HIPNOSIS ERÓTICA - PARTE 7 - podcast episode cover

HIPNOSIS ERÓTICA - PARTE 7

Mar 28, 202632 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos

Speaker 3

Hipnosis erótica,

Speaker 2

parte 7. Noche de lujuria con mamá. Estaba eufórico y

Speaker 3

ansioso. El baño que me había dado mamá representaba el punto máximo de dominación que había alcanzado Ara ahora. Las cosas habían estado saliendo tan bien que decidí que ya era hora de dar el siguiente paso. El gran paso. El control sobre mamá había llegado a tal grado que me estaba convenciendo de que finalmente estaba influyendo en su personalidad. Por fin estaba quebrando ese límite que solía tener la hipnosis. Tantas sugestiones lograban que hiciera cosas que en otros momentos

no haría. Y ahora por fin, iba a ir más allá. Tenía trazado un plan para concretar mis deseos. No estaba seguro de si realmente podría lograrlo, pues era un objetivo muy ambicioso. Pero la estrategia que tenía en mente disminuía el riesgo de ser descubierto. Si no lo lograba, todo quedaría en la nada. Era de noche. Acabábamos de cenar. Papá tuvo que viajar por trabajo, lo que hacía que el momento no pudiera ser más perfecto. Me puse detrás de mamá mientras ella lavaba los platos, sus manos se

movían rítmicamente bajo el agua tibia. La cocina olía a detergente y el suave tintineo de los platos era el único sonido. Mamá estaba simple, pero hermosa. Un pantalón de llan que resaltaba su culo, el pelo lacio atado y una remera ceñida. Sentí esa sensación familiar de poder recorrerme, la certeza de que tenía el control. Sus hombros, tensos por el día, parecían llamarme. Le pregunté si necesitaba que

la ayude. Me dijo que no hacía falta. Así que simplemente comencé con mi discurso para ponerla en trase.« Pareces cansada», Dije suavemente, dejando que mi voz adoptara el tono calmado y tranquilizador que había aprendido para ponerla en el estado mental perfecto. Ya sabía cómo sumirla en trance con sólo dos palabras, pero siempre trataba de relajarla lentamente antes de hacerlo, para reducir cualquier margen de edad. Ella no se giró.

Speaker 2

En su lugar, dejó escapar un suave suspiro y asintió. Sí, un poco. Me acerqué

Speaker 3

más, lo suficiente como para sentir el calor de su cuerpo a través de su remera. Levanté lentamente mi mano, colocándola en su hombro, y comencé a masajearla con suavidad, sintiendo la tensión bajo mis dedos. Todo está bien. No te preocupes, susurré, sintiendo como su cuerpo respondía casi de inmediato a la sugerencia. Sus hombros se aflojaron, y vi como sus párpados temblaban ligeramente. Este siempre era el momento que más me emocionaba, cuando la barrera entre su conciencia

y el trance comenzaba a desvanecerse. Dejó de lavar los platos, sus manos descansando en el agua jabonosa como si hubiera olvidado lo que estaba haciendo. Me acerqué más, inhalando el aroma de su piel mezclado con el tenue perfume del jabón. Estás muy cansada, mamá. Solo déjate llevar. Ya es hora de ir a dormir, murmuré, dejando que mi voz se impregnara de intención. Su respiración se aceleró ligeramente, pero permaneció quieta. Podía sentirla hundirse más profundamente y supe que era el

momento de plantar la idea. A veces uno siente ganas a ir a tu cuarto, mamá, y seguro que no vas a poder evitar pensar en Roberto. Vas a pensar tanto en el que, cuando te duermas, también vas a soñar con él. El sueño más vívido que hayas tenido. No te preocupes, solo relájate. Está todo bien. Yo me encargo del resto. Su cuerpo tembló casi imperceptiblemente al escuchar el nombre de su amante, pero no dijo nada. Continué,

ahora guiando sus pensamientos cuidadosamente. Te mereces descansar, soñar profundamente con él. Di un paso atrás ligeramente, dándole espacio mientras la sugerencia se asentaba en su mente. Sus ojos permanecieron medio abiertos, vidriosos y distantes, como si ya no estuviera de pie en la cocina, sino en algún lugar muy, muy lejano. Antes de dejarla en el trance, me acerqué

una vez más, mis labios cerca de su oído. Debe ser muy relajante dormir con el conjunto negro que te compraste, el de la tanga de hilo dental y el camisón transparente. Te vas a sentir muy cómoda con él. La tela suave del camisón envolviendo tu cuerpo, relajándote más. La diminuta tela de la tanga apenas sintiéndose en tus partes íntimas. Con esa sugestión final, apreté suavemente su hombro, esperando un momento para asegurarme de que no resistiera. pero no lo hizo.

En lugar de eso, su cuerpo se balanceó ligeramente, como si ya estuviera medio dormida.« Está bien, mamá. Ahora, podés ir a descansar, no te preocupes por nada. Vos mereces relajarte después de todo lo que haces durante el día», dije, retrocediendo y observando cómo lentamente se alejaba del fregadero. Se giró y caminó hacia las escaleras, su cuerpo moviéndose casi en piloto automático. Me quedé ahí, con el corazón latiendo con fuerza, sabiendo que esta noche todo estaba saliendo exactamente

como lo había imaginado. Esperé un buen rato, suponiendo que mamá estaría en el momento en el que no podía dejar de pensar en Roberto. Finalmente me decidí por seguir la parte más importante del plan. Subí las escaleras despacio. Cuando llegué al cuarto, la puerta estaba entreabierta y la luz tenue de la lámpara de noche se filtraba suavemente. Asomé la cabeza y me di cuenta de que seguía

en trance, con los ojos mirando al techo. Jamás la había puesto en trance durante tanto tiempo, pero por suerte todo parecía estar funcionando bien. Empujé la puerta con cuidado y ahí estaba ella, en la cama, justo como le había dicho. Llevaba puesto el conjunto negro que le sugerí, la tanga de hilo dental y el camisón transparente, dejando poco a la imaginación. La visión me hizo detenerme un segundo, el deseo mezclándose con la satisfacción de haberla llevado hasta

este punto. Pero ahora quedaba la parte más difícil. Si lo lograba, podía considerar que había logrado al fin tener el control total de mi madre. La boca se me hizo agua. y ya sentía la verga hinchándose dentro del pantalón. Su respiración era tranquila, y aunque sus ojos no estaban cerrados, su mirada estaba perdida. Me acerqué despacio, asegurándome de no romper ese delicado equilibrio entre su conciencia y el trance. Me senté en el borde de la cama, inclinándome hacia ella,

hablándole en voz baja, casi un susurro. Es lindo soñar, mamá. Es uno de los momentos de mayor relajación. Nada mejor que un lindo sueño para despertarse de buen humor al otro día. Seguro que vas a soñar con Roberto. Últimamente estás recordando mucho a Roberto. Se debe sentir muy bien recordarlo. Seguro el orgasmo que te produjo fue lo más relajante del mundo. A veces solo hay que dejarse llevar, mamá. Ella no respondió. pero vi cómo su cuerpo se estremeció ligeramente.

Era una verdadera bella durmiente. Se veía relajada. Su respiración hacía que sus senos subieran y bajaran en un movimiento tan rítmico como erótico.¿ Ya estás soñando, mamá? Pregunté, sabiendo que la respuesta a esa pregunta sería el inicio de que cruzáramos un nuevo límite.

Speaker 2

Sí, respondió ella. Es. Roberto. Él está acá. Yo estoy en su casa, qué raro. Es

Speaker 3

sólo un sueño, le susurré al oído. Es algo muy relajante. Es como esas cosas que no te das cuenta, pero que son muy necesarias. Está todo tan bien cuando soñamos. Mis manos comenzaron a deslizarse por sus piernas, subiendo lentamente, acariciando la suavidad de su piel. Sentí como mi sexo ya se apretaba en el pantalón, generándome un leve dolor que me pareció exquisito. Ella no resistía, su respiración apenas cambiaba, como si todo aquello fuera parte natural de su sueño.

Me puse encima de ella y la abracé con fuerza, apretando su cuerpo contra el mío, mientras mi boca se acercaba a su cuello. Sentí su calidez y el aroma que siempre había asociado con mamá, pero ahora con un propósito completamente diferente. Solo está soñando, murmuré, antes de besarle el cuello suavemente, como si cada movimiento pudiera mantenerla anclada en esa realidad ficticia. Mis manos subieron hasta sus pechos, y me tomé un momento para disfrutarlos bajo la tela

fina del camisón. Apreté suavemente, sintiendo como mis dedos se hundían en su carne. Ella seguía perdida, en trance, completamente a mi merced. Que mi tacto no la sacara del trance era toda un logro. Si podía manosear sus tetas sin que saliera del trance, entonces, quizás, podría hacer todo lo demás que tenía pensado hacerle. Mientras la acariciaba, podía sentir mi propia excitación crecer. Mi miembro palpitaba, rígido, frotándose

contra su cuerpo cada vez que me movía. Pero no apresuré nada, mantuve el ritmo lento, controlado, saboreando cada segundo de la situación. Es muy relajante soñar, mamá, le susurré, mi voz un poco más grave. Soñar con un amante que te produjo tantas satisfacciones. Mi respiración se aceleraba al sentir su cuerpo tan cerca del mío, completamente entregada. Sabía que ahora podía hacer lo que quisiera, y cada segundo

que pasaba me convencía más de seguir adelante. Con cuidado, deslicé mis manos hacia el borde del camisón transparente, levantándolo lentamente. Lucía muy bien con él, pero ahora había llegado el momento de quitárselo. Lo saqué con suavidad, procurando que apenas sintiera el movimiento de la prenda deslizándose por su pie, dejándola solo con la tanga de hilo dental y el corpiño. Su piel brillaba a la luz tenue de la habitación y no pude evitar sentir una oleada de deseo recorrerme.

Me incliné sobre ella, mis labios descendiendo hacia su abdomen. Sentí el calor y la suavidad de su piel bajo mis labios, besándola con lentitud, mientras mis manos se deslizaban por sus piernas, firmes y torneadas. Eran perfectas. Estaba tan obsesionado con su culo que a veces me olvidaba de sensuales que eran esas piernas de muslos carnosos y firmes. Luego, llevé mis manos hasta su espalda y con un movimiento delicado, desabroché el corpiño, liberando sus tetas. La vista de esas

dos hermosuras me dejó sin aliento por un momento. Las acaricié con ambas manos, masajeándolas suavemente, mientras mi boca seguía explorando su vientre. A medida que mis manos apretaban sus senos, no pude resistir el impulso de subir la cabeza y comenzar a chuparle los pezones con intensidad. Sentía como mi erección se frotaba contra ella, cada movimiento aumentando la tensión

que nos envolvía. Sabía que debía ser cuidadoso. No quería dejar marcas, así que, después de un rato, dejé de succionar sus pezones y simplemente me dediqué a masajear sus tetas con las palmas de mis manos, en un gesto tan hermoso como obsceno. Ella seguía en trance, su cuerpo reaccionaba sin resistencia, solo dejándose llevar. Pensaría que quien le estaba manoseando las tetas era Roberto, mientras estaba soñando. Por eso debí tener cuidado. Al día siguiente debería quedarle las

menores marcas posibles de lo que había pasado. Y tener los pezones marcados sería muy sospechoso estando papá fuera de la casa. pero no era que por dejar de gozar con las tetas de mi mamá la fiesta ya se hubiera acabado. De hecho, ahora venía la mejor parte. Me le quedé mirando un rato, mientras no dejaba de masajear sus tetas cada vez con más fuerza. La boca se me hacía agua y la verga palpitaba de tanta excitación. Entonces mi mano se deslizó hacia abajo hasta encontrarse con

esa diminuta tanga para correrla luego a un lado. Con calma, saqué un preservativo del bolsillo, me bajé el cierre del pantalón, liberando mi verga, me lo puse rápidamente y luego, sin romper el ritmo, simplemente la penetré. Todo mientras susurraba.

Speaker 2

Estás con Roberto, mamá. Muy relajada. Solo

Speaker 3

es un sueño. Sentí su cuerpo arquearse ligeramente, su respiración volviéndose más profunda. Aceleré mis movimientos, manteniendo el control mientras la penetraba una y otra vez. Sus gemidos eran suaves, casi imperceptibles, pero sabía que estaba a punto de llegar al orgasmo. No podía terminar de creer que por fin lo estaba haciendo. Me estaba cogiendo a mamá. La mujer más deseada de mi vida. Alguien que siempre creí fuera

de mi alcance. Una mujer hermosa, sensual, dulce y agradable, que yo había tenido la mala suerte de haber sido parido por ella. Aunque, en realidad, había tenido suerte. Porque lo que sentía por ella no era sólo por ese cuerpo sensual que tenía, sino porque justamente era mi madre. Estar dentro de ella era algo que no podía explicar. Iba más allá del sexo, mucho más allá de meterle la verga una y otra vez. Era el placer del incesto. El placer de cogerme a mi madre, y eso no

podía explicarse con palabras. Ella gemía, y cada tanto pronunciaba el nombre de Roberto. Su cuerpo se arqueaba, y sus labios gruesos se separaban, en un gesto delicioso, para soltar esos gemidos celestiales. Las tetas se sacudían mientras la penetraba, regalándome una imagen perfectamente sensual. Finalmente, su cuerpo se tensó y, con un gemido contenido, alcanzó el clímax. Su cuerpo tembló en mis brazos. Sentía el miembro bañado por sus flujos

y su respiración agitada en mis oídos. Por un segundo, temí que esto la despertara, que saliera del trance. Pero no fue así. Mamá seguía completamente a mi merced, inmersa en ese sueño que había creado para ella. Ahora tenía su cuerpo relajado, respirando de manera suave y rítmica. Cada inhalación era un susurro que apenas se escuchaba en la habitación. La tenue luz de la lámpara resaltaba su figura, y yo no podía apartar la vista de su piel desnuda, cálida,

bajo mis manos. Sus tetas subían y bajaban al ritmo de su respiración, y yo no podía evitar sentir como el deseo volvía a crecer dentro de mí. Sabía que no debía apresurarme. Este era mi momento y cada segundo debía ser saboreado con calma. Ya estaba listo para seguir disfrutando del perfecto cuerpo de mamá. Mi verga seguía dura porque no había acabado aún. Y algo me decía que

tenía erección para rato. Así que, ahora que había comprobado que no se despertaría incluso mientras sacudía su cuerpo con mis penetraciones, me dispuse a cogérmela de nuevo. Con cuidado, La hice girar, ayudándola a colocarse boca abajo sobre la cama. Su cuerpo se movió sin resistencia, completamente a mi merced, aún imaginando que se encontraba en los brazos de su

viejo amanate. Me detuve a admirarla por un momento, sus nalgas ligeramente levantadas, apenas cubiertas por la tanga de hilo dental que se perdía entre sus glúteos, regalándome una imagen salida del paraíso. Eran simplemente perfectas, de una redondez magistral, gordas, suaves y increíblemente firmes. Era el culo que cualquier hombre deseaba tener en la posición que yo lo tenía ahora.

Frente a mí, esperando que jugara con él. Mis manos se posaron sobre sus nalgas, apretando la piel firme y suave, sintiendo cómo se día bajo mis dedos. Me incliné sobre ella, dejando que mi boca se acercara a sus glúteos. Empecé a besarla con suavidad, desde la parte baja de la espalda hasta el centro de sus nalgas, deteniéndome justo sobre

la delgada línea de la tanga. Lentamente, saqué el hilo dental de las profundidades en donde se encontraba, lo hice a un lado, dejándolo apretado en uno de los glúteos. Luego separé sus nalgas con mis manos, exponiendo su trasero completamente. Mi respiración se hizo más pesada mientras bajaba la cabeza, acercándome a su ano. Sabía que debía ser cuidadoso, pero

el deseo era demasiado fuerte para ignorarlo. Le di una primera lamida suave, recorriendo el contorno del anillo, percibiendo su textura con la lengua, sintiendo como su cuerpo respondía con un leve temblor. Tranquila, estás muy relajada, soñando con Roberto, que ahora te va a dar un rico beso negro. Aumenté la intensidad de las lamidas, hundiendo mi lengua más profundamente, saboreando su piel mientras la cubría de saliva. Mi lengua se movía de arriba a abajo, recorriendo cada rincón, sin

dejar de acariciarle las nalgas con las manos. Pero me detenía principalmente en ese agujerito delicioso que tenía. Mamá estaba limpita, y el sabor de su orto me daba más ganas de seguir chupando. Estaba completamente sumergido en la sensación, en el placer de tenerla así, sumisa y obediente. Y mientras seguía chupando, se formó un charquito de baba en esa pequeña abertura. La combinación de mi lengua y mis manos

hacían que su cuerpo reaccionara involuntariamente. A pesar de estar en trance, podía notar cómo se estremecía con cada movimiento, cómo su respiración se aceleraba ligeramente. Eso sólo me animaba a seguir. Pasé varios minutos disfrutando de esa tarea, separando sus glúteos mientras seguía lamiendo y succionando con fruición, degustando ese rincón oculto que siempre me había tentado. Me sentí

muy tentado de cogérmela por el culo. Lo haría despacito, aumentando la intensidad de a poco, después de haberle dado ese largo beso negro. Pero ese era un riesgo que, de momento, no estaba dispuesto a correr. El sexo anal sería tan intenso que podría sacarla del trance. Además, más allá de eso, al otro día quedarían rastros de que la habían penetrado por ahí. Cegaramente sentiría algo de dolor y se daría cuenta de que su ano estaba dilatado. Así que no lo hice, aunque sí me prometí que

algún día lo haría. Finalmente, decidí que era momento de seguir.

Mis labios se deslizaron hacia abajo y desde su trasero hasta su sexo ella instintivamente separó más las piernas podía sentir la humedad que se había formado ahí y eso sólo me excitaba aún más empecé a lamerla con la misma intensidad alternando entre su trasero y su vagina asegurándome de cubrir toda esa zona con mi saliva mis manos no dejaban de acariciarla apretando sus glúteos mientras mis labios y lengua hacían su trabajo Cada lamida era precisa, calculada.

Sentía cómo su cuerpo respondía a cada uno de mis movimientos, y aunque sabía que estaba en trance, era imposible no notar la forma en que su piel reaccionaba al contacto de mi lengua. Mientras continuaba, podía sentir mi propia excitación crecer, pero sabía que no debía apresurarme. Todo debía ser hecho con calma, controlando cada detalle. Después de varios minutos lamiendo su trasero y su sexo, decidí que era momento de volver a penetrarla. Me levanté lentamente, deslizándome hacia atrás y

admirando cómo su cuerpo seguía inmóvil, esperando mis sugestiones. Mis manos recorrieron nuevamente su espalda, bajando hasta sus caderas, y le separé aún más las piernas para darme mejor acceso. Volví a acomodarme detrás de ella, y con un movimiento preciso, la penetré nuevamente, esta vez desde atrás. La sensación era incluso mejor que la primera vez. Sentí como su cuerpo me envolvía, y no pude evitar dejar escapar un gemido

ahogado mientras comenzaba a moverme lentamente. Mis manos se aferraron a sus caderas, tirando de ella con cada embestida, acelerando el ritmo a medida que mi propio placer crecía. Podía escuchar sus gemidos, más fuertes ahora, aunque seguía en trance. Sus piernas se tensaban con cada movimiento, su cuerpo reaccionaba a cada una de mis embestidas, mi verga se metía

y salía con mucha facilidad en su sexo empapado. Sabía que no tardaría en llegar de nuevo al orgasmo, y eso solo me animaba a continuar, aumentando el ritmo de mis movimientos hasta que finalmente, su cuerpo se tensó una vez más y dejó escapar un gemido profundo, alcanzando otro orgasmo. Pero no me detuve ahí. Continué penetrándola, llevando su cuerpo al límite, asegurándome de que tuviera un tercer orgasmo antes

de finalmente permitirme llegar al mío. Si lograba hacer que tuviera varios orgasmos de seguido, mi control sobre ella habría llegado a un nivel que ni siquiera yo había imaginado. Está todo bien, mamá. Seguí soñando con Roberto, dije, jadeante. Te está cogiendo muy bien. Lo está haciendo tan pero tan bien que tu cuerpo siente la proximidad del orgasmo de nuevo. Solo relájate. Tu cuerpo se tensa. La verga se siente muy bien en tu interior. Es tan relajante.

Entonces mamá empezó a estremecerse de tal manera que temí que se despertara y me encontrara encima de ella, penetrándola. Pero no dejé de hacerlo, ya era demasiado tarde. Sin embargo, ella no despertó, sino que experimentó otro orgasmo, tal como yo pretendía. Fue un orgasmo impresionante, increíblemente extenso, lo que me hizo pensar que en realidad tuvo dos orgasmos más. Pero yo seguía con la verga dura. Mamá había acabado ya tres veces, y yo aún no alcanzaba el clímax. Igual,

ya lo sentía muy cerca. Mi cuerpo temblaba mientras aceleraba las embestidas, sintiendo como la tensión en mi interior se acumulaba hasta que, con una última y profunda embestida, eyaculé dentro del preservativo, mi cuerpo tensándose de placer. Me quedé quieto por un momento, jadeando, mi frente apoyada en su espalda mientras intentaba recuperar el aliento. No quería moverme, no quería que este momento terminara. Por fin estaba adentro de mamá. pero sabía que había llegado a su fin. Ya tendría

mi revancha más adelante. Ahora lo importante era que sabía que era capaz de cogérmela sin que se enterara de nada y encima hacerla gozar. Con cuidado, me retiré de su interior, asegurándome de no dejar ningún rastro visible. Sequé su trasero lleno de baba con mi propia remera. La giré suavemente, acostando la boca arriba. Su respiración seguía siendo profunda y tranquila, completamente sumida en el trance. Con movimientos delicados, le quité la tanga y la guardé junto con el

camisón y el corpiño, dejándola desnuda. Luego la tapé con las sábanas. Antes de salir del cuarto, me incliné una vez más sobre ella. Cuando te despiertes, no te va a llamar la atención tu desnudez. simplemente te vas a poner el pijama y te vas a olvidar de que amaneciste así, dije. Podría vestirla yo, pero ya no quería correr riesgos. Había pasado muchísimo tiempo desde que la puse en trance. Vas a escribir todo esto en tu diario,

como un sueño con Roberto, le susurré suavemente. Mañana, cuando despiertes,

lo recordarás solo como eso, un sueño. La miré una última vez antes de salir, sintiéndome satisfecho todo había salido exactamente como lo había imaginado mi cuerpo aún temblaba por el esfuerzo y la excitación que acababa de liberar y me sentía sumamente satisfecho cerré la puerta con cuidado dirigiéndome a mi dormitorio con el preservativo lleno de semen en la mano lo tiré en el inodoro a tiré de la cadena asegurándome de que no quedaran pruebas Me acosté

en mi cama y tuve una nueva erección. No era para menos. Me había acogido a mi mamá. Por fin lo había hecho. Y en mi cabeza sólo podía pensar en nuevas maneras de poseerla. A la mañana siguiente, cuando mamá salió de compras, supe que era mi oportunidad de revisar su diario íntimo. Hacía tiempo que la venía sugestionando para que lo hiciera, pero esta era la primera vez que lo hacía. Así que aproveché para entrar a su dormitorio. Encendí la Notebook que ella solía usar y como ya sabía,

me pidió un PIN para acceder. Lo introduje sin problemas. Lo gracioso era que no necesité hipnotizarla para obtenerlo. Solo con observar en varias ocasiones el movimiento de sus dedos en el teclado, pude deducir los cuatro números que conformaban el PIN. Abrí la nube donde guardaba su diario íntimo, buscando el archivo con el nombre clave que, esta vez sí, me había mencionado durante una sesión. Era increíble cómo podía manejar sus pensamientos, cómo la había llevado a escribir todo

sin cuestionarlo. Encontré el archivo y me lo envié para luego descargarlo en mi propia computadora. Fui enseguida a mi dormitorio y me dispuse a leerlo, sintiendo una mezcla de excitación y nervios mientras lo abría. Comencé a leer, saboreando cada palabra que había escrito. Describía con detalle el sueño que le había implantado, cómo Roberto aparecía en su mente,

cómo ella se sentía al estar con él. Y también había fragmentos en donde describía muchas de las cosas que habían pasado entre nosotros, lo que me puso en alerta. Así que, mientras leía, me di cuenta de algo que me hizo detenerme. Había pequeñas resistencias, Momentos en los que ella parecía dudar, como si una parte de su conciencia luchara por salir. Eso me preocupó. Sabía que debía ser cuidadoso, que no podía empujarla demasiado. Pero, al mismo tiempo, esas

resistencias no habían sido suficiente. Parecía que ni siquiera sospechaba que yo estaba detrás de todo eso. Es más, por momentos parecía convencida de que yo era la que la ponía en un estado de tranquilidad y relajamiento y se sentía increíblemente cómoda conmigo. Todas cosas que yo le había implantado, claro. Seguí leyendo y al final de una de las entradas

me encontré con algo que me hizo sonreír. Mencionaba aquel día en que me ayudó a bañarme y como había notado mi erección y como, en el fondo, no le resultó desagradable tener mi semen en su cuerpo. Esa confesión me hizo estremecer de placer. Ya no era sólo que mamá estaba bajo mi control. La cuestión era que ahora empezaba a tener sensaciones que antes, supongo, no tenía. Sentir mi semen en su cuerpo no era desagradable. Eso significaba mucho.

Tal vez, sólo tal vez, Podría corromper sus pensamientos hasta el punto de que disfrutara del sexo conmigo. Se me hizo agua la boca. La idea de cogérmela sin que estuviera en trance era algo que jamás se me había pasado por la cabeza, pero ahora la idea no se me iba de la cabeza. Igual, sabía que eso llevaría tiempo. Tendería que ir muy despacio, implantarle las ideas incestuosas de a poco. Mientras tanto, me la seguiría cogiendo como lo

había hecho el día anterior. Apagué la computadora, sintiéndome satisfecho y aliviado. Sabía que estaba jugando con fuego, pero hasta ahora todo había salido tal como lo había planeado. Y ahora, pudiendo acceder a su diario cada vez que quisiera, podía seguir monitoreando sus pensamientos, asegurándome de que todo continuara en la dirección que yo deseaba.

Speaker 2

Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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