MI MADRE LEE MIS HISTORIAS - PARTE FINAL - podcast episode cover

MI MADRE LEE MIS HISTORIAS - PARTE FINAL

Mar 25, 202639 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos... Mi madre lee mis historias, parte final. Los últimos tres días de vacaciones se convirtieron en algo que solo podía describir como un maratón sexual. Cogimos en cada superficie disponible de esa habitación de hotel En la cama, en el piso, contra la pared, en la regadera aunque luego descubriríamos que no era tan buena idea como prometía. Apenas salíamos para comer.

El resto del tiempo lo pasábamos desnudos, explorando, lamiendo y mordiendo piel. Rosa, la dueña, probablemente sabía exactamente lo que estábamos haciendo. Imposible que no lo supiera. Los gritos de mamá atravesaban las paredes delgadas. Cada vez que bajábamos por las escaleras para ir a comer, la mujer nos miraba con una sonrisa. Probamos cada posición que se me ocurría. Y cuando se me acabaron las ideas, mamá sugería nuevas. Ella tenía más experiencia que yo, eso era obvio. Conocía

ángulos y variaciones que nunca había considerado. Me enseñó cómo cierto giro de caderas cambiaba completamente la sensación. como apoyar su pierna en mi hombro habría posibilidades nuevas. Descubrimos que a mamá le gustaba estar encima. Le daba control sobre el ritmo y la profundidad. Se montaba sobre mí y se movía de maneras que me dejaban sin aliento. Sus pechos rebotaban frente a mi cara y yo los agarraba, los chupaba, los mordía hasta que ella gemía y aceleraba.

También descubrimos que le encantaba cuando la cogía desde atrás. En cuatro sobre la cama, su culo elevado, yo penetrándola profundamente. Podía agarrar sus caderas y controlar cada embestida. Jalar su cabello. Darle nalgadas que dejaban mis manos marcadas en su piel. Pero si había una asignatura en la cual mejoré de manera desproporcionada fue en el sexo oral. Siempre había pensado que sabía lo que hacía. Había visto suficiente porno. Pero

la teoría y la práctica eran cosas completamente diferentes. Mamá fue paciente. Me enseñó exactamente qué le gustaba. Dónde presionar con la lengua. Qué ritmo mantener. Cuando acelerar y cuando mantener la misma velocidad implacablemente. No cambies, jadeaba cuando encontraba el punto correcto

Speaker 3

Justo así. No te detengas.

Speaker 2

Y yo obedecía. Mantenía el mismo movimiento, la misma presión, hasta que sus muslos temblaban alrededor de mi cabeza y gritaba mi nombre. Aprendí que su clítoris necesitaba atención constante pero no demasiado directa al principio. Que sus labios respondían a lamidas largas y lentas. Que meter dos dedos dentro de ella mientras la lamía la hacía venir más rápido. incluso que el pulgar en el ano sin anuncio previo justo antes del orgasmo la hacía volverse loca.

Speaker 3

Y yo me volví adicto al sabor de su coño. Y mamá correspondía.

Speaker 2

Una tarde, después de que yo la había hecho venir dos veces seguidas con mi boca, ella me empujó sobre la cama. Se arrodilló entre mis piernas. Agarró mi verga que ya estaba dura y palpitante. Me la chupó con una intensidad que me dejó sin palabras.¡ Qué buena chupaberga eres, mamá! le dije para hacerlo

Speaker 3

más claro. Claramente eyaculé en su boca. Mamá tragó. Todo. Sin apartarse. Sin hacer muecas.

Speaker 2

Siguió chupando hasta que di la última gota. Cuando finalmente se apartó, se lamió los labios y sonrió. Me gusta tu lechita, dijo simplemente. Eso se convirtió en rutina. Cada vez que ella me chupaba, me dejaba terminar en su boca. Y cada vez tragaba con una expresión que sólo podía describir como satisfacción. El poder de eso era abrumador. No sólo el placer físico sino el aspecto psicológico. Verla arrodillada frente a mí. Verla recibir mi semen. Verla tragarlo como

si fuera algo preciado. Me hacía sentir como un rey. Como un dios. Como el puto señor del universo. También descubrimos que posiciones eran realmente cómodas y cuales solo se veían bien en teoría. Por ejemplo, cogerla contra la pared sonaba increíble. Y lo era, por unos minutos. Luego mis piernas comenzaban a temblar por sostener su peso y el ángulo se volvía incómodo. Terminábamos riéndonos y moviéndonos a la cama. El sexo en la regadera estaba completamente sobrevalorado. El agua

se llevaba a la lubricación natural. El espacio era demasiado pequeño. Alguien siempre terminaba congelándose porque el otro acaparaba el agua caliente. Lo intentamos una vez más después de la primera experiencia y confirmamos que era una mierda. En cambio, descubrimos que la posición de cuchara era perfecta para las mañanas. Yo detrás de ella, ambos de lado, penetrándola lentamente mientras despertábamos. Podía acariciar sus pechos. Besar su cuello. Y ella podía

presionar su culo contra mí, controlando la profundidad. Pero el descubrimiento más sorprendente llegó la última noche. Estábamos en la cama. Yo encima de ella, moviéndome con un ritmo constante. Sus piernas envueltas alrededor de mis caderas. Todo era familiar ya, cómodo, perfecto. Entonces sentí su mano moverse. Bajó entre nuestros cuerpos

Speaker 3

Pasó mis bolas. Y su dedo presionó contra mi ano. Me tensé inmediatamente. No por incomodidad sino por sorpresa. Relájate, murmuró

Speaker 2

mamá contra mi oído Su dedo presionó más firmemente. Luego se deslizó dentro. Solo hasta la primera falange. Pero la sensación fue explosiva. Cada terminación nerviosa que no sabía que tenía se encendió. El placer se multiplicó instantáneamente. Mi verga se puso aún más dura dentro de ella, algo que no pensé que fuera posible.

Speaker 3

Mierda, gemí. Mamá movió su dedo.

Speaker 2

Dentro y fuera en sincronía con mis embestidas. La combinación era devastadora. Duré tal vez un minuto más. Luego exploté con un orgasmo tan intenso que vi estrellas. Mi cuerpo se sacudió incontrolablemente. Semen brotó de mí en oleadas que parecían no terminar nunca. Cuando finalmente colapsé sobre ella, jadeante y exhausto, mamá se rió suavemente. Sabía que te gustaría, dijo. Y tenía razón. Lo repetimos dos veces más antes de que terminaran las vacaciones. Cada vez el orgasmo era igual

de intenso. Igual de abrumador. Esos tres días fueron una educación sexual acelerada. Aprendí más sobre sexo, sobre placer, sobre mi propio cuerpo y el de mamá, que en todos los años anteriores combinados. Pero sobre todo, fueron días de pura pasión. Sin pensar en consecuencias. Sin preocuparnos por el futuro. Solo existiendo en ese momento perfecto donde nada más importaba excepto el siguiente orgasmo. Cuando finalmente empacamos para irnos, la

habitación olía a sexo. Las sábanas estaban completamente arruinadas. Rosa probablemente tendría que tirarlas.

Speaker 3

Pero valió cada peso. Cada segundo. Cada maldito segundo. Fueron las mejores vacaciones de mi vida. La casa se veía exactamente igual.

Speaker 2

Mismos muebles. Mismas paredes. Mismo olor a limpiador de pino que mamá usaba religiosamente cada sábado. Pero todo se sentía diferente. O tal vez yo era el que había cambiado.

Speaker 3

Probablemente ambas cosas. Dejamos las maletas en la entrada. Voy a bañarme, anunció, y

Speaker 2

caminó hacia su

Speaker 3

habitación.

Speaker 2

Su habitación. No nuestra habitación como había sido durante una semana. Su habitación. La escuché cerrar la puerta. Luego el sonido de agua corriendo en su baño privado. No me invitó

Speaker 3

a unirme. No iba a pasar. Eso era cierto. Y así comenzó la primera semana de regreso.

Speaker 2

Mamá volvió a su rutina como si nada hubiera pasado. Se levantaba temprano. Se bañaba sola con la puerta cerrada. Desayunaba rápido mientras revisaba su teléfono. Salía al trabajo. Regresaba tarde. Cenaba algo ligero. Se iba a dormir a su habitación. Su puerta permanecía cerrada todas las noches. El primer día pensé que solo necesitaba tiempo para ajustarse. Que tal vez mañana las cosas serían

Speaker 3

diferentes. No lo fueron. El segundo

Speaker 2

día intenté iniciar algo. Entré a la cocina mientras ella preparaba café. Me paré cerca. Demasiado cerca. Mi cuerpo rozó el suyo cuando me estiré para alcanzar una taza. Mamá se apartó. Suave pero definitivamente. Creó espacio entre nosotros. Perdón, murmuró, aunque yo era quien había invadido su espacio.

Speaker 3

El mensaje era claro.

Speaker 2

El cuarto día, mamá trabajó hasta tarde. Llegó a las diez de la noche. Yo estaba en la sala fingiendo ver televisión pero

Speaker 3

realmente esperándola. Hola, dije cuando entró. Hola, respondió, dejando su bolsa en la mesa.¿ Ya cenaste? Sí. Bien. Estoy agotada. Me voy a dormir. Y se fue. O eso parecía. Porque también la observaba. Y empecé a notar cosas.

Speaker 2

Como sus ojos se detenían en mí cuando pensaba que no la veía. Como su respiración cambiaba ligeramente cuando yo entraba a una habitación. como me miraba la boca cuando yo hablaba

Speaker 3

Pequeñas cosas. Sutiles. Pero estaban ahí. Mamá también estaba luchando. Sólo que ella lo escondía mejor.

Speaker 2

Cierto día, yo no podía dormir. Bajé por agua y ahí estaba ella, parada frente a la ventana en pijama, mirando hacia la oscuridad del patio.

Speaker 3

No puedes dormir. Pregunté. Se sobresaltó. No me había escuchado bajar. No, admitió después de un momento. Tú tampoco, por lo que veo. No. Nos quedamos en silencio. El refrigerator zambaba. El reloj de la pared marcaba los segundos. Las vacaciones fueron, comenzó, luego se detuvo. Esperé. Mi corazón latía más rápido. Fueron increíbles, terminó finalmente. Pero ya terminaron. Las palabras me golpearon. Directas. Sin ambigüedad. No tienen que haber terminado, dije. Mamá sacudió

la cabeza. Si tienen que hacerlo. Esto es la realidad. La casa. El trabajo. La vida normal.¿ Y qué?¿ Fingimos que nada pasó? No fingimos nada. Pasó. Fue maravilloso. Y ahora seguimos adelante. Me acerqué a ella. Solo un paso. Ella se tensó pero no se

Speaker 2

apartó. No quiero seguir adelante, dije, mi voz salió más baja de lo que pretendía. Mamá me miró entonces

Speaker 3

Realmente me miró. Y vi todo ahí. El deseo que trataba de esconder. La confusión. El miedo. Esto es más complicado de lo que crees, murmuró. Lo sé. No, no lo sabes. Extendió su mano. Por un segundo

Speaker 2

pensé que me tocaría. Que cerraría esa distancia entre nosotros. En lugar

Speaker 3

de eso, tomó su vaso de agua de la barra. Buenas noches, Emanuel. Y se fue. De regreso a su habitación. De regreso detrás de esa puerta cerrada. Me quedé ahí. Solo. Frustrado.

Speaker 2

Con la verga empezando a endurecerse solo por estar cerca de ella. El séptimo día, viernes, trabajé desde temprano. Tenía una fecha límite que cumplir. Un cliente importante esperando un diseño que había prometido para hoy.

Speaker 3

Me encerré en mi cuarto. Audífonos puestos. Música alta. Manos en el teclado. Las horas pasaron. Cuando

Speaker 2

finalmente terminé y revisé el reloj, eran las siete de la noche.

Speaker 3

Tenía hambre. Sed. Necesitaba estirar las piernas. Salí de mi cuarto. La casa estaba en silencio. Bajé las escaleras. Mamá estaba en la sala.

Speaker 2

Recién llegada por lo que parecía. Todavía traía su ropa de trabajo. Se había quitado los zapatos y los había dejado junto a la puerta

Speaker 3

Se veía cansada. Agotada. Nuestras miradas se encontraron. Y algo pasó.

Speaker 2

Un reconocimiento. Una admisión silenciosa de que esta semana había sido una mierda para ambos.

Speaker 3

Hola, dije. Hola, respondió. El silencio se

Speaker 2

extendió. Pero no era el silencio incómodo de los días anteriores.

Speaker 3

Era algo diferente. Expectante.¿ Tienes hambre? Pregunté.¿ Podría pedir algo? Mamá asintió lentamente. Eso suena bien. Pedí comida china. Llegó media hora

Speaker 2

después. Nos sentamos en la mesa del comedor. La primera comida que compartíamos realmente desde que regresamos. Comimos en un silencio que era casi cómodo. Terminamos de comer. Recogí los contenedores vacíos. Mamá se quedó sentada, mirando su copa de agua.

Speaker 3

La semana había sido difícil. Para ambos. Eso era obvio. La pregunta era qué haríamos al respecto.

Speaker 2

Preparé dos copas de vino tinto. El que guardábamos para ocasiones que nunca llegaban. Si esto no calificaba como una ocasión, no sabía qué lo haría.

Speaker 3

Quieres tomar algo? Pregunté desde la cocina. En la sala. Para relajarnos un poco. Silencio. Pensé que diría que no. Que estaba cansada. Que prefería irse a dormir. Está bien, respondió finalmente. Llevé las

Speaker 2

copas a la sala. Mamá ya estaba ahí, sentada en el sofá. Se había quitado el saco que traía puesto. Solo llevaba una blusa blanca de botones y pantalones negros de vestir. Le pasé su copa.

Speaker 3

Nuestros dedos se rozaron brevemente. Electricidad. Me senté junto a ella. No demasiado cerca. Dejé un

Speaker 2

espacio respetable entre nosotros. Tomamos en silencio por un momento. El vino era bueno. Tinto intenso que calentaba al bajar. Regresar a la realidad duele más de lo que esperaba, dijo mamá después de un rato.

Speaker 3

No la miré. Seguí con los ojos en mi copa. Sí, concordé. Duele. Otro silencio. Más largo esta vez.¿ Ya terminó? Pregunté finalmente. Mi voz salió más áspera de lo que pretendía.¿ La aventura? Mamá giró su cabeza para mirarme. Tomó otro sorbo de vino antes de responder.¿ Qué quieres tú? La pregunta me tomó por sorpresa. Había esperado una respuesta directa. Un sí o un no. No que me devolviera la pregunta. Abrí la boca. La cerré.

Speaker 2

Necesitaba pensar en la respuesta correcta. en cómo expresar exactamente lo que sentía sin sonar desesperado o patético. Pero antes de que pudiera formar las palabras, mamá habló. Fue encantador, dijo suavemente. Increíble, honestamente. Pero no veo cómo

Speaker 3

podríamos continuar. Aquí. En la casa. En la vida real.¿ Por qué no? porque esto es diferente. La playa era, era un espacio aparte. Lejos de todo. Pero aquí hay consecuencias. No es tan fácil.¿ Te arrepientes? No, respondió inmediatamente

Speaker 2

con firmeza. Para nada. Pero eso no significa

Speaker 3

que podamos seguir indefinidamente.¿ Por qué no? Repetí. Mamá suspiró. Dejó su copa en la mesa de centro. Porque somos madre e hijo, Emanuel. Eso no cambia. Y hay límites. No tiene que terminar, la interrumpí. Emanuel.

Speaker 2

Para mí fue algo más, continué, las palabras brotando ahora sin filtro. No solo sexo. Lo que sentíamos era real. Mamá me miró intensamente y tomó mis manos

Speaker 3

entre las suyas. Eso es tierno, comenzó a decir. No la dejé terminar. Me incliné hacia adelante y la besé.

Speaker 2

Sentí su sorpresa. Sus manos presionaron contra mi pecho por un

Speaker 3

segundo, empujando levemente. Luego se dio. Sus dedos se cerraron en mi camiseta. Me jaló más cerca. Su

Speaker 2

boca se abrió bajo la mía. Nos besamos con una urgencia que había estado contenida toda la semana. Una semana de deseo reprimido explotando en ese momento. Mi mano subió

Speaker 3

a su cabello. Lo jalé suavemente. Ella gimió en mi boca. Nos separamos brevemente. Jadeando. Mirándonos. Ah, soltó. Entonces ambos nos movimos al mismo tiempo. Manos tirando de ropa. Urgentes.

Speaker 2

Torpes en el espacio reducido del sofá. Ella me quitó la camiseta. Yo desabroché los botones de su blusa con dedos temblorosos. El sostén siguió. Sus pechos quedaron expuestos y yo no pude evitar inclinarme para besarlos. Los pantalones fueron más complicados. Tuvimos que levantarnos. Ella se quitó los suyos mientras yo me deshacía de los míos. La ropa interior cayó al piso. Quedamos desnudos en la sala. La misma sala donde había pasado tantas tardes viendo televisión. Donde habíamos

comido palomitas en noches de películas. Donde celebrábamos navidades. Me senté en el sofá.

Speaker 3

Completamente desnudo.

Speaker 2

Mi verga ya estaba dura, apuntando hacia arriba. Mamá me miró. Sus ojos me recorrieron el cuerpo con una hambre que no había visto en toda la semana. Se acercó. Puso una rodilla en el sofá. Luego la otra. Se posicionó sobre mí, como había hecho tantas veces en la playa.

Speaker 3

Su mano encontró mi verga. La guió hacia arriba. Y se deslizó hacia abajo. Gemí cuando su calor me

Speaker 2

envolvió. Una semana era demasiado tiempo. Había olvidado lo perfecta que se sentía.

Speaker 3

Mamá se acomodó. Se hundió completamente.

Speaker 2

Nuestras ingles se tocaron. Nos quedamos así por un momento. pues era como el primer trago de alcohol que tiene que degustarse gota a gota. Luego comenzó a moverse.

Speaker 3

Pero no con la urgencia de antes. No con esa desesperación frenética que habíamos compartido en la playa. Esto era diferente. Se movía lento. Suavemente

Speaker 2

Arriba y abajo en un ritmo melódico que priorizaba la sensación sobre la velocidad. Mis manos fueron a sus caderas. Las sostuve, guiándola pero sin controlarla dejándola marcar el ritmo. Sus manos se apoyaron en mis hombros. Su rostro estaba cerca del mío. Podía sentir su aliento contra mis labios. Nos miramos a los ojos mientras nos movíamos juntos. Había intimidad ahí, más allá de lo físico. Una conexión que iba más profunda que el simple acto

de coger. Me incliné hacia adelante y la besé. Suave. Nuestros labios se movían perezosamente, en sincronía con el movimiento de nuestros cuerpos. Mamá gemía suavemente en mi boca. El ritmo seguía lento. No había prisa. No había urgencia por llegar al final.

Speaker 3

Sólo esto. Este momento. Nuestros cuerpos unidos. Mi mano subió por su espalda. Sentí su piel bajo mis dedos. Cálida. Suave. Perfecta. Ella rompió el beso para recostar su frente

Speaker 2

contra la mía. Sus ojos se cerraron. Una pequeña

Speaker 3

sonrisa curvaba sus labios. Emanuel murmuró. Era sólo mi nombre. Pero la forma en que lo dijo. Con ese tono. Con esa ternura. Algo se movió en mi pecho. Nos movíamos juntos.

Speaker 2

La revelación me golpeó con una claridad absoluta. Estábamos haciendo el amor. Nunca había entendido realmente la diferencia antes. Había pensado que era sólo semántica. Una forma cursi de describir

Speaker 3

el mismo acto. Pero ahora lo entendía. Esto era diferente. La ternura. La conexión. La forma en que nos mirábamos. La forma en que nos tocábamos. No era sólo placer físico.

Speaker 2

Era algo más profundo. Y por la expresión en el rostro de mamá, por la forma en que me miraba, Por los sonidos que hacía, ella también lo sentía.

Speaker 3

Seguimos moviéndonos. Lento. Suave. Juntos. Y por primera vez, no me importaba cuánto durara. No estaba corriendo hacia el orgasmo. Solo quería estar aquí. En este momento. Con ella. El ritmo suave era perfecto.

Speaker 2

Pero después de varios minutos, algo cambió en mí. Una necesidad de verla. De tenerla de

Speaker 3

una manera diferente. Espera, murmuré contra sus labios. Mamá abrió los ojos. Me miró con curiosidad. Ponte en cuatro, dije. Contra el apoyabrazos. Por un segundo no se movió. Nos miramos. Luego se levantó lentamente. Mi

Speaker 2

verga se deslizó fuera de ella con un sonido húmedo. Se giró. Puso sus manos sobre el apoyabrazos del sofá. Se inclinó hacia adelante. Sus rodillas se plantaron en el cojín. Su

Speaker 3

culo se elevó hacia mí. Me quedé paralizado por un momento. Solo mirando. Era brutalmente erótico. Su espalda se

Speaker 2

arqueaba perfectamente. La curva de su columna descendía hasta el inicio de su culo.

Speaker 3

Y ese culo. Dios, ese culo. Redondo. Generoso.

Speaker 2

Las nalgas se separaban ligeramente en esta posición, revelando todo. Su concha brillaba con su excitación. Podía ver cómo sus labios estaban hinchados, separados, listos. Más arriba, el pequeño anillo de su ano se fruncía. Lo había penetrado en la playa. Sabía cómo se sentía estar dentro de ahí. El recuerdo me hizo pulsar. Pero hoy no era una noche para repetir eso. Mamá miró sobre su hombro. Una pequeña sonrisa

Speaker 3

jugaba en sus labios.¿ Vas a quedarte ahí mirando toda la noche? Me arrodillé

Speaker 2

detrás de ella.

Speaker 3

Mis

Speaker 2

manos fueron a sus caderas automáticamente. Posicioné mi verga contra su entrada. Empujé. Me deslicé dentro

Speaker 3

con facilidad. Su concha me recibió sin resistencia. Ambos gemimos. Me moví despacio. Igual que antes. No quería perder esa ternura. Esa conexión. Mis manos subieron por su espalda. Acariciando. Sintiendo su piel bajo mis dedos. Me incliné hacia adelante. Mi pecho presionó contra su espalda. Mis labios encontraron su hombro. Besé ahí. Suave. Luego su cuello. Luego detrás de su oreja. Me encanta penetrarte, susurré contra su piel. Mamá ronroneó. El

sonido vibró a través de su cuerpo. Me encanta sentir

Speaker 2

tu verga dentro, respondió.

Speaker 3

Sus palabras fueron directas a mi entrepierna. Mi verga pulsó dentro de ella. Seguí moviéndome. Lento. Besando su espalda. Sus hombros.

Speaker 2

Su cuello. Una mano se deslizó alrededor para acariciar su estómago. Luego subió a sus pechos que colgaban, como siempre, pesadamente. Los acaricié

Speaker 3

con reverencia. Sintiendo su peso. Su textura. Pero el ángulo era demasiado perfecto.

Speaker 2

La vista demasiado erótica. Su culo presionando contra mí con cada embestida.

Speaker 3

El ritmo gentil comenzó a acelerarse. No pude evitarlo. Mi cuerpo tomó control. Mis caderas se movieron más rápido. Más fuerte. Mamá gimió. Más alto ahora. Sí, jadeó. Así. Fuerte. Me encanta cómo me coges, Emanuel

Speaker 2

Mis manos volvieron a sus caderas. Las agarré con firmeza, usándolas como anclas mientras aumentaba la velocidad.

Speaker 3

Ya no era suave. Ya no era tierno. Pero tampoco era violento como en la playa. Era algo intermedio. Intenso pero controlado.

Speaker 2

Me encanta cuando me la metes así de rápido, gimió mamá. Sus palabras me desinhibieron completamente. Comencé a cogerla en serio. Mis caderas golpeaban contra sus nalgas con fuerza suficiente para crear ese sonido obsceno de carne contra carne. Mamá gritaba ahora. Sin contenerse.

Speaker 3

Sin preocuparse por quien pudiera escuchar. Una de mis manos se movió. Encontró su cabello. Lo enredé alrededor de mis dedos. Jalé. Su cabeza se echó hacia atrás. Su espalda se arqueó más pronunciadamente. Mierda, gruñí. El orgasmo se acercaba.

Speaker 2

Podía sentirlo construyéndose. Más rápido ahora que estábamos cogiendo con esta intensidad. Mi otra mano se deslizó alrededor de su cuerpo. Bajó hasta encontrar su clítoris.

Speaker 3

Lo froté en círculos rápidos. Mamá chilló. Sí. No pares. No paré. Seguí penetrándola

Speaker 2

con fuerza mientras mis dedos trabajaban su clítoris sin piedad. Su concha comenzó a contraerse alrededor de mi verga. Podía sentir las pulsaciones.

Speaker 3

Estaba cerca. Me vengo, jadeó. Me vengo, me vengo. Yo también, gruñí. Y entonces sucedió. Su orgasmo

Speaker 2

la golpeó primero. Su concha se apretó alrededor de mi verga con una fuerza brutal. Todo su cuerpo se tensó. Un grito largo

Speaker 3

escapó de su garganta. Eso me empujó sobre el borde. Mi propio orgasmo explotó. Se me embrotó de mí en oleadas calientes. Llenándola. Marcándola. Reclamándola. Seguí bombeando. Más lento ahora pero sin detenerme.

Speaker 2

Vaciándome completamente dentro de ella. Las contracciones

Speaker 3

continuaron. Tanto las suyas como las mías. Sincronizadas. Perfectas. Finalmente me detuve. Colapsé sobre su espalda. Ambos jadeábamos. Temblábamos. Mi verga todavía estaba

Speaker 2

dentro de ella, ablandándose gradualmente pero sin salir todavía.

Speaker 3

Nos

Speaker 2

quedamos así, conectados, respirando pesadamente contra la piel del otro. Después de un momento que pudo haber sido segundos o minutos, me retiré lentamente. Mi verga se deslizó fuera. Semen goteó de su concha, corriendo por su muslo interno. Mamá se desplomó del lado en el sofá. Yo caí junto a ella. Nuestros cuerpos se enredaron automáticamente. Brazos y piernas entrelazados. Su cabeza descansó en mi pecho. Podía sentir su respiración caliente contra mi piel

Speaker 3

Mi mano acarició su cabello. Despacio. Sin pensar. Nos quedamos en silencio por largo rato. Solo existiendo. Solo sintiendo. Finalmente hablé. Quiero que esto continúe, dije. Mi voz salió firme. Sin dudas.

Speaker 2

No solo hoy. No solo cuando nos sintamos mal. Quiero que esto sea parte de nuestras vidas. Mamá no respondió inmediatamente. Su mano se movió sobre mi pecho, trazando patrones invisibles

Speaker 3

Es complicado, murmuró finalmente. Lo sé. Habrá consecuencias. Probablemente. La gente no lo entendería. No tienen que entenderlo. Otro silencio. Más largo. Entonces mamá levantó la cabeza. Me miró a los ojos.¿ Estás seguro? Preguntó.¿ De verdad quieres esto?¿ Sabes en lo que te estás metiendo? Sí. No será fácil. No me importa. Mamá me estudió. Buscando duda. Buscando vacilación. No encontró ninguna. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

Está bien, dijo suavemente. Sonreímos. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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