Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos La novia de papá, parte 11. Ese cosquilleo que se siente cuando el glande atraviesa la garganta de la mujer que te está mamando la verga es una sensación que no cambiaría por nada del mundo. pero el morbo que se añade por el hecho de saber que esa mujer en cuestión es tu madrastra es incomparablemente extremo. Así, bonita, así.
Ahí está ella, de rodillas en el suelo como una campeona, frente a mí, con el escote de su vestidito plateado desacomodado, mostrándome sus areolas, pero con sus pezones escondidos dentro de él, casi a punto de salir. Oh, sí, ronroneo, percibiendo el calor de su boca que absorbe mi falo un poco más adentro. Sí, mamacita, sí, traga, traga. Sus ojos verdes abiertos, enrojecidos por el esfuerzo, mirándome fijamente. Mis manos sujetando su nuca,
empujándola lento hacia mi centro. El sonido de mi falo ingresando en su garganta babeante llega a mis oídos y me provoca escalofríos. Un poco más. Insisto. Ella jadea al tragársela toda por completo. Se acomoda en el suelo. Sus grandes pechos se mueven y yo distingo las puntas erectas de sus pezones. Sus manos aprietan mis nalgas. Me impulsan hacia ella, que a su vez está siendo empujada por
mis manos. Joder. Es imposible no reconocer el esfuerzo magnánimo que hace la novia de papá por mantener la totalidad de mi pene clavado en su boca. Noto su esfuerzo por sus arcadas. Cuando su respiración se agota, veo que de sus ojos saltan lágrimas. No aguanta más la respiración y entonces suelta mi tranca y la saca de su boca. La enormidad de mi falo queda estilando frente a sus
ojos cuando sale de su boca por completo. Ella lo mira, victoriosa, y se ufana al saber que se la ha podido tragar toda.
Uf,
ricura, si tu padre la tuviera así, jadea, también es grande, pero la tuya es incomparable. Me excita la forma en que me sonríe, con sus comisuras llenas de saliva y fluidos. Suelta mis nalgas y se apodera de mi empuñadura, la cual masturba con el propósito de que continúe tan dura como hasta ahora. Vamos, nena, sigue, le pido, sigue chupando. Arlette me hace caso. Acerca su boca a mi glande y, en lugar de absorberlo, saca su lengua y lame la punta. ¡Ay,
qué rico, Arlette! De pronto, su lengua empieza a dar lamidas en todo mi tallo, como si fuese un helado, trazando con la punta mis líneas venosas. Lo hace de arriba hacia abajo, luego al revés. Cuando vuelve a llegar a mi glande, mi nalgona abre la boca y se lo introduce de nuevo, para iniciar una mamada magistral. Oh. Jadeo al sentir como sus labios se cierran a mi alrededor.
La vuelvo a sujetar de la nuca, entierro mis dedos en su melena negra y empujo mis caderas con fuerza hacia ella, que recibe mi erección hasta lo más hondo de su garganta. Se oyen los prosaicos sonidos por toda la estancia mientras le folló la boca con fuerza, mientras ella mantiene otra vez sus manos aferradas a mis nalgas. Cuando acelero mis vaivenes, noto que mi glande está traspasando una y otra vez su garganta, provocándole ahogamientos, por lo
que empieza a expulsar más baba que antes por la boca. Vamos, putita, vamos, así, come, come, come. De por sí, el cosquilleo que siento en mi pene ya es muy intenso, pero éste se intensifica a medida que mis testículos chocan una y otra vez en su mentón. Lo que más me gusta de Arlette es su mirada intensa, salpicada de lágrimas por las arcadas. Una mirada lujuriosa y desafiante que me acelera los latidos de mi pecho, como
diciéndome en silencio.¿ Así que me odiabas, no cabrón? Viniste a mí porque tu madre te envió para destruir mi relación con tu papi. Pues mira cómo acabaste, idiota, vencido y rendido ante la mujer que juraste destruir y que ahora está tragándose tu verga. Y a medida que su mamada continúa y mis bolas golpetean su mentón, mis deseos por fornicarla se vuelven mayores. Apenas asimilo que en verdad mi madrastra esté de rodillas chupando mela con tal lascivia
y esmero. Encima, hay una cantidad de saliva muy espesa que se resbala por las comisuras y moja sus inflados pechos. A estas alturas, el seno derecho ya tiene el pezón de fuera en su totalidad. La humedad de su escote eléctrico empieza a ser notable y el bullicio de sus mamadas se hace más audible. Arleth la chupa como toda una diosa. Los movimientos de su lengua y la baba que vierte sobre mi falo son exquisitos. Tan es así
que siento que pierdo el equilibrio. Para sostenerme, vuelvo a enterrar mis dedos en su pelazo y respiro muy hondo para relajar mi pelvis, cada vez más tensa por el placer que esta cabrona me hace sentir. Conforme mi pene desaparece constantemente en su boca y su gusto por tragársela me deja atónito, la hinchazón de mi virilidad me previene de una posible corrida. Por eso la detengo en seco. Para,
le exijo de golpe, no quiero eyacular aún. Arlette se la saca de la boca, con el labial escurriéndole por la barbilla, y la veo lamerse la saliva espesa que sale de su garganta. Tampoco aguantaste, machito. Se burla, agarrando mi longitud con la mano, meneándola fuerte al tiempo que yo me pierdo en la saliva que se hunde entre el canalillo de sus mamas. No quiero correrme aún, no le doy más explicaciones. Vamos, levántate. Un poco entumecida, se mueve.
Le ofrezco mi mano y la ayudo a incorporarse. Noto que le tiemblan las piernas. Se echa el pelo hacia atrás, se acomoda el vestido plateado tanto de abajo como del escote, guardándose sus pechos, y después se aproxima a mí y me besa violentamente, sin soltarme la verga ni un solo instante.¿ Te encanta mi tranca, eh, putita? Le pregunto cuando nos
separamos un momento. Y tus huevos también, machito, alardea, usando su otra mano para apretarme suavemente mis testículos, haciéndome temblar.¿ Qué te digo yo a ti que no te haya dicho antes? Me encantas completamente, nalgona, y la mamas como una diosa. Ella me responde pegándose a mi cuerpo y metiendo su lengua en mi boca de nuevo. Me besa y la beso. El sabor de mi pene y su propia saliva me enrarece el momento, pero continúo sin parar. Nos agasajamos durante el beso, y tras un breve momento,
ahora es ella quien me detiene. pone sus manos en mi pecho y me separa. Entonces veo cómo, en tacones, Arlette empieza a caminar hasta el sofá donde se sienta. Ben, Alan, me dice, subiéndose el vestido plateado a las caderas, ahora te toca a ti darme placer. Esta vez soy yo quien se pone de rodillas frente a ella. Me acomodo perfectamente en el suelo entre sus muslos para tener un mejor acceso a su entrepierna y me quedo un momento mirando su deliciosa tanguita que por la humedad está pegada
a su vulva. Levanto la vista y, por mi posición, la veo a ella como una reina inalcanzable. Tiene una cara congestionada de deseo que me observa sin parpadear. Una cara de orgullo. De hambre. Sus ojos verdes me lanzan llamas y me exigen acometerla ya. Tienes una cara de zorra que no puedes con ella, nalgona. Así me tienes, cabrón. Arlette, mordiéndose el labio inferior, saca una de sus enormes tetas del escote con su pezón erecto y su areola coronándola,
y la otra la deja dentro. El resultado ante mis ojos es una obscena imagen sumamente morbosa, una teta de fuera y la otra escondida. Casi tengo ganas de subir hasta ese pezón y morderlo, pero ella con la vista me señala su chocho. Tu lugar está en mi concha, papi. Trago saliva y me acerco un poco más. Ella misma separa sus piernas morenas todo lo que puede para mejorar mi proceder, y solo entonces hundo mi cabeza hasta que mi nariz toca su empapada braguita negra y aspiro profundamente.
Apestas a lujuria, Arlette, aspiro de nuevo su sexo. Apesto a puta, dilo. Jadea con un largo suspiro. Vamos, cómeme el coño, cabrón, que estoy ardiendo. Su voz de putota me fascina, y si a eso añado la seguridad con la que acepta lo que le estoy haciendo, todo se vuelve mucho mejor. Arlette no tiene poses ni finge en este momento ser algo que no es. Se está descubriendo ante mí como una mujer libidinosa a la que le gusta el sexo, que ahora mismo está caliente y que
quiere que le chupe la concha ya. Ábrete más, le ordeno, metiendo mis dedos debajo de su braguita mojada para hacerla a un lado. ¡Um, ricura, qué rica pulpita tienes! Me complace confirmar que Arlette está completamente depilada, solo se ha dejado una línea vertical con un fino vello del pubis que apunta hacia su vagina.¿ Te gusta? Me depilé para ti.
En un movimiento imprevisto, Arlette pega su espalda en el sofá y luego separa mucho más las piernas, subiendo sus tacones al sofá donde los apoya, y queda totalmente expuesta ante mí con perfecta obscenidad. como esas revistas ochenteras que guardaba papá en un cajón donde las mujeres se exhibían de esta forma tan brocás.
Puf
mami rica, estás deliciosa. Y eso que no me probaste aún. Sus labios vaginales son tal y como me los imaginaba, sombreados, gorditos y jugosos. Su hendidura luce entreabierta, por donde escapan fluidos que nacen desde su interior. Su aroma rápidamente me atrapa con sus feromonas y mi pene comienza nuevamente a palpitar. Menudo coñazo, putita. Traga, cabrón, deja de hablar y cómeme el coño, vamos. Inclino mi cabeza hacia su centro y empiezo a darle las primeras chupadas a sus pliegues vaginales,
de manera que ella reacciona gimiendo con suavidad. Con mis dientes muerdo suavemente sus pliegues y los repaso de lado a lado hasta que ella vuelve a agitarse. Oh, Alan. Meto mis manos debajo de su culo y la empujo hacia mi boca con destreza, desde donde la sigo atacando. Empiezo a mamarle su vagina con movimientos oscilatorios. Sus líquidos calientes escurren por su perineo a razón de mis chupadas hasta llegar a su ano, desde donde empiezo a propinarle nuevas lamidas.
Ja. A. Ja. Gime ella alargando sus quejidos.¿ Te
gusta, eh, ricura? Le digo, sacando mis manos de su culo para usar un dedo en su clítoris. Estás bien caliente, cabrona, así como me gustan. Vuelvo mi boca a su hendidura entreabierta y la vuelvo a lamer, sin dejar de emplear mis yemas en su clítoris. ¡Ay, qué boquita tienes, cabroncito! Imprimo una velocidad admirable en mis lamidas y entonces decido hundir mi lengua en su rajita, desde donde empiezo a batirle sus caldos frenéticamente, extendiendo sus flujos hasta sus muslos. Así, vamos, así.
Me apremia, cogiéndome de la cabeza para hundirla contra su centro. Le doy mordiscos a sus labios y luego dejo de acariciar su clítoris para hundir un dedo dentro de ella.¿ Imaginaste que alguna vez estaríamos así, Arlette? Le pregunto entre mis chupadas, penetrando un segundo dedo en su interior. No, responde en resoplidos, meneando sus caderas, pero lo deseaba.¿ Lo deseabas, guarrilla?
Continúo sometiéndola.¿ Desde cuándo? Arlette
continúa farfullando. Es señal de que le gusta como la estimulo con mis dedos. Desde que te vi, escondido bajo el escritorio del despacho, años atrás. Mi memoria me lleva a ese episodio y no puedo dejar de pensar en lo zorra que se comportó.¿ Desde el principio supiste que yo estaba allí? Le pregunto, batiendo sus caldos. Uf, sí,
vi cuando entraste, yo sabía que estabas allí. Miro hacia arriba y veo su pecho desnudo balanceándose sobre su escote.¿ Y qué pretendías al comportarte como una puta con mi padre sabiéndome escondido? Alcanzo su pezón erecto y lo retuerzo con ganas. Darte una lección, ah. Extiendo mi mano sobre todo el pecho y lo estrujo con fuerza, haciéndola jadear.¿ Una lección de qué, para qué o por qué? Arlette responde con eróticos gemidos, diciendo. Una lección para que supieras que conmigo,
uf,
no debías, meterte, ja. Mis dedos medio y anular frotan la parte superior de su gruta, la parte corrugada, y veo como Arlette vuelve a gemir, estremeciéndose.¿ Querías que fuera corriendo a decirle a mamá que mi padre tenía una amante, verdad, golfa, para así destruir por completo su matrimonio y tú quedártelo para ti sola? Uf, sí. Alan, yo, lo siento, ah, sé que no estuvo bien, pero uf, tenía que hacerlo, oh. Sin avisarle, meto un tercer dedo en su vagina y
arrecio mis embestidas. Fuiste una perra,¿ lo sabes? Le grito, estrujando una vez más su teta desnuda mientras la masturbo con mis tres dedos. Sí, oh, qué rico,
Alan, qué rico. Sí que, Arlette. Fui una perra. Ah.
Mi madrastra empieza a moverse sobre mis dedos y yo noto cómo se humedece aún más. Lastimaste a mi madre, perra, la hiciste cornuda, y de alguna manera la humillaste, provocándole una depresión de la que no se ha podido recuperar,¿ lo sabías? Arlette lanza un gritito que la estremece. Sus sacudidas sobre mis dedos son tan fuertes que el escote empieza a ceder en el pecho que aún permanece escondido debajo de su vestido plateado.
Uf. Yo, lo siento. Alan.¿ Lo
sientes, en verdad, mentirosa? La obligo a confesar, sin darle tregua a mis movimientos. No, no. En realidad no lo siento, oh. Lo sé, respondo, cuando veo que su segundo pecho ha quedado también al descubierto, botando de arriba abajo. Eres una perra destruye hogares, que al saberse tan buena, no le importa interponerse en un matrimonio como el de mis padres. Yo,
lo amo a él. Sí, cabrona,¿ lo amas? Le lanzo un grito, al tiempo que vuelvo a estrujar sus tetasas sin dejar de masturbarla.¿ Tanto lo amas que ahora mismo estás chorreándote entre mis dedos? Sí, es que, soy una puta, tu puta. Verla así de desquiciada, moviéndose sobre mis dedos, impulsando su pelvis hasta el fondo, estilando flujos sexuales, me pone malo. Y si somos justos, merece ser castigada. Arlette.
Uy sí, lo merezco. Continúa
temblando, vas a castigarme, papi, lo harás. Lo haré. Sin darle tregua, acelero mi masturbación hasta que logro hacerla estallar en un violento orgasmo que la hace gritar de placer. No te atreverás, gruñe mi madrastra, enfadada, mientras la tengo pegada a la pared, con mi boca mordiéndole su delicioso cuello. Mi enorme pene erecto rozándole el coñito y mi dedo anular derecho ingresando en su estrecho ojetito. Alan, ni se te ocurra, porque no lo harás. Claro que lo haré, putita,
o en verdad piensas que mereces un castigo menor. Sus enormes nalgas están pegadas a esa pared. Con mi rodilla mantengo sus muslos separados. De vez en cuando, bajo mi boca a sus deliciosos pechos y le doy ciertos mordiscos, a la vez que mi dedo continúa acariciando el umbral de su agujerito. Ni siquiera lo pienses, cabrón. Jadea. Su voz, aunque suena violenta, es erótica.¿ Ahora me vas a decir que eres virgen del culo? Me burlo, sacando mi dedo de sus nalgas para llevármelo a la boca a fin
de impregnarlo de saliva. No es lo mismo ser penetrada por un tamaño normal que ser clavada por una anaconda como la tuya. Regreso mi húmedo anular a su culito y ella se estremece cuando la yema empieza a estimular su entrada. Entonces, con mayor razón, te lo voy a destrozar, Arlette, esto y más te mereces. Alan, para, por favor.
Ay. Grita al sentir que hundo mi dedito. Por favor
¿qué, mamacita? Le pregunto, chupándole sus tetas intercaladamente. Esto se está yendo por otro lado.
Alan. Por el culo, sí, justamente por otro lado.
Basta. Te voy a romper el orto, madrastra malvada. Mis estimulaciones empiezan a relajar su esfínter y a dilatar su orificio rectal. Te arranco los huevos si lo haces, cabrón. Solo si es a mordidas. No, Alan, no metas tu dedo ahí, no, ah. Su chillido es porque mi dedo finalmente logra ingresar. La manera en que su culito se traga mi extremidad me enloquece. Arlette tiembla y empieza a manotear.¿
Te está gustando, zorrita, lo ves? Que no, que no. Se agita sobre mí, pero yo la tengo pegada a la pared, con sus tacones puestos como una puta y su vestido plateado enroscado en su cintura.¿ Entonces por qué estás tan empapada, mentirosa? Y le vuelvo a hundir un poco más el dedo, de manera que ella vuelve a gritar muy fuerte. Eres
un
cerdo, Alan. Y tú mi cerdita. Grita fuertísimo, como lo ha venido haciendo desde que la levanté del sofá y la pegué contra la pared que está junto a la puerta del recibidor del departamento. Entonces, mientras sigo con mi dedo hundiéndolo en su recto, una voz masculina grita desde el otro lado de la puerta. Cállense, cabrones calientes, que hay gente que quiere dormir. Yo rompo a carcajadas en lugar de darme pena y grito sin piedad. Perdone, buen hombre,
pero a mi mujer le duele un poco por el culo. Alan. Se libera ella de mí, sacudiéndose y empujándome hacia atrás. Esto no ha sido divertido. Yo me quedo serio, la miro y le digo. Lo siento, fue un arrebato. A otro lado con tus putos arrebatos, Alan, si te digo no es no. Continúo mirándola y aún noto cierto desdén en su expresión, pero también lujuria en su mirada, por eso me atrevo a seguir. Me pasé dos pueblos, hermosa, lo siento. Te juro que me portaré bien. Ella pestañea,
reflexiona un poco y yo le insisto. Vamos, nalgona, mejor seguimos en el cuarto o nos volverán a regañar. Arlette suspira, me mira con una sonrisa y sé que aceptará. Pero no me darás por el culo, ¿entendido, cabrón? Hoy no, respondo, sabiendo que en algún momento se lo tendré que destrozar. Recuperados de la interrupción que acabamos de tener, la llevo a la habitación, cierro la puerta para que contenga nuestros
alaridos y conduzco a mi nalgona a la cama. Allí quedamos frente a frente, acaricio sus mejillas con mis dedos y empiezo a besarla con dulzura.¿ Me perdonas, bonita? Ella me responde agarrándome la verga con sus manos, frotándola. Solo si me sigues tratando como puta, pero sin más reproches del pasado y sin exigirme ningún anal. Muerdo su labio inferior. Recorro con mi lengua su mentón, luego su cuello, bajo por su clavícula y muerdo sus pechos, uno primero y
después el otro. Estiro sus pezones con mis dientes mientras ella sigue masturbándome con sus manos. Cuando Arlette empieza a jadear, sé que está lista de nuevo para recibirme. Entonces me incorporo, la miro a los ojos y le digo. Ponte a gatas, Arlette, que tenemos por tarea destrozar esta cama. Ella se ríe, apretándome la polla con los dedos. Antes bésame, papi, amo tu lengua en mi boca. Sonrío. Agarro sus mejillas y la atraigo hacia mí, diciéndole.¿ En cuál de tus bocas
amas mi lengua, mamita rica? En la más húmeda, me dice, sin dejar de lenguetearnos. Bajo mis dedos a su vulva y la palpo. Está empapada, la hija de puta. Pero con mi lengua dentro de su boca, advierto que también allí está completamente mojada. Ambas están húmedas, la prevengo,¿ a cuál de las dos te refieres entonces? Ella acaricia mi espalda con sus uñas mientras usa su mano libre para masturbarme,
al mismo tiempo que lamé mis labios con deseo. Probemos a ver cuál chorrea más, y lo descubriremos, me dice. Estamos tan pegados el uno al otro que caemos en la cama, yo encima de ella, que al sentir mi peso sobre sí, gime ganosa.¿ Me follas, papi? Me pide con voz putona. Llevo deseándote desde que vi esta tranca tan enorme. Froto mis pectorales en sus gordos pechos. Paso mi lengua sobre sus labios y le pregunto. Eso es lo que quieres, mami, que tu hijastro te follé. Lo
estoy deseando. Con fuerza, la arrastro hasta más arriba de la cama. Sujeto sus muñecas y las coloco detrás de su cabeza. Me tumbo sobre su cuerpo desnudo y empiezo a besarla nuevamente desde su boca hasta su ombligo, donde yace ese sensual piercing que tanto me fascina. Arlat Gam desata sus muñecas y sus manos llegan a mi espalda, donde traza líneas verticales mientras yo me llevo su pendiente a mi boca. Métemela ya, Alan, me insiste con súplica,
empleando una voz cachondísima. Te dije que te cogeré a gatas, putita. pues entonces ponme a gatas tú, me desafía. Me incorporo un poco, ella hace lo mismo y entonces la giro completamente con dos fugaces movimientos hasta dejarla boca abajo. Ay, qué machote, papi. Jadea lujuriosa. Acomódate, mamacita rica, y enséñame qué tan puta puedes ser. Arlette, que yace boca abajo, empieza a elevar su enorme culo poco a poco hasta quedar en pompa a la altura de donde ya mi
hinchada herramienta la espera. Hija de puta, pero mira qué tremendo culote tienes. Me maravillo al contemplarla, y le doy un azote por las puras ganas de oír el cachetazo y ver la forma en que éstas vibran delante de mí. Mis nalgas son tuyas, papi, hazme lo que quieras. Y verla así, a cuatro patas, dispuesta para mí, con sus tetas perfectamente pegadas en la cama y su cabeza clavada en una almohada, me pone a mil. Ahora sí, fóllame, Alan, ponte un condón y hazme todo eso que me dijiste
que me harías. Le vuelvo a dar otro azote y su culo vuelve a botar. Me acaricio la polla con fuerza y le digo. Así como estás, Arlette, sin perder el equilibrio, incorpórate un poco y ábrete las nalgas para mí, déjame verte tus orificios. Ella, ni lenta ni perezosa, hace lo que le digo. Con sus dos manos, se abre las nalgas y me enseña su enrojecido agujero rectal y
su encharcada vagina. Y antes de decidir penetrarla, me flexiono y le paso la lengua por la raja y luego por el ano, para después ir de regreso hasta golpetearle el clítoris con la lengua. La reacción inmediata de mi querida mami es estremecerse y jadear. Veo mi obra y entiendo que está mega lubricada. Llegó la hora de la verdad.
Me estoy quemando, Alan, entiérramela ya. Cuando una mujer te suplica con la persistencia y el deseo con que lo hace Arlette es que la tienes a tono, su libido ha llegado al máximo y solo hace falta hundirse en ella. Y yo lo haré. Antes de ponerme el condón, restriégate contra mi polla, mamita. Quiero sentir tu raja lubricada en
la punta. Me pongo de rodillas detrás de sus enormes nalgas y le acerco mi erección, la cual ella acaricia con sus labios vaginales, los cuales remojan el glande en cada repasada, hasta que ya no puedo más y decido proceder. Es un condón extra grande, ultrasensible, transparente y muy delgado. Si se mira de lejos, casi ni se nota. Yo ni siquiera necesito preocuparme por la lubricación que trae el forro, porque la concha de Arlette está completamente inundada. Menea el
culo oscilatoriamente y me incita a poseerla. Vamos, vamos, Alan. Cuando el glande se posiciona en la entrada de su vagina, descubro que ella no está tan abierta como pensaba. Puedo sentir lentamente como sus pliegues se adhieren a mi glande mientras empujo hacia adentro con suavidad. Empieza a lloriquear mi madrastra al advertir mi grosor enterrándose en su vagina. Vas a destrozarme, cabrón. Empujo más hacia adentro y percibo una
gruta carnosa muy caliente que aprieta mi circunferencia con fuerza. Así, relléname el coño, papi, relléname. La sensación de estar penetrándola, aunada a sus gritos eróticos, hace que mi falo se ponga más duro aún. Hijo de puta.
Llora mientras me hundo sobre ella. ¡Ay, Dios! La
tengo sujeta de las caderas. Mientras tanto, farfullo y continúo ingresando. Entonces, cuando falta sólo un cuarto de verga por entrar, Arlette, en un arrebato de lujuria, empuja hacia atrás y se la ensarta por completo, lanzando un terrible alarido que se acompaña de un bramido que doy yo.¡ Magnífica golfa! Le doy una nalgada muy sonora. Magnífica verga, cabrón, siento que me estoy partiendo por la mitad. Y ahora sí estoy completamente hundido dentro de su vagina. Sus grandiosas nalgas están
pegadas a mi pubis y mis huevos acarician su piel. Entonces, sujetándola con fuerza de las caderas, empiezo a menearla dentro de su gruta. Restriego mi erección contra sus paredes vaginales con movimientos circulares. Ella está chorreando. Gime una y otra vez. Sus nalgas vibran en mi piel y sus lloriqueos no
dejan de escucharse por doquier. Por eso, cuando considero que mi verga ya la ha abierto por dentro y su vagina se ha acostumbrado a mi grosor y longitud, la empiezo a sacar hasta la mitad para luego hundírsela de golpe. Vuelvo a extraerla casi hasta el glande y una vez más empujo hasta que mis testículos chocan contra sus muslos. La calentura de Arlette es evidente. Lo noto por la forma en que empieza a menear el culo. Ella misma empieza a empujar y a retraer sus caderas para clavarse
y desclavarse mi pene dentro de ella. Por eso, arrecio un poco más, mientras ella lloriquea.
Oh,
Dios,
Dios. Así, cabrón, así.¿ Más fuerte? Más fuerte.
Más fuerte. Mido mis embestidas en función de sus berridos y decido cómo hacerla disfrutar. Mi especialidad es saciar a la mujer antes que a mí. Saco mi polla ahí, cuando se la vuelvo a meter, la dejo allí dentro batiendo sus caldos, de manera que Arlette sacude sus caderas con celeridad y cadencia, provocándome espasmos. Como consecuencia, mi pene se frota en su interior y se anega con sus flujos.¿
Es todo lo que puedes darme, cabrón? Me reclama, incorporándose un poco.¿ Es todo lo que puedes hacerme gritar, pequeño imbécil? Sus palabras sí que me calientan, así que no se la perdono cuando le digo.¿ Te parezco un pequeño imbécil, cabrona, con todos mis centímetros enterrados en tu útero? Pues ya lo verás. Y entonces decido darle la lección de su vida.
La agarro del pelo, la levanto por completo, y mientras ella chupa mis dedos cuando se los meto a la boca, yo me acomodo muy bien detrás de ella y la penetro sin piedad. La forma en que rebotan sus nalgas contra mi cuerpo es acorde al sonido de los aplausos que, de repente, inundan la habitación. La taladro sin misericordia, tirando de su pelo, hundiendo mis dedos en su boca, y enterrando una y otra vez mi verga en su encharcada vagina.
Sus gritos y jadeos deben de llegar hasta el pasillo, pero me importa una mierda si alguien nos viene a reclamar. Estamos en un lugar privado fornicando y me vale un comino si alguien se enfada o no. Hijo de puta, hijo de puta, que bien me follas. Grita con tremendos alaridos. Y en medio de la follada, oímos el golpeteo del cabecero de la cama contra la pared y un nuevo grito de mi amante que me indica un nuevo orgasmo.
Su coño se contrae, apretando fuerte mi verga, la humedad me moja por completo y considero que es un buen momento para cambiar de posición. Vamos, puta, siéntate sobre mi tranca. Yo me recuesto boca arriba, mientras la novia de papá se quita finalmente el vestido, el que tira por ahí. Todavía con los tacones puestos, Arlette me monta, colocándose ahorcajadas. Con sus manos, busca la punta de mi polla y la coloca en su abierta vagina, y una vez situada
en su centro, empieza a sentarse sobre mi falo. Triple A, cabrona. Ja, sí. Cuando su coño se ha tragado por completo mi falo, llevo mis manos sobre sus tetas y las estrujo, al mismo tiempo que mi madrastra empieza a cabalgarme a su ritmo.¿ Qué verga tienes, cabronazo?¿ Te gusta, nalgona? Me fascina. La manera en que ella empieza a botar su culo sobre mis muslos es abrumadora. Devuelvo mis manos por sus laterales y las desciendo hasta llegar a sus caderas, de donde
la agarro para impulsarla en su cabalgada. Sus tetas botando en su pecho en cada cabalgada le otorga al momento un adicional de morbo y calentura. Ay, qué sentones me das, cabrona, qué rico, qué rico follas, putona.¿ Querías una puta? No, pues vamos, fóllate a tu puta. Uf. Bramo, sobre todo cuando siento la punta de sus uñas arañándome el pecho. Lléname, cabrón, lléname. Arlet es una fiera en la cama, con sus movimientos y actitudes fornicantes me ha demostrado de que está hecha.
Es oírla gritar, gemir, jadear para embrutecerme. Es verla cabalgarme salvajemente mientras mueve sus caderas de forma muy sexosa para que mis huevos empiecen a generar millones de espermatozoides. Es verla botar sus duras tetas en su pecho de arriba abajo y en círculos para que, finalmente, sienta que me voy a correr. Y se lo digo, mientras ella misma se chorrea sobre mi pelvis. Grita en medio de su orgasmo, pero al mismo tiempo se levanta para echarse junto a mí, diciéndome.
Échamelos en las nalgas, vergudo. Y yo me levanto, masturbándome, a punto de explotar, y ella se pone a cuatro patas una vez más. Y es verla estimularse el clítoris y ver su ano dilatado y su chocho estilando para ya no aguantar más estas ganas que tengo de correrme hasta estallar. ¡Ja! Chorros espesos chocan contra sus abombadas nalgas y Arlette jadea por la lujuria sin dejar de estimularse el clítoris. Y yo sigo descargándome sobre su culo hasta que, finalmente,
caigo rendido sobre ella. Arlette termina agitada, complacida, sin saber que, por mi edad, esto no ha terminado aún. Son casi las dos de la mañana, pero sé que esto continuará. No ha quedado sitio alguno en este cuarto donde no me la haya cogido a la hija de puta, incluyendo la alfombra que está frente a la cama. Me he descargado sobre su boca, tetas y culo tantas veces que
siento que me quedaré sin semen por un mes. Fue un follar, dormitar, despertar y de nuevo fornicar como si fuésemos un par de recién casados en luna de miel. Algunas veces ha sido ella quien me ha despertado en la madrugada a punta de mamadas de huevos y verga. En otras ocasiones, he sido yo quien la ha despertado ensartándola hasta los testículos. Lo que es cierto es que
no hemos dormido casi nada. Hace rato apenas nos duchábamos en el baño para limpiarnos el sudor, los fluidos y las costras de mi semen, pensando que ya habíamos por fin terminado. Pero fue llegar de nuevo a la cama otra vez cuando ya la estaba montando sin parar. En mi puta vida un solo hombre me había sacado tantos orgasmos en una sola noche, Alan. Recuerdo que fue lo último que me dijo mientras se acostaba sobre mi pecho
antes de quedarme dormido de verdad. Y sin embargo, aunque parece que apenas he cerrado los ojos un par de segundos, sé que han pasado horas. De hecho, me despiertan del sueño profundo las sacudidas de Arlette. Con dificultad, abro los ojos y veo que unos rayos amarillentos se filtran por las ventanas. Mis ojos los siento pesados y yo con mucha modorra. Me falta el sueño, el descanso, y Arlette me está sacudiendo. Alan, Alan. Escucho su alarmante voz.¿ Qué pasa, Arlette, carajo?
Es Fede, nos ha estado llamando desde hace rato. Contesta. Su respuesta hace que el sopor se me vaya directo al culo y abro los ojos tanto que me duelen.¿ Cómo que mi papá nos ha estado llamando? Pues¿ qué hora es? Ni siquiera le tuve que haber preguntado.
El sol ya está casi puesto en el cielo. Es casi el mediodía. ¿Qué? No me jodas
Respondo, sabiendo que nos quedamos dormidos y que justo ahora estamos metidos en graves problemas. Mucha culpa tuvimos al quedarnos casi hasta el amanecer follando como perros en celo. Ni a la novia de papá ni a mí se nos ocurrió poner una alarma en nuestros teléfonos que nos despertara temprano. Mierda.¿ Y ahora qué, Arlette? Le pregunto a mi madrastra, revisando mi celular solo para darme cuenta de que papá también
me ha estado marcando a mí. Tengo decenas de llamadas perdidas, lo que significa que ya se percató de que yo tampoco estoy en casa. Maldita sí. No sé, no sé qué vamos a hacer. Me responde ella asustada, levantándose histérica, desnuda, botando las nalgas y sus pechos. Me incorporo un poco y veo la cama revuelta. Arlette tiene el pelo hecho un desastre. Sus pechos y el mentón tienen rastros de semen seco. Su cuello tiene chupetones en varios sitios. Nuestra
ropa está por todos lados. Las almohadas en el suelo y la lámpara que está a mi lado se encuentra ladeada. Mierda.¿ Qué tanto hicimos anoche? Es como si hubiera pasado un remolino por aquí. Apenas estoy intentando acomodar la lámpara de buró en su lugar cuando papá vuelve a marcarle a Arlette y ella palidece, mirándome con susto. Otra vez, mierda, Alan.
Qué hago? El teléfono está vibrando en su buró. Pues respóndele. No, carajo, no.¿ Cómo le voy a responder? que le respondas, Arlette, joder.¿ Y qué mierdas le digo?
Pues yo que sé, inventa algo, ya se te ocurrirá. Las manos de Arlette le están temblando cuando toma el celular y, por los nervios, toca el símbolo verde que, en automático, hace recibir la llamada. Fe. ¿Fede, cielo? Dice Arlette balbuceando. Ni siquiera tiene que poner el altavoz para que yo pueda percibir el tremendo grito de mi padre.¿ Dónde mierdas están tú y Alan, Arlette?¿ Me lo puedes explicar?
Responde, Arlette.¿ Dónde chingados están ustedes dos? Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
