¶ Intro / Opening
Lleva tua immaginazione a un altro livello. calientes. Hoy presentamos. Mi vida de amo, parte final.
¶ Viaje a La Coruña y Llegada
Madrugamos mucho la mañana siguiente, pues teníamos que coger el primer vuelo a la Coruña, ciudad donde vivía la hermana de Irene con sus tíos. El viaje fue agradable, pese a que estuvimos esperando una hora por un retraso. Cuando llegamos al aeropuerto de La Coruña, eran las 11 de la mañana. ¿Llegaremos a tiempo para darle la sorpresa a tu hermana? Irene miró el reloj.
Sí. Es una dormilona, antes de las doce no se levantará. Nos dimos un beso y nos pusimos en marcha hacia el hotel que había reservado al planificar el viaje. Llegamos en apenas media hora, estaba en un punto intermedio entre el aeropuerto y la casa de los tíos de Irene. La habitación no era gran cosa, aunque podía haberme permitido algo mejor: una cama de matrimonio, dos mesitas de noche, un armario y una televisión. También disponíamos de un baño compartido con duch.
Ambos fuimos directamente a ducharnos, pero por turnos, pues si entrábamos juntos no saldríamos en una hora. Tras las duchas y cambiarnos, fuimos a la casa de los tíos de Irene. En la puerta me encontré con el coche que había alquilado, y tras 15 minutos de camino y otros cinco buscando dónde aparcar, conseguimos llegar. Llamamos al telefonillo y su tía nos abrió rápidamente. Entramos en el edificio de apartamentos y cogimos el ascensor, pues vivían en un cuarto piso.
¶ El Plan para Soledad
¿Cómo te presento? Preguntó Irene mientras me daba un beso en el cuello. Como tú quieras. Tu jefe o un amigo. Ella sonrió. Como mi novio. Nos dimos otro beso, más apasionado. Nuestras lenguas se entrelazaron mientras sus brazos rodeaban mi cuello y mis manos acariciaban su trasero. Cuando llegamos a la planta, nos separamos y nos recolocamos la ropa. Su tía abrió la puerta en pocos segundos.
Era una milf de categoría. Parecía que todas las mujeres de esta familia estaban hechas específicamente para el placer. Tíadijo Irene, ahogando un gritito.¿Cuánto tiempo?Cariño. Respondió ella, abrazándola fuertemente.¡Qué guapa está! Tú también, tía, dijo Irene tras el abrazo. Este es Víctor, mi novio. Víctor, esta es Soledad, mi tía. Ella se acercó, abriendo los brazos en clara señal de un abrazo. Como no era plan hacerle un feo, acepté.
Me sorprendió mucho notar la mano de soledad en mi trasero, pellizcándolo brevemente. No dije nada, mantuve la compostura, aunque anoté mentalmente devolverle la caricia. Tras ello, nos invitó a entrar. Fuimos directamente al salón, donde tía y sobrina se pusieron al día durante casi diez minutos. Prácticamente no participé en la conversación, principalmente porque estaba sorprendido por la cantidad de mentiras improvisadas que soltaba Irene ante cada pregunta personal de su tía.
Tanto sobre nuestra relación como sobre su trabajo. La única verdad a medias que dijo fue que yo era su jefe, pero no dio detalles sobre el tipo de trabajo, y Soledad tampoco preguntó. ¿Por qué no vas a despertar a tu hermana, cariño? Dijo Soledad, señalando el pasillo con la cabeza. Yo preparo café para que la acompañéis mientras desayuna. Irene se levantó y salió casi corriendo. Dos segundos después, Soledad se acercó a mí.
¶ Seducción de la Tía Soledad
Sin pensarlo demasiado, la abracé por detrás, rodeando su cuello con mi brazo, apretando mi erección contra su trasero y colocando mi otra mano sobre uno de sus pechos. Parece que la tía es tan juguetona como la sobrina, dije, mordisqueándole el lóbulo de la oreja. Cuando iré me vuelva, propondrás que nos quedemos aquí. Tras un poco de teatro, aceptaré e iré a por las maletas. Tú te ofrecerás a acompañarme y después te haré mía en el hotel.¿Entendido?
No sé si fue por el tono que utilicé o por lo repentino de la situación, pero soledad solo pudo asentir, tragando saliva. La giré sobre sí misma, le di un beso en los labios, y susurré en su oído mientras le daba un azote en el trasero. Al preparar el café, perra.
¶ Encuentro con Lorena y Aceptación
Ella restregó su trasero contra mi erección antes de salir hacia la cocina. Me senté en el sofá y, en ese momento, escuché un grito de mujer, que supuse era de Lorena al reconocer a su hermana. Tras unos minutos, ambas llegaron al salón. Lorena resultó ser una versión más joven y con un aire más inocente y virginal de Irene. Salvo por eso, eran prácticamente idénticas.
La chica casi saltó sobre mí en el sofá. Gracias. Dijo Lorena, abrazándome con fuerza. Gracias por traerme a mi hermana para mi cumpleaños. Se lo ha ganado, y es un placer hacerla feliz. Lorena me obsequió con un inocente beso en la mejilla. Cuando nos separamos, nuestros ojos se encontraron y ella enrojeció levemente. Tengo que hacerla mía, pensé. Mía para siempre, como su hermana. Levanta, pesada. Es mi novio, no el tuyo, dijo Irene entre risas.
Tras hablar un rato, llegó Soledad con el desayuno de Lorena y los cafés para el resto. Cariño, dijo la tía hacia Irene,¿por qué no os quedáis a dormir aquí? Tenemos sitio de sobra en la habitación de invitados, y la cama es lo bastante grande para los dos. Irene rápidamente entró en un bucle de no, no, no y no. Claramente, se había hecho a la idea de tenerme para ella sola todas las noches durante los días que estuviésemos allí.
Sin embargo, como mi plan para seducir a soledad implicaba dormir allí, apoyé la idea. Es buena idea, cariño, dije, poniendo mi mano en la pierna de Irene. Así podrás pasar más tiempo con tu hermana. Irene no parecía muy convencida, pero ante la insistencia de su tía y la mía, acabó cediendo. Perfecto. Ponte al día con tu hermana, yo voy a por las maletas y nuestras cosas al hotel.
Te acompaño, dijo Soledad al instante. Tengo que hacer unas compras cerca de casa, y será más fácil subir las maletas si somos dos.
¶ Escapada al Hotel con Soledad
Nos despedimos de ambas hermanas y entramos en el ascensor. Al momento, me abalancé sobre la boca de soledad, que me correspondió con auténtica desesperación. Sus manos recorrieron mi cuerpo por encima de la ropa, deteniéndose un momento en mi entrepierna. Cuando el ascensor llegó abajo, nos separamos y nos colocamos bien la ropa y el pelo. Fuimos casi corriendo hasta el corte.
Tras ponerlo en marcha, una de mis manos se colocó en la entrepierna de soledad, y tras maniobrar un poco, empecé a acariciar directamente su intimidad con mis dedos, que estaba increíblemente húmeda. Pocos segundos después, dos de mis dedos entraban y salían frenéticamente de su interior mientras íbamos hacia el hotel. Cuando llegamos, subimos a la carrera hasta la habitación. Nos desnudamos en apenas unos segundos y nos dejamos caer sobre la cama.
Rápidamente me coloqué en posición y la penetré con fuerza, al mismo tiempo que retorcí a sus pezones con saña. Unos minutos después, ambos nos corrimos a la vez, ella pegó un pequeño saltito al notar mi semen en su interior. No te has puesto con don. Nunca me lo pongo. Yo fullo al natural, acostúmbrate, porque en tu casa también pienso hacerlo. Cuando me vaya, tendrás un depósito de mi semen en tu interior.
Tras decir esto, me levanté de la cama y fui al armario, donde saqué una bolsa de deporte con varias cosas que Irene se había empeñado en traer. Solo cogí las pinzas para pezones, una mordaza de bola y un vibrador. Soledad miró las cosas, alucinada.¿Pero qué le haces a mi sobrina? Tu sobrina es mi esclava sexual, como lo serás tú estos días. Ahora cállate y chúpame la polla. Soledad se incorporó como un resorte y, en pocos segundos, me estaba haciendo una profunda mamada.
Sin embargo, no la dejé llegar hasta el final. En un rápido movimiento, le puse la mordaza y las pinzas. Ella se revolvió al notar el dolor, pero le impedí que se las quitase. Después, la penetré por el culo con el vibrador, sin nubicar ni dilatar, provocando un profundo quejido. Tras esto, la volví a penetrar con fuerza y velocidad, llevándola a un intenso orgasmo pocos minutos después. Sin embargo, no dejé de moverme y encadenó un segundo orgasmo.
Le quité las pinzas, el vibrador y la mordaza, y la ayudé a ir a la ducha. Tras ducharnos en tiempo récord, cogimos las maletas, recogimos las cosas y volvimos a casa de soledad, donde nos esperaban Irene y Lorena. Esta última se había duchado y vestido.
¶ La Orgia de Soledad
Tras esto, hicimos algo de turismo, fuimos a comer fuera y al cine. Aprovechando que Soledad y yo fuimos al baño a la vez, me la volví a follar en los servicios. El polvo duró unos minutos, pero fue intenso. Cuando salí, había cuatro hombres con los ojos brillantes y las pollas erectas por el espectáculo que habían escuchado. Menuda zorra de campeonato tienes ahí dentro, chaval, dijo uno de ellos. ¿Os gusta? Pregunté, mientras se me ocurría una idea perversa.
Pues es toda vuestra. Folladla hasta despacharos a gusto. Soledad intentó decir algo, pero un gesto mío fue suficiente para que abriera las piernas y se acomodara en el retrete, en claro gesto de bienvenida. El chico que había hablado la sacó del retrete y la empotró contra la pared, en un rápido movimiento, la penetró con fuerza.
Otro de los chicos se colocó frente a ella, llevando su polla hasta la boca de soledad, quien, sin protestar, comenzó a chupársela con avidez mientras masturbaba a los otros dos. Cuando salí del baño, encontré cerca el típico cartelito de mojado y lo coloqué en la entrada para que no molestaran y dejaran continuar la orgía. Volví con Irene y Lorena. 45 minutos después, llegó Soledad, quien rápidamente se disculpó y se fue a casa, alegando que se encontraba mal.
Horas más tarde, llegamos a casa de soledad. Tras ir también de compras, la encontré en el sofá. Nos saludó con dos besos a todos, pero estaba distraída. Ambas hermanas se fueron a la habitación de Lorena mientras yo me acerqué a Soledad. ¿Qué tal la fiestecita? Pregunté. Ella no respondió al momento. Tuve que insistir.
Finalmente, contestó. He tenido sexo con cuatro desconocidos que me han penetrado sin protección y se han corrido dentro, en los baños de un cine. Dijo, histérica pero en voz baja. ¿Qué haré si me han contagiado algo?¿O si me quedo embarazada? Convertirte en una puta que parece tu vocación, respondí. Ella no dijo nada. Se quedó pensativa en el sofá. Yo me unía a Irene y Lorena, que estaban probándose unos modelitos que habían comprado.
Casi me echaron a patadas cuando entré, pues justo lo hice cuando Lorena tenía sus pechos al aire.
¶ Lorena Espía y es Descubierta
No pasó nada interesante hasta después de cenar, cuando Irene y yo nos fuimos a la cama. Irene se puso juguetona y no tardó en empalarse con mi polla, cabalgándome lentamente para no hacer ruido. Tras unos minutos, noté un ligero clic y vi cómo la puerta de nuestra habitación se abría lentamente unos centímetros. Inmediatamente supuse que era Lorena quien nos espiaba, pues Soledad estaba completamente impactada por la escena de los baños.
Eso me excitó aún más y cambié la posición con Irene. Nos pusimos en un misionero mientras la follaba con fuerza. Irene ya no pudo contener los gemidos y cada vez hacía más escándalo. Poco antes de llegar a un arrollador orgasmo, noté un pequeño golpe en el pasillo. Supuse que Lorena se había corrido y las piernas le habían fallado. Irene pareció no darse cuenta, concentrada como estaba en su propio placer. Unos segundos después, ambos nos corrimos.
Esperé unos minutos, tanto para recuperar las fuerzas como para permitir a Lorena que se fuera a su habitación. Entonces me levanté para asearme, mientras Irene estaba profundamente dormida. Me llevé una gran sorpresa al encontrarme a Lorena medio desnuda y desmadejada en el pasillo. Al verse descubierta, intentó taparse mientras balbuceaba excusas estudiadas.
¶ La Desvirga de Lorena
En un rápido movimiento, la levanté y la llevé al baño.¿Qué hace? Susurró ella, intentando zafarse de mí. Castigar a una chiquilla que no sabe que espiar es de mala educación, respondí. En una hábil maniobra, coloqué mi mano entre sus piernas, con acceso total a su coño, que empecé a acariciar mientras salían débiles protestas de su boca. Para, no. Podemos, eres el novio de mi hermana, por favor, pero enseguida sus defensas cayeron del todo. Oh, joder, sí.
Estaba claro que todas las mujeres de esta familia eran unas putas de campeonato. La penetré con un dedo y me llevé la sorpresa del siglo. Su coño era muy estrecho, y, tras un par de centímetros, algo me impidió seguir, su imen. ¿Eres virgen, putita?pregunté. Ella sintió mientras restregaba su coño contra mi mano. Pues mi segundo regalo de cumpleaños será convertirte en mujer, dije. Eso pareció hacerla recuperar la cordura, y rápidamente se separó e intentó marcharse. Pero se lo impedí.
No sé cómo lo harás, pero mañana conseguiré que nos quedemos a solas y te desvirgaré.¿Entiendes? Ella astió, pálida, y salió corriendo hacia su habitación. Unos minutos después, ya aseado, salí yo y me metí en la cama con Irene. Rápidamente nos dormimos hasta la mañana siguiente. El día siguiente no pasó mucho. Lorena evitó por todos los medios que nos quedáramos a solas, pero tampoco dijo nada de nuestro encuentro en el baño.
¶ Lorena Sucumbe al Deseo
Al día siguiente, los astros se alinearon, Soledad e Irene se pusieron de acuerdo para ir a hacer unas compras y preparar algo especial para comer. Les dio pena levantar a Lorena, que seguía durmiendo plácidamente. Ambas se fueron, y a los pocos minutos, empecé a hacer ruido en la casa, con la intención de que Lorena se levantara, algo que conseguí apenas unos minutos después.
Una Lorena completamente adormilada se levantó y, tras no encontrar a su tía ni a su hermana, me preguntó,¿dónde están Irene y mi tía? Yo sonreí como una hiena. Se han ido de compras hace nada. Me han dicho que estarán varias horas fuera.¿Recuerdas lo que te dije en el baño? Ella se despertó de golpe y retrocedió. No podemos, eres el novio de mi hermana, no puedo hacerle esto. No somos pareja, dije, mientras eliminaba el espacio entre nosotros. Ella solo es mi esclava sexual.
¿Qué? Intentó decir, pero la corté con un beso apasionado. Todas sus defensas se desmoronaron en cuanto mi lengua comenzó a jugar con la suya. La llevé hasta la habitación, mientras nos desnudábamos por el camino, y ella se dejó caer en la cama. Metí mi cabeza entre sus piernas y me empleé a fondo en su primera comida de coño.
Sus gemidos rápidamente inundaron la habitación. Decidido a que ella misma se entregara a mí, la llevé media docena de veces hasta casi alcanzar el orgasmo, volviéndola loca. Finalmente, preguntó.¿Por qué no haces que me corra? Dijo, visiblemente molesta y desesperada. Porque solo te correrás con mi polla dentro, respondí con una sonrisa angélica. Pues, follame, de una vez, suplicó. Pídeme por favor que te desvirgue. Por favor, desvírgame, dijo, rendida.
Al escuchar sus palabras, me levanté y comencé a besarla. Ella no hizo ascos a sus jugos y se entregó por completo al beso. Tras esto, Jemi polla hasta su coño y ella se tensó, pero no dijo nada. Poco a poco la fui penetrando. Ella me rodeó con las piernas y clavó sus uñas en mis brazos, tensionándose por completo. Sin embargo, eso no me detuvo, ni siquiera sus ligeros quejidos. Solo me detuve cuando conseguí vencer la resistencia de su imen y mi polla entró completamente en su interior.
Por favor, dijo ella, para un sé. No la dejé terminar, pues empecé un violento mete saca que la hizo boquear y revolverse de dolor e incomodidad. Poco a poco, comenzó a acostumbrarse a mi polla, consiguiendo mayor placer, acompañándolo de gemidos y palabras obscenas. En esa guisa, ella se corrió por primera vez, un intenso orgasmo que la dejó agotada, pero no la dejé descansar. Giré sobre mí mismo y ella quedó encima, cabalgándome cual amazona.
Su inexperiencia era patente y, pese a las ganas que ponía, sus movimientos torpes impidieron que yo disfrutara de la postura, así que la volví a cambiar, poniéndola a cuatro patas. Empecé otra vez a follarla con toda mi fuerza y violencia, mientras la azotaba y le decía que era tan puta como su hermana y que me la iba a llevar a Madrid para tener dos esclavas a mi disposición. Ambos llegamos a un violento orgasmo que nos dejó completamente agotar.
Media hora después, cuando tuvimos fuerzas suficientes, fuimos a la ducha. Antes de entrar, la puse de rodillas y la hice comerse mi polla. No fue una mamada, pues su inexperiencia me pasó factura. Simplemente la cogí por la cabeza y me la follé violentamente entre sus arcadas y lágrimas. Tras unos minutos de descanso, entramos en la ducha y la enjaboné dulcemente. Ella se apoyó sobre mi pecho y no hizo nada durante unos minutos.
Tras ello, nos separamos, nos secamos y cada uno fue a su habitación. No volvimos a hablar ni a hacer nada guarro hasta que llegaron Irene y Soledad. Lorena no hizo ningún comentario que delatara lo que había pasado. Durante los tres días siguientes, ignoré los claros avances de Lorena para repetir a lo que le dije. Si quieres repetir, entra a mi habitación cuando me esté follando a tu hermana. Los tres días siguientes, Lorena no hizo lo que le dije.
¶ La Noche del Trío
En la cuarta y última noche, mientras follaba profunda pero lentamente a Irene, la puerta de la habitación se abrió de par en par y entró una lorena visiblemente cachonda, desnuda y desesperada. Pero¿qué coño hace? Gritó Irene, intentando levantarse y taparse. Pero se lo impedí. Por fin te decides, putita, dije a Lorena, mientras Irene se debatía para liberarse de mí, visiblemente enfadada. Venga, Lorena, tenemos que calmar a tu hermana, comela el coño.
Irene se revolvió con furia, intentando impedirlo, pero Lorena, desesperada por volver a sentir los placeres del sexo, logró inmovilizarle las piernas y empezó a comerle el coño desesperadamente. Como imaginé, las protestas de Irene terminaron en cuanto notó la lengua de su hermana en su coño. Todas las mujeres de esta familia sois igual de putas, dije, mientras presionaba con mi polla los labios de Irene, que finalmente decidió entregarse al trío y abrió la boca.
La mamada fue apoteósica, y yo me corrí casi al mismo tiempo en que Irene llegaba al orgasmo por las atenciones de su hermana. Tras unos segundos, me puse detrás de Irene, a quien penetré con potencia, mientras Lorena, sentada a escasos centímetros, le enseñaba su húmedo y brillante coño, pidiéndole con urgencia que le devolviera el favor. Irene no se hizo derrogar, y en un segundo, su lengua recorría cada milímetro del coño de su hermana.
En ese momento, noté los contrastes entre ambas, y Irene, mucho más experimentada que su hermana, consiguió llevar a Lorena tres veces al orgasmo antes de que yo pudiera hacer que se corriera. Ambas cayeron desmadejadas en la cama. Tras unos minutos, me coloqué encima de Lorena, a quien penetré en la posición del misionero. Unos segundos después, cuando Irene fue consciente de la follada que le estaba propinando a su hermana, se acercó a su cara y le propinó un morreo de escándalo.
En ese morreo, Lorena participó activamente hasta que Irene decidió sentarse sobre la cara de Lorena. Mientras me follaba a Lorena, Irene me besaba y, a su vez, recibía una comida de coño de su hermana. Fue el punto más excitante de la noche. Cuando los tres llegamos al orgasmo, nos quedamos dormidos en mi cama.
A la mañana siguiente, me desperté recibiendo el mayor de los honores, ambas hermanas me hacían una mamada de escándalo y, cuando sus bocas se juntaban, se comían la boca desesperadamente. Finalmente, me corrí entre las bocas de ambas.
¶ Una Nueva Vida de Amo
Tras ello, decidí que era un buen momento para hablar. No ha sido el despertar que esperaba. Imaginé gritos y reproches, no esto. Irene sonrió. Mi primera idea fue cortarte la polla, admitió Irene, pero luego vi a Lorena durmiendo plácidamente en tu pecho y pensé que mejor con nosotros que con algún gilipollas que la haga daño. Yo sonreí. Poco después me desperté yo, dijo Lorena. Y aunque estaba avergonzada, ayer fue la mejor noche de mi vida. Y no pienso renunciar a estos sentimientos.
Tras dejar clara la situación, Lorena se fue a su habitación para asearse, y nosotros hicimos lo propio. El último día en la coruña fue lacrimógeno y sentimental. Ni Irene quería irse ni Lorena que nos fuéramos. Pero al final, la razón se impuso y nos despedimos. Sin embargo, antes de irme, me acerqué a Lorena. Si alguna vez tienes ganas de repetir, tu tía es una putita sumisa. Si te impones, hará lo que quiera. Y como sé que el incesto no es un problema para ti, te lo puedes pasar muy bien.
Tras ello, nos despedimos e Irene y yo nos fuimos al aeropuerto. El viaje fue tranquilo. Las próximas semanas fueron de ajetreo constante para conseguir traer a Lorena a la Casa de la Sierra. Después de ponerla al tanto de la verdadera situación de Irene, ella aceptó venir y ser, según sus propias palabras, la segunda esclava oficial del amo Víctor.
Desde ese momento, las conversaciones entre ambas hermanas por videoconferencia fueron diarias, en las que Irene intentaba ponerla sobre aviso de lo que tenía que saber para ser una esclava a la altura. Pues Lorena se empeñó en ser mi esclava y, por tanto, tener castigo si fallaba en su cometido. Por otro lado, hizo caso a mi consejo y, en una de las videollamadas, nos sorprendimos al encontrar a Soledad lamiendo y succionando el coño de Lorena.
Quien a duras penas se podía concentrar en la conversación con su hermana. Finalmente, mes y medio después de la visita a la coruña, Lorena llegaba a la Casa de la Sierra como mi nueva y flamante esclava. Nos besamos apasionadamente en cuanto entró en la casa y, después, tras pedirme permiso, hizo lo mismo con su hermana.
Ahora deja tus cosas aquí y sígueme, le dije, mientras iba al salón. Lo había decorado para la ocasión, el sofá y los muebles habían desaparecido para dar paso a dos camas de matrimonio. Una de las camas estaba vacía, mientras que en la otra estaban arrodilladas todas las alumnas y Tania, cada una portando un cinturón vibratorio de 20 centímetros de largo. Desnudete y túmbate en la cama de las alumnas Titania. Van a follarte hasta que pierdas el sentido.
No se hizo derrogar, prácticamente saltó sobre la cama mientras se desnudaba. Unos segundos después, tenía su boca y su coño ocupados con sendos vibradores mientras le pellizcaban y lamían los pezones. Y, unos minutos después, tras prepararla debidamente, un vibrador entraba en su culito, siendo perforado por primera vez. Mientras Lorena se volvía loca con las atenciones, Irene y yo empezamos a follar como poseso.
Ambos estábamos increíblemente excitados al ver cómo poco a poco Lorena iba perdiendo la cordura ante el inmenso placer que recibía. Dos horas después, tras incontables y demoledores orgasmos, Lorena yacía inmóvil en la cama, completamente empapada de fluidos suyos y del resto de chica. La mirada desenfocada, las mejillas enrojecidas y el cuerpo sudoroso reflejaban lo intensa que había sido para ella la experiencia.
Sin embargo, aún no habíamos terminado, Irene consiguió que se despejara brevemente, lo justo para notar como mi polla se rozaba contra su coño. Sin siquiera quejarse o pedir clemencia, se acomodó sobre su hermana y se abrió de piernas para facilitarme el acceso. Cuando la penetré, soltó el gemido más profundo y satisfactorio de cuantos había soltado ese día. La follé con dulzura y cariño, tal y como follaba con Irene, y, poco después, entre besos, ambos nos corrimos.
Esta es la historia de cómo empezó mi vida de amo. Como pasé de ser un chico normal a ser un entrenador de esclavas, con dos hermanas completamente adictas a mí para satisfacerme 24 horas al día, siete días a la semana y 365 días al año. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
