Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos Jugando con Fuego, parte 1. No olvides suscribirte para que no te pierdas ninguna de las historias. Para contar esto, debo remontarme a un día en el que estaba cenando con mi novia en una terraza. Hacía cuatro días que no la veía porque ella había estado fuera en un ciclo de formación que tenía de vez en cuando por su trabajo.
Por lo demás, era una noche cualquiera, sin nada especial, hasta que en un momento determinado aparecieron varios chicos trajeados que se acercaron a hablar con ella. Inmediatamente me di cuenta de que eran compañeros del despacho de abogados de mi novia. Fueron muy agradables y formales, como si hubiera una barrera que los mantenía como colegas más que como amigos.
Eso sí, con muchas ganas de agradar, creo que con esas ganas típicas de querer impresionar a una chica que es bastante guapa, como lo es María, de facciones muy agradables, buen tipo, amplia sonrisa. Un trasero no demasiado grande, pero que con tacones se ve bastante potente, y unos pechos medianos tirando a grandes, que ella siempre trata de disimular más que de presumir. Llevábamos cuatro años de novios y vivíamos juntos.
No fue más que una conversación de apenas un minuto, pero hubo un chico, el más callado, que me llamó la atención. Estaba bastante moreno para esa época del año, tenía un poco de barba y ojos claros, parecía una especie de abogado, pero también un surfista en sus ratos libres. O quizás había ido a la nieve, algo así. Parecía también algo más joven que nosotros, tal vez unos 28 años, en comparación con mis 35 y los 34 de mi novia.
Se despidieron enseguida, y yo le pregunté a María.¿Y el chico guapo ese? ¿Quién? El moreno de Barbita.¿Edu?¿Guapo ese? Pues sí,¿no? Hombre, guapo no hay ninguno. Pues no sé, es solo otro más del despacho. La cosa quedó ahí, y no pensé más en aquello ni en aquel chico hasta esa noche. Y no es que pensara en él voluntariamente, sino que soñé con él y mi novia.
Soñé algo surrealista, que no llegaba a recordar del todo, pero era algo así como que él, efectivamente, se acercaba a saludarnos mientras cenábamos, pero al final se sentaba con nosotros y, desde aquel preciso momento, Yo desaparecía de la faz de la tierra para mi novia, que solo tenía ojos para él. La conversación era entre ellos dos, al igual que las miradas, primero se tomaban de las manos, y luego se besaban delante de mí, como si no existiera, y finalmente se marchaban juntos, solo.
Me desperté con una sensación extrañísima, como si el sueño hubiera sido especialmente intenso. Recordaba que en el sueño no había sentido celos, ni tampoco mucha excitación, sino más bien expectación y algo de humillación. No le di más importancia. A la mañana siguiente, viernes, María se fue a trabajar y yo me quedé en casa, como era habitual en los últimos meses, pues no me habían renovado el contrato y estaba desempleado, aunque pensaba que sería algo pasajero.
Con experiencia laboral, licenciatura y un máster, esperaba encontrar algo más pronto que tarde. Mis días consistían en hacer deporte, enviar currículums y hacer entrevistas de trabajo. Estaba investigando en internet sobre una empresa interesante cuando entré en una red social y busqué entre los amigos de mi novia a ver si tenía agregados a sus compañeros del despacho, pero solo vi uno.
Con el que tenía más trato. Era innegable que aquel moreno me despertaba cierta curiosidad, pero no lo tenía agregado. Tenía un magnetismo extraño, y aún tenía muy reciente el sueño y aquel sentimiento de humillación al ver cómo mi novia al principio me ignoraba y luego se besaba con él.
Un rato más tarde, sin ser yo muy apasionado del porno en Internet, me vi navegando por ese tipo de páginas, como un daño colateral de pasar mucho tiempo en Internet, que siempre acaba uno aburrido y donde no debe. Me tumbé en el sofá y, aburrido de vídeos que no me decían nada, y con aquel chico y el sueño aún en mi cabeza, comencé a masturbarme pensando en el sueño.
Nunca, jamás, había pensado o fantaseado con la idea de mi novia con otro hombre, pero cuando me di cuenta, tenía mi miembro erecto, imaginando no solo que se besaban en mi presencia, sino que se iban a nuestra casa. Yo con ellos como si fuera invisible. Imaginé que se desnudaban, que aquel chico le devoraba los pechos a mi novia, que besaba sus pezones en mi presencia y que María, por primera vez, parecía pedirme permiso con la mirada para continuar.
Yo cruzaba la mirada con ella y, sin responderle nada, ella acababa poniéndose de rodillas ante él, dándome la espalda. Y fue imaginarme el vaivén de la cabeza de María ante el miembro de aquel chico lo que me llevó a un orgasmo intenso. Mientras me corría, imaginaba al chico llevando su mano a la cabeza de María, marcándole el ritmo, mientras aquel cabrón me miraba y sonreía. Creo que ejaculé al menos seis veces mientras me imaginaba aquello.
Una vez acabado mi orgasmo, me quedé exhausto y sentí algo de culpa. No tenía ni idea de la caja de Pandora que acababa de abrir con aquella masturbación absurda a media mañana. Por supuesto, no le dije nada a mi novia sobre lo sucedido, aquello quedaría entre mi imaginación y yo. Al día siguiente, después de cenar, salí a tomar unas cervezas con unos amigos. La cosa se descontroló un poco y llegué a casa de madrugada, algo borracho.
Me metí en la cama con ganas de marcha, pero mi novia ya dormía profundamente. No es de las que siempre están dispuestas, así que no quise insistir, pues sabía que no iba a querer. Estuve un rato en la cama, desvelado, hasta que me levanté y fui al salón y encendí el portátil. Revisé mi correo, y cuando iba a entrar en las redes sociales, vi que la sesión de María estaba abierta.
Me extrañó un poco, pues apenas las usa, pero probablemente estuvo muy aburrida aquella noche. El caso es que, no sé por qué, me puse a buscar al Taledu. A través del amigo de María que tenía agregado, pronto di con él, pero tenía todo bastante cerrado y poco más que la foto principal pude ver. Quizás fueron las cervezas, pero, sin pensarlo demasiado, le envié una solicitud de amistad.
Pensé que ella ni se enteraría, y, aunque lo hiciera, no era nada grave. Tenía curiosidad por saber más de aquel chico y no lo pensé demasiado. No pasó nada relevante durante los siguientes días. Aquella masturbación quedó como un hecho aislado, y casi olvidé aquella solicitud de amistad. Hasta el jueves, día en el que los del despacho de mi novia suelen quedar para tomar algo después del trabajo. María entró en casa sobre las once de la noche, visiblemente enfadada.
¿Se puede saber por qué usas mi cuenta de Face? Yo.¿Cuenta de qué?¿Cómo que de qué? No veas la vergüenza que acabo de pasar. Tenía el tema tan olvidado que no sabía ni cómo reaccionar ni qué decir. Aunque no me parecía tan grave. ¿Vergüenza por qué? Pues porque el niñato ese soltó delante de todos, eh, no me hablas en el despacho y me pides amistad por las redes. Imagínate mi cara. Bueno, mujer, no es para tanto.¿Pero qué te dio con él? No me dio nada, solo quería curiosear un poco.
¿Y no te había aceptado en todo este tiempo? Estás mal de la cabeza. Le dije que no sabía de qué estaba hablando, y él sacó el móvil y, delante de todos, me lo mostró y le dio a aceptar. Me debí poner como un tomate. Yo, la verdad, no le veía tanta importancia. Me parecía una exageración un poco infantil de aquella panda de Yuppie. Bueno, María, por favor, menuda chorrada. Chorrada para ti. Mira, dijo abriendo el portátil. Al poco tiempo había iniciado la sesión.
Joder, es que mira, tengo aquí como 40 amigos y ahora él, que no pinta nada. Además, este me lo conozco y ya debe pensar que me gusta o algo.¿Cómo que te lo conoces? ¿No decías que no tenías trato con él? Claro que no tengo trato con él, pero se le ve a la legua que se lo tiene creído, y ahora tendré que aguantarlo todo crecido cada vez que me lo cruce.
La conversación siguió en esa línea hasta que ella desvió el tema hacia otro punto, y era que narices me importaba el chico. Yo le dije que nada, que me aburría y que le pedí amistad sin pensarlo. No se lo terminó de creer, pero no profundizó demasiado. A la mañana siguiente, no tardé en coger el portátil e investigar un poco la vida de aquel chico. tampoco llevaba una vida mucho más activa que María.
Tenía algunas fotos en la playa, en la montaña, en la nieve, parecía que se las daba de aventurero y deportista. El álbum en el que tenía más fotos era uno de Tailandia, con gorra y camiseta de tirantes, comiendo comidas extrañas. No lo conocía de nada, pero ya me daba la sensación de que no le podía faltar ese viaje que le pegaba. También vi otro álbum, sin nombre, donde había una foto de los del despacho en una terraza, tomando cervezas, y deduje que sería de algún jueves no muy lejano.
En la foto salían como ocho personas, y una de ellas era María, que estaba muy alejada de él, en aquellas dos mesas que habían juntado. Mis ojos iban de María, en un extremo de la foto, a él en el otro. Y luego otra vez. Y otra. No entendía qué me pasaba, pero cuando me di cuenta, tenía mi miembro en la mano, los miraba. Imaginaba que tonteaban, imaginaba que amaría sí que le parecía atractivo.
Comencé a masturbarme imaginando otra vez que venían a casa y se ponían a follar en el sofá en el que yo estaba sentado, en mi presencia. Necesitaba que fuera en mi presencia para que me excitase de verdad. Me corrí otra vez abundantemente sobre mi vientre, imaginándome cómo se la follaba, y ella, al principio, me miraba mientras él la penetraba, pero al final, ella no podía ni mirar del placer. Cerrando los ojos y disfrutando de la follada que le daba aquel chico.
Durante unos minutos me sentí algo culpable, pero una hora más tarde ya estaba pensando en cómo sacarle el tema a María, cómo forzar un encuentro los tres. Algo, tenía que pensar en algo. No es que quisiera que aquel snob se follara a mi novia, ni mucho menos. Además, ella no querría ni en broma, pero sí quería sacar el tema con ella o que la cosa avanzase hacia algo.
Un par de horas más tarde, María me escribía al móvil. Te voy a matar. He tenido una reunión en la que estaba Edu y me mira como si yo fuera una adolescente que suspirase por él. ¡Qué exagerada! Te lo juro, qué incómodo, joder. Pues síguele el rollo, que se lo crea y después te ríes de él. Venga, sí, encima no me vacile. Cuando María volvió del trabajo, no me dijo nada de lo sucedido.
Vino bastante ensimismada con otro tema, del trabajo, que a mí no me importaba mucho, pero a ella parecía haberla absorbido, como para olvidarse del tema de Edu. Yo ya empezaba a pensar seriamente qué coño me estaba pasando, ya me había hecho dos señoras pajas pensando en ese chico con mi novia. Era viernes, teníamos todo el fin de semana por delante, y yo estaba caliente como pocas veces.
La verdad es que, si bien con otras parejas con el paso del tiempo había perdido, tanto yo como mi pareja, un poco el apetito sexual, con María llevaba cuatro años y ambos manteníamos el deseo como si lleváramos cuatro meses. No es que folláramos todos los días, pero sí con mucha frecuencia y compasión de adolescentes. Ese viernes fui con María al cine y después fuimos a cenar.
A pesar de estar yo desempleado en aquel momento, no teníamos en absoluto problemas de dinero, ella cobraba bastante bien y yo tenía bastante ahorrado. Sería que yo estaba especialmente caliente, o eso que decía que manteníamos la pasión, que poco a poco, durante la cena, cada vez nos inclinábamos más hacia adelante y nos besábamos. Salió el tema de lo afortunados que éramos por no solo querernos, sino por desearnos tanto, estábamos completamente de acuerdo.
María llevaba un pantalón vaquero y un jersey claro, y yo me arrepentí de no haberle propuesto que se hubiera puesto algo más sugerente. Aún siendo el jersey algo holgado, se le adivinaban bastante bien los pechos, entre beso y beso, ya se los rozaba disimuladamente. Algo que no he contado es que yo tenía un pequeño complejo, que hacía que valorase más que María me siguiera deseando tanto, y es que mi miembro no es que fuera mi mejor arma.
Cuando María me lo cogía con una mano, ya me lo cubría entero menos el glande, con eso digo bastante. A veces pensaba que me sentía en deuda con ella. Si bien yo me consideraba guapo de cara, veía que ella mantenía unos pechos preciosos e imponentes, y, sin embargo, mi arma, mi polla, no estaba a la altura. Como si vestidos diéramos el pego como pareja, pero desnudos, ella me diera mil vueltas. Llamaron a María del Trabajo, por el dichoso tema ese que la había tenido tan abstraída.
Fue una llamada rápida. Cuando colgó, yo, teniendo aquel dichoso tema en la cabeza aunque no quisiera reconocerlo, me lancé a la piscina.¿No sería Edu quien te llamó? Lo dije con una sonrisa. Anda, calla, que es para matarte.¿En serio te mira como si le gustases? Prefiero no hablar del tema. Me daba cuenta de que aquello era como chocar con un muro, por lo que decidí contarle mi sueño.
Aquel en el que Edu se sentaba con nosotros en una terraza, tú te olvidabas de mi presencia, se cogían de las manos, se besaban y se acababan marchando solo. Ella escuchaba curiosa y se reía de vez en cuando, soltaba a veces unos estás de coña o me estás puteando, siempre entre risa. Madre mía, qué sueños tiene. ¿Y por soñar eso vas y lo agregas con mi cuenta? Ya te dije que no sé por qué lo hice. Ya. Pues eso, que estabas con él, y que a mí ni caso, jaja.
Bueno, es un sueño. Bueno, y en la realidad, si él tuviera, ya sabes, un buen, ella conocía ese pequeño trauma mío y enseguida supo por dónde iba. Ja ja, estás fatal, ya sabes que eso no me importa, me importa la persona, ya puede tener ese crío lo que quiera ahí colgando que a mí me da lo mismo. Aparte de que ese chaval me repugna bastante.¿Por qué? No sé, es, un poco gallito, a mí esa gente. No puedes negar que es guapo.
Sabes que a mí me cuesta juzgar la belleza en hombres, pero ese chico está bien. Bueno, ya te dije que para mí no, a mí no me gusta nada. Me gustas tú. Ya sé que te gusto, pero eso no evita que otra gente te pueda parecer guapa. Ay, qué pesado, ya te dije que no me parece guapo, no sé qué más quieres que te diga. Al final, la conversación fue derivando en otros temas y llegamos a casa.
Una vez en el dormitorio, le quité el jersey y, antes de quitarle el sujetador, ella me fue desnudando y nos tumbamos en la cama. Yo, desnudo, y ella en ropa interior, comenzó a besar mi pecho hasta llegar a mi miembro, lamiéndolo hasta metérselo completamente en la boca. Yo estaba en la gloria, excitadísimo, tanto que en menos de un minuto tuve que pedirle que parara para no correrme.
Le quité el sujetador y las bragas, y mientras lamía sus pezones, llevé mi mano a su entrepierna y comprobé enseguida que estaba muy excitada. No es algo que hagamos con mucha frecuencia, quizás una vez al mes, y es usar un consolador que tenemos guardado en la mesilla. Tras besarle los pechos y empezar a jugar con mi dedo dentro de su sexo, la abandoné un momento para coger el consolador.
¿Para qué? Susurró ella. Era curioso, pero siempre decía eso al principio, y luego acababa disfrutándolo como loca. A los pocos segundos, nos besábamos mientras acariciaba el exterior de su coño con la punta del consolador. Poco a poco se lo fui introduciendo. Era un consolador normal, nada extraordinario, pero con unas dimensiones considerablemente mayores que mi polla. Ella soltó un suspiro cuando empecé a deslizarlo por su interior hasta más al fondo.
Poco tiempo después, ella misma se lo metía y lo sacaba de su coño, cogiéndolo con ambas manos, mientras yo me ponía de rodilla cerca de su cara y maniobraba para meter mi miembro en su boca. Yo estaba a punto de explotar.¿Te gusta lo que te estás metiendo? MMM Sí.¿Notas cómo se te abre el coño? Joder. Ella respondía susurrando con los ojos cerrados, boca arriba, con sus impresionantes tetas grandes.
Y yo acabé colocándome de tal forma que le metía la polla en la boca mientras ella seguía retorciéndose de placer al usar el consolador. Estuvimos así un rato en el que ella giraba la cara y yo le follaba la boca, mientras ella seguía buscando su orgasmo con aquel objeto. Sin poder evitarlo, comencé a pensar que no era un objeto, sino otra polla la que la llenaba, y empecé a sentir que me corría.
Ella lo notó y gimió con mi polla en su boca, y al escuchar ese gemido, yo comencé a correrme dentro de su boca. Ella recibió todo lo que fui derramando con total entereza, sin dejar de usar el consolador, pero sin llegar a correrse. Me aparté un segundo, alucinado del terrible morbo que me había dado la imagen de María invadida por otra polla aparte de la mía. Y me di cuenta de que mi orgasmo había sido inevitable cuando le había puesto cara a quien se la follaba.
María fue al baño y yo me quedé tumbado en la cama, aún mareado por el orgasmo. Mi polla reposaba sobre mi vientre y se encogía a gran velocidad mientras miraba el consolador que estaba sobre la cama. En aquel momento, aquel consolador era el doble de grande que mi polla. Mi novia se tumbó a mi lado, en principio con intención de dormir, pero poco a poco volvimos a besarnos y comenzó a meneármela bajo la sábana.
Yo llevé mis dedos a su sexo, que estaba abiertísimo, y ella intentaba reanimarme, pero pronto nos dimos cuenta de que era inútil. Yo siempre había sido de un solo asalto, tardo muchísimo en volver a estar a pleno rendimiento para echar otro polvo, así que desistimos y nos quedamos dormidos. El fin de semana estuvimos de recados, compras, paseo.
Lo típico de las parejas, sin ningún plan en especial, pero a mí no se me iba de la cabeza como en mi imaginación había sustituido nuestro Consolador por la polla de Edu. Empezaba a estar realmente obsesionado y ni siquiera sabía por qué, ni qué quería. Para colmo, tenía la necesidad de contárselo a alguien, pero no era un tema cualquiera. Dudaba en comentárselo a la propia María y ver si entre los dos podríamos descubrir el motivo, pero por alguna razón no le decía nada.
El sábado por la noche nos quedamos en casa viendo una película y María se quedó dormida en el sofá, cosa bastante frecuente. Fui a la cocina a por agua y, al volver al salón, en lugar de regresar al sofá, me senté en la mesa con el portátil. Estuve un rato con un ojo puesto en la película y el otro en internet. De nuevo acabé entrando con la cuenta de María en las fotos de Edu. Le di otra vuelta a sus álbumes y me detuve un poco en las fotos de la playa.
La verdad es que el tío tenía buen cuerpo, no es que se le contasen los abdominales uno por uno, pero estaba en forma, marcado, y se le veía esa V de los abdominales. De golpe, me vi fijándome en su bañador, tratando de ver si se le marcaba algo bajo la prenda. Tan pronto como comencé a hacer eso, supe que se me estaba yendo la cabeza, cuando justo María se despertó y salí rápidamente de aquella página, aunque ella para nada podía ver la pantalla desde el sofá.
La película acabó y nos fuimos a la cama. Yo de nuevo estaba bastante excitado y comencé a besarla. Me encantaban sus besos. Podíamos pasarnos cinco minutos solo besándonos en la cama antes de empezar a tocarnos algo más. La cosa se fue calentando y dudé en coger el consolador de la mesilla, pero me contuve.
Al principio parecía que iba a ser un polvo de sábado más, pero yo estaba especialmente caliente, empecé a follarla en misionero, cada vez más rápido, hasta el punto de que ella me acabó pidiendo que lo hiciera más despacio. Cosa que casi nunca hacía. Luego se subió ella encima y veía sus tetas botar delante de mi cara hasta que me las llevé a la boca y se las mordí hasta hacerla no gemir, sino hasta casi quejarse un poco. Luego, a cuatro patas, empecé a investirla con cada vez más fuerza.
Estábamos echando un polvo de campeonato, María gemía de simivida y se escuchaban nuestros cuerpos chocar a toda velocidad, los vecinos tendrían que estar alucinando. Yo cerraba los ojos y se la metía sin parar, cada vez más rápido. Al cerrar los ojos, sentía cada vez más su cuerpo y la escuchaba gemir con más nitidez, pero, para mi sorpresa, así, con los ojos cerrados, comencé de nuevo a fantasear, como si me fuera de la escena.
Me veía a mí desde fuera follándomela, pero pronto, por culpa de aquella obsesión que ya me tenía obcecado por casi dos semanas, comencé a ver desde fuera cómo se la follaba, no yo, sino Edu. Me imaginaba a mí a unos dos metros de aquella follada, con mi polla en la mano, viendo cómo Edu le metía una polla mucho más grande que la mía en el coño de María, y ella se entregaba a él y gemía como loca.
Yo seguía con los ojos cerrados y me imaginaba a mi novia diciéndole que le encantaba su polla entre grito y grito, agradeciéndole la enorme polla que le estaba metiendo. Al imaginarme eso, me corrí en la realidad dentro de María, gimiendo yo como pocas veces. Caí rendido sobre ella. De nuevo, como el día anterior, yo había acabado y ella no. Pero esta vez, tras asearnos un poco, no intentamos un segundo polvo.
Eso sí, le dejé caer que me había parecido un polvazo y ella me respondió con un joder, casi me rompes, y no tuve claro si eso significaba que le había parecido un buen polvo o no. Me quedé dormido, un poco preocupado. Aquello se me estaba yendo de las manos. Durante la semana siguiente, no hubo una mañana en la que no me hiciera una paja con la dichosa foto en la que María y Edu salían juntos.
Me los imaginaba en todas las posturas posibles, y a Edu con un buen pollón. Quizás fuera absurdo, quizás Edu tuviera una polla tan mediocre como la mía, pero yo me la imaginaba considerablemente grande. Pero lo que me alarmó de aquella semana no fue esa paja diaria pensando en ellos, sino que el martes, mientras follaba con María, llevábamos ya mucho tiempo y no era capaz de correrme.
Lo achacaba a que me había hecho una paja por la mañana, pero acabé de nuevo imaginando que era Edu quien la follaba, y me corrí enseguida. Con esa obsesión y todas esas preocupaciones, llegó el jueves, día en que los del despacho de María solían quedar para tomar algo, y sabía que tenía que pedirle a mi novia un acercamiento con Edu. Aunque me tachara de loco, tenía que intentarlo, aunque no sabía ni qué decirle.
El jueves por la tarde, María me escribió al móvil que iría directamente desde el trabajo con los del despacho a tomar unas cervezas, algo de lo más común los jueves. A mí no se me había ocurrido en todo el día qué decirle ni cómo enfocarle el tema para pedirle que se sentara con Edu, ni siquiera yo mismo sabía muy bien qué quería. Algo desesperado, le escribí directamente. Podría sentarte al lado de Edu, tendría su punto. Ella tardó un poco en contestar.
Me voy a sentar con la gente que me cae bien, como siempre. No sé qué punto le ves al tema. No sé, me da morbo que piensen que te gusta. ¿Te da morbo que piensen que me gusta o que lo piense él? No entiendo nada. Ni yo lo tengo claro. El otro día me dijiste algo así como que te gustaba que él pensase que a mí me gustaba para después yo pararle los pies, una cosa que no tiene ni pies ni cabeza, y ahora esto. Leí aquel párrafo dos veces. La verdad, me sorprendió que ella se acordase de aquello.
Bueno, es verdad, quizás sea mejor que me aclare yo qué es lo que me parece morboso antes de pedirte nada. Sabes que me da igual fantasear, me parece bien, pero con gente del trabajo. Ya, es verdad, nada, pásalo bien. Así quedó la conversación. Tenía razón en que en aquellos cuatro años habíamos fantaseado con cosas. Sobre todo en vacaciones.
Una vez habíamos visto a una pareja follando en el mar y nos habíamos excitado mucho, hasta el punto de acabar follando en el coche a plena luz del día, en un polvo en el que, mientras follábamos, Muertos de calor y entre gemidos, nos preguntábamos el uno al otro si nos ponía el chico o la chica. Habíamos visto porno a veces en Internet. Habíamos fantaseado incluso con algún trío, muy por encima. Pero aquello no era comparable a me pone imaginar que te folla tu compañero de despacho.
María llegó sobre las once de la noche. Le brillaban un poco los ojos. Era normal, con dos cervezas ya se le nota. Yo estaba en el sofá y ella enseguida sonrió. A ver,¿qué te pasa con él? Dijo quitándose el abrigo y el bolso y sentándose a mi lado. Pues, es que no lo tengo claro, solo sé que me pondría que te atrajera. Pues lo siento, pero no. No te sentaste cerca de él, supongo. Pues no.¿Aun qué?¿Aunque qué? ¿Pues qué, si me dijeras concretamente para qué, pues por qué no? Sí que lo haría.
Es que no lo sé. Nos quedamos en silencio y ella se levantó hacia la cocina. Llevaba tacones, un traje gris de pantalón y chaqueta, y una camisa azul marino. La verdad es que con los tacones se le hacía un culazo de infarto. Aquellos pantalones le quedaban especialmente bien. Ella volvió después de beber algo y se sentó de nuevo en el sofá conmigo. Vaya culazo, te hacen esos pantalones, le dije.
Sí, te quedan mejor esos pantalones que cuando vas en falda, se te nota más el culito. Joder, estás muy buena, le dije acercándome y besándola. Seguro que la mitad de tu despacho se hace pajas contigo. Sí, vamos, seguro, dijo casi riendo. Por cierto, continuó: si te sirve de algo para esa fantasía rara que tienes, escuché a los chicos hablar de una chica que está con Edu ahora, no sé si es un lío o una novia. Sí.
¿Qué dijeron exactamente? Hablábamos entre beso y beso, y yo ya empezaba a acariciar sus tetas sobre la camisa. No sé. Fui al baño y al pasar delante de ellos escuché cosas sueltas sobre una rubia o algo así. No sé si estará con una rubia, pero seguro que él y todos los demás se hacen pajas pensando en ti. Yo estaba cada vez más excitado. Le había desabrochado un botón de la camisa y acariciaba su escote mientras ella ya me sobaba sobre el pantalón.
Yo compaginaba la conversación con besos y algún pequeño mordisco en su cuello, cosa que sabía que era su perdición. No creo que se hagan pajas conmigo, hay chicas guapas en el despacho, tienen dónde elegir. ¿Sabes con qué me he hecho alguna paja yo? No sabía muy bien a dónde iba con aquello. コンケ Pues vi una foto en la que Edu y tú salís en la misma foto, pues con esa foto.
Cuando lo dije, me sorprendí de mí mismo, pero intenté disimular, como si aquello no tuviera importancia, y seguí acariciando su escote y besando su cuello. Ella no respondía, continuaba acariciándome la polla sobre el pantalón. La besé y volví a dejar su boca libre para ver si respondía. Pero nada. Finalmente, proseguí. ¿Qué te parece? Pues, que no sabía que iban por ahí los tiros.
Pues algo por ahí va, y, bueno, me imagino que tiene un buen pollón, y que lo hacéis, pero eso, es solo una fantasía. Ella de nuevo no respondía. Me bajé un poco los pantalones y dejé que ella comenzara a pajearme. Le abrí la camisa y bajé un poco las copas de su sujetador, sacando sus pechos por encima. La besaba y acariciaba sus tetas desnudas mientras ella me pajeaba lentamente.¿Y si es solo una fantasía, para qué quieres que me siente con él? Dijo finalmente.
No lo sé, es una mezcla de todo. Solo dime qué te parece algo atractivo. No me parece atractivo, lo más que te puedo decir es que le queda bien el traje. Sí. Sí, lo lleva muy bien, muy ajustadito, tiene un lenguaje gestual, no sé, lo lleva bien. A mí se me estaba poniendo la polla durísima y seguía acariciándole las tetas, recreándome en sus pezones y en sus areolas grandes y oscuras, tan características de ella.
Lo que había dicho del traje me parecía un enorme avance. No me has dicho si te sigue mirando como si le gustas, proseguí. Es que no he coincidido casi nada con él. Después de eso, colé una mano por dentro de sus pantalones y bragas, pronto acariciaba su sexo y disfrutaba de su vello recortado y algo mojado, mientras ella no dejaba de pajearme. Estaba muy caliente y no podía parar de intentar tirar del hilo.¿No te gusta que él crea que a ti te gusta él? Ella no respondía.
Dime, insisti. No. No se. Seguro que todos se hacen pajas contigo, y él también. Ella aceleraba la paja y nos besábamos. Enseguida, comencé a meter un dedo dentro de su coño que se abría para mí sin dificultad. Llevé mi boca a una de sus tetas y colé un segundo dedo en su seco. Yo quería que me respondiera, pero ella ya solo abría su boca para gemir, mientras seguía pajeándome.
Con mis dedos, hacía como si la follara en un mete saca de mi mano mientras lamía sus tetas. Su paja era perfecta, pero yo necesitaba algo más. Seguro que Edu tiene una buena polla y se la menea pensando en ti. Dime que sí. Ella movía su cadera al ritmo de mis dedos, que entraban y salían de ella, hasta que respondió. No sé. ¿Crees que tiene una buena polla? Joder, Dios, Jimoteo, excitadísima. Dime qué crees que tiene una buena polla. Ah, Dios, sigue, joder.
Yo sentía que se corría y seguí masturbándola. Dime qué crees que tú tiene una buena polla. Oh. Dios. Cerraba los ojos, se retorcía del gusto, se deshacía en mi mano, pero no dejaba de pajearme, y yo, al escucharla decir aquello, comencé a correrme sin parar. Nos corríamos a la vez entre gemidos y suspiros. Cantidad de leche salía de mi polla a borbotones mientras ella se seguía retorciendo de placer y gemía desinhibida. Ambos tuvimos una corrida espectacular.
Tras limpiarnos, nos fuimos enseguida a dormir y no hablamos más del tema. Yo no era tonto, sabía que me había seguido el juego para satisfacerme, pero empezaba a ver, por fin, después de dos semanas, que la cosa avanzaba, aunque no sabía muy bien hacia dónde. Al día siguiente, María se fue a trabajar y yo me desperté con una sensación de extraña culpabilidad. Como si le estuviera dando demasiada matraca a mi novia con ese tema.
Se veía que ella me seguía el rollo, por mí, porque me quería, pero nada más. Así que intenté controlarme. Por supuesto, estuve tentado de hacerme una paja pensando en ellos dos ese viernes, y también de preguntarle por la noche si había estado con Edu en alguna reunión o algo, pero conseguí no hacerlo. Aunque todo seguía en mi cabeza, por supuesto, que María me hiciera una paja mientras hablábamos de la polla que podría tener Edu era tan morboso que cada vez que lo recordaba se me ponía dura.
Pero había decidido intentar controlar la obsesión. Pasamos un fin de semana bastante tranquilo en casa, pues hizo bastante mal tiempo. Vimos películas, follamos, y muchas veces estuve a punto de hablarle de Edu o de usar el consolador para imaginar que era la polla de Edu la que entraba en ella, pero conseguí controlarme. Fueron polvos como los de antes, incluso algo melosos, y sentía que la quería como nunca.
Espero que la corrección sea de tu agrado. Si necesitas más ayuda, estaré aquí para lo que necesites. El martes siguiente hice una entrevista de trabajo, lo cual me ayudó a apartar un poco el tema de Edu. La entrevista salió bastante bien y, como si fuera un absurdo premio, el miércoles volví a recaer y terminé mirando de nuevo la dichosa foto en la que aparecían María y Edu haciéndome una buena paja. Después, me sentí bastante culpable.
Tan enfadado estaba conmigo mismo que, el jueves, cuando ella se volvió a ir de cervezas, no le dije absolutamente nada de Edu. El hecho de que ella tampoco sacara el tema me reafirmaba en la idea de que a ella no le interesaba lo más mínimo mi extraña fantasía. Llegó el viernes, habían pasado ocho días sin que en casa se mencionara el tema de Edu. Esa mañana estaba de buen humor.
Solo me quedaba una entrevista por hacer con aquella empresa, y sería la típica en la que se negocia un poco el posible sueldo, así que no me iban a preguntar cosas técnicas. Estaba tranquilo. Estuve navegando por internet hasta que encontré un hotel con spa y pensé que, sobre todo a María, le vendría bien desconectar ese fin de semana. La pobre trabajaba como una esclava. El hotel estaba a un par de horas en coche de nuestra ciudad.
Comprobé la disponibilidad y se lo comenté a María por móvil. A ella le encantó la idea, tanto que me pidió que hiciera su maleta y la fuera a buscar ya con el coche a las 8 al trabajo. A las 8 menos 10 estaba aparcado cerca de su trabajo y me acerqué al portal de su despacho para ir a buscarla. Estaba tan tranquilo, feliz por el fin de semana que se avecinaba, cuando salieron dos chicos trajeados del edificio.
Sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo, no sabía por qué había imaginado que bajaría María y nos iríamos directamente, no contaba con que era la hora de salida. Uno de los dos chicos era Edu. Se despidió del otro chico y nos quedamos mirando frente a frente. Yo no sabía con qué cara lo estaba mirando, pues me quedé bloqueado.
Finalmente, me preguntó si era el novio de María y le dije que sí. Comenzamos a hablar de que nos habíamos conocido unas semanas atrás, cuando yo había estado comiendo con ella. Entonces apareció María. La conocía perfectamente, se había quedado algo cortada al vernos a los dos hablando, cuando Edu saludó a alguien que estaba en la acera de enfrente. Llevé mi vista hacia allí y vi una rubia, una rubia impresionante.
Era una chica alta, delgada, rubia natural, de unos 26 años, un pibón de esos que llaman la atención, pero un pibón discreto, guapa de verdad, nada explosiva, incluso algo tímida. Parecía esperar a que acabásemos la conversación. Charlamos los tres un poco. La situación era incómoda. Lo cierto es que el chico era bastante seco, algo chuleta, tenía una mirada de perdonavidas. Cuando te miraba, parecía de esos a los que les parece un premio excesivo prestarte toda su atención.
Entendí a María por cómo me lo había pintado, como alguien un poco, o bastante, gilipollas. Bueno, os dejo, que está Nati ahí esperando, zanjó y se fue, como si él mandara y decidiera cuando empezaba y acababa cada conversación. Fuimos hacia el coche María y yo. Yo, desde luego, aún algo aturdido y nervioso, y María había estado incómoda y violenta todo el tiempo. Era innegable. Conduje dos horas hasta el hotel, durante las cuales apenas hablamos.
Yo le acariciaba la cara de vez en cuando, y ella a mí también. Se la veia cansada y le dije que durmiera un rato si quería. Mientras dormía, me daba cuenta de que mi semana de desintoxicación de mi fantasía no había servido de nada. Después de haberlo visto, estaba más obsesionado con mi fantasía que nunca.
Me imaginaba a Edu tonteando con María en el despacho y se me ponía la polla a punto de explotar, o me imaginaba que a María realmente sí que le ponía cachonda a él y la polla se me salía del pantalón. Llegamos al hotel bastante tarde. Cenamos algo rápido y subimos a la habitación. En el tiempo que me aseaba un poco en el cuarto de baño, María ya se había quedado dormida otra vez.
Yo llevaba un calentón impresionante, pero no me parecía justo despertarla, y más sabiendo que el motivo del calentón no era ella en sí, sino la fantasía con aquel dichoso chico. Me tumbé en la cama e intenté dormir, pero no era capaz. Recordé a Edu yéndose con la tal Nati. Pensaba que, mientras María dormía y yo miraba al techo, cegaramente Edu le estaría pegando un polvo de campeonato a aquel pibón.
No aguanté mucho hasta que agarré mi polla, con María durmiendo a escasos centímetros de mí. Empecé a pajearme lentamente, pero ya pensando de nuevo en Edu con María. Enseguida decidí ir al cuarto de baño. Caminé hasta allí con la polla tiesa como nunca. No podía más con el calentón, me quedé de pie delante del lavabo y comencé a masturbarme como un adolescente. De nuevo, las imágenes de Edu follándose sin parar a María invadieron mi mente.
Me imaginaba que Edu y Noyo estaba con María en aquella habitación de hotel y se la follaba a la bestia, a cuatro patas en aquella cama. Llegué a decirme a mí mismo, seguro que si María compartiese habitación con Edu y no conmigo, ahora mismo no estaría durmiendo, sino muriéndose del gusto, seguro que la estaría matando a polvos ahora mismo.
Tras decirme eso, me imaginé a María montada desde atrás, su cara desencajada del gusto, chillando como una loca, y empecé a correrme sobre el lavabo como un loco. Limpie il lavabo e me meti in la cama. Pero esta vez, al contrario de otras ocasiones, no me sentía culpable. Es más, me decía a mí mismo que tenía que pedirle a María que lo tentase, que lo calentase, algo.
Estaba convencido de que no superaría aquello intentando dejarlo pasar, que necesitaba que María jugase con él y después me lo fuera contando todo, o algún plan similar, pero no podía seguir ignorando el tema. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
