LUJURIA EN FAMILIA - PARTE FINAL (Relato Erótico) - podcast episode cover

LUJURIA EN FAMILIA - PARTE FINAL (Relato Erótico)

Jan 21, 202638 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Lujuria en familia, parte final Me desperté al mediodía. Igual, todo el mundo se levantó tarde, incluso mamá, quien era la única que podría reprenderme por eso. Almorzamos, casi todos juntos. Sólo Eugenia y sus padres no se encontraban. Me pregunté cómo estaría ella. La pobre iba a ser reprendida por Elvio, como si ella tuviera la culpa de lo que le habían hecho los primos. Yo me sentía raro, algo melancólico.

Tenía sentimientos muy contrariados. Había tenido más sexo del que había soñado. y me había acogido a las mujeres más hermosas del mundo, y esto podría considerarse algo literal. Pero ahora sentía un vacío en mi pecho. No estaba seguro de a qué se debía. No era sólo el hecho de temer no volver a estar de nuevo con Rosina, con Zoe o incluso con Matilda. Había algo más, y no estaba seguro de qué se trataba. Podríamos quedarnos todo el día, pero creo que había un sentimiento generalizado de hastío.

Pasar demasiado tiempo en familia podía tornarse aburrido. Así que a la hora de la siesta la casa empezó a vaciarse. Los primeros en irse fueron tío Julio y su familia. Es decir, los primos y Zoe. En parte me alivié de que así fuera. Ellos eran los que me generaban más incomodidad. Era raro ver a Zoe y al tío juntos, y después de lo que pasó con Matías prefería tenerlo lejos. Nos vemos, nene, a ver cuándo vas a visitarnos, dijo tío Julio, dándome un abrazo tan fuerte que me costó

creer que lo hacía con cariño. Pensé que el hecho de haberme cogido a su mujer le generaba sentimientos encontrados, algo similar a lo que me estaba pasando a mí, salvando las distancias. Podía ser que disfrutara de esas situaciones morbosas, pero su hombría debía quedar lastimada cuando se dejaba llevar por esas fantasías retorcidas. Quién sabe si no era eso mismo lo que lo llevaba a maltratar a las mujeres. El tío Julio era la persona más oscura de la familia.

Me daba escalofríos pensar en que nunca pagaría por sus crímenes. Estaba seguro de que si había abusado de su expareja frente a Rosina, habría hecho cosas peores cuando nadie lo veía. pero en ese punto ya había comprendido que había algunas cosas que seguirían siendo como son. Era triste, pero así era la vida. Claro. En cuanto pueda, voy, respondí, tratando de sonar convencido. A priori diría que ni loco iría a visitarlos. Pero un posible encuentro con Zoe me resultaba

muy tentador. Me pregunté cómo sería acogérmela cuando ya tuviera muchos meses de embarazo, si es que de verdad estaba esperando un hijo. Igual, ni siquiera estaba seguro de si seguiría con tío Julio. Y sinceramente esperaba que no, estuviese embarazada o no. Chau primo, está todo bien, ¿no? Me dijo Matías, estrechando mi mano. No me pareció que lo estuviera diciendo de manera amenazante. Quizás era su torpe forma

de disculparse, cosa que me generaba cierto alivio. Pero de todas formas no me había gustado su actitud y mucho menos la piña que me había dado. Igual no iba a poder hablar de eso en ese momento, con toda la familia tan cerca, así que por ahora me lo guardé para mí. Está todo bien. Después hablamos, le dije. Luego saludé a Juanjo, quien parecía odiarme más que su hermano menor. Quizás si se desquitaba golpeándome se le pasara un poco, pensé. Para saludar a Zoe esperé un rato,

hasta que llegara el momento más oportuno. Ella pareció percibir mis intenciones. Se apartó un poco del grupo, y cuando su pareja y sus hijastros estaban distraídos despidiéndose del resto de la familia, me acerqué y le di un abrazo.« Un gesto conocerte», dijo ella, en tono formal, y elevando la voz como para que todos la escucharan. Igualmente, la saludé.¿ Vas a estar bien? Le pregunté después, aún abrazado a ella, susurrándole al oído. Sí, no te preocupes. Te escribo en

la semana. No me esperaba esa promesa. Cuando por fin se fueron, chequeé el celular. Matilda me había dejado un mensaje. también despidiéndose. Ya se estaba yendo del pueblo. Le respondí que la había pasado increíble y que esperaba volver a verla. Luego miré a Rosina. Traté de adivinar cuál era su estado de ánimo, pero no logré definirlo.¿ Estaría enojada? Me acerqué a ella. Estaba muy linda, a pesar de que su vestimenta era diametralmente distinta a la de la noche anterior.

Vestía una remera y un pantalón de jogging. Era la prenda más holgada con la que la había visto. Tía Lucía debía estar contenta. Pero aún así, como siempre pasaba con la prima, ese enorme culo resaltaba.¿ Todo bien? Le pregunté. Anoche, no te quedaste a dormir en mi cama.¿ Me estás hablando en serio? Dijo ella, irritada. Levantó la voz más de lo conveniente, pero por suerte nadie se fijó en nosotros.

Cuando me desperté, no estabas. Me dije que si no volvías en quince minutos, seguro era porque te fuiste a coger con alguna otra. Cuando se cumplió ese lapso de tiempo me fui a mi cuarto. Pero igual te tardaste bastante más en volver. Por lo visto la pobre no había podido dormir hasta que se aseguró de que había entrado a mi cuarto. Cegaramente escuchó la puerta abrirse. Me sentí culpable por eso. Es que estaba hablando con Matilda, y también estaba Zoe. Así que se me pasó el

tiempo volando. Pero me hubiera gustado dormir con vos, dije, sintiendo un sabor amargo en el paladar. Ella río, con ironía. Estaba claro que no me creía. Y es que ni yo mismo me podía creer semejante tontería. y por otro lado estaba harto de tantas mentiras.¿ Sabes qué? Tienes razón, dije. Estuve cogiendo con las dos. Y es verdad lo que te dije, me hubiera gustado dormir con vos, pero, por otra parte, no hubiera sido justo. No importa que no seas mi novia. No merecías que te faltara el respeto

de esa manera. Recordé mi verga baboseada y mi rostro con flujos vaginales. Obviamente me había lavado, pero hubiera sido un idiota si dormía con mi prima después de haber hecho todo aquello. Solo bastaba con imaginar cómo me sentiría si ella dormía a mi lado después de haberle chupado la pija a dos tipos para entender lo que debía sentir mi prima. No lo digo como una excusa, pero todos estos días fueron una locura. Para empezar, no había

imaginado que te iba a encontrar tan cambiada. Y sí, ya sé que es una manera muy superficial de pensar, pero adiviná que, soy superficial. Me gustan las mujeres hermosas, y vos sos terriblemente hermosa. Y Zoe también, y su hermana también, y Eugenia también. Y todas querían coger conmigo. No podía evitarlo. Nunca iba a volver a tener una oportunidad igual, tendría que ser un demente para no aprovecharme de la situación. Pero ahora, ahora. Axel,¿ qué te pasa?

Me preguntó, visiblemente preocupada. Los vegestorios se habían metido en la casa y nos habían dejado a los únicos jóvenes que habíamos quedado charlando solos, aunque mamá seguro nos había visto con suspicacia. Estábamos en el corredor y yo había empezado a hablar sin parar y ahora sentía que el corazón me latía a toda velocidad. Y Rosina, estupefacta, me preguntaba qué me pasaba. Buena pregunta.¿ Qué me pasaba? No estaba seguro, pero ahora me daba cuenta de que una

lágrima caliente recorría lentamente mi mejilla. Estás llorando, dijo Rosina, como si no pudiera creer lo que estaba viendo. como si necesitara decirlo en voz alta para convencerse de que no lo estaba imaginando. Es que, es que. Si solo hubieses venido vos, seguro íbamos a pasarla bien. Y te iba a tratar como te mereces, dije. Pero enseguida me di cuenta, irritado, que solo me estaba inventando otra mentira.

Speaker 3

No. No es cierto. No es eso. Es mi culpa. Es esta familia.

Speaker 2

Es mi forma de ser. Estoy tan concentrado imaginando en dónde voy a meter mi pija que no soy capaz de valorar a una buena chica cuando la veo.¿ Cuántos tipos darían lo que fuera por tener tu atención y yo? Y yo. Perdón, no sé qué me pasa. Rosina me agarró de la mano con ternura. Me di cuenta de que estaba temblando. Siempre había sido fácil expresar mis deseos, pero expresar mis sentimientos era muy distinto. Cuando levanté la vista,

me la encontré sonriendo, como si estuviera alegre. Yo sí sé lo que te está pasando, dijo entonces.

Speaker 3

En serio? ¿Qué? Pregunté,

Speaker 2

sorprendido. Temí que creyera que eso era una confesión de amor. Ojalá lo fuera. Esto era más complicado, más difuso, muy difícil de definir, al menos para mí. Estás madurando, largó ella. Parecía estar muy contenta. Estás aprendiendo a empatizar y te estás dando cuenta de que en el sexo no es todo atracción física. No pude ayudar a Zoe, ni a Eugenia, dije, secándome las lágrimas. No soy diferente a los primos, ni al tío, ni a mamá. No podés ayudar a Zoe

si ella no se deja ayudar. Ya es una adulta, dijo, tajante.¿ Y a Eugenia si la ayudaste? La consolaste cuando supiste lo que pasaba con los primos. Recordé el incidente en el dormitorio de Matías y se lo conté.¡ Qué bestia! Si ya sabía que la pobre chica no quería nada con él, dijo, indignada. Y ahora tu mamá va a aprovechar esto para sacarse de encima a la familia del casero. Hace rato lo quiere hacer.¿ Cómo sabes eso? pregunté, sorprendido. Mamá me lo contó. Unos minutos después, mamá y papá

me dijeron que ya nos teníamos que ir. Me despedí de los tíos Héctor y Lucía. Luego le di un efusivo abrazo a mi prima. Creo que era la primera vez que lo hacía sin sentir una pizca de lujuria. Iba a decirle que luego nos veríamos. Pero preferí no decir nada, y ella tampoco. Si nos íbamos a reencontrar, eso sería algo que simplemente sucedería. Mamá. Quiero parar para saludar a Eugenia y a sus padres, dije, cuando nos subíamos al auto. Obvio, Sería una falta de respeto no hacerlo,

dijo papá. Mamá pareció irritada. Por suerte el viejo había hablado con sensatez y ella no pareció encontrar una excusa para negarme esa simple petición. Cuando vieron que nos bajábamos del auto, Elvio y su familia salieron de la casa a despedirnos. Eugenia parecía triste y nerviosa y cuando mamá la saludó parecía estar temblando. Cuando se metió en la casa, con la excusa de que había dejado algo en el fuego,

aproveché para hablar con Elvio y su esposa. Quiero pedirle disculpas por la actitud de mi primo, en nombre de toda mi familia, dije. Nosotros no apoyamos ningún tipo de abuso de poder. Y si por casualidad piensan hacer una denuncia, los vamos a apoyar. Axel, que, dijo mamá, pero no pudo terminar la frase. No hace falta llegar tan lejos, Patroncito, dijo Elvio, con el tono del litoral que lo caracterizaba. Era la primera vez que me llamaba así. Nuestras familias

tienen una relación de décadas. No vamos a romperla por el desliz de un jovencito. Pero gracias por mencionarlo. El viejo machista había entendido que le estaba tirando un salvavidas y lo había aprovechado. Con esto mamá se tendría que quedar con las ganas de echarlos. La cosa quedaría muy tensa entre las familias, pero esperaba que con el tiempo eso se calmara. Además, confiaba en que Matías y Juanjo recapacitaran.

Pensé que mamá me iba a decir algo, pero solo caminó en silencio, con las mandíbulas apretadas.« No te enojes, mami, es lo mejor», dije, dándole un abrazo, mientras nos dirigíamos al auto.« La pobre Eugenia no tiene nada que ver», Te lo juro, agregue después. Para mi sorpresa, su gesto de enojo se desarmó. Bueno. Te tomo la palabra, dijo. Estás diferente, agregó después, dándome una palmadita en la espalda.

Un gesto inusitado en ella. El viaje era largo, pero por suerte papá era el conductor y pude echarme una siestita. Había dormido mucho, pero igual necesitaba descansar la mente. Me desperté cuando llegamos a casa. Se sentía raro. Como si lo que había pasado en esos días de campo habían sucedido en un pasado muy lejano y, a la vez, era algo que aún estaba muy presente en mi mente y en mi cuerpo. Fui a mi cuarto. Revisé el celular.

Nadie me había enviado mensaje, lo que era natural. Me sentí tentado de escribirles a algunas de las chicas, incluyendo a Eugenia. Pero no lo hice. Una poderosa nostalgia me atravesó de pies a cabeza. Era algo muy parecido a cuando terminaba un libro que me había gustado mucho, solo que mucho más intenso. Era lo que se siente cuando una historia se termina. Dos meses después. Terminé de ducharme. Me puse desodorante en las exilas y me eché perfume,

asegurándome de no exagerar. Hacía calor, pero si bien estábamos en pleno verano, sólo hacía 24 grados, una temperatura ideal. Me puse un pantalón de Jan y una remera blanca con algunos botones desabrochados que dejaban entrever mis músculos marcados. El pelo me había crecido bastante, pero me gustaba cómo me quedaba. Me peiné al costado y finalmente agarré un ramos de rosas que había comprado unas horas atrás.¿ A dónde vas? me preguntó mamá cuando me la crucé en el living.

A verme con una chica.¿ La conozco? preguntó levantando las cejas. Ma, no seas pesada. Cuando me ponga de novio te la voy a presentar. No tiene sentido que sepas con quién me veo en una cita. Bueno. Pero no se te ocurra hacerlo sin preservativo. Ma, basta, dije, irritado. Me dio un beso en la frente y yo salí de la casa. Estaba algo cambiada desde fin de año. Un poco menos rígida y más permisiva. Aunque no tanto, claro. Doña Mirta seguía siendo Doña Mirta. El auto ya me estaba esperando,

así que me subí a él. Miré el celular. Ese día Matilda me había escrito. No lo había hecho desde la última vez que la vi. Hoy salimos con Zoe a tomar algo. Si querés, unite, decía el prometedor mensaje. La tentación era demasiado grande. con Zoe sí que había hablado un par de veces. Tenía mucha curiosidad por lo de su embarazo, así que le había escrito así a unas semanas. Me respondió que no estaba embarazada y que no quería hablar más del tema. Sospechaba que había decidido

hacerse un aborto. Era un pena, pero por otra parte nadie podría acusar a Zoe de interesada, ya que tener un hijo de tío Julio le habría asegurado un buen pasar económico durante el resto de su vida. De su separación con el tío me enteré cuando mamá largó un comentario, como al pasar. Ya sabía que esa modelito no le iba a durar mucho, le comentó a papá, mientras cenábamos. Abrí bien grande los ojos, y luego fingí que no estaba prestando atención a lo que hablaban. Pero estaba seguro

de que mamá lo había notado. Al final, nunca me dijo qué era lo que sabía o quizás sólo suponía que yo había hecho. A veces era mejor fingir demencia. Me miré en la cámara del celular. Me veía bien y no me refiero a lo estético. Me sentía bien. Y ahora iba a una cita sin tener que preocuparme por tener que esconderme de alguien cada vez que me echaba un polvo. Le había dicho a Matilda que si

lograba liberarme, iría a verlas. El hecho de que me avisara apenas el día anterior me permitía dar semejante respuesta sin quedar como un agrandado o al menos eso quería creer. No obstante la idea de volver a hacer un trío con ellas me ponía eufórico. Ya sentía como la verga quería despertarse. Traté de controlarme para no tener una erección durante el viaje y y para no mancharme el pantalón con presemen. Pero era difícil. Ese día prometía muchas delicias.¿

Es acá? Me preguntó el conductor del Uber cuando llegamos al destino. Le dije que sí y me bajé del auto. Estaba nervioso. Eso siempre me gustó de los encuentros sexuales. Uno podía tener mucha experiencia, pero, de alguna manera, siempre era como una primera vez. Toqué el timbre, pero cuando se abrió la puerta, me encontré con una sorpresa, pues quien me recibía no era quien yo esperaba. Tragué saliva e hice todo lo posible por no poner cara de estúpido.« Axel»,

dijo tía Lucía, con el ceño fruncido. Me miró de arriba abajo y y luego se detuvo en el ramo de rosas que tenía en mi mano. Pensé a toda velocidad, tratando de salir de esa situación vergonzosa. Hola, tía. Esto es para vos, le dije, entregándole las rosas. Rosina me dijo que estabas en la casa, así que aproveché para traerte un presente, agregué después, conforme con completar la historia. Después de un momento de estupefacción, me dio las gracias

y un abrazo. Suspiré, aliviado. Luego apareció tío Héctor. Esto se estaba poniendo muy incómodo.—¿ Qué pinta, pibe?— me dijo el tío, también con el seño fruncido. Era normal que se mostraran así. En lo que a ellos respectaba, ese día saldría con Rosina. Se suponía que ellos no iban a estar y nosotros no nos iríamos a ningún lado, sino que aprovecharíamos la casa para nosotros. Sí, es que, balbuceé, otra vez pensando a mil por horas. La verdad es que Rosina me prometió que me iba a presentar a

una amiga. Por eso vine así. Seguro que te la vas a levantar, me dijo tío Héctor. Nosotros nos vamos al campo unos días. Por favor, pibe, cuídala. Obvio, le dije, otra vez aliviado. Me despedí de ellos. Subí al cuarto de Rosina. Abrí la puerta sin golpear. Mi prima estaba sobre la cama, con un remerón que la tapaba por completo. Era de esos que se usan como vestidos. Sonreía con malicia. Boluda, como no me vas a decir que tus papás todavía estaban en casa. Ya sabes que no me gusta que

siempre consigas todo sin esfuerzo. Necesitas saber lo que es sufrir, de vez en cuando.¿ Qué siempre tengo lo que quiero? Hace dos meses que me estás dando vuelta para vernos, dije. Habíamos estado intercambiando mensajes casi todos los días. Y a veces hasta nos decíamos cosas subidas de tono, recordando lo que habíamos hecho y las cosas que nos haríamos en un futuro. Pero ella siempre encontraba una excusa para no

querer verme. Tal como había supuesto, los polvos interminables que me había echado en el campo familiar no iban a suceder de nuevo en un contexto diferente a ese. Pero Rosina se enteró de que sus padres querían ir un fin de semana para descansar de la ciudad y por fin me había citado. aunque igual no estaba seguro de si me la iba a coger o no. Encima vine con un ramo de rosas. Se lo tuve que dar a tu mamá, le expliqué. Rosina se rió a carcajadas. Se

Speaker 3

le veía hermosa así, tan divertida. ¿Qué? Me preguntó. Nada. Solo que me gusta mucho verte reír. Sí,

Speaker 2

claro. Es verdad,¿ por qué iba a mentirte? Porque querés saber qué hay debajo de esta remerota, dijo, tirando del extremo inferior de la prenda. Te haces el buenito para que me la quite. Nada que ver. Me encanta cómo te queda, le dije. Mentiroso. Vos me querés coger, degenerado. Te querés coger a tu prima. Gritó y luego se puso a reír a carcajadas de nuevo. No grites, boluda. Mira si tus viejos tuvieron que volver porque se olvidaron algo y te escuchan, dije, susurrando. Además, no necesito que

te quites la remera para cogerte. Aunque sí preferiría que lo hagas. Bueno. pero solo porque te portaste bien durante todo este tiempo, dijo, deformando su voz para que sonara como la de una nena. No solo habíamos hablado de sexo. Aprovechamos el tiempo perdido para conocernos, y me sorprendió mucho lo fácil que era hablar con ella, y lo rápido que pasaba el tiempo cuando lo hacíamos. Se quitó la remera lentamente, haciendo un bailecito sensual sobre la cama, meneando

las caderas. No llevaba absolutamente nada. Su piel cobriza sobre el cubrecama bordó era increíblemente hermosa. Y sus curvas resaltaron más cuando se acostó, poniéndose de costado. Estaba exponiendo el culo de una manera obscena.¿ Te gusta cómo me vestí para verte? Me preguntó. Sí. Es más, creo que cada vez que nos veamos deberías recibirme así. Me desvestí. Le hice caso a mamá. Usaría un preservativo que llevaba en el bolsillo. Me subí a la cama. Rosina se había

hecho unos reflejos rubios en el pelo castaño. Olía a jabón y a perfume. Estaba completamente depilada. Su rostro ovalado reflejaba su alegría. Supongo que el hecho de que no hubiera otras mujeres dando vueltas a mi alrededor la hacía sentirse menos insegura. Me encanta lo que te hiciste en el pelo, dije. Le di un beso en la cadera. Ya estaba pensando que no te diste cuenta. O que te daba lo mismo. Igual tranquilo, que no soy tan pesada como para moléstame por eso. ¡Ay! Gritó al final

cuando le mordí una nalga. Si vas a ser tan bruto, no voy a dejar que hagas lo que tenía pensado. Pensé un segundo en lo que me estaba diciendo. Solo había una cosa que una pareja debía consentir antes de que el otro se lo haga en un encuentro sexual. No te hagas la tonta, le dije, dándole una débil nalgada. Si pensaste en eso, es porque vos querés que te lo haga. Además, no te preocupes.

Speaker 3

Te la voy a meter despacito. Hasta que te acostumbres. No sé.

Speaker 2

Me da miedo, dijo ella, con un puchero. Una cosa es pensarlo y otra hacerlo. Además, apenas me acabas de desvirgar y ya querés hacerme eso. No pasa nada. Si no te gusta, dejo de hacerlo, le prometí y luego le di un beso en el culo. Además, primero quiero hacerte otras cositas. Ah, sí.¿ Cómo qué? Mis labios subieron

por su espalda baja. Ella se puso boca abajo y yo seguí besándola hasta llegar a sus hombros y luego a su cuello y a sus orejas mientras mi mano empezaba a enloquecer en el profundo orto de mi prima. Entonces la besé en la boca. Su lengua se frotó en la mía y el sabor me pareció familiar y reconfortante. Era un beso de novios. No sé cómo explicarlo, pues un beso no debería ser más que un beso. Pero

este se sintió como un beso de novios. Nos miramos a los ojos durante un lapso bastante más largo que un instante. Nos volvimos a besar. Rosina tenía los ojos brillosos. Creo que temía establecer una relación conmigo, porque ya me conocía y sabía que sería difícil que no tenga sexo con otras mujeres. Y tenía razón. Pero en ese momento solo estábamos ella y yo, y, sinceramente, no tenía ganas

de estar en otro lado que no fuera ese. Había temido que solo me uniera a ella esa exacerbada atracción sexual que sentía en ese mismo momento, pero en ese tiempo que no nos vimos, nos conocimos mejor que en toda la vida, y si bien éramos muy diferentes, nos complementábamos muy bien. Me gustas mucho. Y ahora siento algo hermoso en mi corazón, le dije, acariciando su rostro. De verdad,

creo que podemos tener una relación hermosa. Pero vamos a tener que andar siempre escondidas, dijo ella, cosa que, obviamente, era cierto. Pero eso lo va a hacer más divertido, aseguré. Ella sintió con la cabeza. Y ahora llegó la hora de que me entregues el orto. Boludo, que poco romántico, dijo, dándome un codazo. Pero igual se quedó como estaba, boca abajo,

con el pomposo culo a mi disposición. Ahora mis labios fueron descendiendo lentamente por su espalda, a la vez que mi lengua dejaba una brillosa y babeante marca en su piel bronceada. Unos segundos después, lo obvio, me encontré con esas dos gordas nalgas y empecé a chuparlas y morderlas como si fuera un muerto de hambre. Mientras lo hacía, no dejaba de masajearlas. Luego hundí mi lengua en esa interminable zanja que había entre ellas y la mí con fruición,

sintiendo el círculo duro que rodeaba el ano. A la prima le gustaban los besos negros. Cuando me detuve, me pidió que siguiera haciéndolo un rato más. Mi verga estallaba de ganas de meterse en esa ranurita, pero el sabor también era delicioso. Acariciar con la lengua ese hoyito, mientras sentía sus suaves glúteos con las manos, era algo que podía estar haciendo durante horas. ¿Ahora?¿ Te la meto? Le pregunté, después de que había gozado por un buen rato de

esa parte de su cuerpo que me volvía loco. Sí, cógeme por el culo. Por favor, metémela. Pero no me lastimes. Sus palabras fueron música para mis oídos. Le dije que se pusiera en cuatro. Me puse detrás de ella, arrodillado. Observé ese pequeño agujero, lleno de mi saliva. Igual escupí sobre él. Era raro que después de ese momento romántico que habíamos tenido, ahora la cosa se pusiera tan pornográfica, pero igual esa unión entre nosotros se mantenía. Al menos

así lo sentía yo, y creía que ella también. Apoyé una mano en su madera y con la otra me ayudé para que mi verga apuntara en el lugar correcto. La punta del preservativo fue lo primero que se metió en mi prima. Entonces empujé

Speaker 3

e introduje el glande. ¡Ay! exclamó ella. Pero no dijo

Speaker 2

nada más. Así que empujé de nuevo, metiéndole unos cuantos centímetros del tronco.¡ Hasta ahí! dijo.¡ Hasta ahí no más, por favor! Su tono suplicante era música para mis oídos. Pero le hice caso, obviamente.¿ Se siente bien? Le pregunté. Me meneé suavemente mientras apoyaba ambas manos en las caderas, extendiendo los dedos pulgares todo lo que podía para poder sentir sus nalgas. Le había hecho un pregunta arriesgada. Podía simplemente cogerla así hasta acabar. Pero quería que ese polvo

fuera especial.¿ Se siente raro? Respondió. No es como cuando me la metes en la concha. Pero

Speaker 3

igual creo que me gusta. Al menos por ahora. Seguí. Ay. Sí. Dolió, pero hasta

Speaker 2

ahí está bien. Se la había metido un poquito más, sin que se diera cuenta. Me meneé lentamente, pero sin parar, adelante-atrás, una y otra vez. Cada vez que retiraba la verga, Cuando la volvía a hundir, la metía un poco más. Así que después de un rato, para mi sorpresa, ya le había metido casi toda la pija adentro.¿ Tanto me la metiste?

Speaker 3

Preguntó ella, jadeante. ¡Ay! Esto es raro. Es como si me estuviera haciendo caca.

Speaker 2

Tengo miedo de que pase. Me limpié bien, pero... No te preocupes, Le dije, riendo.« No va a pasar nada. Y si llegara a pasar, es normal. No la estoy metiendo en un jardín de rosas».«¡ Qué boludo!», dijo ella, pero se notó más relajada. Cuando la eyaculación ya parecía inminente, me aferré a esas dos enormes nalgas, apretándolas con mis dedos, y se la metí con mayor ímpetu por un rato, hasta que eyaculé dentro de ella. Cuando saqué la verga, la encontré limpia. Rosina se había hecho un enema para

que no hubiera accidentes cuando me entregara el orto. Eso, de alguna manera, era lo más lindo que habían hecho por mí. Nos bañamos juntos e hicimos el amor una vez más. Después nos acostamos, haciéndonos mimos.« Podés quedarte a dormir», dijo, mientras me acariciaba la cabeza. Podés quedarte todo el fin de semana. Creo que lo mejor sería irme, para que mamá no me moleste con preguntas y volver mañana unas horas más. Tampoco es buena idea que los vecinos sospechen

que estuve todo el fin de acá. Mirá si después le van con el chisme a tus viejos. Claro, tenés razón, dijo ella, con tono de decepción. En realidad, estaba pensando en Matilda y Zoe. Recién estaba oscureciendo y tenía tiempo de verlas. Sería como volver a las andadas. Un epílogo de la historia del campo familiar. Acababa de darme el gusto de hacerle sexo anal a mi prima, quien tenía el culo más apetitoso del mundo y ahora tenía altas probabilidades de volver a acogerme a los dos mujeres más

hermosas que conocí en mi vida. A ambas a la vez. Además podría ver a Rosina al día siguiente y seguir cogiendo con ella. Sería un imbécil si no aprovechaba esa oportunidad. Era una broma, boba, le dije, sin embargo. Ella me tiró del pelo hasta hacerme doler. Más te valía. Si te llegabas a ir, te juro que ahora sí no me volvías a coger en tu vida. Entonces me voy a quedar todo el fin de semana y te voy a coger mucho. Todavía hay cosas que tenés que aprender.

Speaker 3

En serio? No lo creo. Ya me la metiste

Speaker 2

en todas partes.¿ Qué otra forma de coger me falta aprender? Ahora vas a ver, le dije. Le mordí un pezón y luego la besé. Esa noche hicimos el amor tres veces más. En un momento me las arreglé para mandarle un mensaje a Matilda, diciendo que lamentaba no poder ir a verlas, que otro día sería. No sabía si iba a volver a tener una oportunidad como esa. Y no sabía si podría volver a decirles que no. Pero en ese momento solo quise ser de Rosina.

Speaker 3

Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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