Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos
Las vueltas de la vida, parte final
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Diez minutos después, la puerta se abrió y vi salir la camilla que lo llevaba al quirófano. Al pasar, le tomé la mano, le di un suave beso en los labios y le dije que lo amaba, asegurándole que lo estaría esperando y rezando por él para que todo saliera bien. El médico me indicó el número de la habitación donde debía esperarlo. No podía estar más nerviosa, miraba la hora a cada momento, sin haberle preguntado al médico cuánto demoraría
la cirugía. Eran ya las diez de la mañana y estaba caminando de un lado a otro, rezando para que todo estuviera bien. A las 11 menos 20, el médico entró en la habitación y, para mi tranquilidad, me dijo que todo había salido bien, que lo llevarían a terapia al menos esa tarde y luego lo trasladarían a la habitación. Fui al buffet de la clínica, comí algo, volví a la habitación y me quedé esperando hasta la hora de visita en terapia. Fui hasta allí, pero me dijeron que en
un rato lo llevarían a la habitación. Cuando vi entrar la camilla, me largué a llorar. Lo pasaron a la cama, pero aún seguía dormido. Un momento después, el médico entró y me dijo que seguramente dormiría hasta el día siguiente. Ni siquiera bajé a comer algo, me quedé junto a él todo el tiempo, tomando su mano y mirándolo, deseando que despertara. El cansancio me venció y me quedé dormida, sentada en la silla y apoyada en la cama, pero sin soltar su mano. Me despertó el ruido de la
puerta cuando una enfermera entró. Ya entraba la luz del día por la ventana. La enfermera controló el suero, le tomó la presión, la temperatura y revisó el vendaje de su cabeza. Le pregunté si no tendría que haber despertado ya, pero muy amablemente me explicó que, sedado como estaba y con la anestesia de la cirugía, podría estar dormido algunas horas más, pero que todo estaba bien. Fui al bufeta a comprar un café con leche y algo para comer,
y volví a la habitación. No quería preocuparme, pero Martín no despertaba. Alrededor de las diez de la mañana, el médico pasó, lo revisó y me dijo que en cualquier momento despertaría. Me volví a sentar a su lado, tomé su mano y volví a quedarme dormida, hasta que un casi imperceptible movimiento de su mano me despertó. Lo miré
y volví a sentir el movimiento de su mano. No pude contener las lágrimas cuando, después de unos minutos, intentó entreabrir sus ojos varias veces antes de volver a dormirse. Sin dudas, despertaría poco a poco de la anestesia. Eran casi las dos de la tarde cuando volvió a abrir los ojos. Lo miré con mi mejor sonrisa y le dije, Hola, Martín. Caro.¿ Cómo estás, corazón?¿ Te duele algo? Creo que no. Y cerrando sus ojos, se volvió a dormir, casi por una hora.
Luego volvió a abrir los ojos y me preguntó,¿ Qué haces vos acá? Esperando que despertaras.¿ Qué hora es? Casi las dos de la tarde.¿ Dónde estoy? En una clínica de Bahía Blanca.¿ En Bahía? Sí, corazón. Te tuvieron que operar de la cabeza.¿ De la cabeza? Sí, tenías un hematoma que no cedía y tuvieron que operarte.¿ Qué día es hoy? Jueves, 24 de abril. ¿Veinticuatro? Sí. Después del accidente estuviste en el hospital, pero te trasladaron aquí para la cirugía.
Mamá debe estar preocupada. Cuando llegué, le mandé un mensaje desde el teléfono de Ernesto. Me hice pasar por voz y le dije que se te había roto el teléfono y que por trabajo te tendrías que quedar unos días más. Ah, gracias por eso. Intentó moverse, pero le dije, espera, corazón. No te muevas, voy a llamar a la enfermera. Pulsé el botón y un momento después entró la enfermera. Por fin se despertó el dormilón. Dijo mirándolo con una sonrisa y entonces le dije. Intentó moverse, pero no sabía si
podía hacerlo. Sí, claro. Bueno, en realidad, hasta donde pueda. En ese momento Martín le preguntó a la enfermera.¿ Qué tengo, doctora? No soy la doctora, solo la enfermera. Y estás aquí por la cirugía de tu cabeza. De las demás heridas no sé mucho. Entonces le dije. La venda del brazo es porque tienes un corte que tuvieron que suturar, también tienes enyesada una pierna por la fractura de la tibia, un corte en la cabeza, que también te pusieron puntos,
y otros golpes y lastimaduras menores.¿ Y Julián? Él está bien. Ya le dieron el alta en el hospital y se volvió a La Plata. Ayer estuvo Ramón, vino a ver cómo estaban los dos.¿ Cuándo me puedo ir? Le preguntó a la enfermera. Eso lo definirá el médico, pero supongo que en tan solo unos días. La enfermera controló que todo estuviera en orden y se fue.¿ Y desde cuándo estás acá? Desde el lunes. Me enteré el domingo a la noche. La policía llamó al primer contacto en tu teléfono,
pero no era familiar. Viendo el registro de llamadas, Ernesto te había llamado dos veces y lo llamaron a él. Sí, cuando me llamó no lo pude atender. Él vino a casa a avisarme y unas horas después me trajo hasta acá.¿ Ernesto te trajo? Sí. Yo le dije que me venía en un taxi. Colectivo había recién para la mañana y llegaría a la tarde. Al final salimos a las cuatro de la mañana y llegamos para el horario de visita
del mediodía.¿ Y hasta cuándo te quedas? Me quedo con vos hasta que puedas volver a La Plata.¿ Y el trabajo? Hablé con Rafael, le conté lo que pasó y me dijo que me tome los días que necesite.¿ Y cómo pagaste todo esto? Tengo plata en mi cuenta. Ramón me dijo que la empresa se hace cargo de todo.¿ Se fue Ramón? Sí. Tuvo que volver a Buenos Aires hace un rato.¿ Y Ernesto? Se volvió el martes a La Plata. En ese momento entró Arnaldo, el médico que lo había operado. Hola, Martín.¿
Cómo estás? Bien, bueno, eso creo. La operación salió muy bien. Pudimos aliviar la presión sobre tu cerebro. Por ahora, seguirás con calmantes, pero vamos a ir bajando la dosis poco a poco. Puede que tengas algunos dolores de cabeza, pero es normal. Mañana por la mañana te quitaremos el suero y la sonda para que empieces a ir al baño por tu cuenta. Puedes moverte con normalidad hasta donde tu cuerpo te lo permita. Eso sí, no hagas esfuerzos estos
días y no te agaches. Mañana después del desayuno te haremos una resonancia de control, algunos análisis, y si todo va bien, en unos días te daremos el alta. Gracias, doctor. Otra cosa, tu jefe ya arregló todo. Tu empresa se hace cargo de todos los gastos, incluida la estadía de tu esposa, quien puede quedarse aquí con las cuatro comidas cubiertas.¿ Recuerdas lo que pasó? No todo. Recuerdo el auto que se nos venía encima y luego estar patas para arriba
en el auto, pero no mucho más. Bien. Al parecer, no hay ningún tipo de secuela. Eso era lo que esperábamos. Mañana volveré a pasar. Descansa y quédate tranquilo, que todo está bien. Gracias, doctor. Antes de que se retirara, le dije. Gracias, Arnaldo. Gracias por todo. No hay por qué. Esa noche trajeron la cena para los dos. La de Martín era algo liviano por ser su primera comida después de tantos días. Como tenía vendado el brazo derecho, yo misma le di
de comer en la boca. Luego conversamos un poco más y se quedó dormido. Al día siguiente, bien temprano, entró la enfermera con el médico de guardia. Me pidieron que saliera de la habitación, así que esperé en el pasillo. En ese momento sonó mi teléfono, y al atender, me informaron desde el juzgado que podía ir a retirar las pertenencias de Martín, por lo que, después de desayunar, me iría a los tribunales. Al salir el médico, me dijo que le habían retirado el suero y la sonda, y
que le traerían el desayuno. Al entrar, le dije a Martín que me habían llamado del juzgado y que después de desayunar iría a buscar sus cosas. Al igual que en la cena, Le di el desayuno en la boca y me sentí feliz de poder hacerlo, haría por el todo lo que fuera necesario. Unos minutos después, vino un camillero a buscarlo para la resonancia y le dije que me iba para el juzgado. Desde la clínica tomé un taxi. Tuve que esperar casi una hora hasta que me atendieron.
Me entregaron su bolso con la ropa, su equipo de mate, su teléfono y una campera. Volví a la clínica cerca del mediodía, un rato antes de que nos trajeran el almuerzo. La enfermera le dijo que, si tenía ropa para cambiarse, podía hacerlo y que al día siguiente por la mañana vendrían a ayudarlo a bañarse. Puse su teléfono a cargar y almorzamos. Después de comer, parezco un enfermo. Me causó gracia y nos reímos los dos. Lo ayudé a sentarse, saqué un boxer limpio y una remera de su bolso.
Le quité el camisón, al verlo desnudo, me di cuenta de lo flaco que estaba, sin duda por esos días sin comer. Lentamente, le coloqué la remera y luego el boxer. Como ya se había levantado de la cama, me dijo que quería ir al baño. Lo tomé del brazo que pasé por mis hombros. La pierna que tenía fracturada estaba enyesada hasta el tobillo y la planta del pie, aunque
aún no tenía el taco para poder apoyarlo. No sabía si tenía ganas de hacer algo más, pero si era necesario, hasta le limpiaría el trasero, sin embargo, solo fue a orinar. Volvió a la cama y nos quedamos conversando. Gracias por estar aquí. Cuando Ernesto vino a casa, me volví loca. No podía quedarme sin saber cómo estabas. Cuando salimos de Bahía, le dije a Julián que al llegar me dejara en tu casa. Pensaba avisarte en el camino, pero no me
dio tiempo. Cuando pasaban los días y no me llamabas ni me escribías, pensé que no querías hablar conmigo, que quizás me habías dicho eso ese día tan solo porque nos habíamos encontrado. Hacía días que venía pensando que teníamos que hablar. Nunca dejaré de agradecerte lo que hiciste. Miriam me contó muchas cosas, lo que pasó con Domínguez, que habías hablado con Ernesto y que habían ido a Buenos Aires para hablar con Rafael. Ese hijo de puta no
podía salirse con la suya. A pesar de lo que pasó, sentí que no podías comerte semejante quilombo por el chantaje de ese forro. y nunca terminaré de agradecerte por eso. A pesar de lo que te hice, lo resolviste todo. En parte, necesitaba tranquilizar mi conciencia. Yo ya no he podido tranquilizarla, es verdad, vuelvo a tener trabajo, me libré de ese hijo de puta y nada pasó con lo que me había hecho firmar, pero lo que te hice
me quitó la paz y la tranquilidad. Llegué a pensar que si el hijo de puta me denunciaba y terminaba presa, me lo tenía merecido. Fui una pelotuda, Martín. Me equivoqué de la peor manera, como una boluda, creí que aceptando el chantaje todo se terminaría y luego buscaría la forma de hacerlo caer. Cuánto me equivoqué, por Dios. Qué estúpida fui. Cuando volviste, te tendría que haber contado todo, pero me daba mucha vergüenza, tenía mucho miedo de lo que pudieras
pensar de mí, que ya no quisieras estar conmigo? Si te lo hubiera contado,¿ nada de esto hubiera pasado? Y en ese momento, no pude evitar las lágrimas. Me largué a llorar sin poder parar. Mira, Caro, en este tiempo he pensado muchas cosas. En el tiempo que estuve acá, no tenía certeza de lo que podría pasar con nosotros. Yo acá con mi trabajo, Y vos allá con tus estudios,
mucha distancia, mucho tiempo, otras personas. Sentía cosas enfrentadas. Por un lado, quería volver a estar con vos, pero por el otro, sentía que el tiempo nos jugaba en contra. Cuanto más tiempo pasaba, menos posibilidades sentía que existían. Pero esa vez que pasé unas horas por la plata, todo se me aclaró. Volví a sentir eso que siempre sentía al tenerte delante, y verte llorar cuando salía el colectivo me lo confirmó, en ese momento hasta pensé en dejar
el trabajo, volver y hacer otra cosa. Necesitaba volver, y cuando Ramón me propuso regresar, le dije que sí en ese momento. Era lo que más deseaba, pensé que por fin los planetas se alineaban. Siempre has estado en mi corazón. Pero cuando me contaste de esa chica…¿ Creí que ya nada volvería a ser igual entre nosotros?¿ Qué decirte? No hubo con esa chica nada más que sexo. No te voy a negar que la pasé bien con ella, y no solo en la cama, pero nunca llegué a sentir
algo más allá, no podía. Supongo que algo así te debe haber pasado con esos chicos de la universidad.¿ En verdad esos chicos nunca existieron? En ese momento te dije eso para no decirte que no quería estar con nadie, que solo deseaba estar con vos. Pero bueno, después pasó lo que pasó y estuve con varios hombres, aunque no por disfrutarlo.¿ Salvo con Ernesto? No te voy a mentir, Martín.
Con Ernesto fue diferente. Desde la primera vez me trató muy bien.¿ Con él no sentía que era una prostituta, era como si estuviera con un hombre y no por dinero? No sé si me entiendes. Claro.¿ Lo disfrutaste? Sí, esa es la verdad. Con él he disfrutado del sexo, aunque nunca sentí nada más profundo. Es un buen tipo, muy educado y respetuoso, con buenos sentimientos, y me ayudó mucho. Estoy agradecida con él. Cuando me contaste lo que pasó con Domínguez, no te voy a mentir, me sentí para
la mierda. No solo por saber que te habías prostituido, sino porque me dolió mucho que te acostaras con él. Me sentí decepcionado, no entendí por qué no me lo contaste.¿ Hubiéramos buscado la forma? Para empezar, lo hubiera cagado a trompadas. Luego, después de que me fui de casa, pensé muchas cosas, que te voy a decir, en ese momento nada buenas.¿ Y tuviste razón de pensar así?¿ No te merecías eso, vos no? Se me dio por pensar que quizás nos habíamos apresurado, no sé, me di cuenta de que ya
no éramos los mismos que cuando éramos chicos. Nos habían pasado muchas cosas. Te juro por mi vida que me arrepiento cada día de haber tomado esa decisión, por ser tan estúpida, por no contártelo todo. y no me van a alcanzar los días de vida para pedirte perdón?¿ Siempre fuiste un sol conmigo y yo te traicioné de la peor manera? Eso ya pasó, pero entenderás que necesitaba tiempo para pensar, y muchas cosas se me vinieron a la cabeza. Pregúntame lo que quieras. Ya nunca volveré a mentirte o
a ocultarte cosas. Pase lo que pase entre nosotros, seré sincera, completamente sincera. qué decirte. Me surgieron dudas, qué sé yo. Pensé que, así como me habías ocultado lo de la prostitución o el chantaje de Domínguez, también podías ocultarme otras cosas. Te juro que no. Durante un tiempo pensé que con Ernesto seguía pasando algo. Te juro que no. La última vez que estuve con él fue después de haber dejado de prostituirme, y ese día le dije que era la
última vez. que mi vida cambiaba de rumbo. Nunca más volvimos a tener sexo, ni siquiera hemos hablado de lo que había pasado antes entre nosotros, aunque sí hemos seguido en contacto, y seguramente sigamos hablando o viéndonos, pero tan solo como amigos. De eso me di cuenta cuando lo conocí. Hablamos sin pelos en la lengua, me dijo todo lo que habían tenido y que seguían en contacto. Y en verdad, me resulta un buen tipo,¿ va de frente? Es un gran tipo, y me alegro que se haya divorciado y
que le esté yendo bien con Miriam. Se merece una buena vida.¿ Hablando de Miriam? Ya sé cómo se conocieron, ella me lo contó. Yo busqué conocerla, me inventé lo de comprar la casa para poder hablar con ella. Hablamos varias veces y, además de lo que pasó con ese hijo de puta, tengo que contarte algo más. Bueno, no me enorgullece, pero me acosté con ella cuando pasó lo de su marido. Escuchar aquello me hizo mal. Bajé la vista un momento, pero pensé que nada le podía reprochar.
Yo había hecho lo mismo, por motivos diferentes y en circunstancias diferentes. Ambos lo habíamos hecho. Miriam no me lo había dicho, sin dudas para que fuera él quien me lo contara. Tan solo surgió y te soy sincero, fue sin pensarlo, sin buscarlo, porque es la verdad, nunca pensé llegar a eso. Pero en parte fue como una revancha, algo así como, vos te cogiste a mi esposa por chantaje y yo a la tuya porque ella lo quiso. Un pensamiento de mierda, la verdad.¿ Y en verdad me
arrepiento de haber llegado a eso? Fui un pelotudo que se dejó llevar. Perdón, No lo pensé con la cabeza, sobre todo porque, ahora que lo veo a la distancia, no tenía sentido.¿ Qué podía decirle? Lo hecho, hecho estaba, y yo no tenía limpio mi prontuario. Aunque hubiera preferido que eso no ocurriera, podía entender esa sensación de« venganza» si se quiere. No somos perfectos, nos equivocamos como todo el mundo. El que esté libre de pecado no que
arroje la primera piedra. Te entiendo. Después me quiso agradecer invitándome a cenar, y acepté. Pero antes de encontrarme con ella, pasé por el bar, ya lo había hecho otras veces, tan solo para verte a la distancia, pero esa noche te vi irte con un flaco en una moto. Vi cómo lo abrazaste desde atrás, y no me preguntes por qué, pero los seguí y los vi entrar en un edificio. Y te soy sincero, En ese momento me puse mal, pensando en que ya estabas con alguien más. Miriam también
me contó eso, y entiendo cómo te habrás sentido. Esa noche también me invitó a ir con ella unos días a Brasil, pero no acepté.¿ Ya la había cagado acostándome con ella? También me lo contó. Ese chico con el que me viste se llama Diego, trabajamos juntos y es mi amigo. Muchas veces fui a su casa en ese edificio. En esos momentos, me hizo muy bien su compañía y su apoyo, pero no tengo con él nada más allá de la amistad que nos une, una hermosa amistad. De hecho,
él tiene pareja hace tres años. Diego es gay y su novio se llama Ariel, al que por supuesto también conozco.¿ Viven juntos en ese departamento?¿ Es gay? En ese momento casi me causó gracia. Sin dudas, eran celos. Muy gay. Y orgulloso de serlo. No te voy a negar, tanto él como Ariel están buenísimos, pero a ninguno de los dos les atraen las mujeres.¿ Y se siguen viendo? Claro. Sigue siendo mi amigo y lo quiero mucho. A su
novio también. Son dos soles. Mamá también los conoce. Pasamos el fin de año con ellos y nos trataron como si fuéramos de su familia. Otra cosa que me ha carcomido la cabeza es. Pregúntame lo que quieras, Martín. No te voy a ocultar nada más.¿ Qué hubiera pasado si Domínguez, después de estar con vos, te hubiera devuelto esos papeles y todo eso quedaba en la nada?¿ Me lo hubieras contado también? Lo pensé mil veces antes de que me dijera que no me los daría. Antes de eso, si
todo se resolvía, ya había decidido contártelo todo. No podría vivir con esa mentira. No te merecías eso. Ya me había equivocado aceptando estar con él. No podría mirarte a la cara. Pero ese día que estuviste con él no me dijiste nada. tienes razón. Ese día estaba tan mal por lo que había hecho que estaba muerta de miedo. La situación me sobrepasó. Tan solo quería que todo terminara de una vez. Pero fui una estúpida. Supongo que si me lo hubieras contado ese día, el resultado hubiera sido
el mismo. Sí, lo sabía, pero no podría vivir con esa mentira. Sé muy bien que no merezco tu perdón, pero sigo sintiendo por vos lo que no he sentido jamás por nadie. Me equivoqué y ese error estará conmigo siempre. Sé que no querrás volver a estar conmigo, sé que siempre estará la duda de lo que hice o pueda llegar a hacer. Sé que la cagué y me arrepiento cada día de mi vida. Dije todo esto ya con lágrimas en los ojos. Lo que tuviera para decirme no
sería diferente de lo que yo misma me decía. Tuve mi oportunidad y la eché a perder por ser tan pelotuda. Merecido tenía el sufrimiento que me tocaba. Martín se quedó callado. Su silencio no hacía más que confirmar lo que estaba sintiendo, pero aún así, me quedaría con él hasta que pudiera volver a La Plata. No me importaba si ya no quería nada conmigo, tan solo estar a su lado y poder cuidarlo me hacía sentir algo mejor. Es el hombre que amo y haría cualquier cosa por él, aún sabiendo
que ya no quiera nada conmigo. Me quedé también en silencio, con la mirada baja, masticando mi dolor. Luego de un momento, que no sé si fueron segundos o minutos, levanté la vista y vi que Martín dormía. Me acerqué a la cama, le acomodé la sábana y le acaricié su mano, para volver luego a la silla, donde me quedé mirándolo dormir, aún llorando. Un rato después, entró la camarera con la merienda para ambos. Al escucharnos, Martín abrió los ojos y
nos miró. La chica se fue y yo acomodé la mesita para poder darle el té y las galletitas en la boca. Ninguno de los dos decía nada hasta que, luego de un par de sorbos de té, Martín me dijo,« Perdón, me quedé dormido».« No pasa nada»,¿ Está bien de azúcar? Sí. Ya no sabía si seguir hablando de lo nuestro. Sentí que la conversación había terminado de manera muy tensa y no quería volver a tocar el tema, tan solo lo
cuidaría y atendería hasta que él decidiera. Terminó de merendar y me senté a tomar mi té, mirando hacia abajo, no quería forzar ninguna situación. Pero un momento después, Martín me dijo. Perdón, Caro. En un momento difícil me alejé. No supe cómo manejarlo. Sintiendo lo que sentía y lo que había pasado, me alejé. Tendríamos que haber hablado mucho antes.¿ Y no me tendría que haber acostado con Miriam? Fui un boludo, perdón. Alcé la vista y lo miré a
los ojos.¿ No me pidas perdón? La que tiene que pedir perdón soy yo, por no ser sincera contigo. Te conozco, y sé que estás arrepentida de lo que pasó. Más que arrepentida, Martín. No me lo perdonaré nunca.¿ Estoy seguro de que lo pasaste mal después de que me fui?¿ Fui un boludo? La sigo pasando mal. Creo que tan solo sigo adelante por mamá, No quiero que la sigas pasando mal. Más allá de lo que pasó, no puedo
dejar de amarte. Es la verdad, y por eso iba a verte a la salida del bar, pero no me esperaba algo así y no supe hacer más que irme, y encima lo de Miriam. Me siento muy mal por eso también. Sé que tendríamos que haber hablado antes, pero… Yo te entiendo, Martín. Mil veces he pensado cómo me hubiera sentido yo si la situación hubiera sido al revés, si tú me hubieras sido infiel. Y por eso es que te entiendo. Sé que lo hice todo mal, y mil veces me arrepiento de no haberte contado todo desde
el principio.¿ Nada de esto hubiera pasado? Caro, supongo que haber llegado a hacer lo que hiciste para que tu madre estuviera bien no debió ser fácil, y jamás te juzgaría por eso. También me sentí mal conmigo mismo, pensando que si te hubiera llamado o mensajeado más seguido, si lo hubiera sabido, no habrías tenido que llegar a prostituirte. Yo ganaba bien, tenía dinero ahorrado,¿ podría haberte evitado todo aquello?
No te sientas mal por eso, las cosas se dieron así, y en ese momento fue la solución que encontré para salir del pozo. Y te digo la verdad, no me arrepiento de haber conseguido ese dinero de esa manera. fue lo que necesitaba. En este tiempo no he podido dejar de pensar. Cada momento en que no estaba ocupado con el trabajo, pensaba en mi vida, en la tuya, en lo que me estaba pasando, en lo que siento, en
lo que estarías sintiendo tú, en lo que tenía que hacer. Martín, te juro que te entiendo y entenderé lo que sientas o pienses. Te juro que lo entiendo, aunque me duela en el alma, lo entiendo». las acciones tienen consecuencias y acepto las que me corresponden?¿ He pensado mucho también? Si yo estuviera en tu situación, si yo me hubiera equivocado, si hubiera cometido un error así, sin duda hubiera deseado
tu perdón. Y sintiendo el pesar de la culpa y tu arrepentimiento, que sé que es sincero porque te conozco, porque sé cómo eres, jamás podría no perdonarte, Caro. Ya no quiero que me pidas perdón, pero tengo que pedirte perdón por lo de Miriam. A pesar de no estar juntos, mis sentimientos siguen ahí y le fui infiel a ellos. En ese momento, me explotaron las lágrimas. No pude evitarlo, pero no me salían las palabras. Por favor, Caro, no llores.
Nunca me gustó verte llorar. Creo que ya hemos sufrido mucho. No somos malas personas, tan solo nos equivocamos. Nos merecemos tener una buena vida, y en mi caso no entiendo una buena vida si no es contigo. Ya mis ojos eran un río, temblaba de los nervios y de la emoción. No creía todo lo que estaba escuchando, me parecía un sueño, y tan solo lo miraba a los ojos.¿ Te propongo algo?
Ya nos ha tocado volver a comenzar, Creo que nos merecemos una nueva oportunidad.¿ Nos seguimos amando?¿ Podemos superar esto también? No sabes lo feliz que me hace escucharte decir eso. Te juro por mi vida que si tengo esa oportunidad contigo, jamás, pero jamás voy a hacer algo que te lastime, que te haga dudar, que te haga sentir que no fue la decisión correcta. Mi vida no es vida si no es contigo. Y lo de Miriam no me importa. Lo más importante para mí eres tú. Por eso, dejemos todo
esto atrás y volvamos a empezar. Juro que no volveré a tener nada con ninguna otra mujer, y para eso lo primero que necesito es… Lo que quieras, mi cielo. Lo que me pidas. Es que me abraces. He extrañado tanto tus abrazos. Y yo no sabes cuánto. Me levanté, me acerqué a la cama y, teniendo cuidado de sus heridas, lo abracé. Nada me haría más feliz que volver a estar entre sus brazos. El alma me volvió al cuerpo y me juré a mí misma hacer que mi amado
Martín sea el hombre más feliz del mundo. Lo amo con todo mi ser y lo que me quede por vivir lo quiero hacer a su lado. No podía parar de llorar. Luego de ese abrazo infinito, sintiendo su mano, la que no estaba lastimada, acariciar mi espalda y luego mi cabeza, me enderecé y lo miré a los ojos. Me sonrió, y sin pensarlo, lo besé. Un beso suave, pero el más deseado, el que tanto necesitaba. No podía parar de llorar, pero ahora era de felicidad.« Quédate aquí conmigo»,
me dijo Martín. Me acomodé a su lado en la cama y apoyé mi cabeza en su pecho. Me quedo contigo para siempre. Te amo tanto, tinchito mío. Y yo a ti, mi hermosa Caro, y yo. Fin. Epílogo. Es lunes 2 de octubre y estoy más que nerviosa. Sé que lo haré bien, me he preparado para esto. Entro en la consultora como cada mañana. Me saluda el chico de seguridad, que como cada día me dice, buenos días, señora, aunque tantas veces le he dicho que tan solo me llame Carolina,
pero no hay caso. Subo al primer piso, camino por el pasillo, saludo con un beso a Betiana, que me recibe con una sonrisa, y entro a la que, a partir de ese día, será mi oficina, la oficina de la dirección general de la sede de la consultora en la ciudad de La Plata. El viernes fue la reunión de despedida de Francisco, quien, según me ha dicho estos
últimos tiempos, por fin se jubiló. Lo despedimos con una cena en un restaurante de Gonnett, donde estuvimos muchos de los compañeros de la consultora, Rafael con María, su esposa, y por supuesto, Martín y yo. Han pasado dos años y dos meses desde que en aquella clínica de Bahía Blanca, Martín y yo volvimos a estar juntos. Cinco días después de que Martín me propusiera volver a intentarlo, le dieron el alta. un auto de su empresa nos fue a buscar y nos trajo a La Plata. Yo estaba feliz,
no podía parar de llorar en todo momento. Al llegar a La Plata, Martín fue a casa de su madre para que lo viera después de tantos días, y allí se quedó una semana, mientras yo limpiaba y ordenaba la que seguía siendo nuestra casa. Tuve que volver al trabajo unos días después, pero cuando volvimos a vivir en nuestra casa, Mirta se quedó con nosotros hasta que a Martín le
sacaron el yeso de su pierna. Le quedó una cicatriz en su brazo y en la cabeza, que con su cabello no se nota, y su pierna sanó, por lo que casi tres meses después, él también volvió al trabajo. Nuestra vida volvió a la normalidad. Mientras Martín estaba en casa esos meses, una noche hablamos y le pregunté si quería estudiar arquitectura, ya que ese había sido su sueño. pero con su trabajo le quedaba poco tiempo, aunque aún
se lo está pensando. Incluso le dije que dejara de trabajar para poder estudiar, ya que con mi sueldo podíamos vivir tranquilamente. Mamá sigue muy bien de salud, gracias a Dios, y al estar tan cerca, nos vemos todo el tiempo. Rafael estaba más que conforme con mi trabajo, con el rendimiento de la consultora, y no dudó en ofrecerme la dirección que en aquel momento me había mencionado. Sigo teniendo contacto con Ernesto, hablamos y nos vemos seguido, también con Martín.
Ernesto y Miriam están juntos desde aquellos tiempos y desde hace poco más de un año viven juntos. Se llevan muy bien y las hijas de Miriam están encantadas con Ernesto. En una tarde de café con Miriam me contó lo bien que se sentía con Ernesto. Nunca se había sentido tan querida y apoyada y me dijo que con sus hijas era un amor. Estaba feliz de haberse decidido a intentarlo, pero sobre todo, destacaba que tenían una intimidad maravillosa. De
Domínguez no hubo más noticias. Según supo Miriam, seguía en Paraguay y tenía un hijo con una mujer de allí. Nunca más quiso saber nada de sus hijas, que poco a poco lo fueron olvidando. Una noche, Mientras cenábamos los cuatro en un restaurante, Ernesto nos contó que Esmeralda, su exmujer, lo había llamado, supuestamente arrepentida de lo que había pasado, y le había pedido que volviera con ella y que
retomara el manejo de la empresa de su padre. Sin embargo, luego supo por Candela, a quien veía de vez en cuando, que la próspera empresa de su exsuegro se había venido abajo, que su exesposa había sido abandonada por su novio y había tenido que salir a buscar trabajo. Apenas recibía unos pesos de su padre y habían tenido que vender la casa de ellos y la de sus exuegros para poder mantener la empresa. Si las cosas hubieran sido de otra manera,
cuán diferente habría sido todo. Nuestra vida volvió a ser maravillosa. Volver a dormir a su lado cada día me hacía la mujer más feliz del mundo. Nuestras relaciones sexuales volvieron recién un tiempo después, pero no me importó. Cuando el médico que controlaba la operación de su cabeza le dijo que podía hacer vida normal, volvimos a encontrarnos íntimamente, aunque
con ciertas restricciones por su pierna aún enyesada. En esos momentos, después de los preliminares, Martín se acostaba boca arriba y yo lo cabalgaba hasta que acabábamos los dos. Pero fue en el verano siguiente, cuando nos fuimos dos semanas a Brasil, que nuestra sexualidad volvió a su plenitud y para mí
en su mejor momento. Incentivada por Martín, en esas playas donde nadie nos conocía, usé por primera vez una bikini bien pequeña, con casi todo el trasero al aire, muy chiquita por delante y con un corpiño que apenas cubría un poco más que los pezones. El primer día me dio un poco de vergüenza, pero luego ya no. Aunque por supuesto, me daba cuenta de las miradas de los hombres, mi cuerpo, sin dudas, seguía atrayendo las miradas, y no
solo de los hombres. A Martín le encantaba, es más, lo excitaba verme con esa bikini, y luego le sacábamos provecho a esos calentones, al igual que a los conjuntos de ropa interior que me fui comprando, cada vez más pequeños y sexys, como a mi amado le gusta. Cuando volvimos a estar juntos, le dije que lo consentiría en lo que quisiera, que me entregaría a él en cuerpo y alma, sin restricciones, y así ha sido desde entonces. Nuestra sexualidad, en estos años… ha ido en aumento con
cada encuentro. Varias veces le pregunté sobre lo que le gustaría que hiciera o que me pusiera. Quería que no se guardara nada, como yo tampoco lo hacía, y por eso el cambio en mi ropa interior o cuando me dijo que lo excitaba mucho verme sin corpiño. Saber que no llevaba uno debajo de la ropa lo excitaba, al igual que cuando me pidió que me depilara completamente la conchita. Lo hice para él y él lo hizo para mí. nada me gustaba más que esperarlo con algo que lo excitara.
Cada vez que llego antes a casa, así lo espero, con alguna remerita ajustada y sin corpiño, con algún sort de llana al que le recorté un poco de tela para que mi trasero asomara, o alguna otra vez, tan solo con una remera suya y nada debajo. Con esa bikini súper chiquita que no uso en la playa, pero sí en casa, con todo el trasero al aire». una mínima tela que tapa apenas mi conchita y dos pequeñísimos
triangulitos que solo cubren mis pezones. Eso lo vuelve loco y muchas veces nos vamos directo a la cama, donde me saca mil orgasmos. Hace poco menos de un año, después de una noche de pasión, le pregunté si le gustaría tener sexo anal y cuando me dijo que le gustaría solo si yo lo deseaba, le dije que mi culito también sería suyo. A partir de ahí, lo fuimos preparando y también comenzó a hacer una práctica en nuestra sexualidad. Asimismo, se volvió común que eyaculara en mi boca y yo
me tragara su semen. Nada me resulta más excitante que sentirme completamente suya, dispuesta a lo que mi amado desee. El placer que me da Martín, con sus manos, sus dedos, su boca, su lengua y su hermosa pija, me tiene loca. Conoce perfectamente mi cuerpo y sabe cómo hacerme explotar de placer. No le puedo pedir más a la vida. Mamá está muy bien, tengo un excelente trabajo donde soy valorada y gano muy bien, y tengo un marido al que amo y que me ama. Desde hace unos meses, hemos estado
hablando de ser padres. Este nuevo puesto de trabajo lo postergará un tiempo, pero no será por mucho. Ambos deseamos formar esa familia que tanto hemos soñado. Nuestras vidas han dado muchas vueltas, con idas y venidas, aciertos y errores. Martín perdonó mi infidelidad y yo la suya. Me juré a mí misma ser la mujer que lo haga feliz, sin ocultarle nada, dándole todo, como él también me lo da. El uno para el otro, ahora sí, como siempre debió haber sido.
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
