle, se preocupaba por mí y eso me hacía sentir protegida como hacia mi marido. Esperé unos minutos y llegó el taxi que había pedido. Cuando se detuvo frente a la puerta ya estaba mi

amiga allí esperándome en la puerta. Pagué y fui a su encuentro. Hola Charo, cariño, la saludé dándole un abrazo,

Speaker 3

cómo estás? Bien, todo bien,¿ y

Speaker 2

tú qué tal? Me preguntó ella devolviéndome el abrazo.

Speaker 3

Todo, bien también, le dije con una sonrisa, ¿entramos? Le pregunté. Sí, claro.

Speaker 2

Tenemos que ponernos al día, hace mucho que no nos vemos, contestó cediéndome el paso. Tuvimos una distendida cena y luego fuimos a tomar una copa. Estuvimos hablando de muchos temas. Ella me contó que estaba pasando algunos problemas económicos, no graves, pero si iba justo a final de mes. Había puesto un anuncio para alquilar la habitación de sobra que tenía. Y mi amiga Marimar está empeñada en meta a un joven estudiante. Está loca, me contó entre risas. Ay Charo

si yo te contara, pensé mientras la escuchaba. Me hubiera gustado contárselo, liberarme de este peso. pero no lo entendería. Me miraría pensando que estoy enferma. Oye, Sofía,¿ te has fijado? Me preguntó fingiendo dar un sorbo de su copa, aquellos dos jóvenes no nos quitan el ojo de encima. Yo tras unos segundos miré hacia ellos. Eran bastante guapos y jóvenes, no llegarían a los 30 años.¿ Te imaginas a nosotras con esos muchachos? Me preguntó entre risas. Me reí con ella,

pero me quedé pensando. Sin duda aquellos jóvenes serían capaces de satisfacer nuestras necesidades, pero sentí que le debía fidelidad a mi hijo. Era una sensación extraña que me acompañó el resto de la noche. Ya en el taxi seguí dándole vueltas me estaré enamorando de él. No puede ser, me repetía. Tenía que ser la falta de sexo, el morbo de la situación. Sin embargo, esa idea empezaba a

germinar dentro de mí como una semilla. Capítulo 6 Entré en casa y me quité los tacones, intentando no hacer ruido, ya era tarde. Caminé lentamente y cuando llegué al pasillo empecé a escuchar suspiros.¿ Sería esta mi oportunidad? Caminé aún más lento y La puerta estaba abierta, mi corazón se aceleraba cada vez más. Me asomé un poco por la puerta y ¡bingo! Allí estaba mi hijo, sentado en su silla y echado hacia atrás, iluminado ligeramente por la pequeña

lámpara del escritorio. En su mano se erigía su magnífica tranca acariciada por su mano. Estaba con los ojos cerrados con la cara hacia el techo, sin percatarse de mi presencia me quedé unos segundos observándole. Entonces hice ruido fingiendo aclarar mi garganta.

Speaker 3

Qué dijimos de cerrar la puerta? Le pregunté. El pobre

Speaker 2

se sobresaltó tanto que no atinaba a guardarse la polla dentro del pijama. Lo siento, mamá, estaba solo, y, dijo disculpándose. Tranquilo, no estoy enfadada, dije entrando en la habitación hasta quedarme a su lado,¿ quieres que te ayude? Le pregunté pasando un dedo por el bulto del pantalón de su pijama.¿ Lo harías de nuevo? Con sus ojos abiertos de par en par. Bueno, has estudiado mucho estos días.¿ Te mereces una recompensa, quieres? Le volví a preguntar, esta vez ya

acariciándole la polla sin sutilezas. Sí, susurró él al sentir las primeras caricias. Cuando me arrodillé ya tenía el coño chorreando. Levantó ligeramente el culo del asiento y tiré de su pijama junto con su calzoncillo hasta bajarlos a sus tobillos. Su polla saltó, pasando a escasos centímetros de mi boca, teniendo que contenerme para no atraparla con mis labios. En vez de eso la agarré suavemente con mi mano y

la acaricié de arriba abajo junto con sus huevos. Como había echado de menos esa sensación, su calor Empecé a masturbarlo lento, pero con ritmo. Dime una cosa, le dije cuando algo se me vino

Speaker 3

a la cabeza.¿ El qué, mamá? MMM preguntó en un suspiro.¿ Cuándo lo hacías antes, en qué pensabas? Le pregunté.¿ A qué te refieres, mamá? Preguntó extrañado.

Speaker 2

Bueno, cariño, Estabas ahí, con los ojos cerrados. No sé,¿ no ves algo en internet para excitarte? Le aclaré mientras seguía con mi tarea. A eso,

Speaker 3

no, no veo videos ni nada de eso, me contestó. ¿Entonces?¿ En qué pensabas? Le pregunté, bajando el ritmo de la paja.

Speaker 2

Pues, pensaba en ti mamá, contestó. poniendo cara de temer mi reacción, se quejó al sentir cómo le apreté la polla al escuchar sus palabras. Sentir mi coño arder en ese momento, tanto que le sacudí la polla con fuerza buscando desfogar lo que me entró por el cuerpo. Perdón, cariño. Y que pensabas de mí, le pregunté casi con un gemido volviendo a aumentar el ritmo de mi mano, pero con suavidad.

Speaker 3

Pues pensaba,¿ En cuándo me haces esto?¿ Te gusta cuando mamá te pajea? Le pregunté.

Speaker 2

Sí, mamá, y también pensaba en tus tetas, dijo entre gemidos mirando mi escote.¿ Quieres verlas, cariño? Le pregunté mientras me las acariciaba con la mano que tenía libre. Sí, dijo él con entusiasmo. Con una sonrisa solté su polla y me abrí el escote del vestido. Me las acaricié un poco viendo su enternecedora cara y luego las saqué del sostén.¿ Qué te parecen, cariño? Le pregunté mientras rozaba mis

Speaker 3

pezones.

Speaker 2

Son hermosas, grandes, contestó él sin apartar la mirada de ellas. Me incorporé y me acerqué a él, acaricialas un poco, le pedí. Sus pequeñas manos comenzaron a recorrerlas, apretándolas suavemente y rozando mis pezones. Yo suspiraba extasiada, acercándome más a él, sintiendo como su polla erecta rozaba mis muslos. Con gusto me hubiera echado la tanga a un lado y dejado caer sobre su tranca hasta enterrármela hasta los huevos.« Ahora verás, cariño»,

le dije quitando lentamente sus manos de mis tetas. Volví a arrodillarme frente a él, agarré su polla, le eché varias veces saliva para que estuviera resbaladiza y la metí entre mis tetas. Aún recuerdo su cara de estupefacción cuando las apreté, envolviéndola y empecé a moverme lentamente de arriba a abajo. Podía sentir la cabeza abriéndose paso y ésta no desaparecía como la de mi marido, si bajaba mucho

daba con mi barbilla.¿ Te gusta cariño? Le pregunté mirándole a los ojos mientras estrujaba cipolla con mis tetas cada vez más rápido. Sí, sí mamá, sí, ya viene, la servilleta mamá suspiraba entre gemidos mientras se retorcía en la silla. Yo no había cogido servilletas esta vez y no tenía nada a mano, así que ignoré sus palabras y seguía lo mío. No pasó mucho cuando sentí el primer chorro

golpear mi cuello y luego más sobre mis tetas. Así cariño así, muy bien mmm, gemí de excitación al oler aquel néctar que se derramaba sobre mí, cuanta leche, cariño, le dije aún moviendo mis tetas a lo largo de su palpitante polla. Lo siento, mamá, intente avisarte, dijo con la respiración entrecortada aún. No te preocupes, hijo, voy a limpiarme y traerte algo para limpiarte tú, le dije cariñosamente.

Fui hasta el baño y me vi preciosa en el espejo del baño, con mis tetas saliendo por el escote y la corrida de hijo corriendo por ellas, como corrían los fluidos por mi coño deseoso de ser penetrado. Toma cariño, le dije al volver a la habitación, ofreciéndole un paquete de toallitas húmedas, ahora límpiate y a dormir, es tarde, le dije dándole un beso en su frente. Mamá me llamó casi cuando iba a salir por la puerta. Su

voz me detuvo en seco y me giré para mirarlo. Dime, le respondí, intentando mantener la calma, aunque mi corazón ya latía con fuerza.¿ Tú también lo haces? Preguntó, con una voz que sonaba tímida, casi infantil, pero sus ojos no dejaban de mirarme fijamente, como si ya supieran la respuesta.¿ El qué, cariño? Pregunté, haciéndome la tonta, aunque en el fondo sabía exactamente a qué se refería. Sospechaba por dónde

iban los tiros, pero quería que él lo dijera. Eso, ya sabes, dijo, sin querer pronunciar la palabra, pero sus ojos bajaron hacia mi entrepierna, delatando sus pensamientos. ¿Masturbarme? Le pregunté directamente, sin rodeos, sintiendo como el calor subía por mis mejillas. Sí, eso, dijo, algo avergonzado, pero sin apartar la mirada de mí. Sí, alguna vez que otra, contesté con naturalidad, como si fuera algo completamente normal, aunque en

el fondo sentía que estaba cruzando una línea peligrosa. ¿Y, lo vas a hacer ahora? Preguntó. Más avergonzado aún, pero con una curiosidad que no podía ocultar.— Puede.—¿ Quieres verlo? Le pregunté tras pensar unos segundos. Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera detenerlas, y en ese momento supe que no había vuelta atrás.— Puedo. Preguntó, con los ojos muy abiertos, como si no pudiera creer lo

que estaba escuchando. Yo tan solo le ofrecí mi mano y le hice un gesto con mi cabeza para que me acompañara a mi cuarto. Él tiró rápidamente la toallita a la papelera y fue hasta mí, con tan solo su camiseta puesta y su flácida polla al aire, y me tomó de la mano. Caminamos en silencio, yo no quería pensar mucho en lo que estaba a punto de hacer. Me convencí diciéndome a mí misma que solo iba a enseñarle cómo se daba placer una mujer, pero sabía que

había algo más. Quería que me viera en ese estado, que supiera que yo también tenía necesidades carnales. Lo llevé hasta mi cama y lo senté en el borde. Lentamente me subí yo, con movimientos sensuales y felinos, subiéndome el vestido hasta la cintura, dejando a la vista el fino tanga que llevaba. Volví a sacar mis tetas y me tumbé hacia atrás. Un suspiro entrecortado salió de mi boca al pasar por primera vez mi mano por encima de

la fina licra. Con una sensación tan placentera recorriendo mi cuerpo que tuve que acariciarme con fuerza mi coño una y otra vez mientras lo miraba a él, que no perdía detalle.« Ven, MMM, acércate», le dije sin dejar de tocarme. Él se puso a mi lado, de rodillas, con su polla de nuevo erecta y sin dejar de mirar cómo me seguía acariciando. Ayúdame, cariño, tira del tanga, le pedí, levantando mis piernas y despegando el culo de la sábana.

Una vez tuve el tanga fuera, abrí bien mis piernas para que no perdiera detalle de cómo mis dedos abrían mi coño. Mira, estos son mis labios vaginales, le dije mientras me los acariciaba. Tiene mucho pelo alrededor, comentó, algo extrañado. Bueno, Mi vida, las mujeres también tenemos pelos ahí, seguro que los que has visto en internet están depiladas, le dije, jugando con mi bello púbico. Sí, solo suelen tener en la parte de arriba, dijo, señalando mi pubis.¿ Y cómo

te gusta más, cariño? Le pregunté mientras me metía dos dedos. Con pelo solo arriba, dijo, algo avergonzado, tocando ligeramente mi pubis. Gemía al sentir sus dedos. Dame tu mano, le pedí, agarrándole la muñeca. Llevé su mano más abajo hasta que sus dedos acariciaron mi coño, sintiendo como rozaban mi clítoris, haciéndome estremecer. Ahora pon dos dedos rectos, MMM, así, muy bien,

le decía mientras gemía. Está muy mojado, mamá, dijo, sorprendido. Claro, Cariño, MMM, las mujeres también tenemos nuestros fluidos para facilitar la penetración, ah. Le expliqué mientras fui introduciéndome sus dedos. Está caliente, se siente bien el tacto, comentó mientras seguía dejando que guiara sus movimientos. MMM, cariño, sigue tú, le pedí después de estar un rato guiándolo, soltando su mano y llevando la mía hasta su polla. que estaba de nuevo como una piedra.

Con algo de torpeza, fue masturbándome, metiendo los dedos tímidamente mientras yo acariciaba su glande con mi pezón y mi mano libre flotaba mi clítoris. Así, así, cariño, sigue, sigue, mételos, mételos más adentro, le pedía entre gemidos, pajeándole ahora con fuerza. Estaba a punto de correrme cuando sentí un primer lechazo de nuevo en mis tetas. Mamá, mamá, suspiraba él sin dejar de meterme los dedos. Yo aumenté el ritmo, frotando

mi clítoris, mientras él seguía cubriéndome con su semen. Me corrí también, con un gemido que salió desde lo más profundo de mi ser.

Speaker 3

Uf,

Speaker 2

cariño, aún tenías mucho guardado, ¿eh? Le dije bromeando mientras seguía acariciando su polla. Sí, dijo con una mezcla de vergüenza y orgullo.¿ Y tú, mamá, terminaste? Preguntó, aún con los dedos metidos en mi coño. Sí, cariño, sí, dije resoplando, aún jugando con la punta de su polla en el semen que cubría uno de mis pezones. Ahora, cariño, saca tus dedos lentamente, uf, suspiré cuando lo sacó.¿ Te duele, mamá? preguntó, curioso.

Solo que se queda sensible después del orgasmo, corazón, le expliqué. Su cara me parecía enternecedora, mirando a un micoño, intentando comprender lo que siente una mujer.¿ Será mejor que nos limpiemos, no crees? Le dije, mirando mis embadurnadas tetas.¿ Están bien, mamá? contestó él, levantándose de la cama.¿ Quieres que nos duchemos juntos y te lavo yo?

Speaker 3

Como cuando eras niño, le pregunté. ¿Sí, y yo puedo lavarte a ti? Me preguntó con vergüenza

Speaker 2

Claro, mi amor— dije, levantándome, intentando que el semen no cayera en las sábanas, aunque por el cerco mojado que había dejado yo en ellas, tuve que cambiarlas de todas formas. Nos metimos en el baño, los dos desnudos, esperando a que el agua caliente empezara a salir.— Tienes frío, mamá— me preguntó, jocoso, mientras tocaba con su dedo uno de mis duros pezones.¿ Y tú? Dije, riéndome, mientras hacía yo lo mismo con uno de sus pequeños pezones. Anda, vamos adentro,

ya está saliendo caliente. Mojamos nuestros cuerpos el uno al otro, y luego empecé a enjabonarlo. Lentamente, me regocijé recorriendo su joven cuerpo. Lavé bien su polla y sus huevos, aunque no tardé mucho en la tarea, temiendo que volviera a empalmarse de nuevo. Luego le lavé el pelo, masajeándolo suavemente, poniéndole las tetas cerca de su cara. Arturo, le advertí cuando sentí sus manos acariciando mis tetas. Mamá, es que se ven tan bonitas, me dijo, intentando justificarse, e inmediatamente

metió uno de mis pezones en su boca. Arturo, suspiré, pero le dejé hacer y seguí enjabonando su cabeza un poco más. Ya está bien, cariño, cierra los ojos, voy a aclararte. Ahora me toca a mí bañarte, dijo, entusiasmado. Pero bañarme solamente, le advertí con una sonrisa traviesa, temiendo que se regocijara más de lo necesario. Empezó a enjabonarme los brazos, lentamente fue subiendo a mis hombros y mi cuello. Se me erizó la piel al sentir sus enjabonadas manos

sobre mis pechos. fluyendo por ellos. Yo soltaba un suspiro cada vez que la palma de su mano retorcía mis pezones con movimientos circulares.« Creo que ya están limpios, cariño», dije, ocultando un gemido en mis palabras. Bajó por mi vientre, teniendo que contener mi respiración al sentir sus dedos cerca de mi pubis, pero en el último momento viró hacia mis caderas y bajó por la parte exterior de mis piernas.

Fue subiendo ahora por el interior, sus manos recorrían el interior de mis muslos, volviendo a tener que contener la respiración cuando sus dedos rozaron los pelos de mi coño. Date la vuelta, mamá, me pidió, parecía que lo hacía queriendo, dilatando el momento de enjabonarme mi entrepierna. Me giré y quedé mirando a los mandos de la ducha. Sus manos corrieron por mi espalda hasta llegar a mi redondo culo. Sentí como hizo más presión en mis cachetes, abriéndolos con

movimientos circulares. Bajó de nuevo por mis piernas de igual manera que antes, primero bajando por fuera y subiendo por dentro. Me fue imposible contener un gemido cuando esta vez sí, sus dedos tocaron los labios de mi coño. Lo enjabonó delicadamente, enredando sus dedos en el vello.

Speaker 3

MMM. Arturo, suspiré. Ya

Speaker 2

no te molesta al tocarte, mamá, me preguntó, pasando sus dedos por la entrada de mi cueva. MMM, no, ya no, gemí, teniendo que apoyarme en la pared. Instintivamente, me incliné hacia adelante, y él siguió con sus caricias, recorriéndome desde el clítoris hasta mi ano. Sus dedos se movían rápido, presionando cada vez más, tanto que hasta el agujero de mi culo parecía ceder, acogiendo la punta de sus dedos. Hijo, dije con un hilo de voz, en un inútil esfuerzo de

decirle que se detuviera. Dime, mamá, dijo él, sin dejar de acariciarme. Hijo, sigue, cariño, sigue, méteme los dedos, le imploré, incapaz de controlarme. Él inmediatamente buscó la entrada de mi coño y, como el cuchillo en la mantequilla, me enterró dos dedos. Me tenía a su merced, echada hacia adelante, abriendo mis piernas para facilitarle la masturbación. Los metía, los sacaba, frotaba mi clítoris y volvía a metérmelos, haciéndome enloquecer de placer.

Parecía que había aprendido rápido y me tenía en un gemido constante. Ya, hijo, ya, me corro, cariño, me corro, gemí fuertemente mientras mi cuerpo comenzaba a temblar, teniendo que doblar mis rodillas y agacharme para no caerme. Él seguía con sus dos dedos en la misma posición que como cuando los tenía dentro de mí, mirándome mientras yo temblaba de placer. Cuando logré recuperarme de tan intenso orgasmo, me levanté y, como si nada hubiera pasado, le pedí que

me aclarara con el agua. Vamos a secarnos, cariño, le dije, tan relajada que apenas se oía mi voz. Una vez secos, cada uno nos fuimos a nuestra habitación a ponernos el pijama. Mientras me lo colocaba, cierto atisbo de remordimiento empezaba a florecer en mí. Aquello ya estaba tomando otros tintes, iba más allá de la motivación para sus estudios. Ahora yo también necesitaba que me masturbara. el volver a esos juegos de seducción, de provocar y recibir el placer de alguien

a quien quieres genuinamente. Pero, por otro lado, temía que siguiera esa evolución, temía en lo que podría terminar todo aquello. Una vez me puse el pijama, fui a su habitación y lo encontré ya metido en la cama. Buenas noches, hijo, le dije, sentándome en el borde de la cama. Buenas noches, mamá, Me deseó él también, mientras yo acariciaba su cabello. Cariño, lo que hemos hecho no puede saberlo nadie jamás,¿ de acuerdo? Le dije, con voz suave. Sí, mamá, será nuestro secreto,

me dijo él con una sonrisa. Que descanses, mi amor, le dije, e inclinándome hacia él, le di un suave beso en los labios. Volví a mi habitación. pensando en él

Speaker 3

Sin poder borrar la sonrisa de mi rostro. Capítulo 7

Speaker 2

Después de nuestra doble sesión de tocamientos y corridas, como de costumbre, durante unos días todo volvió a la normalidad. O al menos, a una apariencia de normalidad. Pero esta vez, no tuve que esperar a que Arturo diera el primer paso. A mitad de semana, ya estaba rondándome desde por la mañana. Me abrazaba, pegándome su polla a la más mínima oportunidad, se hacía el descuidado y rozaba mis tetas o mi

culo con naturalidad. Era como si hubiera decidido que ya no había necesidad de disimular, como si supiera que yo no iba a rechazarlo. Y la verdad es que no lo hacía. Cada roce, cada mirada, cada gesto suyo me ponía más cachonda, más caliente, más dispuesta a ceder. Mamá, dijo, llamando mi atención desde la puerta mientras cosía. Dime, cariño, le respondí, levantando la vista de las telas y mirándolo

con curiosidad. Luego,¿ luego podemos hacerlo del otro día? Me preguntó, haciéndose el remolón, pero con una mirada que no dejaba lugar a dudas sobre sus intenciones. Ganas no me faltaban, pero dentro de esta locura, sabía que debía poner unas normas. No podía dejar que esto se descontrolara por completo. Tenía que mantener algo de orden, aunque fuera sólo para convencerme a mí misma de que todavía tenía el control. No, cariño, sólo en el fin de semana, le contesté, aguantándome mis

propias ganas. Y si estudias mucho, claro. Está bien, dijo, resignado, yéndose a su habitación con un aire de decepción que me hizo sentir culpable. Me costó decirle que no, pero sabía que tenía que hacerlo. Tenía que controlarme, aunque cada vez fuera más difícil. Y no fueron pocas las veces que mi propia calentura me tentó de ir hasta su habitación, de recibir una carga de su leche, de volver a

correrme entre sus dedos. pero saqué fuerzas de donde no las tenía y me concentré en mi costura, en el ritmo constante de la máquina, en el sonido repetitivo que me ayudaba a mantener la mente ocupada. Sin embargo, esa tentación hacía mella en mí. Mientras la máquina de coser seguía su vertiginoso vaivén, yo flotaba mis muslos en un vano intento de apaciguarme. Recordé cuando él, con su mirada curiosa, acarició mi coño por primera vez. Fue entonces cuando tuve

una idea. Dejando todo tal y como estaba, me metí en el baño. Abrí el grifo del agua caliente de la ducha y dejé que el agua corriera mientras buscaba en el cajón bajo el lavabo un paquete de maquinillas de afeitar y unas tijeras pequeñas. Con el agua caliente y algo de jabón, me fui afeitando mi entrepierna. Empecé por las ingles, y luego, con sumo cuidado, Pasé las

afiladas cuchillas por los labios de mi excitado coño. Luego perfilé mi pubis, dejando una pequeña mata que luego recorté con las tijeras, justo como me había dicho mi hijo que le gustaba. Cuando quedó perfecto, me di con el agua, haciendo que los restos se fueran acumulando en el sumidero. El chorro de agua caliente ya me había puesto cachonda, pero cuando me unté la crema hidratante, no pude resistirme. Las imágenes de la polla de Arturo venían a mi

mente una y otra vez. Recordé cómo la alojé entre mis tetas, cómo su cabeza golpeaba mi barbilla. Metí mis dedos en mi ahora suave rajita, una y otra vez, hasta correrme. Suspiré aliviada. Este desahogo me mantendría relajada por un tiempo, al menos. Llegó el viernes y a última hora de la tarde volví a casa. Él estaba esperándome en el sofá, con una sonrisa de oreja a oreja. Ya sabía de sus intenciones, pero me hice la despistada, como si se me hubiera olvidado lo que tocaba al

llegar el fin de semana. Quería que acudiera a mí, sentirme deseada por él, dependiente de mis caricias. Me fui hasta mi cuarto, dispuesta a cambiarme de ropa, cuando escuché sus pasos por el pasillo. Sabía a qué venía, y aunque una pequeña parte de mí quería cerrar la puerta, otra parte, más fuerte, más insistente, me abocaba a dejarlo entrar.

Speaker 3

Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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