Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos
Las vueltas de la vida, parte 5.
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Sin duda, una etapa de mi vida había terminado y ahora comenzaba una nueva, con la esperanza de que todo fuera mejor. Esa noche dormí en paz. Al día siguiente, mientras desayunaba con mamá, le comenté que empezaría a buscar trabajo como contadora. Después de los mates con tostadas que tanto había extrañado, me puse a armar mi currículum. Alrededor de las once de la mañana, llamé a Augusto Sierra, el primer contacto que me había dado Ernesto. Me atendió
su secretaria y me pasó la llamada. Hablamos un momento, le mencioné que estaba buscando trabajo y me dijo que por el momento no podía ofrecerme uno, pero que lo llamara en un par de meses. Incluso, muy amablemente, me dio su teléfono particular. Le agradecí y luego llamé al segundo de la lista, Rafael Correa Fuentes. También me atendió su secretaria y me dijo que estaba en una reunión, que lo llamara en media hora. Cuando volví a llamar,
esta vez me atendió él mismo. Me dijo que, si era amiga de Ernesto, podría haber una posibilidad de un puesto, pero que necesitaría entrevistarme. Le dije que no había problema, que me indicara el día y la hora, y yo me presentaría. Al salir, llamé a Ernesto para contarle, y se alegró, diciéndome que ya había hablado con Rafael por teléfono. La entrevista fue dos días después y, por suerte, le
gustaron mis calificaciones. Me ofreció un contrato a prueba de tres meses, después de los cuales, si él estaba conforme con mi desempeño y yo con el trabajo, me contrataría de manera permanente. Le dije que estaba de acuerdo y, antes de irme, me informó que mi salario durante esos tres meses sería de 120 mil pesos y que luego, si continuaba, sería más alto, aunque no me dijo cuánto. Salí de allí tan contenta que no pude evitar las lágrimas. De camino al bar, llamé a Ernesto.
Hola, Ernesto. Lo conseguí. Hola, Caro. Cuánto me alegro. Rafael me contrató a prueba por tres meses. Muy bien.
Aunque ya lo sabía. Ayer hablé con él y me dijo que te contrataría. Tenía una vacante en el área contable y tu preparación lo convenció. Otra vez gracias, Ernesto. Te debo un almuerzo o una cena. Me parece muy bien. Pero cuando cobres tu primer sueldo. Hecho. Esa tarde fui al bar un rato antes y hablé con Ignacio. Perdón, Ignacio, necesitaba hablar contigo. Sí, claro. pasa. Ignacio, quería comentarte que conseguí trabajo como contadora en una consultora y voy a
dejar el trabajo aquí. Me lo imaginé. Era cuestión de tiempo. Lamento que tengas que irte. Pero sé que mereces un trabajo mejor que este. Siempre me gustó trabajar aquí y, además, fuiste muy buen jefe. Siempre te agradeceré esa mano que me diste. la merecías, Carolina. Siempre fuiste una de las mejores empleadas y muy trabajadora. Si quieres agradecerme, pásate de vez en cuando, siempre habrá un café esperándote. Espero que te vaya muy bien en tu nuevo trabajo. Muchas gracias, Ignacio.
Gracias por todo. Cuando llegó Luciana, También se lo conté, y aunque ya no nos veríamos todos los días, acordamos seguir en contacto. Al salir en mi último día como camarera, no pude evitar las lágrimas y con Luciana nos fuimos a tomar una cerveza a modo de despedida. El lunes siguiente, el primer día hábil de febrero, comencé a trabajar en la consultora. Hablé primero con Rafael, quien me llevó a la oficina de recursos humanos, donde firmé el contrato por
tres meses. Luego me acompañó hasta las oficinas del área contable, donde me presentó a Francisco, un hombre de unos 50 años que era el jefe, y a mis compañeros, en total siete, cinco mujeres y dos chicos jóvenes. Me indicó que trabajaría con Analia, una contadora como yo, a quien le calculé unos 40 años. Se encargaba de las compras y contrataciones. Aunque
estaba un poco nerviosa, Analia me hizo sentir cómoda. me explicó mis primeras tareas de manera amable, y cuando le mostraba lo hecho, me decía que estaba muy bien y me alentaba, diciéndome que poco a poco me iría explicando todo y dándome otras tareas de mayor importancia y responsabilidad. Ese día me fui a casa muy satisfecha, para ser mi primer día de trabajo, había estado muy bien. Así pasó el mes de febrero, sintiéndome cada vez más cómoda
con mi trabajo. Analía ya me daba varias tareas importantes y yo se las devolvía el mismo día, por lo que estaba muy conforme con mi trabajo. Al cobrar el primer sueldo, como habíamos acordado, llamé a Ernesto y al día siguiente nos encontramos para almorzar. Por supuesto, esta vez yo pagué la cuenta. Le conté cómo me iba en la consultora y me felicitó, diciéndome que sabía que lo haría bien. Luego del café, nos despedimos. quedando de acuerdo en encontrarnos de vez en cuando para comer o tomar
un café y conversar. A mediados del mes de marzo, analizando unas planillas de los gastos de una contratación, encontré una diferencia y se lo comenté a Analia. Perdón, Analia, revisando esta planilla, creo que hay algo que no está bien y me gustaría que lo vieras. Dale. Termino con esto y lo miro. Dejé la planilla sobre su escritorio y un rato después vino a verme. Carolina, te tengo que agradecer. Si hubiéramos calculado mal estas erogaciones y la rentabilidad,
nos hubiera costado un tirón de orejas. Por suerte, te diste cuenta. Creo que a partir de ese día, el trabajo entre las dos fue aún más ameno. Incluso, me dejaba revisar su trabajo antes de presentarlo, para ver si tenía algún error. Puse mi mejor esfuerzo y, al terminar el contrato de prueba, la última semana de abril, Rafael me citó a su oficina. Permiso,
Rafael. Buenos días. Pasa, Carolina, por
favor. Toma asiento. Estuve hablando con Analia y me dijo que tu desempeño y predisposición en el trabajo son excelentes, por lo que, si estás de acuerdo, A partir de mayo pasarás a planta permanente.¿ Estás de acuerdo, claro? Sí, Rafael. Me encantaría. Estoy muy conforme con el trabajo y, en verdad, me gustaría mucho seguir en la empresa. Perfecto. Entonces, pasa por Recursos Humanos y firma el nuevo contrato. Es por un año, pero se renueva automáticamente si ambos estamos de acuerdo.¿
Te parece? Me parece perfecto. Bien. Ah, me olvidaba, a partir del próximo mes, tu sueldo será de 220 mil pesos. Escuchar esa cifra casi me hizo caer de espaldas, no lo podía creer. Muy bien, Rafael. Muchas gracias. A ti, Carolina. Y también tendré que agradecer a Ernesto por recomendarte. No se equivocó, fue una buena decisión contratarte.
Gracias, Rafael. Ok. Pasa por Recursos Humanos. Ya mismo. Gracias. Que
tenga un buen día. Y así fue como seguí en la consultora, pero ahora con un sueldo más que bueno, que era tres veces lo que ganaba en el bar. Mi horario era de 8 a 16 o de 8 a 17 si usaba una hora para almorzar, así que me quedaba un rato por las tardes para estar en casa o hacer otras cosas. En junio, comencé a ir al gimnasio, ya que pasaba muchas horas sentada y necesitaba moverme un poco. Iba los lunes,
miércoles y viernes, aunque algunas veces también los sábados. Se lo comenté a Analia y al mes siguiente se anotó también, así que íbamos juntas. Poco a poco nuestra relación se fue estrechando y nos hicimos amigas. Ella conoció a mamá y yo a sus pequeños hijos de 11 y 9 años. Estaba divorciada desde hacía casi tres años debido a varias infidelidades
de su entonces marido. Mamá había vuelto a estar bien, solo algunas veces la había visto mirando la foto de papá detenidamente, segura de que le estaría diciendo cuánto lo extrañaba. Los meses fueron pasando y cada vez me sentía más conforme con el trabajo en la consultora. Incluso, cuando Analia tomaba vacaciones, era yo quien la reemplazaba en sus tareas.
Al año siguiente, Rafael nos reunió a todos los empleados para informarnos que, debido a la expansión de sus negocios, la consultora se había ampliado tanto que las oficinas se habían quedado pequeñas. Nos dijo que en marzo la sede se mudaría a una nueva ubicación, un edificio de cinco pisos donde se montarían las oficinas donde trabajábamos, junto con las dos sedes que funcionaban en casas alquiladas utilizadas como oficinas.
El traslado no fue fácil. Durante más de un mes estuvimos trabajando en ambas sedes hasta que todas las dependencias estuvieron instaladas. En mayo, Rafael también nos anunció que, debido a la expansión de los negocios, abrirían una sede en la ciudad de Buenos Aires y que él trabajaría allí. Por lo tanto, tendríamos un nuevo director general a cargo de esta sede, un amigo suyo que trabajaba en Buenos Aires para otra empresa y que había aceptado el cargo.
Este amigo asumiría el puesto cuando Rafael se trasladara a Buenos Aires. Junto con estas novedades, nos informó que nuestros salarios aumentarían un 20% o más, dependiendo del cargo, como reconocimiento por nuestro trabajo. Una tarde, mientras tomaba unos mates con mamá después de llegar del trabajo, recibí un mensaje en mi teléfono. Al ver la pantalla, se me aceleró el corazón. Era un mensaje de Martín que decía, hola, Caro.¿ Cómo estás? Se lo mostré a mamá y le respondí
de inmediato, hola, Martín. Qué alegría recibir un mensaje tuyo.¿ Cómo estás tú? Él respondió, hacía tiempo que no sabía nada de ti.¿ Cómo van tus cosas? Le conté que, aunque habían pasado algunas cosas, estaba bien, ya me había recibido de contadora y tenía un buen trabajo en una consultora. Le pregunté si aún estaba en Bahía. Martín contestó que sí,
que por ahora seguía allí. No sabía si preguntarle si estaba en alguna relación, volver a saber de él me hizo recordar lo nuestro, que a decir verdad, nunca había dejado de sentir. Martín mencionó que en unos días tenía que ir a Buenos Aires y, si se hacía tiempo, le gustaría pasar por La Plata para verme. Le respondí que me avisara que yo trabajaba hasta las cuatro de la tarde de lunes a viernes y que después de
esa hora y los fines de semana estaba en casa. Finalmente, No me animé a preguntarle si estaba con alguien, tal vez aún seguía con esa chica que me había mencionado hace un tiempo. Sin embargo, el hecho de que quisiera verme encendió en mí una lucecita de esperanza. Saber de él y que quisiera verme hizo que lo que nunca dejé de sentir por él volviera a un primer plano. Ya tenía tanta confianza con Analia que, cuando me preguntó al día siguiente por qué estaba tan contenta, se lo
terminé contando. Esperaba un mensaje o una llamada de Martín cada día, pero recién diez días después me mandó un mensaje diciendo que al día siguiente, un viernes, estaría en La Plata a eso de las tres o tres y media de la tarde. Le contesté que salía a las cuatro y que me dijera dónde nos encontraríamos. Quedamos en vernos en un café del centro a partir de las cuatro, yo estaba cerca de allí y llegaría en unos minutos.
Desde ese momento, estuve muy nerviosa. No sabía qué ponerme, cómo peinarme o si maquillarme para el encuentro, pero decidí ir como siempre me he arreglado, sin mostrar mi cuerpo y con poco maquillaje. A las cuatro y diez llegué al bar y lo vi parado en la puerta. Mi corazón se me salió del pecho. Cuando me vio, se giró y caminó lentamente hacia mí con una sonrisa. Al estar frente a él, solo pude abrazarlo, y aunque no quería, se me escaparon las lágrimas. Hola, Caro. Qué gusto
volver a verte. Hola, Martín. Qué bueno que pudieras venir. En verdad te he extrañado. Yo también.
Por eso quería verte, aunque sea un rato.¿ Hasta cuándo te quedas? Vine a Buenos Aires en colectivo para no tener que manejar y tengo el de regreso en unas horas a las 18.30. En ese momento, pensé que sería poco tiempo, pero bueno, era mejor que nada. Entramos al bar, nos sentamos y pedimos café para los dos con un tostado. Tengo que felicitarte por el título. Por fin lo conseguiste. Sabía que lo lograrías, siempre lo supe. Gracias, Martín. Aunque
me costó mucho, pude terminar. Los últimos dos años fueron complicados, pero ya está.
Por qué?¿ Qué pasó?
Bueno, pasaron muchas cosas. Después de que papá falleció y nos tuvimos que mudar, mamá se vino abajo. No me digas.¿ Qué le pasó? Estuvo tan mal que una tarde, al llegar, la encontré inconsciente, se había tomado un montón de pastillas. No La llevé rápido al hospital y estuvo unos días internada. Luego de eso, el médico me dijo que necesitaba tratamiento psiquiátrico y estuvo varios meses internada en una clínica. No
te puedo creer. Y con eso se fue todo el dinero de la mitad de la venta de la casa de mi abuela. Así que fueron tiempos complicados. Incluso, El dueño del bar tuvo que adelantarme dinero y una amiga prestarme también para poder pagar un mes de la clínica. Pero bueno, por suerte mamá está bien y ya en casa desde diciembre del año pasado. Por Dios, Caro. Qué lástima no haber sabido nada, te podría haber ayudado. No quise decirte nada, tú estabas con tus cosas, tan lejos.
te podría haber mandado algo de dinero para que no estuvieras tan complicada. En ese momento, se me cruzaron por la cabeza, como si de una película se tratara, todos los hombres con los que había estado por dinero para poder solventar el tratamiento de mamá, cosa que jamás le contaría a Martín. Sentiría una infinita vergüenza si él lo supiera, además de lo que podría llegar a pensar de mí. Esa parte de mi vida estaba enterrada para siempre. muy, muy en el fondo de mi alma y nunca nadie
tenía que saberlo. Pero bueno, por suerte ya todo quedó atrás. Ver bien a mamá es lo único que me importa.¿ Y tu mamá cómo está?
Bien, por suerte. Tiene un amigo en Bahía.¿ En
serio? Sí, un vecino del edificio que también es viudo. Se ven casi todos los días,¿ Salen a caminar o a tomar un café? La veo bien. Por supuesto, no me animé a preguntarle si estaba con alguna chica, seguramente surgiría en la conversación. Cuéntame, Caro, de tu nuevo trabajo. Es en una consultora, en el área de compras. La verdad es que estoy muy conforme, el sueldo es buenísimo y mi jefa casi podría decir que es mi amiga.
Trabajamos súper bien las dos.¡ Qué bueno! Seguramente vas a progresar ahí, sé que eres muy capaz.
Dios quiera.¿ Y tú cómo
estás? Muy bien, la verdad. El sueldo es mucho más que bueno, de hecho, me permite ahorrar bastante. La idea es poder comprarme una casa.
Allá en Bahía? Espero que no.
No quiero estar siempre allá. De hecho, la reunión de la que vengo era justamente para ver si puedo mudarme aquí.¿ Y tienes alguna posibilidad de hacerlo? A corto plazo, no. Pero el director general está conforme con mi trabajo y el rendimiento de la zona, así que me dijo que cuando haya alguna posibilidad, me avisaría. Qué bueno que te vaya tan bien, Tincho. Me alegra mucho por ti. Bueno. En el trabajo muy bien, pero en otros aspectos, no tanto.
Extraño mucho, la verdad. La ciudad, los amigos, bueno, también a ti. No siento que mi lugar esté en Bahía, no sé. Me pareció que quizás era el momento y decidí preguntar.¿ Y con esa chica de la que me habías hablado? Con esa chica solo fueron varios encuentros, bueno, para eso, pero no pasó de allí. En verdad, no tuve otra conexión con ella y hace meses se fue a vivir con su novio a Mar del Plata.¿ Y cuando se veían, ella ya estaba con el novio? Sí,
aunque yo nunca lo supe. Nunca me dijo que tenía novio, me lo contó la última vez que nos vimos, cuando me dijo que se iba a Mar del Plata. de haberlo sabido, nunca hubiera tenido nada con ella, no es mi estilo, no quisiera estar en el lugar de su novio, pero bueno.¿ Y tú?¿ Has estado o estás con alguien? No, solo un par de veces con dos chicos, como para darle algo al cuerpo, pero en verdad, nada reseñable. No podría decirle que estuve con tantos hombres y por dinero,
que durante meses había sido una prostituta. Creo que si lo supiera, jamás tendría alguna oportunidad de volver a estar con él. Que me dijera que también me extrañaba me creó una pequeña ilusión, y si supiera lo que había tenido que hacer, pensaría cualquier cosa de mí. Nunca lo debería saber. Se acercaba la hora de que debía irse, las horas habían pasado demasiado rápido. Volver a tenerlo frente
a mí había sido maravilloso. Por momentos, Me daban ganas de abrazarlo, de besarlo, de decirle que lo seguía queriendo como hace años, que quería estar en su vida y que él estuviera en la mía, pero me contuve. Bueno, Caro, ya me tengo que ir.¿ Puedo acompañarte hasta la terminal?
Claro.
Pidió la cuenta y salimos del café. Paró un taxi y fuimos hasta la terminal. Llegamos 15 minutos antes de la hora de salida y nos quedamos conversando en el andén. Caro, me gustaría que volviéramos a estar en contacto, al menos un poco más seguido, bueno, si te parece. Sí, Tincho. Claro, háblame o escríbeme cuando
quieras. Ya sabes mis horarios. Tú también. Cuando quieras. Y mándale un beso grande a tu mamá
Y tú a la tuya. No me contuve y lo abracé, y él también me abrazó. Volver a estar entre sus brazos hizo que mi corazón quisiera salirseme del pecho, con muchas ganas lo hubiera besado. Te extrañé, Caro.
Y
yo, no sabes cuánto. Nos volvimos a abrazar y subió al colectivo. lo vi caminar por el pasillo hasta su asiento. Un momento después, el colectivo dio marcha atrás para salir del andén y no pude evitar las lágrimas, aunque no dejé de sonreírle. Martín me siguió con la mirada mientras el colectivo maniobraba para salir. Cuando aceleró en dirección a la salida, le tiré un beso con la mano y me pareció que también estaba con lágrimas en los ojos.
El colectivo salió, y caminando, me fui a casa, pensando en cómo me había sentido al verlo nuevamente. Sin dudas, mis sentimientos por él seguían siendo los mismos, aunque los dos ya no fuéramos los mismos. Una nueva ventana se abría en mi vida, aunque remota, sentía latente alguna posibilidad de volver a estar juntos, y eso le dio un nuevo impulso a mis días. A principios de septiembre, una mañana al llegar al trabajo, vi que Analia no estaba
como siempre. La noté preocupada y le pregunté. Ana,¿ estás bien? Te noto preocupada. Sí, Caro, en el descanso te cuento. Trabajamos juntas un par de horas y a las diez y media. Como cada mañana, fuimos a la oficina a tomar un café. Descansábamos quince minutos todos los días. Sirvió café para las dos y nos sentamos en la mesita. No es nada malo, Caro, pero tengo que tomar una
decisión importante y eso me tiene tensa. Cuéntame, Ana. Sin mucha expectativa, envié una solicitud de entrevista a una empresa multinacional con filial en Buenos Aires y me llamaron. Ayer fui a una entrevista con una consultora de recursos humanos y la pasé, y mañana tengo otra entrevista con el gerente. Qué bueno, Ana.¿ Estabas buscando otro trabajo? En verdad, no con desesperación. Envíe la solicitud sin mucha expectativa, por eso es que no sé qué hacer.¿ Y si paso esta
otra entrevista? Es un mejor trabajo, sin dudas, pero también tiene lo suyo. El sueldo, sin duda, será bastante más alto por el puesto, pero tendría que ir a Buenos Aires todos los días. Te entiendo.¿ Y con los chicos? Ese es el otro tema. De aceptar ese trabajo, quizás sería más práctico irnos a vivir a Buenos Aires. Entre el viaje de ida y vuelta, estaría muchas horas fuera de casa. Lo tengo que pensar muy bien. Si es una buena oportunidad, creo que no deberías dejarla pasar. Pienso
lo mismo. Además, a mi edad no es tan sencillo cambiar de trabajo, y mucho menos a uno mejor. Yo te diría que vayas a esa entrevista y veas qué pasa. Luego tomas la decisión. Sí, creo que eso haré. Volvimos al trabajo y me quedé pensando en que, si Analia se cambiaba de trabajo, tendría un nuevo jefe o jefa. Al día siguiente, Analia se tomó el día para ir
a Buenos Aires. Le envié un mensaje deseándole suerte, y a eso de las cinco de la tarde, me llamó para contarme que le habían ofrecido el puesto y que al día siguiente me contaría más detalles. Así fue, a la hora del descanso, con un café cada una, nos sentamos y me contó. Te juro, Caro, que aún no lo puedo creer. Les gustó mi perfil y mi experiencia. Y no sabes, el sueldo es excelente, casi el triple de lo que gano aquí. El trabajo es el mismo,
aunque con otro volumen, pero creo que lo vale. Qué bueno, Ana. Me alegro mucho.¿ Eso quiere decir que vas a aceptar? Les expliqué que estaba trabajando, pero me dijeron que de aceptar comenzaría el primer día hábil de octubre. Sin embargo, tengo que confirmarlo a más tardar el lunes, ya que hay otros dos candidatos que también entrevistaron. Si yo estuviera en tu lugar, creo que no lo dudaría. La verdad no me lo esperaba, pero me ilusionó mucho. Creo que
voy a decir que sí. Ayer lo hablé con los chicos, les conté del trabajo, del buen sueldo y de que seguramente nos tendríamos que mudar a Buenos Aires. No pusieron ninguna objeción. Así que terminarán este año de clases aquí y el año que viene arrancarán en Buenos Aires. Qué bueno, Ana. Cuánto me alegro por ti. Es un paso enorme.
La verdad
que sí. Quizás sea la última oportunidad de tener un buen trabajo. Sin dudas. Me alegro mucho, Ana, y sé que te va a ir muy bien. Finalmente, aceptó el trabajo y avisó en la consultora que trabajaría hasta el último día de septiembre, luego renunciaría. En ese momento no me lo dijo, pero un par de días después, también en el descanso, me comentó que había hablado con Francisco para que yo ocupara su lugar como responsable del área
y que él había estado de acuerdo. No me lo esperaba, y también se lo agradecí, sin dudas, era una mejora en mi trabajo y en mi sueldo. Unos días después, Rafael me citó a su oficina. Al llegar, toqué la puerta y escuché.
Adelante. Permiso, Rafael. Buenos días. Buen día, Carolina. Pasa. Toma asiento, por favor.
Gracias. Seguramente Analia ya te lo haya comentado, y aunque Francisco me lo haya propuesto, yo ya había tomado la decisión. Nadie mejor que tú para ocupar su lugar. Gracias, Rafael. No hay nada que agradecer. Te lo has ganado. Sé de tu forma de trabajar y de tu dedicación. Es lo lógico. Además, conoces muy bien el trabajo. Muchas gracias, Rafael. Por cierto, tu sueldo se incrementará, cobrarás lo que cobra Analia.
Perfecto, Rafael. De
nuevo, muchas gracias. Salí de su despacho más que feliz. Sabía lo que cobraba Analia y era bastante más de lo que ganaba yo. El último día de trabajo de Analia, cuando salimos, nos fuimos a tomar un café a modo de despedida, pero quedamos de acuerdo en seguir en contacto. Así fue que en el mes de octubre comencé mi
nuevo trabajo como jefa de compras y contrataciones. Esa primera mañana tuve una reunión con Francisco, mi director, quien me felicitó y me dijo que estaba muy contento con mi nuevo puesto y que de ahí en adelante nos veríamos seguido por cuestiones de trabajo. Esa tarde, al salir, le envié un mensaje a Martín para contarle y, un momento después, me llamó por teléfono. Hablamos casi media hora y le
conté con detalles sobre mi nuevo puesto. También le mandé un mensaje a Ernesto, quien me felicitó y me comentó que justamente esa noche cenaría con Rafael. Todo marchaba bien, mamá estaba muy contenta con mi trabajo y casi no me dejaba hacer nada en casa. Ella se ocupaba de todo, aunque siempre salíamos las dos a hacer las compras para sacarla de su encierro. Analia comenzó en su nuevo trabajo y el fin de semana nos encontramos por la tarde para tomar un café y me contó todo sobre su
nueva empresa. Estaba muy contenta y yo también por ella. Cuando me di cuenta, el año se terminaba. Tendría vacaciones en la primera quincena de enero y decidí irnos de vacaciones con mamá a Mar del Plata. Con mi sueldo nos lo podíamos permitir y a mamá le vendría muy bien, hacía años que no salía de vacaciones. Nos fuimos diez días a un lindo hotel, paseamos mucho, fuimos varios días a la playa, también la llevé a conocer el puerto. el casino y hasta fuimos a ver una obra de teatro.
Mamá nunca había estado en uno. Me sentí bien por ella, por fin podía darle una vida que, sin ser de lujo, le permitía vivir tranquila y disfrutar de algunas cosas. El 16 de enero volví al trabajo y esa mañana, en una reunión con Francisco, me dijo que en marzo empezaría a funcionar la sede de Buenos Aires, que ya casi estaba terminada y que el amigo de Rafael tomaría su lugar. Días después, Rafael también me lo comentó en una reunión de trabajo. Esa mañana del 27 de febrero quedó marcada a
fuego en mi alma. Me levanté como todos los días, desayuné con mamá y me fui a trabajar, sin saber que ese día sería un punto de inflexión en mi vida. Hice mi trabajo como cada día y, al salir de la consultora, miré para ver si venía algún coche para cruzar la calle, pero al volver la vista al frente lo vi. El corazón se me aceleró de tal manera que creí que me daría algo. Parado en la vereda de enfrente, mirándome con su hermosa sonrisa, estaba Martín, vestido
con una remera, jeans y zapatillas. Sin dudas no estaba trabajando, pero¿ qué hacía allí? Esperándome, claro, pero… Crucé rápido la calle, ya con lágrimas en los ojos, y al llegar a él, lo abracé.
Martín,¡ Qué sorpresa! Hola, Caro.¿ Qué haces aquí? No me dijiste que venías a La Plata. Te quería sorprender. Y vaya si me sorprendiste.¿ Hasta cuándo te quedas? Me quedo,
Caro. Ya no me voy. Me trasladaron a la región Buenos Aires Sur, así que me volví a La Plata.¿ De verdad
Vas a vivir aquí? Así es.
De hecho, ya estoy viviendo aquí. Me mudé definitivamente antes de ayer y ayer tuve que ir a Buenos Aires a una reunión.¿ Y tu mamá? Se
vino también conmigo. Ay, Tincho. No lo puedo creer.
Caro, ya no podía seguir allá. Después de que nos vimos aquella vez, me di cuenta de que quería volver, que necesitaba volver. No pude evitar las lágrimas y lo volví a abrazar. Entre lágrimas, le dije. Necesité tanto tenerte cerca. Esto me pone muy feliz, Tincho. Sé que pasó mucho tiempo, pero quisiera que volviéramos a intentarlo. Claro que sí, mi cielo. Ese día que nos vimos, me moría por abrazarte, por besarte, por decirte que seguías en mi corazón, que nadie había
ocupado tu lugar. Que te sigo queriendo como hace años. Y siempre le pedí a Dios que nos volviera a juntar. Sé que ya no somos esos adolescentes, Caro, pero sigo deseando estar contigo, quiero vivir mi vida contigo. No sabes lo feliz que me hace escucharte decir eso. No sabes cuánto esperé este momento, mi amor. Sabía que llegaría. Estaba segura de que la vida nos volvería a juntar. Y yo también, mi cielo, quiero vivir la vida a tu lado.¿ Qué te parece si nos vamos a tomar un café? Sí, corazón,
donde quieras. Caminamos un par de cuadras. Martín me tomó de los hombros y yo lo tomé de la cintura. no podía estar más feliz. Le mandé un mensaje a mamá para avisarle que llegaría más tarde, para que no se preocupara. Mientras me contaba cómo había logrado volver a La Plata, me explicó que, aunque viviría allí, tendría que ir a varias zonas fuera de la ciudad, Olmos, Brandsen, San Vicente, Guernica y Gliu. También me contó dónde estaba viviendo.
Habían alquilado una casita con su mamá, pero su idea era comprar una en poco tiempo. A eso de las siete de la tarde, me acompañó hasta casa y, antes de irse, nos dimos un abrazo y, sin pensarlo, un beso en la boca que me supo a poco, pero que de todas formas me aceleró el corazón. Entré a casa y creo que mamá ya se dio cuenta. Hola, hija. Hola
mamá.¿ Qué es esa carita? Vienes como flotando.
Estoy flotando, mamá. Si te digo con quién estuve y quién me acompañó hasta acá, no lo vas a poder creer. ¿Quién?
Martín, mami. ¿Martín?¿ El Martín que yo conozco? Sí, mami. El mismo.
Y se volvió para que podamos estar juntos otra vez. No te puedo explicar lo feliz que estoy. Ay, hija,¿ sigues enamorada de él? Siempre, mamá. Nunca dejé de quererlo. Y él tampoco, por eso volvió. Y va a vivir aquí en La Plata, aunque su trabajo es fuera de la ciudad. Cuánto me alegro por ti, hija. Pero como no hemos hablado de esos temas, no sabía que seguías enamorada de él. Siempre, mami. Desde que lo conocí estoy enamorada de él, por eso no he estado con nadie más.
Esa noche, antes de dormirme, me quedé pensando en que por fin la vida le daba algo bueno a mi corazón. La espera había valido la pena, Martín había vuelto a mi lado y ahora seríamos felices nuevamente juntos. También me quedé pensando en que, al volver a estar juntos, no tendría que ocultarle lo que tuve que hacer ni lo que viví con Ernesto, pero me daba mucho miedo contárselo. No podría soportar que eso estropeara esta nueva etapa en nuestra relación y decidí guardarlo solo para mí o quizás
contárselo en algún otro momento. Al día siguiente no nos vimos, pero hablamos por teléfono y por mensajes. Él tenía que visitar su zona para presentarse y quedamos en vernos el sábado después del mediodía, que ya estaría libre. Esa tarde, me pasó a buscar por casa y saludó a mamá, quien lo recibió con un abrazo. Qué gusto verte de nuevo, hijo. Para mí también, Margarita. Y, si Dios quiere, nos vamos a ver seguido. Cuánto me alegro. Bueno, aprovechen el día, que está hermoso.
Chao, mamá. No sé a qué hora vuelvo. Tranquila, hija. Cualquier cosa me avisas. Chao, Margarita. Chao, Martín.
Saludos a tu mamá. Salimos de casa y, con el mate preparado, nos fuimos en su auto a Punta Lara. Hacía muchos años que ninguno de los dos había ido y tomamos unos mates conversando junto al río. Caro, te quería preguntar algo, pero si crees que es pronto aún, me lo puedes decir tranquila, lo entenderé. Dime, Tincho. Me gustaría que pasáramos la noche juntos. Pero entendería que quizás quieras esperar. No, mi amor, no quiero esperar. Yo también
lo quiero. Necesito volver a encontrarme contigo. Nos volvimos a besar y me sugirió pasar la noche en un hotel, ya que ni en su casa ni en la mía tendríamos la intimidad suficiente. A eso de las seis de la tarde, volvimos a La Plata. Le mandé un mensaje a mamá para avisarle que pasaría la noche con Martín para que se quedara tranquila. Me respondió con un ok
y unas caritas sonrientes. Mira a mamá enviando emoticones. Martín decidió ir al hotel donde había estado con Ernesto esa última vez, aunque, por supuesto, eso no se lo contaría.
Hasta aquí
llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
