Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos...
Las vueltas de la vida, parte 6.
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Martín decidió ir al hotel donde habíamos estado con Ernesto esa última vez, aunque por supuesto... eso no se lo contaría. Tomamos la habitación y no pudimos esperar hasta la noche. Una vez dentro, nos besamos y, poco a poco, nos fuimos quitando la ropa.« Estás tan hermosa como siempre, mi vida. Tú estás más lindo que nunca, tinchito mío». Ya desnudos, nos acostamos. No podía estar más feliz, volviendo a sentir sus manos en mi cuerpo, su boca recorriendo mi piel,
sus besos, su espalda, su amor. Además, desde la última vez con Ernesto, no había vuelto a estar con un hombre que en esos meses solo me había masturbado algunas veces. El primer orgasmo me llegó al poco tiempo de que su boca estimuló mi clítoris, pero Martín no se detuvo y, un momento después, tuve otro. Como me gustan tus orgasmos, mi
vida. Me vuelves loca, mi amor. cómo extrañé esto. Ya quería
sentirlo dentro de mí y se lo dije. Mi amor, necesito volver a sentirte dentro de mí, tanto como yo. Moviendo su cuerpo sobre el mío, apoyando sus brazos en la cama a los lados de mi cuerpo, su hermoso miembro resbaló un momento sobre mi vagina, dándome un inmenso placer antes de comenzar a entrar lentamente. Volver a sentirlo dentro de mí hizo que se me escaparan las lágrimas.«¿ Estás bien, amor?», me preguntó al verlas.« Sí, corazón, son
de felicidad. Por volver a sentirte». Y vaya si lo sentí, lo sentí por completo en mi interior y no le pedía nada más a la vida. Sus embestidas fueron lentas pero profundas, un delicioso vaivén que me llevó nuevamente al orgasmo. Pero Martín no se detuvo, tal contrario, Poco a poco fue incrementando la intensidad de sus movimientos y, unos minutos después, tuve otro orgasmo. Sin salir de mí, me besó dulcemente, acarició mi cara y mi cabeza con un sentimiento que
llegó a lo más profundo de mi corazón. No podía sentirme más plena, volviendo a estar entre sus brazos, a sentirlo en mi interior. Le dije una y mil veces, te amo. Un momento después, retomó sus embestidas, yendo de menor a mayor, llenándome de placer. Un placer tan inmenso y tan maravilloso que, en el momento en que eyaculó en mi interior, tuve otro orgasmo. Con la respiración agitada,
nos quedamos abrazados, muy abrazados, besándonos suavemente. Poco a poco, los latidos de mi corazón fueron aminorando y, con sus suaves caricias, el recostado a mi lado, diciéndome cuánto me amaba, me fui entregando a los brazos de Morfeo. Abrir los ojos y verlo dormir a mi lado hizo que me volvieran a explotar las lágrimas. Me quedé viéndolo por un buen rato, pensando en cómo sería nuestra vida de aquí en adelante. Pero no pude dejar de pensar en lo
que le estaba ocultando. No me gusta mentir, en mi vida prefiero ser sincera, ir con la verdad. pero esta parte de mi vida me avergonzaba a tal punto que no me creía capaz de contárselo a nadie, y menos a Martín, ahora que había vuelto a mi vida de una manera tan hermosa. Sé que fue una situación extrema. No fue mi elección ser prostituta, las circunstancias me llevaron a conseguir dinero con mi cuerpo, y para nada me
enorgullece haberlo hecho. Quizás lo único positivo que puedo sacar de todo eso es haber conocido a Ernesto y un buen hombre que me ayudó mucho, entre otras cosas, haciendo que en esos meses no me sintiera tan poca persona. Además de haberme puesto en contacto con Rafael y llegar
laboralmente donde me encuentro. Mi vida estaba, sin dudas, en el mejor momento, con mamá en casa, un buen trabajo donde soy valorada por mi desempeño y no por mi cuerpo, y ahora con Martín, el amor de mi vida, nuevamente a mi lado. Cuando abrió los ojos y me vio mirándolo, Su sonrisa fue suficiente. Me besó, dándome los buenos días y diciéndome que había sido una noche maravillosa. Fue al baño, luego lo hice yo. De vuelta en la cama, volvimos a hacer el amor antes de dejar el hotel. Otro
momento maravilloso, aunque más corto que en la noche. A partir de ese momento, volvimos a estar de novios, viéndonos casi todos los días. Los viernes o sábados en que Martín no tenía que trabajar al día siguiente, pasábamos la noche en el hotel, donde los encuentros eran cada vez más excitantes, donde dormíamos poco, dando rienda suelta a nuestra pasión, dándonos infinidad de orgasmos y probando nuevas posiciones y sensaciones.
Sin dudas, el mejor momento sexual de mi vida. A principios del mes de mayo, estábamos cenando con Martín en un restaurante y, Mientras tomábamos un café después del postre, me dijo. Amor, ya no aguanto, quiero despertarme a tu lado cada mañana, me haría muy feliz que viviéramos juntos. Sé que te preocupa tu mamá, pero podemos buscar un lugar cerca de tu casa. Por supuesto, mi vida. Yo también muero por vivir juntos, ni siquiera me importa si nos casamos o no. Ese era el otro tema, no
sirvo para esas movidas sorpresivas, pero... En ese momento sacó una pequeña cajita de su bolsillo. La abrió para que pudiera ver que dentro había un anillo, sencillo pero hermoso, con un significado terriblemente bello para mí. Me harías el hombre más feliz del universo si aceptaras casarte conmigo. Nada me haría más feliz, mi amor. por supuesto que acepto casarme contigo. Por supuesto que acepto ser tu esposa, para amarte cada día de mi vida, para formar nuestra familia,
para envejecer juntos.¡ Qué feliz me hace escucharte! Cuanto te amo, Carolina Arroyo Peña. Y yo a ti, mi amado Martín Villalba. Me colocó el anillo y no cabía en mí de tanta felicidad. Al volver a casa, Mamá aún estaba despierta mirando la TV y, al verme, creo que se dio cuenta, sin duda por mi cara. Estiré mi brazo con la palma de la mano hacia abajo para que el anillo se viera y le dije. Mira, mamá.
No me digas.¿ En serio? Sí, mamá. Martín me propuso matrimonio. Y
por supuesto le dije que sí. Se levantó del sillón y me dio el más hermoso de los abrazos. Ay, hija. Qué feliz me
siento por ti. Te mereces toda la felicidad del mundo.
Estoy más que feliz, mami. Aunque aún no hemos pensado en la fecha, seguramente no será dentro de mucho tiempo. Cuánto me alegro, hija. En estos días vamos a empezar a buscar un lugar para vivir. lo más cerca de aquí posible. No quiero tenerte lejos.
Tranquila, hija. Estoy bien. Y me hace muy feliz verte también a ti. Es lo único que me importa. Te amo, mami. Y yo también, hija mía.
Eres toda mi vida. Con Martín empezamos a buscar una casita o departamento cerca de casa, y casi dos semanas después, estábamos firmando el contrato de alquiler de un departamento de dos dormitorios a una cuadra y media de mi casa, bien cerca de mamá. Aunque había vuelto a ser la de antes, no quería que se sintiera tan sola. Fuimos comprando, con Martín, los muebles y electrodomésticos que nos harían falta.
Nada de lujo, solo lo necesario, una heladera, un lavarropas, un microondas, mesa, sillas… la cama con mesita de luz y un sillón para el estar comedor. Luego lo iríamos terminando de equipar. Diez días después, ya teníamos todo listo. Luego de instalar todo y de darle una limpieza a fondo, ese sábado 15 de junio dormimos por primera vez en nuestra cama, en nuestra propia casa. Aunque bueno, dormir lo hicimos bien de madrugada, luego de una noche de pasión, llena de besos,
caricias y orgasmos. Fueron varios los míos, junto a dos eyaculaciones de mi amado Tinchito. Definitivamente, mi vida era un sueño. En una llamada se lo conté a Ernesto que estaba tan feliz que quería que todo el mundo lo supiera. En el trabajo, todo seguía viento en popa. A pesar de la responsabilidad de mi puesto, lo hacía con mucha dedicación. Lo más importante era que mi trabajo era reconocido tanto
por mi director como por Rafael. La apertura de la sede de Buenos Aires se había demorado porque Rafael había decidido hacer una ampliación. La obra estuvo concluida en agosto y comenzaría a funcionar los primeros días de septiembre. Días antes, Rafael citó a todos los directores y jefes a una reunión para presentarnos al nuevo director general, quien ocuparía su cargo en la consultora cuando él se fuera a Buenos Aires. La reunión se llevó a cabo en la sala de
reuniones a las 10 de la mañana de ese martes. Ya estábamos todos cuando entró Rafael con un hombre. Nos saludó a todos y lo presentó como Eduardo Domínguez. Aunque no recordaba su nombre, lo reconocí inmediatamente.¡ Qué pequeña es la ciudad!¡ Y qué mala suerte la mía! Ese hombre había sido uno de mis clientes en esos meses que fui prostituta, aunque solo había estado con él una vez. La reunión
no fue muy larga. Rafael tan solo lo presentó, le dio la bienvenida, dijo unas palabras y luego volvimos todos a nuestro trabajo. No sé si él me reconoció entre tanta gente, solo deseaba que no se acordara de mí. Por supuesto, no podía comentarle nada a nadie, ni siquiera a mi amado Martín, ya que él siempre estaría ajeno a esa etapa de mi vida. Los siguientes días no
volví a verlo. Quien tenía contacto con él era mi director, aparentemente, no era como Rafael, que solía ir a las diferentes oficinas. A este hombre había que ir a verlo a su despacho. Con el correr de las semanas, me fui tranquilizando. Quizás me estaba preocupando de más, ni siquiera estaba segura de que se acordara de mí o que me hubiera reconocido. Si solía contratar chicas, todas serían lo mismo para él,
tan solo un cuerpo donde desfogarse. Decidimos con Martín casarnos los primeros días de diciembre, por lo que ambos avisamos en nuestros trabajos para, luego de la boda, tomarnos unos días y hacer algún viaje a modo de luna de miel. Cuando le avisé a mi director, Me dijo que no había problema y que solo le confirmara la fecha en que me tomaría la licencia. Lo primero era conseguir la fecha en el registro civil. A partir de ahí, nos tomaríamos una semana de vacaciones y comenzamos a buscar un
destino para nuestro viaje. Conseguimos fecha para el viernes 3 de diciembre a las 13 horas. Al día siguiente, le avisé a mi director que me tomaría el día viernes, que me correspondía por la boda, y a partir del lunes siguiente, una semana de vacaciones. Esa noche, luego de cenar, estuvimos buscando algún lugar para irnos y nos decidimos por una semana en Cariló, en un complejo de unidades con un
hermoso parque, a unos metros de la playa. Nos casaríamos solo por civil y haríamos un almuerzo con algunos amigos y nuestras madres luego de la ceremonia. El sábado por la mañana saldríamos para la costa. No podía sentirme más feliz, aunque esa espina seguía clavada. Pensaba y pensaba que en algún momento Martín tendría que saberlo. No me sentía bien ocultándole esa parte de mi vida que tanto me avergonzaba.
No me gustaba tener secretos con él, la vida nos había vuelto a juntar y sabía en mi interior que sería para siempre. El amor que nos teníamos desde adolescentes era tan profundo que nos amaríamos de por vida. Llegó diciembre. Me compré la ropa para la ceremonia y algunas prendas más para el viaje. Ya estaba todo listo, en un par de días seríamos marido y mujer. El día llegó
y no cabía en mí de tanta felicidad. La ceremonia fue sencilla, con nuestras madres, amigos y algunos compañeros de trabajo. Por supuesto, estuvieron Luciana y Analia con sus hijos. Me hubiera gustado que estuviera también Ernesto, pero cuando se lo conté, me dijo que en esa fecha tenía un viaje programado a Uruguay. Almorzamos en un lindo restaurante y no faltó
el brindis por los novios. Volvimos a casa, terminamos de preparar las maletas para el viaje y nos fuimos a la cama temprano, disfrutando nuestra noche de bodas y haciendo el amor por primera vez como casados. Esos días en Cariló fueron maravillosos. Por suerte, nos tocaron días hermosos de playa que disfrutamos a pleno. Por las noches salíamos a cenar y luego hacíamos el amor en esa amplia cama.
No perdonamos ninguna noche, pero también lo hicimos algunas mañanas al despertar e incluso una noche a oscuras en la playa. No podía estar más enamorada de ese hombre que me demostraba su amor a cada momento, con cada gesto, caricia y mirada, que yo correspondía en todo momento. Volvimos a La Plata y ambos tuvimos que volver a trabajar. Al verme, mi director me felicitó por mi casamiento, deseándome todo lo mejor en esta nueva etapa, y realmente lo sentí sincero.
Unos días antes de fin de año, ambos tuvimos la cena de fin de año de nuestros trabajos, la mía una semana después de la de Martín. Por supuesto, a ambas fuimos juntos. En la fiesta de Martín conocí a varios compañeros de trabajo, incluso a Ramón, su jefe, el director general, que me felicitó por el casamiento. Fue una linda noche, donde después de la cena hubo baile y copas a granel. Pude ver a varios afectados por el alcohol,
pero a pesar de eso fue una noche divertida. Para la fiesta de la consultora, me puse un vestido largo pero más bien informal. Sigue sin gustarme mostrar el cuerpo, pero a pesar de eso, pude darme cuenta de varias miradas de hombres. Esa noche le presenté a Martín a mi director, un rato después, a Rafael, que nos felicitó a ambos por nuestra boda. Eran casi las once de la noche cuando lo vi entrar. Venía del brazo de una mujer de más o menos cuarenta años, que supuse
sería su esposa. A diferencia de otros directores, No se acercó a cada mesa a saludar, se fue directamente a la mesa donde también estaba Rafael con su esposa y un par de directores con sus parejas. En ese momento, le comenté a Martín quién era ese hombre. Por suerte, no me tocó cruzarlo durante la noche. Sin duda, no se relacionaba con la gente de menor rango, solo lo hizo con los directores de su mesa, y para mí fue mejor así. En parte me sentía incómoda teniéndolo allí,
estando con Martín. Luego de la cena, a la hora del baile, dejé de pensar en él y disfruté la noche con mi amado Martín. Nos tomamos un par de tragos mientras bailábamos y nos reíamos. A eso de la una de la mañana, lo vi retirarse, también del brazo de esa mujer, y a partir de ahí me relajé y la pasé realmente bien. De regreso a casa, a eso de las cinco de la mañana, Martín me dijo que lo había pasado muy bien y, al llegar, nos hicimos el amor deliciosamente. Nos sorprendió la luz del nuevo
día entre orgasmos. Como habíamos tomado esa semana en diciembre, recién volveríamos a tener vacaciones en febrero, por lo que ambos tuvimos que trabajar todo enero. En la segunda quincena de febrero, tomamos dos semanas de descanso. Estuvimos unos días en casa y luego nos fuimos cinco días a Mar del Plata, a un hermoso hotel donde también la pasamos muy bien. Cualquier cosa que hiciéramos juntos, en cualquier lugar, no hacía más que confirmar nuestra felicidad. Con Martín empezamos
a juntar dinero para comprar nuestra casa. Su excelente sueldo le permitió ahorrar desde hacía meses y mantenernos con mi sueldo y ahorrar completamente el suyo. Salvo algún gasto sorpresivo, con mi salario podíamos vivir cómodamente incluido el dinero que le daba a mamá cada mes. Comenzaba el mes de marzo y una mañana, al llegar, Francisco, mi director, me llamó a su despacho. Golpeé la puerta y me hizo pasar. Aquí está el texto corregido. Toma asiento, Carolina, por favor.
Necesitaba comentarte algo. Sí, Francisco, dime. Desde hace unos meses, he estado con algunos problemas de salud. Me hice todos los estudios y chequeos y resultó ser un cáncer de colon. Ay, Francisco. Cuánto lo lamento. Por suerte, el médico me dijo que está detectado a tiempo, pero pronto me tendré que operar y tratarme con quimioterapia o radioterapia, por lo que estaré un tiempo sin trabajar. Todo va a salir bien, Francisco. Si fue detectado a tiempo, sin dudas lo podrás sobrellevar.
Voy a rezar por ti, Francisco, y cualquier cosa que pueda hacer por ti, por favor no dudes en decírmelo. Gracias, Carolina. Lo que te tengo que decir es que durante el tiempo que no pueda trabajar, tú ocuparás mi lugar. Nadie mejor que tú para hacerlo. Sabes todo y conoces la forma de hacer cada cosa. Creo que podré estar tranquilo si tú ocupas mi lugar. Y, por supuesto, con el plus correspondiente en tu salario.¿ Y el señor Domínguez está
de acuerdo? Aún no lo he hablado con él. Primero quise hacerlo contigo, si estás de acuerdo, se lo comentaré. No podía decirle los motivos que me podían llevar a rechazar ese cargo, pero tener que tratar con él no me gustaba para nada. Está bien, Francisco. Quiero que estés tranquilo, ocúpate de tu salud y yo me ocuparé de tu trabajo. Que te recuperes pronto es lo importante y que en ese tiempo puedas estar tranquilo es fundamental. Gracias, Carolina. Siempre
sé que puedo contar contigo. Y ya te digo que, si todo sigue como hasta ahora en la empresa, en tres años, cuando me jubile, te recomendaré para ocupar mi puesto. Es lo menos que mereces y no creo que nadie pueda decir lo contrario. Gracias, Francisco. Me gusta mi trabajo y trato de hacerlo siempre de la mejor manera. Ya lo sé. Y Rafael también lo sabe. Me encargué de que lo supiera. Le volví a agradecer la confianza y
regresé a mi trabajo con sensaciones encontradas. Por un lado, Era una buena oportunidad laboral, pero por otro, significaba tener trato constante con ese hombre, que no me gustaba nada. Francisco me fue poniendo al tanto de cómo iba su salud y, un mes después, a mediados de abril, me dijo que el día 22 tenía fecha para la operación y que luego vendría el tratamiento, con lo cual estaría al
menos tres meses sin trabajar. El último día que trabajó, Me llevó al despacho del director general para que nos pusiéramos en contacto. Permiso, Eduardo. Sí, adelante, Francisco. Tomen asiento, por favor. Eduardo, como te comenté, Carolina ocupará mi lugar durante este tiempo. Ya quedó al tanto de todos los pendientes y le dije que trabajara en mi despacho, allí tiene todo lo que puede llegar a necesitar. Perfecto, Francisco,
espero que todo salga bien y te tengamos pronto de vuelta. Gracias, Eduardo. Así lo espero también. Perfecto. Señora Arroyo Peña, durante este tiempo de ausencia de Francisco estaremos trabajando en varios temas. Bienvenida al grupo directivo. Confío en usted, al igual que Francisco. Creo que usted es la indicada para reemplazarlo. Muchas gracias, señor Domínguez. Quedo a su disposición. Mañana hablaremos de dos temas importantes. Que tengan buen día. Salimos del despacho y
mi corazón iba a mil. Aunque me trató correctamente y solo hablamos del trabajo en mi nuevo puesto, mis nervios estaban de punta. Al llegar a casa, le conté todo a Martín. Bueno, no todo, no podía contarle en qué circunstancias había conocido a ese hombre. Al día siguiente, al llegar al trabajo, me encontré con mis dos primeras tareas conjuntas con Domínguez en mi correo electrónico. Ya las tenía preparadas, así que llevé ambas carpetas a su despacho. Toqué la
puerta y, al entrar, me pidió que tomara asiento. Le entregué las carpetas, Revisó el contenido de ambas y me dijo que estaban perfectas. Las firmó y me las entregó, agradeciéndome. Volví al despacho de Francisco y continué con mis tareas. Por suerte, no hizo ningún comentario, sin duda, no me recordaba. Fueron pasando los días y, poco a poco, me fui relajando. Cumplía con todas las tareas que correspondían a Francisco, además de las de mi puesto, y aparentemente, Domínguez estaba conforme
con mi trabajo. Cada vez que iba a su despacho, me trataba correctamente y con un buen trato, conforme a nuestros puestos. Varias veces, fue él quien vino a mi oficina para traerme algún documento de alguna operación o que requería mi firma. Pasado ya un mes, me fui relajando
y cumplía mi trabajo al pie de la letra. Incluso trabajábamos en varios temas de manera correcta, hasta diría cordial Hablaba con Francisco al menos una vez por semana, preguntándole por su salud, pero no tocábamos temas de trabajo Quería que se despreocupara de todo y pudiera recuperarse sin ninguna otra complicación Con una buena suma ahorrada, Martín y yo comenzamos a buscar casas que nos gustaran y pudiéramos comprar, aunque para hacerlo tendríamos que sacar un préstamo bancario Llevaba
ya dos meses en el puesto de Francisco cuando, un lunes por la mañana, Domínguez entró en mi despacho. Me dijo que tenía una reunión con Rafael por una gran inversión y que necesitaba con urgencia mi firma en varios documentos, ya que se iba a Buenos Aires para reunirse con él. Había varios documentos en carpetas, y fui firmando y sellando cada uno de los que el director me iba dando, sin tener tiempo de leerlos debido a su prisa por
partir hacia la capital. Terminé de firmar todos los documentos, me agradeció amablemente y se fue. Antes de salir, me dijo que al día siguiente tendríamos que ver un tema para el que me había dejado todos los datos en un correo electrónico. Fui a mi bandeja de entrada y me puse a trabajar en ello para tenerlo listo para el día siguiente. Antes de irme, se lo envié a su correo para que lo tuviera al llegar al día siguiente.
Sin duda, me sentía cómoda en ese puesto, y si de verdad Francisco me recomendaría cuando se jubilara, estaría más que satisfecha. Al día siguiente, llegué a mi oficina, hice algunas de mis tareas habituales y luego fui al despacho de Francisco para continuar con mi nuevo trabajo. A eso de las diez de la mañana, Domínguez me llamó por teléfono y fui a su despacho. Como siempre, toqué la puerta y me hizo pasar.« Tome asiento, señora Arroyo, por favor». Gracias,
señor Domínguez. Estuve revisando su trabajo y está perfecto. Ya lo imprimí, solo falta su firma y luego firmo yo para enviarlo al banco. Ya lo firmo. Fui hasta mi oficina a buscar mi sello y, al volver, firmé los documentos. Listo por el momento. Muchas gracias. Hasta luego, señor Domínguez.
volví a mi lugar de trabajo y el día siguió su curso martín y yo encontramos una casa que nos gustó tenía algunos años y necesitaba algunas refacciones pero nos faltaba poco dinero y el préstamo sería bajo así que decidimos ir a verla arreglamos con la inmobiliaria que la tenía en venta y al día siguiente por la tarde la fuimos a ver a ambos nos gustó tanto la casa como la zona Estaba a tan solo tres cuadras
de la casa de mamá. Las refacciones no eran demasiado importantes, al menos para poder instalarnos, pintura, arreglo de una ventana, cambio de la grifería del baño y una buena limpieza a fondo. Una vez viviendo allí, podríamos hacer el resto. Esa noche nos decidimos si al día siguiente hablamos con la inmobiliaria para cerrar la compra. Estábamos muy entusiasmados por tener, al fin, nuestra propia casa. A la mañana siguiente, Martín fue al banco y solicitó el préstamo que nos hacía
falta para completar el valor de la casa. Cuando nos lo otorgaran, firmaríamos los papeles. Estaba más que feliz, sobre todo porque mi sueldo había aumentado significativamente al ocupar el puesto de Francisco. Ganaba casi el doble de lo que percibía en mi cargo anterior, lo cual nos permitió ahorrar para acondicionar la casa. Una mañana al llegar, encontré un
correo electrónico de Domínguez sobre una nueva contratación. Durante la mañana, preparé la carpeta con todos los documentos y, alrededor de la una del mediodía, se la llevé a su despacho. Me dijo que la revisaría y, si no había que hacer ninguna corrección, me avisaría para firmarla. Casi una hora después, Me llamó por teléfono y fui a su oficina. Como siempre, está todo correcto. Señora Arroyo, por favor firme. Me entregó la carpeta, firmé cada hoja y en la última hoja
puse el sello antes de firmar. Una vez terminado, se la volví a entregar. Muchas gracias. A usted, señor Domínguez. Con su permiso. salí satisfecha de su oficina. A pesar de quién era, reconocía mi trabajo y me trataba con mucho respeto. Sin duda, no me recordaba de aquel encuentro. Dos días después, le aprobaron a Martín el préstamo y esa misma tarde fuimos a la inmobiliaria a firmar la compra de nuestra casa. Una vez completados los documentos de
traspaso de propiedad, estaría a nuestro nombre. Mientras tanto, Ya podíamos ir haciendo las refacciones necesarias para mudarnos cuanto antes. Al salir de la inmobiliaria, fuimos a nuestra nueva casa. Estábamos muy felices y, al entrar, no pude evitar las lágrimas.
Nuestra casa, Caro. Sí, mi amor. Aquí seremos muy felices, mi vida.
Claro que sí. Ese mismo fin de semana comenzamos a pintarla, mientras un plomero cambiaba la grifería del baño y Martín reparaba la ventana. También cortamos el pasto del jardín delantero y del pequeño parque trasero. Terminamos exhaustos pero felices. Si durante la semana terminábamos de pintar, el siguiente fin de semana nos mudaríamos, así no tendríamos que pagar otro mes de alquiler. Esa semana fue muy intensa, cuando salíamos de trabajar, íbamos a la casa y volvíamos alrededor de las once
de la noche. Ni siquiera cenábamos, solo parábamos un momento para comer algo y seguíamos pintando. El viernes terminamos de limpiar todo y el sábado por la mañana, a pesar de la molesta llovizna, hicimos la mudanza. Ese último fin de semana del mes de julio dormimos por primera vez en nuestra nueva casa. Aunque aún quedaban cosas por hacer,
ya las iríamos haciendo viviendo allí. Francisco me comentó en la última llamada telefónica que el tratamiento de quimioterapia lo había dejado muy debilitado, pero que poco a poco se iba recuperando y que, seguramente, en uno o dos meses se reincorporaría al trabajo. Fue un lunes a principios de agosto cuando, como en otras ocasiones, Domínguez me envió un trabajo por correo electrónico. lo tuve listo por la mañana
y se lo envié terminado. Estaba por irme, con mi cartera colgada mientras salía de mi oficina, cuando Domínguez me llamó. Como en veces anteriores, lo que le había enviado estaba bien, me pidió que lo firmara antes de irme. Como llovía bastante fuerte, Martín ya me esperaba en la puerta. Entré a su despacho, me entregó la carpeta y, como siempre, firmé cada hoja y en la última puse mi sello
antes de firmar. De camino a casa hicimos algunas compras y, mientras yo preparaba la cena, Martín sacó las puertas del bajo mesada para pintarlas. Cenamos y nos fuimos a la cama. A pesar del cansancio de los últimos días, esa noche hicimos el amor. Le di tres orgasmos a mi amado, el último junto con su eyaculación en mi interior, nada me gustaba más que sentirlo bien dentro de mí. Al día siguiente, durante la mañana, Domínguez me dijo que a las tres de la tarde fuera a su despacho porque
tendríamos una reunión por un tema importante. Me había acostumbrado a trabajar con él y supuse que sería algún asunto relevante. Faltando unos minutos para las tres, fui a su despacho. Como siempre, Toqué la puerta y él me dijo que pasara. Al entrar, me pidió que cerrara la puerta. En ese momento supuse que sería un tema importante y no quería
que nadie lo escuchara. Pero lo que no me esperaba fue lo que me dijo apenas me acerqué a su escritorio.— Tome asiento, señora Arroyo,¿ o prefieres que te llame Karen? El alma se me vino al piso. Creo que el corazón se me detuvo y no supe qué responder. Creíste que no me acordaba de ti, Karen. Perdón, señor, no entiendo lo que me dice. Tú y yo sabemos de lo que estoy hablando. Sería imposible no recordarte. He estado con muchas putas, pero como tú, ninguna. Imposible olvidar esa cara,
esas tetas y ese culo hermoso. Y no te hagas la boluda, No me vengas con que estoy equivocado porque tienes claro que no lo estoy. Sé perfectamente quién eres desde el primer día que entré en esa reunión y te vi. Después de aquella vez, cuando volví a La Plata, intenté ubicarte, pero ya no respondiste al teléfono y supuse que lo habías cambiado. Moví muchos contactos tratando de encontrarte, pero mira tú las casualidades. No tenía sentido negar nada.
Sabía muy bien de lo que estaba hablando y tan solo me quedaba decirle que ya no me dedicaba a eso. Mire, señor Domínguez, en ese momento de mi vida, luego del fallecimiento de mi padre, mi madre estuvo varios meses internada en una clínica psiquiátrica. Yo no tenía manera de pagar lo que costaba su tratamiento y tuve que dedicarme a eso, pero eso quedó atrás. Cuando le dieron el alta a mi madre, ya no lo hice más y por eso dejé de usar ese teléfono. Puedo llegar a creer esos motivos,
aunque en verdad mucho no me interesan. Muchas putas inventan ese tipo de historias para justificarse y sacarles plata a los hombres con sus cuerpos. Puede usted pensar lo que quiera, pero esa parte de mi vida quedó atrás. Tengo que decirte que siempre consigo lo que quiero, de una forma u otra. Desde que llegué y te vi, pensé que
habría dos opciones. La primera es y por supuesto la más sencilla, era que te siguieras dedicando a la prostitución, y en ese caso, tan solo sería concretar un encuentro, eso siempre suponiendo que tu flamante marido estuviera al tanto y lo aprobara. O, por el contrario, que teniendo este trabajo, estando casada y comprando una casa para vivir juntos, ya no comerciaras con tu cuerpo. En ese caso, la segunda opción sería la correcta. Ni siquiera estábamos juntos en ese tiempo.
Pude recibirme y buscar un trabajo, que conseguí por mis propios méritos. Bueno, en eso te doy la razón. Tu trabajo lo haces muy bien. Ya me lo había dicho Francisco y Rafael me lo confirmó, pero no eres infalible y cometiste un error muy grave.¿ Qué error?
En mi trabajo? No puede ser.
Reviso cada cosa antes de entregarla. Eso puede ser, pero deberías ser más cuidadosa con lo que firmas.¿ Qué me está queriendo decir? Que tengo una contratación firmada por ti, con una empresa que no existe, con facturas apócrifas y con un pago exorbitante.¿ Y adivina dónde van esos fondos? A tu cuenta bancaria. Sin dudas, un claro desfalco a la empresa. Eso no puede ser. Creo que deberías
leer bien lo que firmas. No sé de qué me está hablando. Bueno, eso es sencillo. Aquí
hay una copia de lo que firmaste ayer. Por supuesto, el original está a buen resguardo en mi casa. Me entregó una carpeta igual a la que había firmado el día anterior. Miré los papeles y en todos estaba mi firma. Al leer los textos, me di cuenta de que eso no era lo que yo le había enviado. Esto no es lo que yo le envié. Claro. Esto que firmaste es una clara defraudación a la empresa, una contratación fraudulenta con cuantiosos pagos que van a tu cuenta bancaria. Esto
es increíble. No puede ser que haya hecho algo así. Bueno, está claro que lo he logrado. Si hay algo que tengo es paciencia. Seguramente, pensando que no te había reconocido, te relajaste y ni se te ocurrió que podría pasar algo así. Pero bueno, al no funcionar el plan A, la única opción fue el plan B. Esto no puede ser. Nadie creería que yo haría algo así.¿ En verdad crees eso? Una empleada que llega a un cargo directivo ve la
oportunidad de llevarse unos buenos pesos y la aprovecha. Por eso no tendría sentido que hablaras con Rafael, nos conocemos desde la universidad y confía en mí, por eso estoy en este puesto. Puedo ser cualquier cosa, pero en mi trabajo soy muy bueno.¿ A quién supones que le creería?¿ A ti, que hace poco tiempo estás en la empresa, o a mí, que me conoce desde hace más de 20 años? Quizás también se te ocurra acudir al sindicato, pero tampoco serviría.
El secretario general es mi cuñado, marido de mi hermana, y lógicamente estaría de mi lado. Quizás pienses también en denunciarme, pero eso jugaría en tu contra. No hay nada que me incrimine en esta maniobra, de hecho, esos papeles no están firmados por mí. Y si lo hicieras, la única culpable serías tú. Tendrías que enfrentar una acción legal, que sin dudas haría que no solo pierdas el trabajo, sino
también la matrícula como contadora. Seguramente, no volverías a conseguir un trabajo como este y hasta podrías ir a la cárcel por este delito.¿ Qué es lo que quiere de mí? Creo que está muy claro. Te propongo un trato, vuelves a entregarme tu cuerpo… aunque esta vez no sería por dinero, sería a cambio de esos papeles y de que la sangre no llegue al río. Esto es un chantaje de lo más bajo. Llámalo como quieras, para mí es tan solo una transacción, tú me entregas tu cuerpo y yo
te devuelvo la tranquilidad. Eres un hijo de puta. Bueno, no serías la primera que me lo dice, y en verdad no me ofende. Pero como te digo, siempre consigo lo que quiero, con dinero o de la forma que sea necesaria. Y como soy muy hijo de puta, si no aceptas mi propuesta, tu vida tal como la conoces cambiará drásticamente, incluso tu reciente matrimonio. Estaba tan nerviosa que no encontraba la manera de salir de esa situación. Pensaba y pensaba en la forma de escapar, pero no veía cómo.
Me tenía arrinconada. Si aceptaba, no solo volvería a ser una prostituta, sino que le estaría siendo infiel a Martín. Y si no aceptaba, ni sabía cómo podía terminar todo con el chantaje de este hijo de puta. No podía creer que esto me estuviera pasando.¿ Por qué a mí?¿ Qué he hecho tan mal en mi vida para tener que vivir esta situación? Sentía tanta impotencia que se me explotaron las lágrimas. No llores, que no es para tanto.
tus lágrimas no me conmueven. Pero para que veas que no soy tan cruel, no tendrías que inventar una excusa para hacerlo fuera del horario de trabajo. Se podría justificar tu ausencia y la mía con una reunión fuera de la empresa, por ejemplo, a las dos de la tarde.¿ Por qué me extorsionas de esta manera?¿ Qué te hice? No es nada contra ti. Tu trabajo lo haces muy bien, pero, bueno, Quería volver a disfrutar de ese cuerpazo tuyo.¿ Tan solo eso?¿
Y después qué? Después, amigos como siempre. Tú en tu puesto, yo en el mío y aquí no ha pasado nada. Y para que veas que soy un hijo de puta, pero no tanto, te doy hasta mañana para que lo pienses. Si aceptas, Mañana a la una y media o dos de la tarde, yo arreglo la reunión y nos vamos a un lindo hotel, discreto por supuesto. Tampoco me gusta
la exposición. Piénsalo. No sabía cómo salir de esto. Me levanté llena de ira, de buena gana le hubiera roto en la cabeza el adorno de madera que tenía sobre su escritorio. Caminé hacia la puerta del despacho, la abrí, antes de salir, lo escuché decirme. Piénsalo, Karen. Mañana a las nueve de la mañana me das tu respuesta. Salí de la oficina dando un portazo. Su secretaria me miró sin entender lo que pasaba. Sin duda, la tomó por sorpresa que saliera de allí tan rápido y llorando. Me
encerré en el despacho de Francisco. Por suerte, la secretaria no estaba en su lugar. así que me evité tener que darle alguna explicación sobre mi estado. Cuando me senté en el sillón, no pude evitar volver a llorar amargamente. Tenía tanta impotencia que temblaba como una hoja. No sabía cómo librarme de este hijo de puta y de la sucia jugada que había armado. Poco a poco me fui tranquilizando.
Entré al baño, me lavé la cara con agua fría y, mirándome al espejo, en voz alta me dije, Tranquila, Carolina.
Piensa. Piensa. Tienes
que encontrar la forma de salir de las garras de este malparido.¿ Pero cómo?¿ Debería contárselo a Martín? Pero si se lo contaba, tendría también que confesarle que me había prostituido. No podía hablar con Rafael, tal sindicato ni lo había considerado, ni siquiera estoy afiliada.¿ Con quién puedo hablar de esto? En ese momento, pensé en Luciana. La llamé por teléfono, pero no me atendió y seguí absorta en mis pensamientos. Unos minutos después, fue ella quien me llamó.
Hola, Lu. Perdón por llamarte. Hola, Caro. Todo bien.
Justo no te pude atender porque estaba estacionando en la facultad.¿ Cómo estás? Necesitaba hablar contigo. Tengo un problema muy grande, necesito hablar con alguien y pensé en ti.¿ Quieres que nos veamos?
Sí. Y cuanto antes, mejor. No baje del auto. Dime
dónde estás y voy para allá. En la empresa no. Te espero en la esquina de Plaza Moreno, del lado de la catedral. Ahí voy. Estoy cerca, llego en cinco minutos. Vale. Corté la llamada, me arreglé un poco el maquillaje y, al salir del despacho, le avisé a la secretaria que iba a salir un momento al banco. Caminé esas pocas cuadras y llegamos casi juntas. Luciana detuvo el auto y me subí. Arrancó, Hicimos algunas cuadras y, en el lateral de una escuela, detuvo el auto. Me miró y me dijo,¿
Qué pasó, Caro? Lo que nunca creí que pasaría. El dueño de la empresa donde trabajo abrió una sede en Buenos Aires y se fue a trabajar allá, dejando en su lugar a un tipo. Cuando lo presentó, lo reconocí inmediatamente, fue un cliente mío de cuando me prostituía. Nunca me dijo nada, estuve meses sin verlo, pero mi director, por problemas de salud, está de licencia y yo ocupé su lugar,
por lo que tengo trato diario con este tipo. Por casi dos meses trabajamos correctamente, incluso, el tipo siempre fue educado y respetuoso, y asumí que no me había reconocido.¿ Y qué pasó? El problema es que si me reconoció, me dijo que desde el primer día ya me había identificado. Yo me relajé y en cada trabajo que me tocaba, lo hacía, se lo daba para que diera el visto bueno y después yo lo firmaba, pues me corresponde por
el puesto que estoy ocupando. Ante ayer le pasé una contratación y, al salir, como llovía a mares, Martín me fue a buscar y ya me estaba esperando en la puerta. Estaba por irme cuando el tipo me llamó y me hizo firmar lo que le había mandado. Y hoy me encuentro con que lo que firmé es una contratación fraudulenta con una empresa que no existe, con varios pagos cuantiosos y con depósitos de esos fondos en mi cuenta bancaria.¿
Cambió los papeles?¿ Te hizo firmar otros? Sí. Y hace un rato me llamó para decirme que la única forma de que no me denuncie es que me vuelva a acostar con él. Pero qué hijo de puta. Te está chantajeando. Sí. Y si no acepto, me quedo sin trabajo y me denuncio ante el dueño y ante la justicia. Pueden suspenderme la matrícula y hasta puedo ir presa. Y para colmo, este hijo de puta es amigo del dueño desde la universidad, le va a creer a él antes que a mí.¡
Qué pedazo de mierda! Me dio tiempo hasta mañana a las nueve de la mañana para contestarle. La puta madre. No sé qué hacer. Si se lo cuento a Martín, también le tendré que contar que fui prostituta y me juré que nunca lo sabría. No sé qué podría llegar a pensar de mí. No puedo
contarle eso. Ay, amiga.¿ Cómo sales de esta? Pensemos. Pensemos las opciones. No sé, amiga. Te juro que no sé qué hacer.
¿Denunciarlo? Me dijo que si lo denuncio, no tengo pruebas y él sí.¿ Tiene en su casa esos papeles firmados por mí?¿ El sindicato? El secretario general es el cuñado de este mierda.
La puta madre. No sé qué hacer, Lu.¿ Y si accedes, se termina ahí? Eso me dijo. Amigos, como siempre, me dijo
el forro.¿ Qué hago, Lou?¿ Y si aceptas para salir del paso y después buscas la forma de cagarlo? Aceptar significa serle infiel a Martín. Estamos súper bien, re felices, en nuestra nueva casa. Se me va todo a la mierda. No podría hacer algo así y ocultárselo. Y si se lo cuento y no acepto, Este hijo de puta me arruina la vida, el trabajo, la carrera. Te digo la verdad, Caro, yo en tu lugar aceptaría y después buscaría la forma de hacerlo mierda. Hacerle alguna jugada que lo deje mal parado,
de la que no pueda zafar. No sé, grabarlo, exponerlo ante su familia, ante el dueño, subirlo a internet, algo para destrozarlo.¿ Qué otra te queda? Te tiene agarrada del cuello, boluda. Con gusto le cortaría las pelotas a ese hijo de puta. No sé, Lu. Te juro que no sé qué hacer.¿ Y si le dices que va una amiga tuya? Voy yo. Me dijo que estuvo con muchas prostitutas, pero que quiere
estar otra vez conmigo. No va a aceptar. Hablamos un rato más, No encontraba la forma de zafar del chantaje de este forro y ya tenía que volver a la consultora. Volví al trabajo, Luciana me llevó hasta la puerta, pero ya no pude hacer más nada, no tenía cabeza. Salí del trabajo y me fui a casa caminando, pensando en qué hacer. Quizás Luciana tenía razón, aceptaba y después veía qué hacer. Pero, eso significa serle infiel a Martín y él no se lo merece. No tengo cara para contarle
todo esto. Me avergüenza mucho haberme prostituido y no podría contárselo. Entré a casa. Martín aún no estaba, pero no tardaría mucho en llegar. Respiré hondo, tratando de tranquilizarme, de enfocarme en lo importante, en Martín, en nuestra vida, en lo que teníamos, tratando de que no se diera cuenta de lo que estaba pasando. Llegó casi media hora después y lo estaba esperando con el mate listo y unos sándwiches. Hablamos un par de cosas y nos sentamos a tomar unos mates.¿ Todo bien, corazón?
Sí, amor. Tienes cara de cansada. Es que hoy fue un día
agotador. El director me pidió algo para ya y no paré ni para almorzar. Bueno. Date un buen baño y métete a la cama. Yo hago las compras, preparo la cena y comemos en la cama. Eres un sol, mi amor.
Cómo te amo. Y yo a ti, mi reina.
Vaya, relájese y descanse hasta la hora de cenar. Terminamos los mates y le hice caso. Llené la bañera y me quedé en ella más de media hora. Me sequé y me metí a la cama, aunque no podía dejar de pensar en lo que me estaba pasando. Incluso llegué a pensar en contarle todo a Martín, y por decidir no serle infiel, perdería el trabajo, el título y hasta podría ir presa. Era un precio muy alto, y a pesar de eso, nuestra vida ya no sería la misma,
Martín ya no me vería como hasta ahora. Necesitaba dejar de pensar en ese tipo, en el chantaje. Tenía que enfocarme en mi vida con Martín. Lo escuché volver de las compras y ponerse a cocinar, hasta que, a eso de las nueve, entró en la habitación con la cena en una bandeja. Le agradecí el gesto, cenamos juntos en la cama y luego él también recogió todo y lavó los platos. Más temprano de lo habitual, ya estábamos los dos en la cama. Conversamos un rato y, tratando de
no pensar más, intenté dormirme. Me costó, di mil vueltas escuchando a Martín que ya dormía plácidamente, sin saber lo que pasaba por la cabeza de su esposa. Nos despertamos como cada mañana. Mientras Martín se bañaba, yo preparé el desayuno. Desayunamos juntos y, como siempre, me dejó en la consultora antes de ir a su trabajo. Entré más nerviosa que nunca. Me fui directamente al despacho de Francisco y¿ tenía que tomar una decisión?
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
