38 años? Carajo, Arlette.
Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos La novia de papá, parte 3. Durante la primera semana, apenas le dirigí la palabra a Arlette, dedicando mi tiempo a mi padre o a mis cuadernos, ya que pronto entraría a mis cursos de inducción. Mi único consuelo era mi novia, cuando nos hablábamos por teléfono y fantaseábamos con hacer el amor, yo perforando su culito y ella rebotando sobre mí. Francamente, no me salía a ser efusivo con Arlette. Sobre todo
porque ella era una mujer muy hipócrita. Solo me buscaba la cara y era hacendosa conmigo cuando su marido la veía. La muy hija de puta me ignoraba todo el tiempo que estábamos a solas. Tampoco me hablaba. Pero era que papá llegara a casa y Arlette se transformaba en la
reencarnación de la Virgen María. De ser la mujer fría que rondaba por toda la casa, hablando por teléfono con sabe quién, se convertía en la madrastra buenita que me atendía, que me sonreía, que me ofrecía la luna y las estrellas, haciendo, decía, mis comidas favoritas como si en verdad supiera lo que a mí me gustaba comer. Cabrona. Lo peor es que cuando me ponía en la sala a ver la televisión, Arlette solía ponerse unos minis shorts de licra que le
llegaban a sus gordos muslos. Ajustándose a sus voluminosas caderas y al tremendo culo que seguro asfixiaría a cualquier hombre al que se le sentara en la cara, no entiendo cómo papá aún estaba vivo. Arlette tiene una gran figura, unas curvas potentes y una cara de ángel y de puta a la vez que te mueres. Arriba se ponía una blusa holgada que, aun así, a veces me parecía
ver sus pezones transparentándose en la tela. Encima, parecía que a propósito se ponía a limpiar donde yo estaba cerca, como una ofrecida, a tal grado que cuando yo estaba sentado detrás de ella, Arlette se aseguraba de agacharse para juntar o limpiar algo. de modo que sus grandes nalgas quedaban directo en mis ojos, abriéndose inmensamente debajo de ese micro sortelicra que le marcaba a veces, incluso, su puchita,
haciéndome ver que no siempre usaba ropa interior. Confieso, por Dios, que muchas veces tuve que encerrarme en mi cuarto y hacerme una paja en honor a esa maldita golfa que, por dignidad, tenía que aborrecer. Por otro lado, no podía evitar sentirme enfadado e incómodo cada vez que cenábamos en familia y Arlette quería hacerse la graciosa conmigo. Papá era muy estúpido al no deducir que esas muestras de cariño
de su nueva mujer no eran sinceras. Era una bonita actuación para que no quedara como la maldita mentirosa y bruja que era. Tras pasar una semana de haber llegado a vivir con ellos, las cosas no mejoraron, por eso, el domingo por la mañana, papá me sentó en la sala con él y me dijo, Mira, Alan, no te ofendas, pero creo que no estás poniendo mucho de tu parte. No te entiendo, papá. Claro que lo entiendes, y lo
entiendes muy bien. He visto como Arlette se la pasa intentando complacerte todo el tiempo y tú la rechazas, eres grosero.
¿Grosero? Le reprocho. Papá, pero si ni siquiera le
hablo. Ese es el problema, hijo, que no le hablas, que la ignoras, que le haces gestos, que ni siquiera tienes la iniciativa para tener un acercamiento con ella. Mira, Alan, no sé qué te haya dicho tu madre antes de venir a esta casa, pero no voy a consentir que le hagas estos desplantes a Arlette. Tienes que entender, hijo, que ella es mi nueva mujer, y que la amo, y que estoy dispuesto a defenderla de todos, incluso de tu madre y hasta de ti. Pero papá,¿ no crees
que estás exagerando? Me indigno. Yo no he hecho absolutamente nada. Eres grosero, Alan, indiferente y gestoso. Arlette ya lo
ha notado. Se siente incómoda ahí. Ella te lo ha dicho, papá. No hace falta, Alan. Yo lo noto.
Arlette hasta parece más tímida con tu presencia. Ella siempre ha sido alegre, y ahora la noto más apagada, más triste, y si tu presencia en esta casa va a provocar que tú y ella se sientan incómodos, entonces. No lo dejé terminar, porque estaba seguro de que me estaba diciendo que me echaría de su casa si no me comportaba. Y ese planteamiento me dolería en el alma. Joder, que él era mi padre, y bastante distancia habíamos tomado ya
desde que esa golfa nos separara. Así que no lo dejé concluir la frase, para no hacerle pasar un mal rato a él y a mí. Te prometo que esto cambiará, papá. No podía decirle que Arlette era una hipócrita, una mentidosa, una hija de puta que sólo fingía cariño hacia mí cuando él estaba cerca. No era inteligente echarle mierda a su novia, pues me estaría evidenciando ante él y le estaría dando la razón de que esa puta me caía como patada de burro en el culo. Por eso, cambié
de estrategia. Él dio un fuerte respiro. Como si mi respuesta fuera un gran alivio.¿ De verdad, hijo, de verdad pondrás de tu parte? Te lo prometo, me humillé ante él, forzando una sonrisa. No sabes el gusto que me da escucharte decir eso, camarada, porque yo estoy muy contento de que estés con nosotros. Tragué saliva. No sabía qué tan real era ese sentimiento que me expresaba si me acababa de quedar claro que si él tuviera que elegir entre perder a su hijo antes que perder a su nueva novia,
preferiría lo primero. ¿Sabes, papá? Inicié con mi cambio de estrategia. Creo que más bien me siento cohibido con Arlette. Creo que en su momento la traté muy mal y ahora me da vergüenza acercarme a ella. Y no sé cómo hacerlo. Oh, no, hijo, Arlette es una buena mujer. Ella no es de las que le guardan rencor a la gente. Seguro que ya olvidó cualquier ofensa que le hayas hecho en el pasado. Te lo juro. Trátala, sin prejuicios, conversa con ella, acércate más.
Conviértete en su amigo y verás cómo te termina agradando. Arlette me ha dicho que quiere que la veas como una madre, pues ella me ama tanto que ya te ve como hijo. No quiero de ninguna manera decirte que reemplaces el cariño que le tienes a tu madre por Arlette, pero podrías comenzar sintiéndote querido. De esa manera, tu estancia durante tus años de universidad en esta casa será mucho más fácil para todos.¿ Querer a esa golfa como una madre? Ja,
ja
ja. Como te digo, papá, prometo que pondré de mi parte. Estamos platicando aún cuando Arlette baja por las escaleras con una bata de baño puesta y unas sandalias. Su hermosa figura está oculta, pero me imagino sus grandes atributos como si no llevara nada. Se ha atado el cabello en una cola de caballo, y con una de sus castrosas sonrisas me dice... Alan, querido, seguramente ya te dijo tu padre que se irá a terminar unas impresiones a la imprenta.
Me dijo que te llevaría, pero yo preferiría que te quedaras conmigo y fuéramos a la piscina un rato. Mi cacho remis.¿ A qué está jugando esta loca? Si papá quiere que lo acompañe a la imprenta, con gusto yo. No, hijo, me interrumpe él, dándome una palmada en la espalda, contento, ya sabes lo que hablamos antes, y prefiero que vayas con ella a la piscina, así, pues se van conociendo más. Pero papá. Anda, Alan, no seas tímido, ve por ropa de piscina y te vienes conmigo. Papá mira mi rostro,
como si evaluara mi reacción. Para hacerle ver que estoy feliz con la propuesta de mi madrastra, finjo una sonrisa y respondo con una ensayada voz de alegría. Claro que sí, Arlette, enseguida voy. No me gusta nada estar a merced de las decisiones que tome Arlette, como si ella llevara los hilos de la jugada y papá y yo tuviésemos la obligación de movernos según sus órdenes. Aún así, hago lo
que me pide. De mala gana voy a mi cuarto, me pongo unas chanclas y unas bermudas y camiseta de playa, porque yo soy más alto y fornido que él y me dirijo afuera. Cuando llego al patio trasero de la casa, encuentro a Arlette cerca de la piscina, que la está terminando de llenar. Frente a la alberca hay varias tumbonas plegables extendidas y sombrillas de sol. En el rincón hay un área para hacer asados y enfrente una terraza con mesas y sillas. Definitivamente, a papá le ha ido muy
bien en su imprenta. Ojalá mamá pudiera tener una casa como esta donde disfrutara las maravillas que ahora aprovecha la zorra de Arlette. Todavía no es mediodía y el sol ya calienta bastante.¿ Será que por eso Arlette aún lleva puesta su bata de baño, para que los chorros del gran colosal no quemen su piel morena? Hola, Arlette, apenas me sale el saludo. Quisiera decirle que es una mierda de persona, manipuladora y golfa, pero en lugar de eso tengo que fingir otra sonrisa cuando ella me mira y
hace lo propio. Hola, Alan, me alegra que te quedaras conmigo. Verás qué rica se pone el agua en un rato. Luego se echa a reír cuando mira mi atuendo.¿ Qué es tan gracioso, Arlette? Creo que si me llamarás mami, él lo tomaría como una señal de unión entre tú y yo. Joder. Mi verga vuelve a saltar debajo de mi pantalón. Me da un morbo tremendo tener que decirle mami a esta buenísima mamacita. No tengo problema con ello. Mami. Arlette sonríe, satisfecha, fascinada. Sus hoyuelos vuelven a marcarse y
su angelical rostro oculta lo golfa de su gesto. Bien, mi pequeño, eso me gusta.¿ Ves cómo nos estamos entendiendo? Ahora me habla con ternura. Incluso su voz es más suave y seductora.¿ Qué más podremos hacer para que papá vea que nuestra relación es buena, Arle, mami? Mierda. Si mi pene me va a temblar cada vez que le
diga a Arlette mami, estoy acabado. Bueno, dado que tu papá trabaja mucho y a veces llega cansadísimo, teniendo muy poco tiempo para mí, cuando vengas de la universidad, podrías acompañarme a correr por las tardes o por las mañanas de los fines de semana. Ir a comer juntos, al cine, salir ambos a fiestas a las que me invitan y a las que no voy para no ir sola. Etcétera. Bueno, no
sé, los vecinos, podrían verlo mal.¿ Mal por qué? Se cruza de brazos.
Nadie pensará que tú eres, mi mami, sino mi novia, o algo así. Me tiembla el pecho cuando me refiero a ella como novia. Pero si eres un bebé a mi lado, Alan, se ríe mi madrastra.¿ Cuántos años crees que tengo? Miro su joven rostro y le digo. ¿29? Ella se echa a reír, mira hacia el cielo y su bata se mueve un poco. Favor que me haces, cariño, pero no.
Tengo ya 38 años. ¿Qué? Me sorprendo y casi siento palidecer.¿
Mami, cielo, soy tu mami, me dice con cariño, acariciándome la mejilla. Mi piel se pone tensa y caliente cuando me acaricia, y mi falo vuelve a temblar en mi bermuda. San, y, sí, mami. Es que no me lo creo. Como ves, ya tengo mi edad, solo que tú me ves joven porque me ves con ojos de amor. Ambos nos echamos a reír. Oye, Arl, quiero decir, mami,¿ te puedo hacer una pregunta, sin que te ofendas? Estamos en confianza, cielo. No te preocupa
llegar a los 40 y no tener. ¿Hijos? Termina ella mi pregunta. Pues sí,
digo. Tengo una hija de 17, responde, siendo esta respuesta una nueva revelación que me deja seco.¿ Cómo así? Tenía yo 21
años cuando la tuve, Alan.¿ Y dónde está ella? Nunca la vi en el pueblo. De hecho, vive aquí en la capital, con su padre.¿ Tienes
contacto con ella? Sí, de hecho sí, se llama Carmina. A veces viene a visitarnos y se queda aquí, en esta casa. De todos modos, había pensado invitarla pronto para que se conozcan. de las cosas que se entera uno.¿ Mamá estaba enterada de que su corneadora tiene una hija? Me parece genial, digo con sinceridad. Me gustará conocerla. Me vendrá bien tener nuevas amistades y que mejor si la hija está igual de buena que la madre. Por otro lado,
pues que te digo, Alan. Lo hemos intentado, tener un bebé, pero no hemos dado resultado. Veo un atisbo de tristeza en su mirada, pero luego sonríe de nuevo. Pero no hablemos de cosas tristes, Alan. Vamos, levántate, quítate la ropa y échate en la tumbona, que voy a ponerte bloqueador o quedarás como un carbón en un par de horas. Vale, mami,
ahora me preparo. Me parece rarísimo estar conversando de esta manera con la mujer que se supone que tengo que odiar, como una promesa que hice a la tóxica de mi madre. Aprovecho que Arlette va a la terraza por una crema de bloqueador solar para quitarme la camiseta y luego la bermuda. Joder. Digo, viendo que mi bóxer en verdad está muy ajustado. Puedo ver la forma vertical en que se acomoda mi pene dormido, que aún flácido es largo y gordo, y lo abultado
de mis testículos en la parte de más abajo. No quisiera que Arlette me viera así, por eso me pongo mi bermuda en mi entrepierna, ocultando mi bulto.¿ Quieres una cerveza? Me grita desde el otro lado del patio. A papá nunca le ha gustado que beba, le informo. Tampoco le gusta que tome yo, pero no le hago caso, porque él sí que bebe, el gran cabrón, se echa a reír, y me parece raro que lo cabronee. Vamos, nene, tómate una.
De acuerdo, pues, le digo. De la hielera saca tres botellas de cerveza modelo de medio litro y las trae. Dos de ellas las pone en el suelo, junto a mí, y yo busco un destapador. No hace falta, me dice, sabiendo lo que buscaba, presta, aquí traigo una de mis llaves de mi cuarto. Arlette pone la punta de la llave en el tapón metálico de la botella, y con un golpe bien pensado, el tapón vuela por los aires. Joder, Arlette, la has abierto como una campeona, la halago sinceramente, asombrado,
ni siquiera yo sé hacer eso. Júntate conmigo, nene, y verás cómo te echo a perder. Genial, me río, a papá le gustará eso. Anda, bebe cerveza, que ahora abro la mía. Arlette vuelve a quitar la tapadera con la punta de su llave y le aplaudo, como estúpido.¿ Le dirás a papá que bebí cerveza?¿ Tú le dirás que estoy echando a perder a su hijo? Será nuestro secreto,
le digo. Salud, entonces, amor. Ella me guiña un ojo y me da un poco de morbo saber que tengo secretos con la novia de papá.¿ Qué por cierto me ha dicho amor? El calor es bastante fuerte, por eso me bebo la cerveza de dos tragos. Carajo, niño, se ría Arlette, lo bueno que tenías miedo a tu padre, ¿eh? Tenía sed, dije, pidiendo otra botella. Arlette abre la tercera botella y tomo otro largo trago. Bien, ahora sí, échate a la tumbona, para ponerte un poco de bloqueador solar.
Antes de ponerme de pie, Arlette deja su cerveza en el suelo, y con un sensual movimiento se abre la bata de baño blanca que lleva puesta y la deja caer en el suelo. Mierda. Los ojos casi se me salen ante tal majestuosidad de mujer. Arlette luce un minúsculo bikini negro de dos piezas, compuesto por un pequeño sujetador holte triangular que apenas cubre el redondo de sus pechos, dejando desnudos sus gordos laterales y cuyas tiras se atan en el cuello. Sus senos se balancean sobre la tela,
mientras se acomoda su pelo. La tela del sujetador es muy delgada y se aprieta tremendamente a sus senos, porque se le marcan obscenamente sus pezones. Sus braguitas también tienen una forma triangular alargada que cubre su pubis. La parte inferior de la tela negra está tan apretada a su vulva que se nota el hundimiento y la separación entre los dos labios de su vagina. La braguita está atada por los lados, a la altura de sus caderas, con un par de listones que, si alguien tirara de ellos,
la desnudarían por completo. Búa Sus piernas son grandiosas, esculpidas solemnemente, y sus muslos carnosos apenas vibran cuando se desplaza. Menudo cuerpazo tiene esta hija de puta. Se me hace agua la boca cuando ella se mueve, buscando de nuevo la crema de bloqueador, y veo como sus pechos turgentes se balancean. Al voltearse, dándome la espalda, veo que la mitad de sus nalgas están descubiertas por el corte de su braguita.
Se agacha un poco, como lo hace cuando limpia la casa, y la enormidad de sus glúteos se separan y yo me estremezco. Lo que será hundir el pene sobre esa inmensidad. Y ella continúa con sus quehaceres. Vaya manera en que botan sus nalgotas cada vez que Arleta hace un movimiento. Son tan aparatosas e inmensas que podrían aplastarme la cabeza si se sentara sobre mí. Aprovecho que se volteó para tumbarme en el camastro de playa. Y menos mal que estoy boca abajo, o Arlette se dará cuenta de cómo
mi gran pene se ha puesto durísimo. Imposible disimular. Ahí voy, mijo, me dice. Vale, respondo, sintiéndome violentamente cachondo.
Uf,
estás nalgón, nene, ¿eh? Me dice, echándose a reír. Nalgona tú, mami, le digo riendo, y siento que comienza a hacerme efecto la cerveza. Debo tranquilizarme. Me estuviste espiando, travieso, me ha descubierto. Lo normal, me da calor recordar semejante culazo, además, con esas nalgas tan grandes, a dondequiera que mirara aparecerían en mis ojos. Arlette se ríe, diciéndome que soy un exagerado.
Al cabo de unos segundos, no me espero que Arlette se siente sobre mi culo, acomodando sus piernas flexionadas en cada lado de mi cuerpo. El camastro rechina y yo echo un gemido de sorpresa. De hecho, la sensación de tener sus enormes glúteos posados sobre los míos me genera un morbazo que ya la verga me quiere explotar.¿ Haces ejercicio, Alan? A veces, le digo, tratando de morderme los labios para no decirle que me tiene calientísimo sabiéndola sentada sobre mí.
Se nota, tienes una espalda muy marcada. Antes de decirle nada, siento como un chorro frío de crema cae sobre mi espalda alta. Inmediatamente, las manos suaves de la novia de papá esparcen el bloqueador con delicadeza. Y la piel se me pone de gallina, me estremezco mientras sus uñas se entierran en mi lomo y los escalofríos y temblores debajo de ella me delatan. Tiemblas como pollito hirviendo, Alan, se burla.¿ Es qué? Arlette, tienes unas manos muy sedosas. Sí, tu
padre suele decírmelo. Un nuevo chorro de bloqueador cae ahora en mi espalda baja y a medida que sus dedos me embadurnan suavemente, mis ganas de meterle el rabo por su rajita aumentan. Contrólate, Alan, contrólate, es solo Arlette, la puta barra diagonal esposa de papá.¿ Qué manera tiene esta cabrona de poner protector solar?¡ Qué suavidad de dedos, de yemas, de uñas! El flotamiento que hace en mi lomo es tan excitante y cuidadoso que pareciera que en lugar de
ponerme protector me está acariciando la piel. Ahora solo falta en tu cuello y hombros, nene, me avisa la culona. Apenas siento como un nuevo chorro de crema líquida y fría moja mi cuello cuando salto y me remuevo sobre el camastro. Me es inevitable restregar mi bulto sobre la tumbona para resistir a esta erótica sensación. Pero la calentura y el éxtasis no me explota en mi cerebro al saber que mi nueva mami me acariciará el cuello y mis hombros con sus terzas manos, siendo de las más
erógenas que tengo en mi cuerpo. Sino cuando Arlette se recuesta sobre mi espalda, según ella, para llegar a la altura de mi cuello, y siento como toda su esculpida figura se hunde sobre mí.
Uf,
jadeo involuntariamente. Sentir la enormidad de sus duros pechos carnosos aplastándose contra mi piel caliente en la espalda me pone malo. Sus manos me acarician la parte posterior de mi cuello y hombros, mientras ella, como si fuese intencional, me restriega
sus tetazas sobre mi piel. No importa que lleve el sujetador puesto, puedo sentir su carne, su piel caliente, la voluptuosidad de sus caderas echadas sobre mis piernas, su candente vientre rozándome la espalda baja, sus globos de carne frotándome, friccionándome, incluso percibiendo en cada poro de mi cuerpo sus pezones ocultos por la tela. Oh, mami.¿ Te gusta, nene?¿ Te gusta lo que hace tu nueva mami? Uf, sí, me encanta. La sensación de sentir sus tetas aplastándose contra mi espalda
se interrumpe cuando me dice. Ahora volteate, Alan.¿ Qué ha dicho? El problema no es voltearme. El problema es que mi gran falo está tieso debajo de mí, por poco agujerando la tela del camastro, traspasándolo. Mi miembro está más duro y caliente que un hierro al rojo vivo. Incluso me duele aplastarlo debajo de nuestros cuerpos. Lo que mi pene quisiera es estar reventando su vagina mojada y luego su ojete de atrás. No.
Arlette, mejor no.¿ Por qué no? Tengo que ponerte bloqueador también por delante. En el pecho y la parte frontal de tus hombros.
Mi pene empieza a vibrar más fuerte. Mi pecho tiembla. Estoy muy nervioso. No me puedo voltear o Arlette sabrá que se me ha parado por sus caricias.¿ Y si me toma por un perfecto imbécil?¿ Y si me ríe la gracia?¿ Y si en lugar de reírme abofetea, me arma un escándalo?¿ Y si Arlette, al ver mi erección, se lo cuenta a papá, tachándome de enfermo, de psicópata, provocando que él me eche de la casa? Mierda, Arlette, por favor, no hay necesidad de voltearme. Mi mami se
ha erguido. Su abombada cola se mueve sobre la mía. Esos movimientos tan sensuales empeoran mi erección.¿ Qué pasa, Alan?¿ Te ha molestado algo que hice
Creí que lo estábamos pasando bien. ¿Qué? Sí, yo estoy bien, solo que...¿
Cómo le explico que tengo el pito parado? Entonces solo gírate y ya, vamos, que el agua ya debe de estar riquísima y además falta que me untes protector a mí.
Uf. Joder. En realidad
no tengo una excusa para no voltearme. Así que solo queda afrontar la situación y que sea lo que Dios quiera. Está bien, le digo. Ella no siquiera hace por levantarse para que yo me mueva, solo echa el culo un poco hacia atrás y yo recojo mis piernas con flexibilidad para poder girarme por completo. Aquí voy. Al voltearme, veo que Arlette primero mira mi rostro, sonriendo. Sus pechos oscilan
dentro del sujetador. Y apenas quiero poner mis manos sobre mi bulto cuando noto que ella desvía sus ojos verdes hacia mi entrepierna, haciendo un gesto de sorpresa, quedando boquiabierta. Oh, no. Grito, cuando veo algo que me aterroriza. No entiendo cómo ha pasado, pero mi enorme verga ha salido parada por el hueco de mi boxer, y en este preciso momento está palpitando sobre la parte frontal a escasos centímetros de la vulva de mi madrastra. cuya braguita permanece clavada entre la división
de sus labios vaginales. Por Dios, Alan. Exclama. Mi glande babea, las venas brotan en mi tronco, y cuando menos acuerdo, las manos de Arlette se cierran sobre mi verga y sé que esto no debería de estar sucediendo. Arlette, le digo, muerto de vergüenza, y una extraña calentura que hace que de mi uretra escape otro hilo de preseminal, mojando los dedos de la mujer de mi padre.¿
Y ahora qué mierdas va a pasar? Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
