Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Las vueltas de la vida, parte 10 No olvides suscribirte para que no te pierdas ninguna de las historias. Ya sabría algo más al día siguiente con su esposa. Salí temprano de casa Me estacioné en la esquina y lo vi salir con las niñas. Esperé hasta las nueve y le envié un mensaje a Miriam. Buenos días, Miriam.
Llego en diez minutos. Su respuesta fue inmediata. Buen día, Martín.¿ Cómo estás? Ok, te espero
Di un par de vueltas y estacioné a unos metros de su casa. Miriam ya estaba en la puerta y al llegar junto a ella, se acercó a mí y nos saludamos con un beso.¿ Cómo estás, Miriam?
Muy bien. Viendo si tendré nuevo vecino. Ya veremos.
Pero me gusta mucho esta zona. Caminamos esos pocos metros hasta la puerta de la reja que daba al jardín delantero, que aunque estaba descuidado, se veía muy bien. Abrió la puerta principal y entramos. Me fue mostrando la casa, que sin dudas conocía muy bien. Fui mostrando interés y le pregunté algunas cosas sobre las instalaciones, como si tenía gas natural,
agua corriente, cloacas y esas cosas. Recorrimos los dormitorios, que eran tres, con dos baños, luego el amplio estar comedor que daba al fondo, la cocina, el lavadero, el garaje y, por último, salimos al patio. Había una parte con piso de mosaicos y el resto era un jardín de unos 20 metros de largo, donde también había una pileta no muy grande, pero adecuada. Allí, en el patio, mirando hacia la casa, Miriam me dijo. Esta casa y la mía eran iguales,
pero a la nuestra le hicimos varias modificaciones. Ampliamos el estar comedor hacia adelante y cerramos una parte del patio con aberturas vidriadas y quedó como un jardín de invierno. Lo tengo lleno de plantas y ahí juegan las chicas cuando hace frío.¿ Tienes hijas? Sí, dos, Isabela de ocho y Juanita de seis. Están en primero y tercer grado.
Qué bueno! Son mis dos soles.¿ Qué decirte, Miriam? La verdad, me gusta. Creí que estaba un poco peor, pero está muy bien. Me gusta
mucho
Bueno,
ahora falta la otra parte. Supongo que podremos llegar a un acuerdo con Fernando. Vengo ahorrando desde hace tiempo. Seguro que
sí. Así que, quizás seamos vecinos.
Ojalá. Esa expresión, junto con su mirada y su sonrisa, denotó algo, aunque yo no iba a decir nada, tenía que seguir mostrándome simpático y respetuoso. Miriam, te quería consultar. Me gustaría volver a ver la casa con un amigo arquitecto para que me aconseje qué hacer. En verdad, no tengo mucha idea.¿ Habrá inconveniente en volver en la semana con él? No, yo le digo a Fernando que me deje la llave. Avísame cuando vuelves y arreglamos. Buenísimo. Volvimos
a salir a la vereda. Esperé hasta que cerrara todo y nos despedimos en la puerta de su casa, nuevamente con un beso. Me resultaba una mujer muy amable. No podría decir su edad exacta, calculaba unos 42 o 44 años. pero realmente bien llevados. De cuerpo normal, sin nada que sobresaliera, pero aparentemente todo en su sitio, y sin dudas, más joven que el hijo de puta del marido. El fin de semana, al igual que los anteriores, me resultó bastante triste.
Me había acostumbrado a disfrutarlos con Carolina, así que me sentía bastante bajoneado. Cuando podía, salía a dar una vuelta o a tomarme una cerveza por ahí. La semana siguiente, volví a pasar por el edificio para ver a Mauro. Como agradecimiento, se me ocurrió darle unas órdenes de compra que disponemos los gerentes mensualmente como forma de cortesía y le daría cuatro. Al llegar, inclusive con unas medialunas para el mate, entramos al cuarto. Mientras mateábamos, Saqué los vouchers
del bolsillo y le dije. Maurito, esto es para vos. Los vio y me miró con cara de sorprendido. Estás loco, Tincho. No hacía falta esto. Es una forma de agradecerte lo que estás haciendo por mí. Gracias,
Tincho. Pero es un montón. Casi un sueldo mío. Compra lo que te haga falta. Gracias, querido. Necesito pedirte un último favor.
Lo que quieras. Si es para cagar al forro del quinto, cuenta conmigo. Necesitaría que el viernes estés atento. Si viene el tipo con alguna chica, necesito que grabes con tu teléfono la pantalla y, una vez que haya entrado, me mandes el video.¿ Puede ser?
Cuenta con eso.¿ Tienes algo pensado? Algo así.
Quizás, por casualidad, la esposa de este turro
vea ese video. Sí.
Toma, viejo forro. Nos reímos los dos y, después de otros mates, me fui para casa. El miércoles por la mañana, llamé a Miriam. Después de tres tonos de llamada, me atendió. Hola, Martín.¿ Cómo estás? Que me saludara así significaba que había guardado mi número de teléfono en sus contactos y eso era otro punto a favor. Buenos días, Miriam. Perdón por la molestia.
No es molestia, vecino. Te quería consultar. Hablé con el arquitecto y podría ir para allí el viernes, pero por la tarde, más o menos a las cinco.¿ Será posible? Si te complico, no hay problema, podemos ir otro día. No hay problema, Martín. Normalmente están las chicas a esa hora, pero justo el viernes, mi mamá y mi papá las van a buscar al colegio, y de ahí se van al cine y se quedan a dormir en casa de sus abuelos. Buenísimo. De todas maneras, ese día te confirmo. Tranquilo.
Estoy acá. Las chicas vuelven el sábado y mi esposo los viernes suele venir más tarde también. Buenísimo.
Te reagradezco. No tenés nada que agradecer. Nos vemos el viernes, entonces. Dale. Un beso. Otro para
vos. Esa familiaridad que había logrado tener con ella, supongo que imaginando que seríamos vecinos, me venía muy bien. Mi plan iba viento en popa, aunque al final la cosa tendría sus efectos colaterales, pero bueno, hasta quizás le esté haciendo un favor. El miércoles por la noche, a la hora que sale Carolina de su trabajo... Volví a pararme en la vereda de enfrente. Ni siquiera sabía muy bien cómo manejar todo esto, pero no me podía mentir a mí mismo, la extrañaba y me dolía verla así, por
todo lo que estaba pasando. A las ocho y cuarto la vi salir, como la vez anterior, con la mirada baja y la tristeza en la cara.¿ Por qué todo tuvo que ser así?¿ Por qué no me lo contaste, Carolina? Las cosas podrían haber sido tan diferentes. El viernes por la mañana llamé a Miriam.
Hola, vecino. Hola, Miriam.¿ Cómo estás?
Venís hoy con el arquitecto? Justo por eso te llamaba. Nos encontraremos allí a eso de las cuatro y media o cinco de la tarde.¿ Podrá ser? Sí, claro.
Estoy aquí a esa hora. Buenísimo. Nos vemos entonces. Hasta luego, vecino. Chao, vecina. Todo
iba bien. Ningún arquitecto iba a ir, pero esperaba que lo que tenía pensado saliera bien. Antes de ir para Cerival, hablé con Mauro y acordamos que me enviaría el video si el tipo entraba con alguna mujer al edificio. Era una tarde húmeda y gris, con una llovizna casi imperceptible que molestaba más de lo que mojaba. Estacioné en la puerta y bajé del auto, quedándome debajo de un árbol. Un momento después, salió Miriam de su casa. Nos saludamos
a través de la reja y le dije. Miriam, me dice el arquitecto que está algo demorado, pero me confirmó que viene.
No hay problema. Lo espero en el auto. Cuando llegue, te toco el timbre. Ven, Martín. Pasa, que está lloviendo. Está bien, Miriam, no quiero importunarte. No es molestia.¿ Tomás mate? Sí, claro. Bueno. Pasa ahí, mientras lo esperas, me acompañas
con unos mates. Bueno, dale. Abrió la reja, nos saludamos ahora sí con un beso y entramos a la casa. Fui tras ella y no pude evitar mirar el hermoso trasero de Miriam. Fuimos directamente a la cocina, donde unos taburetes altos rodeaban una isla. Me senté y, un momento después, Miriam se acercó con el mate, sentándose a mi derecha en la isla. Hoy me acordé y descargué el teléfono. El otro día no pude sacar fotos. Aunque el arquitecto
me dijo que él también sacaría. Perdón por la pregunta, Martín, no quiero parecer chusma, pero¿ estás casado?
Tenés hijos? Bueno, no y no.
Pero tengo una novia y con ella nos vendríamos a vivir aquí. En verdad, No hablamos de casamiento. Para nosotros, el hecho de vivir juntos es como si lo fuera. No somos adeptos a algunos formalismos. Claro. La gente ya no se casa como antes.
Y está bien.
Supongo. Son estilos de vida, maneras de vivir, creo yo. Alguna vez hemos hablado de hijos, pero ambos pensamos que para más adelante. Por ahora estamos muy bien así, disfrutando de la vida a nuestro modo. Claro. Te entiendo. En los últimos años, las relaciones han cambiado mucho. Antes, la gente se casaba para toda la vida.¿ Qué sé yo? Tal cual. Pero con Patricia, mi novia, tenemos nuestra propia visión de lo que significa una pareja. Quizás un poco
diferente a otras personas, menos tradicional, digamos. Lo importante es llevarse bien, pasarla bien, disfrutar de lo que les gusta. Eso mismo. Y te digo que quizás vemos las relaciones de manera distinta porque somos un poco más abiertos, como decirte. ¿Liberales? No quería ser tan directo, pero sí, algo así. He sabido de algunas parejas que han abierto la relación, es más común ahora. Yo creo que siempre ha existido, ahora está un poco más aceptado, más normalizado. Cuando lo hablamos
con Patricia, estuvimos de acuerdo. Yo estoy con otras mujeres y ella con otros hombres, pero siempre nos lo contamos, nada es a espaldas del otro. Cuando alguien nos gusta, lo comentamos, si se da la ocasión, también, y luego compartimos la experiencia. Claro, es decir, no son infieles. Exactamente. Los dos sabemos todo del otro, nos contamos todo. Creo que la sinceridad es lo más
importante. Ay.¿ Qué sé yo? Creo que
yo no podría. No me imagino estar con otro hombre y que mi marido lo sepa, y no sé si soportaría que él esté con otra mujer. Quizás ya soy vieja para pensar así, o tengo el cassette generacional. Pero no sos vieja, Miriam.
Sí. Voy para 43. Y eso no es ser vieja
Al menos para mí. De hecho... Hace un par de meses estuve con una mujer de 45 y para mí no era vieja. Al contrario, me parece que a esa edad se tienen las cosas más claras. No sé, se me ocurre.
Cuántos años tenés, Martín? 28. Yo había calculado entre 28 y 30. Anduve cerca.¿ Y a qué te dedicas? Soy
gerente de zona
de
la cadena de
supermercados.
Qué bueno! Seguimos conversando, mate de por medio, cuando me llegó un mensaje. Sabía que era de Mauro y, al mirar el corto video, pude ver al tipo entrando con una chica, tomándola por la cintura y dándole un beso en la boca mientras esperaban el ascensor. ¡Listo! Ya tenía cuanto necesitaba. Por la conversación con Miriam, no eran una pareja abierta y, al parecer, ella no estaba al tanto de las andanzas de su marido. Había llegado el momento
de sacarme la careta. Miriam me parecía una buena mujer, no quería seguir mintiéndole, y creo que no se merecía los cuernos que tenía. De paso, le fastidiaría la vida al hijo de puta. Me quedé un momento en silencio mirando el teléfono. Me daba cuenta de que Miriam me observaba, cegaramente pensando que ese mensaje era del arquitecto, y así fue.
Era el arquitecto?¿ No puede venir? No, Miriam, no era el arquitecto. Perdón.¡ Qué entrometida!
Luego de un pequeño silencio, la miré a los ojos y le dije. Voy a ser sincero contigo, Miriam. ¿Por
No quiero mentirte más.
Creo que no te lo mereces. No va a venir ningún arquitecto, ni tampoco tengo intenciones de comprar la casa. ¿Cómo?¿ Qué me estás diciendo? Que todo esto es una farsa. En realidad, estoy casado, pero mi matrimonio hace tiempo que se fue a la mierda. ¿Cómo?¿ Entonces por qué todo esto? En realidad, vos no tenés nada que ver en todo esto, Miriam. Esto no me gusta, Martín. Todo bien, pero te voy
a pedir que te retires de mi casa. Entiendo y ya me voy, pero antes déjame preguntarte algo.¿ Sabes dónde está tu esposo en este momento?¿ Qué tiene que ver Eduardo en esto? por favor, ándate, Martín. Me estás asustando. No sé qué pretendes. Me puse tranquilamente de pie para que supiera que estaba dispuesto a irme. Caminé unos pasos hacia la puerta para que supiera que no le haría nada, pero necesitaba sembrarle la duda. No te asustes, no te
voy a hacer nada. Ya me voy, pero antes, te vuelvo a preguntar,¿ Sabes dónde está Eduardo Domínguez en este momento? No me tengas miedo, no soy un loco. Quizás hasta me lo termines agradeciendo.¿ Cómo sabes quién es mi marido? Digamos que sé quién es.¿ Sabes dónde está en este momento y con quién? Se encontraba con un amigo, como todos los viernes. Si lo llamas,¿ crees que te atenderá? Yo que vos probaría hacerle una videollamada. Si está con
un amigo, no creo que tenga problemas en atenderte. Creo que le picó el bichito de la duda. Tomó su teléfono y lo llamó, pero, por supuesto, no tuvo respuesta.¿ Qué quieres, Martín? No entiendo para qué todo esto. Mi esposa trabajaba en la consultora donde tu esposo es director. Sé que Rafael lo puso ahí. Pero tu maridito le hizo firmar a mi esposa unos papeles que resultaron ser una contratación fraudulenta por mucho dinero. Y con eso la chantajeó, o se acostaba con él o la denunciaba. Eso no
puede ser. Mi marido no haría algo así. Entiendo que no me creas, pero mi esposa finalmente se terminó acostando con tu marido para que le devolviera esos papeles. Sin embargo, él quería seguir acostándose con ella y nunca se los dio. Mi esposa tuvo que renunciar y, cuando llegué a casa, me lo contó todo, lo que hizo que mi matrimonio se fuera a la mierda.¿ Qué hubieras hecho en mi lugar? No tengo nada contra vos, de hecho, me pareces una
hermosa mujer y una buena persona. Y si no tienes una pareja abierta con tu esposo, tienes unos cuernos grandes como una casa. No te creo nada. Eduardo no me haría eso. Tomé mi teléfono y amplié el video para que se viera a pantalla completa. Se lo entregué y le dije. Delple, por favor. Ella miró atentamente la pantalla. Es tu esposo, ¿verdad? Mira la fecha y la hora de esa grabación. Me devolvió el teléfono y me preguntó.¿ Esto es de ahora?¿ Está ahora con esa mujer? Así es.
Cada jueves o viernes va a ese departamento con una mujer. Busqué los otros videos y se los mostré. Su cara se fue transformando, se le llenaron los ojos de lágrimas, pero creo que de rabia.¿ Dónde es esto? En la calle 12, entre 34 y 35. No lo puedo creer. Creo que ambos somos víctimas en esto. Después de saberlo, ya no estoy con mi mujer, pero no puedo permitir que tu marido se la lleve de arriba. No era mi intención joderte la vida, pero de algún modo tenía que pagar por lo que hizo.¡
Qué hijo de puta! Y yo como una boluda, quedándome en casa con las nenas, esperándolo.¡ Qué hijo de puta! Lo voy a hacer mierda.¿ Cómo conseguiste esos videos? Cuando mi esposa me lo contó todo, me fui de casa. Pero hace unos días... Una amiga de mi esposa me llamó para decirme que tu esposo le había dado curso a la contratación, con lo que mi esposa quedaba implicada. Incluso habló con Rafael para iniciar acciones legales. Fue entonces
cuando lo empecé a seguir, para ver qué hacía. También hablé con Ernesto, otro amigo de Rafael que mi esposa conoce, para saber qué le había dicho tu marido. Lo conozco a Ernesto. de algún cumpleaños de Rafael. El tema es que la semana pasada seguía tu marido cuando salió del trabajo hasta ese edificio. Lo vi entrar y dio la casualidad de que el encargado de ese edificio fue repositor junto conmigo en mis inicios en la cadena y él me lo contó.¡ Qué hijo de puta! Es más, si querés,
le puedo preguntar si todavía sigue ahí. Pregúntale. Por favor.
Ok, pero por favor, no digas nada. Que no te escuche, ¿sí? Oga. Lo llamé a Mauro y puse el altavoz. Hola, querido. Gracias por el videíto. No hay por qué, Tincho. Lo que necesites.¿ Te hago una consulta
Está ahí todavía? Sí, querido, todavía están los dos en el quinto, la minita no salió. Antes de irte,¿ me podrás avisar si ya se fue? Tranquilo. Hoy no tengo nada que hacer, me voy a quedar hasta que se vaya. Por vos, cualquier cosa, amigo. Te agradezco, Maurito. Un abrazo. Corté la comunicación y Miriam me miraba con lágrimas en los ojos. Perdón, Miriam. Nunca fue mi intención causarte estos problemas. Después de conocerte y de saber que estabas ajena a todo,
creí que también era justo que lo supieras. Después de todo, es mi esposa, pero también tu marido. Y me parece, al menos por lo poco que te conozco, que tampoco mereces esos cuernos. Me siento la más pelotuda de todas creyendo que teníamos una familia feliz dejándolo todo por atenderlo a él y a las nenas. No pude ser más boluda. Me apenó verla así. Sin dudas no se merecía un tipo así. Hasta me daban ganas de abrazarla al verla llorar así pero no quería complicar más las cosas. Perdón
por todo, Miriam. Será mejor que me vaya. Espera, por favor. Perdón por echarte de esa forma. De hecho, me caíste bien, me pareciste un tipo educado y respetuoso y en verdad creí que seríamos vecinos. Pero entiendo por lo que estás pasando. Y te juro que nada sé de lo que ha hecho o hace mi marido. El temor en su cara había desaparecido, dejando una expresión de desazón en su lugar.— Perdón, Miriam.
En ese momento, sonó su teléfono. Al ver quién era, llevó su dedo índice a su boca, haciéndome el gesto para que me quedara en silencio. Sin duda será ese tipo. Miriam atendió la llamada y puso el altavoz
Hola, Edu. Hola, mi amor. Te llamé hace un
rato. No lo escuché, tenía el teléfono en el bolsillo del saco. Por eso te llamo.¿ Pasó algo? No, nada, solo para avisarte que las nenas se quedan a dormir en casa de mamá. Ah, bueno. De paso te aviso que al final nos vamos a cenar con Carlos. llegaré a eso de las doce o una. Bueno, quizás aprovecho y me voy a lo de Carla. Me llamó hace un rato, hablamos y me dijo que fuera a cenar con ella porque estaba sola. Le dije que te esperaba
a cenar, pero si no venís, por ahí me voy. Bueno, ya te digo, yo llegaré a más tardar a la una. Así que aprovecha, así no te quedas sola. Bueno, no le confirmé, ya veré si me decido.
Bueno, nos vemos luego. Chao, Edu. Cortó la llamada y me miró.¿ Eso quiere decir
que se queda hasta esa hora con la mina? Probablemente.¡ Qué pelotuda me siento! De no saber todo esto, lo estaría esperando como una boluda. Lo lamento, Miriam. Nunca fue mi idea que tuvieras que pasar por esto. Está bien, Martín. Te entiendo. Anda a saber desde cuando soy la más cornuda. Eso sí que no lo sé a ciencia cierta, pero te voy a contar algo. Siéntate, Martín, por favor. En el mismo momento en que mi esposa me contó sobre la extorsión de tu marido... antes de confesarme que se
había acostado con él, me reveló algo más. Para que lo entiendas, te lo voy a explicar. Tanto mi esposa, que por cierto se llama Carolina, como yo, venimos de familias muy humildes de vivir al día. Nos conocimos de adolescentes, Carolina siempre quiso estudiar en la universidad y ser contadora, lo cual logró con mucho esfuerzo. Yo, en esa época, no tuve la posibilidad de seguir estudiando y ahí fue cuando empecé a trabajar en el supermercado. Allí nos conocimos
y un tiempo después nos pusimos de novios. Luego fui encargado del súper y, tiempo después, me salió una oportunidad inmejorable de trabajo, un ascenso que en ese momento era mucho más de lo que podía pretender, pero tuve que irme a vivir a Bahía Blanca. En ese momento lo dejamos con Carolina, pero la verdad es que nunca dejé de amarla. En esos años, falleció su padre y su madre, tras un intento de suicidio, estuvo internada varios meses en
una clínica psiquiátrica. Para poder pagar todo eso, ella trabajó como prostituta y ahí conoció a tu marido, la contrató una vez. Cuando su madre dejó la clínica, ella dejó de prostituirse, se recibió de contadora y, gracias a Ernesto, consiguió trabajo en la consultora. Pobre chica. Lo que tuvo que pasar. Yo no supe de eso, de haberlo sabido, la habría ayudado para que no tuviera que hacerlo. Y
después Rafael puso a Eduardo ahí. Así es. La primera vez que lo vio, lo reconoció inmediatamente, aunque le pareció que tu marido no. Pero cuando ocupó el lugar de director, lo tenía que ver todo el tiempo, y un par de meses después, él le hizo esa jugada. Ella aceptó acostarse con él para evitar lo que se le venía. Nunca creí que pudiera hacer algo así. Y se hace pasar por marido y padre ejemplar.¡ Qué hijo de puta! Más allá de que lo nuestro se haya ido por
el barranco, Carolina no se merece algo así. Como bien dijiste, ya pasó por muchas, y por eso todo esto.¿ Cómo no me di cuenta? Pero ahora todo tiene sentido. Yo lo dejé todo por la familia, Martín. Soy licenciada en informática y, cuando lo conocí, trabajaba como perito informática para un juzgado. Lo dejé todo por él, tuvimos a las nenas y nunca más volví a trabajar, ocupándome de todo mientras él trabajaba, ya que siempre ganó mucho dinero. Es casi diez años mayor que yo y, desde hace tiempo,
ya no es lo mismo entre nosotros. Yo entendía que, por la diferencia de edad, las nenas y sus obligaciones, nuestra intimidad había pasado a un segundo plano. Pero bueno, las nenas fueron creciendo y nada volvió a ser igual. Incluso pensé que ya no me veía atractiva y por eso casi nada pasaba entre nosotros. La cuestión es que me puse a hacer dieta, empecé a ir al gimnasio, bajé 7 kilos, incluso empecé a ir a un instituto de belleza para endurecer el culo con esas máquinas. Tiempo después,
me hice depilación láser en todo el cuerpo,¿ me entiendes? Sí, claro. Empecé a comprarme ropa interior más sexy, buscando recuperar algo de lo que había sido, pero nada. Incluso, en una conversación de hace años, me preguntó si no me quería hacer las tetas, y yo no quise. Estoy conforme con lo que tengo, no tuve leche con ninguna de las dos nenas, así que ni siquiera se me cayeron tanto. No quería hacerme nada. tan solo cuidarme y hacer gimnasia,
pero ni siquiera con eso. Con decirte que pasaron casi dos meses hasta que se dio cuenta de que me había depilado toda. Perdón que te lo diga, Miriam, pero tu marido es un boludo. Sos una mujer hermosa. Ya quisieran mujeres más jóvenes tener tu cuerpo. Tan mal viene la cosa que, aunque me da vergüenza, te lo voy a contar. Ya hace más de tres años que he vuelto a masturbarme, como si fuera una adolescente, porque también
tengo mis necesidades. Seguramente. Por eso te digo que es un boludo que no sabe valorar la mujer que tiene.¿ Qué tenía? Porque esto no se lo perdono. La conversación estaba siendo de lo más interesante, pero un momento después le dije. Bueno, Miriam. creo que ya te molesté bastante. Y perdón por todo esto. Tenías razón, Martín. Te lo tengo que terminar agradeciendo. Ya me va a escuchar este hijo de puta. Piensa bien lo que quieres hacer, no sea cosa que te deje en pelotas. Lo vengo pensando
desde que vi esos videos. Voy a hacer como que no sé nada, para ver cómo me sigue mintiendo. Y el viernes que viene me le voy a aparecer en ese departamento. Lo quiero pescar infraganti. A ver cómo me lo desmiente. Pero quédate tranquilo que no te voy a nombrar. Gracias. Lo que buscaba era una forma de hacer zafar a Carolina, pero a pesar de desenmascararlo, no sé cómo voy a hacer para que zafe de esta. Le dijo a mi esposa que esos papeles estaban en su casa y pero
no sé si eso es verdad. Fácil. Ven, tenemos tiempo, podemos buscar esos papeles en su escritorio. Caminamos por la casa hasta entrar en una habitación que hacía las veces de oficina. Miriam comenzó a revolver papeles buscando los que tenían el membrete de la consultora. Acá hay papeles de la consultora. Pero esos no tenían nada que ver con Carolina. En el último cajón de su escritorio había un sobre
de papel madera. Miriam lo sacó y dentro había varios papeles y un par de fotos que, para mi sorpresa, eran de Carolina. Esa
es mi esposa. Estos son los papeles. Los leí y le confirmé que eran esos. Sí, son estos. Llévalos.¿ Qué se joda? Mejor no. No tendría forma de comprobar que
él los tenía. Tienes razón. Hagamos una cosa, se la hacemos completa. Yo lo engancho siéndome infiel y vos lo enganchas con esos papeles en su poder.¿ Qué decís? No es mala idea, pero no quiero que mis motivos te metan en medio. Ya estoy metida en medio, Martín. Y a buena hora. Le voy a sacar hasta los calzones, por serme infiel y por ser un hijo de puta. Me pongo en el lugar de tu esposa y me lo quiero comer crudo. Por cierto, es hermosa tu mujer. Sí,
qué decirte. Además de ser muy linda, tiene un cuerpo de infarto. Aunque nunca lo muestra, no le gusta que la valoren por el cuerpo, sino por su capacidad. De hecho, jamás usa ropa ajustada, ni polleras cortas, ni escote. Nunca muestra ni insinúa nada. Se nota. Y cegaramente por eso armó todo esto, para cogersela otra vez. Perdón, me fui a la mierda. Perdón, Martín. No pasa nada, así fue. Nos quedamos en silencio un momento, Miriam con la mirada perdida,
sin dudas en sus pensamientos. Y pensar que mientras este forro cogía con medio mundo, yo tenía que andar rechazando invitaciones y avances de un montón de tipos.¡ Qué boluda!¡ No puedo creer!¿ Cómo nunca me di cuenta?¿ Cómo nunca se me dio por pensar que el verdadero motivo por el que ni me tocaba era porque estaba con otras mujeres? Sin dudas, porque su lugar de poder y su dinero se lo han permitido. Y encima tiene un departamento
No. Es demasiado. Bueno, Miriam, perdón por todo,
pero será mejor que me vaya. Espera, Martín. No quiero quedarme sola, ni quiero pensar en esperarlo. Ya lo sé todo, o bueno, lo suficiente.
Te puedo pedir algo? Sí, claro.¿ Me podrás
llevar al centro? No sé, me voy a algún bar o al cine, no quiero estar acá. No tengo planes ni nada que hacer. Si quieres, podemos ir a cenar a algún lugar. Sí, dale. Tengo que aprovechar que las chicas no están.
Me esperas que me cambie?
Dale. Volví al inmenso estar y me senté en el sillón a esperarla. Eran casi las siete de la tarde y, mientras tanto, le mandé un mensaje a Mauro. ¿Maurito, está ahí el tipo todavía? Su respuesta fue inmediata. Sí, Tincho. Tranquilo,
me quedo hasta que salga y te aviso. Gracias, querido. Te debo una.
No debes nada, amigo. Casi media hora después, Miriam bajó ya cambiada, y no puedo negar que me sorprendí. Llevaba una pollera con vuelos color hueso hasta casi las rodillas, dejando ver sus tremendas piernas, una camisa blanca y una chaqueta marrón. Con el pelo recogido, maquillada y con unas sandalias blancas de taco alto, estaba realmente hermosa. Sin dudas, es una mujer hermosa y con un cuerpo tremendo, elegante pero muy atractiva. Perdón por la espera. Déjame decirte que
valió la pena. No quiere que use polleras cortas, pero hoy no me importa nada. Estás
muy elegante. Gracias.¿ Te parece ir a La Plata o preferís ir a otro
lado? Me da lo mismo. Y si alguien me ve con voz, tampoco me importa. Salimos de su casa, subimos al auto y nos dirigimos hacia La Plata mientras me contaba cosas de sus hijas y yo de mi trabajo. En un semáforo en rojo, me pidió pasar por el departamento del tipo, y desviándome unas cuadras, pasé a baja velocidad para que pudiera verlo. Miriam, está ahí todavía. Me lo confirmó mi amigo. Se va a quedar hasta que
lo vea salir. Pensar que el forro está ahí adentro cogiendo, quién sabe con quién, y ni se imagina lo que se le viene.¿ Le podrás pedir que lo grabe cuando salga? Sí, para eso se queda. Dimos algunas vueltas conversando en el auto, ya que aún era temprano para cenar. Sin dudas, era una mujer muy interesante, su forma de hablar, su tono de voz y su forma de mirarla hacían cada vez más atractiva a mis ojos. Finalmente, casi a las nueve de la noche, paramos en un restaurante del centro, un
hermoso lugar en la esquina de calle 4 y 51. A pesar de los motivos que me hicieron acercarme a ella y de lo que ella misma acababa de enterarse, la cena estuvo muy amena, contándonos un montón de cosas. En un momento, se levantó de la mesa para ir al baño, y quizás por el vino que habíamos tomado, su andar elegante pero sexy despertó en mis ciertos deseos que lógicamente iba a reprimir. Si bien no sería mala idea devolverle a
ese tipo su jugada, no quería parecer un aprovechador. Cuando volvió del baño, caminando con una sonrisa mientras acomodaba un mechón de cabello, me terminó de cautivar. Sin dudas, era una mujer muy atractiva, cosa que también confirmaron las miradas de varios hombres del local hacia ella. Acabada la cena y recordando lo que había dicho sobre no quedarse esperándolo, no sabía si proponerle algo más, quizás ir a algún bar a tomar una copa para alargar la noche. Pagué
la cuenta y salimos del restaurante. Eran casi las once de la noche y, camino al auto, me dijo. Martín, no quiero volver a casa, todavía no. Bueno, Miriam, pero, siéndote sincero, no sé qué proponerte. En ese momento, casi por subir al auto, clavó su mirada en la mía y me dijo,« Sé que la situación, dadas las circunstancias, es por demás extraña, pero tengo que reconocer que lo he pasado muy bien con vos. Quise dejar todo de lado y disfrutar un momento como hacía tanto tiempo que
no disfrutaba, al punto que...». En ese momento, se detuvo y bajó la mirada. Inmediatamente, lo supe, y si se trataba de lo que estaba pensando, creo que lo aceptaría de buen grado. Volvió a mirarme a los ojos y me dijo, al punto de que me gustaría terminar este día tan loco haciendo el amor con vos.¿ Qué decirte, Miriam? En verdad, la situación es extraña, pero... Perdón, Martín. Creo que lo dije sin pensar, tan solo que, quizás por volver a sentirme tan bien, creía que... Miriam, me pareces
una tremenda mujer, hermosa por donde te mire. Aunque ya te conté mis sentimientos y no sepa que viene de aquí en más en mi vida, esta noche me encantaría hacer el amor con vos. Tan solo olvidarnos de todo, dejar nuestra vida de lado y disfrutar el momento. Si es así, nada me gustaría más. Justamente eso quiero. Olvidarme de todo. Sentir que hago algo para mí, por mí,
algo que deseo sin importarme nada más. Sé que mañana mi vida, tanto como la tuya, seguirá su curso, pero esta noche elijo sentirme bien y sé que con vos pasará eso. Porque hasta ahora me he sentido así. Me acerqué a ella, con una suave caricia le aparté un mechón de cabello y la besé suavemente. Ella correspondió ese beso y, Un momento después, nuestros labios se abrieron. Nuestras lenguas se encontraron al tiempo que la tomaba de su cintura acercando su cuerpo al mío mientras ella pasaba sus
brazos alrededor de mi cuello. El beso duró un par de minutos y, al separarnos, me miró a los ojos y me dijo. Si supieras el tiempo que hace que nadie me abraza ni me besa así. Y sin siquiera responder, la volví a besar. Nos volvimos a besar. Durante ese beso, pensé dónde podríamos ir. La que fuera mi casa con Carolina no era opción, su casa menos. El único lugar sería un hotel, pero no un hotel por horas, creo que no se merecía algo tan común. Si iba a
ser esa única vez, tenía que ser algo mejor. Subimos al auto y me preguntó a dónde podríamos ir. Le dije que a un hotel y su sonrisa me confirmó que estaba de acuerdo. No hicimos muchas cuadras. Allí cerca, en la calle 54, a metros de la Plaza San Martín, hay un hotel donde entramos. Tomé una habitación y, de la mano, subimos hasta el cuarto piso. Entramos y nos volvimos a besar. No te puedo explicar lo nerviosa
que estoy. Tranquila. Si se da, todo bien. Y si no, también. No te
sientas obligada a nada. Es que quiero que se dé. Es más, te voy a contar una intimidad. En casa te dije que desde hace tiempo me he vuelto a masturbar y un par de veces en estos días lo he hecho pensando en vos.¡ Qué revelación! ¡Ay!
Qué vergüenza!
Te digo la verdad, hasta me hubiera gustado tenerte de vecino. Bueno, eso quizás no pueda ser, pero hoy te puedo ofrecer la realidad de esas fantasías. Nos volvimos a besar, acariciándonos mutuamente, al principio con algo de timidez, pero al son de los besos cada vez más apasionados, nuestras manos fueron siendo cada vez más atrevidas. Me fue desprendiendo uno a uno los botones de mi camisa, mientras yo desprendía los de la suya. Mi camisa terminó sobre la alfombra y sus
manos acariciando mi pecho y mi espalda. Me separé un momento de ella mientras llegaba al último de sus botones, apareciendo ante mí un corpiño blanco con encajes, muy delicado.
Su camisa también fue a la alfombra y aproveché para besar su cuello y sus hombros, deslizando los breteles hacia los costados luego fue el turno del cierre de su pollera que deslice lentamente hacia abajo para que la pollera terminara en sus pies por su propio peso quedando frente a mí con una tanguita minúscula a juego con el corpiño y con los tacos altos aún puestos definitivamente una imagen por demás excitante de una mujer con un hermoso cuerpo Le llegó el turno a mis pantalones, que ya
no podían ocultar mi erección. Desabrochó el cinturón, los botones y, metiendo sus manos entre la tela y mi cuerpo, los deslizó hacia abajo. Antes de que llegaran a mis tobillos, ya me había sacado los zapatos y, pisando en cada pierna, me los quité completamente, quedando solo con el bóxer. Sentí su mano rodeando mi miembro por sobre la tela del bóxer y una expresión de satisfacción al sentirlo, quizás por
su tamaño, aunque no era nada desmesurado. Entre besos, me dijo que era grande y hermosa, supongo que comparándola con la de su marido. Lo primero que fue a la alfombra fue su corpiño, dejando ante mi vista dos senos hermosos. A diferencia del marido, que le había sugerido operárselos, a mí me parecía que no le hacía falta nada. Sus pezones ya estaban duros y, tras mis caricias, terminaron alternativamente
en mi boca, dejándome escuchar sus primeros jadeos. Mi bóxer terminó en el piso y su mano se ocupó de acariciar mi erección. Es hermosa, Martín. Ni se te ocurra ponerte un preservativo. La quiero sentir así. Pequeño detalle, ni siquiera había pensado en eso, pero quise suponer que confiábamos en que estábamos sanos. Y no te preocupes, tomo pastillas. Por último, bajé lentamente su tanguita, encontrándome con una conchita completamente depilada, con sus pequeños labios asomando y una humedad
ya evidente. La acaricié con la yema de mis dedos. haciendo que sus jadeos fueran más intensos. Uf, qué lindo, cuánto hacía que no sentía algo así, si seguís, ya te acabo. Acábame cuando quieras. Eso no va a hacer que me detenga. Y así fue, aún de pie al borde de la cama, mis caricias en su empapada conchita la hicieron llegar al orgasmo, un temblor de todo su cuerpo. Viendo que se aflojaba, la tomé por la cintura, sosteniéndola
contra mi cuerpo. Nos recostamos ya completamente desnudos, mi boca y mi lengua recorrieron toda su piel, sintiendo por momentos cómo se le erizaba. Mi lengua en su clítoris la hizo llegar nuevamente, para luego llevar mi cuerpo sobre el suyo y volver a besarnos. Cógeme, Martín. Cógeme, por favor. con su voz entrecortada por los jadeos, me lo pidió y no me hice rogar. Mi glande buscó su conchita, que mojada como estaba, me recibió sin prisa pero sin
pausa hasta que nuestros cuerpos se juntaron. Entre besos, mis movimientos fueron ganando en intensidad y un momento después le sobrevino un orgasmo que en verdad no me esperaba. Sí, qué placer, cuánto tiempo sin sentir esto. Seguí, Martín. Y seguí. Mis embestidas eran cada vez más intensas y un nuevo jadeo, casi un grito, me anunció un nuevo orgasmo.¡ Qué locura esto! No puedo creer lo que me estás haciendo sentir.¡ Cómo me gustan tus orgasmos, Miriam! Seguí que te doy más.
Y lo hizo. Dos orgasmos más me dio antes de que eyaculara en su interior. Nos quedamos abrazados y acariciándonos, con ella recostada en mi pecho, hasta que nuestras respiraciones fueron volviendo a la normalidad. Gracias, Martín. Gracias a vos, Miriam. Sos una mujer hermosa, con un cuerpo hermoso y una
manera de disfrutar que me volvió loco. Cuanto necesitaba esto, sentirme así de satisfecha con un hombre te juro que nunca tuve tantos orgasmos con nadie bueno quizás ahora puedas tenerlos no sabía cómo lo iba a interpretar si le estaba diciendo que volveríamos a hacerlo o que al dejar a su marido podría hacerlo con quien quisiera pero me contestó no sé ya veré luego cómo sigue mi vida pero desde ya te digo que, si es con vos, me anoto. Me encantaría, pero te soy sincero, tampoco sé
cómo seguirá mi vida. Y algo más quiero decirte, en ningún momento pensé en esto, no tenía intenciones de estar con vos para vengarme de tu marido. No soy ese tipo de hombre. Si hemos hecho esto, fue porque así se dio. Casi te diría que se merece saberlo. No sé qué tienes pensado hacer, pero te diría que, si se lo vas a decir, sea después de que todo se resuelva. Quédate tranquilo por eso. Tampoco quiero que me venga a decir que yo también le fui infiel. Casi
a las dos de la mañana dejamos el hotel. De camino a City Bell, Miriam me dijo. Estaba pensando, hay una manera de demostrar quién hizo ese archivo que firmó tu esposa. Sí. Me fijo en la notebook de casa. Si no fue hecho ahí, lo tiene que haber hecho en su computadora del trabajo. Qué buen dato. Ahí Rafael o quien sea puede ver quién hizo ese documento. Incluso pueden ver también la computadora que usaba tu esposa. Llegamos a Ceribao. Eran pasadas las dos y media de la
mañana y el auto del tipo ya estaba adentro. Solo esperaba que no tuviera problemas. Todas las luces interiores de la casa estaban apagadas, solo las del jardín delantero iluminaban la entrada de la casa. Por las dudas, me pidió que detuviera el auto unos metros después de su casa, fuera de la visión desde el interior, y antes de bajar, me dijo. Gracias, Martín. A pesar de todo lo que pasa y pasará, te agradezco esta noche. Me hiciste sentir mujer otra vez. No tienes nada que agradecer. Para mí
fue un placer. Disfruté mucho esta noche. Solo espero que no tengas problemas al entrar. Debe estar durmiendo. Fíjate que ni un mensaje me mandó. Antes de bajar, Se acercó a mí y me dio un beso en la boca. Me sonrió y bajó del auto. Mañana, cuéntame si todo estuvo bien. Así me quedo tranquilo. Dale. Mañana te escribo. Esperé a que entrara a su casa y me fui
sin poder dejar de pensar en todo lo sucedido. Sin dudas, no me lo esperaba, como tampoco me esperaba haber terminado con ella en la cama de un hotel, y sobre todo, habiendo disfrutado de casi dos horas de intenso placer. Al día siguiente, estaba tomando unos mates con mamá a media mañana cuando me llegó un mensaje de Miriam. Hola
Martín. Hola, Miriam.¿ Todo bien anoche? Sí. Ya estaba durmiendo. y por ahora, como
si nada pasara. Espero que siga así. No me gustaría que tuvieras problemas. Los problemas los tendrá él. Escúchame, cuando se fue hoy temprano, me fijé en su notebook y ese documento no fue hecho acá. Seguramente lo hizo en la oficina. Gracias, Miriam. Hace un rato, Mi amigo me mandó dos videos, uno cuando bajó a buscar la comida que había pedido y otro de cuando se fue. Salió con la chica a la una y media de la mañana.¿
Me los podrás mandar? Por el momento, preferiría que no. No quiero que mi amigo tenga problemas por filtrar un video personal, pero puedo mostrártelo. Tienes razón.
Bueno, si nos vemos... me lo muestras. Dale. Te mando un beso. Otro
para vos. Las cosas iban tomando un rumbo que nunca hubiera imaginado. Mi vida en este momento estaba atravesada por un montón de sentimientos, la decepción por la infidelidad de Carolina, mis sentimientos por ella. Las ganas de desenmascarar a ese tipo y cierto sentimiento de revancha que me produjo el acostarme con su mujer, sabiendo que al menos su matrimonio se le va a ir a la mierda, tanto como
el mío. Y creo que se lo tiene merecido. Aunque no tenga certeza sobre mi futuro o mi matrimonio, saber que Carolina pueda zafar de ese quilombo me dará un poco de paz.
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
