LAS VUELTAS DE LA VIDA - PARTE 7 - podcast episode cover

LAS VUELTAS DE LA VIDA - PARTE 7

Feb 19, 202639 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos

Speaker 3

Las vueltas de la vida, parte 7.

Speaker 2

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Speaker 3

Entre más nerviosa que nunca, me dirigí directamente al despacho de Francisco. Tenía que tomar una decisión, pero mi cabeza era un lío. Pensé en los pros y los contras de los dos caminos que podía tomar. Acostarme con ese tipo resolvería el problema laboral, pero también significaría serle infiel a Martín, quien de ninguna manera se lo merecía. Si decidía no hacerlo, sin duda perdería el trabajo, sería señalada como ladrona e incluso podría perder el título o ir

a la cárcel. Eso no solo me afectaría a mí, sino también a Martín, que de todas formas terminaría enterándose, y a mamá, a mi vida. Entre tantas idas y venidas, evaluando mis posibilidades, comencé a pensar que acostarme con ese tipo podría ser el mal menor. Si no podía evitarlo, tendría que ceder al chantaje para librarme de semejante problema. Ya había ocultado a todo el mundo lo que había

hecho durante esos meses como prostituta. Pero en esa época, yo estaba sola, con Martín lejos de mí y mamá internada, ni siquiera tenía que justificar mis salidas nocturnas ante nadie, era algo solo mío. Pero ahora mamá estaba en casa y Martín nuevamente en mi vida, siendo mi esposo, compartiendo nuestra vida en nuestra casa. Si decidiera hacerlo con este tipo,¿ cómo podría volver a mirar a Martín a la cara?¿ Cómo haría para esconder esto?¿ sería capaz de seguir normalmente

con nuestra vida después de haberle sido infiel? No me gustaba ocultarle que fui prostituta, aunque siempre he pensado que debe saberlo, conocer los motivos que me llevaron a eso. Me avergüenza que lo sepa, me da mucho miedo que no pueda verlo como yo, con la desesperación de ese momento, con la necesidad de que mamá recibiera el tratamiento que necesitaba, el cual, gracias a Dios, Dio resultado y permitió que

mamá volviera a ser la mujer que fue. En los meses en que me prostituí, creo que estaba anestesiada por la situación, convencida de lo que hacía. El fin era mi justificativo, lo que me hacía entender que solo lo hacía por ella, no porque hubiera elegido hacerlo por dinero o placer. De hecho, la única cuota de placer me la dio Ernesto, lo demás fue solo una transacción comercial. por un dinero que ni siquiera fue pensado para disfrutar

de ningún beneficio para mí. Se acercaban las nueve de la mañana, hora en que este hijo de puta me dijo que le diera una respuesta. No terminaba de decidir, sin duda, el futuro de mis sentimientos, de mis pensamientos,

de mi vida tal como la conocía. Sin tener certeza sobre lo que hacer y las consecuencias, decidí, en mi atormentada cabeza, aceptar lo que este tipo me había propuesto, intentando cortar por lo sano, de una vez, y terminar lo más rápido posible con esta desagradable situación en la que el abuso de poder y la maquiavélica mente de un hombre despreciable me habían metido. Faltando minutos para la

hora señalada, me dirigí a su oficina. A las nueve en punto ni siquiera golpeé la puerta y, La abrí y al instante levantó su vista hacia mí con una estúpida mueca que intentó ser una sonrisa triunfadora. Sin siquiera decir buenos días, le dije.

Speaker 4

Dime el lugar y la hora. Buenos días, señora Arroyo. Para usted serán buenos días.

Speaker 3

Bien. Será a las 14 horas, aviso que tenemos una reunión fuera de la empresa y nos vamos. No.

Speaker 4

Dime dónde y a qué hora. No me voy a ir de acá contigo. Iré por mi cuenta. Muy bien. Entonces, a

Speaker 3

las 14.30.¿ Tengo un departamento en la calle? No lo dejé terminar, no iría a su departamento.

Speaker 4

Solo iré a un hotel. Dime cuál y allí estaré. Vaya, Vaya

Speaker 3

con pretensiones y todo. Bueno, entonces 14.30 en el hotel. Bien. Solo eso contesté y salí de su oficina cerrando la puerta. Caminé por el pasillo con el corazón acelerado, casi temblando, sin terminar de entender lo que estaba haciendo. A las 12 del mediodía, le avisé a Rosa, la secretaria de Francisco, que desde que ocupaba su puesto era mi secretaria. que a las 13.30 me iría a una reunión y que ya

no volvería. El hotel en cuestión, lógicamente, no era un hotel alojamiento, sino uno de los de cuatro estrellas de la ciudad. Antes de ir allí, pasaría por una farmacia a comprar algún lubricante. Tenía claro que, como en mi época de prostituta, la situación no me iba a excitar, por lo que no lubricaría y el preservativo me haría daño.

Recordaba perfectamente el tamaño de los penes de los que habían sido mis clientes en esos momentos y, por suerte, no me habían tocado tipos muy dotados, de hecho, varios la tenían más pequeña que la media. En el caso de este malnacido, era de un tamaño normal, tirando a pequeño, ni largo ni grueso. A la una y media salí de la empresa, pasé por la farmacia y, como tenía tiempo, me fui caminando hasta el hotel. Me quedé parada en la vereda de la plaza frente al hotel para verlo llegar.

A las dos y media pasadas, lo vi venir caminando, crucé la calle, me vio y esperó a que llegara a la puerta del hotel para que entráramos juntos. Se acercó al mostrador, habló un momento con la empleada, yo me quedé unos pasos atrás. Se giró, me miró y me dijo. Tercer piso, habitación 308. No le contesté, la situación era de lo más incómoda. Iba a lo que iba, pero ni siquiera era por dinero como en esos tiempos,

ahora era por el chantaje de un cerdo. En ningún momento lo miré, conseguiría lo que quería, pero no iba a prestarme a nada. Se iba a coger a un maniquí que se movía. Subimos al ascensor, ambos en silencio, bajamos en el tercer piso y caminamos por el alfombrado pasillo hasta la habitación. Él apoyó la tarjeta y la puerta se abrió. Entré y caminé unos pasos dentro, hasta un metro antes de la cama, él lo hizo detrás de mí, cerró la puerta y me dijo.« Bueno, Karen.

Nos volvemos a ver. Carolina». Para mí, en este momento, eres Karen, la Karen con la que estuve hace meses. Me quedé parada sin hacer nada, aún con mi cartera colgada a un lado de la cama. Lo vi quitarse el saco y la corbata.« Bueno, Karen, espero que lo disfrutes tanto como yo». Se quitó los zapatos, la camisa y el pantalón, quedando solo con el bóxer y las medias.« Desnúdate, Karen, pero lentamente. Quiero ver tu cuerpo poco a poco. Tengo

que ir al baño primero». Entré al baño, cerré la puerta, me quité la chaqueta y apoyé la cartera en la mesada de lavamanos. Saqué el lubricante, levanté la falda que llegaba hasta mis rodillas, bajé levemente mi bombacha y esparcí una buena cantidad de lubricante en mi entrepierna. Dejé la chaqueta y la cartera en el baño. Cuando salí, él ya estaba completamente desnudo, tirado en la cama y tocándose

el pene, sin duda para conseguir la erección. Me paré frente a la cama, me quité los zapatos, desabroché lentamente cada botón de la camisa, sin sacármela. Bajé el cierre lateral de la falda, que cayó al piso, luego me saqué la camisa y levantando la falda, dejé ambas prendas en el sillón de un cuerpo que estaba a un costado.«¡ Qué buena estás, Karen!¡ Cómo me calienta tu cuerpo! Nunca estuve con una puta con semejante cuerpo». por supuesto, no

dije nada. Tan solo con el conjunto de ropa interior, uno normalito de color blanco, me quedé parada frente a la cama.« Muéstrame esas tetas hermosas que tienes». Me quité el corpiño, sin siquiera mirarlo, y luego de dejarlo junto a la ropa, me quité también la bombacha. Giré para dejarla junto con el resto de mi ropa y él dijo.« Qué culo, la puta madre». qué buen culo tienes. Quedé desnuda al pie de la cama, sin mirarlo siquiera, y en ese momento dijo, no estaría mal que colaboraras un poco.

Aquella vez al menos hablabas. Aquella vez era otra la situación, fue algo acordado, una transacción ahora es un chantaje.¿ Es cuestión de dinero? Por eso no hay drama, te puedo pagar la tarifa sin problema. Te dije que ya no me dedico a esto, estoy acá obligada. Ven a la cama. Acuéstate acá que quiero disfrutar de ese cuerpo. Ya estaba entregada, desnuda con este tipo en la habitación de un hotel. Solo quería que terminara lo más rápido posible. Me recosté

en la cama, pero no me acerqué a él. Al ver la distancia que nos separaba, se acercó y, estirando su mano, empezó a tocarme los pechos. Luego fue bajando hasta llegar a mi entrepierna, que tocó burdamente, sin ninguna delicadeza o intención de hacerme sentir placer. MMM. Ya estás mojada, putita linda. El tarado ni siquiera se daba cuenta de que era lubricante. Me quedé mirando el techo, y un momento después sentí su boca en mi pecho derecho, chupándome

un pezón. Quería que ya acabara, que todo esto terminara de una vez. Para que todo fuera rápido, estiré mi mano, agarré su miembro y comencé a masturbarlo. Eso.

Speaker 4

Así me gusta. Sabía que te iba a gustar esto.

Speaker 3

No dije nada, que dijera lo que quisiera. Lo único que quería era que acabara para irme de allí. Lo seguí masturbando hasta que me dijo. Pará, putita hermosa, que me vas a hacer acabar y todavía me falta cogerte esa conchita que me está llamando a gritos. El preservativo, le dije sin mirarlo. Se dio vuelta y sacó un sobre de su pantalón, que estaba en el piso. Lo abrió y se lo colocó. Ponte en cuatro, Karen. Me gusta cogerte mirando ese terrible culo. Me puse en esa posición,

por suerte, no tendría que mirarlo sobre mí. Un momento después, sentí cómo me iba penetrando mientras me tocaba el trasero y los pechos desde atrás. Su respiración se iba agitando y sus movimientos se hacían cada vez más rápidos. Sin duda, le importaba una mierda si yo gozaba o no. Como amante, era un pelotudo egoísta. Fue acelerando el ritmo hasta que, unos minutos después, tomándome fuerte de las caderas, acabó con

una larga exhalación. Estuvo un momento más en mi interior, tocándome el trasero, hasta que me moví hacia adelante, haciendo que se saliera. Me levanté de la cama, no sin antes comprobar que había acabado dentro del preservativo. Tomé mi ropa y me metí al baño. Me hubiera gustado darme una ducha para sacarme cualquier rastro del hijo de puta, pero quería salir de ahí lo más rápido posible. Solo

limpié mi entrepierna con papel para quitar el lubricante. Salí del baño ya cambiada, lista para dejar la habitación, pero antes le dije. Los papeles. Aún desnudo sobre la cama, me miró con esa cara de hijo de puta que se salió con la suya y contestó. No los traje. No sabía cuál sería tu decisión.« Mañana en la empresa los tendrás. No te los voy a dar, solo los

destruiré delante tuyo». No dije más nada. Me di la vuelta y caminé en dirección a la puerta de la habitación, y antes de que saliera me dijo.« Qué buena putita sos, Karen. Con ese cuerpo podrías llenarte de guita». Salí al pasillo y Cerré de un portazo y caminé hasta el ascensor, ya con lágrimas en los ojos. No podía creer lo que había tenido que hacer para que este malparido no me arruinara la vida. La puta madre que lo parió. Salí del hotel, miré la hora, eran las tres y cuarto.

Un polvo de mierda que no había durado ni media hora, pero que me quitó la paz. Sin poder dejar de llorar, paré un taxi y me fui a casa. Entré, me quité toda la ropa, la puse a lavar y fui a darme un baño. Aún faltaban un par de horas para que llegara Martín y no podía dejar de llorar. Tenía que encontrar la forma de que no se diera cuenta de lo que pasaba dentro de mí. Terminé de bañarme entre lágrimas, me sequé y frente al espejo me dije,« Listo, Carolina,

ya está. Deja esto atrás». cuando esos papeles ya no existan, todo esto habrá pasado y a partir de ahora, todo tiene que volver a ser como antes. Para de llorar, boluda. Me sequé el pelo, me cambié y salí a hacer las compras para la cena, buscando poner la cabeza en otro lado, tratando de enfocarme en mi verdadera vida, en las personas que quiero y necesito realmente, Martín y mamá, las más importantes. Pero también el apoyo y la contención de Luciana, la única persona con la que puedo hablar

abiertamente de lo que me pasa, sin ocultar nada. De camino al supermercado le envié un mensaje para vernos al día siguiente, necesitaba contarle todo. Al instante me respondió que nos veríamos a las cinco en el centro. Volví de hacer las compras, preparé el mate para cuando llegara Martín del trabajo, y mientras lo esperaba, me puse a cocinar para la noche. Le haría unos canelones con salsa de

hongos que sé que le encantan. Aunque traté de estar como todos los días, cuando entró y nos saludamos, me miró. Nos sentamos a tomar mate y enseguida me preguntó.¿ Día complicado, corazón?¿ Qué podía contestarle? Me dolía tanto tener que mentirle de esa manera. No se merecía eso, Noel. Es un sol, un hombre como no hay dos, que me ama y me lo demuestra a cada momento, con cada gesto, con cada caricia, con cada mirada. Sí, mi vida. Últimamente, el

trabajo me tiene al trote. Ya estoy deseando que vuelva Francisco.¿ Y cuándo vuelve? Según me dijo, el mes que viene, en dos semanas.¿ Y a vos cómo te fue? tranqui. Hoy fui a Bransén nada más, y por suerte lo pude resolver rápido. Me alegro, mi vida. Al volver hice las compras.¿ A qué no sabes qué te estoy haciendo para cenar? ¿Canelones? Sí, mi amor, con salsa de hongos, como a vos te gustan.

Speaker 4

Como te amo, mi cielo. Y yo a vos, mi amor. me voy a dar un baño.

Speaker 3

Dale, yo mientras termino de cocinar. Mientras seguía preparando la cena, no podía dejar de pensar en lo mal que me hacía mentirle de esta manera. Pero bueno, fue la forma que encontré para solucionar esto. Los canelones me salieron muy bien. A Martín le encantaron, luego de cenar, Entre los dos juntamos y ordenamos todo antes de irnos al sillón a tomar un café y mirar un capítulo de la serie

que nos tenía enganchados. Después del café, como muchas otras noches, Martín se tomó un whisky mientras terminábamos de ver el capítulo. Luego nos fuimos a la cama, nos dimos algunos besos y caricias, pero no llegamos a hacer el amor. No estaba en condiciones y le dije que estaba cansada, pero lo acaricié hasta que se quedó dormido. Al día siguiente, como cada mañana, desayunamos juntos y me dejó en el trabajo.

Al entrar, fui directamente al despacho de Francisco, esperando que llegara el hijo de puta de Domínguez con esos malditos papeles. Fui a las 9 de la mañana y no estaba. A las 9 y media tampoco. Recién a las 10 y media su secretaria me dijo que había llegado, pero que estaba en una reunión. Cuando terminara, me avisaría. El hijo de puta recién me recibió a las doce del mediodía y mis nervios estaban de punta desde hacía horas. Entré a su

despacho y cerré la puerta. Me quedé parada a un paso dentro de la oficina y, sin siquiera saludar, le dije,¿ Los papeles?

Speaker 4

Buenos días, señora Arroyo. Pase, tome asiento. Quiero ver los papeles. Siéntese que tenemos que hablar. Está bien. No hace falta que me siente.

Speaker 3

Como quiera. Te explico, Karen, luego de la tarde de ayer, después de que te fuiste, me quedé pensando y creo que lo de ayer tuvo gusto a poco. Y como tú bien lo has dicho, soy un hijo de puta. El asunto es así, esos papeles seguirán en mi poder un poco más. Yo cumplí el trato.

Speaker 4

Dame esos papeles. Tranquilízate, Karen. Carolina. Para mí, sos Karen

Speaker 3

Y si quieres esos papeles, si quieres ahorrarte el quilombo que se te puede venir, tendrás que aceptar un nuevo encuentro. Eso no, hijo de puta. Ya hice lo que querías. Dame esos papeles. Llena de ira, no pude evitar las lágrimas. Sin duda, mi mirada estaba cargada de odio, y el malnacido parecía disfrutarlo. Ay, Karen. Karen. No te olvides que siempre consigo lo que quiero, y lo que quiero ahora es otro encuentro. Pero esta vez, quiero cogerte ese culito hermoso.

Sos una mierda. Un terrible hijo de puta y mentiroso. Vete a la puta madre que te parió. Te enojas y más me gustas. Más ganas me dan de romperte ese culito. Pero te tengo bien agarrada.¿ Aceptas o se te pudre todo?

Speaker 4

Hace lo que quieras.

Speaker 3

No pienso estar con vos nunca más. Prefiero ir presa. Abrí la puerta del despacho y, Desde la puerta, sabiendo que su secretaria escucharía, le grité.«¡ Vete a la mierda, hijo de mil putas!». Llorando, pasé frente a su secretaria, que me miró sin entender nada. Me fui directamente a la oficina de personal a presentar mi renuncia. Que ese hijo de puta hiciera lo que quisiera no iba a

seguir con ese chantaje. Entré llorando a la oficina. Estaba tan nerviosa que no podía redactar yo misma la nota de renuncia, así que se lo pedí a una de las chicas. Por favor, Ana, necesito que redactes una carta de renuncia para mí a partir de este momento. Tranquilízate,

Speaker 4

Carolina.¿ Qué pasó? Domínguez pasó. Ese hijo de puta.¿ Te acosó? Lo puedes denunciar. Yo te acompaño al sindicato. Déjalo así.

Speaker 3

Ya me buscaré un abogado. Por favor, haceme esa nota y la firmo. Hizo la nota, la imprimió y la firmé delante de ella. Por favor, entregase la voz. No quiero volver a verlo. Le agradecí a Ana el favor. Fui a la oficina de Francisco y Tomé mis cosas y salí en dirección a la salida. Un par de compañeros me preguntaron si estaba bien, pero no les pude responder. Caminé en dirección a casa. No podía salir todo tan mal. No entendía por qué ese hijo de puta hizo todo esto.¿

Cómo puede haber gente tan mala, tan egoísta? Me fui tranquilizando. Ya estaba hecho, si el hijo de puta me denunciaba, ya conseguiría un abogado para que me defendiera. Pero lo que me atormentaba era contarle todo a Martín. Ya no podía seguir ocultándole nada, no podía seguir mintiéndole. Aunque nuestra relación se terminara, se lo iba a contar todo, no podía seguir con esto dentro. Llegué a casa a la una y media de la tarde. Me saqué la ropa

y me di un baño. buscando tranquilizarme, buscando la manera de contarle todo a Martín. Pero no había otra forma, él tenía que saber todo, tal cual fueron las cosas, y luego tendría yo que aceptar lo que él decidiera, que seguramente sería el divorcio, sacarme de su vida.¡ Qué estúpida fui!¿ Cómo pude ser tan boluda creyendo que allí terminaría todo? Le mandé un mensaje a Luciana diciéndole que no podría ir al centro. Al instante me llamó y, llorando,

le conté lo que había pasado. No me dejó terminar, diciéndome que ya venía para casa. Cuando llegó, me abrazó y lloré en su hombro. ¡Ay, Caro!¡ Qué tremendo hijo de puta! Quería que me volviera a acostar con él y encima me quería coger por el culo. Con qué ganas le patearía las pelotas. Se las cortaría y se las haría tragar. Se lo voy a contar todo a Martín. No puedo seguir con esta mentira. Estás muy nerviosa, Caro. Piénsalo bien. Si lo sabe todo, puede terminar mal la

cosa entre ustedes. Estoy segura de que así será. Él no se merece a una mujer así. Si me deja, será lo mejor. No quiero hacerle más daño. Lo amo tanto que no lo quiero lastimar. Solo me importa su felicidad y yo no lo soy. Piénsalo,

Speaker 4

Caro. No te apures. No puedo más, Lu. No me puedo callar más. Ya todo se me fue a la mierda.

Speaker 3

Ay, amiga. Cuanto lamento esto. pero cuentas conmigo para lo que sea, de verdad te lo digo. Gracias, Lu. Ya debe estar por llegar Martín. Me voy, Caro, pero llámame después. Tenme al tanto, por favor. Me volvió a abrazar y se fue antes de que llegara Martín. Sentada en el sillón, no podía parar de llorar. Se lo contaría todo cuando llegara, no merecía mis mentiras ni todo lo que le había ocultado. No me iba a guardar nada hasta el llegar, lo

sabría todo. Estaba muy nerviosa. Tenía mucho miedo, sabía lo que venía y necesitaba calmarme para poder hablar con Martín. Sin pensarlo, me levanté, fui al mueble y me serví un whisky. No suelo tomar, pero en ese momento lo necesitaba. A las seis menos cuarto escuché que abría la puerta. Me quedé allí sentada, no me podía mover. Sabía que lo único que faltaba para que mi vida se viniera abajo era que mi relación con Martín también se fuera a la mierda, y para eso solo faltaba un momento.

Al verme llorando, se acercó, me dio un beso, que sin duda sería el último, y se agachó frente a mí preguntándome.¿ Qué pasó, mi amor?¿ Por qué estás llorando?

Speaker 4

Siéntate, mi amor, por favor.

Speaker 3

Tengo que hablar con vos. Dime que te tiene así. Amor mío, voy a contarte algo que debería haberte contado hace tiempo, pero no he podido. Me prometí a mí misma que nunca nadie lo sabría. Es algo que no me enorgullece. Cuando falleció papá y quedamos solas con mamá, nos manteníamos con mi trabajo. Por suerte, no pagábamos alquiler, pero cuando mi tía vino a pedirnos que vendiéramos la casa,

tuvimos que volver a alquilar. Con la mitad del dinero de la casa, compramos algunas cosas que nos hacían falta para mudarnos y por un tiempo vivimos un poco más tranquilas. Pero en poco tiempo mamá empezó a decaer y se vino abajo, hasta que la internaron. En los meses que estuvo internada, el costo de la clínica y los tratamientos, más una operación que tuvieron que hacerle, se llevaron todo ese dinero. Y como la internación de mamá se extendió

por meses, ya no tenía cómo pagar. Luciana, mi amiga y compañera de trabajo en el bar, me prestó un poco de dinero, y hasta el dueño del bar, que me encontró una tarde llorando en el descanso, cuando le conté, me adelantó tres sueldos. Pero eso solo me alcanzó para pagar otro mes. Estaba desesperada, ya había perdido a papá, no podía perder a mamá también. Yo ya había perdido el año anterior de facultad, faltando meses para recibirme, no

podía perder otro año más. Necesitaba el título para conseguir un buen trabajo. En ese momento de desesperación, Luciana me contó de su otro trabajo, el que le permitía tener un buen nivel de vida y que al día de hoy sigue haciendo. Y así fue como comencé a trabajar de, de prostituta. No podía parar de llorar. Vi su cara al decirle que había sido prostituta. Creía que vería enojo, decepción o qué sé yo, pero por el contrario, me escuchaba con atención y me pareció que hasta estaba por

llorar también. En ese momento fue la única forma que encontré para pagar la internación de mamá. Por Dios, caro. Me avergüenza contarte esto, mi amor, pero te juro que lo hice por mamá. En el momento en que le dieron el alta, dejé de hacerlo, y con unos ahorros que tenía, pude graduarme. No me enorgullece lo que hice, pero en ese momento no encontré otra salida. Sé que lo que te estoy contando cambiará lo que piensas de mí,

y por eso no te lo había dicho antes. Quizás no sea necesario que te cuente esto, pero no quiero ocultarte nada. Fue un trabajo de mierda, pero me sacó del pozo. Me hacía llamar Karen, nadie supo mi nombre real, ni mi dirección, ni donde trabajaba en el bar, ni que estudiaba. Tincho, no disfruté con esos hombres. Bueno, salvo con uno de ellos, un buen hombre que siempre me trató bien, me respetó y fue considerado conmigo. Incluso me fui con él un fin de semana a Punta del Este.

Iba por trabajo y me pidió que lo acompañara, y lo que me pagó por esos días me sirvió para ahorrar hasta que conseguí este trabajo, que conseguí gracias a él. Se llama Ernesto y es amigo del dueño de la consultora. Es el único que realmente supo quién soy y creo que por eso me ayudó tanto. No te voy a mentir, aún sigo en contacto con él. Aunque cuando dejé de ser prostituta, como agradecimiento, estuve una vez más con él.

es un buen hombre, estoy muy agradecida con él. Después de eso, podríamos decir que somos amigos, y, por supuesto, nunca más ha hecho ningún tipo de comentario sobre ese trabajo. Hubiera querido que nunca tuvieras que pasar por eso. Podría haberte ayudado si lo hubiera sabido. En ese momento todo me sobrepasó, Tincho. Hacía tiempo que no hablábamos, tú estabas con otra chica,¿ Cómo te iba a llamar para eso? Me largué a llorar nuevamente. Ahora venía lo peor y

se lo iba a contar todo. Por favor, Caro, tranquila, ya no llores, eso ya pasó. Me dijo mientras me abrazaba, y yo me aferraba a él, sintiendo que quizás ese sería el último abrazo. Es que eso no es todo, mi amor. Como te dije... Gracias a Ernesto conseguí este trabajo, que me gusta. Trato de hacerlo siempre lo mejor posible, me sentía considerada y valorada, tanto por Analia, la que era mi jefa, como por Francisco, mi director, y por Rafael.

Todos estaban más que conformes con mi forma de trabajar, y eso me hacía sentir muy bien. Sentía que lo estaba haciendo bien, que por fin las cosas iban bien en mi vida. Eso y volver a estar juntos me hicieron la mujer más feliz del mundo. Pero pasó algo que lo torció todo.¿ Qué pasó, corazón? Te conté que Rafael se fue a la sede de Buenos Aires,¿ te acuerdas? Sí, claro. También que ocupaste primero el puesto de Analia y luego el de Francisco, y eso es todo mérito tuyo. Bueno.

Speaker 4

El tema es que el que ocupó el lugar de Rafael. Domínguez.

Speaker 3

Ese mismo. Cuando Rafael lo presentó en una reunión con todos los jefes y directores, lo reconocí inmediatamente, había estado con él una vez cuando era prostituta. Me puse muy nerviosa, pero luego de ese día estuve meses sin verlo, hasta que Francisco tomó licencia por su problema de salud. Recuerdo.

A partir de ahí, cumpliendo las funciones de Francisco, tenía que trabajar con él y la primera vez que me llamó a su oficina, creo que fui temblando de los nervios, pero su trato fue correcto y solo hablamos de trabajo. A partir de ahí, hablaba con él casi todos los días por trabajo y siempre fue correcto y respetuoso. Me pasaba las tareas, yo las hacía, él las revisaba y yo luego las firmaba. Todo fue así hasta hace unos días, esa tarde que me viniste a buscar porque llovía a cántaros.

Me acuerdo,¿ y qué pasó? La cara de Martín se puso más seria, frunció el entrecejo, creo que imaginando que nada bueno era lo que le iba a decir, y tenía razón. Yo le había enviado por mail una contratación, como siempre, él la revisaba, la imprimía y luego yo la firmaba. Ese día, ya estaba saliendo, tú estabas ya en la puerta cuando me llamó y, con la cartera ya colgada, fui. Puse el sello y firmé todos los papeles y de ahí me fui de la empresa. Pero

al día siguiente me volvió a llamar. Cuando entré, se me paró el corazón cuando me llamó Karen, diciéndome que se acordaba perfectamente de mí. Imaginando que ya no me dedicaba a la prostitución, por mi trabajo allí, por haberme casado y haber comprado la casa contigo, armó un plan para volver a acostarse conmigo y así como lo escuchas.¡ Qué pedazo de hijo de puta! Lo que firmé el

día anterior no era lo que le había enviado. Lo que en verdad me hizo firmar fue una contratación fraudulenta a una empresa que no existe, con facturas falsas y una cuantiosa suma de dinero que iría a mi cuenta bancaria. Te chantajeó.¡ Qué pedazo de sorete! Sí, me chantajeó diciéndome que si no aceptaba acostarme con él, me denunciaría. Me quedaría sin trabajo, ya que es amigo de Rafael desde la universidad, que no podría escudarme en el sindicato, porque

su cuñado es el secretario general. Podría incluso perder la matrícula y hasta ir presa. Mi firma estaba estampada en cada foja de esa contratación. Hijo de mil putas. Lo voy a matar. Dime que no aceptaste acostarte con él. En ese momento, me largué a llorar nuevamente, bajé la mirada avergonzada y creo que en ese momento lo supo. Dime que no es verdad. Llorando a Mares, no pude más que

Speaker 4

decirle. Perdón, mi amor. Perdón, mi vida. Perdón. Perdóname, perdóname, por favor. te juro que no supe qué hacer. Perdón, mi vida. Perdón. No podía

Speaker 3

mirarlo a los ojos. Me sentía tan avergonzada, tan mala mujer al decirle eso, causándole un dolor así. No lo puedo creer.¿ Esa es la confianza que nos teníamos? Perdóname, mi amor, por favor, perdóname, no supe qué hacer. no sé qué hacer. No me devolvió los papeles y quiere volver a acostarse conmigo. No sé qué hacer, no puedo más, me quiere coger por el culo, perdóname, mi amor, perdóname,

por favor. Martín ya no dijo más nada. Primero se separó de mí, luego se puso de pie y fue a no sé dónde, supongo que al baño o a nuestra habitación. Un momento después, lo escuché volver caminando. Levanté la vista y lo vi con un bolso, caminando hacia la puerta. Se me paró el corazón. No pude parar de llorar. Abrió la puerta de casa y antes de salir, sin siquiera mirarme, dijo,« No me llames ni me escribas». Salió de casa, cerró la puerta y mi mundo se desmoronó.

Me desperté. No sabía qué hora era. pero por la ventana no entraba luz. Me levanté del sillón, donde después de tanto llorar me había quedado dormida. Miré mi teléfono y eran las diez menos veinte de la noche. Aunque sabía que no estaría, recorrí toda la casa buscando a Martín, pero no estaba, se había ido y bien merecido me lo tenía. Fui a la cocina y me hice un té.

Volví a llorar. Sin trabajo, con la posibilidad de ya no poder seguir siendo contadora, incluso hasta podría ir presa, pero lo que me mataba en vida era no tener a Martín a mi lado. Pero lo entendía,¿ cómo se iba a quedar a mi lado después de lo que le había dicho? Me lo tenía merecido, por idiota, por pensar que acostándome con ese hijo de puta todo se iba a solucionar. Me sentía una mierda, la peor esposa

del mundo. Lo que debería haber hecho en esa situación era contárselo a él.¿ Cómo pude ser tan estúpida, por Dios? Sin saber qué hacer, llamé a Luciana. Definitivamente, mi vida

Speaker 4

tal cual la conocía se había terminado. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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