Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos
Las vueltas de la vida, parte 3
No olvides suscribirte para que no te pierdas ninguna de las historias.
Nos despedimos, salió del departamento y me dejó pensando, claramente, bastante alterada.¿ yo no podría hacer algo así? Ni siquiera tengo suficiente experiencia con los hombres. Pero Luciana en algo tenía razón, mi situación económica estaba colapsada. Este mes había podido pagar la clínica gracias al adelanto de Ignacio, pero¿ cómo haría el mes siguiente? Además, tenía que trabajar sin
cobrar un peso. Esas dos horas y cuarto que tardó Luciana en volver, me las pasé pensando en eso.¿ Sería capaz? Mi cabeza era un sinfín de contradicciones, pero si esa era la solución para continuar con el tratamiento de mamá, sin dudas lo haría. Ya no estaba papá y no podía permitir que mamá no volviera a estar bien. No podía perderla a ella también. En ese instante, se cruzó Martín por mi cabeza.¿ Qué pensaría de mí si supiera esto?
pero en este momento no podía pensar en eso. Primero estaba mamá y su salud, y por ella haría lo que hiciera falta. Además, nuestros contactos se habían espaciado mucho, sobre todo después de que me contara que se estaba viendo con una chica. Aunque eran solo encuentros aislados y nada en concreto, sin dudas habíamos tomado caminos diferentes, aunque yo aún seguía queriéndolo. Cuando Luciana entró al departamento, Yo
aún estaba sentada donde me había dejado. Me saludó y fue a la cocina a buscar un vaso de agua.¿ Cómo te fue, Lou? Bien. Esta vez fue con un abogado de casi 60 años. Siempre me trata bien, además de la tarifa, como se queda conforme conmigo, siempre me da algo más de dinero, como una propina. Desde que te fuiste lo estuve pensando y creo que tienes razón. Me puedes sacar de este pozo. Si te decidís, yo puedo pasarte algunos clientes, como para que empieces. Tipos tranquilos, lo
más importante, con buena posición económica. Te juro que lo pienso y creo que en ese momento no sabría qué hacer. No es muy complicado, Caro, la verdad. Es como estar con cualquier otro hombre. Creo que el tema para mí sería lo que pueden llegar a pedir esos hombres o la forma en que quieran hacerlo. En mi caso, al menos, eso lo decido yo. Antes que nada les aviso lo que hago y lo que no, lo que me pueden hacer y lo que no. Por ejemplo, no hago sexo anal,
ni eyaculaciones en la boca, ni hacerlo sin preservativo. Es decir, un polvo normal, vaginal hasta acabar y listo. Bueno, también sexo oral, se las chupo y les dejo que me la chupen, pero hasta ahí.¿ Y se la chupas con preservativo o sin? Depende del hombre. Con Ernesto, por ejemplo, sin. Es un hombre sano y muy limpio. Toda vez que nos hemos encontrado estaba recién bañado y, si no había tenido tiempo de hacerlo antes, lo hacía en el hotel al llegar. Ay, Lou, te juro que nunca hubiera pensado
en hablar de esto con nadie. Míralo así, es tan solo un tiempo y cuando te desahogues económicamente, paras. Cuando me lo contaste, no creí que pudiera hacerlo, pero mientras te fuiste lo pensé mucho y decidí que si es por la salud de mamá, hago cualquier cosa. Si te decidís, yo te paso un par de clientes con los que sé que no tendrás ningún drama y luego ellos mismos te van a recomendar si quedan conformes.¿ Me tendría que
vestir de alguna manera en particular? Yo no, me visto como todos los días, total en ese momento vas a estar desnuda. Por Dios. Qué nervios. Es más, te habrás dado cuenta que ni siquiera muestro el cuerpo. Sí, lo pienso desde que te conozco. No sé a ciencia cierta cómo es tu cuerpo. No sé si tienes buen culo o buenas tetas. Con la ropa que usas no se puede ni siquiera adivinar. Lo hago a propósito. Nunca me gustó que me valoren por mi cuerpo.¿ Eso quiere decir que tienes buen cuerpo?
De cara sos hermosa. Eso ha dicho todo el mundo. A ver. Muéstrame. Me da vergüenza. No seas boluda. Si
empiezas en esto, te van a ver desnuda. No te saques todo, quédate en ropa interior. Eso sí, si no tienes, vas a tener que comprar ropa interior sexy, eso es importante. Me paré frente a ella, me saqué las zapatillas, luego la campera de lana, el pantalón y por último la remera, quedando tan solo con el conjunto de ropa interior blanco, normalito. La puta que te parió, Caro.
Qué cuerpo, nena.¿ Cómo no muestras todo eso?
Date vuelta. Muerta de vergüenza, giré mi cuerpo dando una vuelta completa frente a ella. Mira el culo que tienes, guacha. Ojalá yo tuviera un culo y unas tetas como esas. Por Dios. Te partís de buena, nena. Si te decidís, te van a llover los clientes.
Te parece? Por supuesto.
Con ese cuerpo, cada tipo que esté con vos va a querer repetir. Ya te lo digo. Y si te los coges
bien, más todavía.¿ Qué decís? Arrancas.
Te paso un cliente para que pruebes? Déjame terminar de pensarlo, mañana te contesto. Luciana se despidió de mí y fue para su habitación. Yo me recosté en el sillón, allí pasaría la noche. Antes de que sonara la alarma de mi teléfono ya estaba despierta. Me levanté, pasé por el baño y fui a la cocina a preparar el desayuno. Eran las siete menos cuarto de la mañana y, mientras se calentaba el agua para el mate, volví a pensar en la propuesta de Luciana. En ese momento decidí que
lo haría. Cuando Luciana apareció en la cocina, ya cambiada, Mientras tomábamos unos mates con tostadas, le dije. Lu, ya me decidí
Lo voy a hacer. Necesito ese dinero.
Bueno, caro. Esta noche cuando salgamos del trabajo venimos de vuelta para acá y lo preparamos todo. Anda pensando en qué nombre vas a usar. Nos despedimos y fuimos cada una a su facultad. Durante toda la mañana no dejé de pensar en ese tema, pero ponía a mamá por delante de todas mis dudas y reticencias. Lo haría por ella. De camino al bar fui pensando en qué nombre usar y, al igual que Luciana, nadie sabría de esto ni de
mi verdadero nombre, direcciono cualquier otro dato que me identificara. Pensando, se me ocurrió que me podría hacer llamar Karen. Durante las horas de trabajo en el bar no tocamos el tema, pero al salir, nos fuimos conversando para su casa. Ya
decidí cómo me voy a llamar. ¿Cómo? Karen. Me gusta. Y si es necesario,
te inventas también un apellido. El mío es Fernández, que hay muchos. Podría ser González, que también hay muchos. Suena bien. Karen González. Llegamos a su casa y, mientras Luciana preparaba algo para cenar, seguimos hablando. Caro, cuando me llame Ernesto, uno de mis clientes, le voy a decir que no estoy disponible y le voy a pasar tu número. Ah. Hablando de eso, te voy a dar un teléfono que ya no uso. Compramos una línea prepaga y usas ese, así no tienes que usar tu línea. No había pensado
en eso. Otra cosa. Para cada encuentro, te pones de acuerdo por dónde te pasa a buscar. Como muchos son casados o con parejas, no quieren que nadie los vea. A mí me suelen pasar a buscar por algún café o un lugar con poca gente, lo más disimulado posible, y de ahí nos vamos a un hotel. Con un par de clientes que tienen un departamento para esos encuentros, accedo a ir allí, pero solo luego de haberlos conocido.
Ya estoy en este baile. Me voy a tener que comprar algún conjunto de ropa interior, los que suelo usar son los básicos, nada sexys por cierto. Para empezar te presto alguno. Cuando empieces a cobrar, te compras. Ven y elegí algunos. Fuimos hasta su habitación, me mostró un par de conjuntos y me dijo que me los probara para ver si me quedaban bien. Lo pensé un momento y
me terminé sacando la ropa frente a ella. Tenía que perder la vergüenza de mostrar el cuerpo, después de todo, en poco tiempo lo tendría que hacer delante de un hombre desconocido. No dejo de sorprenderme con tu cuerpo, Caro. Estás buenísima, boluda. Lo único, te diría que te depilaras un poco el vello púbico.
Te parece?¿ Vos
te lo depilás? Yo lo tengo todo depilado, sin un pelito. Me resulta más práctico y a los hombres suele gustarles más. Me probé un conjunto negro que me quedaba bastante bien. Quizás el corpiño tendría que ser uno o dos talles más, soy más tetona que Luciana, pero me dijo que me quedaba bien. La tanguita era bien chiquita, nunca había usado una tan pequeña, se me metía bien entre los cachetes del culo, dejándolo casi todo al aire. Con ese conjunto
vas a infartar a cualquier tipo. Me siento como desnuda. Vas a matar, nena. Esa noche también me quedé a dormir en su casa, y al día siguiente, que era jueves, las dos nos fuimos a la facultad. Cuando salí de la clase, en un kiosco compré una línea telefónica prepaga, la instalé en el teléfono que me había dado Luciana, configuré la aplicación de mensajes y la dejé funcionando. Al llegar al bar, me puse el uniforme y comencé mi trabajo. En uno de los descansos, Luciana me llamó, entramos a
la sala donde nos sentamos y me dijo. Caro, me escribió Ernesto para encontrarnos mañana a las nueve de la noche. Le dije que ya tenía un compromiso, pero que si quería, le pasaba el teléfono de una amiga para que pudiera aprovechar la noche libre y me dijo que sí. Así que ya tienes tu primer cliente. Ya compré una línea y la instalé en el teléfono. Bárbaro. Dime el número y se lo paso a Ernesto. Le di mi número, me agendó como Karen y un momento después le escribió
a su cliente pasándoselo. Ahora te va a escribir. Seguramente ya arregló todo para tener libre un par de horas. Dicho y hecho. Unos minutos después, me llegó un mensaje que decía. Hola Karen, soy Ernesto. Roxana me pasó tu teléfono. Te dije. Escúchame, respóndele amablemente. Es un tipo súper educado y respetuoso. Con el corazón acelerado, le contesté. Hola Ernesto, mucho gusto. Roxana me avisó que me escribirías. Su respuesta llegó un momento después.¿ Estarás disponible mañana a las nueve
de la noche? Si Ernesto, estoy libre a esa hora. Perfecto, dime por dónde te puedo pasar a buscar. Luciana me dijo dónde y le respondí. Si te parece, a las nueve te espero en el café. Perfecto, a esa hora te paso a buscar. Antes de que le respondiera, Luciana me dijo. Caro, mándale una foto de tu cara para que te reconozca. Me hice una selfie, tan solo de mi cara y cuello, y se la envié diciéndole. Esta
soy yo, Ernesto, para que me reconozcas. Buenísimo, Karen. Yo voy a ir en un VW Bora color gris oscuro.
Muchas gracias.
Hasta mañana, Ernesto. Nos vemos. No podía creer estar arreglando con un hombre para tener sexo con él y que me pagara por ello. Listo, Karen. Ya tienes tu primer cliente. No te puedo explicar lo nerviosa que estoy. Y lo nerviosa que voy a estar mañana. Tranquila, vas a ver que no es nada del otro mundo. Y desde ya te digo que Ernesto, cuando te vea, va a dejar de llamarme. Te va a volver a llamar a vos. No, Lu, no quiero que pierdas un cliente. Solo esta vez. Si
me llama otra vez, le digo que no puedo. Así te llama a vos. No seas boluda. Es un cliente nada más. Y por suerte tengo muchos
más. te
dejo a Ernesto. Si te vuelve a llamar, es que se quedó conforme. Ah, me olvidaba. Te va a preguntar por tu tarifa, le decís quince mil, es lo que yo le cobro. Y si se queda conforme, te va a dar veinte mil. Al día siguiente estaba más nerviosa aún. Luego del trabajo en el bar, pasé por casa, me di un baño, me arreglé el vello público y, Antes de salir para el departamento de Luciana, frente a la foto de papá y mamá que está sobre el mueble,
les dije. Perdón, papá. Sé que no estarías de acuerdo, no me educaste para esto, pero tengo que hacerlo por mamá. No puedo perderla a ella también. A las ocho y media ya estaba lista y Luciana me acompañó hasta el café donde Ernesto me recogería, que estaba a cuatro cuadras de allí. Nos despedimos y estaba más nerviosa todavía.
Relájate, Karen. Respira hondo. Todo va a estar bien. Y te aseguro que hasta lo vas
a disfrutar. No sé si podré. A las nueve en punto, estaba parada en la esquina cuando vi aparecer el auto. Del bajó un hombre de traje negro, más o menos de mi estatura, con el pelo entrecano, corto y bien arreglado. Caminó esos pasos hasta mí sin dejar de mirarme. Unos pasos antes esbozó una sonrisa y me dijo,« Karen,¿ verdad?»« Hola, Ernesto». Se acercó a mí y me saludó con un beso en la mejilla, como dos conocidos que se han encontrado. Allí pude sentir su perfume y, en ese instante, pensé
que era un hombre atractivo. le calculaba yo unos 45 años, pero muy bien llevados. Es un gusto conocerte, Karen. Roxana no me dijo que eras una mujer tan hermosa. Gracias, Ernesto.
También es un gusto conocerte. ¿Vamos? Claro. Caminamos
esos metros hasta su coche. Abrió la puerta del lado del acompañante para que me sentara y luego dio la vuelta y se sentó al volante. Karen, debo decirte que a pesar de mi edad y de haber estado con otras chicas, cuando estoy por primera vez con una mujer, me pongo un poco nervioso. Ernesto, voy a ser sincera con vos, esta es mi primera vez en esto y espero hacerlo bien. Solo quiero hacerte pasar un buen momento.
Estoy seguro de que así será. Perdón, Karen, esta parte es la que me pone más incómodo, pero debo preguntar por tus servicios y tus honorarios. No te preocupes por eso, Ernesto. El servicio es oral y vaginal con preservativo exclusivamente y son 15 mil pesos. Perfecto. Habitualmente voy con Roxana a un hotel.¿ Estás de acuerdo con que vayamos allí? Sí, Ernesto, donde vos digas. No sé si Roxana te habrá contado, pero
estoy casado y tengo dos hijos ya grandes. Sería muy vergonzoso para mí que alguien me reconociera y se enterara mi familia, es por eso que suelo ir a ese hotel. Te entiendo, Ernesto. Y te digo que nunca nadie sabrá de este encuentro, solo vos y yo. Bueno, en esta oportunidad también Roxana. pero quédate tranquilo, que a mí tampoco me interesa que alguien lo sepa. Conversamos esto mientras íbamos camino al hotel, algo alejado del centro. Al llegar, pagó
la habitación y entramos. Estacionó el auto y corrió el portón que lo ocultaba. La conversación en el auto me dejó un poco más tranquila, parecía un buen tipo, sin duda será un profesional, por su forma de hablar y de vestir. Una vez en la habitación, me preguntó si podía ser el quien me quitara la ropa y acepté. Lentamente y con cuidado, me sacó la campera, la dobló y la dejó sobre un pequeño sillón junto a la cama.
Luego hizo lo mismo con la camisa. Levanté ambos pies y me quitó los zapatos, luego desprendió y bajó mi pantalón, dejándome tan solo en ropa interior parada frente a él, que estaba sentado en la cama. Me miró y me dijo,« Karen». permita y me decirte que sos una mujer hermosa, por donde te mire. Tu cuerpo es muy bello.— Gracias,
Ernesto.—¿ Puedo yo sacarte la ropa?— Por supuesto.
Se puso de pie frente a mí. Le saqué lentamente el saco y, como había hecho él con mi ropa, lo doblé y lo apoyé en el mismo sillón. Luego aflojé lentamente la corbata y se la saqué, Desprendí uno a uno los botones de su camisa y también se la saqué. Le quité ambos zapatos y las medias y, por último, el pantalón, quedando solo con el boxer, que no podía esconder su erección. Su cuerpo estaba realmente bien, delgado, con algo de vello en el pecho, brazos y torso
musculados y piernas fibrosas. Me agaché frente a él y lentamente bajé su boxer, liberando su erección. No era una pija muy grande, normal diría, en largo y en ancho, pero estaba bien dura ya. La tomé suavemente con mi mano y la masturbé lentamente por un momento. Luego acerqué mi boca y se la chupé suavemente. Por los sonidos que emitía, me daba cuenta de que lo estaba disfrutando, y tanto que, luego de unos minutos, me pidió que no siguiera, pues lo haría acabar. Extendió su mano para
que me pusiera de pie. Se sentó en la cama y Sus manos me tomaron de la cadera y besó suavemente mi panza. Dejé que decidiera cuando terminar de desnudarme. Karen, sos realmente hermosa. Y la ropa interior te queda tan bien que me da pena quitártela. Se paró junto a mí. Creí que me iba a besar, pero su boca fue a mi cuello y de allí a mis hombros, besándolo suavemente. Aunque era mi primera vez como prostituta, la forma en
que me trataba hizo que me relajara. Desprendió el corpiño y lentamente me lo quitó, para luego acariciar y besar mis tetas y mis pezones. Se volvió a sentar en la cama y lentamente bajó la tanguita hasta quitármela, quedando completamente desnuda. Sus manos recorrieron todo mi cuerpo con suaves caricias. Luego me pidió que me recostara en la cama, separó mis piernas suavemente y su boca llegó a mi sexo.
Sentir su lengua recorriendo mi conchita me excitó al punto de comenzar a mojarme, quizás por el tiempo que llevaba sin estar con un hombre y porque además me trataba tan placenteramente. Su boca y su lengua siguieron su trabajo y no pude evitar llegar al orgasmo, que por supuesto no fue fingido. Ernesto se recostó junto a mí, acariciando suavemente mis tetas, me miró a los ojos y me dijo, gracias, Karen.
Tu orgasmo fue hermoso y sé que fue verdadero. Aunque nunca digo nada, sé darme cuenta cuando una mujer finge un orgasmo y el tuyo ha sido real. Quiero agradecerte por eso. Yo tengo que agradecerte. Realmente lo disfruté. Y también quiero agradecerte tu forma de tratarme, no me haces sentir que soy solo una transacción de sexo por dinero. Es que sos hermosa. Tu cuerpo es maravilloso y no puedo menos que intentar darte algo de placer. de devolverte
el placer que siento al disfrutar de tu cuerpo. Gracias, Ernesto. Sus caricias volvieron a mi conchita y sus caricias en mi clítoris me llevaron nuevamente al orgasmo.¡ Qué hermosa sos! Se levantó un momento de la cama, fue hasta su ropa y del bolsillo del pantalón sacó un preservativo. Lo quitó del envoltorio y se lo colocó. Separé mis piernas para que pudiera recostarse entre ellas. Frotó su pija un momento por mi conchita, para luego comenzar a penetrarme lentamente.
Lubricada como estaba, no le costó meterla toda y comenzar a embestirme lentamente. Mis manos fueron a su espalda y lo acaricié, disfrutando de lo que me estaba haciendo. Luego de unos minutos en que fue incrementando la intensidad de sus embestidas, Un nuevo orgasmo me invadió y, ante mis gemidos de placer, Ernesto llegó al suyo, aminorando poco a poco sus movimientos hasta sacar su pija de mi interior, antes de que perdiera rigidez. Se deshizo del preservativo y
se recostó a mi lado. Gracias, Ernesto. Fue hermoso. Gracias a vos, Karen. Seré sincero contigo, he estado con varias mujeres contratadas, pero eres la primera que me hace gozar de verdad y la primera que lo ha gozado también. Hago esto por dinero, Ernesto, porque me encuentro en una situación difícil. Pero te agradezco que hayas sido tan amable y considerado. Si no tienes problema, me gustaría volver a llamarte. Quizás no está bien decirte esto, pero mi vida familiar
es complicada. Mi esposa no quiere tener relaciones conmigo desde hace tiempo, sospecho que tiene un amante, aunque no lo puedo asegurar. Ella no sabe que tengo encuentros con otras mujeres, pero mi cuerpo aún me pide tenerlas y no me gusta masturbarme, la verdad, cuánto lamento eso, Ernesto. Te entiendo,
son necesidades del cuerpo. Puedes llamarme cuando quieras. Roxana me había dicho que jamás besaba a sus clientes en la boca y que todos ellos lo sabían, pero Ernesto me hizo sentir tan bien que cuando me dijo que ya tenía que irse, antes de levantarnos de la cama, le di un suave beso en los labios. Me miró casi sorprendido, pero con una sonrisa. Sonriendo también, le dije, eso fue por haberme hecho gozar. Gracias. Mientras Ernesto se vestía, Pasé
por el baño y luego salimos de la habitación. Me preguntó a dónde me llevaba y le dije que al mismo lugar donde nos habíamos encontrado. Ya dentro del auto y antes de salir del hotel, del bolsillo interno de su saco, sacó un sobre y me lo entregó. Me parecía chocante contar el dinero delante suyo y así como me entregó el sobre, lo guardé en la cartera. Llegamos a la esquina del café y, antes de bajar, nos
saludamos con un beso en la mejilla. Le mandé un mensaje a Roxana para contarle cómo me había ido y me dijo que pasara por su casa. Caminé esas cuadras y, recién en el ascensor, conté el dinero que me había dado Ernesto. Me di cuenta de que no eran 15 mil como habíamos quedado, me había dado 30 mil. Entré en el departamento de Roxana y le conté, aunque sin detalles, como había estado, como me había sentido con Ernesto, aunque me
dio vergüenza contarle los orgasmos que había tenido. Llegué a casa, me di un baño y, mientras me secaba, no pude evitar las lágrimas. Nunca hubiera pensado que en mi vida tendría que llegar a esto, pero es solo por un tiempo, hasta que mamá tenga el alta, termine la carrera y pueda conseguir un buen trabajo. Pensé en mandarle un mensaje a Ernesto sobre el dinero que me había dado y, pero no quería ponerlo en apuros. Si volvía a llamarme,
ya se lo diría. Al día siguiente, estaba por salir de la facultad cuando Luciana me mandó un mensaje diciéndome que un cliente suyo la había llamado para esa noche, pero que ella ya tenía una cita. Si estaba de acuerdo, le pasaba mi número. Ya estaba en el baile y, en verdad, ese dinero me solucionaba la vida. Le dije que se lo enviara y, Quince minutos después, me llegó un mensaje de un tal Mario para vernos esa noche. Al igual que con Ernesto, quedé con él en la
misma esquina a las nueve y media. Esta vez ya no estaba tan nerviosa, solo deseaba que este hombre me tratara como lo había hecho Ernesto, o al menos que no fuera un tipo desagradable. Con Mario fuimos a otro hotel. Era un hombre algo más joven, con algo de panza y menos amable. Aunque no estuvo mal educado, no era comparable a Ernesto. Esta vez fue más rápido. Tuve que fingir el orgasmo y, en menos de una hora, ya estábamos saliendo del hotel. Fue un polvo corto, sin sexo
oral ni caricias, un trámite, digamos. En el auto me dio el dinero y, antes de bajarme, me preguntó si le podía dar mi teléfono a un amigo. Le dije que la única condición era que su amigo no fuera mala persona. Me dijo que era su socio en el estudio jurídico, que tenía unos años más, pero que era buena persona. No tardó en llamarme. Lo hizo el domingo al mediodía. Me llegó un mensaje diciéndome que era Ariel,
el socio de Mario, y nos encontramos esa tarde. De camino al hotel, Me dijo que la excusa para escaparse había sido ir a ver un partido de fútbol con los amigos. Dentro de todo, estuvo bien. Duró menos que Mario y la tenía pequeña. Con él fingí también el orgasmo y, cuando nos despedimos, me dijo que me volvería a llamar. No podía terminar de creer lo que me estaba pasando, pero en esos tres encuentros había ganado lo mismo que en un mes de trabajo en el bar.
El lunes por la tarde, en el trabajo, le conté a Roxana y me dijo que tenía un par de clientes más para pasarme. Esa semana estuve con tres hombres el martes, miércoles y jueves, Mario, Ariel y otro de los clientes de Roxana. El jueves me volvió a escribir Ernesto para encontrarnos el viernes, y por supuesto le dije que sí. Sin dudas, en esta nueva etapa de mi vida, solo Ernesto me hacía sentir una mujer más que una prostituta. Cuando terminamos y salíamos del hotel, le dije, Ernesto, este
encuentro ya está pago. La semana pasada me diste el doble de lo acordado, hoy no te voy a cobrar. Karen, la semana pasada lo disfruté tanto como hoy y creo que mereces mucho más que eso. Por favor, permítame retribuirte el placer que me das, no me lo niegues, por favor. Está bien, pero solo lo acordado. Acepta esto, por favor. Es mi forma de agradecerte. No soy millonario, pero mi situación económica me permite retribuírtelo así. Es lo menos que puedo hacer. Me volvió a dar el dinero y lo
guardé sin contarlo. Estaba segura de que volvería a hacer el doble de lo que le había dicho. De camino al bar, Ernesto me dijo. Karen, me gustaría preguntarte algo. y por supuesto entendería que no aceptaras. Dime de qué se trata y yo te digo si acepto. En dos semanas tengo que viajar a Punta del Este por temas de trabajo. Voy solo y me gustaría que me acompañes. Me voy el viernes por la tarde y regreso el domingo por la tarde. No me respondas ahora. Piénsalo, fíjate
si puedes y, por supuesto, si quieres. Lógicamente, los honorarios serían otros. Soy consciente de que la exclusividad tiene otro valor.¿ Vos me decís cuánto, y yo estaré de acuerdo, te parece? Déjame pensar tu propuesta y la semana que viene, si nos volvemos a ver, te contesto,¿ estás de acuerdo? Por supuesto. Y entenderé si no aceptas. Nos despedimos con un beso en la mejilla en la esquina del bar, antes de
bajar de su auto. De camino a casa, me fui pensando en su propuesta y en verdad me parecía tentadora. No solo por el dinero, también podría conocer una playa tan exclusiva que sin dudas no podría hacerlo de otra forma. También pensé en que tendría que pedir el sábado libre en el bar, ya que me tocaba trabajar, y el viernes tendría que cambiar el horario y hacerlo de mañana. Ese fin de semana decidí descansar, ya que podía visitar a mamá un par de horas por la tarde y
no quería estar con ningún hombre luego. El lunes por la tarde, en el momento de descanso del bar, le conté a Luciana la propuesta de Ernesto. Lu, te quería contar algo. Cuéntame, Caro. Ernesto me propuso algo. En dos semanas tiene que ir a Punta del Este por trabajo y me pidió que lo acompañara, pagándome, por supuesto.¿ Y qué le contestaste? Aún no le respondí. Quería consultarlo con vos. Si me lo hubiera propuesto a mí, le hubiera dicho
que sí de una. Ya viste cómo es Ernesto. Con él iría, no sé si con otro hombre, pero con él sí y sin dudarlo. La verdad es que lo estuve pensando. Además, podría conocer Punta del Este. No sé si tendré otra oportunidad de hacerlo, pero no sabría cuánto cobrarle. Eso lo tendrías que decidir vos. Sin dudas, él pagará todo, pero calcula que son tres días, dos noches, ponele que sean tres polvos, le podrías pedir cincuenta mil. Supongo que estaría bien. Quedé en contestarle esta semana si nos vemos.
Le voy a decir eso. Esos días estuve con varios hombres, dos ya conocidos y con Eduardo, un cliente nuevo, conocido o amigo de Mario. Me recogió en la esquina del bar, presentándose como Eduardo Domínguez. De camino al hotel, me dijo que era contador en una empresa en Buenos Aires y venía a la ciudad cada cierto tiempo. Al igual que con otros hombres, con él fingí también el orgasmo. Cada vez me salía mejor y, sin dudas, alimentaba el ego de esos hombres. El jueves me escribió Ernesto y quedamos
para el viernes. Salí del bar, pasé por casa, me bañé, me cambié y fui al bar. Puntual, me pasó a buscar y, de camino al hotel, le dije que aceptaba ir con él a Uruguay. Se alegró por eso y me dijo que no me preguntaría cuánto, que tenía la propuesta para hacerme por mi servicio. Esa noche volví a disfrutar en la cama con él y, cada vez que lo hacía, no podía entender cómo su mujer no quería tener relaciones con él. Era un caballero en la vida
y un excelente amante. Luego de terminar y vestirnos, me sentó en la cama y me dijo, Karen, te agradezco que hayas aceptado acompañarme. He pensado en tus honorarios y te pido que seas sincera conmigo. Si te parece que debes ser más, por favor, dímelo. El viaje, la estadía y los gastos corren por mi cuenta. No aceptaré que pagues nada. He pensado que, en agradecimiento por tu trato y por la dedicación exclusiva esos días, te daría 150 mil pesos.
Por favor, dime si te parece poco. No, Ernesto, al contrario. Me parece mucho. Yo te iba a pedir 50 mil solamente. No sería apropiado, Karen. Tu tiempo y disposición valen más que eso. A veces creo que estás un poco loco, Ernesto. Puede ser. Pero me gusta ser agradecido. Nos despedimos en el auto y me bajé en la esquina del bar.
Esa semana pasé por la clínica y pagué el mes completo, conformándome con el hecho de que lo que había conseguido con mi cuerpo tenía un buen destino, la recuperación de mamá. Su psiquiatra me dijo que estaba cada día mejor y que seguramente en uno o dos meses le darían el alta. Eso me puso contenta, ya tenía fecha de caducidad mi vida como prostituta. Esa semana estuve con cuatro hombres, ahorrando cada peso que ganaba. Ya había cambiado el turno de trabajo en el bar y el viernes saldría a las
dos de la tarde. Ernesto me mandó un mensaje diciéndome que enviaría un auto a recogerme por donde yo le indicara y nos encontraríamos en la subida de la autopista que va a Buenos Aires, ya que el ferry a Punta del Este salía desde allí. No tenía maleta, así que armé un bolso con ropa para tres días, traje de baño por si se daba la oportunidad de ir a la playa, ropa para salir y ropa cómoda. Quizás llevaba ropa de más, pero no sabía cómo serían esos
días allá. Salí del trabajo y me fui a casa, con el bolso, me dirigí a la esquina donde me recogería el auto. Al llegar a la rotonda, Ernesto ya me esperaba en su coche. Nos saludamos, cargó mi bolso y me subí. Era la primera vez que lo veía vestido con ropa deportiva, un pantalón azul, una remera violeta y zapatillas. Es la primera vez que no te veo en traje. Estás muy guapo. Gracias, Karen. Vos también estás
muy linda, como siempre. Ernesto me hacía sentir tan bien y tan cómoda con el que me daban ganas de contarle cosas de mi vida. Aunque sabía que no era conveniente involucrarlos en mis asuntos o involucrarme en sus vidas, tenía que tomarlos como lo que eran, clientes. pero con Ernesto me costaba. Era un hombre tan respetuoso, tan educado, tan agradable, que daba gusto hablar con él. Llegamos a Buenos Aires, Ernesto dejó el auto en un estacionamiento y
entramos a la sala de espera. Llegamos a Punta del Este casi a las nueve de la noche. Fuimos en un taxi hasta el hotel y casi me caí de espaldas, era uno de cinco estrellas. Sabía que los dos estaríamos en la misma habitación y me sentí un poco rara, no era lo mismo estar un par de horas con el que pasar dos noches juntos. Pero, bueno, era mucha
plata y aprovecharía para disfrutarlo. Tomamos la habitación, pasamos por el baño y Ernesto me dijo de ir a cenar, ya había hecho una reservación en un restaurante cercano al hotel. Nos dieron la mesa y elegimos la comida. Ernesto tomaría vino y yo le dije que lo acompañaba. Mientras nos traían la comida, me dijo.« Karen, me hace muy bien que estés aquí conmigo. Te lo agradezco».« Es al contrario, Ernesto, yo tengo que agradecerte todo esto». Nos trajeron la comida y,
mientras cenábamos, me dijo. Mañana tengo una reunión a las 9 de la mañana, seguramente se extienda hasta el mediodía. Luego tengo otra reunión en otro hotel a las 7 de la tarde, probablemente hasta la hora de cenar. Puedes quedarte aquí en el hotel, disfrutar de la pileta o el spa o salir a pasear. Cuando me desocupe, te escribo y almorzamos juntos, y en la noche igual, nos encontramos para cenar.¿ Te parece? Me parece muy bien. Quizás pasee un poco para conocer
la ciudad. Terminamos de cenar y volvimos al hotel. Subimos a la habitación y, al entrar, le dije a Ernesto. Me gustaría darme un baño. Yo también me tengo que bañar. En ese momento se me ocurrió que quizás le gustaría hacerlo juntos y se lo dije.¿ Qué te parece si lo hacemos juntos? Nada me gustaría más. Nos desnudamos y entramos al baño. Ernesto puso a llenar la amplia bañera donde entrábamos cómodamente los dos. Con el agua suficiente, nos metimos.
Ernesto ya mostraba su erección, luego de enjabonarnos mutuamente, nos enjuagamos y nos quedamos bajo el agua. Mi mano fue a su miembro y lo masturbé lentamente mientras él me tocaba el trasero. Pasé mi cuerpo sobre el suyo y ubiqué su miembro en la entrada de mi vagina para descender poco a poco penetrándome, por primera vez sin preservativo. Nuestra excitación fue en aumento y ya me movía sobre él más intensamente, tanto que estaba a punto de acabar,
y creo que él también. Karen, no estoy usando preservativo y estoy a punto de acabar. Me gustó su gesto al avisarme, al no estar en mis días fértiles, le dije que lo hiciera en mi interior. Llegamos casi juntos al orgasmo, que le agradecí con un beso intenso en la boca y me quedé un momento sobre él, abrazándolo. Sin dudas, ese hombre me hacía gozar increíblemente. Creo que
solo con Martín había disfrutado así del sexo. Salimos de la bañera, nos secamos, Ernesto me secó el cabello y me pareció un gesto tan lindo que, si me lo pedía, volveríamos a hacerlo. pero ya era tarde y supuse que no querría dormirse tan tarde, ya que al día siguiente tenía que levantarse temprano. Karen, de muy buena gana volvería a empezar, pero mañana tengo que madrugar y a mi edad cuesta un poco. Tranquilo, Ernesto. Tienes que estar bien
para esa reunión. Podemos seguir mañana. Pero tampoco sos viejo. Desnudos como estábamos, nos acostamos a dormir y, aunque no me lo pidió, me recosté en su pecho y él pasó un brazo sobre mi hombro. Antes de dormirme, pensaba en que, en alguna otra circunstancia, me podría enamorar de ese hombre. A pesar de la diferencia de edad, sin duda será un buen hombre. Cuando desperté, Ernesto ya estaba vestido y con su computadora, sentado en el escritorio de la habitación. Buenos
días, Ernesto. Buenos días, Karen.¿ Dormiste bien? Muy bien.¿ Preparado para
la reunión? Ya casi estoy listo, solo me faltaba enviar un par de correos y ya me voy. Puedes pedir el desayuno para que te lo traigan aquí. Si quieres, lo
pido al bajar. Dale. Y luego saldré a pasear un poco. Muy bien. Cuando me desocupe te llamo. Dale. Que tengas suerte en la reunión. Que todo salga bien. Gracias, Karen.
Nos vemos luego. Antes de salir, nos despedimos con un beso en la mejilla. Me quedé un rato más en la cama hasta que golpearon la puerta. Me puse una remera larga y recibí la suculenta bandeja del desayuno. Luego de desayunar, me cambié y salí a caminar por la ciudad, yendo hasta el embarcadero donde vi amarradas embarcaciones que solo
había visto en fotos. Caminé por la costa y, a eso de las once de la mañana, me senté en un bar frente al muelle, viendo el movimiento y la gente que por allí paseaba, sin terminar de creerme que estuviera allí, pero sin dejar de pensar en mamá y en lo que estaba viviendo. Era un hermoso día de sol y la temperatura había subido, tanto que ya veía gente caminando, sin dudas hasta alguna playa, a juzgar por
la ropa que llevaban. Salí del café y seguí caminando hasta que, a eso de la una menos cuarto del mediodía, me llamó Ernesto. Le dije dónde estaba y me dijo que lo esperara, que en un taxi llegaría en diez minutos. Casi quince minutos después, vi parar un taxi y de él bajó Ernesto. Se acercó a mí y nos saludamos con un beso en la mejilla. Hola, Ernesto.¿ Cómo te fue en la reunión? Creo que mejor no podría haber salido.
Me alegro por eso. Y creo que la mejor forma de festejar sería almorzar en un lindo restaurante.¿ Qué te parece? Me parece muy bien. Caminamos unas cuadras y encontramos un restaurante en el que jamás podría haberme sentado a comer por mí misma. Nos ubicaron en una mesa del primer piso desde donde teníamos una hermosa vista del embarcadero y
la bahía. Pedimos la comida y, mientras esperábamos, Ernesto me dijo.— Es un día hermoso.¿ Qué te parece si después de almorzar nos vamos un rato a la playa?— Por mí, perfecto. El almuerzo y la atención del lugar fueron excelentes. Después de tomar un café, volvimos al hotel. De camino, Ernesto me preguntó.— Karen,¿ trajiste traje de baño?— Traje uno que tengo desde hace años, uno enterizo.—¿ Qué te parece si antes de llegar al hotel te compras uno nuevo?— No sé, Ernesto,
no suelo sentirme muy cómoda mostrando el cuerpo. No sientas vergüenza. Tenemos el cuerpo que nos tocó y que hemos podido mantener, y déjame decirte que el tuyo está muy bien. No te avergüences de él. Entramos en una tienda de ropa deportiva y de playa, y Ernesto me terminó convenciendo de comprar una bikini, aunque normalita, y un vestido de playa para usar encima. Llegamos al hotel, ya en la habitación,
nos cambiamos. Me puse la bikini nueva y el vestido, y Ernesto se puso un sort de baño, una remera y zapatillas. Los dos salimos del hotel en dirección a la famosa Playa Brava, la de los enormes dedos saliendo de la arena. Extendimos una toalla y nos sentamos. Aunque era un día hermoso de sol, el viento hacía poco propenso meterse al agua. Con un poco de vergüenza, me
quité el vestido y Ernesto la remera. Nos pusimos protector solar para no quedar colorados como tomates y, sentados, seguimos conversando.
Ernesto, quiero decirte algo. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
