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Las vueltas de la vida, parte 14
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Carolina Arroyo Peña Mi vida
ya no tenía sentido, lo había perdido todo, el trabajo, a Martín y quizás hasta mi título y mi libertad. Definitivamente, ya nada tenía sentido. Solo me quedaba mamá, y si ese hijo de puta terminaba denunciándome, pues que lo hiciera, ya nada me importaba. Luego de llorar por horas, llamé
a Luciana. Necesitaba hablar con alguien, contarle todo lo que había pasado, pero, sobre todo, necesitaba un abrazo, una palabra de aliento, alguien que me dijera que todo iba a estar bien, aunque yo sabía perfectamente que no sería así. Muchas veces había tenido que tomar decisiones difíciles yo sola, pero esta vez había sido la peor decisión de mi vida, sobre todo porque ya no estaba sola, lo tenía a Martín, y sin dudas la mejor opción hubiera sido hablarlo con
él de una vez por todas. Contarle lo que me había visto obligada a hacer para pagar el tratamiento de mamá y, fundamentalmente, contarle de la extorsión de ese tipo. Cuánto me equivoqué. Le fui infiel al amor de mi vida, pero no sirvió de nada. El mal parido no se conformó con eso y quiso seguir con su chantaje. No sólo la situación no se solucionó, sino que además, el no poder seguir mintiéndole a Martín hizo que se enterara de todo de la peor manera, en el peor momento,
cuando ya el mal estaba hecho. Nunca voy a dejar de arrepentirme de lo que he hecho, y merezco que se haya ido, que me haya dejado. Él no se merecía lo que yo le hice, y tendré que cargar con eso por el resto de mi vida. Luego de pensar mil cosas, decidí que no merecía seguir viviendo en esa casa, la que tenía que irse era yo. Martín no había hecho nada mal, él no, todo lo malo era mi culpa, yo lo había echado a perder por estúpida». por creer una vez más que podría resolverlo yo sola
y de la peor manera. Se lo dije a Luciana, quien me ofreció ir a vivir con ella, pero decidí que volvería a casa de mamá necesitaba también de sus abrazos, de su contención, del amor que sólo una madre puede dar en un momento así. Esa noche, Luciana se quedó a dormir conmigo, y al día siguiente, cuando tuvo que irse, cuando me volví a quedar sola, tomé la decisión. Dejaría
esa casa, no merecía vivir ahí. También le dejaría a Martín todo el dinero que tenía ahorrado, nos habíamos embarcado juntos en la compra de esa casa, y yo le dejaría todo lo que tenía. Fui hasta el banco y retiré todo el dinero de mi cuenta, volví a casa, lo guardé en un sobre y le escribí una carta a Martín. Luego preparé mi ropa en un bolso y un par de bolsas de residuos, junto con varias cosas personales.
Por último, antes de salir para siempre de la casa de mis sueños, y a pesar de que me había dicho que no lo llamara ni le escribiera, le mandé un mensaje diciéndole que dejaba la casa, que le dejaba todo mi dinero para las cuotas del préstamo, y que, llegado el momento del divorcio, firmaría lo que hiciera falta para que esa casa fuera suya. Por último, le pedí perdón. No tuve respuesta a ese mensaje, tampoco la esperaba. imaginaba lo que estaría pensando de mí y tenía toda la
razón de hacerlo. En un taxi, me fui a casa de mamá, quien, al verme entrar con todo eso, no entendía nada. Cuando la tuve frente a mí, no pude evitar las lágrimas, y mamá me abrazó, lo que tanto necesitaba.¿ Qué pasa, hija?
Por qué lloras? Martín me dejó, mamá, Tranquila, hija. Ven, siéntate y tranquilízate.
Me trajo un vaso de agua y sin poder parar de llorar, le dije. Hice todo mal, mamá.
Me dejó
porque hice todo mal. Tranquila, hijita. Mamá está acá con vos. Y era todo cuanto necesitaba en ese momento volver a sentirme cuidada por mamá. Cuando me pude tranquilizar, mamá me dijo. Cuéntame qué pasó, hijita. Fui una estúpida, mamá. Es algo difícil de contarte, pero fui una estúpida y me lo merezco. Cuéntame lo que sea, hija, yo te voy a entender. Yo estoy acá para lo que necesites, mi vida. Volví a tomar un par de sorbos de agua, tomé aire y le dije. Le fui infiel a Martín, mamá. Me
acosté con otro hombre. Tranquila, hija. Cuéntame por qué lo hiciste. Es largo, mamá, pero también te lo voy a contar. Cuéntame, hija. Nunca te voy a juzgar por lo que hayas hecho. Si estás así es porque sentís que te has equivocado y yo lo voy a entender, hija mía. Cuando estuviste internada, el costo de la clínica, de los profesionales que te atendían y la operación se llevaron toda la plata de
la venta de la casa. Con lo que ganaba en el trabajo no me alcanzaba para cubrir esos gastos y yo necesitaba que estuvieras bien, te necesitaba de vuelta en casa. Ya había perdido a papá y no me podía permitir perderte a vos también. Pedí dinero prestado a una amiga, el dueño del bar me adelantó el dinero de tres meses de trabajo, pero así todo no me alcanzaba, y para poder pagar todo, tuve que. ¿Qué, hijita mía? Me volvieron a explotar las lágrimas, y entre
sollozos le dije.
Me tuve que prostituir, mamá. Ay, hija mía. Fue la única opción que tuve en ese momento para reunir ese dinero. Hijita mía. No te sientas mal por eso. Si hubiera estado en tu lugar, seguramente lo hubiera hecho también, hija. No te avergüences por eso. Nadie lo supo nunca, solo la amiga que me dio la idea y me pasó algunos de sus clientes. Me dio mucha vergüenza que alguien
lo supiera. Y cuando Martín lo supo, se fue. No fue por eso, el tema fue que en la empresa donde trabajaba, hace unos meses, cuando el dueño abrió la nueva sede en Buenos Aires, Puso a un amigo de él, que en ese tiempo había sido cliente mío, o sea que me había acostado con él por dinero. Yo lo reconocí al momento de verlo, pero creí que él no se acordaba de mí. No tenía contacto con él hasta que empecé a ocupar el lugar de mi director cuando
se enfermó. Al principio todo bien por casi dos meses, yo le pasaba los trabajos, él los revisaba y luego me los hacía firmar. Así varias veces, hasta que un día, por pelotuda, porque ya me estaba yendo y Martín me esperaba en la puerta, firmé unos papeles sin leerlos, creyendo que eran los que yo le había enviado. Pero al día siguiente, me dijo que sabía perfectamente quién era yo y me mostró los papeles que había firmado, encontrándome con
que era una contratación fraudulenta. Me dijo que no solo me podía quedar sin trabajo, sino que también sin el título de contadora y y que hasta podía ir presa. Me dijo que solo me devolvería esos papeles si me acostaba con él.—¿ Y lo hiciste, hija?— Sí, mamá. Como una pelotuda creí que con eso recuperaba esos papeles, pero el hijo de puta al día siguiente no solo no me los dio, sino que quería volver a acostarse conmigo.
Qué tipo de mierda?— Un hijo de mil putas.— Sí, mamá.
Y ahí fue cuando decidí ya no hacerle más caso. En ese mismo momento renuncié a la empresa, y al llegar a casa se lo conté todo a Martín, que me había prostituido y que me había acostado con ese tipo por el chantaje. Ay, hijita. Y me dejó, mamá.
Y tiene razón.
Fui una estúpida que creí que lo podía resolver sola. Pero me cagué la vida. Por estúpida ya no tengo a Martín, ni tengo trabajo, y si ese hijo de puta me denuncia, hasta puedo ir presa, mamá. Bueno, hijita, tranquila que todo se va a solucionar. Mamá está acá con vos, mi corazón. Todo va a salir bien. Me volvió a abrazar y, aunque mi situación era una mierda, me sentí reconfortada de contarle todo a mamá. Pasaron un par de días, y hablando con Luciana, le dije que
tenía que conseguir un trabajo. No tenía dinero para más de un mes. Me preguntó si quería volver a trabajar de prostituta, pero le dije que no, que ya no podía volver a eso. Entonces, me dijo que hablaría con Ignacio para ver si podía volver al bar, al menos hasta que consiguiera un trabajo mejor. Y así fue que, la semana siguiente, volví a ser mesera en el bar
de Ignacio. Unos días después, Luciana me comentó que cambiaría su horario de trabajo, se pasaría a la mañana, ya que tenía la oportunidad de comprar el departamento que alquilaba y necesitaba tener más ingresos. El horario de la tarde le rendía más que el de la mañana en sus
encuentros con los clientes. Una semana después, se pasó a la mañana, intercambiando su horario con Diego, un chico que hacía mucho tiempo trabajaba en el bar y que yo conocía de cruzarnos, cuando él salía, yo entraba, y siempre me había parecido un chico muy simpático. Nunca habíamos trabajado juntos, y me sorprendió gratamente por su voluntad de trabajo y
su buena onda. Diego siempre me pareció un chico lindo, y en esos primeros días me di cuenta del efecto que causaba en las mujeres, no solo en las chicas jóvenes, sino también en las de mayor edad. Sin dudas, tenía mucho éxito con el sector femenino. De espalda ancha, Cuerpo delgado pero musculoso, pelo castaño claro, ojos color miel, siempre con una barba corta, como de apenas unos días, y todo el tiempo bien arreglado y con una sonrisa imborrable.
Sin dudas, era un hermoso ejemplar masculino. Unos días después, en uno de los descansos, ya con algo de confianza, me dijo. La verdad es que me encanta trabajar con vos, Caro. Nos llevamos muy bien o no. A mí también, Diego. Nos conocíamos de hace rato, pero nunca habíamos coincidido. Me alegra que trabajemos juntos. Me caíste muy bien y siento que podemos ser amigos.
Claro
que
sí. También me caíste bien. Bueno,¿ a quién no?
Sos muy simpático y amable. Y siempre con una sonrisa. Los días fueron pasando y cada vez nos íbamos conociendo más, contándonos cosas en los momentos de descanso. Una tarde de esas, nos sentamos un momento en el descanso y me dijo, Caro, cada vez nos llevamos mejor. Es verdad, Dieguito
Y por eso te voy a
contar algo que nadie sabe.
Bueno, aquí en el bar, nadie lo sabe. Cuéntame. Prometo guardar el secreto. Soy gay, Caro. Me gustan desde siempre los chicos. Wow. Eso sí que no me lo esperaba. Nunca me di cuenta. Nunca noté nada.
Así es. No soy de usar gestos femeninos, en mi vida me comporto como un hombre. Siempre pensé en el éxito que tendrías con las mujeres, sobre todo viendo cómo te tratan las clientas.¿ Se puede decir que tienes un buen club de fans? Bueno, en ese aspecto le saco provecho, no te voy a negar. Las trato muy bien y me dejan unas excelentes propinas, que agradezco siempre con mi mejor sonrisa. Nunca tuve un amigo gay y desde ya te digo que saber esto no cambia en nada para mí.
Seguí siendo el Dieguito de siempre. Y si sos feliz en tu vida, eso es más que suficiente. Lo que piense el resto, que te resbale.
Y me resbala, Caro. En mi vida soy feliz así. De hecho,
tengo pareja. Vivimos hace casi tres años juntos y estamos más enamorados que nunca. Qué bueno, Diego.
Cuánto me alegro. Ya le conté de vos y te quiere conocer. Claro que sí.
Se llama Ariel, es arquitecto y me tiene loco. Es un sol. Ya vas a ver cuando lo conozcas. Me encanta que estés tan enamorado. Se te nota en la cara cuando hablas de él. El viernes te venís a cenar a casa,¿ te parece? Si no tienes planes,
claro.¿ Qué planes voy a tener?
Ya te he contado que mi vida se me fue a la mierda. Por eso, reina. Al menos por un rato, a pasarla bien. Ese viernes, al salir del bar, nos fuimos en su moto para su casa. Vive en un hermoso edificio al que entramos directamente al estacionamiento subterráneo. Al llegar a su piso, abrió la puerta y, desde la cocina, apareció su novio, otro hombre tan atractivo como Diego, realmente dos hombres hermosos. Diego nos presentó, y frente a mí se dieron un terrible beso en la boca, diciéndose ambos,
mi amor. Realmente eran dos hermosas personas, Ariel, tan amable y simpático como Diego, con un trato que me hizo sentir como en casa. Los encuentros se repitieron casi todos los viernes, y me acostumbré a ver sus demostraciones de cariño. Eran tal para cual los besos y caricias estaban presentes a cada momento. Me encantaba verlos así. Cualquier mujer que estuviera con dos semejantes hombres se haría, sin dudas, la película, pero al conocerlos y hablar con ellos, ambos me habían
dicho que no les iban las mujeres. De hecho, ninguno de los dos había tenido algo con una mujer en sus vidas. Siempre, entre risas, me decían que podrían tener en bolas frente a ellos a la mujer más linda y no les atraería. Ni siquiera tenían curiosidad por el cuerpo femenino. Nuestra relación se hizo más profunda. Ambos conocieron a mamá, que no dejaba de reírse con sus anécdotas y locuras, y a mí me hacía muy bien su compañía.
Ese fin de año, Nos invitaron a mamá y a mí a pasar las fiestas con ellos y con los padres de Diego, ya que los de Ariel estaban de viaje por Europa. Para el fin de semana largo de carnavales, me invitaron a la casa quinta que los padres de Ariel tienen en Villa del Plata, una localidad muy linda de la vecina ciudad de Ensenada, que está a tan solo 15 o 20 minutos del centro de La Plata. Una gran
casa con un parque enorme y una pileta de natación. que, al estar entre arbustos y tapada por la casa, no se veía desde la calle. Ellos ya se habían instalado la semana anterior, y ese viernes, al salir del bar, nos fuimos con Diego en su moto. Me quedaría con ellos hasta el domingo o el lunes. Esa noche, luego de cenar, conversamos un rato los tres sentados en el
parque y luego nos fuimos a dormir. La casa era inmensa, yo dormiría en una habitación que tenía una cama de dos plazas y una pequeña, y ellos lo harían en otra que siempre usaban cuando iban para allí, junto a la de los padres de Ariel. A la mañana siguiente, me desperté como a las nueve de la mañana. No se oía nada, así que bajé sin hacer ruido para no despertarlos. Preparé el mate y me senté a la sombra en el parque hasta que despertaran. Diego fue el
primero en aparecer como a las diez. Era un día de calor y ya venía tan solo con su traje de baño, uno pequeñito, algo así como una zunga, que le marcaba perfectamente sus atributos masculinos. Un rato después, apareció también Ariel y nos sentamos los tres a tomar mate y conversar. Cerca del mediodía, les dije que yo les cocinaría, que me dijeran que les gustaría comer. Miramos en la heladera lo que había, y antes de ponerme a cocinar, me sugirieron darnos un chapuzón. Ya el sol picaba y
hacía cada vez más calor. Subí a mi habitación y me puse la bikini. En otro contexto, frente a otras personas, hubiera sentido vergüenza de mostrar mi cuerpo, pero tenía tanta confianza con ellos que no me incomodó bajar tan solo con la bikini. Los dos estaban sentados junto a la pileta. y cuando me vieron aparecer, me miraron los dos.« Nena,¿ dónde tenías escondido todo eso? Mira lo buena que estás. Mira el culo que tiene la guacha esta. Basta, Diegi,
que me da vergüenza». Ariel también me dijo que tenía un cuerpo hermoso, pero entre risas comentó que a él le gustaba el de su amado.« Me tiré al agua», y desde allí vi como uno al otro se ponían protector solar entre besos y caricias. Y a pesar de verlos todo el tiempo, tenerlos frente a mí, casi sin ropa, tocándose el uno al otro, me daba cierta envidia, ya no tenía yo a Martín así junto a mí. Se metieron al agua conmigo y estuvimos conversando un rato. Luego salí,
me sequé y me fui a preparar el almuerzo. Ellos se quedaron en el agua un rato más, y desde la ventana de la cocina podía ver sus demostraciones de cariño, besos, abrazos y caricias. Almorzamos, conversamos un rato, y cuando me iba a preparar el mate, Diego me dijo. Caro, te quería preguntar algo, pero, por supuesto, quiero que seas sincera. Pregúntame, Diego. Estos días, por las tardes, lo hacemos, pero estando vos no queremos incomodarte. Tranquilos, chicos. Están en su casa. Yo
estaba pensando en dormir una siestita. Ah, bueno. Porque nos gusta meternos desnudos al agua, pero si te incomoda, no lo hacemos. Por favor, no dudes en decirnos, lo entenderemos. Chicos, a ver, aunque sean gays los dos, no dejan de ser unos hermosos hombres.¿ Cómo me va a incomodar verlos desnudos? Además, los dejo solos un rato mientras duermo la siesta. Nos reímos los tres y, despidiéndome de ellos, me fui a
mi habitación. No pude evitar la tentación, y a través de las cortinas los pude ver desnudos a los dos, completamente depilados y bastante bien dotados ambos. Sin dudas, dos chicos mucho más que lindos. se volvieron a poner protector solar tocándose mutuamente y besándose. Un momento después, Ariel tenía una erección y Diego lo masturbaba lentamente, hasta que luego lo hacían el uno al otro entre besos y caricias.
Por supuesto, esa tremenda visión de dos cuerpos hermosos, excitados y dándose placer, me excitó, y cuando se metieron los dos al agua, me recosté en la cama, me saqué la bikini, desnuda, me masturbé pensando en mi Martín. Luego, me dormí hasta casi las seis de la tarde. Me levanté, miré hacia la pileta, pero no los vi. Bajé sin hacer ruido por si estaban durmiendo también y me los encontré sentados en el sillón, abrazados y mirando una serie.
Por suerte, o no, ya no estaban desnudos. Me senté junto a ellos y, cuando terminó el capítulo de la serie, salimos al parque a tomar mate. Salimos los tres a hacer las compras para la noche, al volver, cocinamos entre los tres, riéndonos y conversando. En verdad, me gustaba pasar tiempo con ellos. Son dos personas adorables que me hacen sentir como de la familia, ayudándome a salir un poco del bajón en que estaba mi vida. Terminamos de cenar.
Entre los tres, nos habíamos tomado una botella de vino, y yo, que no estaba acostumbrada, ya estaba cabeceando. Eran casi las doce de la noche y les dije que me iba a dormir. Me despedí de ellos, que se quedarían a ver otro capítulo de la serie. Me acosté y me dormí al instante. A eso de las dos y media de la mañana, me desperté con sed. Como una boluda, no me había llevado la botellita con agua. Bajé descalza sin hacer ruido y, antes de entrar en la cocina, Desde el pasillo vi una tenue luz en
el estar comedor. Me asomé, y lo que vi me sorprendió de tal manera que me quedé como petrificada, desnudos los dos sobre el sillón, haciendo un 69, chupándose mutuamente sus dos agraciados penes. Nunca en mi vida había visto a dos personas teniendo sexo en vivo y en directo, menos aún a dos hombres, y tan lindos como ellos. Una excitación inesperada me sobrevino, me sentí mal por espiarlos, violando su intimidad. Luego de esos pocos segundos, me volví en
silencio a mi habitación. No quería que pudieran verme o saber que los había visto. Me acosté en la cama y, con lo excitada que estaba, tuve un orgasmo casi al instante. Luego de eso, me sentí mal por haberlos espiado. No pude evitar recordar los orgasmos con Martín, la hermosa sexualidad que habíamos vuelto a tener, y entre lágrimas me quedé dormida. Al despertar, me sentía mal por haberlos visto y decidí
que se lo contaría a Diego. Ellos se habían brindado a mí y yo no tenía derecho de hacer lo que había hecho. Al bajar, Diego estaba en la cocina solo y aprovecharía para decírselo. Hola,
Caro. Buen día.¿ Dormiste bien? Hola, Dieguito. Buen día. Sí, gracias. Ya está el mate.¿ Y Ariel?
Se fue hace un rato, tenía que ir hasta La Plata a darle de comer a la perra de sus papás. Tomé aire y
decidida se lo dije. Diegi, tengo que decirte algo. Dime, hermosa. Esta madrugada me levanté con sed y cuando bajé.¿ Nos viste? Perdón, Dieguito. Te juro que no era mi intención. Cuando los vi, me volví a mi habitación. Perdón, Dieguito. No tendría que haber espiado. Perdón. Tranquila, corazón. No pasa nada. pero¿ al menos te gustó lo que viste? Ay, Diegui, me da mucha vergüenza. Perdón,
Dieguito. Y por favor no le cuentes a Ariel, ahí sí que me moriría de la vergüenza. Tranquila, Caro. Ya te dije, no pasa nada. Y no se lo cuento a Ariel, tranquila, corazón. No dejaba de sentirme avergonzada, pero Diego me tranquilizó, y cuando volvió Ariel, nos sentamos a almorzar como si nada hubiera pasado. Por la tarde, estuvimos un rato en la pileta, tomando sol, mateando y conversando.
A eso de las siete de la tarde, les dije que me volvía para casa, mamá había estado esos días sola y quería aprovechar para estar un rato también con ella. Terminó el fin de semana largo y tocó volver al trabajo, y con Diego seguimos cada vez más cercanos. Como se había hecho ya costumbre, los viernes y algunos otros días también, al salir del bar, nos íbamos a su casa, cenaba con ellos y luego me iba para casa. Varias veces me decían que me quedara a dormir, pero prefería volver
a casa para no dejar sola a mamá. Casi un mes después, una mañana, mientras hacía algunas cosas en casa, Me sonó el teléfono. Al ver la pantalla, vi que era Ernesto. Hacía unos días que no hablábamos y lo
atendí. Hola, Ernesto. Hola, Caro.¿ Cómo estás? Bien, en casa, ordenando un poco.¿ Vos cómo andás?
Por suerte, todo bien. Bueno, dentro de mi normalidad. por supuesto. Te llamé porque quería contarte algo que quizás aún no sepas. Cuéntame. Hablé con Rafael y me contó que echó a Domínguez de la empresa. Finalmente, descubrió la maniobra del tipo y no le tembló el pulso, lo despidió sin pagarle un centavo.¿ En serio? Sí. Así que ya puedes estar tranquila, nada va a pasar con lo que te había hecho firmar ese desgraciado. Ay, Ernesto. Qué buena noticia.¿ Y cómo fue
que descubrió todo? No sé los detalles, pero pudo comprobar que él había hecho ese documento y que lo había impreso para hacértelo firmar. Y no quería un tipo así en su empresa, y menos como amigo. Qué tranquila me deja esto que me cuentas. Cada día me levantaba pensando que en cualquier momento me llegaría una citación o algo. Ya está,
Caro. Ya nada va a pasar. Gracias, Ernesto
por contarme esto. Así que ahora puedes volver a buscar trabajo como contadora. Gracias, Ernesto. No sabes la paz que me da esto. Por eso te llamé. Supuse que quizás no tenías forma de enterarte. Bueno, Caro, tengo que entrar en una reunión. Sí,
Ernesto, anda. Gracias. Muchas gracias por avisarme. Te mando un beso.
Otro para vos. Corté con Ernesto y se lo conté a mamá, quien me abrazó y lloramos juntas. Viste, hija. Todo se va a solucionar. Sí, mamá. El tema del trabajo sí, pero lo mío con Martín no tiene solución. Tranquila, hija.
Ten paciencia. El tiempo muchas veces lo cura todo. Ten fe,
hija mía. Esa misma tarde, al llegar al bar, hablé con Ignacio, quien estaba al tanto de lo que había pasado. Le dije que volvería a buscar trabajo como contadora y lo entendió, diciéndome que siempre habría trabajo para mí en el bar. Al día siguiente, preparé mi currículum y lo envié a un par de empresas. Aunque no tenía tanto apuro, necesitaba volver al trabajo para el que había estudiado con tanto esfuerzo. Unos días después, el miércoles, a eso de
las 10 de la mañana, sonó mi teléfono. Al ver la pantalla, Noté que era un número desconocido y pensando que podría ser de alguna de las empresas a las que había enviado mi currículum, atendí.
Hola.¿ Carolina Arroyo Peña? Buenos días. Sí, ella habla. Soy Rafael Correa Fuentes. Rafael.¿ Cómo está? Muy bien, Carolina. Te
llamaba porque necesitaba que hablemos. Si puedes, el viernes voy a estar en La Plata. Te espero en la consultora a las 10 de la mañana.
Sí, claro. A esa hora estoy ahí. Perfecto. Nos vemos el viernes entonces. Nos vemos, Rafael. Le mando un saludo.
Nos vemos. Corté la llamada con el corazón acelerado. No quería hacerme ilusiones, ya que no me había adelantado nada de lo que quería hablar conmigo. Podía ser tan solo para decirme lo de Domínguez o tal vez para que volviera a trabajar en la consultora. Le conté a mamá sobre la llamada y me abrazó. A partir de ese momento, estaba nerviosa, imaginando lo que podría pasar en esa reunión. El viernes, Antes de que sonara la alarma de mi teléfono,
ya estaba despierta, ansiosa porque llegara la hora. Desayuné con mamá y salí de casa con tiempo, no quería llegar tarde. Entré en el edificio de la consultora diez minutos antes de las diez. Me anuncié y me dijeron que Rafael ya me esperaba en la sala de reuniones. Me extrañó que no fuera en el despacho de dirección, pero daba igual. Golpeé la puerta y escuché la voz de Rafael diciendo. Adelante. Entré. Rafael se puso de pie, se acercó a mí y nos saludamos con un beso. Toma asiento,
Carolina, por favor. Un café. Sí, gracias.
Él mismo fue hasta la mesa donde estaba la cafetera y sirvió café para los dos. Los trajo junto con el azúcar, volviéndose a sentar frente a mí, me dijo.« Por favor, Carolina, podés tutearme».« Está bien, Rafael». Quise que habláramos personalmente.« No sé si estás al tanto de lo que pasó con Domínguez».« Supe que ya no está en la empresa, Ernesto me lo contó».« Así es». Ya no está en la empresa porque pude comprobar yo mismo lo que hizo y no me importó que fuera mi amigo.
No quiero gente así en mi empresa y por eso quería decírtelo yo mismo. Voy a ser sincero con vos. Cuando Domínguez me contó la maniobra, me sorprendió. Siempre vi en voz a una empleada dedicada y eficiente, incluso dicho por Francisco. pero te soy franco, no te conocía como persona y cabía la posibilidad de que lo que me contara Domínguez fuera verdad. Cuando Ernesto vino a hablar conmigo, frené lo que Domínguez pensaba hacer hasta estar seguro de
la realidad de los hechos. Pude comprobar que ese documento lo había hecho él en su computadora, que él mismo lo había impreso para hacértelo firmar. Luego estuve en su casa también y allí tenía esos papeles firmados, que, dicho sea de paso, aquí están. Abrió una carpeta y me dio los malditos papeles. En ese momento, me explotaron las lágrimas y me dijo. Tranquila, Carolina. Los puedes romper
si quieres. Ya no sirven para nada.
Gracias, Rafael. Nada va a pasar con esos papeles, así que por ese lado puedes estar tranquila. Y el otro tema que quería hablar con vos es preguntarte si te interesa volver a trabajar en la consultora. Sí, claro, Rafael. Siempre me gustó mi trabajo aquí. Lo sé, como también sé lo bien que lo has hecho, y por eso esta propuesta.¿ Aceptas volver
Por supuesto, Rafael. Me encantaría. Bien, eso esperaba.
Lo único que tengo que decirte es que no sería en tu antiguo puesto. No importa, Rafael. Puedo hacer cualquier otra
cosa. Puedo aprender lo que sea. Lo sé
lo sé. Pero te propongo otro puesto. Como la salud de Francisco volvió a estar bien, él ocupará la dirección general, y si aceptas, vos ocuparías la dirección de Francisco,¿ te parece? Ya has hecho ese trabajo, y muy bien,
por cierto. Sí, Rafael. Claro que acepto.
Me pone feliz esta nueva oportunidad. Me alegro que aceptes, en verdad lo esperaba. Además, te digo que en dos años o un poco más, cuando Francisco se jubile, vos ocuparás la dirección general. Así que tienes tiempo para prepararte. Gracias, Rafael. No te puedo explicar lo feliz
que me hace esto. Muy bien. Y si te parece,¿ arrancas el lunes? ¿Podrás? Sí, claro. Muy bien, Carolina. Nuevamente
bienvenida. El lunes te pones al tanto con Francisco de los temas pendientes. Ahora me tengo que volver a Buenos Aires. Gracias, Rafael.
Gracias por esta nueva oportunidad. Merecida, mujer. Se despidió de mí
Salimos juntos de la sala y le dije que iría a saludar a Francisco. Él bajó y yo caminé como en el aire hasta la dirección general. Golpeé la puerta y Francisco dijo.
Pase. Permiso, Francisco. Carolina. Qué gusto volver a verte. Rafael me dijo que vendrías.¿ Aceptaste el puesto, verdad? Sí, Francisco.
No te puedo explicar lo feliz que me siento. Me alegro que aceptaras.¿ Quién mejor que vos para ese puesto? Cuando Rafael me lo dijo, le respondí que era la mejor decisión que podía tomar. Gracias,
Francisco. Arrancó el lunes. Buenísimo. Me pone muy bien volver a trabajar con vos.
Y a mí, ni te cuento. Nos despedimos hasta el lunes con un abrazo. No cabía dentro de mí de tanta alegría, te estaba desesperada por llegar a casa para contárselo a mamá. Llegué a casa y se lo conté a mamá con lágrimas en los ojos. Una parte de mi vida volvía a estar en orden, aunque el resto siguiera siendo muy triste. Esa tarde, en el bar, le conté a Ignacio la propuesta de trabajo y él también se alegró. Pero cuando se lo conté a Diego, me
abrazó y lloramos los dos. Aunque me hizo prometerle que seguiríamos en contacto, y por supuesto, le dije que sí. El lunes llegué feliz a la consultora, incluso un rato antes de las nueve. Esperé a que llegara Francisco y, recién ahí, ocupé la que fuera su oficina. Esa parte de mi vida había vuelto a su sendero, pero no podía dejar de pensar en Martín, en qué estaría haciendo, cómo se sentiría y qué pensaría de mí. Y cuando estaba sola, no podía sino llorar por haberlo perdido. Volví
a estar feliz en el trabajo. Trabajar con Francisco era genial, siempre nos habíamos llevado muy bien y trabajábamos en perfecta sintonía. Casi un mes después, a media mañana de ese jueves, vi entrar a Rafael, que estaba en La Plata y pasó a saludarme. Luego tenía un par de reuniones y se volvía a Buenos Aires. No hablamos mucho, pero me dijo que estaba al tanto de mi desempeño por Francisco y que estaba muy conforme con nuestro trabajo. Cerca de las tres y media de la tarde, golpearon la puerta
de mi oficina y dije. Adelante. Entró una mujer de unos cuarenta y pocos años, muy arreglada. Con una sonrisa y un tono amable,
me dijo. Permiso. Carolina, ¿verdad? Así es. Me puse de pie y rodeé el escritorio acercándome
a ella. Es un gusto conocerte. Soy Miriame Recarte Vila, exesposa de Eduardo Domínguez. Cuando escuché el nombre de ese tipo, supongo que se me cambió la cara, porque me dijo. Quería conocerte y me alegro de que Rafael te haya vuelto a convocar. Gracias. No quiero robarte mucho tiempo, pero me gustaría que hablemos, si fuera posible, fuera de la empresa.¿ Crees que sea posible? Me tomó por sorpresa lo que me dijo.¿ Qué podría querer hablar conmigo esa mujer? Pero
no quise sonar descortés y le respondí. Sí, claro.
Salgo a las cuatro, si te parece bien. Perfecto, te espero en el hall de abajo. Gracias.
Bueno, nos vemos en un rato. Se despidió y salió de la oficina, dejándome bastante nerviosa, sin saber a qué se debía la charla, que, supuse, tenía que ver con su exmarido. Minutos después de las cuatro, bajé y allí estaba. Al verme, esbozó una sonrisa. Salimos las dos de la empresa y caminamos hasta el bar de la esquina. Nos sentamos, pidió café para las dos y me dijo.« Carolina», Quizás
te estés preguntando el porqué de esta charla. Quería hablar contigo de mujer a mujer, y antes que nada, quiero decirte que lamento lo que tuviste que pasar por culpa del malparido de mi exmarido y las consecuencias que eso te trajo. Me pongo en tu lugar y, sin dudas, me hubieras sentido tan mal como supongo que te has sentido vos.¿ Qué decirte? Me cagó la vida. Lo que hizo ese tipo.« Bueno, en verdad me la cagué yo por boluda por terminar aceptando eso. Y créeme que te entiendo.
No sé qué hubiera hecho yo en tu lugar. Lo que te hizo ese forro no tiene perdón. Pero bueno, por suerte Rafael supo la verdad y gracias a eso estoy trabajando nuevamente en la consultora. Te juro que me alegro por eso».« En ese momento», Nos trajeron el café y quedamos en silencio mientras dejaban todo. Quiero decirte que cuando supe lo que había hecho, además, al enterarme de sus infidelidades, ya no pude tenerlo cerca. Ese mismo día cambié las cerraduras de mi casa para que no volviera
a entrar. Cuando Rafael comprobó todo, no solo lo echó de la consultora sin pagarle un peso, sino que también fue a casa ese día y encontró allí los papeles que te había hecho firmar para extorsionarte. También le hizo firmar el traspaso de las acciones que tenía mi ex de la consultora, poniéndolas a mi nombre. Por Dios. Todo se supo. Ahí mismo empecé los trámites de divorcio. No podía seguir al lado de un tipo que fue capaz de hacer algo así, por más que sea el padre
de mis hijas. No quiero un hombre así cerca de mí. Te entiendo. es como si no supieras con quién has estado viviendo. Tal cual. Al quedarse sin trabajo y sin ingresos, empezó a buscar trabajo y consiguió un puesto por medio de un amigo en una empresa en Paraguay. Así que, hace unos meses, luego de que saliera el divorcio, se fue a vivir allí.¿ Y tus hijas? Mira, quizás suene mal lo que te voy a decir, pero prefiero tenerlo lejos. Es más, supuestamente me tiene que pasar una mensualidad por
las nenas, pero ni eso me importa. Después de todo, apenas las veía. Para que te des una idea, solo las vio una vez antes de irse a Paraguay.¿ Qué forma de arruinarse y arruinarles la vida? En el fondo, creo que doy gracias de haber sabido todo. Desde hacía tiempo me venía siendo infiel y yo, como una boluda, pensando que éramos la familia ideal. Lamento que todo resultará así. La verdad es que yo no. Más allá de no ser ya una familia, mis hijas y yo estamos bien,
y eso es lo importante. Claro.¿ Vos trabajás? Soy licenciada en informática. Hasta que me casé, trabajé como perito informática. Luego dejé de trabajar porque él me lo pidió y elegí quedarme con las nenas. No me arrepiento de eso. Ahora estoy por abrir una casa de ropa femenina en Citibel y por eso he venido a hablar con Rafael para vender las acciones.¡ Qué bueno! Me alegro de que puedas retomar tu vida. Lo más importante es que tus hijas estén bien. Sí, la verdad es que se lo
han tomado bien. Les dije que su papá tenía que trabajar lejos. Claro. Quiero ser sincera con vos y preguntarte si estás al tanto de cómo se supo todo lo que pasó. No sé si conoces a Ernesto, amigo de Rafael. Sí, claro. Él me avisó que Rafael lo había echado, y días después, Rafael mismo me lo dijo cuando me volvió a ofrecer trabajo, pero no me contó los detalles. Quizás esté por contarte algo que no debiera, pero me parece que tienes que saberlo.
Su mirada me intrigaba, no sabía qué era eso que no estaba segura de contarme.¿ Sabes quién fue el artífice de que todo se supiera? Incluso de que yo me enterara de las muchas infidelidades de mi ex.
La verdad es que no, no tengo ni idea. Uf.¿ Te lo digo o no te lo digo?
No entendía lo que me diría o no, con su cara seria me miraba, dudando quizás.
Fue Martín. ¿Martín? Así es. Según entiendo, tú aún esposo. Sí.
Cómo que Martín tuvo que ver con esto? Tengo que decirte que conocí a Martín y hemos hablado muchas veces. No entiendo nada. te voy a contar lo que pasó, al menos hasta donde yo sé. Luego de que le contaras todo y él se fuera de tu casa, unos días después, una amiga tuya lo llamó y le pidió ayuda económica por si llegabas a necesitar un abogado, ya que sabía que le habías dejado todo tu dinero. Martín le dijo que sí, pero con la condición de que
vos nunca lo supieras. A partir de ahí, aunque lo supe después, Martín empezó a seguir a mi ex y así descubrió que tenía un departamento del que yo no tenía ni idea. A ese departamento llevaba mujeres una o dos veces a la semana. Dio la casualidad de que el encargado del edificio era un excompañero de Martín en el supermercado, un tal Mauro. Sí, lo conozco. Trabajaba con Martín en el supermercado donde nos conocimos. Ese mismo. Y fue él quien le contó lo que hacía mi ex allí.
Incluso le mostró las grabaciones de las cámaras, entrando o saliendo con mujeres, a los besos y abrazos en el hall del edificio.¡ Qué desgraciado!¿ Y cómo conociste a Martín? En realidad, fue él quien buscó conocerme. ¿Cómo? Él quería saber si con mi ex éramos una pareja abierta, liberales,¿ me entiendes? Saber si yo estaba al tanto de lo que hacía mi ex con otras mujeres. Pegado a la casa donde vivíamos con mi ex, estaba la casa de mi hermana y mi cuñado. Ellos se habían mudado y
la tenían en venta. La cosa es que Martín, un día, me contó que estaba interesado en esa casa, que la quería comprar porque le gustaba la zona. Me preguntó si conocía a los dueños, para saltearse la comisión de la inmobiliaria. Me pareció un hombre educado y respetuoso, y pensando en que podría ser mi futuro vecino, lo contacté con mi cuñado. Quedó en ver la casa y, como mi cuñado trabaja en Avellaneda, me dejó las llaves y yo misma le mostré la casa. Le encantó y ya creí que sería
mi futuro vecino.¿ Qué decirte? Me cayó bien. Unos días después, me preguntó si podía verla con un arquitecto y le dije que sí. Ese día vino, nos pusimos a hablar, como lloviznaba, lo hice pasar a casa. Me dijo que el arquitecto estaba demorado y conversamos un rato. Me inventó que tenía una pareja abierta y qué sé yo, para ver mi reacción. Yo le terminé diciendo que nunca podría estar con otro hombre y que no soportaría que mi
esposo estuviera con otra mujer. La cosa es que, un rato después, me dijo que ya no quería mentirme más.¿ Te imaginas que cuando me dijo eso, me asusté y quería que se fuera de mi casa? Se levantó para irse, y de camino a la puerta me preguntó si sabía dónde estaba mi esposo. Le dije que con un amigo, me preguntó si estaba segura y, la verdad, me hizo dudar. Luego me contó lo que había hecho mi ex con vos y que te habías terminado acostando con él. Te digo la verdad, por un lado no creía nada de
lo que me estaba diciendo, pero empecé a desconfiar. Pero cuando me mostró los videos de las cámaras de ese edificio y vi al pelotudo con varias mujeres en distintos días, se me vino todo abajo. Ahí fue cuando me contó que había hablado con Ernesto.¿ Con Ernesto? Sí, por tu amiga consiguió su teléfono y se vieron en persona
Por Dios. No puedo creer todo esto. Créelo. pero espera
que falta más. Fue ahí cuando Martín me contó dónde te había conocido mi ex, cuando tuviste que trabajar de... de prostituta, Miriam. Eso fui. Y también me contó la razón por la que habías llegado a eso. Y que no merecías lo que estabas viviendo por culpa de mi ex. Mientras me contaba eso, llamó mi ex para decirme que cenaba con su amigo y que volvía tarde. Pero Martín, delante de mí, llamó a Mauro y éste le confirmó que seguía ahí con la mujer. Te podrás imaginar cómo
me sentí en ese momento. La más pelotuda de todas. Esa noche decidí que ya no seguiría con mi ex, pero quería pescarlo con otra mujer en ese departamento. Por eso, me banqué otra semana con él. Arreglé con Martín para que Mauro me avisara cuando mi ex iba con otra mujer. Luego supe que Martín se volvió a contactar con Ernesto y fueron a Buenos Aires. Martín quería hablar directamente con Rafael. Martín fue a ver a Rafael.¿ A Buenos Aires? Así es.
Y lo convenció para que él mismo descubriera la maniobra del pelotudo. El jueves de la semana siguiente, mi ex fue con una mujer al departamento. Martín me avisó. Me fue a buscar a Citibel, me llevó al edificio y le pedí que se quedara por si pasaba algo.¿ Y lo enganchaste con otra mujer? Tal cual. Le dije que ya no volviera a casa y que me divorciaría de él. Salimos de ahí y Martín me volvió a llevar a casa. Con un cerrajero, cambiamos las cerraduras para que mi ex
no pudiera volver a entrar y luego se fue. Después me enteré de que habló con Rafael y que él mismo, al día siguiente, se apareció en la consultora con un périto y el abogado. El périto demostró que mi ex había hecho e impreso el documento y lo terminaron echando. Luego fueron a casa y allí encontraron los papeles que vos habías firmado. En ese momento, le hicieron firmar el despido sin cobrar un centavo y el traspaso de las
acciones a mi nombre. Todo había terminado y, y si te soy sincera, le agradeceré siempre a Martín el haberme abierto los ojos. Ni Ernesto ni Rafael me dijeron nada sobre Martín y lo que había tenido que ver en todo esto. Martín no quiso que lo supieras. Tampoco tu amiga te contó nada, Martín le hizo prometer que no lo haría. Por Dios. Yo le quería agradecer a Martín y lo llamé para encontrarnos, y aceptó. Nos encontramos en un restaurante para cenar, y cuando lo vi llegar, traía
una cara de tristeza que no te puedo explicar. Cuando le pregunté, me dijo que, como otras veces, había pasado por el bar donde trabajabas tan solo para verte a la hora de salir. Nunca me di cuenta. Que me dijera eso me provocó una emoción tremenda. Por algo iba a verme. pero lo que me dijo luego me hizo aterrizar nuevamente. Pero esa noche te vio irte con un chico en una moto y te siguió hasta un edificio donde entraron juntos. Por Dios. Es un compañero de trabajo
y amigo. Pero no tengo nada con él. De hecho, es gay y tiene pareja hace casi tres años. Los conozco a los dos y voy siempre a su casa en ese edificio. y en verdad me han ayudado mucho en este tiempo, incluso nos seguimos viendo. No te puedo creer.
Y creyó que tenía algo con él? Así es. Por eso te digo que la cara se le caía al suelo.
Pero bueno. Cenamos y esa noche lo invité a un viaje a Brasil, pero no aceptó. Me di cuenta de que sigue enamorado de vos. y por eso no he vuelto a insistir, ni hemos vuelto a vernos. No puedo creer todo esto. Nunca me ha vuelto a llamar, ni a mandar un mensaje, y mucho menos a vernos. Siempre pienso que me va a llegar la citación por el divorcio. Por Dios. No sé qué pensar. No te voy a mentir, Miriam,
sigo enamorada de él como el primer día. Lo extraño a cada momento y no dejo de arrepentirme por lo que hice. Nunca me perdonaré haberlo engañado. No pude evitar las lágrimas. Todo lo que me había contado me hizo pensar en todo lo que él había hecho por mí, pero¿ qué podía pretender yo? Si le había sido infiel, le había mentido y ocultado tantas cosas. Carolina quería que lo supieras. Quizás cuando Martín lo sepa me odie por haberme metido, pero como mujer, me puse en tu lugar
y creí que tenías que saberlo. No sé qué sienta o decida con respecto a vos, pero yo te puedo asegurar que te sigue amando. Quizás necesite tiempo para poder perdonarte, no sé. No sé, Miriam. Te juro que lo que más deseo en la vida es volver a verlo, pedirle perdón y jurarle por mi vida que nunca más haré algo que lo lastime. Te juro que, más allá de mi mamá, del trabajo o de lo que sea, me siento vacía sin él. Lloro cuando estoy sola, no quiero que nadie me vea, pero hay días en que no
quiero ni salir de la cama. Si no estuviera mamá, no sé cómo haría. Yo creo que se podría llegar a solucionar. Siento que los dos se aman y que tarde o temprano volverán a estar juntos. Quizás solo necesiten volver a verse, estar frente a frente. Yo no quiero insistir. El día que se fue de casa me dijo que no lo llamara ni le escribiera. Y al menos eso se lo voy a respetar.
Te entiendo, corazón.¿ Puedo pedirte algo? Sí. Me gustaría seguir en contacto
con vos. Me pareces una chica bárbara, pero entiendo si no te parece. No tengo problema. Le pasé mi número de teléfono y me envió un mensaje para que me quedara con el suyo. Cerca de las siete de la tarde, salimos del bar y nos despedimos con un beso. En el taxi de camino a casa, mil cosas se cruzaron por mi cabeza. Todo lo que había hecho Martín por mí tenía una razón de ser, y si era verdad lo que decía Miriam sobre que seguía enamorado de mí,
me daba alguna esperanza. Pero él nunca había intentado tener ningún contacto conmigo, ni siquiera para hablar de divorcio o de la casa, que estaba a nombre de los dos. Todo un lío. Pero, en el fondo, se encendía una pequeña luz de esperanza. Quizás, como ella dijo, sea cuestión de tiempo. Traté de volver a mi vida, de estar tranquila pensando que tal vez la vida me diera una oportunidad con Martín. Si él me diera esa nueva oportunidad,
no lo volvería a defraudar. Era el mes de abril y los primeros días me llamó Ernesto para invitarme a su cumpleaños el 13 de ese mes. Cumplía 50 años y haría una fiesta en su casa, en la que vivía desde que se había divorciado y que yo no conocía. El 11 de abril, a eso de las 6 de la tarde, me llegó un mensaje de Miriam saludándome y preguntándome si iría al cumpleaños de Ernesto. Le dije que sí y me dijo que me pasaría a buscar por donde yo le dijese,
y así iríamos juntas. No me pareció mala idea para no llegar sola a su casa. Ese día, al salir del trabajo, me fui al centro y le compré una camisa a Ernesto como regalo de cumpleaños. Habíamos quedado con Miriam en que me pasaría a buscar a las ocho por casa. No me arreglé demasiado, hacía tiempo que ya no tenía ganas de hacerlo. A las ocho en punto, sonó el timbre y, al abrir, me encontré con una Miriam impecablemente vestida, tan arreglada, que le pregunté si yo
estaba mal vestida. Me dijo que no, y en el auto, de camino a casa de Ernesto, me dijo. Quiero contarte algo, Carolina. Desde hace un tiempo, nos estamos viendo con Ernesto. Me parece un hombre como pocos, nos sentimos muy bien los dos, la pasamos bárbaro y esta noche mi regalo de cumpleaños es Quedarme a pasar la noche con él. No hemos estado íntimamente aún, hoy será nuestra primera vez. Y te digo la verdad, me tiene entusiasmada pero muy nerviosa. Es
un hombre excelente. De los que no se ven mucho. Tengo que contarte que sé que varias veces estuvieron juntos. Él me lo contó, incluso lo del viaje a Uruguay. Así que la curiosidad me puede, decime cómo es en la cama, porfa. No me gusta hablar de esas cosas, pero es un
caballero. Con eso me basta. Ja, ja.
Llegamos a casa de Ernesto, nada lujosa, una casa normal donde ya había bastante gente. Lo saludé con un abrazo por su cumpleaños y le entregué mi regalo. Saludé a los presentes, varias personas que no conocía. y le dije a Ernesto que le daba una mano en la cocina, ya que estaba un poco perdida. El timbre sonaba a cada momento, y Ernesto iba a saludar a los invitados que iban llegando. Miriam también estaba ayudando, yendo y viniendo con los platos servidos. Volvió a sonar el timbre y
Ernesto salió nuevamente de la cocina. Escuché que la puerta se abrió, un hombre le dijo,« Feliz cumpleaños», y Ernesto respondió, qué gusto verte, Martín. Tan solo por escuchar ese nombre, se me aceleró el corazón, pero bien podría ser algún amigo de Ernesto llamado Martín. Después de todo, no eran amigos ni tenían relación como para que lo invitara a su cumpleaños.
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy.
Hasta la próxima.
