Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos La novia de papá, parte 9. No puedo dejar de pensar en que fue Arlette la que se me insinuó desde el principio. La que, como si fuese un plan preconcebido, armó todo este embrollo de la piscina y luego lo del plan del cine para seducirme y hacerme caer en tentación. Y yo, impulsado por la calentura, me he dejado seducir y me he dejado caer. Es más fácil caer en tentación que luchar contra ella. Total. No hacemos mal a
nadie con este juego. Pero dicen que el que juega con fuego termina quemándose,¿ qué significará eso? El viaje de retorno transcurrió en silencio. Más que en silencio todo se tornó muy incómodo y asfixiante. Ni siquiera puse música de fondo. Me sentía como entre intimidado y con pena. Pena por ella, por mí y por papá. Intimidado sólo por Arlette y la situación. Arlette se fue poniendo barniz en sus carnosos labios. Recordar el sabor a fresa de labial y el aroma
a hembra en celo me puso un poco eufórico. Se acomodó su larga caballera negra en un solo lado y limpió los goterones de sus fluidos y mi semen que estaban impregnados en su pantalón de cuero. Miré de soslayo y noté la gordura de sus caderas. Lo potente de sus piernas. Lo curvilínea de su cuerpo. Arlette es simplemente una mujer perfecta. Una mujer encantadoramente perfecta y lista para
llevarte entre sus redes hasta que caigas en tentación. Ya no puedo culpar a papá de haberse enamorado de ella. Arlette es una mujer hermosa, además de inteligente. También es seria cuando se lo propone y a eso le añado que es megabromista, extrovertida y risueña. Sobre todo, es sumamente sensual. Mi madrastra tiene un temperamento fuerte que impacta con su personalidad sexosa. Porque lo es, ella es muy caliente y apasionada. Y mama la verga como la mejor puta que puedas contratar.
Lo mejor de todo es que su aspecto de guarra cambia cuando se propone convertirse en una dama honorable, recatada y digna. Y eso es lo que me fascina de ella, su personalidad. Puede ser tan cabrona, sexoxa y reservada como se lo proponga. Arlette es, nunca mejor dicho, una puta en la cama y una mujer elegante y fina en la calle. Aunque lo de puta en la cama está por verse. En perfecto mutismo, mi madrastra se recostó en el asiento de copiloto y lentamente se alisó su blusa
de leopardo, contorneando la magistral figura de sus pechos. Arlette corroboró que los botones estuvieran en su lugar y con sus manos se acomodó las enormísimas tetotas dentro de sí. Cada vez que se las tocaba a mí se me palpitaba el glande. Se me antojaba morderlas. Es que son tan grandes y pesadas que con sólo verlas se te antoja estrujarlas. La novia de papá miró hacia la ventana y comenzó a entrecerrar los ojos. Por eso digo que
el retorno en el coche fue algo bastante tenso. Fue como si luego de tragarse mis mecos, toda la calentura que mi nalgona llevaba encima se hubiera escapado.¿ Estás bien? Le pregunté preocupado, temiendo que todo esto hubiera terminado así, sin más. Temiendo que a partir de ahora todo quedara en el olvido, incluida su promesa de pasar una noche entera conmigo. Solo tengo sueño, susurró con los ojos dormidos.
En realidad, lo que pasó es que simplemente rompimos la burbuja sexual y ella tenía en mente intentar volver a la normalidad. Teníamos apenas el tiempo justo para comportarnos como madrastra e hijastro. Ella como la novia de papá y yo como el hijo de su marido. El problema es que después de que le clavas la polla en la boca a una mujer, difícilmente logras verla como la novia de tu padre, y se te hace más complicado separar
el morbo de la realidad. Pero así pasó. Llegamos a casa, estacioné el coche, y mientras yo cerraba aseguraba el auto, ella se marchó a su habitación, diciéndome desde lejos. Buenas noches, Alan. Buenas noches, Arlette. He hablado esta mañana con mi madre por teléfono, y me ha preguntado de todo respecto a la relación que existe entre Arlette y mi padre. Le he dicho que me parece que Arlette no es tan mala persona como ella supone y por poco me he
ganado las peores ofensas de mi madre. Me ha dejado claro que mi papel en aquella casa es la de incordiaras que se peleen, Alan no dejes que Arlette esté tranquila en ningún momento exaspera la convierte su vida en un infierno mientras estés allí. Lo que mamá no sabe es que yo he hecho todo lo contrario. Mi madre ignora que Arlette me ha hechizado tanto como lo hizo
con papá. Mamá ignora que me he besado con Arlette, que nos hemos manoseado, que en lugar de convertir en infierno la vida de su enemiga yo le he estrujado el culo y las tetas y ella, como recompensa, me ha mamado la polla. Puff. A mí, de momento, solo me preocupa que entre Arlette y yo haya cambiado algo. No me gustaría que nuestra relación se volviera a fracturar luego de pasarla riquísimo esta madrugada. Me dolería mucho que ella se distanciara de mí. Me enfadaría demasiado si Arlette
incumple su promesa y me manda al carajo. Quiero pensar que ella simplemente está actuando con cautela, pero que, como yo, está dispuesta a seguir jugando a pasarnosla rico. De momento sé que ya es domingo y que son las 10 de la mañana. Todos nos hemos levantado tarde, aunque papá, Arlette y yo, por diferentes circunstancias. Cuando me acerco a la mesa papá está con los ojos hinchados. Se nota que
no ha dormido bien. Cuando llegamos a casa, como a eso de las 3 de la madrugada, papá no había llegado aún. Debe de tener un desvelo terrible. No me escucha llegar aunque estoy arrastrando los pies. Papá está enfrascado mirando el Face en su celular. Por lo que tengo entendido, sabe lo básico de las redes sociales, como dar like y compartir publicaciones, pero no sabe reaccionar o publicar él mismo sus cosas. Y él parece feliz con lo que sabe.
Buenos días, campeón, me dice papá cuando al fin nota mi presencia. Yo empujo una sonrisa matutina y él me pregunta,¿ dónde vas, cabrón? Se ríe,¿ cuándo me ve pasar de largo a su lado, ya porque tienes pelos en los huevos no me das el beso de los buenos días?¿ Qué sigo siendo tu padre, eh? Ah, sí, claro, pa, ya voy, respondo volviendo a esforzar otra sonrisa, que casi
no me sale. Siento que mis piernas se me entumecen cuando me levanto y me acerco a él para darle un beso en la frente, como cuando era un niño. Mi papá me da palmadas en la espalda cuando regreso a la silla que tengo frente a él y la garganta se me cierra. Los remordimientos me sacuden el pecho y la respiración se me condensa en la cara. Saber que le he dado un beso con los mismos labios que han besado y han devorado la lengua de su novia me pone en un poco cabizbajo. Me da mucha
vergüenza y, en verdad, me hace sentir mal. Papá, aunque nos abandonó por Arlette, no merece cosa semejante. Y yo jamás entré a su casa con las ideas de mamá con el propósito de romper su relación con su mujer. Juro por mi conciencia que yo llegué a esa casa simplemente porque acepté la ayuda de papá de alojarme mientras hacía mi carrera en la capital.¿ Está refrescando, Eda? Me pregunta papá, que está en bermudas y chanclas, igual que yo.
Ni siquiera puedo mirarle a la cara los primeros minutos, así que simulo que miro cualquier cosa en mi teléfono mientras me pregunto dónde carajos está Arlette. Necesito verla. Tengo una terrible ansiedad por saber de ella y ver cómo me tratará a partir de lo que ocurrió entre los dos esa madrugada. Sí, algo, digo mecánicamente. Es preguntarme por Arlette en mi cabeza y luego escuchar movimientos en la cocina. Huele a chilaquiles picosos y a chocolate caliente. Así que
ella está en la cocina preparando el desayuno. Y para la resaca, nada como la receta predilecta de los mexicanos, chilaquiles para comer y chocolate caliente para beber. Miro hacia atrás de mí pero no se alcanza a distinguir. Arlette te dejó exprimido por completo, ¿verdad, Alan? Me pregunta mi padre de pronto y yo me quedo mirándolo como parapléjico, con la garganta reseca y mis ojos brotados. ¿Qué? Se me escapa la voz y la tranquilidad. Casi siento que mi corazón
se
encoge. Arlette, digo, que te dejó seco. No sé a lo que papá se refiere, pero mi pecho empieza a inflarse y a desinflarse mientras recuerdo las mamadas que me puso su mujer anoche mientras, en efecto, me exprimía el pene sin cansancio. Y cómo se tragó hasta la última gota de semen que le deposité en su cálida boquita mamoma. Eh,
carraspeo atontado. Es recordar tal escena y verla de rodillas delante de mí, con sus gordos pechos desnudos balanceándose mientras goterones de saliva y babasa cae sobre sus pezones y areolas en tanto me la chupa. Yo, bueno, papá. Yo. Espero que papá no tome por extraño el temblor de mi boca al intentar comunicarme con él, pero es que en verdad me pongo muy nervioso aunque intento comportarme de manera normal. Arlette puede ser muy castrante cuando se lo propone, hijo. Habla, habla, habla,
y no se calla. No me malentiendas, Alan. A mí me gusta salir con ella, pero a veces termino asfixiado por su constante bla, bla, bla. Y que Federico vamos a pasear por aquí, Federico vamos a pasear por acá y en verdad que me exprime toda mi paciencia hasta que ya no me quedan sesos. Espero no te lo haya hecho pasar mal, hijo, en verdad, ni que haya
sido una mala experiencia para ti. Yo no sé ni qué mierdas responderle.¿ De veras papá cree que tener mi verga clavada en la garganta de su mujer podría ser una mala experiencia? Intento sondeírle cuando entiendo a lo que se refiere cuando empleo la palabra asfixiar, pero no me sale, así que encajo mi vista en mi teléfono y le digo. Descuida, papá, que ha sido genial, me la pasé de maravilla. Me alegra de verdad, Alan, porque sí de pronto me preocupé.
Anoche que llegué Arlette estaba como muerta, aunque olía bastante alcohol. Espero no hayan bebito tanto, que luego se descontrola.¿ Se descontrola? Sí, se pone algo, maníaca y loca. Bueno, supongo que contigo, al ser quien eres, ella se tuvo que contener. Esto, sí, papá, todo
transcurrió genial.¿ Qué tal les fue con la película?¿ Fue buena? Por cierto,¿ cuál fueron a ver? Me vuelvo a quedar helado
No esperaba que la mañana estuviera tan llena de preguntas.
Eh
la verdad no recuerdo cómo
se llama la peli, pa.¿ Pero de qué trataba? Pues,
trataba de... De un megalodón, responde Arlette, salvándome de responder algo que no tenía ni puta idea. Ella entra a la cocina con la bandeja del desayuno en sus manos. Lo que me desconcierta es que lleve puestos unos microsort blancos de licra que le quedan como guantes hasta la mitad de los muslos. Trago saliva al verla y noto que la licra aprieta y le marca a la perfección sus deliciosas nalgas. Ni siquiera se le disimulan sus labios vaginales, gorditos,
que parecen transparentarse. La polla salta en mis bermudas al intuir que no lleva ropa interior puesta. Arriba tiene puesto un top que contiene sus inmensos melones y que, a su vez, le marca sus gorditos pezones, lo que significa que tampoco lleva sujetador. Su pelo lo lleva atado en la nuca y yo me quedo hundido en la silla contemplando cómo su culazo y sus tetazas se balancean a
medida que se traslada con el desayuno. A papá no parece molestarle que su mujer se exhiba de forma tan vulgar delante de su hijo.¿ Un megalodón, esas ballenas gigantes prehispánicas? Pregunta papá, recibiendo su plato y su taza. Terrible animal. A mí me encantó, dijo Arlette, viniendo con la bandeja hasta mí. Me alegra saber que me sonríe, la muy pícara, y con esto mis temores de que volvamos a la
ley del hielo se me esfuma. Arlette se flexiona junto a mí para dejar mi plato de chilaquiles rojos y mi chocolate caliente y veo, anonadado, como sus pechos se aprietan y caen, enormes, sobre mi cara. Uf, murmuro, mirando sus gordos melones, que ricos, apetecibles y deliciosos se ven, estos chilaquiles. Arlette sonríe cuando encuentra el doble sentido a mis palabras. El problema es que están muy calientes y picosos. tal y como me gustan, Arlette. La verdad es que
los voy a disfrutar. Lucen, uf, riquísimos. Hablar sobre sus tetas delante de papá es un morbo que no espero que suceda, pero sucede. Arlette se incorpora de nuevo, sus tetas tiemblan en su top y luego se sienta junto a papá. Los megalodones son terroríficos, mujer, menos mal que ya no existen, continúa papá, clavando el tenedor en sus chilaquiles. Te repito que a mí me fascinó verlo, responde Arlette, y al mirarla noto que tiene una sonrisa pintada en
su cara. Se muerde el labio inferior, hace una mueca muy sexoxa y continúa, era tan, enorme, tan, palpitante y tan pegajoso que uff. Fede, no sabes el hambre que me dio. Me da un poco de corte oírla decir aquello. Miro a papá para saber si ha entendido la referencia, pero, gracias a Dios, él permanece en la ignorancia, comiendo y picándole al celular. Al ver que todo está fuera de peligro, dejamos de hablar, Arlette le da un beso mimoso en la mejilla a mi padre y luego se pone a
picotear en su plato mientras mira su celular. Yo hago lo mismo, un poco sacado de onda. Saco mi teléfono y me pongo a comer chilaquiles. Arlette, aparte de nalgona y tetona, cocina delicioso. Están más picantes de lo que acostumbro a comer, pero apenas me saben a gloria tras esta extraña conversación durante el desayuno. De vez en cuando levanto la cabeza y me entretengo por momentos viendo esas
deliciosas mamas colgarle a mi madrastra en el pecho. La hija de puta sabe perfectamente lo caliente que me pone esta situación. Sé que se ha vestido de esta manera para mí y se complace al saber que me está haciendo efecto. Finge no mirarme mientras yo la ojeo, pero yo sé que ella está consciente de mis ojos clavados en sus obesas tetazas. Tan es así que de vez en cuando se las acomoda. Se las aprieta una contra la otra. Se las levanta disimuladamente y luego se las
deja caer. Todo esto lo hace simulando ajustarse su top, de manera que sus deliciosos pezones respigan sobre la tela. Entonces, mientras sorbo un poco a mi bebida, recibo un mensaje a mi WhatsApp proveniente de Arlette. Arlette, deja de mirarme las tetas, que tu padre se dará cuenta, cabroncito. Casi escupo el chocolate sobre la mesa intentando contener una carcajada, pero al final soy todo un campeón y me lo trago.
Sondío para mí y miro de reojo a papá, que continúa metido en su teléfono, y luego miro a mi madrastra, que también simula una risita. Alan. Te aprovechas que te tengo de frente para provocarme, malvada, masajeándote esas tetas. Si no te las dejas quietas, voy a saltar sobre ellas y me las voy a comer, cabrona. Arlette. Ay, qué rico, bebé. Pero mejor deja de mirarme, que mira cómo se me han puesto de duros mis pezones. Ya hasta me siento
mojadita de mi entrepierna. Alan. Carajo, Arlette, no mames, en serio me vas a hacer cometer una locura delante de papá. Me tienes bien caliente.
Arlette.¿ Te gusta cómo me he vestido esta mañana? Alan. Te ves buenísima, mamacita. Me has parado la verga con solo verte. Arlette. Carita con guiño. Qué halagador, jajaja. Quise darte los buenos días vistiéndome sexy para ti. Alan.
Y vaya si lo conseguiste. Estoy más duro que una puta piedra. Con esa licra se te ven unas pinches nalgotas que uff, ganas me dan de que te sientes en mi cara. Arlette. Esta noche
esta noche será,¿ lo recuerdas? Alan.¿ Entonces sí se hará? Pensé que te habías arrepentido. Arlette. Yo nunca falto a mi palabra, nene. Alan.¿ Cuál será el plan, entonces? Arlette. Termínate el desayuno
y luego me acompañas a llevar la vajilla al fregadero. Alan. Va. Esperé a que Arlette terminara de desayunar para levantarme junto a ella y decirle a papá. Acompañaré a Arlette al fregadero, papá. Vale, hijo, vale. Arlette y yo levantamos la vajilla y nos dirigimos a la cocina, yo detrás de ella, viendo cómo sus deliciosas nalgotas botan a cada paso que da. Arlette se recarga en el fregadero y yo llego por detrás y le doy un fugaz arrimón. Uy, papi, qué gordo me galodón, susurra, riendo.
Es lo que te comerás esta noche, le digo en otro susurro. Miro hacia mi espalda, desde donde puedo ver a papá, que continúa entretenido en el Facebook, y le doy una rápida estrujada a su nalga derecha. Pof. Está tan enorme y tan dura, que no sé cómo hago para no desnudarla y clavársela aquí mismo. El fregadero es de dos plazas. Ella se pone en un lado y yo en el otro, junto a ella. Su aroma me intoxica. Huele a madrastra cachonda. Pensé que te habías arrepentido, le digo.
Yo no conozco esa palabra, nene. Pero papá no saldrá hoy, Arlette,¿ o sí? Si se queda en casa,¿ cómo se supone que vamos a irnos tú y yo por ahí? Miro de nuevo hacia la mesa y noto que papá bosteza.¿ Te diste cuenta que Federico se muere de sueño? Llegó a casa como a las cinco de la madrugada. Apenas si pudo dormir un par de horas. Ahora mismo tiene un sueño que te mueres. Lo sé,
Arlette.
Pero el sueño lo podrá recuperar durante el
día
le recuerdo. No si se lo impido.¿ Y cómo pretendes impedírselo? Le he pedido que salgamos a comer, me lo debe por dejarme plantada ayer. Sondío mientras miro sus laterales. Sus tetas caen enormes sobre su pecho, que tiembla a cada movimiento, y yo no me explico por qué estoy aquí, lavando trastes, en lugar de estármelas comiendo. Pero luego recuerdo que tengo a mi padre cerca y se me pasa, por eso
le digo a mi mami. Si te digo la verdad, Arlette, estar cerca de mi papá y planear y hacer todo esto, me pone un poco mal. El sentimiento de culpa no me sale tan bien como a ti.¿ Crees que yo no siento remordimientos
Alan? Me pregunta indignada. No he
dicho eso, solo que... Trata de entender lo rarísimo que sería para mí si me la pasara distanciada de ti todo el día, Alan. La mejor forma de ocultar lo que tenemos es actuar como siempre. A veces se nota cuando uno finge. Ella tiene algo de razón.
Pero me cuesta ser tan frívolo. Bueno, está bien. Dices
que saldrás con papá a comer, ¿no? Pero por favor, a mí no me contemples en esa salida, que yo no tengo ganas de salir con ustedes, por lo antes mencionado. No te preocupes, nene, que no tenía planteado que vinieras con nosotros. Me haré cargo de él yo sola. Una comida de reconciliación, porque, se supone, teóricamente yo estoy enfadada con él porque anoche no me llevó al cine. Serás cabrona, sonrío. Con el sueño y cansancio que lleva papá encima,¿ crees
en verdad que va a querer salir contigo hoy? Con tal de contentarme
lo hará, ya te lo digo.¿ Y luego? Y luego, haré lo posible por llegar a las cinco. Esta tarde viene su amigo Adrián
a ver el fútbol. Ajá. Adrián se irá como a las nueve de la noche. Para entonces Federico estará más muerto que vivo. El pobre tendrá que irse a la cama, y con el té de valeriana que le daré para un mejor descanso, se quedará dormido y no despertará hasta mañana. Carajo. Me sorprendo.
Este parece un plan cuidadosamente bien construido. Pues sí.¿ Será que ya lo has implementado antes? Me
atrevo a decírselo. Parece que lo tienes muy familiarizado. Arlette carraspea, me da un pellizco en mi brazo y me responde.¿ Me estás diciendo que hago esto con frecuencia, para escaparme por la noche con mis amantes? No, no, yo no he dicho amantes, intento componer mi comentario. Solo me falta arruinarlo todo por mis comentarios. Tal vez para ir con tus amigas a algún sitio. Alan, empiezas a fastidiarme, Arlette pone los ojos en blanco y yo le aprieto su
otra nalga, hasta que la hago sonreír. Lo siento, preciosa, ya, ¿vale? Mejor dime qué haremos después de que él se haya dormido y, según tú, no despierte hasta mañana. Pues nos iremos tú
y yo. Alan, es obvio.¿ A dónde? Arlette se muerde el labio inferior y me
dice. Eso sí que no sé. Fuiste tú quien impuso el castigo, no, ser tú como dijiste, ah, sí, ser tu putita una noche a solas contigo. Así que, de lo demás te encargarás tú. Entiendo que tengo la responsabilidad de organizar una noche memorable que cumpla con las expectativas de mi futura putita, así que no me queda más remedio que terminar esta conversación y ponerme a trabajar en ello. Pero antes, echo la cabeza hacia atrás para ver hacia
mi padre y, tras corroborar que no nos mira... Con mis dedos recojo un poco de agua tibia del chorro del fregadero con el que lavamos los trastes y luego mojo la punta del pecho derecho de mi mami. Arlette gime un hum muy erótico, apretándose los muslos, y el resultado es que el top blanco absorbe la humedad y deja al descubierto su delicioso y durito pezón, coronado por una deliciosa y oscura areola. Hace rato que se fueron
papá y Arlette. Yo me dormí un rato y ahora estoy sentado en un camastro, frente a la piscina, tomándome una cerveza bien fría. Tiempo atrás, sacando cuentas con lo que tenía ahorrado, concluí que apenas me alcanzaba para la cena. Es decir, para bebidas, carnes frías y algo de postre. Apenas me sobraba lo suficiente para reservar una habitación en un hotel cuya noche me costaba casi cinco veces lo
que traía en mi bolsillo. Así que me decanté por alquilar una habitación en Airbnb, que son viviendas cuyos anfitriones ofrecen en alquiler cuando pasan unos días fuera. Por lo que tú te alojas en un piso particular a un precio sumamente inferior a si fueras directamente en un hotel o un motel de paso. Entré en la aplicación de Airbnb y encontré un apartamento con entrada independiente sumamente cerca de nuestra casa. Me interesaba que estuviera cerca para no
tener que usar el coche de papá. Los dueños son una pareja veterana que casi nunca está en México, así que no hay probabilidades de que ellos conozcan a mi padre o a Arlette. Y aunque los conocieran, seré yo quien haga trato directo con ellos, así que no hay peligro. A las tres de la tarde fui por las llaves al piso y una mujer del servicio me las entregó, recordándome que debía entregarlas de nuevo al día siguiente antes
del mediodía. Obviamente cumpliré el requisito, porque la idea descabellada que tenemos Arlette y yo es escaparnos de casa durante la noche, cuando papá se haya quedado dormido, y luego regresar antes de que él se despierte. En ninguno de nuestros planes tuvimos coger en la propia casa de papá. Eso sí que no. Ahora mismo ya pasan de las cuatro de la tarde, y según yo, papá y su novia no tardan en llegar de su comida de reconciliación. Así que le escribo a Arlette. Alan. Hola, mami, tengo
todo listo para esta noche. Arlette tarda algunos cinco minutos en responder. Arlette
También el alojamiento? Alan. Obvio. Alquilé una habitación
de Airbnb que queda muy cerca de aquí. Podremos llegar caminando, porque si usamos el coche, al encenderlo papá se podría despertar. Arlette. Puff Alan
te juro que esto es una locura. Alan.¿ Estás arrepentida? Arlette. Todo lo contrario, mijo. Ya
te dije que yo no conozco esa palabra. Si te digo la verdad me siento muy excitada. Todo este plan tan rico, la forma en que nos escaparemos esta noche. No sé, todo este contexto me tiene muy, ya sabes.
Alan. Muy hot. Arlette. Demasiado. Alan.¿ Estás mojadita? Arlette. Mucho. Alan.¿ Me mandas foto para
verte, así toda mojadita? Arlette. Nada de fotos de mi rajita, cabroncito, que si te la mando luego perderás el interés por mí. Alan. Anda, solo una fotito, para irme poniendo a tono. Que ya te digo que de ninguna forma perderé el interés, sino todo lo contrario, se me harán eternas las horas.¿ Me la mandas, la foto de tu conchita? Arlette.
No.
Mi vagina la verás hasta que estemos a solas, hasta que poco a poco me vayas desnudando. Alan.
La tienes depiladita, mami? Arlette. Sí, la tengo depiladita. De todos modos, antes de irnos me daré otra retocada. Alan. Un
qué rico, con lo que me gustan las
pulvas depiladitas. Arlette. Igualito a tu papi, degenerado, jajaja. Alan. Jajaja. Pero, oye, mami, entonces no me mandarás nada. Estoy muy caliente.
Arlette. Bueno, te mandaré algo, pero no será nada de mi cuerpo. Pero seguro que te gustará y te pondrás muy cachondo.
Alan. Uf, qué rico, qué rico, qué será, qué será. Arlette. Espera, que ya lo verás. Alan. Espero.
El minuto que pasamos en silencio me parece que ha sido un día entero. Entonces, de pronto, recibo una foto, y yo me quedo cachondísimo, se trata de la imagen de unas braguitas color vino, extendidas sobre el lavado de un baño público. El centro de las braguitas lucen mojaditas, babositas, acuosas y casi me dan ganas de darle una lamida al teléfono de mi celular. Alan.
No mames, Arlette, ya me puse a mil. Oye, por cierto,¿ estás con papá? Arlette. No, vine al baño para responderte. Alan.¿ A qué hora regresan? Arlette. Yo creo que como en unos cuarenta minutos, ¿por? Alan.
Dónde tienes tu lencería? Arlette.¿ Mi lencería? Alan. Sí,
dónde la guardas?
Me gustaría poder elegir lo que usarás para mí esta noche. Arlette. Cochinote,
carita con guiño,¿ no te digo? Todo un degenerado. Alan.¿ Qué te digo, mami? Así me traes de loquito.¿ Quiero verte vestida así toda putota, mi complaces? Ja, ja, ja. Arlette. Ok, como quieras. Pero me dejas todo ordenado en el cajón, ¿eh? Que luego los hombres son muy caóticos y cuachalotes. Alan. Prometido. Seré cuidadoso.
Arlette. Subes a nuestro cuarto y en la parte inferior derecha del closet hay un cajón con cerradura donde guardo mi lencería más putota, dices tú. Alan.
Va. Pero¿ y dónde encuentro la llave?
Arlette. En mi buró, al lado derecho de la cama, en mi cajoncito, debajo de un folder negro, allí está una llave pequeña de color plata. Abres el cajón y la lencería que elijas me la dejas dentro de mi buró. Pones encima de las prendas el mismo folder negro. De todos modos tu padre pocas veces revisa mis cosas y hoy que anda tan cansado mucho menos. Alan. De acuerdo, Arlette. Entonces elegiré la lencería y tú eliges el vestido, ¿vale?
Que sea un vestidito así muy guarro. Arlette. Ja ja ja, está bien, pero yo creo que el vestido me lo pongo ya ahí en el apartamento,¿ te parece? En cuanto se duerma Fede, me encerraré en el baño para maquillarme y me pondré la lencería debajo de mi ropa de dormir. Ya cuando lleguemos al apartamento, tú me esperas en la cama mientras yo me termino de arreglar, poniéndome el vestido que elija y mis tacones,¿ te parece? Alan. Uf, no mames, Arlette,
ya ando bien caliente, caliente, caliente. Quisiera ya estar cogiéndote bien rico. Arlette.
Anda tú, que me vas a hacer mojar otra vez, jajaja. Alan. Oye,¿ tú quieres que me lleve algo
especial? Arlette. Ponte una camisa de botones y el bóxer más entallado que tengas. Me excita cómo se te marca el bulto debajo de la ropa, porque me empiezo a imaginar lo que me voy a comer. Alan. Cuenta con ello, preciosa. Arlette. Bueno, mijo, deja vuelvo con Fede, que ya debe de estar preocupado. Ve y busca rápido la lencería que quieres. De todos modos yo te aviso cuando ya vayamos de regreso.
Alan. Así quedamos, nos vemos. Arlette. Así será bebé, te mando besitos, donde te los quieras
poner. Alan. Pónmelos aquí. Y le mando una foto de mi entrepierna, desde donde, a través de mi pantalón de mezclilla, se me puede ver un largo bulto en reposo, cuyo relieve logra sobresalir cuando pongo mis dedos por los lados para que brote mucho más. Arlette me envía un emoticono de una carita con saliva babeando por una de las comisuras. He elegido dos juegos de lencería para Arlette. Los dos
son negros, incluyen medias, sostén y ligueros. Solo que uno de los juegos de lencería incluye un babidol con braguitas minúsculas y el otro juego incluye una tanguita de hilo dental que estoy seguro se le enterrarán en cuanto se los ponga en ese delicioso culote. Ya son las 11.15 de la noche y estoy mega nervioso, y no sé por qué. Será que lo prohibido sabe mejor y yo tengo la esperanza de que nuestro plan salga perfecto. Toda la tarde
me he contenido las ganas que tengo de masturbarme. Quiero tener en mis huevos toda la lechita necesaria para saciar a mi nalgona. Me he bañado dos veces, y en la última vez aproveché para depilarme el pubis. Me pregunto si Arlette me prefiere sin pelos o con pelos. En fin. He elegido el bóxer más entallado que tengo, como ella ha querido, de manera que mi enorme verga pueda sobresalir cuando quede semidesnudo ante ella. Esta tarde llevé al apartamento
bebidas y carnes frías. Ya si Arlette quiere pizza he averiguado el número de un local donde trabajan toda la noche. Ahora ya solo queda esperarla. Me unto un poco de crema en la cara, me pongo perfume Hugo Boss de Sand y guardo en mi billetera todos los condones que tengo. Sufro la espera como si estuviera parado sobre brazas ardiendo. Entonces, cuando menos lo espero, me dice. Arlette. Tu padre duerme profundamente y yo ya estoy lista. Vamos, amor, te espero
en la puerta. Alan. Espero tengas fuerzas, mamacita, porque esta
noche te pondré la follada de tu vida.
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy.
Hasta la próxima.
