LA NOVIA DE PAPÁ - PARTE 7 (Relato Erótico) - podcast episode cover

LA NOVIA DE PAPÁ - PARTE 7 (Relato Erótico)

Aug 15, 202543 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos La novia de papá,

Speaker 3

parte

Speaker 2

7

Speaker 3

Intentamos salir del bar,

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enlazados de la mano Yo voy delante de Arlette y ella me sigue, agitada. Mientras nos deslizamos entre el gentío, pienso en sus labios impregnados de lujuria que aún saboreo en mi paladar. Pienso en su lengua esponjosa mojándome la boca, invadiéndomela con su saliva y sus fluidos bucales. No recuerdo haber besado nunca a una mujer cuya boca fuese tan húmeda, tan receptiva, y su lengua tan juguetona. Esa sensación de flujos bucales mezclándose de una boca a otra tiene mi paladar mojado.

Si así tiene la boca, no me quiero imaginar cómo tiene de lubricada la vagina, que debe de ser gloriosa, con unas pulpas gorditas, morenas, acuosas y brillantes de lascivia. No sé bien a dónde vamos ni lo que pretendemos hacer saliendo de aquí. Yo sólo hago lo que me ha pedido Arlette, de salir de allí y dirigirme a un sitio más tranquilo. El pedo es que no se

me ocurre otro sitio más tranquilo que un motel. Y la cosa está también en que no sé si eso es exactamente lo que Arlette quiere, o sólo tiene en mente agasajarnos el uno al otro en alguna orilla de la ciudad y punto. Lo cierto es que yo estoy bien caliente. Empalmadísimo. Tengo la vergadura y parada dentro de mi pantalón, y la ansiedad por agarrarle las nalgas, las tetas y volverla a besar me está desequilibrando la mente. Sus dedos enlazados entre los míos me dan la sensación

de que ella me pertenece. Yo soy su hombre y ella mi mujer. Y quiero hacer la mía completamente. Por aquí, le digo, tirando de su mano cuando encuentro un hueco entre el gentío por donde nos filtramos hasta llegar a la salida del local. Escucho los tacones de mi madrastra detrás de mí y, finalmente, sentimos el soplo del viento nocturno impactar contra nuestros rostros. Uf, dice ella, agitada, creí que no saldríamos nunca de allí. Este verano está siendo

especialmente caliente, pero precisamente hoy, la noche está fresquita. Continúo tirando de su mano y busco el coche de papá. Allí está el auto, señalo hacia adelante. Una parejita está junto a él, magreándose. El chico mete sus manos debajo de la pequeña falda de la chica y ella separa sus piernas mientras se besan. Parecen ebrios. El chico está estrujándole el culito a la rubita y yo ardo de ganas de hacer lo mismo con Arlette. Pulso el botón del llavero y suena la alarma del coche al quitar

los seguros. La parejita se sobresalta y el tipo luego me mira. Evalúa al mujerón que llevo de la mano y abre los ojos, sorprendido. Me lanza una sonrisa dándome su visto bueno y me dedica una mueca como diciendo que buen culote te vas a comer, cabrón. Asiento con la cabeza al chico, orgulloso de tener esta belleza conmigo, y Arlette y yo vemos como la parejita de calenturiento se aleja del coche mientras ella se adelanta, De manera que puedo contemplar sus grandes nalgotas y yo la ayudo

a meterse al lado del copiloto. Entre el fresco de la nochecita, me dirijo al otro lado y abordo el vehículo. Mi corazón está temblando fortísimo. Cuando cierro la puerta, advierto el exquisito aroma a hembra en celo que se huele en todo el interior del vehículo y que se adhiere a todos los poros de mi piel. Esa atmósfera de

sensualidad y lujuria me alborota aún más las hormonas. Encima, veo que mi nalgona se está poniendo barniz en los labios, ya que el que traía anteriormente me lo comía chupadas al besarla.¿ A dónde vamos, Arlette? Le pregunto. La nalgona termina de pintarse la boca y yo quisiera decirle que no es necesario que lo haga, pues de todos modos, más tarde que temprano, se lo voy a volver a quitar con mi boca. O si tengo suerte, con mi verga, cuando le repase el glande por sus labios pintados de rojo.

Arlette respira varias veces, y en su silencio, enciendo el coche y empiezo a conducir, por lo que le pregunto de nuevo. ¿Entonces?¿ A dónde vamos, Arlette? Ella me mira de reojo, seria, y yo solo puedo apreciar sus abultados labios de la boca, gruesos, rojos, apetecibles, deliciosos. Entiende una cosa, Alan, esto que está pasando tiene que quedarse aquí, entre tú y yo, y no volverse a repetir nunca. Por un momento, me quedo de piedra, aunque sigo conduciendo. En realidad, sea

lo que se refiere. Ya se me hacía raro que no me lo dejara claro antes. Es la típica mujer que trata de excusarse de sus malas acciones para que el hombre no la catalogue de facilona, golfa y ofrecida. No tarda en decirme que ella no es así, que lo que acaba de pasar en el interior del bar fue por la influencia del alcohol y la situación, pero que no piense mal de ella. Me sé esos diálogos y excusas como si fuera el ángel de mi guarda. Si la nalgona supiera que no me importa nada de eso,

seguramente estaría menos angustiada. No me interesa si es una facilona, golfa u ofrecida, porque ahora ella está conmigo. Yo, en realidad, lo que quiero es que ella esté tranquila, que se sienta cómoda y segura a mi lado. Yo pretendo que ella goce del momento. A su vez, yo quiero disfrutarla. Sentirla. Deseo que ambos nos divirtamos. Que sea un momento nuestro, exclusivo y memorable. Después de todo, solo somos un hombre

y una mujer calientes que buscan saciar sus apetitos más humanos. Entonces, de pronto, como si hubiese tenido un pensamiento premonitorio, ella me dice. A ver, Alan, me preocupa lo que puedas pensar de mí. Me da mucha vergüenza. Te juro que esto que ha ocurrido me ha salido del alma por el momento. Creo que ambos conectamos bien y pues, ha pasado. Pero esto no puede significar nada más. Quiero decir que no quiero que tengas ideas raras sobre mí. Suspiro hondo.

Es como si yo mismo me hubiera spoileado antes. No tienes ni que decírmelo, Arlette. Procuro que mi voz sea serena. Mi intención es tener un mensaje para ella que la relaje. Yo no pienso nada raro sobre ti. Yo lo que veo es a una mujer que se está divirtiendo conmigo, que la está pasando chingón. Está claro que ambos nos atraemos, que nos gustamos, y perdona que lo diga así de directo, pero ambos nos traemos unas pinches ganas que ya no

podemos con ellas. Y ya no importa qué tipo de lazos nos unan, lo que estamos haciendo no tiene nada que ver con hacerle mal a nadie, sino con dejarnos llevar tal cual, haciendo una oda a nuestro propio egoísmo. Lo que hemos hecho y lo que haremos, no nos hace, ni nos hará, malas personas. Solo somos un hombre y una mujer aprovechando una oportunidad. Arlette mira hacia la ventana de su lado. Su pecho se inflama de vez en cuando. Su respiración es inconexa y fuerte

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Está nerviosa.

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Aprieta sus muslos. La blusa tipo leopardo está desacomodada. Puedo ver el contorno de su brasier. Sus pechos están secretando. Se ven enormes, duros, deliciosos.¿ Qué me tratas de decir con todo esto, Alan? No me mira a la cara, pero su voz es firme.¿ A qué te refieres con lo que haremos? Porque de una vez te advierto que yo contigo no pienso hacer nada más. Pierdo un poco el hilo de lo que estamos haciendo. Esta era la

parte que yo no quería que llegara. No tengo claro lo que piensa, pero sí tengo claro que no dejaré cortar este momento, porque es nuestro, y lo quiero aprovechar. Dijiste de salirnos del bar y de irnos a otro sitio más tranquilo, Arlette. Y eso es lo que hemos hecho, ahora hemos salido y estamos yendo a un sitio más tranquilo. No sé a dónde, pero espero que cumpla con nuestras expectativas.

Si esa idea tuya no fue una propuesta indiscreta, para continuar en otro sitio lo que adentro comenzamos, entonces no sé lo que fue. Arlette es una mujer de armas tomar. Por eso, ahora decide posar sus bonitos ojos verdes sobre mi cara. Tal vez pretende intimidarme, porque si esa es su intención, sí que lo hace a la perfección. Es una mujer hermosa, y lo sabe, pero su mirada siempre es muy fuerte, seductora e intimidante. Arlette sabe lo que

produce en mí y se aprovecha de ello. Yo no es que sea un tipo manipulable, pero cuando una mujer me gusta con la intensidad con que me gusta a ella, me vuelvo su más estúpida marioneta. Y por más que quiero, intento hacerme con el control de la situación, pero entonces ella, con sus ojos verdes, parpadea, enarca una ceja y me detona por dentro. Caigo rendido a sus pies. Pero el

intento estoy haciendo. Te dije eso para romper esa atmósfera de calentura, Alan, porque por activa y por pasiva, ambos sabemos que es un terrible error lo que acaba de suceder. Lo mejor que podemos hacer es que volvamos a casa y hacer como que esto no pasó nunca. No me gustan las mujeres que primero dicen una cosa y luego hacen otra. Yo no voy a caer en sus jueguitos estúpidos. En eso sí que yo no cederé. Tiene que afrontar lo que dice y lo que hace. Dijiste eso porque

estás caliente, Arlette. Me sobaste la verga y me besaste. simplemente te dejaste llevar por tus instintos más primitivos. Y eso no es ningún error. Tú me besaste a mí, cabrón, no empieces con ideas que no son. Su respuesta me desconcierta. Acelero un poco más sin querer y luego freno, provocando que nos sacudamos y su blusa de leopardo haga mella con sus hermosas tetas, cuyo brasier se ha expuesto ante mí. La primera vez sí, Arlette, la segunda vez tú te

lanzaste a mi boca. Y te lo vuelvo a repetir, también me sobaste la verga, y no me la soltaste ni siquiera cuando me dijiste que querías que te llevara a otro lado. Ella respira a profundidad. Vuelve a apretar las piernas. Se acomoda sus melones en su blusa y me responde. Alan, me has malentendido. Sí, a lo mejor, pero de que estás caliente, lo estás. No me digas esas cosas ahora, Alan, por favor, que no está bien.¿ A qué tienes miedo, Arlette? Porque es evidente que nos

gustamos y estamos calientes los dos justo ahora. Eso ni tú ni yo lo podemos negar. Por la avenida en que vamos, hay poco tráfico, algo rarísimo en esta gran urbe. Estarás caliente tú, yo lo que estoy es confundida, Alan. Y también estás caliente, vuelvo a atacar. Tan es así, que te puedo asegurar que si meto mis dedos en tu rajita, descubriré que estás empapada. Tampoco me hables así. Arlette parece enfadada e indispuesta a hacerse cargo de lo

que hizo y dijo antes. Ella está en un plan en el que es incapaz de hacerse cargo de lo que quiere y lo que siente. Pero cada vez que le digo que está caliente, sus mejillas se encienden y sus muslos se aprietan. Escúchame, Arlette, la miro profundamente cuando me detengo en un semáforo en rojo. No voy a obligarte a nada, yo te insisto en continuar porque sé bien que tú también lo deseas. Pero, como te digo,

yo me conformaré con lo que tú quieras darme. Porque no vamos a volver a casa hasta que me des o quieras que yo te dé lo que tú quieres. Los ojos de Arlette empiezan a brillar mientras me miran. Desvío los míos a sus labios y no puedo creer lo apetecibles y riquísimos que se ven. No puedo creer que ya los haya probado y que me hayan gustado tanto. Alan, me siento muy mareada y... Ahí va la parte donde Arlette intentará justificar el beso que me dio y el

agarre de bulto atribuyendo todo al alcohol. Pinche cabrona mentirosa. Desde luego, yo no pretendo descreerla. Estoy dispuesto a hacer como que le creo que se ha puesto como perra en brama por el alcohol y no porque lo desea. Aunque no me convence. A mí no me conviene sacarla de este estado de inhibición. De momento, sé que sigue en la línea delgada entre lo que quiere y lo que es correcto. El problema es que lo que es correcto ahora a mí, por la calentura, no me importa.

Me siento mal, terriblemente mal por papá, a quien quiero de verdad y me duele en el alma tomar como justificación todo el daño que nos hizo a mi madre y a mí cuando nos abandonó por huir con ésta.¿ Iba a decir puta? Tal vez lo sea, pero Arlette me gusta de verdad. Al final, no creo que sea tan mala como yo pensaba. Es simplemente una mujer caliente que gusta disfrutar de la vida. Tan es así que ya tiene una hija adolescente.¿ Y si deja simplemente de

ser mi madrastra por esta noche? Le propongo y empiezo a avanzar hacia un sitio que parece más oscuro. Alan, por favor. Ahí empieza su

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estira y afloja. Ella está caliente. No me cabe ninguna duda. Sigue apretando los muslos.

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Sigue sudando frío. Y yo no puedo dejar pasar esta oportunidad. Me conformaré con besarla otra vez. Dejarla que me agarre el pito y, si tengo suerte, que me deje sobarle sus nalgotas o sus pechos. Lo que sea, pero no tengo la intención de dejar que baje su libido. Por eso le propongo lo siguiente. A ver, Arlette,¿ y si hacemos como que no nos conocemos?¿ Y si hacemos como que yo vine al bar, te encontré sola, nos tomamos unos tragos, te invité a bailar y de ahí nos gustamos,

tuvimos química y nos besamos? Arlette está recargada en el asiento, sonriendo por primera vez desde que saliéramos del bar.¿ Qué opinas? Le pregunto ante su nula respuesta.¿ Y si no nos conocemos de antes, esto simplemente podría ser un flirteo de una noche? Me responde. Sí, justo es lo que digo, el corazón me empieza a martillar otra vez al notar

su disposición. Solo imagina que no me conoces de nada, que me acabas de conocer y qué.¿ De veras piensas que yo, cuando no tenía pareja, en la primera cita me dejaba besar? Me quedo en silencio para no cagarla con mi respuesta. Luego, cuando cabilo un par de cosas, respondo. tal vez no. Depende de qué tanto me gustara el chico, mi nalgona se empieza a reír, y yo me río con ella. Bueno, entonces, imaginemos que yo soy un chico que te gustó mucho,¿ me besarías en la primera cita?

Arlette se mira nuevamente en el espejo que usa para ver su maquillaje y la veo sonriendo. Ya te besé, me dice, creo que sí debes de gustarme mucho, ¿no? Eso parece, le digo, hinchándome de ego al saber lo que opina de mí. Tú me fascinas, ¿sabes? Le confieso verbalmente por primera vez. Pero antes me odiabas, me recuerda. No es que te odiaría, pero digamos que mis sentimientos hacia ti no eran los mejores, y sabes bien la razón. Sí, lo sé, pero no fue mi culpa. No quiero que

nos distraigamos con el pasado, por eso le digo. ¿Entonces, Arlette? Suponiendo que no tienes pareja,¿ qué acabas de conocer a un chico, y si te gusta tanto, qué más le harías o te dejarías hacer además de besarlo? Espero atento su respuesta, intentando saber a qué atenerme. Depende de qué tan bebida estuviera, me responde.

Speaker 3

En serio?¿ Y cómo es eso?

Speaker 2

Bueno, digamos que, si estoy algo bebida, el chico se tendría que conformar con el beso, pues me encontraría muy inhibida. Pero no te confundas, porque si estuviera muy ebria, me quedaría dormida. Entonces, en el punto medio, si estuviera medianamente bebida, estaría más desinhibida, y sólo por eso creo que iría un paso más allá. Así, Digo, y siento como mi verga empieza a despertarse.¿ Qué es eso de ir un

paso más allá? Pues, es probable que mi lengua se desviara de la boca hacia su cuello, hacia su pecho, hacia donde quiera que mi instinto me hiciera bajar. Su voz es putonamente sensual. Y mi bragueta se infla. Yo avanzo hacia la oscuridad de la ciudad. Veo veredas sin casas. Más bien, hay árboles, pocas lámparas, pero la luz de la luna sí que nos ilumina.¿ Y qué más?

Speaker 3

Pues, me dejaría tocar.¿ Las nalgas? Sí, las nalgas, responde con una risita coqueta.¿ Los pechos? Sí, los pechos.¿ La vagina? No. No en la primera cita.

Speaker 2

Qué significa? Que cuando un chico me gusta de verdad, le doy una segunda cita, donde, es probable que acceda a lo demás.¿ En la primera cita no? No, en la primera cita no hay penetraciones. Me quedo en silencio, cuando decido continuar avanzando, más bien subiendo, a una empinada boscosa.¿ Te estás dirigiendo a un mirador, lo sabías, Alan? Y ni siquiera te he

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dicho por dónde seguir. El instinto sonrió. Pero entonces, Arlette,

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ahora qué tipo de ebriedad llevas contigo? La que es leve y solo te dejas besar, o la mediana, que incluye, uf, toqueteos y un poco más. Porque es evidente que borrachísima para dormirte no estás. Sigo subiendo la cuesta y Arlette vuelve a sonreír. Estoy medianamente borracha, Alan.

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Puff

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Arlette, mi glande salta y mis huevos se comprimen, produciendo una cantidad inmensa de leche. En verdad.¿ Estás en la etapa donde permites besos, lamidas, estrujadas de nalgas, tetas y un poco más? Arlette jadea un poco justo cuando llegamos a la cima del mirador desde donde se puede mirar gran parte de la ciudad. Una ciudad que aún está despierta y donde hay luces allá abajo, mientras aquí arriba estamos nosotros, solo nosotros, dentro del coche, Arlette y yo.

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Sí, Alan.¿ Y cuál es el límite? Mi nalgona cavila. Luego responde. Cero

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penetraciones ni caricias en mi entrepierna. Me siento atragantado. La boca se me ha secado de lo ansioso que estoy. para mí es suficiente. Más vale poco que nada. Si sale bien esta primera cita, en la segunda le pondré la follada de su vida.¿ Eso significa que accedes a mi proposición? Le pregunto para dejarlo claro. Pero cero penetraciones, asiente con la cabeza, y su mirada seductora se torna sombría. Perfecto, respondo, con la verga bien parada y dura dentro de mi pantalón.¿

Nos podemos refrescar un poco? Me

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pregunta justo cuando aparcamos. Salgamos un rato del coche. Claro,

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respondo. Estoy tan caliente, tan maníaco mentalmente, que en efecto, necesito aire fresco. Dejo encendidos los faros del coche y pongo música de babo en un playlist donde coloqué las canciones más exosas que encontré. Mientras ella sale del vehículo por sí sola, yo me acomodo el falo en mi pantalón. Una de las cosas negativas de tenerlo tan largo y tan grueso es que no se pueden ocultar las erecciones. Lo cierto es que me alegro de que no haya

más coches a nuestro alrededor. El destino me está ofreciendo un instante de gloria. Salgo del coche y lo rodeo. Arlette está junto a la puerta de copiloto, de pie. La puerta está abierta y ella mira hacia abajo las motitas de luces de autos, casas y edificios. Me acerco a ella y veo que a medida que me aproximo más, sus nalgas se vuelven enormes. No cabe duda de que ese pantalón de cuero es fascinante y le favorece bastante. Le queda como un guante.

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Me encanta. Ella me encanta. Lindas vistas, me dice

Speaker 2

observando el panorama desde el mirador. Exquisitas vistas, diría yo, respondo, mirando su culazo. Arlette se gira hacia mí y ve lo que estoy viendo. Eres un cerdo,

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sonríe. Pero te gusto, afirmo. La novia de papá está buenísima

Speaker 2

Su mirada es sensual. Quedamos frente a frente y solo nos separa lo gordo de sus tetas, que están muy cerquita de mi pecho. Todo esto es una locura, Alan, razona, mientras yo pongo mis manos en sus caderas. Mis palmas se queman de morbo mientras las froto.

Speaker 3

Ella se remueve un poco. Lo es. Alan, me dice, mientras yo miro sus ojos

Speaker 2

verdes. Sí. Ahora bajo lentamente mi mirada hacia sus labios. Son grandes, carnosos, rojos. Me acerco un poco más a ella. Continúa acariciando sus caderas y mi pecho, de pronto, siente la punta de sus senos. Esto, que sentimos, está mal, es prohibido, lo sabes, no sólo porque yo soy una mujer con pareja, sino porque esa pareja es tu papá y... Lo sé. Mis manos se desplazan hacia su espalda baja. Las introduzco por debajo de su blusa y siento como

su piel y la mía se erizan.¿ En verdad lo sabes, Alan? Sí, y lo entiendo. Lentamente, meto una de mis rodillas entre sus piernas. Ella la separa un poco, dándome apertura para poder ingresar un poco más. Mi verga está que revienta en mi pantalón. Y sabes que solo por eso debemos parar. Alan, y no cometer más errores. Sí, coincidó, frotando mis manos debajo de su espalda baja, descendiendo un poco hasta que palpo los contornos de sus pantalones de cuero.

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Sí. ¿Alan? Sí. Arlette. Con mis manos, la atraigo hacia mí.

Speaker 2

Su boca ya está muy cerca de la mía. Sus tacones apenas se mueven. Más bien, es su pelvis y caderas las que echa para adelante. Su entrepierna siente la dureza de mi falo debajo de mi pantalón y yo hundo un poco más mi rodilla entre sus piernas de

manera que ella se abra un poco más. Entonces, si ya sabemos que esto está mal, dice Arlette, agitada, con su voz con olor a alcohol chocando contra mi cara, y prohibido, y que si continuamos con esta locura podríamos provocarle el daño más devastador a tu padre.¿ Qué ahora es mi marido?¿ Qué es lo que debemos hacer? Parar, digo con sinceridad. Y entonces me atrevo a extender mis manos y mis dedos sobre la curvatura alta de sus

dos enormes nalgas y las aprieto una vez, mientras ella jadea. ¿Entiendes, Alan, entonces, qué debemos parar? Sí, respondo, justo cuando hago descender mis manos extendidas más hacia abajo, de modo que finalmente las tengo bien prensadas contra mis dedos y las estrujo. Pero no es lo que quiero, confieso. Hundo de nuevo mis dedos en sus nalgas y dejo que mi boca ensalivada encuentre la suya. Y nos besamos. Es imposible que mi erección pase desapercibida por Arlette, porque está a reventar. Y

ella la siente. Y por su cara enferma de lujuria, sé que le encanta sentirla. Mis dedos experimentan una riquísima sensación de gozo y pasión mientras los entierro en la dureza de sus nalgas. Ese culazo que se carga es duro, está trabajado, pero a la vez posee suavidad y esponjosidad. Estoy seguro de que la sensación de su cola rebotando sobre mis huevos será la mejor experiencia que haya tenido

en mi vida. Sus tetazas están luchando por explotar debajo de su blusa de leopardo, pues se restriegan contra mi pecho a medida que mi lengua y la suya libran una batalla campal.

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Un

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jadea arlete en mi boca. Mi madrastra me besa con una pasión fiera. Sus manos despiertan y comienzan a meterse debajo de mi camisa. El contacto de sus eróticas uñas rasguñando mi espalda caliente me estremecen. Y todo esto es una locura. Pasa sus manos por toda mi espalda y, entonces, yo me separo de su boca y empiezo a besarle el mentón y voy bajando hasta su cuello, donde me prendo, deslizando mi lengua desde el óvulo de la oreja hasta su clavícula. Y Orlatgan hunde sus uñas en mi carne

y sus piernas aprietan mis rodillas. Estás deliciosa, Arlette. Me encantas, en verdad. Estás hecha un manjar. Eres una ricura de mujer. Mi verga, escondida en mi pantalón, golpea la pelvis de esta deliciosa nalgona. Mis dedos se hunden en su tremendo culo, y sus tetas se clavan en mi pecho al tiempo que ella me vuelve a devorar la boca con la suya. Oh, qué rico, Alan, qué rico. Drama como perra en celo.

Y me pongo como perro en brama yo también. No hay nada más excitante y morboso que una mujer te hable sucio. Te diga lo que siente y lo que le gusta. Y yo no puedo creer que esté sucediendo, que ambos nos estemos comiendo, que ambos nos estemos acariciando aun si tenemos la ropa puesta. Y con mis manos, sigo estrujando su enorme trasero, que en verdad es extraordinariamente monumental.¿ En serio

Speaker 3

todo esto se come mi padre? Rin Rin. Maldita sí. Lo he invocado. Ring, ring. Timbra el teléfono de Arlette.

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Los dos nos paramos en seco. Abrimos los ojos y saboreamos lo que nos hemos compartido de babasa y saliva. Arlette se separa de mí, se acerca a su bolso, que está debajo del asiento, y saca el celular. Es tu padre, joder, me dice palideciendo. Yo me encojo de hombros, un poco cortado, y mientras ella responde, me recargo en el coche. Papá no pudo ser más impludente. Arlette me da la espalda, camina un poco hacia adelante, y yo veo como sus dos deliciosas nalgas rebotan debajo de su

pantalón de cuero. Cariño, buenas noches,¿ cómo va todo?

Speaker 3

Le pregunta Arlette. Yo bien, mi cielo,

Speaker 2

aquí, encantada con tu hijo. Es un acompañante delicioso. De pronto, Arlette se gira un poco hacia mí y me mira con un cinismo que me desconcierta. Pero me gusta, y le sonrío. No escucho bien lo que responde papá, pero Arlette sonríe también.¿ En verdad se me nota, querido? Ríe la novia de papá. Al parecer, él la ha cuestionado sobre el arrastre de su voz al hablar. No, no, vida mía, es que desde mi calambre me siento muy

estresada y decidí beberme unos tequilas,¿ no te enfadarás por eso, verdad? Entonces, Arlette empieza a retroceder, así, de espaldas, hasta que de pronto su culo choca contra mi entrepierna. No me espero en absoluto a que Arlette menee la cola en mi bragueta mientras habla con papá. Debe ser una reacción cínica del alcohol. Yo, a su vez, me quedo rígido, helado, nervioso, como si papá fuera a mirar lo que hacemos su mujer y yo mientras habla por teléfono. Las pesadas nalgas

de Arlette se hunden en mi pelvis. Mi verga está tan dura que podría reventar el pantalón mientras ella lo masajea con su culo.¿ Cómo crees que estoy conduciendo, tontito? No, mi chofer es tu hijo, pero no te preocupes, que ahora mismo estamos en un restaurante, pero yo he venido al baño para escucharte mejor. Su culo restregándose contra mi bragueta produce que mis manos se apresen de sus gordas

piernas y las acaricie. A diferencia de ti, cielo, yo tengo mucho calor, dice ella, meneando su cola con más cadencia y lujuria. Sí, amor,¿ sabes lo caliente que me pone el tequila? ¿Qué, tranquilo, corazón, qué te digo que estoy en el baño?¿ Cómo crees que podría hablar de estas cosas delante de él? Y Arlette sonríe, y yo empiezo a ascender mis manos sobre sus caderas, cintura, vientre, hasta llegar a sus senos. ¡Auch! Jadea a Arlette cuando se las aprieto, eh. Nada, querido, es sólo que me

estoy acariciando mis senos. No puedo creer tal descaro. No puedo creer que le esté diciendo estas cosas a papá. Te decía que el halcón me ha puesto muy cachonda, sí, vida, sí, mi chochito está empapado, ¿cómo? Sí, amor, sí, si vieras cómo me escurre. Sus palabras me descomponen. Arlette está sintiendo como mi enorme y duro bulto golpea el centro de su culo, mientras mis manos masajean sus enormísimas tetas por arriba de la blusa.

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Un

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papi, con lo que me encantaría que estuvieras hundido entre mis piernas, le dice, con la voz más pornográfica que he escuchado nunca,¿ verdad que sí? Claro, cielo, estoy ardiendo. Me siento cerdísima. Ay, papi, espero que al llegar a casa ya estés allí, o tendré que calmar mi calentura con mis dedos, um, sí. Arlette jadea ni bien bajo mis manos otra vez, pero ahora para meterlas debajo de su blusa. Oh, mis manos arden al contacto con la

suavidad de su piel. Entonces, subo lentamente por su vientre hasta encontrarme con su sexy piercing en el ombligo. Juego con las yemas de los dedos con él y ella gime de nuevo. Un. Entonces, ella le dice a papá. Como me encantaría que me sobaras los pechos, amor, así, lentamente, sin sacármelas de la blusa, solo por arriba del brasier y solo tocarlas, acariciarlas por arriba, justo hasta los contornos

de mi sujetador. Y es lo que hago. Mientras mi falo revienta en mis pantalones, mis manos apenas pueden abarcar las costuras de su brasier. Son enormes. Um, sí, papi.¿ Cómo me excitaría que me acariciaras mis grandes y gordas chichis mientras me pasas la lengua por mi cuellito? Oh, sí, sí. Arlette apenas lo dice, yo le mojo el cuello con mi lengua. Y saboreo a la grandísima cabrona. Este morbo

me está matando. Quisiera ponerla a cuatro patas aquí mismo, sobre el pasto, y ensartarla de una vez por todas.¿ A qué horas vuelves a casa, amor? Le pregunta ella a papá, mientras yo sigo chupando su cuello. Advierto cómo se eriza su piel en mi boca. Está calientísima. Me encanta cómo me perrea, cómo mueve su gordo culo sobre mi paquete.¿ Qué qué hora es? Ah, apenas son las dos de la mañana. Uy, temprano, a las cuatro vuelves

a casa, dices, amor.¿ En verdad tanto trabajo tienes? Bueno, sí, cariño, entonces,¿ nos das permiso a Alan y a mí de quedarnos otro rato más? Ah, sí. Sí, amor, te dejo, iré con tu hijo, que debe estar esperándome.¿ Qué que estoy cenando? Bueno, vida mía, ahora mismo nada, pero en cuanto regrese a la mesa, me atragantaré con un salchichón, buenas noches, querido. Y cuando corta la llamada, yo apenas puedo creer que sea tan hija de la chingada, tan cabrona y tan cínica.

Y aún así, me excita que sea una putota. Arlette se gira contra mí y me vuelve a besar con pasión, sin decirme nada. Hunde su lengua hasta mi garganta y yo vuelvo a estrujar su cola con gusto. Qué dura la tienes, qué rico se siente. Me

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dice. Estás ardiendo, mami. Si supieras cómo estoy de mojada. Puedo tocar.

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Tenemos un acuerdo, me recuerda, mientras seguimos besándonos y magreándonos. Cuando se nos agota la respiración, nos separamos. Arlette, toda una fiera, me empuja hacia atrás y yo caigo sentado en el asiento de copiloto. Ella me sonríe, allí, de pie, mientras veo cómo se deshace del nudo que sujeta la blusa de leopardo. Ahora sí, cabroncito, me dice con lujuria, ya oíste a tu papi, tenemos dos horas para portarnos mal. Enséñame qué eres capaz de hacerle a una mujer como yo.

Aprieto los dientes. Me muerdo los labios, me acomodo la verga dentro del pantalón y veo como la blusa de Arlette cae al suelo, quedando solamente en sujetador. Yo puedo hacerte bramar de mil formas, mamita, lo sabes. Un empieza a mover sus tetazas mientras se quita eróticamente el brasier, moviéndose al ritmo del rap que suena en el coche cuando le subo al volumen otra vez, esa voz me agrada, delicioso hijito. porque justo ahora me estoy quemando por dentro.

Cuando menos acuerdo, las copas del brasier desnudan sus pechos uno en uno. Primero es el izquierdo, turgente, monumental, que cae rendido sobre su pecho. Luego le sigue la siguiente mama, que se derrumba sobre su cuerpo. Y entonces, ahí está mi sexoxamadrastra, espectacularmente con sus dos melones de carne morenos desnudos hasta mí. Uta. Arlet, pero que melonazos tenías guardados ahí dentro. Bramo. En efecto, son magnánimos y más grandes

de lo que pensaba. Lo mismo me pasa al ver sus pezones, que son más gorditos y afilados de lo que me imaginaba. Sus areolas oscuras se le miran deliciosas. Pareciera que fuese una mujer preñada con litros de leche en sus glándulas mamarias. Son dos gordas mamas deliciosas que ya ardo por comerme. Arlette se mueve al ritmo de la música y empieza a sacudirlas de un lado a otro. Estas botan sobre su pecho una y otra vez y a mí se me sale la saliva de la boca. Estoy hambreando.

Speaker 3

Quiero coño y tetas. Quiero culo también.

Speaker 2

Amamántame, mami. Le digo excitadísimo, tumbado en el asiento de copiloto, vamos, termíname de criar. Pero Arlette tiene otros planes para mí. Es ella la que se hace cargo de la situación, y no yo, tal parece. Mi madrastra se acerca más a mí, pero de repente, ella se pone a gatas entre la maleza del suelo. Higatea un poco hasta que toca mis rodillas flexionadas, y yo, agitado, caliente, veo que con sus manos busca la hebilla del cinturón de mi

pantalón y entonces sé lo que pretende hacer. Joder, mami. Arlette lo desabrocha como una experta y finalmente desabotona mi pantalón. Qué morbazo. Me levanto un poco para bajármelo. Pongo mi culo más adelante del asiento para que ella esté cerca de mi entrepierna y suspiro, ansioso.¿ Qué boquita tienes, mami? Ella me mira a los ojos y noto que los suyos están ardiendo, repletos de lujuria. Entonces, me levanto un poco para sacarme el bóxer y cuando los retiro hacia abajo,

salta mi larga y gorda vergatura sobre su cara. Y ella hace un gesto de puta en celo que me excita. Madre mía, pero si la tienes enorme. Se maravilla, relamiéndose los labios.¿ Te gusta? Está deliciosa, ricura. Es toda tuya, mamacita, haz con ella lo que te venga en gana. Entonces, una hambreada Arlette me la agarra con las dos manos, la aprieta fuerte y ella puede sentir como mis venas

palpitan sobre su piel mientras me la aprisiona. y la imagen que tengo es gloriosa, mi verga gorda entre sus manos, acercándose a su boca, sus obesas tetas cayendo pesadas sobre su pecho, y yo apuntando mi glande a su boquita. Atragántate de mi verga, mami, le digo completamente enardecido, que

quiero empacharte de mi leche. Pero antes de hacerlo, ella me sonríe, lujuriosa, cachonda, candente, agita mi falo duro y pone la punta babeante de mi glande en uno de sus pezones, mojándolos con mis preseminales, luego hace lo mismo con el otro.

Speaker 3

Uf

Speaker 2

Arlette, qué morbo, qué tetas. Y yo estoy vuelto loco, pues cuando ella vuelve a formar una cara de zorra en potencia, abre su boca, mete mi miembro lentamente, y sólo entonces, cuando la tiene bien adentro, sé que empezará a hacerme una formidable mamada de verga y de huevos. Y con suerte, le propinaré esta noche la follada de su vida, aquí mismo, dentro del coche de papá, mientras hacemos guarradas cerdísimas. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy.

Speaker 3

Hasta la próxima.

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