LAS VUELTAS DE LA VIDA - PARTE 4 - podcast episode cover

LAS VUELTAS DE LA VIDA - PARTE 4

Feb 16, 202637 min
--:--
--:--
Download Metacast podcast app
Listen to this episode in Metacast mobile app
Don't just listen to podcasts. Learn from them with transcripts, summaries, and chapters for every episode. Skim, search, and bookmark insights. Learn more

Episode description

The podcaster did not provide a description for this episode.

Transcript

Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos

Speaker 3

Las vueltas de la vida, parte 4.

Speaker 2

No olvides suscribirte para que no te pierdas ninguna de las historias.

Speaker 3

Ernesto, quiero decirte algo. Lo que quieras, Karen. quiero ser sincera contigo. Me pareces un hombre excelente, eres muy educado y respetuoso. Durante este tiempo, como imaginarás, he estado con otros hombres, pero solo tú no me has hecho sentir como lo que soy, una prostituta que comercia con su cuerpo. Agradezco tus palabras, Karen. Para mí, eres una mujer y te respeto por eso. Que, por alguna razón que solo tú sabrás, te dediques a esto no significa que dejes

de ser una mujer merecedora de mi respeto. Te lo agradezco, Ernesto. Y también te agradezco este viaje. Déjame decirte que me siento muy bien hablando contigo, tanto que quiero ser realmente sincera. Karen, entiendo lo que me dices, pero no te sientas obligada a contarme cosas de tu vida personal. Entiendo tu posición y supongo que, en algún punto, querrás mantener tu privacidad. Con otros hombres así lo he hecho, pero contigo es diferente.

Por eso quiero hablarlo contigo. En verdad, no tengo muchas personas con quienes hablar sinceramente en mi vida. Si eso es lo que necesitas, adelante. Nadie sabrá nunca lo que hablemos. En cuanto a la edad, no te he mentido, tengo 27 años. Soy hija única, trabajo por las tardes como mesera en un bar y por las mañanas estudio. A fin de año me recibo de contadora. Ya imaginaba que estudiabas o

lo habías hecho. Por tu forma de hablar, me di cuenta de que tienes formación, pero me sorprende gratamente que te falte poco para titularte. Permíteme decirte que te admiro. Nunca creí que podría llegar a hacer lo que estoy haciendo, pero mi situación económica estaba colapsada. Mi familia siempre ha sido de clase media-baja. Hasta hace un tiempo vivíamos en la casa de mi abuela, gracias a un acuerdo entre mi mamá y mi tía, lo que nos ahorraba pagar alquiler.

Pero mi tía tuvo un problema de dinero y la casa tuvo que venderse. Mi papá falleció el año pasado y su ingreso era el principal de la familia. Tras su muerte y la mudanza, mi mamá se vino abajo. Se desestabilizó emocional y mentalmente, al punto de intentar quitarse la vida. Por Dios, Karen. Un dolor tras otro. Ni te imaginas. Cuando llegué a casa, me encontré con que se había tomado no sé cuántas pastillas de clonazepam. La llevé al hospital y por suerte pudieron salvarla, pero me

dijeron que necesitaría atención psiquiátrica. La vio un psiquiatra y desde entonces está internada en una clínica psiquiátrica. Y tú haciéndote cargo sola de todo.¿ Qué más podía hacer? El dinero de la venta de la casa de mi abuela se fue en los gastos de internación y tratamiento. Ya había dejado la facultad un año cuando falleció mi papá y no puedo volver a dejarla. Necesito graduarme para conseguir un buen trabajo, pero mientras tanto, necesito solventar todos estos gastos.

Por eso he comenzado a hacer esto. En verdad lamento mucho escuchar todo esto, pero estoy seguro de que lo vas a lograr. Eso espero. La semana pasada fui a visitar a mamá y el médico me dijo que ha mejorado, pero seguirá internada uno o dos meses más. No encontré otra forma de solventar los gastos. Roxana fue quien me contó lo que hacía y cómo podría ayudarme a costearlos. Por eso estoy aquí. Desde que te conocí, me di

cuenta de que eras diferente. Debo reconocer que he estado con varias chicas antes, dada mi situación personal, pero contigo me he sentido diferente. tanto que, por momentos, siento que te falto el respeto como mujer al contar con tus servicios. Te digo la verdad, Ernesto. Me costó mucho asumir esto, pero solo contigo me he sentido respetada. Por favor, no pienses que te cuento todo esto con otra finalidad, lo hago porque siento que contigo puedo hacerlo. Eso en verdad

me halaga. Trato de ser buena persona, de no engañar a nadie. Trabajo mucho, siempre he tratado de ser un buen esposo y un buen padre, buen jefe y buen amigo de mis amigos. Aunque algunas cosas no me hayan salido bien. Pero bueno, después de todo, la vida no es más que eso. Mi nombre es Ernesto, por supuesto. Ernesto Luis, y mi apellido es Benítez Berro. Soy ingeniero en electromecánica, Dirijo una empresa de montaje y servicios que

me permite una buena posición económica. A mi familia nunca le ha faltado nada, es más, creo que les han sobrado algunas cosas. Creo que la vida nos sorprende cuando menos lo esperamos. Tal cual. La empresa era de mi suegro, y cuando se retiró, yo me hice cargo y la hice crecer, aunque está a nombre de mi esposa. Para que te des una idea... Mi suegro tenía cuatro empleados en un pequeño galpón. Ahora la empresa tiene un gran galpón y unas oficinas con la parte administrativa, y en

total hay 23 empleados. Tengo un hijo de 28 años, Ramiro, que es ingeniero también y vive en Madrid, y una hija de 26, Candela, que está estudiando cine. Te juro que doy la vida por ellos. Y mi esposa, bueno, mi esposa es un punto aparte. Desde que nos casamos ha cambiado mucho, y creo que la situación económica le ha afectado. Poco a poco se ha convertido en otra mujer. Se preocupa mucho por cosas, como te diría, superficiales, ropa, imagen, peluquería, gimnasio, auto,

salidas con amigas y esas cosas. Nunca ha intentado hacer nada de su vida luego de casarnos. Casi te diría que a lo único que se dedica es a gastar dinero.¿ Cómo será que el verano pasado se fue, supuestamente con dos amigas, 20 días a Europa? Y sí, sospecho que tiene un amante o varios, aunque no tengo certezas. Es más,

no sé si quiero tenerlas. He pensado una y mil veces divorciarme de ella, pero conociéndola, sé que tendría problemas con la empresa y con mis hijos, que la adoran, ya que a casi nada les dice que no. así que prácticamente ella hace su vida y yo la mía. Qué lástima que tu mujer no pueda ver en ti a un gran hombre. Porque lo eres. Lo que más me preocupa es mi hija. Cada vez se parece más a su madre y menos caso me hace, pero bueno, así es mi vida. Sin dudas, te mereces una buena vida, Ernesto.

Por un momento, ambos nos quedamos en silencio, mirando el mar, sin duda pensando en nuestras vidas, hasta que luego me dijo,¿ Puedo preguntarte algo? Pero si no me lo quieres contar,¿ lo voy a entender? Pregúntame, Ernesto.¿ Tienes pareja?¿ Estás con alguien? Tuve un novio, un chico hermoso del que aún estoy enamorada. Hermoso no solo por lo lindo, sino porque es una hermosa persona. Lo amo desde que éramos adolescentes. Pero... Los

dos venimos de familias trabajadoras. A él le surgió una posibilidad, creo que única para su futuro, y se tuvo que ir a vivir a Bahía Blanca.¿ No pudiste ir con él? En ese momento solo quería estudiar para recibirme y no podía hacer nada para que él se quedara. No podía interferir en su futuro y, de hecho... Lo apoyé para que aceptara esa propuesta. Eso es amor. Era su oportunidad. Pero tengo la esperanza de que la vida nos vuelva a juntar, es lo que más deseo. Hace mucho que

no hablamos. Hace tiempo me dijo que estaba con una chica, y aunque no me cayó bien, lo entendí. Nuestras vidas tomaron caminos diferentes y ya no hemos hablado. Si el amor entre los dos sigue existiendo, tarde o temprano volverán a estar juntos. La verdad es que no lo sé, pero te juro que me gustaría. Y no pude evitar las lágrimas, pensando en cómo de diferentes serían las cosas si Martín estuviera aquí. Bueno, Karen, no más lágrimas. Disfrutemos

este hermoso día en este hermoso lugar. Hablamos de otras cosas de su vida y de la mía, y a eso de las cinco y media de la tarde, volvimos al hotel. Ernesto quería darse un baño y cambiarse para otra reunión. Ya listo para irse, nos despedimos con un beso y le volví a desear suerte en esa otra reunión, que me comentó era aún más importante que la de la mañana. Decidí quedarme en el hotel, darme un baño y prepararme para cuando Ernesto volviera. Segramente saldríamos a cenar.

Eran casi las nueve y media de la noche cuando me mandó un mensaje diciéndome que ya estaba volviendo y que me preparara para salir a cenar. Le contesté que ya estaba lista y lo esperaba en el lobby del hotel. Me había puesto un pantalón de vestir marrón, una camisa blanca, sandalias blancas y una chaquetita marrón a juego con el pantalón. Era lo más elegante que tenía. Me senté a esperarlo y, minutos después… lo vi entrar con su maletín. Hola, Karen. Hola, Ernesto.¿

Cómo te fue? Muy bien, por suerte. Fue una reunión muy productiva. Puedo decir que logré más de lo que esperaba. Y eso hay que festejarlo. Así que nos vamos a cenar. Me alegro mucho, pero por favor, Ernesto, no me digas Karen. Ya sabes mi nombre. Muy bien, Caro. Dejo esto en la habitación, paso por el baño y vuelvo. Por cierto, estás muy elegante. Gracias. Subió a la habitación y, un momento después, volvió cambiado con un pantalón sport y una

camisa arremangada. Lo tomé del brazo y salimos del hotel como una pareja. En verdad, me sentía muy relajada con él. Fuimos a un restaurante muy elegante, cenamos de primera y luego volvimos al hotel. Esa era la última noche y sin dudas tendríamos sexo, de hecho, Ernesto había pagado por eso y bien pagado. Esa noche no dudé en besarlo,

después de todo, se lo merecía. Entre besos nos fuimos desnudando mutuamente y, ya recostados en la cama, nos besamos, acariciamos y nos disfrutamos mutuamente, al punto que me volvió a penetrar sin preservativo. Le di tres orgasmos esa noche, ninguno fingido, por supuesto, y luego de eyacular en mi interior, nos quedamos dormidos. A la mañana siguiente nos bañamos juntos, preparamos todo y bajamos a desayunar. Dejamos el hotel, Paseamos un poco y almorzamos antes de abordar el ferry para

volver a Buenos Aires. Me sentía muy agradecida con él, por ese viaje y por la forma en que me trató, como si verdaderamente fuera su pareja. Llegamos a Buenos Aires y ya en el auto de camino a La Plata, Ernesto me dijo,« Gracias, Caro, por este tiempo. Realmente fueron unos de los días más lindos de los últimos años». Gracias a ti, Ernesto. También lo disfruté mucho. Nunca creí que conocería Punta del Este y menos en tan buena compañía.

Llegamos a La Plata y le dije que me podía llevar hasta casa, ya no tenía reparos en que supiera dónde vivía. Nos despedimos con un beso en la boca y, antes de bajar del auto, me entregó un sobre que claramente eran mis honorarios. No lo conté delante de él, lo hice recién al entrar en casa, y me di cuenta de que me había dado 200 mil pesos. Esa noche

dormí un poco más tranquila. Con ese dinero y lo que tenía ahorrado, me alcanzaría para dos meses de la internación de mamá, y si Dios quiere, ya pronto la tendría en casa. El lunes en el trabajo, Luciana me pidió que le contara con detalles el viaje y pero como en el descanso teníamos poco tiempo para hablar, quedamos en que iríamos a su casa al salir. Le conté con pelos y señales esos días, y se alegró por mí,

porque había conseguido el dinero que me hacía falta. Volví a casa luego de cenar juntas, y esa noche dormí mucho más tranquila. Decidí que seguiría con esto un tiempo más, aún me tocaba devolverle a Ignacio lo que me había adelantado, lo que significaba trabajar sin cobrar sueldo. Era mediados de noviembre, ya casi terminaba las cursadas de la facultad. Luego de eso, solo me quedaban tres exámenes finales por rendir y mi

intención era hacerlo antes de fin de año. Seguí encontrándome con varios hombres en esos días y ahorrando lo que iba consiguiendo. Con Ernesto no nos habíamos vuelto a encontrar, no había podido por dos viernes seguidos, por cuestiones de trabajo y de su hija, aunque sí habíamos cruzado mensajes de WhatsApp, Ese último jueves de noviembre me mandó un mensaje. Hola, Caro.¿ Cómo estás?¿ Nos podremos ver mañana? Hola, Ernesto. Por supuesto. Pero solo con una condición.¿ Cuál condición? Y desde ya

te digo que no es negociable. Si no aceptas, solo tomaremos un café en la esquina. Muy bien, estoy de acuerdo.¿ Y cuál es esa condición? Que esta vez no habrá honorarios de por medio. Eso no. Vos elegís. Si aceptas, nos vemos en el lugar y la hora de siempre. Está bien, acepto tus condiciones. Perfecto. Hasta mañana, Ernesto. Hasta mañana, Caro. Soy consciente de que podría aprovecharme de él, incluso si

le subía mi tarifa, pero no se merecía eso. Como todas las otras veces, fuimos al hotel y volví a disfrutar de su dedicación a darme placer. Cada vez que me hacía gozar de esa manera, entendía menos a su esposa. Sin dudas, no se merecía un hombre así. Cuando volvimos a la esquina, antes de bajarme, Ernesto me dijo. Caro, Como hoy no hubo tarifa para el servicio, decidí hacerte un regalo y espero que lo aceptes. Ernesto. No tenías que hacerme ningún regalo. Ya lo hiciste con lo del

viaje a Uruguay. Es solo un pequeño presente. Me entregó un sobre y me di cuenta de que no era dinero, por eso lo acepté. Nos despedimos y bajé del auto. Ya en casa, Abrí el sobre y me encontré con un vale de una casa de ropa femenina por 30 mil pesos. Realmente estaba loco este hombre, y se lo diría la próxima vez. Llegué a casa y lo primero que hice fue apagar ese teléfono. Ya no quería recibir más llamadas

de hombres. El primero de diciembre fui a visitar a mamá a la clínica y el médico me dio la mejor noticia, mamá volvería a casa antes de las fiestas de fin de año. Probablemente, el 20 de diciembre le darían el alta. Estaba tan contenta que, al salir de la clínica, le mandé un mensaje a Ernesto contándoselo, aún sin saber si tendría respuesta. Pero unos minutos después, me contestó. Me alegro mucho, Caro. Por fin las cosas vuelven a estar mejor en tu vida. Ya casi contadora y con tu

mamá en casa. Gracias, Ernesto. Y perdón que te escribí, estaba tan contenta que quise contártelo. Hiciste muy bien. Espero que en poco tiempo tenga yo que conseguir otra chica. Creo que es lo único que voy a extrañar de este trabajo. Bueno, si es por eso, yo también lo voy a extrañar. Pero si te parece, me gustaría que siguiéramos en contacto, pero solo como amigos. no te sientas obligada. Me encantaría. Ya había terminado la cursada y con excelentes notas.

El primer final lo rendí esa primera semana de diciembre, que era el más fácil. Los dos que quedaban, intentaría rendirlos antes de que mamá estuviera en casa. Seguí con mi trabajo de prostituta una semana más. Tenía unos buenos ahorros y al año siguiente comenzaría a buscar trabajo como contadora. Como siempre, Ernesto me llamó ese jueves para vernos el

viernes y le dije que sí. Esa semana no había estado con ningún otro hombre, ya había decidido que ese sería mi último trabajo y que mejor que despedirme de la prostitución con el único de mis clientes que me había tratado más que bien. Al igual que en veces anteriores, Luego del hotel y de haber disfrutado sexualmente con Ernesto, antes de bajarme de su auto, le dije. Ernesto, no te lo quise decir antes, esta semana no he estado con nadie más, pero este ha sido mi último trabajo.

He decidido dejar de trabajar en esto, me queda tan solo un final por rendir y el año entrante buscaré trabajo como contadora. Me alegro mucho por vos. Y te agradezco todo este tiempo. Has hecho que me volviera a sentir un hombre y te lo agradeceré siempre. Quería que vos fueras el último, porque fuiste el primero y porque siempre me trataste muy bien. Te debo mucho. Mucha suerte en lo que viene. Y me alegro que en unos días vuelvas a estar con tu mamá. Gracias, Ernesto. Pero

seguiremos en contacto. Claro que sí. Este número ya no voy a utilizarlo, pero te mandaré un mensaje con mi número nuevo. Muy bien. Dos días después, el 18 de diciembre, mamá salió de la clínica. Lloramos juntas en el taxi de camino a casa, mientras le contaba que en cuatro días, el 22, rendiría el último final y me recibiría de contadora. Esos días en casa me dediqué de lleno a estudiar. Aunque

sabía bien la materia, no quería tener ninguna duda. La noche anterior al examen, Ernesto me mandó un mensaje deseándome suerte para el examen y diciéndome que la próxima vez que nos viéramos ya sería contadora. Ese día, mamá me acompañó a la facultad. Me tomé el día en el trabajo, ya que el examen era a las dos de la tarde. Nadie más me esperaría al salir, pero eso no me importaba. Hubiera querido que Martín me viera recibirme pero eso ya

era demasiado pedir. Casi dos horas estuve dentro del aula. Lo sabía todo y mi nota fue un 10. Los tres profesores me felicitaron antes de salir. Mamá me esperaba en el pasillo y al verme ambas nos largamos a llorar. La abracé como nunca antes y lloramos por largo rato. Cuando me separé de ella, A la distancia lo pude ver y realmente me sorprendió. Ernesto me miraba con una sonrisa y no pude menos que acercarme y abrazarlo también llorando. Felicitaciones, contadora. Gracias, Ernesto.

No te esperaba. Es un gran momento para vos y no me lo quise perder. Gracias, Ernesto. Ven, que te presento a mi mamá. Caminamos esos pocos pasos hasta ella y los presenté. Mami, él es Ernesto, un gran amigo. Ernesto, ella es Margarita, mi mamá. Es un gusto conocerla, señora. Y permítame felicitarla por su hija. Por fin lo ha logrado. Muchas gracias, caballero. También es un gusto conocerlo. Carolina me habló mucho de usted. Y me alegro de que vuelvan

a estar juntas. Gracias, señor. Muchas gracias. Esta hija es mi sol y espero que pueda perdonarme por todo lo que la hice pasar. Lo importante es que esté bien y de vuelta en casa. Conocí a Carolina en el bar donde trabaja, voy allí todas las tardes y por eso hemos hablado muchas veces. Caro, Me alegro mucho. Sabía que lo ibas a conseguir. Ahora comienza otra etapa y espero que sea muy buena. Gracias, Ernesto. Y gracias por haber venido. Andaba por acá y me acordé. Pero ahora

ya tengo que volver al trabajo. Mucho gusto en conocerla, Margarita. Igualmente, señor. Nos volvimos a abrazar y se despidió de las dos. Me hubiera gustado que también papá me viera lograrlo, pero me sentía tan bien que le dije a mamá de ir a merendar a un lindo lugar para festejar. Mientras esperábamos que nos trajeran el café con el tostado y la torta que nos íbamos a comer, le mandé un mensaje a Ernesto. La verdad no me lo esperaba, pero

me alegró verte. Gracias por inventarlo del bar, no hubiera sabido qué decirle a mamá. Gracias, Ernesto. Mil gracias. No me podía perder ese momento. Tengo un regalo para vos por el logro, pero no quise dártelo delante de tu mamá. Será la próxima vez. No hacía falta ningún regalo. Verte ahí fue importante para mí. Gracias, gracias, gracias. Te mando un beso. Otro. Un día de estos nos vemos a festejar ese título. También le mandé un mensaje a Luciana contándole que me había ido bien y que por fin

había terminado la carrera. Al día siguiente, al llegar al bar, Ignacio y los demás compañeros también me saludaron por el título y entre todos me regalaron un hermoso maletín de cuero. Por supuesto, mamá y yo pasaríamos las fiestas solas, pero para mí eso era lo más importante. El último día del año, me tocó trabajar hasta las ocho de la noche. Al llegar a casa, mamá me esperaba con la comida, había hecho un pollo al horno con papas, mi comida favorita.

Como ya no cursaba, en las mañanas me quedaba con mamá y, poco a poco, volvimos a la normalidad. Bueno, a esa nueva normalidad, la de estar solas las dos. Descansaría el mes de enero y en febrero comenzaría a buscar trabajo, aunque aún me quedaba al menos un mes más de trabajo en el bar, el que Ignacio me había adelantado. A mediados de enero, una de las compañeras del bar me pidió el favor de cambiarme el turno de trabajo del domingo por el miércoles, y por supuesto acepté.

El lunes de esa semana, me desperté y, antes de levantarme, me quedé pensando en encontrarme con Ernesto. Sentía que él había hecho mucho por mí y se lo quería retribuir de alguna manera. A media mañana le mandé un mensaje.« Hola, Ernesto.¿ Cómo estás? Cuando puedas, sin apuro, me gustaría verte. Hola, Caro.¿ Cómo estás? Claro, cuando quieras. Es más, estaba por llamarte en estos días». Tengo algo que comentarte. Este miércoles por la tarde no trabajo. Si puedes, avísame y nos encontramos

a tomar un café. Me parece una excelente idea. Acomodo mis horarios y te aviso. Dale. Un beso. Otro para vos. Almorzamos con mamá y después salimos un rato a caminar. No quería que mamá estuviera todo el día encerrada en casa. Mirábamos unas vidrieras con mamá cuando, a eso de las dos y media de la tarde, me llegó un mensaje de Ernesto. Hola, Caro. Ya arreglé para este miércoles.¿ Qué te parece si almorzamos? Me parece muy bien. Dime dónde y a qué hora y allí estaré.¿ Te parece a

la una en la entrada de la catedral? Perfecto. Ahí nos vemos. Tenía pensado algo, pero ya vería si se podía dar o no. Minutos antes de la una del mediodía, ya estaba en la puerta de la catedral. A la una en punto, Ernesto detuvo su auto y me subí. Hola, Ernesto. Hola, Caro.¿ Cómo estás? Mucho más tranquila. Mi vida se va acomodando. Cuánto me alegro. Condujo hasta Citibel y entramos en un

restaurante muy lindo. Pedimos la comida y, mientras esperábamos, sacó un papel doblado del bolsillo interno de su saco y me dijo. Caro, acá te anoté nombres y teléfonos de algunos conocidos a los que podrías contactar por un trabajo. son empresas o consultoras, quizás puedas tener suerte en alguna de esas. Ay, Ernesto. Sos un caso. Lo único, cuando hables con alguno de ellos me avisas y yo lo llamo para decirle que sos amiga mía.¿ Te parece? Dale.

Mañana mismo empiezo a llamar. En ese papel había más de diez nombres y teléfonos, Solo esperaba que alguno de ellos me diera una oportunidad.¿ Qué te parece?¿ Por cuál empiezo? Yo te diría que lo llames primero a Augusto Sierra. Nos conocemos hace años, es un buen tipo, tiene una empresa de servicios electrónicos y hemos trabajado juntos varias veces. Después puedes llamar a Rafael Correa Fuentes, que tiene una consultora de asesoramiento contable. de servicios y de administración de

fondos de inversión. Nos conocemos desde chicos y sé que le va bien. Nos encontramos seguido en un café o a cenar. Cuando llames, di que vas de parte mía. Perfecto. Mañana a la mañana los llamo a los dos. Prepárate un currículum por si te lo piden. Lo importante sería que pongas tus excelentes notas en la carrera y Eso suele sumar mucho. Gracias, Ernesto. Me seguía rondando en la cabeza lo que tenía pensado, pero no me decidía a decírselo.

Cuando terminamos de almorzar, mientras tomábamos un café, le dije, Ernesto,¿ tienes que volver a la empresa? Por hoy no. Dije que me iba a un almuerzo de trabajo, que después tenía una reunión y que ya no volvía. te quería proponer algo? Dime, Caro. Varias veces me dijiste, al darme dinero, que era una forma de mostrarte agradecido, ¿verdad? Bueno. Sí. Yo quiero ser agradecida con vos. Te propongo pasar un buen momento en un hotel, por supuesto, sin ningún tipo

de tarifa o regalo. Tan solo quiero que lo tomes como mi forma de agradecerte lo que has hecho y haces por mí.¿ Debo decirte que no me esperaba esto? Me sorprendes en verdad. Mi mamá no sabe que hoy no trabajo, así que estoy libre hasta las ocho.¿ Qué te parece?¿ Qué decirte? Me encanta la idea. También tengo la tarde libre. Perfecto. pero debo decirte que esta será

la última vez, Ernesto. Necesito que mi vida tome otro rumbo y, si consigo algún trabajo gracias a vos, esta parte de mi vida quedará en un rincón bien oculto. No quiero que nadie más lo sepa. Quédate tranquila, por mí nadie nunca lo sabrá. Conocerte fue algo muy lindo para mí. Lo que viví con vos lo sentí especial y no lo olvidaré nunca. Gracias, Ernesto. En verdad me encantó conocerte. Y permíteme que te diga algo. Claro. No termino de entender a tu esposa. Sos un hombre maravilloso

y no puedo creer que no te tome así. Yo la sigo queriendo, pero no estoy seguro de si ella lo sigue haciendo. Pero bueno, quizás en algún momento eso cambie. Quizás me vuelva a hacer sentir querido, o quizás yo deje de quererla y mi vida tome otro rumbo. No lo sé. Eso espero, Ernesto. Sos un gran hombre y te mereces una buena vida. Bueno, al menos esta parte de mi vida me ha hecho sentir vivo.¿ Qué te parece si nos vamos? Por supuesto. Pagó la cuenta y

salimos del restaurante. Subimos al auto y fuimos en dirección a la salida de la ciudad, donde hay un hotel de una cadena internacional, y contrató una habitación. Era realmente hermosa y tenía un amplio baño con jacuzzi. Caro, yo necesitaría darme un baño. Yo también.¿ Te parece si lo hacemos juntos, como en Uruguay? Me encanta la idea. Puso a llenar de agua la amplia bañera mientras nos quitábamos

la ropa. Nos metimos al agua los dos y Ernesto ya tenía una erección, que acaricié mientras las burbujas nos recorrían. Salimos del agua, nos secamos y fuimos a la amplia cama. Nos recostamos y no dudé en besarlo mientras nos acariciábamos. Con sus dedos acariciando mi clítoris me sacó un primer orgasmo, luego otro con su boca y el tercero mientras me penetraba, esta vez con preservativo, ya que estaba cerca de mis días fértiles. Nos quedamos recostados, yo sobre su pecho y

él acariciando mi espalda mientras conversábamos. No teníamos apuro, aún nos quedaban unas horas. Luego de un rato de descanso, comencé a acariciar su pene que poco a poco volvió a despertarse, y cuando tuvo la plena erección, le coloqué otro preservativo y me senté sobre él, penetrándome yo misma. Me moví buscando el placer, pero también queriendo dárselo a él. Llegué al orgasmo luego de unos minutos, con un pezón

en su boca. Ernesto me tomó de la cintura, haciendo que ambos giráramos, quedando debajo de él y siguió embistiéndome hasta que lo sentí acabar, al momento que me llegaba el último orgasmo, el último con él. Nos quedamos recostados, ambos mirando hacia el techo, y Ernesto me dijo.— Gracias, Caro. Sos tremenda mujer. Te mereces también una buena vida. Y si algo puedo hacer por vos, tan solo tenés que pedírmelo. Gracias a vos, Ernesto. Ya has hecho mucho por mí.

Y lo volvería a hacer. Me has dado muchos y hermosos momentos. Ese viaje a Uruguay no lo olvidaré jamás. Espero que tu vida vaya a mejor.« Sos un gran tipo». Cerca de las siete de la tarde, nos vestimos y dejamos la habitación, saliendo en el auto del hotel. Aún no había anochecido y me dejó cerca de casa. Hice unas compras antes de llegar y mamá me recibió con un abrazo y un beso, tal como lo hacía cada

día desde que había salido de la clínica. Sin dudas, una etapa de mi vida había terminado y ahora comenzaba una nueva y deseando que todo fuera a mejor. Esa noche dormí en paz. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

Transcript source: Provided by creator in RSS feed: download file
For the best experience, listen in Metacast app for iOS or Android