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LAS VUELTAS DE LA VIDA - PARTE 15

Mar 02, 202647 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos

Speaker 3

Las vueltas de la vida, parte 15.

Speaker 2

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Speaker 3

Tan solo por escuchar ese nombre, se me aceleró el corazón. Podría haber sido algún amigo de Ernesto llamado Martín, después de todo, no eran cercanos como para que lo invitara a su cumpleaños. El timbre volvió a sonar y Ernesto recibió a más gente. Me preguntaba dónde metería a tantos invitados. Miriam y yo seguíamos en la cocina. El comedor tenía unas puertas corredizas que daban al patio trasero de la casa, al que también se podía salir por la puerta del lavadero,

contigo a la cocina». El timbre volvió a sonar. Entró más gente, y un momento después, Ernesto apareció en la cocina con una chica, abrazándola por los hombros.« Chicas, ella es Candela, mi hija. Cande, ella es Carolina, una amiga, y ella es Miriam, algo más que amiga», nos presentó Ernesto. Candela nos saludó a las dos con un beso. Es

un gusto conocerte, Candela. Ernesto me habló mucho de vos y de tu hermano, dijo Miriam, visiblemente nerviosa porque Ernesto dejara entrever ante su hija que entre ellos había algo. Un gusto, Candela, le dije, y en ese momento recordé lo que Ernesto alguna vez me había contado sobre ella. Con una sonrisa, Candela preguntó.¿ Les ayudo en algo? Gracias, corazón. Disfruta con tu papá de su cumpleaños. Nosotras nos ocupamos, le respondió Miriam. Volvieron al comedor y nosotras seguimos preparando

los platos con comida. Había un montón de cajas con diferentes cosas que íbamos poniendo en platos. Ernesto y Miriam eran quienes los llevaban al comedor. El timbre de la casa seguía sonando y cada vez más gente iba entrando. En un momento miré hacia el patio y ya había grupos de personas conversando, bebiendo y fumando fuera de la casa. Los platos vacíos seguían llegando y con Miriam los recargábamos

para volver a llevarlos. En un momento, mientras estábamos las dos poniendo bocaditos en los platos, Miriam miró hacia la puerta. Luego volvió su cara hacia mí y me dijo, perdón por esto. No entendí por qué me había dicho eso. Iba a preguntarle, pero tomó dos platos y salió de la cocina. En ese momento levanté la vista y miré hacia la puerta. Cuando Miriam pasó por la puerta, el corazón se me detuvo. Parado en la misma puerta de la cocina estaba Martín, quien al verme no pudo ocultar

su cara de sorpresa. El corazón se me salía del pecho y me explotaron las lágrimas. Aun con unos bocaditos en las manos, me quedé inmóvil. Sin reacción, solo lo miraba a los ojos y lloraba. Mis manos comenzaron a temblar y dejé los bocaditos sobre la mesada. Martín no decía nada, solo me miraba. No veía odio en sus ojos, o al menos eso quería pensar. Apenas me salió decir su nombre, casi sin voz. Martín. Caminó unos pasos entrando en la cocina. No me pude aguantar y me acerqué

a él, abrazándolo entre lágrimas. No me abrazó, y lo entendí. Tan solo apoyó sus manos en mis hombros, mientras yo lo sujetaba por la cintura. No quería soltarlo. Volver a tenerlo entre mis brazos me parecía increíble. No podía dejar de temblar, una mezcla de sentimientos me invadió, sorpresa, nervios, miedo, el amor que sentía por él, todo junto, y no sabía qué hacer o decir, hasta que Martín dijo. No pensé que te encontraría acá. Ernesto me dijo que estabas

de viaje. No tenía muchas ganas de venir, pero Miriam me insistió. Ahora entiendo. Esto fue idea de Ernesto. Finalmente, lo solté, quedándome parada frente a él, que me miraba. Creo que al igual que yo, no sabía qué decir o hacer. Sin duda, no esperaba encontrarme y no quería que se sintiera incómodo, por eso le dije. Tampoco sabía que venías, de haberlo sabido, no hubiera venido, para que no tuvieras que verme y te incomodara la situación. Perdón,

ya me voy. Ernesto entenderá. Salí de la cocina. Ya no quería estar allí si mi presencia lo incomodaba. De la habitación de Ernesto tomé mi cartera y mi abrigo y caminé hacia la puerta de la casa. La gente estaba en su mundo, nadie se percataba de mi intención de irme o simplemente no les importaba al no conocerme. Busqué a Ernesto con la mirada para avisarle que me iba. Lo vi conversando con un grupo de personas en el patio y decidí irme sin saludarlo. Luego le explicaría. No

podía dejar de llorar. Abrí la puerta y, antes de salir, escuché a Martín, que detrás de mí me dijo,« Carolina, no es necesario que te vayas. No me incomoda tu presencia. Por favor, quédate». Sus palabras me atravesaron. Me estaba pidiendo por favor que no me fuera, que no le incomodaba mi presencia. Pero yo, en ese momento, quería que la tierra me tragara. En ese instante vi acercarse a Ernesto, quien, al notar mi intención de irme, dijo.— Perdón, Carolina, perdón, Martín.

Nunca fue mi intención que se sintieran mal. Por favor, les pido que me perdonen. Martín lo miró y, en tono conciliador, dijo.— No pasa nada, Ernesto. Justo le decía a Carolina que no tenía por qué irse, que no me incomodaba su presencia. Yo seguía sin poder parar de llorar. Martín tomó mi brazo suavemente, mirándome a los ojos, me dijo. No te vayas, Carolina. Ya no llores. Quédate, por favor. Y disfrutemos de esta fiesta, festejemos a Ernesto. Por favor.

Lo miré a él, luego a Ernesto, quien en ese momento juntaba sus manos y las apoyaba en su pecho, como implorando perdón. Sin duda, Ernesto y Miriam habían tenido la intención de juntarnos, de que nos volviéramos a ver, aunque seguía sin estar segura de que Martín quisiera verme allí. Alguien llamó a Ernesto y se alejó de nosotros. En ese momento le dije a Martín, no hace falta que te sientas obligado a verme por la circunstancia de no me siento obligado a verte. De hecho, casi que agradezco

este encuentro. Tarde o temprano teníamos que vernos y hablar. Nunca voy a tener problema en que hablemos, siempre que vos así lo quieras. Bueno, en ese caso,¿ viniste con alguien? Me trajo Miriam. Te propongo algo, si te parece, nos quedamos los dos en el cumpleaños de Ernesto, y al irnos, te llevo hasta tu casa.¿ Te parece? Está bien, pero no quiero que te sientas mal, ya no. Y volví a llorar, recordando lo que nos había separado. Ya no llores,

por favor. No me siento mal porque estés acá. Quizás tan solo, un poco nervioso, nada más. Miré hacia la cocina y vi que Miriam nos estaba observando, sin duda esperando ver cómo terminaba la cosa. Al vernos hablando, con una sonrisa me guiñó un ojo y volvió a entrar en la cocina. No estés nervioso, disfruta la fiesta. Yo me voy a la cocina y sigo ayudando a Miriam. Volví a la habitación de Ernesto a dejar mis cosas.

En verdad no quería irme. Volver a tenerlo tan cerca y no poder abrazarlo y besarlo me hacía sentir rara, pero al menos podría verlo un rato. Al volver a la cocina, Miriam me dijo. Perdón, Carolina, quizás metimos la pata. Pero hemos hablado de ustedes dos con Ernesto y nos dimos cuenta de que se siguen amando. Nos pareció que les faltaba un empujoncito, al menos a Martín. Perdón, No te puedo explicar lo que estoy sintiendo en este momento. Volver a verlo después de tantos meses hizo que el

corazón se me quisiera salir del pecho. No sé cómo lo habrá tomado Martín. Ernesto le dijo que estabas de viaje. Si hubiera sabido que estabas, quizás no habría venido. Seguramente. Desde que se fue de casa, no ha querido verme. Bueno, te ha visto a la distancia, por algo debe ser. No sé, te juro que no sé qué hacer ni qué decir. Me preguntó si había venido con alguien, le dije que vos me habías traído, y me dijo que

luego del cumpleaños él me llevaría a casa. Pero, ahora que lo pienso, vos te quedas con Ernesto,¿ eso quiere decir que estaba segura de que me iría con él? Bueno, digamos que así lo pensamos, y si no se va con vos, es un boludo. No digas eso, Miriam. Martín no es ningún boludo. Ya lo sé, corazón, pero si no se va con vos, sintiendo lo que siente y sabiendo lo que vos sentís por él, es un boludo. Yo creo que no debería dejar pasar a una mujer como vos. Todos cometemos errores y sé que te has

arrepentido de lo que pasó con mi ex. Claro que sí. Y nunca le volvería a hacer algo así. Si tuviera otra oportunidad con él, nada de eso volvería a pasar. Eso te lo juro por mi vida. Lo sé y créeme que la tendrás. Martín tiene un buen corazón. Creo que tan solo les hace falta hablar, decirse todo, que Martín te perdone y vuelvan a estar juntos. Es todo cuanto deseo. Confía en mí. Todo se va a solucionar, no sé si hoy o mañana. pero estoy segura de

que volverán a estar juntos. Dios te oiga. La fiesta continuó. Varias veces entró Ernesto a la cocina a llevarse más comida y en una de esas veces me dijo.¿ Estás bien, Caro? Nerviosa, Ernesto.¿ Qué quieres que te diga? Me imagino. Tengo que pedirte perdón por esto, pero con Miriam pensamos que les hacía falta verse. Espero que todo salga bien. No sé lo que está pensando Martín. Creo que a él le tendrías que pedir perdón. Yo moría por volver a verlo, pero

no sé él. Yo creo que también. De hecho, Miriam me contó que te ha ido a ver a la salida del bar. Eso quiere decir algo. No lo des por perdido, de no ser por conocerlos a los dos, no hubiera pensado en esto. Y ya le pedí perdón también. Quise que supiera que no teníamos mala intención, que tan solo le mentí para que viniera. No sé, Ernesto, ya te contaré. Me dijo que luego de la fiesta me lleva a casa. Vamos todavía. Volvió a salir de la cocina.

Me quedé un momento allí, sola, sin saber si aparecerme por el estar. Un momento después, fue Martín quien entró a la cocina. Perdón, Caro.¿ Las cervezas? En esta heladera. Gracias. Tomó dos botellas de cerveza y salió de la cocina. A mí el corazón me iba a mil, se había dirigido a mí llamándome, Caro, y ese pequeño detalle me llenó de ilusión. Cuando aflojó un poco el hambre de toda esa gente, salí de la cocina y fui al estar. Busqué con la vista a Martín y lo vi hablando

con Rafael y su esposa. Él también me miró por un momento. Antes de que se hicieran las doce de la noche y terminara el día de su cumpleaños, Miriam me dijo que sacaría la torta que le había hecho para soplar las velitas. Todos los presentes le cantaron el« Cumpleaños feliz» y luego, uno a uno, nos fuimos acercando para darle un beso o un abrazo. Antes de que yo lo saludara, lo hizo Martín, y me sorprendió el abrazo que se dieron, un abrazo muy emotivo, mientras se

decían algo que no pude escuchar. Saludé a Ernesto con un abrazo también, y me agradeció mi presencia y mi regalo. La fiesta siguió ya con música y gente bailando, hasta que, faltando minutos para la una de la mañana, Martín se me acercó y me dijo. Caro, yo a la una me voy, mañana me toca viajar temprano.¿ Quieres que te lleve o te quedas un rato más? Ni falta hacía que lo pensara, lo único que me importaba era estar un rato más con él. No sabía que podría pasar

de camino a casa, pero no me importaba. Me voy con vos. Tan solo avísame y me despido. Unos minutos después, Martín me dijo que ya nos íbamos. Fui a la habitación a buscar mis cosas y, al volver, Martín hablaba con Ernesto y Miriam, que al verme, sonrieron.« Gracias por venir, chicos. Me encantó que estuvieran. No tienes nada que agradecer, Ernesto», le dijo Martín mientras le daba un abrazo. Luego saludó

a Miriam, también con un abrazo. Luego fue mi turno y me despedí de ellos, también abrazándolos, y los dos al oído me dijeron, perdón. No tenía nada que perdonarles, tal contrario, gracias a ellos volvía a tener a Martín frente a mí. Salimos de la casa. Yo estaba más que nerviosa, no sabía en qué podrían terminar esos 20 minutos hasta casa. Al llegar a su auto, amablemente abrió la puerta del acompañante para que subiera. Luego subió él, lo

puso en marcha y salimos. Hicimos unas cuadras en silencio, los nervios me devoraban, no quería hablar si él no lo hacía, pero me dijo. No esperaba verte hoy, aunque, hace un tiempo venía pensando en que teníamos que hablar. Yo tampoco esperaba verte. No sabía que tenías una relación con Ernesto. Bueno, digamos que hemos hablado varias veces, y de muchas cosas. Miriam me contó todo lo que hiciste para que se supiera lo de Domínguez. Sí. Qué cosa con las mujeres, y eso que le dije que no

contara nada. Tengo que agradecerte por eso. Gracias a vos, Rafael me volvió a contratar y esta vez como directora. Ya sabía, me lo contó esta noche. No tenías que cargar con eso. No habías hecho nada mal en la empresa, y ese tipo no se la podía llevar de arriba. Tiene lo que se buscó. Gracias, Martín. De corazón te lo agradezco. Nos acercábamos a casa, y sabiendo que tenía que viajar, comprendí que no habría mucho tiempo. A las

siete de la mañana salgo para Bahía Blanca. Voy con el que será el nuevo supervisor de zona, el supervisor general me pidió si podía acompañarlo. para explicarle el trabajo y recorrer la zona.¿ Por varios días? Supongo que volveré lunes o martes, o más días, dependerá de lo que demoremos en recorrer las sucursales. Claro. Faltaban unas cuadras para llegar a casa y no habíamos hablado nada de nosotros, y entendí que no era el momento, o que Martín

no quería hacerlo. Y como si hubiera escuchado mis pensamientos… Faltando unas cuadras para llegar a casa, me dijo. Creo que hoy no es el momento, pero cuando vuelva de Bahía, te llamo y nos encontramos para hablar.¿ Te parece? Sí, Martín. Cuando vos quieras, tan solo avísame, estaré esperando tu llamado. Llegamos a la puerta de casa, lo miré y le dije. Gracias por traerme. Y, me gustó mucho volver a verte, no me lo esperaba. A mí también. Nos vemos a

la vuelta. Me acerqué a él y nos despedimos con un beso en la mejilla. Bajé del auto y caminé hasta la puerta de casa con lágrimas en los ojos, pero con una pequeña ilusión. Esperó hasta que abriera la puerta, lo saludé con la mano y él respondió también con la suya. Cerré la puerta y una sensación de esperanza me invadió. En unos días volveríamos a vernos y a conversar. Que me dijera que le había gustado verme, me dio un poco de paz al corazón, y esa noche, como

en tantas otras, no lloré antes de quedarme dormida. Al día siguiente, le conté todo a mamá con lágrimas en los ojos, pero esta vez eran de alegría, de esperanza, de creer que Martín podría llegar a perdonarme por lo que le había hecho. En los días siguientes, mi ánimo había dado un giro, con la ansiedad de poder hablar con Martín, de explicarle todo, de pedirle perdón, de escucharlo, sabiendo los sentimientos que aún teníamos el uno por el otro.

Comencé la semana con otro ánimo, deseando que pasaran los días. El martes por la noche me fui a dormir pensando que quizás Martín había vuelto muy cansado del viaje y por eso no me había llamado, o que tal vez aún no había regresado. El miércoles me levanté con la esperanza de que ese fuera el día en que me llamara, pero tampoco lo hizo. Entonces pensé que, al haber estado esos días afuera, tenía que ponerse al día con el trabajo de su zona. Ni el jueves ni el viernes

llegó su llamada y ya empezaba a preocuparme. Se lo comenté a mamá esa tarde mientras tomábamos unos mates y trató de tranquilizarme, diciéndome que quizás por su trabajo, no encontraba el momento para vernos. Ni el viernes, ni el sábado, ni el domingo me llamó, y la tristeza me volvió al cuerpo. No quería hablar conmigo, sin dudas tendría algún momento en el día, aunque fuera para decirme en un mensaje que estaba muy ocupado y que cuando pudiera nos veríamos.

Esa tarde de domingo volví a llorar desconsoladamente. cegramente me había dicho aquella noche que nos veríamos solo porque se sintió obligado por el encuentro que no se esperaba claro estaba que no tenía intenciones de verme de hablar conmigo de perdonarme o al menos no todavía mamá trataba de consolarme pero nada me sacaba de la cabeza que ya no quería nada conmigo estaba sentada en el sillón con el televisor encendido frente a mí pero sin prestarle atención

hundida en mi tristeza mientras mamá preparaba la cena Ya no tenía ganas de nada, como una tonta, me ilusioné pensando en que Martín me podría perdonar, pero su silencio me decía lo contrario. Eran las ocho y media de la noche y estábamos por cenar cuando sonó el timbre de casa. Mamá se asomó desde la cocina y nos miramos, preguntándonos quién podría ser un domingo a esa hora. Me levanté del sillón y fui hasta la puerta. Miré por la mirilla y y del otro lado de la puerta

estaba Ernesto. Me sorprendió que viniera a casa, si bien sabía dónde vivía y conocía a mamá, nunca había venido. Abrí la puerta y, al ver su cara, me di cuenta de que algo no estaba bien. Lo primero que se me ocurrió fue que habría tenido problemas con Miriam, quizás que su exmarido se había aparecido, pero no. Ernesto. Pasa, por favor. Hola, Caro. Perdón por aparecer así, sin avisar. En ese momento apareció mamá desde la cocina y lo

saludó también.¿ Pasó algo, Ernesto? No traes buena cara. Sí, Carolina. Me acaban de llamar de una comisaría de Bahía Blanca. Martín y su acompañante tuvieron un accidente el miércoles saliendo de Bahía y está internado en terapia intensiva en el Hospital Penna de allí. El mundo se me vino abajo. Tuve que sentarme en el sillón, creí que me caía redonda al piso, las lágrimas me explotaron y me quedé paralizada.

Ernesto se sentó a mi lado. No. Martín no. Por Dios, Martín no. Decía en medio del llanto.¿ Cómo está él?¿ Qué te dijeron, Ernesto? Preguntó mamá. Yo no podía articular palabra. El policía que llamó no pudo darme más detalles sobre su salud, solo que está en terapia intensiva desde el miércoles. Llamaron al primer contacto de su teléfono, pero esa persona les dijo que no tenía contacto con la familia. Entonces

miraron el registro de llamadas y vieron mi número. Yo lo había llamado el lunes y el martes, pero no me había atendido. Por favor, Ernesto,¿ puedes llevarme a la terminal de ómnibus? Me voy para allá. Sí, claro, pero no debe haber colectivos a esta hora. No importa. Para el primero que salga. Necesito ir. Ernesto miró algo en su teléfono, mientras yo iba a cambiarme. Me puse lo primero decente que encontré y, al volver, Ernesto me dijo.

Estuve mirando horarios de colectivos para Bahía Blanca, 300 y 1 a las 9.15 de la mañana. Por Dios.¿ En avión entonces o en un taxi? No me importa. Tranquilízate. Hagamos una cosa. Déjame averiguar los horarios de visita del hospital. Buscó en su teléfono mientras yo iba a buscar el mío, tenía que llamar a Rafael para avisarle. Le tengo que avisar a Rafael. Intenté buscar el contacto, pero estaba tan nerviosa que el teléfono se me cayó al piso. Tranquila, Caro. Yo lo llamo.

Lo llamó y puso el altavoz para que yo escuchara. Ernesto.¿ Cómo andas, querido? Hola, Rafa. Perdón por la hora. No pasa nada, estábamos por cenar. Rafa, necesitaba contarte algo. Estoy en casa de Carolina, hace un rato me llamaron de una comisaría de Bahía Blanca para avisarme que Martín tuvo un accidente y está en terapia intensiva. La puta madre.¿ Qué pasó? Un accidente de auto en la ruta.¿ Cómo está él? No me dieron detalles.¿ Y Carolina, cómo está?

Por eso te llamaba. Ella se va a ir para allá, te quería avisar ella, pero está muy nerviosa. Dile que se quede tranquila, que se tome los días que necesite. Yo le aviso a Francisco. Buenísimo. Te está escuchando. Tranquila, Carolina. Todo va a estar bien. Anda tranquila, y cualquier cosa que precises, me llamás. Gracias, Rafael. Perdón, pero tengo que ir. Anda tranquila y tenme al tanto. Ernesto cortó la llamada y me dijo. Caro, El horario de visita de la

terapia del hospital es recién mañana a las 12.30. Hagamos una cosa, yo te llevo a Bahía. Ay, gracias, Ernesto. Duermo unas horas y, a eso de las cuatro o cuatro y media de la mañana, te vengo a buscar.¿ Te parece? Llegamos antes de la hora de visita. Sí, Ernesto. Gracias. En ese momento también llamó a Miriam. Hola, amor. Te llamaba para avisarte que no llegaré a cenar, te estoy en casa de Carolina. Martín tuvo un accidente y está en terapia en el hospital de Bahía Blanca. No podía

escuchar lo que Miriam decía, pero Ernesto le contestó. Está muy mal, quiere ir para allá y yo la voy a llevar. Sí, salimos a eso de las cuatro de la mañana. por eso me voy a dormir un rato a casa. Sí, mi amor, cuando sepa algo más te llamo. Un beso. Cortó la llamada con Miriam y me dijo. Trata de descansar, a las cuatro te vengo a buscar. Nos despedimos y me abracé a mamá llorando desconsoladamente. El solo hecho de saber que estaba internado en terapia intensiva

me volvía loca, por eso no me había llamado. y si no estaba en condiciones de usar su teléfono, no era nada bueno. No pude pegar un ojo en toda la noche. Me preparé un bolso con ropa para unos días, me quedaría con él hasta que estuviera bien. Mamá se levantó cuando me escuchó andando por la cocina. Prepararía el mate para cebarle a Ernesto durante el viaje y puso en un tupper un budín cortado. Antes de las cuatro, ya estaba parada en la puerta de casa, con mamá

a mi lado. Llegó Ernesto, bajó para saludarnos, cargó mi bolso en el auto y salimos. Durante el viaje, le fui cebando unos mates a Ernesto, conversando de varias cosas, supongo que para distraerme. Me contó de su relación con Miriam, que están como de novios, que siente que se ha

enamorado de ella y que se siente correspondido. Con la confianza de habernos conocido íntimamente, Me contó que en la cama también se llevaban de maravilla, que estaba en un excelente momento de su vida, y en verdad me alegré por ellos. Llegamos a Bahía Blanca a eso de las 12 menos cuarto. Antes de entrar en la ciudad, puse el GPS de mi teléfono para indicarle a Ernesto cómo llegar al hospital, ninguno de los dos conocía la ciudad. Entramos

al hospital pasadas las 12 del mediodía. Preguntamos por la terapia intensiva y fuimos hasta allí. Minutos antes de las doce y media, salió una enfermera preguntándonos a todos de qué paciente éramos familiares. Cuando dije que era la esposa de Martín Villalba, la enfermera me miró sin decir nada, pero no pude entender su mirada. A las doce y media en punto, nos permitieron ingresar. La enfermera me indicó cuál

era su camilla y al verlo, me quise morir. Tenía una venda en la cabeza y en un brazo, en el otro un suero, en una de sus manos otro aparato, cables en el pecho y una línea de oxígeno en su nariz, parecía dormido. No pude evitar las lágrimas al verlo. Cuando la enfermera pasó delante de la cama, le pregunté cómo estaba, pero con poca disposición me dijo que luego de la visita, el doctor de guardia daría el parte médico. Le tomé la mano y lo acaricié todo el tiempo,

me partía el alma verlo así. Terminado el tiempo de visita, la enfermera me dijo que ya tenía que salir. En el pasillo había quedado Ernesto esperándome, y al verme llorar, me abrazó. Un médico salió, preguntó por los familiares de una mujer y habló con ellos, luego con los de otro hombre, y después preguntó por los familiares de Martín Villalba. Le dije que era su esposa y también me miró raro. Es la primera vez que lo visita, ¿verdad? Así es.

Recién anoche me enteré del accidente, vengo de La Plata. Nadie me avisó antes. Perdone. Le cuento, señora, el paciente está estable. Desde el miércoles por la noche está sedado, y permanece en terapia por un traumatismo de cráneo que le provocó un hematoma subdural. También tiene un corte en la cabeza que fue suturado con ocho puntos, otro corte en el brazo izquierdo, también suturado, fractura de la tibia de la pierna izquierda y otros golpes y rasguños menores

que no revisten gravedad.¿ Y qué deben hacerle? En principio, se está esperando ver cómo evoluciona el hematoma. De no ceder. Se tendrá que realizar una intervención quirúrgica. El resto de las lesiones no ameritan la terapia. Cerró la carpeta y antes de que preguntara por la siguiente familia, le dije. Muchas gracias, doctor. Muy amable. Salimos con Ernesto del hospital. A unos metros había un restaurante y me sugirió almorzar allí. Luego buscaríamos un hotel. Le dije que no me iría

hasta que Martín se recuperara. A tres cuadras de allí había un hotel, no era gran cosa, pero estaba cerca del hospital. Ernesto tomó dos habitaciones, pero luego me dijo que no podría quedarse tantos días, que a más tardar el miércoles tenía que volver a La Plata. Le agradecí que me llevara hasta allí y le dije que, si tenía que volver, estaba bien, pero que yo me quedaría. Hablé por teléfono con mamá y le conté lo que

sabía hasta ese momento. Luego también llamé a Rafael para contarle, finalmente, a Francisco, para que cualquier tema del trabajo me llamara. Supuse que la madre de Martín estaría preocupada, y para dejarla tranquila, antes de ir al hospital le pedí a Ernesto su teléfono para enviarle un mensaje, haciéndome pasar por Martín. Le dije que se le había roto el teléfono y que se había tenido que quedar unos días más en

Bahía por trabajo. Un momento después, me llegó su respuesta, diciendo que estaba preocupada, pero que el mensaje la había tranquilizado, que le avisara cuando regresara. A las siete de la tarde ya estábamos nuevamente en el hospital. Volví a entrar y me quedé junto a él, tan solo mirándolo con lágrimas en los ojos. la enfermera que me hizo pasar se acercó y me dijo. Perdón, señorita, soy Mabel y

estuve de guardia el día que trajeron a Martín. En ese momento estaba consciente, pero no hablaba con coherencia, sin dudas por el golpe.¿ Él está bien? Está estable, que es lo importante. El médico que está de guardia mañana es quien lo atendió al llegar y es más accesible que el que está ahora. Sí, Ya me di cuenta. Antes de que lo cedaran, le hicieron varios estudios, tomografías,

resonancia magnética y radiografías. Por lo que entiendo, no es de gravedad, pero la inflamación que le presiona el cerebro hay que eliminarla. Perdón que te pregunte, él estaba como perdido, como decirte, parecía borracho, decía incoherencias, pero un par de veces dijo, caro, caro.¿ Cómo es tu nombre? Carolina. Eso. Te estaba llamando.¿ Sos la novia o la esposa? La esposa, aunque por algunos problemas no estábamos juntos. Entiendo. Por suerte viniste,

me daba pena que nadie lo visitara. Me enteré recién anoche, pero me voy a quedar hasta que se recupere. Bueno, hermosa, ya casi es la hora. Anda tranquila, que yo lo cuido. Gracias, Mabel. Mañana hablo con el médico, es el doctor Guillermo Suárez. Muchas gracias, Mabel.¿ Te veo mañana al mediodía? Sí, corazón, estoy hasta las dos de la tarde. Salí de la sala y con Ernesto nos quedamos conversando un momento en la puerta del hospital mientras le contaba lo que me

había dicho la enfermera. Decidimos cenar temprano, los dos estábamos cansados, y Ernesto me dijo que al día siguiente, luego de la visita del mediodía, se volvería para La Plata. A las nueve de la noche ya estábamos cada uno en su habitación. Llamé por teléfono a mamá y luego a Rafael para ponerlos al tanto, y caí rendida en la cama hacía más de un día que estaba en pie. A las ocho de la mañana sonó la alarma de mi teléfono. Me di un baño y me vestí, Y

a las nueve desayunamos con Ernesto en el hotel. Luego él dejó su habitación. A las doce y media entré a la terapia. Martín estaba tal como lo había visto ayer. Cuando un médico se acercó, le pregunté.— Perdón, doctor,¿ usted es Guillermo Suárez?— Así es. Soy la esposa de Martín y me gustaría preguntarle por su estado. Mucho gusto. Te cuento. Él está estable, todos sus signos están en los parámetros

normales y las heridas están tratadas. El problema que lo mantiene aquí es el hematoma en su cabeza no está retrayéndose y yo aconsejaría una cirugía. No sería de riesgo, porque el hematoma es subdural, tan solo hace falta descomprimir su cerebro.¿ Conviene esperar o crees que cuanto antes mejor? yo lo haría ya mismo. Si en estos días no hubo progresos,¿ para qué esperar? Me dijo la enfermera Mabel

que usted estaba cuando llegó. Sí, venía desvariando. Le hicimos un montón de estudios para ver si había lesiones internas, pero todo salió dentro de lo normal. Luego lo cedamos. Es más, en el parte de hoy, Voy a dejar por escrito la urgencia de operarlo, es la mejor solución. Después de la cirugía, va a despertar como siempre. Yo no me arriesgaría a seguir esperando.¿ Sabes quién lo operaría? Sí, en el hospital hay un excelente equipo de cirugía para

estos casos. Te puedo asegurar que es uno de los mejores equipos del país. Llegado el caso... Te pedirán el consentimiento para la cirugía. Si aceptas un consejo, deciles que sí y que lo operen lo antes posible. Después de la operación, al día siguiente lo bajan a una habitación. Ya vas a ver. Muchas gracias, doctor. Guillermo, tan solo. Gracias, Guillermo. Yo me llamo Carolina. Ahora entiendo. tu marido, desvariando, decía, caro, caro. Otra cosa, no sé si conoces al chico que venía

con tu esposo en el auto. No, no sé quién es.¿ Le pasó algo? No, él se llevó la mejor parte, solo unos golpes, también en la cabeza, por eso todavía está en observación, pero además de eso, solo tiene una fractura en un brazo.¿ Podré verlo? Supongo que no habrá problema. Está en una habitación común, la 107. Gracias, Guillermo. Seguramente pasaré a verlo. Se terminó el horario de visita y salí de la terapia. Salimos del hospital con Ernesto, lo puse

al tanto de la situación. Almorzamos juntos y luego volvió para La Plata, no sin antes decirme que lo mantuviera informado y que, si necesitaba algo, lo llamara, incluso si me hacía falta dinero. Volví al hospital y pregunté si sabían en qué comisaría estarían las cosas de Martín. Muy amablemente, la chica de recepción me averiguó que la comisaría que había intervenido era la seccional cuarta, que no estaba muy lejos. Luego le pregunté por el chico que iba con Martín

en el auto, ni siquiera sabía su nombre. Me dijo que se llamaba Julián Cabello y me indicó en qué habitación estaba. Esperé hasta la hora de visita y fui a verlo. Golpeé la puerta y un muchacho me abrió. Le pregunté por Julián. Entré a la habitación y me presenté. Hola, ¿Julian? Sí, soy yo. Soy Carolina, la esposa de Martín. Mucho gusto.¿ Cómo está Martín? Está en terapia intensiva. Sí, lo sabía porque pregunté por él. Estaba preocupado. Creo que se llevó

la peor parte. Está sedado y probablemente lo operen de la cabeza. Por el golpe, tiene un hematoma que le presiona el cerebro. Cuánto lo lamento.¿ Pero es grave? Los médicos me dicen que no, pero recomiendan la cirugía.¿ Vos cómo estás? Bien, tan solo la fractura del brazo y varios golpes. Por suerte, los dos veníamos con el cinturón de seguridad. Gracias a Dios.¿ Qué fue lo que pasó? Salíamos de Bahía y, después de unos kilómetros por la Ruta 3,

por la mano contraria venía un camión grande. Justo cuando nos estábamos por cruzar, un auto salió de detrás del camión y se cruzó de carril, había reventado una rueda y perdió el control. Al ver que se venía hacia nosotros, para no chocarlo, me fui a la banquina, pero a la velocidad que veníamos, por el declive del pasto, el auto se tumbó y volcamos. No pude evitarlo. Entiendo. Si hubieran chocado de frente con ese auto, hubiera sido mucho peor. Me siento mal por Martín. A mí no me pasó nada,

pero a él me siento responsable. No te sientas mal. Por suerte están vivos los dos. Creo que mañana me dan el alta. Tan solo estoy en observación por el golpe en la cabeza. Él es mi amigo y me llevaba a la plata de vuelta. Pero por favor, te pido si me puedes tener informado sobre Martín». Sí, claro. Pero todo va a salir bien. Anoté su número de teléfono y le mandé un mensaje. Luego me despedí de él y salí del hospital para ir a la comisaría.

Al entrar, me recibió una oficial. Le dije quién era y acredité mi vínculo con Martín mostrando la libreta de casamiento. Me pidió que esperara al oficial de guardia. Casi media hora después, El oficial me atendió, me contó los detalles del caso y me dijo que tanto el auto como las pertenencias de Martín estaban en el juzgado que intervino en el accidente. Me dio los datos de ese juzgado y me dijo que fuera al día siguiente. Al no haber ningún fallecido, la causa se cerraría como un accidente

de tránsito. Volví al hospital para la hora de la visita, y al entrar, Guillermo hablaba con otro doctor. Al verme, me indicó que me acercara y me dijo que justamente estaban hablando de Martín. El otro médico era el neurocirujano y ambos me informaron que lo operarían. Guillermo fue a ver a otro paciente y me quedé conversando con el neurocirujano, Arnaldo Jiménez, quien me comentó que la solución era la cirugía.

Me explicó todos los detalles y me dijo que él y su equipo también operaban en una clínica y que si podíamos pagarlo, él prefería operarlo allí, ya que contaban con tecnología más moderna. Le pregunté si la cobertura médica de Martín podría cubrir la operación en esa clínica y me dijo que sí. Llamé a Guillermo y le planteé la posibilidad de trasladarlo a esa clínica y me dijo que eso sería lo mejor. Confiaba en él, así que le di mi consentimiento para que lo trasladaran y operaran allí.

Al salir de la terapia, un hombre le preguntaba a la enfermera por Martín Villalba. Lo miré y le dije que era su esposa. Se presentó como Ramón, el director general de la cadena de supermercados, y al enterarse del accidente, había venido a ver a Martín y a Julián. Me dijo que la empresa se haría cargo de todos los gastos del accidente y de la atención médica que fuera necesaria. Le comenté que a Martín lo operarían en otra clínica y me pidió que solo diera sus datos y su

teléfono y él se ocuparía de todos los gastos. Antes de despedirnos, me dijo que al día siguiente tendría que volver a Buenos Aires, pero que lo haría después de la cirugía de Martín. Al día siguiente por la mañana, trasladaron a Martín a la clínica, un lugar muy moderno. Lo llevaron a terapia y el médico me dijo que en ese momento pediría horario de quirófano y que me

avisaría cuando lo tuviera. Me quedé esperando en la sala de espera de la terapia y media hora después, Volvió el médico y me dijo que tenía quirófano para el día siguiente a las 8 de la mañana. Volví a verlo en la visita del mediodía y a las 7 de la tarde. Si Dios quiere, al día siguiente ya podría haberlo operado. Hablé con el médico antes de irme y me preguntó dónde estaba parando. Le conté sobre el hotel y me dijo que podría quedarme en una habitación con Martín si

así lo deseaba. Le dije que sí y me volví al hotel en un taxi. Esa noche, avisé que dejaría la habitación al día siguiente a las 7 de la mañana. Pagué los días que había estado y al día siguiente, a las 7 y media de la mañana, ya estaba en la clínica. Hablé con el médico antes de que entrara a la terapia. Le pregunté si podía verlo antes de la operación y me dijo que me quedara allí, de

camino al quirófano, podría verlo. Diez minutos después, la puerta se abrió y vi salir la camilla que lo llevaba al quirófano. Al pasar, le tomé la mano y le di un suave beso en los labios, diciéndole que lo amaba y que lo estaría esperando, rezando por él, para que todo saliera bien.

Speaker 2

Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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